EPÍSTOLA A LOS EFESIOS
Saludo.
11 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos* y fieles en Cristo Jesús. 2 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
I. El misterio de la salvación y de la Iglesia
El plan divino de la salvación.
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
pues, por estar unidos a Cristo, nos ha colmado de toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos*.
4 Dios nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo,
para que vivamos ante él santamente y sin defecto alguno, en el amor*.
5 Nos ha elegido de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo*,
porque así lo quiso voluntariamente,
6 para que alabemos su gloriosa benevolencia,*
con la que nos agració en el Amado*.
7 Por medio de su sangre conseguimos la redención,
el perdón de los delitos*,
gracias a la inmensa benevolencia
8 que ha prodigado* sobre nosotros,
concediéndonos todo tipo de sabiduría y conocimiento.
9 En efecto, nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad,*
conforme al benévolo proyecto
que se había propuesto de antemano,
10 con el fin de realizarlo en la plenitud de los tiempos*:
hacer que todo tenga a Cristo por cabeza,
lo que está en los cielos y lo que está en la tierra*.
11 A él*, por quien somos herederos*,
elegidos de antemano
según el previo designio del que realiza todo
conforme a la decisión de su voluntad,
12 para que alabemos su gloria
los que ya antes esperábamos en Cristo.
13 En él también vosotros*,
tras haber oído la Palabra de la verdad,
la buena nueva de vuestra salvación,
y haber creído también en él,
fuisteis sellados con el Espíritu Santo* de la promesa.
14 El Espíritu es garantía de nuestra herencia,
hasta que el pueblo de su posesión* sea redimido,
y su gloria sea así alabada.
Triunfo y supremacía de Cristo.
15 Por eso, también yo, al tener noticia de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestra caridad* para con todos los santos, 16 no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones. 17 Así, pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que os conceda espíritu* de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente, 18 que ilumine los ojos de vuestro corazón* para que conozcáis cuál es la esperanza a que habéis sido llamados por él, cuál la gloriosa riqueza otorgada por él en herencia a los santos, 19 y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa. 20 Dios desplegó esta fuerza en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su diestra en los cielos, 21 por encima de todo principado, potestad, virtud, dominación* y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este mundo, sino también en el venidero. 22 Sometió todo bajo sus pies y le constituyó cabeza suprema de la Iglesia, 23 que es su cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo*.
La salvación en Cristo, don gratuito.
21 Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el príncipe del imperio del aire*, el espíritu que actúa en los rebeldes… 3 entre ellos vivíamos también todos nosotros* en otro tiempo, sujetos a las concupiscencias y apetencias de nuestra naturaleza humana, y a los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la ira… 4 Pero Dios, rico en misericordia, movido por el gran amor que nos tenía, 5 estando muertos a causa de nuestros delitos, nos* vivificó juntamente con Cristo* —por gracia habéis sido salvados—, 6 y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús*. 7 De este modo, puso de manifiesto en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Pues habéis sido salvados gratuitamente, mediante la fe. Es decir, que esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; 9 tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. 10 En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, que de antemano dispuso Dios que practicáramos.
Judíos y gentiles reconciliados entre sí y con Dios.
11 Recordad pues, cómo en otro tiempo* vosotros, los gentiles según la carne, llamados «incircuncisos» por los que practican la «circuncisión» —una operación practicada en la carne—, 12 estabais a la sazón lejos de Cristo*, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas* de la promesa, sin esperanza* y sin Dios en el mundo*. 13 Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo*.
14 Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno*, derribando el muro divisorio, la enemistad*, 15 y anulando en su carne la Ley con sus mandamientos y sus decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo*. De este modo, hizo las paces 16 y reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo*, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad. 17 Vino* a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. 18 Por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu*.
19 Así pues*, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, 20 edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas*. Y la piedra angular es Cristo mismo, 21 en quien toda* edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, 22 en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios mediante el Espíritu.
Pablo, ministro del misterio de Cristo.
31 Por lo cual yo, Pablo, el prisionero de Cristo en favor de vosotros, los gentiles… 2 si es que conocéis la misión de la gracia* que Dios me concedió en provecho vuestro: 3 cómo me fue comunicado por una revelación* el conocimiento del misterio, tal como brevemente acabo de exponeros. 4 Por la lectura de la carta podréis captar mi conocimiento del misterio de Cristo, 5 un misterio que no fue dado a conocer a los hombres en generaciones pasadas. Ahora, en cambio, ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas* por medio del Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos*, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa cumplida en Cristo Jesús. Todo ello ha sido anunciado por medio del Evangelio, 7 del cual he llegado a ser ministro, conforme al don que Dios me ha concedido por la fuerza de su poder. 8 A mí, el menor de todos los santos, me fue concedida la gracia de anunciar a los gentiles la insondable riqueza de Cristo, 9 y esclarecer* cómo se ha dispensado el misterio escondido desde siglos en Dios, creador del universo, 10 para que la multiforme sabiduría de Dios se manifieste ahora a los principados y a las potestades en los cielos, mediante la Iglesia*. 11 De este modo, Dios ha realizado su designio eterno en Cristo Jesús, Señor nuestro, 12 quien, mediante la fe en él, nos da valor para llegarnos confiadamente a Dios. 13 Por eso os ruego que no os desaniméis* por las tribulaciones que por vosotros padezco, pues ellas son vuestra gloria*.
Súplica de Pablo.
14 Así que doblo mis rodillas ante el Padre*, 15 de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra*, 16 para que, en virtud de su gloriosa riqueza, os conceda fortaleza interior mediante la acción de su Espíritu, 17 y haga que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. Y que de este modo, arraigados y cimentados en el amor, 18 podáis comprender con todos los santos la anchura y la longitud, la altura y la profundidad*, 19 y conozcáis el amor de Cristo*, que excede a todo conocimiento*. Y que así os llenéis de toda la plenitud de Dios*.
20 A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas* incomparablemente mejor de lo que nosotros podemos pedir o pensar conforme a nuestra capacidad, 21 a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.
II. Exhortación
Llamamiento a la unidad*.
41 Os exhorto, pues, yo, prisionero por el Señor, a que viváis de una manera digna de la llamada que habéis recibido: 2 con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, 3 poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. 4 Pues uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. 5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos*.
7 A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia* a la medida de los dones de Cristo. 8 Por eso dice la Escritura:
Subiendo a la altura, llevó cautivos y repartió dones a los hombres*.
9 ¿Qué quiere decir «subió» sino que también* bajó a las regiones inferiores de la tierra*? 10 Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenar el universo*. 11 Él mismo dispuso que unos fueran apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros*, 12 para organizar adecuadamente a los santos* en las funciones del ministerio. Y todo orientado a la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la plena madurez de Cristo*.
14 Así ya no seremos como niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce al error. 15 Antes bien, movidos por un amor sincero, creceremos en todo hacia Cristo, que es la cabeza, 16 de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por la colaboración de los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro*, para el crecimiento y edificación en el amor.
La vida nueva en Cristo.
17 Por tanto, os digo y os repito en nombre del Señor que no viváis ya como los gentiles, que se dejan llevar por su mente vacía, 18 obcecados en las tinieblas y excluidos de la vida de Dios por su ignorancia y por la dureza de su corazón. 19 Habiendo perdido el sentido moral*, se entregaron al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas*. 20 Pero esto no tiene nada que ver con lo que habéis aprendido de Cristo, 21 si es que habéis oído hablar de él y en él habéis sido enseñados conforme a la verdad de Jesús*: 22 en cuanto a vuestra vida anterior, despojaos del hombre viejo, que se corrompe dejándose seducir por deseos rastreros, 23 renovad vuestra mente espiritual, 24 y revestíos del Hombre Nuevo, creado según Dios, que se manifiesta en una vida justa y en la verdad santa*.
25 Por tanto, desechad la mentira y decíos la verdad unos a otros, pues somos miembros unos de otros. 26 Si os irritáis, no pequéis; que no se ponga el sol mientras estéis irritados, 27 para no dar así ocasión al diablo. 28 El que robaba, que ya no robe; que trabaje con sus manos haciendo algo útil*, para que pueda socorrer así al que lo necesite. 29 No digáis palabras que puedan herir, sino las que sean oportunas para edificar según la necesidad* y hacer el bien a los que os escuchen. 30 No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención*. 31 Que desaparezca de entre vosotros cualquier clase de amargura, ira, cólera, gritos, maledicencia y maldad. 32 Sed amables y compasivos entre vosotros, perdonándoos mutuamente como os* perdonó Dios en Cristo.
51 Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos, 2 y vivid en el amor, tal como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma. 3 Que ni siquiera se mencionen entre vosotros la fornicación, la impureza o la codicia, como conviene a los santos. 4 Lo mismo puede decirse de la grosería, las necedades o las chocarrerías, cosas que no están bien. Pronunciad más bien acciones de gracias. 5 Tened por cierto que ningún fornicario o impuro o codicioso —que es como ser idólatra*— participará en la herencia del Reino de Cristo y de Dios. 6 Que nadie os engañe con vanas razones, pues por eso deja sentir Dios su ira sobre los rebeldes. 7 No tengáis parte con ellos. 8 Porque en otro tiempo fuisteis tinieblas; pero ahora sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz, 9 pues el fruto de la luz consiste en todo tipo de bondad, justicia y verdad. 10 Examinad qué es lo que agrada al Señor, 11 y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas; antes bien, denunciadlas. 12 Sólo el mencionar las cosas que ellos hacen ocultamente da vergüenza; 13 pero, al ser denunciadas, salen a la luz. 14 Pues todo lo que queda manifiesto es luz*. Por eso se dice*:
Despierta tú que duermes,
y levántate de entre los muertos,
y te iluminará Cristo*.
15 Así pues, mirad atentamente cómo vivís; no seáis necios, sino sabios. 16 Aprovechad bien la ocasión*, porque corren malos tiempos. 17 Por tanto, no seáis insensatos; tratad de comprender cuál es la voluntad del Señor. 18 No os embriaguéis con vino, que es causa de libertinaje; llenaos más bien del Espíritu. 19 Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor, 20 dando gracias siempre y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Moral familiar.
21 Sed sumisos los unos a los otros, por respeto a Cristo: 22 las mujeres a sus maridos, como al Señor, 23 porque* el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, el salvador del cuerpo. 24 Como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.
25 Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, purificándola mediante el baño del agua y la fuerza de la palabra*, 27 y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada*. 28 Así deben amar los maridos a sus mujeres, como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. 29 Porque nadie aborrece jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, 30 pues somos miembros de su cuerpo*. 31 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una carne. 32 Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia*. 33 En todo caso, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido.
61 Hijos, obedeced a vuestros padres por respeto al Señor*, porque eso es lo justo. 2 Honra a tu padre y a tu madre es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: 3 Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra. 4 Padres, no exasperéis a vuestros hijos; formadlos más bien mediante la instrucción y la exhortación, según la enseñanza del Señor.
5 Esclavos, obedeced a vuestros amos de este mundo con respeto y temor, con sencillez de corazón, como a Cristo; 6 no por ser vistos, como quien busca agradar a los hombres, sino como esclavos de Cristo que cumplen de corazón la voluntad de Dios. 7 Y hacedlo de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, 8 conscientes de que cada cual será recompensado por el Señor según el bien que hiciere: sea esclavo, sea libre. 9 Amos, obrad de la misma manera con ellos, dejándoos de amenazas y teniendo presente que está en los cielos el Amo vuestro y de ellos, y que en él no hay favoritismos.
El combate espiritual.
10 Por lo demás, fortaleceos por medio del Señor, de su fuerza poderosa. 11 Revestíos de las armas de Dios* para poder resistir a las acechanzas del diablo. 12 Porque nuestra* lucha no va dirigida contra simples seres humanos, sino contra los principados, las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso y los espíritus del mal que están en el aire*. 13 Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto; y manteneros firmes después de haber vencido todo.
14 Manteneos firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, 15 calzados con el celo por el Evangelio de la paz, 16 embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del maligno. 17 Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. 18 Manteneos siempre en la oración y la súplica, orando en toda ocasión por medio del Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos. 19 Y orad también por mí, para que Dios me conceda la palabra adecuada cuando abra mi boca* para dar a conocer con valentía el misterio del Evangelio*, 20 del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente, como conviene.
Noticias personales y saludo final.
21 Tíquico, el hermano querido y fiel ministro en la obra del Señor, os informará de todo, de cómo me va y qué hago. 22 Os lo envío expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones.
23 Paz a los hermanos, y caridad con fe de parte de Dios Padre y del Señor Jesucristo. 24 La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en la vida incorruptible*.