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Lecturas del día

Pestañas abiertas

1 abierta

    Leccionario de los Santos

    Cuando la fiesta no cae en domingo, se escoge una sola de las dos lecturas anteriores y luego se recita el salmo.

    Primera lectura

    Malaquías 3,1-4

    1 Voy a enviar a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y en seguida vendrá a su templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Ángel de la alianza que tanto deseáis, ya llega, dice Yahvé Sebaot. 2 ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque será como fuego de fundidor y lejía de lavandero. 3 Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán quienes presenten a Yahvé oblaciones legítimas. 4 Entonces se complacerá Yahvé en la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los años remotos.

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    Salmo responsorial

    Salmos 24(23),7.8.9.10

    R.Bendito seas en el templo de tu santa gloria, aclamado y glorioso por los siglos.

    7 ¡Puertas, alzad los dinteles, levantaos, antiguos portones, y que entre el rey de la gloria!

    8 ¿Quién es el rey de la gloria? Yahvé, el fuerte, el valiente, Yahvé, valiente en la lucha.

    9 ¡Puertas, alzad los dinteles, levantaos, antiguos portones, y que entre el rey de la gloria!

    10 ¿Quién es el rey de la gloria? Yahvé Sebaot, él es el rey de la gloria.

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    Segunda lectura

    Hebreos 2,14-18

    14 Por tanto, del mismo modo que los hijos comparten la sangre y la carne, también él las compartió, para reducir a la impotencia mediante su muerte al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, 15 y liberar a los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud. 16 Porque, ciertamente, no es a los ángeles a quienes tiende una mano, sino a la descendencia de Abrahán. 17 Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que toca a Dios, y expiar los pecados del pueblo. 18 Pues, habiendo pasado él la prueba del sufrimiento, puede ayudar a los que la están pasando.

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    Evangelio

    Lucas 2,22-40 · forma larga

    22 Cuando se cumplieron los días en que debían purificarse, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, 23 como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, 24 y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

    25 Vivía por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era una persona justa y piadosa, que esperaba que Dios consolase a Israel; y estaba en él el Espíritu Santo.

    26 El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo. Cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 lo tomó en brazos y alabó a Dios diciendo:

    29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz,

    30 porque han visto mis ojos tu salvación,

    31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos,

    32 luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.»

    33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está destinado para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción —35 ¡a ti misma una espada te atravesará el alma!—, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»

    36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada. Casada en su juventud, había vivido siete años con su marido, 37 y luego quedó viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38 Presentándose en aquel mismo momento, comenzó a alabar a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

    39 Así que cumplieron todo lo ordenado por la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su pueblo de Nazaret. 40 El niño crecía, se fortalecía y se iba llenando de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.

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