Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Títulos del Hijo de Dios encarnado.

11 Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. 2 En estos últimos tiempos* nos ha hablado por medio del Hijo*, a quien instituyó heredero de todo* y por quien también hizo el universo*. 3 Él es resplandor de la gloria de Dios e impronta de su sustancia*, y el que sostiene todo con su palabra poderosa. Él, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 con una superioridad sobre los ángeles tanto mayor cuanto más excelente es el nombre que ha heredado.

El Hijo

5 En efecto, ¿a qué ángel dijo alguna vez “Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy”, o también “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo”? 6 En otro lugar, al presentar a su Primogénito al mundo*, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios; 7 y de los ángeles dice: Hace de los vientos sus ángeles, y de las llamas de fuego sus ministros*. 8 Pero del Hijo afirma: Tu trono, ¡oh Dios!, por los siglos de los siglos; y también: El cetro de tu realeza* es cetro de equidad. 9 Amaste la justicia y aborreciste la iniquidad; por eso te ungió, ¡oh Dios!, tu Dios con óleo de alegría entre tus compañeros*. 10 También dice: Tú al comienzo, ¡oh Señor!, pusiste los cimientos de la tierra, y obra de tu mano son los cielos. 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; todos como un vestido envejecerán; 12 como un manto los enrollarás, como un vestido, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo y tus años no tendrán fin. 13 ¿Y a qué ángel dijo alguna vez “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies”? 14 ¿No son todos ellos espíritus servidores, con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación*?

Exhortación.

21 Por tanto*, es preciso que prestemos mayor atención a lo que hemos oído, para que no nos extraviemos. 2 Pues si la palabra promulgada por medio de ángeles* obtuvo tal firmeza legal que cualquier transgresión y desobediencia recibió justo castigo, 3 ¿cómo saldremos absueltos nosotros, si descuidamos tan grande salvación? El propio Señor comenzó a anunciar esta salvación, que luego fue confirmada por la palabra de quienes la oyeron. 4 Por su parte, Dios la confirmó con signos y prodigios, con toda suerte de milagros y dones del Espíritu Santo repartidos según su voluntad.

El sacerdocio de Cristo

Base bíblica: Salmo 8.

5 En efecto, Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero del que estamos hablando. 6 Pues alguien declaró en algún lugar: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre*, para que de él te preocupes? 7 Lo hiciste por un poco inferior a los ángeles; de gloria y honor lo coronaste. 8 Todo lo sometiste bajo sus pies. Someterle todo quiere decir que nada quedó sin que le fuera sometido. Pero ahora no vemos todavía que le esté sometido todo*. 9 Sin embargo, sí vemos a Jesús, que fue hecho inferior a los ángeles por un poco, coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte*, pues por la gracia de Dios* gustó la muerte para bien de todos.

10 Convenía, en verdad, que Aquel por quien y para quien existe todo condujera muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación*. 11 Pues santificador y santificados tienen todos el mismo origen*. Por eso, no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12 cuando dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré. Y también: 13 En él pondré yo mi confianza. Y nuevamente: Henos aquí, a mí y a los hijos que Dios me ha dado.

14 Por tanto, del mismo modo que los hijos comparten la sangre y la carne, también él las compartió, para reducir a la impotencia mediante su muerte al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo*, 15 y liberar* a los que, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud. 16 Porque, ciertamente, no es a los ángeles a quienes tiende una mano, sino a la descendencia de Abrahán. 17 Por eso tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que toca a Dios, y expiar los pecados del pueblo. 18 Pues, habiendo pasado él la prueba del sufrimiento, puede ayudar a los que la están pasando.

La fe, camino hacia el descanso divino

Cristo superior a Moisés.

31 Por tanto, hermanos santos, partícipes de una vocación celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote* de nuestra confesión, a Jesús, 2 que es fiel* al que le instituyó, como lo fue también Moisés en toda su casa. 3 Pues ha sido juzgado digno de una gloria superior a la de Moisés, del mismo modo que la dignidad del constructor de la casa supera a la casa misma. 4 Porque toda casa tiene su constructor; mas el constructor de todo es Dios. 5 Ciertamente, Moisés fue fiel en toda su casa, como servidor, para atestiguar cuanto había de anunciarse; 6 pero Cristo lo fue como hijo, al frente de su propia casa, que somos nosotros, si es que mantenemos la confianza y vivimos orgullosos de nuestra esperanza*.

La entrada en el descanso de Dios.

7 Por eso, como dice el Espíritu Santo: Si hoy escucháis su voz, 8 no endurezcáis vuestros corazones como cuando le irritaron el día de la prueba en el desierto, 9 cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, después de haber visto mis obras 10 durante cuarenta años. Por eso me irrité contra aquella generación y pensé: Siempre andan extraviados sus corazones; no reconocen mis designios. 11 Por eso juré con ira: ¡No entrarán en mi descanso! 12 Hermanos, preocupaos de que nadie entre vosotros tenga un corazón malo e incrédulo que le aparte del Dios vivo; 13 antes bien, exhortaos mutuamente día a día mientras resuene este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca seducido por el pecado. 14 Somos en verdad compañeros de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la posición del comienzo. 15 En la frase “Si hoy escucháissu voz, no endurezcáis vuestros corazones como cuando le irritaron”, 16 ¿quiénes son los que le irritaron, después de haberle oído? ¿No fueron en realidad todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? 17 ¿Y contra quiénes se indignó durante cuarenta años? ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos cadáveres cayeron en el desierto? 18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su descanso, sino a los que no creyeron? 19 Así, vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.

41 Vivamos, pues, precavidos, no sea que, estando como está en vigor la promesa de entrar en su descanso*, alguno de vosotros llegue rezagado. 2 También nosotros hemos recibido la buena nueva, lo mismo que ellos. Pero la palabra que oyeron no les aprovechó, pues no se compenetraron con la fe de los que la escucharon*. 3 De hecho, hemos entrado en el descanso* los que hemos creído, según está dicho: Por eso juré con ira: ¡No entrarán en mi descanso! Y eso que las obras de Dios estaban terminadas desde la creación del mundo, 4 pues en alguna parte se dice acerca del día séptimo: El día séptimo descansó Dios de todas sus obras. 5 Y también, en el mismo lugar: ¡No entrarán en mi descanso! 6 Así pues, ya que quedan algunos por entrar en él, y dado que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia, 7 señaló otro día, un nuevo hoy, diciendo por boca de David mucho después en el lugar citado: Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones… 8 Porque si Josué les hubiera dado el descanso, no se hablaría más tarde de otro día. 9 Por tanto, queda un descanso sabático para el pueblo de Dios, 10 pues quien entra en su descanso también descansa de sus trabajos, como Dios descansó de los suyos. 11 Esforcémonos, pues, por entrar en ese descanso, para que nadie caiga imitando aquella desobediencia.

12 Pues viva es la palabra de Dios* y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón. 13 No hay criatura invisible para ella: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta.

Retorno al tema sacerdotal.

14 Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote que penetró los cielos* —Jesús, el Hijo de Dios—, mantengamos nuestra confesión de fe. 15 Pues no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, ya que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado. 16 Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y encontrar el favor de un auxilio oportuno.

El sacerdocio de Cristo

El sacrificio terrestre.

51 Todo sumo sacerdote* está tomado de entre los hombres y constituido en favor de la gente en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. 2 Es capaz de comprender a ignorantes y extraviados, porque también él se halla envuelto en flaqueza; 3 y, a causa de la misma, debe ofrecer por sus propios pecados lo mismo que por los del pueblo. 4 Y nadie puede arrogarse tal dignidad, a no ser que sea llamado por Dios, como Aarón.

5 De igual modo, tampoco Cristo se atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy. 6 También dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para la eternidad*, a la manera de Melquisedec. 7 Cristo, después de haber ofrecido en los días de su vida mortal* ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado* por su actitud reverente*. 8 Y, aunque era Hijo, aprendió la obediencia a través del sufrimiento. 9 De este modo, alcanzada la perfección*, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10 y fue proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec*.

Toque de atención

Vida cristiana y teología.

11 Tenemos muchas cosas que decir sobre este particular, aunque resultan difíciles de explicar, porque os habéis hecho torpes de oído*. 12 Aunque tendríais que ser ya maestros, en razón del tiempo transcurrido, volvéis a tener necesidad de ser instruidos en los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y estáis necesitados de leche, en lugar de tomar alimento sólido. 13 Todo el que se nutre de leche desconoce la doctrina de la justicia*, porque es niño; 14 en cambio, el manjar sólido es propio de adultos, es decir, de aquellos que, por la costumbre, tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal.

Plan del autor.

61 Por eso, dejemos aparte la enseñanza elemental acerca de Cristo y elevémonos a lo perfecto. No vamos a reiterar los temas fundamentales del arrepentimiento de las obras muertas* y de la fe en Dios; 2 de la instrucción sobre los bautismos* y de la imposición de las manos; de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. 3 Así procederemos, con la ayuda de Dios.

4 Es imposible que cuantos fueron una vez iluminados, gustaron el don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 saborearon las buenas nuevas de Dios y los prodigios del mundo futuro, 6 y a pesar de todo cayeron*, es imposible, digo, que se renueven otra vez, pues están crucificando de nuevo al Hijo de Dios y exponiéndolo a pública infamia. 7 Pensemos que la tierra que recibe frecuentes lluvias y produce buena vegetación para los que la cultivan participa de la bendición de Dios. 8 Por el contrario, la que produce espinas y abrojos es desechada; la maldición está cerca y terminará por ser quemada.

Palabras de esperanza y ánimo.

9 Pero de vosotros, queridos, esperamos cosas mejores y conducentes a la salvación, a pesar de lo que acabamos de decir. 10 Porque Dios no es tan injusto que se olvide de vuestras obras y del amor que habéis mostrado en su nombre, de los servicios que habéis prestado y seguís prestando a los santos*. 11 Deseamos, no obstante, que cada uno de vosotros siga manifestando hasta el fin la misma diligencia, para que se realice plenamente la esperanza. 12 Y no seáis indolentes; imitad más bien a quienes, mediante la fe y la perseverancia, heredan las promesas.

13 Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no teniendo a otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo 14 diciendo: Te colmaré de bendiciones y te multiplicaré sin medida. 15 Y Abrahán, perseverando de esta manera, alcanzó la promesa. 16 Los hombres suelen jurar por uno superior, y entre ellos el juramento es la garantía que pone fin a todo litigio. 17 Por eso Dios, queriendo mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su decisión, utilizó el juramento, 18 para que, mediante dos cosas inmutables* —por las cuales es imposible que Dios mienta—, nos veamos más sólidamente animados los que buscamos un refugio en Dios asiéndonos a la esperanza que nos ha dado.

Vuelve el tema sacerdotal.

19 Tal esperanza es como el ancla firme y segura de nuestra vida*, que penetra hasta dentro de la cortina, 20 adonde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho, a la manera de Melquisedec, sumo sacerdote para la eternidad.

El sacerdocio de Cristo, superior al levítico

Melquisedec*.

71 Este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abrahán cuando regresaba de la derrota de los reyes, y le bendijo, 2 es aquel a quien dio Abrahán el diezmo de todo. Su nombre significa, en primer lugar, «rey de justicia» y, además, rey de Salem, es decir, «rey de paz». 3 Nada se dice de su padre, su madre o su genealogía; tampoco de su nacimiento y de su muerte. De este modo, a semejanza del Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Melquisedec recibe el diezmo de Abrahán*.

4 Pensad ahora lo grande que sería éste, para que el mismísimo patriarca Abrahán le diera el diezmo de lo mejor del botín. 5 Los sacerdotes descendientes de Leví tienen orden, según la Ley, de percibir el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, que también proceden, por cierto, de la estirpe de Abrahán. 6 Pero aquél, sin pertenecer a su genealogía, recibió el diezmo de Abrahán y bendijo al depositario de las promesas. 7 Pues bien, es incuestionable que el inferior recibe la bendición del superior. 8 Y aquí, entre nosotros, reciben el diezmo hombres mortales*; pero allí lo recibe uno de quien se asegura que vive. 9 Además, puede decirse que hasta el mismo Leví, que percibe los diezmos, los pagó en la persona de Abrahán, 10 pues ya estaba en las entrañas de su antepasado cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Del sacerdocio levítico al sacerdocio a la manera de Melquisedec*.

11 Pues bien, si la perfección se alcanzara por el sacerdocio levítico —pues de él recibió el pueblo las leyes*—, ¿qué necesidad habría ya de que surgiera otro sacerdote a la manera de Melquisedec, y no «a la manera de Aarón»? 12 Porque, cambiado el sacerdocio, necesariamente se cambian las leyes. 13 Pues aquel de quien se dicen estas cosas pertenece a una tribu de la que nadie sirvió al altar. 14 En efecto, es bien sabido que nuestro Señor procede de Judá, una tribu que no menciona Moisés al hablar del sacerdocio.

Abrogación del sacerdocio antiguo.

15 Todo esto es aún más evidente si surge otro sacerdote a la manera de Melquisedec, 16 es decir, que lo sea, no por ley de sucesión carnal*, sino por la fuerza de una vida indestructible. 17 De hecho, lo confirma la Escritura: Tú eres sacerdote para la eternidad, a la manera de Melquisedec. 18 De este modo queda abrogado el precepto precedente, por razón de su ineficacia e inutilidad, 19 ya que la Ley no llevó nada a la perfección. Y tal abrogación nos conduce a una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios.

Inmutabilidad del sacerdocio de Cristo.

20 Dios garantizó esto mediante juramento. En efecto, mientras los otros fueron hechos sacerdotes sin juramento, 21 éste lo fue bajo juramento por Aquel que le dijo: Lo ha jurado el Señor y no se volverá atrás: Tú eres sacerdote para la eternidad. 22 Por eso, Jesús resultó fiador de una mejor alianza. 23 Además, aquellos sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les impedía perdurar. 24 Pero éste posee un sacerdocio exclusivo*, porque permanece para la eternidad. 25 De ahí que pueda también salvar definitivamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor*.

Perfección del sumo sacerdote celestial.

26 Así es el sumo sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado sobre los cielos, 27 que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día, como aquellos sumos sacerdotes, primero por sus propios pecados, luego por los del pueblo. Y esto lo realizó de una vez para siempre*, ofreciéndose a sí mismo. 28 La Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles; pero la palabra del juramento, posterior a la Ley, constituye a uno que es Hijo, perfecto para la eternidad*.

Superioridad del culto, del santuario y de la mediación de cristo sacerdote

El nuevo sacerdocio y el nuevo santuario.

81 Éste es el punto capital de cuanto venimos diciendo*: que tenemos un sumo sacerdote tal, que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, 2 al servicio del santuario y de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre*. 3 Y, si todo sumo sacerdote está constituido para ofrecer dones y sacrificios, es necesario que también él tuviera que ofrecer algo. 4 Pero, si estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, pues ya hay quienes ofrezcan dones según la Ley. 5 Éstos dan culto utilizando cosas que sólo son sombra y figura de realidades celestiales, según le fue revelado a Moisés al emprender la construcción de la Tienda: Mira —se le dice—, harás todo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.

Cristo, mediador de una mejor alianza.

6 Ahora bien, él ha obtenido un ministerio tanto mejor cuanto que es mediador* de una alianza mejor, fundada en promesas mejores. 7 Pues si aquella primera hubiera sido irreprochable, no habría lugar para una segunda. 8 Por eso les dice en tono de reproche:

Ya vienen días, dice el Señor,

en que yo concluiré* con la casa de Israel y con la casa de Judá

una nueva alianza;

9 pero no será como la alianza que hice con sus padres

el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto.

Como ellos no permanecieron en mi alianza,

también yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

10 Ésta es la alianza que haré con la casa de Israel

después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en su mente,

en sus corazones las grabaré;

y yo seré su Dios

y ellos serán mi pueblo.

11 Nadie tendrá que decir a su prójimo,

nadie habrá de decir a su hermano:

«¡Conoce al Señor!»,

pues todos me conocerán,

desde el menor hasta el mayor de ellos.

12 Porque me apiadaré de sus iniquidades

y de sus pecados no me acordaré ya.

13 Al decir nueva, declaró antigua la primera; y lo antiguo y viejo está a punto de desaparecer.

Cristo penetra en el santuario celestial.

91 También la primera alianza tenía sus ritos litúrgicos y su santuario terreno. 2 Se instaló una primera parte de la Tienda, donde se hallaban el candelabro y la mesa con los panes presentados, que se llama Santo*. 3 Detrás de la segunda cortina se hallaba la Tienda llamada Santo de los Santos, 4 que contenía el altar de oro para el incienso*, el arca de la alianza —completamente cubierta de oro— y, en ella, la urna de oro con el maná, la vara florecida de Aarón y las tablas de la alianza. 5 Encima del arca, los querubines de la gloria cubrían con su sombra el propiciatorio. Mas no es éste el momento de hablar de todo ello en detalle.

6 Instaladas así estas cosas, los sacerdotes entran siempre en la primera parte de la Tienda para desempeñar las funciones del culto. 7 Pero en la segunda parte entra sólo una vez al año el sumo sacerdote, y no sin sangre de animales, que debe ofrecer por sí mismo y por los pecados del pueblo. 8 De esa manera daba a entender el Espíritu Santo que aún no estaba abierto el camino del santuario mientras subsistiera la primera Tienda*. 9 Todo ello es un símbolo del tiempo presente*, en que se ofrecen dones y sacrificios incapaces de perfeccionar en su conciencia al que da culto, 10 pues no son más que prescripciones externas sobre comidas, bebidas y abluciones de todo género, impuestas hasta el tiempo de la renovación.

11 En cambio, Cristo se presentó* como sumo sacerdote de los bienes futuros*, oficiando en una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. 12 Y penetró en el santuario* una vez para siempre, no presentando sangre de machos cabríos ni de novillos, sino su propia sangre. De ese modo consiguió una liberación definitiva. 13 Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de una becerra santifican* con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, 14 ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno* se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto al Dios vivo!

Cristo sella con su sangre la nueva alianza*.

15 Cristo es mediador de una nueva alianza, pues, al intervenir una muerte que libera de las transgresiones de la primera alianza, los llamados reciben la herencia eterna prometida. 16 Pues, donde hay un testamento, se requiere que conste la muerte del testador, 17 ya que el testamento es válido en caso de defunción, y carece de valor en vida del testador. 18 Por eso, tampoco la primera alianza se inauguró sin el uso de sangre. 19 En efecto, después de haber leído al pueblo todos los preceptos de la Ley, Moisés tomó la sangre de los novillos y machos cabríos mezclada con agua, la lana escarlata y el hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo 20 diciendo: Ésta es la sangre de la alianza que Dios ha ordenado para vosotros. 21 Igualmente roció con sangre la Tienda y todos los objetos del culto, 22 pues, según la Ley, casi todo ha de ser purificado* con sangre, ya que sin derramamiento de sangre no hay remisión. 23 Así pues, si es necesario que las figuras de las realidades celestiales sean purificadas de esa manera, también lo es que las realidades celestiales* sean purificadas, pero con sacrificios más excelentes que aquéllas. 24 Pues bien, Cristo no entró en un santuario hecho por mano humana, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro. 25 Y no entró para ofrecerse a sí mismo repetidas veces, como hace el sumo sacerdote, que entra cada año en el santuario con sangre ajena*. 26 Para ello habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Pero no. Se ha manifestado una sola vez ahora, al final de los tiempos, para destruir el pecado mediante su sacrificio. 27 Y del mismo modo que las personas están destinadas a morir una sola vez, para luego ser juzgadas, 28 así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, a los que le esperan para su salvación*.

Recapitulación, Sacrificios levíticos y sacrificio de Cristo

Ineficacia de los sacrificios antiguos.

101 La Ley, al no ser más que una sombra de los bienes futuros, y no la realidad de las cosas*, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a quienes se acercan a ellos. 2 De otro modo, los que ofrecen esos sacrificios, al no tener ya conciencia de pecado por estar purificados, habrían dejado de ofrecerlos. 3 Pero, al contrario, con ellos se renueva cada año el recuerdo de los pecados, 4 pues es imposible que la sangre de toros y cabras borre los pecados. 5 Por eso, al entrar en este mundo, dice:

Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo*.

6 Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.

7 Entonces dije: ¡Aquí estoy, dispuesto

—pues de mí está escrito en el rollo del libro—

a hacer, oh Dios, tu voluntad!

8 Dice primero: Sacrificios y oblaciones no los quisiste, y holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron —cosas todas ofrecidas conforme a la Ley—, 9 para añadir después: Entonces aquí estoy, dispuesto a hacer tu voluntad. Abroga lo primero para establecer lo segundo. 10 En virtud de esa voluntad quedamos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.

Eficacia del sacrificio de Cristo.

11 Todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados*. 12 Él, por el contrario, tras haber ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre, 13 esperando desde entonces que sus enemigos sean puestos como escabel de sus pies. 14 Mediante una sola oblación ha llevado a la perfección definitiva a los santificados. 15 También el Espíritu Santo nos lo atestigua. Porque, después de haber dicho:

16 Ésta es la alianza que haré con ellos

después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en sus corazones,

y en su mente las grabaré,

17 añade: Y de sus pecados e iniquidades no me acordaré ya.

18 Ahora bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no son necesarias más oblaciones por el pecado.

Transición.

19 Tenemos, pues, hermanos, plena confianza para entrar en el santuario* gracias a la sangre de Jesús, 20 siguiendo este camino nuevo y vivo que él inauguró para nosotros a través de la cortina, es decir, de su cuerpo. 21 Tenemos un sacerdote excelso al frente de la casa de Dios. 22 Acerquémonos con un corazón sincero y una fe madura, purificados los corazones de mala conciencia y lavado el cuerpo con agua pura. 23 Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa. 24 Fijémonos los unos en los otros para estimular nuestra caridad y nuestras buenas obras, 25 sin abandonar nuestras asambleas, como algunos acostumbran a hacerlo; antes bien, animaos unos a otros, tanto más cuanto que veis que se acerca ya el Día*.

Peligro de apostasía.

26 Porque si voluntariamente pecamos después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no caben sacrificios por los pecados*, 27 sino la terrible espera del juicio y el fuego ardiente pronto a devorar a los rebeldes. 28 Si alguno viola la Ley de Moisés, es condenado a muerte sin compasión, por la declaración de dos o tres testigos. 29 ¿Cuánto más severo castigo pensáis que merecerá el que pisotee al Hijo de Dios, y profane la sangre de la alianza que le santificó, y ultraje al Espíritu de la gracia? 30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza; yo daré lo merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo. 31 ¡Es terrible caer en las manos del Dios vivo!

Motivos de perseverancia.

32 Traed a la memoria los primeros días en que, después de ser iluminados*, hubisteis de soportar un duro y doloroso combate, 33 unas veces expuestos públicamente a injurias y ultrajes; otras, haciéndoos solidarios de los que así eran tratados. 34 Pues compartisteis los sufrimientos de los encarcelados*; y os dejasteis despojar con alegría de vuestros bienes, conscientes de que poseíais una riqueza mejor y más duradera. 35 No perdáis ahora vuestra confianza, que lleva consigo una gran recompensa.

La espera escatológica.

36 Tenéis necesidad de paciencia para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido.

37 Pues todavía un poco, muy poco tiempo,

y el que ha de venir vendrá sin tardanza.

38 Mi justo vivirá por la fe;

mas, si es cobarde, mi alma no se complacerá en él.

39 Pero nosotros no somos cobardes para perdición, sino hombres de fe para la salvación del alma.

La fe perseverante

Modelos de fe en la Historia Sagrada.

111 La fe es garantía de lo que se espera y prueba de lo que no se ve*. 2 Por ella fueron alabados nuestros mayores.

3 Por la fe, sabemos que el universo, tanto lo visible como lo invisible, fue formado por la palabra de Dios*.

4 Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio mejor que el de Caín. Por ella fue declarado justo y aprobó Dios sus ofrendas. Y por ella, aunque muerto, sigue hablando.

5 Por la fe, Henoc fue arrebatado en vida y no experimentó la muerte; y nadie pudo hallarlo, porque lo arrebató Dios. Pero aún antes de su traslado, recibió el testimonio de haber agradado a Dios. 6 Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan*.

7 Por la fe, Noé, advertido de lo que aún no se veía, construyó con religioso temor un arca para salvar a su familia; por la fe, condenó al mundo* y llegó a ser heredero de la justicia según la fe.

8 Por la fe, Abrahán*, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia. Además, salió sin saber a dónde iba. 9 Por la fe, peregrinó hacia la Tierra prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas. 10 Es que Abrahán esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11 Por la fe, también Sara recibió vigor para ser madre, aunque estaba fuera de la edad apropiada, pues consideró digno de fe al que le hacía la promesa. 12 Por lo cual, también de uno solo y ya marcado por la cercana muerte, nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como la arena de las playas.

13 En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas. Las vieron y las saludaron desde lejos, confesando que eran peregrinos y forasteros sobre la tierra. 14 Los que así hablan, claramente dan a entender que van en busca de una patria, 15 pues, si pensaban en la que habían abandonado, podían volver a ella. 16 Por el contrario, aspiraban a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios, pues les tenía preparada una ciudad.

17 Por la fe, Abrahán, sometido a la prueba, ofreció a Isaac como ofrenda. Él, que había recibido las promesas, ofrecía a su único hijo, 18 respecto del cual se le había dicho: Por Isaac tendrás descendencia. 19 Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitarlo de entre los muertos. Por eso lo recobró como símbolo*.

20 Por la fe, bendijo Isaac el futuro de Jacob y Esaú. 21 Por la fe, Jacob, moribundo, bendijo a cada uno de los hijos de José, y se postró apoyado en el extremo de su bastón. 22 Por la fe, José, al final de la vida, evocó el éxodo de los israelitas, y dio órdenes respecto de sus huesos.

23 Por la fe, Moisés, recién nacido, fue durante tres meses ocultado por sus padres, pues vieron que el niño era hermoso y no temieron el edicto del rey*. 24 Por la fe, Moisés, ya adulto, rehusó que lo llamaran hijo de la hija del Faraón, 25 y prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar el efímero goce del pecado. 26 Consideró que el oprobio de Cristo* era una riqueza mayor que los tesoros de Egipto, porque tenía los ojos puestos en la recompensa. 27 Por la fe, salió de Egipto sin temer la ira del rey; se mantuvo firme como si viera al invisible. 28 Por la fe, celebró la Pascua e hizo la aspersión de la sangre para que el Exterminador no tocase a sus primogénitos*. 29 Por la fe, atravesaron el mar Rojo como por tierra firme; mientras que los egipcios, al intentarlo, se ahogaron.

30 Por la fe se derrumbaron los muros de Jericó, después de ser rodeados durante siete días. 31 Por la fe, la prostituta Rajab no pereció con los incrédulos, por haber acogido amistosamente a los exploradores.

32 ¿Y a qué continuar? Me faltaría el tiempo si hubiera de hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas. 33 Éstos, por la fe, sometieron reinos, administraron justicia, alcanzaron las promesas y cerraron la boca a los leones; 34 apagaron la violencia del fuego, escaparon al filo de la espada, curaron de sus enfermedades, fueron valientes en la guerra y rechazaron ejércitos extranjeros. 35 Gracias a ellos, algunas mujeres recobraron resucitados a sus muertos. Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor; 36 otros soportaron la prueba de burlas y azotes, de cadenas y prisiones. 37 Fueron apedreados, torturados, aserrados*, muertos a espada; anduvieron errantes, cubiertos de pieles de ovejas y de cabras; se vieron faltos de todo; fueron oprimidos y maltratados. 38 Hombres de los que no era digno el mundo anduvieron errantes por desiertos y montañas, por grutas y cavernas. 39 Y todos ellos, aunque alabados por su fe, no consiguieron el objeto de las promesas. 40 Dios tenía dispuesto algo mejor para nosotros, de modo que no llegaran ellos sin nosotros a la perfección*.

El ejemplo de Cristo.

121 Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, 2 con los ojos fijos en Jesús, que inicia y lleva a la perfección la fe. Él, en vista del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios. 3 Fijaos en quien soportó tal contradicción* de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo. 4 Habéis resistido, pero todavía no habéis llegado a derramar sangre en vuestra lucha contra el pecado.

Pedagogía paternal de Dios.

5 Habéis echado en olvido la exhortación que se os dirige como a hijos: Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. 6 Pues el Señor corrige a quien ama, y azota a todos los hijos que reconoce. 7 Es decir, sufrís para corrección vuestra*, pues Dios os trata como a hijos. ¿Conocéis acaso algún hijo a quien su padre no corrija? 8 Y al revés: si se os ahorra la corrección —que a todos toca—, señal de que sois bastardos y no hijos. 9 Además, teníamos a nuestros padres terrestres, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? 10 ¡Eso que ellos nos corregían según sus luces y para poco tiempo! Mas él lo hace para provecho nuestro, y para hacernos partícipes de su santidad. 11 Cierto que ninguna corrección es agradable cuando la recibimos, sino penosa; pero luego produce frutos apacibles de justicia a los que la han experimentado con paciencia. 12 Por tanto, robusteced las manos caídas y las rodillas vacilantes, 13 y enderezad para vuestros pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino más bien se cure.

Castigo de la infidelidad.

14 Procurad la paz con todos y la santidad, pues sin ella nadie verá al Señor. 15 Velad para que nadie se vea privado de la gracia de Dios y para que ninguna raíz amarga retoñe ni os turbe, no sea que por ella llegue a inficionarse la comunidad. 16 Que no haya ningún disoluto o impío como Esaú*, que por una comida vendió su primogenitura. 17 Ya sabéis cómo luego quiso heredar la bendición; pero fue rechazado y no logró un cambio de disposición, aunque lo procuró con lágrimas.

Las dos alianzas*.

18 No os habéis acercado a una realidad palpable*: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, huracán, 19 toque de trompeta y un sonido de palabras tal, que los que lo oyeron suplicaron que no se les hablara más. 20 Es que no podían soportar esta orden: El que toque el monte, aunque sea un animal, será lapidado. 21 Tan terrible era el espectáculo, que el mismo Moisés dijo: Espantado estoy y temblando. 22 Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, a la reunión solemne de miriadas de ángeles, 23 a la asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, a Dios, juez universal, a los espíritus de los justos llegados ya a su perfección, 24 a Jesús, mediador de una nueva alianza, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla más fuerte que la de Abel. 25 Guardaos de rechazar al que os habla, pues, si los que rechazaron al que promulgaba oráculos en la tierra no escaparon al castigo, mucho menos nosotros, si nos apartamos del que nos habla desde el cielo*. 26 Su voz hizo temblar entonces la tierra, mas ahora hace esta promesa: Una vez más haré yo estremecer no sólo la tierra, sino también el cielo. 27 Estas palabras, una vez más, quieren decir que las cosas que tiemblan como criaturas cambiarán*, a fin de que permanezcan las inconmovibles. 28 Por eso, nosotros, que recibimos un reino inconmovible, hemos de mantener la gracia y, mediante ella, ofrecer a Dios un culto que le sea grato, con respeto y reverencia*, 29 pues nuestro Dios es fuego devorador.

Apéndice

Últimos consejos*.

131 Que el amor fraterno perdure. 2 No olvidéis la hospitalidad, pues, gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles. 3 Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos, y de los que son maltratados, pensando que también vosotros tenéis un cuerpo. 4 Tened todos un gran respeto al matrimonio* y conservad sin mancha el lecho conyugal, pues Dios juzgará a los fornicarios y adúlteros. 5 Que vuestra conducta no se deje arrastrar por el afán del dinero; contentaos con lo que tenéis, pues él ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré. 6 Así que podemos decir confiados: El Señor es mi ayuda; no temeré. ¿Qué puede hacerme un hombre?

Sobre la fidelidad.

7 Acordaos de vuestros guías, que os anunciaron la palabra de Dios; considerad el buen desenlace de su vida e imitad su fe. 8 Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos*. 9 No os dejéis seducir por doctrinas diversas y extrañas.

Resumen.

Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos, que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino. 10 Tenemos nosotros un altar* del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la Tienda. 11 Los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el sumo sacerdote al santuario para la expiación del pecado, son quemados fuera del campamento. 12 Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con su sangre, padeció fuera de la puerta*. 13 Así pues, salgamos hacia él, fuera del campamento, cargando con su ignominia, 14 pues no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la futura. 15 Por medio de él, ofrezcamos sin cesar a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre*. 16 No descuidéis la beneficencia y la comunión de bienes; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.

Obediencia a los guías espirituales.

17 Obedeced a vuestros guías y someteos a ellos, pues velan sobre vuestras almas como quienes han de dar cuenta de ellas; así harán todo con alegría y sin lamentarse. De lo contrario, no sacaríais provecho alguno. 18 Rogad por nosotros, pues estamos seguros de tener limpia la conciencia, deseosos de proceder en todo con rectitud. 19 Os pido con la mayor insistencia que lo hagáis, para que muy pronto se me permita volver donde vosotros.

Bendición final y doxología.

20 Que el Dios de la paz, que levantó de entre los muertos* al gran Pastor de las ovejas en virtud de la sangre de una alianza eterna, a Jesús Señor nuestro, 21 os procure toda clase de bienes para cumplir su voluntad y haga en nosotros lo que le parezca bien, por mediación de Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Saludos a los destinatarios.

22 Os ruego, hermanos, que aceptéis de buena gana esta breve exhortación que os he escrito. 23 Sabed que nuestro hermano Timoteo se ha marchado*. Si viene pronto, iré con él a veros. 24 Saludad a todos vuestros guías y a todos los santos. Os saludan los de Italia*.

25 La gracia esté con vosotros.

Comentario

Referencias Paralelas