Primera lectura
Eclesiástico 47,2-13
2 Como grasa separada en el sacrificio de comunión, así fue David entre los hijos de Israel. 3 Jugó con los leones como si fueran cabritos, y con los osos como si fueran corderos. 4 Siendo joven, mató al gigante y quitó el oprobio del pueblo, lanzando la piedra con la honda y abatiendo la arrogancia de Goliat, 5 pues invocó al Señor Altísimo, que dio vigor a su diestra, para aniquilar a un potente guerrero y reafirmar el poder de su pueblo. 6 Por eso le atribuyeron la gloria de diez mil y le alabaron con las bendiciones del Señor, ofreciéndole la diadema de gloria. 7 Pues él aplastó a los enemigos del contorno, aniquiló a los filisteos, sus adversarios, quebrantando para siempre su poder. 8 En todas sus acciones daba gracias al Altísimo, el Santo, proclamando su gloria. Con todo su corazón entonó himnos, demostrando el amor por su Creador. 9 Organizó coros de salmistas ante el altar, y con sus voces armonizó los cantos. 10 Dio esplendor a las fiestas, embelleció las solemnidades a la perfección, haciendo que alabaran el santo nombre del Señor, y que el santuario resonase de cánticos desde la aurora. 11 El Señor le perdonó sus pecados y exaltó su poder para siempre: le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel.
12 Después de él subió al trono un hijo sabio, que gracias a él vivió en la prosperidad. 13 Salomón reinó en tiempo de paz, Dios le concedió una tranquilidad total, para que levantara un templo en su nombre y edificara un santuario eterno.