2 Crónicas

LIBRO SEGUNDO DE LAS CRÓNICAS

III. Salomón y la construcción del templo*

Salomón recibe la Sabiduría*.

11 Salomón, hijo de David, se afianzó en su reino. Yahvé, su Dios, estaba con él y le engrandeció sobremanera. 2 Salomón habló a todo Israel, a los jefes de millar y de cien, a los jueces y a todos los jefes de todo Israel, cabezas de casas paternas. 3 Después se dirigió con toda la asamblea al alto de Gabaón, porque allí se hallaba la Tienda del Encuentro de Dios, que Moisés, siervo de Yahvé, había construido en el desierto. 4 Cuanto al arca de Dios, David la había llevado de Quiriat Yearín al lugar preparado para ella, pues le había alzado una tienda en Jerusalén. 5 Estaba también allí, delante de la Morada de Yahvé, el altar de bronce que había hecho Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur. Fueron, pues, Salomón y la asamblea para consultarle. 6 Subió Salomón allí, al altar de bronce que estaba ante Yahvé, junto a la Tienda del Encuentro, y ofreció sobre él mil holocaustos*.

7 Aquella noche se apareció Dios a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que necesites de mí.» 8 Salomón respondió a Dios: «Tú tuviste gran amor a mi padre David, y a mí me has hecho rey en su lugar. 9 Ahora, pues, Yahvé Dios, que se cumpla la promesa que hiciste a mi padre David, ya que tú me has hecho rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. 10 Dame, pues, ahora sabiduría e inteligencia, para que sepa conducirme ante este pueblo tuyo tan grande.»

11 Respondió Dios a Salomón: «Ya que piensas esto en tu interior, y no has pedido riquezas ni bienes ni gloria ni la muerte de tus enemigos; ni tampoco has pedido larga vida, sino que has solicitado sabiduría e inteligencia para saber juzgar a mi pueblo, del cual te he hecho rey, 12 por eso te concedo sabiduría y entendimiento, y además te daré riqueza, bienes y gloria como no las tuvieron los reyes que te precedieron ni las tendrá ninguno de los que vengan después de ti.»

13 Salomón salió de la Tienda del Encuentro, en el alto de Gabaón, regresó a Jerusalén y se puso a reinar sobre Israel. 14 Salomón reunió carros y caballos (tuvo 1.400 carros y 12.000 caballos), que acuarteló en las ciudades de los carros y en Jerusalén, cerca de él. 15 El rey consiguió que en Jerusalén la plata y el oro fuesen tan abundantes como las piedras, y los cedros tanto como los sicómoros de la Tierra Baja. 16 Los caballos de Salomón procedían de Musur y de Cilicia*; los mercaderes del rey los adquirían en Cilicia a precio fijo. 17 Importaban de Egipto un carro por seiscientos siclos de plata, y un caballo por ciento cincuenta. Eran exportados también a todos los reyes de los hititas y a todos los reyes de Aram.

Últimos preparativos. Jirán de Tiro.

18 Decidió, pues, Salomón edificar un templo al Nombre de Yahvé y un palacio para sí.

21 Salomón designó 70.000 hombres para porteadores y 80.000 canteros en el monte, y puso al frente de ellos 3.600 capataces.

2 Salomón envió a decir a Jirán, rey de Tiro: «Haz conmigo como hiciste con mi padre David, cuando le enviaste maderas de cedro para que se construyera una casa en que habitar. 3 Me propongo edificar un templo al Nombre de Yahvé, mi Dios, para consagrárselo, para quemar ante él incienso aromático, para la ofrenda perpetua de los panes presentados, y para los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los sábados, novilunios y solemnidades* de Yahvé nuestro Dios, como se hace siempre en Israel. 4 El templo que voy a edificar será grande, porque nuestro Dios es mayor que todos los dioses. 5 Pero ¿quién será capaz de construirle un templo, cuando los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerle? ¿Y quién soy yo para edificarle un templo, aunque esté destinado tan sólo para quemar incienso en su presencia? 6 Envíame, pues, un hombre diestro en trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la púrpura escarlata, el carmesí y la púrpura violeta, y que sepa grabar; estará con los expertos que tengo conmigo en Judá y en Jerusalén, y que mi padre David ya había preparado*. 7 Envíame también madera de cedro, de ciprés y algummim* del Líbano; pues bien sé que tus hombres saben talar los árboles del Líbano. Mis hombres trabajarán con los tuyos 8 para prepararme madera en abundancia, pues el templo que voy a edificar ha de ser grande y maravilloso. 9 Daré para el sustento* de tus hombres, los taladores de los árboles, 20.000 cargas de trigo, 20.000 cargas de cebada, 20.000 medidas de vino y 20.000 medidas de aceite.»

10 Jirán, rey de Tiro, respondió en una carta que envió al rey Salomón: «Por el amor que tiene Yahvé a su pueblo te ha hecho rey sobre ellos.» 11 Y añadía Jirán: «Bendito sea Yahvé, Dios de Israel, hacedor del cielo y de la tierra, que ha dado al rey David un hijo sabio, prudente e inteligente, que edificará un templo a Yahvé y un palacio para sí. 12 Te envío, pues, ahora a Jirán Abí, hombre experto, dotado de habilidades; 13 es hijo de una danita, y su padre es de Tiro. Sabe trabajar el oro, la plata, el bronce, el hierro, la piedra y la madera, la púrpura escarlata, la púrpura violeta, el lino fino y el carmesí. Sabe también hacer toda clase de grabados y ejecutar cualquier obra que se le proponga, a una con tus artífices y los artífices de mi señor David, tu padre. 14 Mándanos el trigo, la cebada, el aceite y el vino de que has hablado, 15 y por nuestra parte cortaremos del Líbano toda la madera que necesites y te la llevaremos en balsas, por mar, hasta Jope. Luego tú mandarás que la suban a Jerusalén.»

Las obras*.

16 Salomón hizo el censo de todos los forasteros residentes en Israel, tomando por modelo el censo que había hecho su padre, David. Eran 153.600. 17 De ellos destinó 70.000 para el transporte de cargas, 80.000 para las canteras en las montañas y 3.600 como capataces para los trabajos del pueblo.

31 Empezó, pues, Salomón a edificar el templo de Yahvé en Jerusalén, en el monte Moria, donde Dios se había manifestado a su padre David, en el lugar donde David había hecho los preparativos, en la era de Ornán el jebuseo. 2 Dio comienzo a las obras el segundo mes* del año cuarto de su reinado. 3 Éste es el plano sobre el que Salomón edificó el templo de Dios: sesenta codos de longitud, en codos de medida antigua, y veinte codos de anchura. 4 El vestíbulo que estaba delante de la nave del templo tenía una longitud de veinte codos, correspondiente al ancho del templo, y una altura de ciento veinte. Salomón lo recubrió por dentro de oro puro. 5 Revistió la Sala Grande de madera de ciprés y la recubrió de oro fino, haciendo esculpir en ella palmas y cadenillas. 6 Para adornar el templo lo revistió también de piedras preciosas; el oro provenía de Parváin. 7 Recubrió de oro el templo, las vigas, los umbrales, sus paredes y sus puertas, y esculpió querubines sobre las paredes.

8 Construyó también la sala del Santo de los Santos*, cuya longitud, correspondiente al ancho del templo, era de veinte codos, y también de veinte su anchura. Lo recubrió de oro puro, que pesaba seiscientos talentos. 9 Los clavos de oro pesaban cincuenta siclos. Recubrió también de oro las salas superiores. 10 En el interior de la sala del Santo de los Santos hizo dos querubines, de obra esculpida, que revistió de oro. 11 Las alas de los querubines tenían veinte codos de largo. Un ala medía cinco codos y tocaba la pared de la sala; la otra medía también cinco codos y tocaba el ala del otro querubín. 12 El ala del segundo querubín medía cinco codos y tocaba la pared de la sala; la otra medía también cinco codos y pegaba con el ala del primer querubín. 13 Las alas desplegadas de estos querubines medían veinte codos. Estaban de pie, con sus caras vueltas hacia la sala.

14 Fabricó también el velo* de púrpura violeta, púrpura escarlata, carmesí y lino fino, con querubines bordados.

15 Delante de la sala emplazó dos columnas de treinta y cinco codos de alto. El capitel que las coronaba tenía cinco codos. 16 En el santuario fabricó cadenillas y las colocó sobre los remates de las columnas; hizo también cien granadas, que puso en las cadenillas. 17 Erigió las columnas delante de la nave, una a la derecha y otra a la izquierda, y llamó a la de la derecha Yaquín y a la de la izquierda Boaz.

41 Construyó también un altar de bronce de veinte codos de largo, veinte codos de ancho y diez codos de alto*. 2 Fabricó el Mar de metal fundido, que medía diez codos de diámetro, cinco de altura y treinta de circunferencia. 3 Debajo del borde, todo alrededor, había figuras de toros, diez en cada codo, colocadas en dos órdenes y fundidas en una sola pieza. 4 Reposaba sobre doce bueyes; tres miraban al Norte, tres al Oeste, tres al Sur y tres al Este. Sobre ellos se asentaba el Mar, quedando hacia el interior las partes traseras de los bueyes. 5 Medía un palmo de espesor y su borde se parecía al del cáliz de la flor de la azucena. Su capacidad era de tres mil medidas.

6 Fabricó diez pilas para las abluciones, y colocó cinco de ellas a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar en ellas lo que se ofrecía en holocausto. El Mar estaba destinado a las abluciones de los sacerdotes*. 7 Hizo diez candelabros de oro según la forma prescrita, y los colocó en la nave, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. 8 Hizo diez mesas, que puso en la nave, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. Fabricó también cien acetres de oro.

9 Construyó también el atrio de los sacerdotes* y el atrio grande con sus puertas, y recubrió las puertas de bronce. 10 Colocó el Mar al lado derecho, hacia el sureste.

11 Jirán fabricó los ceniceros, las paletas y los acetres. Jirán concluyó toda la obra que el rey Salomón le encargó que hiciera para el templo de Yahvé:

12 dos columnas, las molduras de los capiteles que estaban sobre la cima de las dos columnas, los dos trenzados para recubrir las dos molduras de los capiteles que estaban en la cima de las columnas; 13 las cuatrocientas granadas para los dos trenzados*;

14 las diez basas* y las diez pilas sobre las basas;

15 el Mar y los doce bueyes que lo sustentaban;

16 los ceniceros, las paletas y los acetres. Todos estos objetos que hizo Jirán al rey Salomón para el templo de Yahvé eran de bronce bruñido. 17 El rey los hizo fundir en la vega del Jordán, en moldes de tierra, entre Sucot y Seredá. 18 Salomón fabricó todos estos utensilios en tan enorme cantidad que no se pudo calcular el peso del bronce.

19 Salomón hizo todos los objetos que había en el templo de Yahvé: el altar de oro; la mesa sobre la que se ponían los panes presentados, 20 de oro; los candelabros con sus lámparas, delante del santuario, para que ardieran, según el rito, de oro fino; 21 las flores, las lámparas y las despabiladeras de oro, de oro purísimo; 22 y los cuchillos, los acetres, las copas y los braseros, de oro fino. Eran también de oro las puertas del santuario interior, el Santo de los Santos y las puertas de la nave del templo.

51 Cuando se completó la obra que el rey Salomón había mandado hacer en el templo de Yahvé, hizo traer todo lo consagrado por su padre David: la plata, el oro y los objetos, y lo depositó entre los tesoros del templo de Yahvé.

Traslado del arca.

2 Entonces congregó Salomón en Jerusalén a todos los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los principales de las casas paternas de los israelitas, para hacer subir el arca de la alianza de Yahvé desde la Ciudad de David, que es Sión. 3 Se congregaron en torno al rey todos los hombres de Israel. Era la fiesta del mes séptimo. 4 Cuando llegaron todos los ancianos de Israel, los levitas* alzaron el arca; 5 y llevaron, también los sacerdotes levitas, el arca y la Tienda del Encuentro, y todos los objetos del santuario que había en la Tienda.

6 El rey Salomón, con toda la comunidad de Israel que se había reunido en torno a él, sacrificaron ante el arca ovejas y bueyes en número incalculable e incontable. 7 Los sacerdotes transportaron el arca de la alianza de Yahvé al santuario del templo, el Santo de los Santos, a su propio lugar, situado bajo las alas de los querubines. 8 Los querubines extendían las alas sobre el lugar del arca y cubrían ésta y sus varales por encima. 9 Los varales se prolongaban hasta dejar ver sus extremos desde el santuario*, pero no podían verse desde más afuera. (Han estado allí hasta el día de hoy.) 10 En el arca no había nada más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó allí, en el Horeb, cuando Yahvé estableció alianza con los israelitas tras salir de Egipto.

Dios toma posesión de su Templo *.

11 Cuando los sacerdotes salieron del santuario (pues todos los sacerdotes que se hallaban presentes se habían santificado, sin guardar orden de clases), 12 todos los levitas cantores, Asaf, Hemán y Yedutún, con sus hijos y hermanos, vestidos de lino fino, estaban de pie al oriente del altar, tocando címbalos, salterios y cítaras, y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban las trompetas. 13 Se hacían oír al mismo tiempo y al unísono los que tocaban las trompetas y los cantores, alabando y celebrando a Yahvé. Alzando la voz con las trompetas y con los címbalos y otros instrumentos de música, alababan a Yahvé diciendo: «Porque es bueno, porque es eterna su misericordia». El templo se llenó de una nube, el templo mismo de Yahvé. 14 Cuando los sacerdotes salieron del santuario —pues la nube había llenado el templo de Yahvé—, no pudieron permanecer ante la nube para completar el servicio, pues la gloria de Yahvé llenaba el templo de Yahvé.

61 Entonces Salomón dijo:

«Yahvé puso el sol en los cielos,

pero ha decidido habitar en densa nube.

2 He querido erigirte una morada principesca,

un lugar donde habites para siempre.»

Discurso de Salomón al pueblo *.

3 El rey, volviéndose, bendijo a toda la asamblea de Israel, que se mantenía en pie.

4 Dijo: «Bendito sea Yahvé, Dios de Israel, que habló por su boca a mi padre David, y ha cumplido por su mano lo que dijo: 5 ‘Desde el día en que saqué de la tierra de Egipto a mi pueblo Israel, no he elegido ninguna ciudad entre todas las tribus de Israel para edificar un templo en el que resida mi Nombre (y no elegí tampoco ningún varón que fuera príncipe sobre mi pueblo Israel, 6 pero he elegido a Jerusalén para que resida allí mi Nombre) y he elegido a David para que esté al frente de mi pueblo Israel.’

7 «Mi padre David acariciaba en su corazón el propósito de construir un templo al Nombre de Yahvé, Dios de Israel. 8 Pero Yahvé dijo a David, mi padre: ‘Has acariciado en tu corazón el deseo de construir un templo a mi Nombre; has hecho bien en ello. 9 Pero no serás tú el que construya el templo a mi Nombre. Un hijo tuyo, salido de tus entrañas, será quien construya el templo a mi Nombre.’ 10 Yahvé ha cumplido la promesa que pronunció. Me ha establecido como sucesor de mi padre David. Me he sentado sobre el trono de Israel, como Yahvé había dicho, y he construido el templo al Nombre de Yahvé, Dios de Israel; 11 y he fijado en él un lugar para el arca en la que se encuentra la alianza que Yahvé pactó con los israelitas.»

Oración personal de Salomón.

12 Salomón se puso en pie ante el altar de Yahvé, frente a toda la asamblea de Israel, y extendió las manos. 13 Salomón había fabricado un estrado de bronce de cinco codos de largo, cinco de ancho y tres de alto, que había colocado en medio del atrio. Se puso sobre él, se arrodilló frente a toda la asamblea de Israel* y, extendiendo sus manos hacia el cielo, 14 dijo:

«Yahvé, Dios de Israel, no hay Dios como tú ni en el cielo ni en la tierra. Tú eres quien guardas la alianza y la fidelidad a tus siervos que caminan ante ti de todo corazón; 15 tú quien has mantenido a mi padre David la promesa que le hiciste y quien has cumplido en este día con tu mano lo que con tu boca habías prometido. 16 Ahora, pues, Yahvé, Dios de Israel, mantén a tu siervo David, mi padre, la promesa que le hiciste al decirle: ‘Nunca te faltará uno de los tuyos en mi presencia que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos esmeren su conducta, caminando según mi Ley y procediendo ante mí como tú has procedido.’ 17 Y ahora, Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David. 18 ¿Habitará Dios con los hombres en la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este templo que yo te he construido! 19 Inclínate a la plegaria y a la súplica de tu siervo, Yahvé, Dios mío. Escucha el clamor y la plegaria que tu siervo entona en tu presencia. 20 ¡Que día y noche tus ojos estén abiertos hacia este templo, hacia este lugar del que dijiste que allí estaría tu Nombre. Escucha la súplica de tu siervo que entona en dirección a este lugar!

Plegaria en favor del pueblo.

21 «Escucha la plegaria que tu siervo Israel, tu pueblo, entone en dirección a este lugar. Escucha tú desde el lugar de tu morada, desde el cielo; escucha y perdona.

22 «Si un hombre peca contra su prójimo y éste pronuncia* una imprecación ante tu altar en este templo, 23 escucha tú desde el cielo. Intervén y juzga a tus siervos: declara culpable al malvado, de modo que su conducta recaiga sobre él mismo, e inocente al justo, retribuyéndole según su justicia.

24 «Cuando tu pueblo Israel haya sido derrotado por un enemigo por haber pecado contra ti, y se vuelva a ti y alabe tu Nombre, ore y suplique ante ti en este templo, 25 escucha tú desde el cielo y perdona el pecado de tu pueblo Israel, y devuélvelos a la tierra que diste a sus antepasados.

26 «Cuando, por haber pecado contra ti, los cielos se cierren y deje de haber lluvia, y acudan a orar en este lugar y alaben tu Nombre, y se conviertan de su pecado porque los humillaste, 27 escucha tú desde el cielo y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino que deberán seguir. Y envía lluvia a tu tierra, la que diste en herencia a tu pueblo.

28 «Cuando en el país haya hambre, peste, tizón, añublo, langosta o pulgón; cuando el enemigo ponga asedio a una de sus puertas, en la desgracia o la enfermedad 29 de cualquier persona o de todo el pueblo de Israel, que conozca la aflicción en su corazón, eleve plegarias y súplicas, y extienda sus manos hacia este templo, 30 escucha tú desde el cielo, lugar de tu morada, perdona e intervén. Y da a cada uno según su conducta, tú que conoces su corazón — tú el único que conoce el corazón de los seres humanos—, 31 de modo que te respeten a lo largo de los días que vivan en la tierra que diste a nuestros antepasados.

32 «También al extranjero, al que no es de tu pueblo y viene de un país lejano a orar en este templo a causa de tu gran Nombre, tu mano fuerte y tu tenso brazo, 33 escúchalo tú desde el cielo, lugar de tu morada. Concede al extranjero lo que te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu Nombre y te respeten como tu pueblo Israel, y reconozcan que tu Nombre es invocado en este templo que yo te he construido.

34 «Cuando tu pueblo salga a la guerra contra el enemigo, lo envíes por donde lo envíes, y supliquen a Yahvé vueltos hacia la ciudad que has elegido y hacia el templo que he construido para tu Nombre, 35 escucha tú desde el cielo su oración y su plegaria, y hazles justicia. 36 Puede que pequen contra ti —pues no hay hombre que no peque— y tú, irritado contra ellos, los entregues al enemigo y sus vencedores los deporten al país enemigo, lejano o próximo. 37 Pero si en la tierra de su cautividad se convierten en su corazón y te suplican diciendo: ‘Hemos pecado, hemos actuado perversamente, nos hemos hecho culpables’; 38 si en el país de los enemigos que los deportaron se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma y te suplican vueltos hacia la tierra que diste a sus antepasados y hacia la ciudad que has elegido y el templo que he edificado a tu Nombre, 39 escucha tú desde el cielo, lugar de tu morada, su oración y su plegaria. Hazles justicia y perdona los pecados con que te hayan ofendido.

Conclusión de la plegaria*.

40 «Que tus ojos estén abiertos y atentos tus oídos, Dios mío, a la súplica que se haga en este lugar. 41 Y ahora

¡levántate, Yahvé Dios, hacia tu reposo,

tú y el arca de tu poder!

¡Que tus sacerdotes, Yahvé Dios, se vistan de fiesta,

y tus fieles gocen de la felicidad!

42 Yahvé, Dios mío, no rechaces el rostro de tu Ungido;

acuérdate de las misericordias otorgadas a David tu siervo.»

Fiesta de la Dedicación*.

71 Cuando Salomón acabó de orar, bajó fuego del cielo, que devoró el holocausto y los sacrificios; y la gloria de Yahvé llenó el templo. 2 Los sacerdotes no podían entrar en el templo de Yahvé, porque la gloria de Yahvé llenaba el templo. 3 Entonces todos los israelitas, viendo descender el fuego y la gloria de Yahvé sobre el templo, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento y adoraron y alabaron a Yahvé «porque es bueno, porque es eterna su misericordia». 4 Luego el rey y todo el pueblo ofrecieron sacrificios ante Yahvé. 5 El rey Salomón ofreció en sacrificio 22.000 bueyes y 120.000 ovejas. Así es como el rey y todos los israelitas dedicaron el templo de Yahvé. 6 Los sacerdotes atendían a su ministerio, mientras los levitas glorificaban a Yahvé con los instrumentos que el rey David fabricó para acompañar los cánticos de Yahvé, «porque es eterna su misericordia», ejecutando los cánticos compuestos por David. Los sacerdotes estaban delante de ellos tocando las trompetas, y todo Israel se mantenía en pie.

7 Salomón consagró el interior del patio que está delante del templo de Yahvé, ofreciendo allí los holocaustos y las grasas de los sacrificios de comunión, pues el altar de bronce que había hecho Salomón era demasiado reducido para contener el holocausto, la comunión y las grasas. 8 En aquella ocasión Salomón celebró la fiesta durante siete días. Todo Israel estaba con él, una asamblea inmensa, desde la entrada de Jamat hasta el torrente de Egipto. 9 El día octavo tuvo lugar la asamblea solemne, pues habían hecho la dedicación del altar por siete días, de manera que la fiesta duró siete días. 10 El día veintitrés* del mes séptimo, Salomón envió al pueblo a sus tiendas, gozosos y felices por todos los beneficios que Yahvé había hecho a David, a Salomón y a su pueblo Israel.

Respuesta de Yahvé a Salomón *.

11 Cuando Salomón terminó de construir el templo de Yahvé, el palacio real y todo cuanto fue su deseo hacer, tanto en el templo de Yahvé como en su propia casa, 12 se apareció Yahvé a Salomón por la noche y le dijo: «He oído tu oración, y me he elegido este lugar como templo de sacrificio. 13 Si yo cierro el cielo y no llueve, si yo mando a la langosta devorar la tierra, o envío la peste entre mi pueblo, 14 y mi pueblo, sobre el cual es invocado mi Nombre, se humilla, orando y buscando mi rostro, y se vuelven de sus malos caminos, yo les oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra. 15 Mis ojos estarán abiertos, y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar; 16 pues ahora he escogido y santificado este templo para que en él permanezca mi Nombre por siempre. Allí estarán mis ojos y mi corazón todos los días. 17 Y en cuanto a ti, si te conduces ante mí como lo hizo David, tu padre, cumpliento todo lo que te ordene y guardando mis mandatos y mis decretos, 18 afianzaré tu trono real para siempre, como prometí a David, tu padre: ‘No te habrá de faltar uno de los tuyos que gobierne en Israel.’ 19 Pero si os apartáis, abandonando los decretos y los mandatos que os he dado, y vais a servir a otros dioses, postrándoos ante ellos, 20 os arrancaré de mi tierra que os he dado, retiraré de mi presencia el templo que he consagrado a mi Nombre y lo convertiré en ejemplo y escarnio entre todos los pueblos. 21 Y este templo, que debía ser tan sublime, vendrá a ser el espanto de todos los que pasen cerca de él, pues dirán: ‘¿Por qué ha actuado Yahvé de este modo con esta tierra y este templo?’ 22 Y responderán: ‘Porque abandonaron a Yahvé, Dios de sus antepasados, que los había sacado de la tierra de Egipto, y abrazaron otros dioses, se postraron ante ellos y les rindieron culto. Por eso ha hecho venir sobre ellos todo este mal.’»

Conclusión: Fin de las obras.

81 Al cabo de los veinte años que empleó Salomón en edificar el templo de Yahvé y su palacio, 2 reconstruyó las ciudades que Jirán le había dado*, y estableció allí a los israelitas. 3 Salomón marchó contra Jamat de Sobá* y se apoderó de ella. 4 Reedificó Tadmor en el desierto*, y todas las ciudades de avituallamiento que construyó en Jamat. 5 Reconstruyó Bet Jorón de arriba y Bet Jorón de abajo, ciudades fortificadas, con murallas, puertas y barras, 6 y Baalat, con todas las ciudades de aprovisionamiento que tenía Salomón, todas las ciudades de carros y las de los caballos, y todo cuanto quiso construir en Jerusalén, en el Líbano y en todos los dominios de su reino.

7 A cuantos quedaron de los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, que no eran israelitas, 8 y cuyos descendientes habían permanecido en el país, y a los que los israelitas no habían exterminado, Salomón los redujo a mano de obra forzada, como ha sucedido hasta el día de hoy. 9 Pero Salomón no impuso a los israelitas trabajos forzados, pues eran sus hombres de guerra, oficiales y jefes, escuderos y jefes de sus carros y de su caballería. 10 Salomón tenía doscientos cincuenta jefes de guarniciones, que gobernaban al pueblo.

11 Salomón trasladó a la hija de faraón desde la Ciudad de David a la casa que había edificado para ella, pues se decía: «Mi mujer no puede vivir en la casa de David, rey de Israel, porque los lugares donde ha estado el arca de Yahvé son sagrados*

12 Entonces empezó a ofrecer Salomón holocaustos a Yahvé sobre el altar que había erigido delante del vestíbulo. 13 Ofreció holocaustos según el rito de cada día, conforme a lo prescrito por Moisés, en los sábados, los novilunios y en las solemnidades, tres veces al año: en la fiesta de los Ázimos, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de las Tiendas. 14 Estableció también las secciones de los sacerdotes en sus servicios, conforme al reglamento de su padre David; a los levitas en sus cargos de alabar y servir junto a los sacerdotes, según el rito de cada día; y a los porteros con arreglo a sus secciones, en cada puerta. Ésta había sido la orden de David, hombre de Dios. 15 No se apartaron en nada de la orden del rey en lo tocante a los sacerdotes y los levitas, ni tampoco en lo relativo a los tesoros. 16 Así fue dirigida toda la obra de Salomón, desde el día en que se echaron los cimientos del templo de Yahvé hasta su terminación. De esta manera fue acabado el templo de Yahvé*.

Gloria de Salomón.

17 Entonces Salomón fue a Esión Guéber y a Elat, a orillas del mar, en la tierra de Edom, 18 y Jirán le envió, por medio de sus hombres, navíos y marineros expertos en la mar, que fueron con los siervos de Salomón a Ofir. Trajeron de allí cuatrocientos cincuenta talentos de oro, que llevaron al rey Salomón.

91 La reina de Sabá oyó la fama de Salomón y vino a poner a prueba a Salomón con enigmas. Llegó a Jerusalén con un gran contingente de camellos que portaban perfumes, oro en gran cantidad y piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le planteó todo cuanto había ideado. 2 Salomón resolvió todas sus preguntas. No había cuestión tan arcana que el rey no pudiera desvelar. 3 Cuando la reina de Sabá observó la sabiduría toda de Salomón, el palacio que había construido, 4 los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte de sus ministros y sus vestimentas, sus coperos con sus trajes y los holocaustos que ofrecía en el templo* de Yahvé, se quedó sin respiración, 5 y dijo al rey: «¡Era verdad cuanto yo oía en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría! 6 Yo no daba crédito a lo que se decía; pero ahora he venido y lo he comprobado personalmente. ¡No me dijeron ni la mitad! Tu sabiduría y tu prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché. 7 ¡Dichosa tu gente*! ¡Dichosos estos servidores tuyos que están siempre en tu presencia y escuchan tu sabiduría! 8 ¡Bendito sea Yahvé, tu Dios, que se ha complacido en ti, poniéndote sobre su trono como rey de Yahvé*, tu Dios, y te ha situado en el trono de Israel. Por el amor eterno de Yahvé a Israel te ha puesto como rey sobre ellos para administrar derecho y justicia!» 9 Dio al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de aromas y piedras preciosas. Nunca hubo aromas como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón. 10 Los hombres de Jirán y los de Salomón, que habían traído oro de Ofir, trajeron también madera de algummim y piedras preciosas. 11 Con la madera de algummim hizo el rey entarimados para el templo de Yahvé y para el palacio real, y cítaras y salterios para los cantores. No se había visto nunca en la tierra de Judá madera semejante. 12 El rey Salomón concedió a la reina de Sabá todos los deseos que ella manifestó, aparte lo que ella había traído al rey*. Luego se volvió a su país, junto con su séquito.

13 Cada año llegaban a Salomón seiscientos sesenta y seis talentos de oro, 14 sin contar lo procedente de los tributos impuestos* a los mercaderes y las ganancias del tráfico comercial. Todos los reyes árabes y los inspectores del país traían oro y plata a Salomón. 15 El rey Salomón hizo doscientos escudos de gran tamaño en oro batido, seiscientos siclos de oro batido por cada escudo, 16 y trescientos escudos de menor tamaño en oro batido, trescientos siclos de oro por cada escudo. El rey los colocó en la casa denominada «Bosque del Líbano». 17 El rey construyó un gran trono de marfil, que revistió de oro finísimo. 18 El trono tenía seis gradas y un cordero de oro en el respaldo*, y brazos a uno y otro lado del asiento, con dos leones de pie junto a los brazos. 19 Sobre las seis gradas, a uno y otro lado, había doce leones. Nada igual llegó a hacerse para ningún otro reino.

20 Todas las copas que usaba el rey Salomón para beber eran de oro, y toda la vajilla de la casa «Bosque del Líbano» era también de oro puro. La plata no se estimaba en nada en tiempo del rey Salomón, 21 porque el rey tenía una flota de Tarsis con los hombres de Jirán, y cada tres años venía la flota de allí transportando oro y plata, marfil, monos y pavos reales.

22 Así, el rey Salomón sobrepujó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría. 23 Todos los reyes de la tierra querían ver en persona a Salomón para escuchar la sabiduría con la que Dios había dotado su mente. 24 Y cada uno de ellos traía su presente: objetos de plata y objetos de oro, vestidos, armas, aromas, caballos y mulos. Así año tras año.

25 Tenía Salomón cuatro mil caballerizas para sus caballos y carros, y doce mil caballos que acuarteló en las ciudades de carros y en Jerusalén, cerca de él.

26 Dominaba sobre todos los reyes, desde el Río hasta el país de los filisteos y hasta la frontera de Egipto. 27 El rey hizo que en Jerusalén la plata fuese tan abundante como las piedras, y los cedros tanto como los sicómoros en la Tierra Baja. 28 Los caballos de Salomón procedían de Musur* y de todos los demás países.

Muerte de Salomón.

29 El resto de los hechos de Salomón, los primeros y los postreros, están escritos, como se sabe, en la historia del profeta Natán, en la profecía de Ajías el silonita, y en las visiones de Yedó el vidente*, sobre Jeroboán, hijo de Nebat. 30 Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel cuarenta años. 31 Salomón pasó a reposar con sus antepasados y fue enterrado en la ciudad de su padre David. Le sucedió en el trono su hijo Roboán.

IV. Primeras reformas de la monarquía

1. ROBOÁN Y LA REAGRUPACIÓN DE LOS LEVITAS

El cisma *.

101 Roboán fue a Siquén, porque todo Israel había ido allá con objeto de proclamarlo rey. 2 Jeroboán, hijo de Nebat —que estaba todavía en Egipto, donde se había establecido para huir del rey Salomón—, se enteró del asunto. 3 Después que enviaron a llamarle, llegó con todo Israel y hablaron así a Roboán: 4 «Tu padre hizo pesado nuestro yugo. Si deseas que te sirvamos, aligera tú ahora la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que cargó sobre nosotros.» 5 Él les dijo: «Volved a mí dentro de tres días.» La gente se fue.

6 El rey Roboán se aconsejó de los ancianos que habían servido a su padre Salomón en vida de éste: «¿Qué respuesta me aconsejáis que dé a este pueblo?» 7 Le dijeron: «Si eres bueno con este pueblo, si te pones a su servicio y les ofreces buenas palabras, ellos serán tus súbditos por siempre.» 8 Pero él ignoró el consejo que los ancianos le ofrecían y buscó consejo entre los jóvenes que se habían criado con él y estaban a su servicio. 9 Les dijo: «¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que me ha pedido que aligere el yugo que les impuso mi padre?»

10 Los jóvenes que se habían criado con él le respondieron: «Esto debes contestar al pueblo que te ha dicho que tu padre les impuso un pesado yugo, y que ahora se lo aligeres tú: ‘Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. 11 Mi padre os impuso un yugo pesado, pues yo añadiré peso a vuestro yugo; mi padre os azotaba con látigos, pues yo os azotaré con escorpiones.’»

12 Al día tercero, Jeroboán y todo el pueblo vinieron a Roboán (el rey les había dicho que volvieran donde él al tercer día). 13 El rey respondió al pueblo con dureza, ignorando el consejo que los ancianos le habían dado, 14 y les habló según el consejo de los jóvenes: «Mi padre hizo* pesado vuestro yugo, pues yo añadiré peso a vuestro yugo. Mi padre os azotaba con látigos, pues yo os azotaré con escorpiones.» 15 —El rey no escuchó al pueblo, pues se trataba de algo dispuesto por Dios, para que se cumpliera la palabra que Yahvé había anunciado a Jeroboán, hijo de Nebat, por medio de Ajías de Siló—. 16 Viendo* los israelitas que el rey no les escuchaba, respondieron de este modo al rey:

«No tenemos parte con David.

No tenemos herencia en el hijo de Jesé.

¡A tus tiendas, Israel!

Cuidado ahora con tu casa, David.»

Todos los israelitas regresaron a sus tiendas. 17 (Roboán reinó sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.) 18 El rey Roboán envió entonces a Adonirán, jefe de la leva, pero los israelitas lo apedrearon hasta matarlo; el propio rey hubo de subir apresuradamente a su carro para huir a Jerusalén. 19 Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy.

Reinado de Roboán.

111 Al llegar a Jerusalén, Roboán reunió a la casa de Judá y Benjamín, 180.000 jóvenes dispuestos para la guerra, con objeto de combatir contra Israel y devolver el reino a Roboán. 2 Pero Yahvé dirigió la palabra a Semaías, hombre de Dios; le dijo: 3 «Habla a Roboán, hijo de Salomón, rey de Judá, y a los israelitas que están en Judá y Benjamín, y diles: 4 Esto dice Yahvé: ‘No subáis a combatir con vuestros hermanos; que cada uno se vuelva a su casa, porque esto es cosa mía’.» Ellos escucharon la palabra de Yahvé y desistieron de marchar contra Jeroboán.

5 Roboán habitó en Jerusalén y edificó ciudades fortificadas en Judá. 6 Fortificó Belén, Etán, Técoa, 7 Bet Sur, Socó, Adulán, 8 Gat, Maresá, Zif, 9 Adoráin, Laquis, Azecá, 10 Sorá, Ayalón y Hebrón, ciudades fortificadas de Judá y Benjamín*. 11 Reforzó las fortificaciones y puso en ellas comandantes y provisiones de víveres, de aceite y vino. 12 En todas estas ciudades había escudos y lanzas. Roboán las hizo sumamente fuertes. Estaban de su lado Judá y Benjamín.

Los sacerdotes y levitas partidarios de Roboán*.

13 Los sacerdotes y levitas de todo Israel se pasaron a él desde todos sus territorios. 14 Los levitas abandonaron sus ejidos y sus posesiones y se fueron a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboán y sus hijos les habían prohibido el ejercicio del sacerdocio de Yahvé. 15 Jeroboán nombró sus propios sacerdotes para los altos, los sátiros y los becerros que había hecho. 16 Tras ellos vinieron a Jerusalén, para ofrecer sacrificios a Yahvé, Dios de sus antepasados, aquellos de entre todas las tribus de Israel que tenían puesto su corazón en buscar a Yahvé, Dios de Israel. 17 Así fortalecieron el reino de Judá y consolidaron a Roboán, hijo de Salomón, por tres años, pues tres años siguió los pasos de David y de Salomón.

La familia de Roboán *.

18 Roboán tomó por mujer a Majalat, hija de Yerimot, hijo de David y de Abihail, hija de Eliab*, hijo de Jesé. 19 Ésta le dio los hijos Yeús, Semarías y Zahán. 20 Después de ésta tomó a Maacá, hija de Absalón, que le dio a Abías, Atay, Zizá y Selomit. 21 Roboán amaba a Maacá, hija de Absalón, más que a todas sus mujeres y concubinas, pues tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, con las que engendró veintiocho hijos y sesenta hijas. 22 Roboán puso a la cabeza a Abías, hijo de Maacá, como príncipe de sus hermanos, porque quería hacerle rey*. 23 Repartió hábilmente a todos sus hijos por toda la tierra de Judá y de Benjamín, en todas las ciudades fortificadas. Les dio alimentos en abundancia y les buscó mujeres*.

Infidelidad de Roboán*.

121 Tras haber consolidado y afianzado el reino, Roboán abandonó la Ley de Yahvé, y con él todo Israel. 2 El año quinto del rey Roboán subió Sosac, rey de Egipto, contra Jerusalén —pues no era fiel a Yahvé— 3 con 1.200 carros y 60.000 caballos. No se podía contar la gente que venía con él de Egipto: libios, suquíes y etíopes. 4 Tomó las ciudades fortificadas de Judá y llegó hasta Jerusalén. 5 El profeta Semaías vino a Roboán y a los jefes de Judá, que se habían reunido en Jerusalén para hacer frente a Sosac, y les dijo: «Esto dice Yahvé: Vosotros me habéis abandonado, y por esto también yo os abandono en manos de Sosac.» 6 Entonces los jefes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: «¡Justo es Yahvé!» 7 Cuando Yahvé vio que se habían humillado, dirigió su palabra a Semaías; le dijo: «Ya que se han humillado, no los destruiré, sino que dentro de poco los pondré a salvo. No se derramará mi cólera sobre Jerusalén por mano de Sosac. 8 Pero le quedarán sometidos, para que sepan lo que es servirme a mí y servir a los reyes de las naciones.»

9 Subió, pues, Sosac, rey de Egipto, contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros del templo de Yahvé y de los tesoros del palacio real. Se apoderó de todo, incluso de todos los escudos de oro que había hecho Salomón. 10 Así que el rey Roboán hizo en su lugar escudos de bronce, que confió a los jefes de la guardia que custodiaban la entrada del palacio real. 11 Cuando el rey entraba en el templo de Yahvé, los guardias los portaban, y después los devolvían a la sala de la guardia.

12 Gracias a su humillación se apartó de él la ira de Yahvé y no le destruyó del todo; y concedió algunas cosas buenas a Judá. 13 Se afianzó, pues, el rey Roboán en Jerusalén, y siguió reinando. Roboán tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que había elegido Yahvé entre todas las tribus de Israel para poner allí su Nombre.

Su madre se llamaba Naamá, y era amonita. 14 Hizo cosas detestables, porque no había dispuesto su corazón para buscar a Yahvé. 15 El resto de los hechos de Roboán, de los primeros a los postreros, está escrito, como se sabe, en la historia del profeta Semaías y del vidente Idó*. Hubo guerras incesantes entre Roboán y Jeroboán. 16 Roboán reposó con sus antepasados y fue enterrado en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Abías.

2. ABÍAS Y LA FIDELIDAD AL SACERDOCIO LEGÍTIMO

La guerra entre Abías y Jeroboán.

131 El año dieciocho del rey Jeroboán comenzó a reinar Abías* sobre Judá. 2 Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía*, y era hija de Uriel, de Guibeá. Hubo guerra entre Abías y Jeroboán. 3 Abías partió al combate con un ejército de valientes guerreros: cuatrocientos mil hombres escogidos; Jeroboán se ordenó en batalla contra él con ochocientos mil guerreros escogidos y valerosos.

El discurso de Abías*.

4 Abías se levantó en el monte Semaráin, que está en la montaña de Efraín, y dijo: «¡Oídme, Jeroboán y todo Israel! 5 ¿Acaso no sabéis que Yahvé, Dios de Israel, dio el reino de Israel para siempre a David y a sus descendientes, con pacto de sal*? 6 (Jeroboán, hijo de Nebat, siervo de Salomón, hijo de David, se había alzado en rebeldía contra su señor. 7 Luego se le unieron algunos hombres fatuos y malvados que se impusieron a Roboán, hijo de Salomón, pues Roboán era joven y pusilánime, y no podía resistirles.) 8 ¿Y ahora tratáis vosotros de poner resistencia al reino de Yahvé, que está en manos de los descendientes de David, porque seáis una gran muchedumbre? Pero tenéis los becerros de oro que Jeroboán os puso por dioses. 9 ¿No habéis expulsado a los sacerdotes de Yahvé, los descendientes de Aarón y los levitas? ¿No os habéis hecho sacerdotes a la manera de la gente de los demás países? Cualquiera que viene con un novillo y siete carneros y pide ser consagrado, es hecho sacerdote de los que no son dioses. 10 Cuanto a nosotros, Yahvé es nuestro Dios y no le hemos abandonado; los sacerdotes que sirven a Yahvé son los descendientes de Aarón, igual que los levitas en su ministerio. 11 Cada mañana y cada tarde quemamos holocaustos a Yahvé, y tenemos el incienso aromático; las filas de pan están sobre la mesa pura, y el candelabro de oro con sus lámparas para ser encendidas cada tarde, pues nosotros guardamos el ritual de Yahvé nuestro Dios, en tanto que vosotros le habéis abandonado. 12 Dios está con nosotros y va a nuestra cabeza, junto con sus sacerdotes y las trompetas del clamor, para lanzar el grito de guerra contra vosotros. Israelitas, no hagáis la guerra contra Yahvé, Dios de vuestros antepasados, porque nada conseguiréis.»

La batalla*.

13 Entre tanto, Jeroboán había hecho dar un rodeo para poner una emboscada y atacarles por detrás, de manera que él estaba frente a Judá, pero la emboscada a espaldas de éstos. 14 Al volver Judá la cabeza, vio que se presentaba combate de frente y por detrás. Entonces clamaron a Yahvé y, mientras los sacerdotes tocaban las trompetas, 15 los hombres de Judá lanzaron el grito de guerra. Al lanzar el grito de guerra los hombres de Judá, desbarató Dios a Jeroboán y a todo Israel delante de Abías y de sus hombres. 16 Los israelitas huyeron de los judaítas, pero Dios los entregó en sus manos. 17 Abías y su tropa les causaron una gran derrota; cayeron quinientos mil hombres escogidos de Israel. 18 Los israelitas quedaron entonces humillados, mientras que los judaítas prevalecieron por haberse apoyado en Yahvé, Dios de sus antepasados.

Fin del reinado.

19 Abías persiguió a Jeroboán y le tomó las ciudades de Betel con sus aldeas, Yesaná con sus aldeas y Efrón con sus aldeas*. 20 Jeroboán ya no tuvo fuerza en los días de Abías, pues Yahvé le hirió de muerte. 21 Abías, en cambio, se fortaleció. Tomó catorce mujeres, que le dieron veintidós hijos y dieciséis hijas. 22 El resto de lo relativo a Abías, sus hechos y sus acciones, están escritos en el midrás* del profeta Idó. 23 Abías reposó con sus antepasados y fue enterrado en la ciudad de David. Le sucedió en el trono su hijo Asá.

En su tiempo el país estuvo en paz durante diez años.

3. ASÁ Y SUS REFORMAS CULTUALES

Piedad y prosperidad de Asá.

141 Asá hizo lo que Yahvé su Dios consideraba bueno y recto. 2 Suprimió los altares del culto extranjero y los altos, rompió las estelas y abatió los cipos. 3 Y mandó a Judá que buscase a Yahvé, Dios de sus antepasados, y cumpliese la ley y los mandamientos*. 4 Hizo desaparecer de todas las ciudades de Judá los altos y los altares de incienso. Así que el reino estuvo en paz bajo su reinado. 5 Edificó ciudades fuertes en Judá, porque el país estaba en paz. Por aquellos años nadie le declaró la guerra, pues Yahvé le había concedido tranquilidad.

6 Dijo a los judaítas: «Edifiquemos estas ciudades y cerquémoslas de murallas, torres, puertas y barras, mientras el país esté a nuestra disposición. Como hemos buscado a Yahvé, nuestro Dios, él nos ha concedido paz por todas partes.»

Edificaron, pues, y prosperaron. 7 Asá tenía un ejército de trescientos mil hombres de Judá, que llevaban pavés y lanza, y doscientos ochenta mil de Benjamín, que portaban escudo y eran arqueros. Todos eran esforzados guerreros.

La invasión de Zéraj*.

8 Salió contra ellos Zéraj el nubio, con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros, y llegó hasta Maresá. 9 Asá le salió al encuentro y se pusieron en orden de batalla en el valle de Sefatá, junto a Maresá. 10 Asá invocó así a Yahvé su Dios: «¡Sólo tú, Yahvé, puedes ayudar entre el poderoso y el desvalido! ¡Ayúdanos, pues, Yahvé, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu nombre marchamos contra esta inmensa muchedumbre! ¡Yahvé, tú eres nuestro Dios! ¡No prevalezca contra ti hombre alguno!»

11 Yahvé derrotó a los nubios ante Asá y Judá. Los nubios emprendieron la huida, 12 pero Asá y la tropa que lo acompañaba los persiguieron hasta Guerar. Los nubios cayeron, hasta no quedar nadie con vida, pues fueron destrozados por Yahvé y sus huestes. Se recogió un botín inmenso. 13 Batieron todas las ciudades de los alrededores de Guerar, porque el terror de Yahvé cayó sobre ellas; y saquearon todas las ciudades, pues había en ellas gran botín. 14 Asimismo atacaron las majadas y capturaron gran cantidad de ovejas y camellos. Después se volvieron a Jerusalén.

La profecía de Azarías y la reforma religiosa*.

151 El espíritu de Dios se apoderó de Azarías, hijo de Oded, 2 que salió al encuentro de Asá y le dijo: «¡Oídme vosotros, Asá y todos los de Judá y Benjamín! Yahvé estará con vosotros mientras vosotros estéis con él; si le buscáis, se dejará hallar de vosotros; pero si le abandonáis, os abandonará. 3 Durante mucho tiempo Israel estará sin verdadero Dios, sin sacerdote que enseñe y sin ley. 4 Mas cuando en su angustia se vuelva a Yahvé, Dios de Israel, y le busque, él se dejará hallar por ellos. 5 Por entonces no habrá paz para los hombres, sino grandes terrores que se apoderarán de todos los habitantes de los países. 6 Chocarán pueblo contra pueblo y ciudad contra ciudad, porque Dios los conturbará con toda suerte de aflicciones. 7 ¡Vosotros, pues, esforzaos, y que no se debiliten vuestras manos! Vuestras obras tendrán recompensa.»

8 Al oír Asá estas palabras y esta profecía* cobró ánimo e hizo desaparecer los monstruos abominables de todo el país de Judá y Benjamín, y de las ciudades que había conquistado en la montaña de Efraín. Y restauró el altar de Yahvé, que estaba delante del vestíbulo de Yahvé. 9 Congregó a todos los de Judá y Benjamín, y a los de Efraín, Manasés y Simeón* que habitaban entre ellos (muchos israelitas se habían pasado a Asá, al ver que Yahvé, su Dios, estaba con él). 10 Se reunieron en Jerusalén en el mes tercero del año quince del reinado de Asá. 11 Aquel día ofrecieron a Yahvé sacrificios del botín que habían traído: setecientos bueyes y siete mil ovejas. 12 Luego, mediante un pacto, se obligaron a buscar a Yahvé, Dios de sus antepasados, con todo su corazón y con toda su alma. 13 Y decidieron que todo aquel que no buscase a Yahvé, Dios de Israel, moriría, fuera pequeño o adulto, hombre o mujer. 14 Juraron, pues, a Yahvé en alta voz, con gritos de júbilo y al son de trompetas y cuernos. 15 Todos los judaítas se alegraron de tal hecho, porque habían prestado el juramento de todo corazón y habían buscado a Yahvé con plena voluntad. Por eso él se dejó hallar de ellos, y les dio paz por todas partes.

Otras actividades de Asá.

16 El rey Asá llegó a retirar a su madre Maacá* la función de Gran Dama, por haber hecho un objeto abominable para Aserá. Asá abatió este objeto abominable, lo hizo pedazos y lo quemó en el torrente Cedrón. 17 Pero no abolieron los santuarios de los altos que había en Israel*, aun cuando el corazón de Asá fue íntegro mientras vivió. 18 Introdujo en el templo de Yahvé las ofrendas consagradas por su padre y las suyas propias: plata, oro y utensilios. 19 No hubo guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá.

Guerra contra Basá*.

161 El año treinta y seis del reinado de Asá, Basá, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá, para impedir las idas y venidas de Asá, rey de Judá. 2 Entonces Asá tomó plata y oro de los tesoros del templo de Yahvé y del palacio real, y envió mensajeros a Ben Hadad, rey de Aram, que habitaba en Damasco, con este mensaje: 3 «Existe una alianza entre tú y yo, entre mi padre y el tuyo. Te envío plata y oro, para que rompas tu alianza con Basá, rey de Israel, y se aleje de mí.» 4 Ben Hadad atendió la petición del rey Asá y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel. Conquistó Iyón, Dan, Abel Mayin y todos los depósitos de las ciudades situadas en Neftalí. 5 Cuando se enteró Basá, suspendió las obras de Ramá e interrumpió los trabajos. 6 Entonces el rey Asá tomó a todo Judá y se llevaron de Ramá las piedras y maderas que Basá había empleado para la construcción; y con ellas fortificó Gueba y Mispá.

7 En aquel tiempo el vidente Jananí fue donde Asá, rey de Judá, y le dijo: «Por haber recurrido al rey de Aram, y no haberte apoyado en Yahvé, tu Dios, ha escapado de tu mano el ejército del rey de Aram. 8 Ya viste que los etíopes y los libios formaban un ejército numeroso, con carros y una muchedumbre de hombres de carro. Y sin embargo, por haber puesto tu confianza en Yahvé, él los entregó en tu mano, 9 porque los ojos de Yahvé recorren toda la tierra, para fortalecer a los que tienen corazón íntegro para con él. Has procedido neciamente en esto, y por eso de aquí en adelante tendrás guerras.» 10 Irritóse entonces Asá contra el vidente y lo metió en la cárcel, pues estaba enojado con él por este asunto. En esa época también maltrató Asá a varios del pueblo.

Fin del reinado.

11 Éstos son los hechos de Asá, los primeros y los postreros, y están escritos en el Libro de los reyes de Judá y de Israel. 12 El año treinta y nueve de su reinado enfermó Asá de los pies, pero tampoco en su enfermedad buscó a Yahvé, sino a los médicos*. 13 Asá reposó con sus antepasados. Murió el año cuarenta y uno de su reinado, 14 y lo sepultaron en el sepulcro* que se había construido en la Ciudad de David. Lo pusieron sobre un lecho lleno de bálsamo, de aromas y de ungüentos preparados según el arte de los perfumistas; y le encendieron una hoguera enorme*.

4. JOSAFAT Y LA ADMINISTRACIÓN

Poderío de Josafat*.

171 Le sucedió en el trono su hijo Josafat, que se fortificó contra Israel. 2 Puso guarniciones en todas las ciudades fortificadas de Judá y estableció gobernadores en el país de Judá y en las ciudades de Efraín, que Asá su padre había conquistado.

Sus desvelos por la Ley.

3 Yahvé favoreció a Josafat, porque se condujo como anteriormente lo había hecho su antepasado David y no buscó a los Baales, 4 sino que anduvo tras el Dios de sus antepasados, viviendo según sus mandamientos, sin imitar los hechos de Israel. 5 Yahvé consolidó el reino en su mano. Todos los judaítas traían presentes a Josafat, que adquirió grandes riquezas y honores. 6 Su corazón cobró ánimo siguiendo los dictámenes de Yahvé, hasta hacer desaparecer de Judá los santuarios de los altos y los cipos.

7 El año tercero de su reinado envió a sus oficiales Ben Jáyil, Abdías, Zacarías, Natanael y Miqueas para que enseñasen en las ciudades de Judá*. 8 Mandó con ellos a los levitas Semaías, Natanías, Zebadías, Asael, Semiramot, Jonatán, Adonías y Tobías, y con éstos a los sacerdotes Elisamá y Jorán, 9 los cuales enseñaron en Judá, llevando consigo el libro de la Ley de Yahvé. Recorrieron todas las ciudades de Judá, enseñando al pueblo. 10 El terror de Yahvé se apoderó de todos los reinos de los países que rodeaban a Judá, de manera que no hicieron guerra contra Josafat. 11 Los filisteos trajeron a Josafat presentes y plata como tributo. También los árabes* le trajeron ganado menor: siete mil setecientos carneros y siete mil setecientos machos cabríos. 12 Así Josafat iba engrandeciéndose cada vez más, hasta lo sumo, y edificó en Judá fortalezas y ciudades de aprovisionamiento.

El ejército*.

13 Llevó a cabo muchas obras en las ciudades de Judá, y tuvo una guarnición de guerreros escogidos en Jerusalén. 14 Ésta es la lista, por sus casas paternas: De Judá, jefes de millar: Adná, el jefe, y con él 300.000 hombres esforzados. 15 A su lado el jefe Juan, y con él 280.000. 16 A su lado Amasías, hijo de Zicrí, que se había consagrado espontáneamente a Yahvé. Tenía bajo su mando a 200.000 hombres esforzados.

17 De Benjamín: Elyadá, hombre valeroso, y con él, 200.000 armados de arco y escudo. 18 A su lado Jozabad, y con él 180.000 equipados para la guerra.

19 Éstos eran los que servían al rey, sin contar los que el rey había puesto en las ciudades fortificadas por todo Judá.

Alianza con Ajab e intervención de los profetas *.

181 Josafat tuvo grandes riquezas y honores. Como estaba emparentado con Ajab*, 2 bajó a visitarle a Samaría al cabo de unos años. Ajab sacrificó gran número de ovejas y de bueyes* para él y la gente que le acompañaba, y le incitó a que subiese con él contra Ramot de Galaad. 3 Dijo Ajab, rey de Israel, a Josafat, rey de Judá: «¿Vas a venir conmigo a Ramot de Galaad?» Le contestó: «Yo haré como tú, mis soldados como los tuyos, mis caballos como los tuyos. Contigo estaremos en la batalla.»

4 Josafat dijo al rey de Israel: «Consulta en este día la palabra de Yahvé.» 5 El rey de Israel reunió a los profetas (unos cuatrocientos hombres) y les dijo: «¿He de ir a guerrear contra Ramot de Galaad o debo desistir?» Le respondieron: «Ve, porque Dios la entregará en manos del rey.» 6 Pero Josafat dijo: «¿No hay aquí todavía otro profeta de Yahvé al que consultar?» 7 Dijo el rey de Israel a Josafat: «Hay todavía un hombre mediante el cual podemos consultar a Yahvé, pero le odio, pues nunca me profetiza el bien, sólo el mal. Es Miqueas, hijo de Yimlá.» Dijo Josafat: «No hables de ese modo.» 8 Llamó el rey de Israel a un eunuco y le dijo: «Trae enseguida a Miqueas, hijo de Yimlá.»

9 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados en sus tronos, vestidos con sus galas, en la era que se encuentra a la entrada de la puerta de Samaría. Todos los profetas estaban en trance ante ellos. 10 Sedecías, hijo de Quenaaná, se había hecho unos cuernos de hierro, y decía: «Esto dice Yahvé: Con éstos acornearás a los arameos hasta acabar con ellos.» 11 Todos los profetas profetizaban de modo unánime: «¡Sube contra Ramot de Galaad! Tendrás éxito. Yahvé la entregará en manos del rey.»

12 El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le habló así: «Los oráculos de los profetas son unánimemente favorables al rey. Que tu oráculo sea como el de cualquiera de ellos y sea favorable lo que anuncies.» 13 Respondió Miqueas: «¡Por vida de Yahvé, que anunciaré lo que mi Dios me diga!» 14 Cuando llegó ante el rey, éste le preguntó: «Miqueas, ¿hemos de ir a guerrear contra Ramot de Galaad o debemos desistir?» Le respondió: «Ve, tendrás éxito. Yahvé la entregará en manos del rey.» 15 Pero el rey le dijo: «¿Cuántas veces he de hacerte jurar que no me digas sino sólo la verdad en nombre de Yahvé?» 16 Entonces él dijo:

«He visto a todo Israel en desbandada por los montes,

como rebaño sin pastor.

Yahvé ha dicho: ‘No tienen señor.

Vuelva cada cual en paz a su casa’.»

17 El rey de Israel dijo a Josafat: «¿No te dije que nunca me profetiza el bien, sólo el mal?»

18 Miqueas dijo:

«Por todo ello, escuchad la palabra de Yahvé. He visto a Yahvé sentado en su trono, con todo el ejército de los cielos a su lado, a derecha e izquierda. 19 Preguntó Yahvé: ‘¿Quién engañará a Ajab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?’ Unos decían una cosa y otros otra. 20 Entonces se adelantó el Espíritu, se puso ante Yahvé y dijo: ‘Yo le engañaré.’ Le preguntó Yahvé: ‘¿De qué modo?’ 21 Respondió: ‘Iré y me haré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas.’ Yahvé añadió: ‘Lo engañarás y vencerás. Ve y haz lo que dices’. 22 Así, pues, Yahvé ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos profetas tuyos, porque Yahvé ha predicho el mal contra ti.»

23 Entonces Sedecías, hijo de Quenaaná, se acercó y dio una bofetada a Miqueas en la mejilla, diciendo: «¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Yahvé para hablar contigo?» 24 Miqueas replicó: «Tú mismo lo verás en el día aquel, cuando trates de esconderte en la habitación más oculta.» 25 El rey de Israel sentenció: «Prended a Miqueas y entregádselo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey; 26 y decidles: ‘Esto dice el rey: Meted a éste en la cárcel y alimentadle a pan y agua hasta que yo vuelva victorioso.’» 27 Miqueas replicó: «Si vuelves sano, es que no ha hablado Yahvé por mí*

El combate. Intervención de un profeta.

28 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron contra Ramot de Galaad. 29 El rey de Israel dijo a Josafat: «Yo voy a disfrazarme para entrar en combate*. Pero tú ponte tus vestiduras.» El rey de Israel se disfrazó, y así entraron en combate. 30 Ahora bien, el rey de Aram había ordenado a los jefes de sus carros que no atacasen ni a soldados ni a oficiales, sino tan sólo al rey de Israel.» 31 Cuando los jefes de los carros vieron a Josafat, dijeron: «Seguro que éste es el rey de Israel», y le rodearon para cargar sobre él. Pero Josafat dio el grito y Yahvé lo socorrió, alejándolos Dios de él. 32 Viendo los jefes de los carros que no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo.

33 Entonces un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las placas de la coraza; el rey dijo al auriga: «Da vuelta a los caballos y sácame de la batalla*, porque me siento mal.» 34 Aquel día el combate se prolongó y el rey de Israel tuvo que ser sostenido en pie en su carro frente a los arameos hasta la tarde. Murió a la caída del sol*.

191 Cuando Josafat, rey de Judá, regresaba en paz a su casa, a Jerusalén, 2 le salió al encuentro Jehú, hijo de Jananí, el vidente, y le dijo al rey Josafat*: «¿Con que tú ayudas al malvado y amas a los que aborrecen a Yahvé? Por esto ha caído sobre ti la cólera de Yahvé. 3 Sin embargo, han sido halladas en ti obras buenas, porque has quitado de esta tierra los cipos y has dispuesto tu corazón para buscar a Dios.»

Reformas judiciales*.

4 Residía Josafat en Jerusalén, pero volvió a visitar al pueblo desde Berseba hasta la montaña de Efraín; y los convirtió a Yahvé, Dios de sus antepasados. 5 Estableció jueces en el país, en todas las ciudades fortificadas de Judá, de ciudad en ciudad, 6 y les dijo: «Mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en nombre de los hombres, sino en nombre de Yahvé, que está con vosotros cuando administráis justicia. 7 ¡Que os acompañe siempre el temor de Yahvé! Atended bien a lo que hacéis, porque en Yahvé nuestro Dios no hay iniquidad ni acepción de personas ni soborno.»

8 También en Jerusalén estableció Josafat levitas, sacerdotes y cabezas de familia de Israel, para la administración de la justicia de Yahvé y para los litigios. Éstos habitaban en Jerusalén*. 9 Les dio esta orden: «Obraréis en todo respetando a Yahvé, con fidelidad y con corazón íntegro. 10 Cuando vuestros paisanos acudan a vosotros desde sus pueblos con algún pleito, sean causas de sangre o cuestiones de la Ley, de los mandamientos, decretos y sentencias, habéis de esclarecerlos, a fin de que no se hagan culpables para con Yahvé y se encienda su ira contra vosotros y contra vuestras familias. Obrando así, no os haréis culpables.

11 «Amarías, sumo sacerdote, será vuestro jefe en todos las asuntos de Yahvé; y Zebadías, hijo de Ismael, jefe de la casa de Judá, en todos los asuntos del rey. Los levitas os servirán de escribas. ¡Esforzaos, y manos a la obra! Y que Yahvé esté con quien actúe bien.»

La guerra santa edomita*.

201 Después de esto, los moabitas y amonitas, y con ellos algunos maonitas*, marcharon contra Josafat para atacarle. 2 Llegaron algunos mensajeros, que avisaron a Josafat: «Viene contra ti un gran contingente de tropas de allende el mar, de Edom*. Ya están en Jasasón Tamar, o sea, Engadí.»

3 Josafat se atemorizó y se dispuso a recurrir a Yahvé, promulgando un ayuno para todo Judá. 4 Los judaítas se congregaron para consultar a Yahvé (llegó gente de todas las ciudades de Judá a suplicar a Yahvé). 5 Entonces Josafat, puesto en pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén, en el templo de Yahvé, delante del atrio nuevo, 6 dijo*: «Yahvé, Dios de nuestros antepasados, ¿no eres tú Dios en el cielo, y no dominas tú en todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano el poder y la fortaleza, sin que nadie pueda resistirte? 7 ¿No has sido tú, Dios nuestro, el que expulsaste a los habitantes de esta tierra al paso de tu pueblo Israel, y la diste a la posteridad de tu amigo Abrahán para siempre? 8 Ellos la han habitado y han edificado un santuario a tu Nombre, pensando: 9 ‘Si nos sobreviene algún mal, espada, castigo, peste o hambre, nos presentaremos delante de este templo, delante de ti, porque tu Nombre reside en este templo. Clamaremos a ti en nuestra angustia, y tú oirás y nos salvarás.’

10 «Pues aquí están ahora los amonitas, los moabitas y los del monte Seír, a donde no dejaste entrar a Israel cuando salía de la tierra de Egipto, de modo que Israel se apartó de ellos sin destruirlos. 11 Mira cómo nos pagan ahora viniendo a echarnos de la heredad que tú nos has legado. 12 Dios nuestro, ¿no harás tú justicia con ellos? Pues nosotros no tenemos fuerza contra esta gran multitud que viene contra nosotros y no sabemos qué hacer. Pero nuestros ojos se vuelven hacia ti.»

13 Todos los de Judá estaban en pie ante Yahvé con sus niños, sus mujeres y sus hijos. 14 Vino el espíritu de Yahvé sobre Yajaziel*, hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Yeiel, hijo de Matanías, levita, de los asafitas, que estaba en medio de la asamblea, 15 y dijo: «¡Atended vosotros, Judá entero y habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat! Esto os dice Yahvé: No temáis ni os asustéis ante esa gran muchedumbre, porque esta guerra no es vuestra, sino de Dios. 16 Atacadles mañana. Ellos subirán por la cuesta de Sis, y los encontraréis en el valle de Sof*, junto al desierto de Yeruel. 17 No tendréis que pelear en esta ocasión. Apostaos y quedaos quietos; ya veréis, habitantes de Judá y Jerusalén, la victoria que Yahvé os va a proporcionar. ¡No temáis ni os asustéis! Salid mañana al encuentro de ellos, pues Yahvé estará con vosotros.»

18 Josafat se inclinó rostro en tierra; y también los judaítas y los habitantes de Jerusalén se postraron ante Yahvé para adorarle. 19 Los levitas de la familia de los queatitas y de la estirpe de los coreítas se levantaron para alabar con gran clamor a Yahvé, Dios de Israel.

20 Al día siguiente se levantaron temprano y salieron al desierto de Técoa. Mientras iban saliendo, Josafat, puesto en pie, dijo: «¡Oídme, judaítas todos y habitantes de Jerusalén! Tened confianza en Yahvé vuestro Dios y estaréis seguros; tened confianza en sus profetas y triunfaréis.» 21 Después, tras deliberar con el pueblo, señaló cantores para que, vestidos de ornamentos sagrados y marchando al frente de los guerreros, cantasen en honor de Yahvé: «¡Alabad a Yahvé porque es eterna su misericordia!» 22 En el momento en que comenzaron las aclamaciones y las alabanzas, Yahvé puso emboscadas a los amonitas, los moabitas y los del monte Seír, que habían venido contra Judá, y fueron derrotados. 23 Resulta que los amonitas y los moabitas atacaron a los del monte Seír, para entregarlos al anatema y aniquilarlos, y cuando acabaron con los moradores de Seír se aplicaron a destruirse mutuamente.

24 Los hombres de Judá, que habían venido a la atalaya del desierto, se volvieron hacia la multitud, pero no había más que cadáveres tendidos por tierra, pues ninguno pudo escapar. 25 Josafat y su pueblo fueron a saquear los despojos y hallaron numerosas reses, riquezas y vestidos y objetos preciosos*. Y recogieron tanto que no lo podían llevar. Emplearon tres días en saquear el botín, porque era abundante. 26 Al cuarto día se reunieron en el valle de Beracá, donde bendijeron a Yahvé. Por eso aquel lugar sigue llamándose hoy valle de Beracá*. 27 Después todos los hombres de Judá y de Jerusalén, con Josafat al frente, regresaron con júbilo a Jerusalén, porque Yahvé les había colmado de gozo a costa de sus enemigos. 28 Entraron en Jerusalén, en el templo de Yahvé, con salterios, cítaras y trompetas. 29 El terror de Dios cayó sobre todos los reinos de los países cuando supieron que Yahvé había peleado contra los enemigos de Israel. 30 El reinado de Josafat fue tranquilo, y su Dios le concedió paz por todos lados.

Fin del reinado.

31 Josafat reinó sobre Judá. Tenía treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Azubá, y era hija de Siljí. 32 Siguió en todo los pasos de su padre Asá, sin desviarse de él, haciendo lo que Yahvé consideraba correcto. 33 Pero no desaparecieron los lugares altos de culto, pues el pueblo aún no había fijado su corazón en el Dios de sus antepasados. 34 El resto de los hechos de Josafat, los primeros y los postreros, están escritos en la historia de Jehú, hijo de Jananí, que se halla inserta en el Libro de los reyes de Israel.

35 Después de esto, Josafat, rey de Judá, se alió con Ocozías, rey de Israel, que le impulsó a hacer el mal. 36 Se asoció con él para construir naves que fueran a Tarsis; y fabricaron las naves en Esión Guéber. 37 Entonces Eliezer, hijo de Dodaías, de Maresá, profetizó así contra Josafat: «Por haberte aliado con Ocozías, Yahvé ha abierto brecha en tus obras.» En efecto, las naves se destrozaron y no pudieron ir a Tarsis*.

211 Josafat reposó con sus antepasados y fue enterrado con sus padres en la ciudad de su antepasado David. Le sucedió en el trono su hijo Jorán.

5. IMPIEDAD Y DESASTRES DE JORÁN, OCOZÍAS, ATALÍA Y JOÁS

Advenimiento y crimen de Jorán.

2 Jorán tenía seis hermanos, hijos de Josafat, que eran Azarías, Yejiel, Zacarías, Azaryau, Miguel y Sefatías. Todos éstos eran hijos de Josafat, rey de Israel*. 3 Su padre les había hecho grandes donaciones de plata, oro y objetos preciosos, y ciudades fuertes en Judá; pero entregó el reino a Jorán, porque era el primogénito. 4 Jorán tomó posesión del trono de su padre; y cuando se afianzó en él pasó a cuchillo a todos sus hermanos y también a algunos de los jefes de Israel.

5 Cuando Jorán empezó a reinar tenía treinta y dos años, y reinó ocho años en Jerusalén. 6 Siguió los pasos de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, porque se había casado con una mujer de la familia de Ajab, e hizo lo que Yahvé reprueba. 7 Pero Yahvé no quiso destruir la casa de David, a causa de la alianza* que había hecho con David, porque le había prometido que le daría siempre una lámpara a él y a sus descendientes.

Rebelión de Edom y de Libná.

8 En su tiempo, Edom se rebeló contra el poder de Judá y se dieron un rey propio. 9 Pasó Jorán con sus jefes y con todos sus carros. Se levantó por la noche y derrotó a los edomitas, que le estaban cercando a él y a todos los jefes de los carros. 10 Pero Edom se sustrajo al poder de Judá, hasta ahora. También en aquel tiempo se liberó Libná de su control, porque había abandonado a Yahvé, el Dios de sus antepasados.

11 Construyó asimismo lugares de culto en los montes de Judá, incitó a la prostitución a los habitantes de Jerusalén y empujó a ella a Judá. 12 Le llegó un escrito del profeta Elías*, que decía: «Esto dice Yahvé, Dios de tu padre David: Por no haber seguido los pasos de tu padre Josafat, ni los de Asá, rey de Judá; 13 por haber actuado como los reyes de Israel y haber prostituido a Judá y a los habitantes de Jerusalén siguiendo las prostituciones de la casa de Ajab; y también por haber dado muerte a tus hermanos, que eran mejores que tú, 14 Yahvé ha decidido castigar con un terrible azote a tu pueblo, tus hijos, tus mujeres y toda tu hacienda; 15 tú mismo padecerás graves* enfermedades y una dolencia de entrañas tal, que día tras día se te saldrán fuera a causa de la enfermedad.»

16 Excitó Yahvé contra Jorán el ánimo de los filisteos y de los árabes, vecinos de los etíopes, 17 que atacaron Judá y lo invadieron. Se llevaron todas las riquezas que hallaron en la casa del rey, y también a sus hijos y a sus mujeres. Sólo dejaron a su hijo menor, Ocozías. 18 Después de todo esto le hirió Yahvé con una enfermedad incurable de vientre. 19 Al cabo de cierto tiempo, al fin del año segundo, se le salieron las entrañas a causa de su enfermedad y murió en medio de terribles dolores. El pueblo no le encendió la pira, como la había encendido por su padre.

20 Tenía treinta y dos años cuando empezó a reinar, y reinó en Jerusalén ocho años. Se fue sin que nadie le llorara; y lo sepultaron en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes.

Ocozías y su política.

221 En su lugar, los habitantes de Jerusalén proclamaron rey a su hijo menor Ocozías, porque una banda de árabes que había invadido el campamento había dado muerte a todos los mayores, de suerte que Ocozías, hijo de Jorán, rey de Judá, llegó a ser rey. 2 Ocozías tenía cuarenta y dos años* cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, y era hija de Omrí. 3 También él siguió los pasos de la casa de Ajab, pues su madre le instigaba a hacer el mal. 4 Hizo lo que Yahvé detesta, como los de la casa de Ajab, porque después de la muerte de su padre fueron ellos sus consejeros para su perdición. 5 También por consejo de ellos fue con Jorán, hijo de Ajab, rey de Israel, para combatir a Jazael, rey de Aram, en Ramot de Galaad. Los arameos* hirieron a Jorán, 6 que se retiró a Yizreel para curarse de las heridas que había recibido en Ramá, en la batalla contra Jazael, rey de Aram.

Ocozías*, hijo de Jorán, rey de Judá, bajó a Yizreel para visitar a Jorán, hijo de Ajab, que se hallaba enfermo. 7 Esta visita a Jorán vino de Dios para ruina de Ocozías, pues, llegado allí, salió con Jorán al paso de Jehú, hijo de Nimsí, a quien Yahvé había ungido para exterminar la casa de Ajab. 8 Mientras Jehú hacía justicia con la familia de Ajab, se encontró con los jefes de Judá y con los hijos de los hermanos de Ocozías, que se hallaban al servicio de éste, y los mató.

9 Buscó luego a Ocozías, al que prendieron en Samaría, donde se había escondido. Lo llevaron donde Jehú, que lo mató, pero le dieron sepultura, pues decían: «Es hijo de Josafat, que anduvo tras Yahvé con todo su corazón.»

El crimen de Atalía.

No quedó de la casa de Ocozías nadie que fuese capaz de reinar. 10 Cuando Atalía, madre de Ocozías, vio que su hijo había muerto, se dispuso a eliminar* a toda la estirpe real de la casa de Judá. 11 Pero Josebá, hija del rey, tomó a Joás, hijo de Ocozías, de entre los hijos del rey que estaban siendo asesinados, y lo escondió e instaló, junto con su nodriza, en el dormitorio. Josebá, hija del rey Jorán, mujer del sacerdote Joadá y hermana de Ocozías, lo ocultó de la vista de Atalía, que no pudo matarle. 12 Seis años estuvo escondido con ellos en el templo de Yahvé, mientras Atalía reinaba en el país.

El clero contra Atalía.

Proclamación de Joás *.

231 El año séptimo, Joadá cobró ánimo y envió a buscar a los jefes de cien, a Azarías, hijo de Yeroján; a Ismael, hijo de Juan; a Azarías, hijo de Obed; a Maasías, hijo de Adaías, y a Elisafat, hijo de Zicrí. Tras concertar un pacto con ellos, 2 recorrieron Judá y reunieron a los levitas de todas las ciudades de Judá y a los cabezas de familia de Israel, que vinieron a Jerusalén. 3 Toda la asamblea hizo alianza con el rey en el templo de Dios. Joadá les dijo: «Aquí tenéis al hijo del rey que ha de reinar, como dijo Yahvé de los descendientes de David. 4 Esto habéis de hacer: Un tercio de vosotros (los sacerdotes y levitas que entren el sábado) se quedará de porteros en las entradas, 5 otro tercio en el palacio real y otro tercio se situará en la Puerta de la Fundación. El pueblo ocupará los atrios del templo de Yahvé. 6 Nadie podrá entrar en el templo de Yahvé fuera de los sacerdotes y los levitas que estén de servicio; éstos podrán entrar por estar consagrados, pero el pueblo tendrá que guardar el precepto de Yahvé. 7 Los levitas rodearán al rey por todos lados, arma en mano. Cualquiera que penetre en el palacio morirá. Sólo ellos acompañarán al rey en su ir y venir.»

8 Los levitas y todo Judá hicieron cuanto les había mandado el sacerdote Joadá. Cada uno tomó sus hombres, los que entraban y los que salían de servicio el sábado, pues el sacerdote Joadá no exceptuó a ninguna de las secciones. 9 El sacerdote Joadá entregó a los jefes de cien las lanzas y los escudos, grandes y pequeños, del rey David depositados en el templo de Yahvé, 10 y apostó a todo el pueblo, arma en mano, desde el extremo oriental del templo hasta el extremo occidental, entre el altar y el templo, rodeando al rey. 11 Hicieron salir entonces al hijo del rey y le pusieron la diadema y las insignias. Le proclamaron rey. Joadá y sus hijos* le ungieron y gritaron: «¡Viva el rey!»

12 Cuando Atalía oyó el griterío de la gente que corría y aclamaba al rey, se dirigió hacia la muchedumbre que estaba en el templo de Yahvé. 13 Cuando Atalía vio al rey en pie junto a la columna, a la entrada, a los jefes con sus trompetas junto al rey, a todo el pueblo de la tierra jubiloso y tocando las trompetas, y a los cantores que, con instrumentos de música, dirigían los cánticos de alabanza*, rasgó sus vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!» 14 Entonces el sacerdote Joadá dio esta orden a los jefes de las tropas: «Hacedla salir de las filas. Quien la siga será pasado a espada» (pues el sacerdote pensaba que no debía ser ejecutada en el templo de Yahvé). 15 Le abrieron paso y, cuando entró en el palacio real por la Puerta de los Caballos, allí fue ejecutada.

La reforma de Joadá.

16 Entonces Joadá celebró una alianza con el rey y el pueblo, por la que éste se convertía en pueblo de Yahvé. 17 La gente acudió después al templo de Baal; lo derribaron, hicieron pedazos sus altares e imágenes y mataron frente a los altares a Matán, sacerdote de Baal.

18 Joadá puso centinelas en el templo de Yahvé, a las órdenes de los sacerdotes y levitas que David había distribuido en el templo de Yahvé, conforme a lo escrito en la Ley de Moisés*, para ofrecer los holocaustos con alegría y cánticos, según las disposiciones de David. 19 Puso porteros junto a las puertas del templo de Yahvé para que no entrase ninguno que por cualquier causa fuese inmundo*. 20 Tomó después a los centuriones, a los notables, a los dirigentes del pueblo y al pueblo entero del país, que escoltaron al rey desde el templo de Yahvé. Entraron por la puerta superior del palacio real y lo entronizaron en el trono del reino. 21 Todo el pueblo del país exultaba de júbilo, y la ciudad quedó tranquila. En cuanto a Atalía, había muerto a espada.

Joás restaura el Templo *.

241 Joás tenía siete años al subir al trono, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibía, y era de Berseba. 2 Joás hizo lo que agrada a Yahvé mientras vivió el sacerdote Joadá. 3 Éste le casó con dos mujeres, con las que tuvo hijos e hijas. 4 Después de esto resolvió Joás restaurar el templo de Yahvé. 5 Reunió a los sacerdotes y a los levitas y les dijo: «Recorred las ciudades de Judá* y juntad cada año plata en todo Israel para reparar el templo de vuestro Dios; y daos prisa en ello.» Pero los levitas no se dieron prisa. 6 Llamó entonces el rey a Joadá, sumo sacerdote, y le dijo: «¿Por qué no has tenido cuidado de que los levitas trajesen de Judá y de Jerusalén la contribución que Moisés, siervo de Yahvé, y la asamblea de Israel prescribieron para la Tienda del Testimonio?» 7 (Pues la impía Atalía y sus hijos habían arruinado el templo de Dios, llegando incluso a emplear para los Baales todas las cosas consagradas al templo de Yahvé.) 8 Mandó, pues, el rey que se hiciera un cofre, que fue colocado junto a la puerta del templo de Yahvé, por la parte exterior; 9 y echaron bando en Judá y en Jerusalén de que trajesen a Yahvé la contribución que Moisés, siervo de Dios, había impuesto a Israel en el desierto. 10 Todos los jefes y todo el pueblo se alegraron; traían la contribución y la echaban en el cofre hasta que se llenaba.

11 Cuando los levitas llevaban el cofre a los inspectores del rey, si éstos veían que había mucho dinero, venía el secretario del rey y el inspector del sumo sacerdote y vaciaban el cofre; luego, lo tomaban y lo volvían a su lugar. Así lo hacían cada vez, y recogían dinero en abundancia. 12 El rey y Joadá se lo daban a los encargados de las obras del servicio del templo de Yahvé, que tomaban a sueldo canteros y carpinteros para restaurar el templo de Yahvé; y lo mismo ocurría con los que trabajaban en hierro y bronce, para reparar el templo de Yahvé. 13 Los encargados de la obra se entregaron a su tarea, y con sus trabajos adelantaron las reparaciones del edificio; restituyeron el templo de Dios a su primer estado y lo consolidaron. 14 Acabado el trabajo, entregaron al rey y a Joadá el resto del dinero, con el cual hicieron objetos para el templo de Yahvé, utensilios para el ministerio y para los holocaustos, vasos y objetos de oro y plata.

Durante toda la vida de Joadá se ofrecieron siempre holocaustos en el templo de Yahvé. 15 Envejeció Joadá, y murió colmado de días. Tenía ciento treinta años cuando murió. 16 Lo sepultaron en la Ciudad de David, con los reyes, porque había hecho el bien en Israel, con Dios y con su templo*.

Apostasía y castigo de Joás.

17 Después de la muerte de Joadá vinieron los jefes de Judá a solicitar audiencia al rey, que les prestó oído*. 18 Abandonaron el templo de Yahvé, Dios de sus antepasados, y dieron culto a los cipos y a los ídolos. Entonces estalló la cólera contra Judá y Jerusalén, a causa de este delito. 19 Yahvé les envió profetas, que les recriminaron tal actitud por ver si se convertían a él, pero no les prestaron oído. 20 Entonces el espíritu de Dios invadió a Zacarías, hijo del sacerdote Joadá, que, presentándose delante del pueblo, les dijo: «Esto dice Dios: ¿Por qué conculcáis los mandamientos de Yahvé? No tendréis éxito; pues por haber abandonado a Yahvé, él os abandonará a vosotros.» 21 Mas ellos se confabularon contra él y, por mandato del rey, lo apedrearon en el atrio del templo de Yahvé. 22 (El rey Joás no se acordó del amor que le había tenido Joadá, padre de Zacarías, pues mató a su hijo, que exclamó al morir: «¡Véalo Yahvé y exija cuentas!»)

23 A la vuelta de un año* el ejército arameo atacó a Joás. Los arameos invadieron Judá y Jerusalén, mataron de entre la población a todos los jefes del pueblo y enviaron todo el botín al rey de Damasco. 24 El ejército de los arameos había venido con poca gente, pero Yahvé entregó en sus manos a un ejército superior, porque habían abandonado a Yahvé, Dios de sus antepasados.

De este modo los arameos hicieron justicia con Joás. 25 Cuando levantaron el asedio, dejándole gravemente enfermo, se conjuraron contra él sus hombres, por la sangre del hijo* del sacerdote Joadá, y le dieron muerte en su lecho. Lo sepultaron en la Ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes. 26 Los que conspiraron contra él fueron Zabad, hijo de Simat la amonita, y Jozabad, hijo de Simrit la moabita. 27 Todo lo referente a sus hijos, a la gran cantidad de impuestos que percibió y a la restauración del templo de Dios, se halla escrito en el midrás del Libro de los Reyes. Le sucedió en el trono su hijo Amasías.

6. PIEDAD Y PROSPERIDAD RELATIVAS DE AMASÍAS, OZÍAS Y JOTÁN

Advenimiento de Amasías *.

251 Amasías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán, y era de Jerusalén. 2 Hizo lo que agrada a Yahvé, aunque no de todo corazón. 3 Cuando el reino estuvo afianzado en sus manos, mató a los servidores que habían asesinado al rey, su padre, 4 pero no ejecutó a los hijos de los asesinos, en conformidad con lo escrito en el libro de la Doctrina de Moisés, donde Yahvé dio esta orden: «Los padres no serán ajusticiados por causa de los hijos; los hijos no serán ajusticiados por causa de los padres, sino que cada uno será ajusticiado por su propio pecado.»

Guerra contra Edom.

5 Amasías congregó a Judá y estableció por todo Judá y Benjamín, según las casas paternas, jefes de millar y de cien; hizo el censo de todos ellos, desde los veinte años para arriba, y halló trescientos mil hombres escogidos, aptos para la guerra y expertos en el manejo de lanza y pavés. 6 Tomó también a sueldo en Israel, por cien talentos de plata, a cien mil hombres valientes. 7 Pero vino donde él un hombre de Dios que le dijo: «Majestad, que no salga contigo el ejército de Israel, porque Yahvé no está con Israel, ni con ninguno de los efrainitas. 8 Si vienen contigo, tú te portarás esforzadamente en la batalla, pero Dios te hará caer ante el enemigo, porque Dios tiene poder para ayudar y para derribar.» 9 Respondió Amasías al hombre de Dios: «¿Y qué hay de los cien talentos que he dado a la tropa de Israel?» Contestó el hombre de Dios: «Tiene Yahvé poder para darte mucho más que eso.» 10 Entonces Amasías apartó los destacamentos que le habían venido de Efraín, para que se volviesen a sus lugares. Ellos se irritaron mucho contra Judá y se volvieron a sus casas ardiendo en cólera.

Infidelidad después de la campaña edomita.

11 Amasías cobró ánimo y, tomando el mando de su tropa, marchó al Valle de la Sal, donde dio muerte a diez mil hombres de los seiríes. 12 Los hombres de Judá apresaron vivos a otros diez mil y, llevándolos a la cumbre de la peña, los precipitaron desde allí. Todos ellos murieron reventados. 13 Entretanto, la tropa que Amasías había despedido, para que no fuesen con él a la guerra, se desparramaron por las ciudades de Judá, desde Samaría hasta Bet Jorón, pero fueron derrotados tres mil de ellos y se recogió mucho botín.

14 Cuando Amasías regresó de su victoria sobre los edomitas, introdujo los dioses de los seiríes. Eligió los dioses de este pueblo, se postró ante ellos y les quemó incienso. 15 La ira de Yahvé se encendió contra Amasías y le envió un profeta, que le dijo: «¿Por qué vas tras los dioses de ese pueblo, que no han podido librar de tu mano a su propia gente?» 16 Mientras él le hablaba, Amasías le interrumpió: «¿Acaso te hemos hecho consejero del rey? ¡Cállate! ¿Quieres que te maten?» El profeta concluyó diciendo: «Yo sé que Dios ha determinado destruirte, por haber hecho eso y por no querer escuchar mi consejo.»

El desastre de Bet Semes.

17 Amasías, rey de Judá, después de haber deliberado, envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, con esta misiva: «¡Ponte en marcha, que nos veamos las caras en la guerra!» 18 Joás, rey de Israel, envió esta respuesta a Amasías, rey de Judá: «El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: ‘Dame tu hija por esposa de mi hijo’. Pero pasó una fiera del Líbano y pisoteó el cardo. 19 Tú has derrotado a Edom y piensas que por ello tienes derecho a jactarte. Puedes jactarte de tu gloria, pero quédate en tu casa. ¿Por qué provocar un desastre y un fracaso, arrastrando contigo a Judá?»

20 Pero Amasías no hizo caso, pues era disposición de Dios entregarlos en manos de sus enemigos, por haber ido tras los dioses de Edom. 21 Subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron, él y Amasías, rey de Judá, en Bet Semes de Judá. 22 Judá cayó derrotada ante Israel y cada uno huyó a su casa. 23 Joás, rey de Israel, hizo prisionero en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías*, y lo condujo a Jerusalén. Abrió una brecha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén, desde la puerta de Efraín hasta la puerta del Ángulo. 24 Tomó todo el oro y la plata, junto con todos los objetos que se hallaban al cuidado de Obededón en el templo de Dios y en los tesoros del palacio real, así como rehenes. Luego se volvió a Samaría.

Muerte de Amasías.

25 Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel. 26 El resto de los hechos de Amasías, los primeros y los postreros, están escritos en el Libro de los reyes de Judá y de Israel. 27 Después que Amasías se apartó de Yahvé, se tramó una conjura contra él en Jerusalén, por lo que huyó a Laquis; pero enviaron gente tras él hasta Laquis y allí lo mataron. 28 Lo condujeron a lomos de caballo y lo sepultaron con sus antepasados en la Ciudad de David*.

Comienzos de Ozías.

261 Entonces toda la gente de Judá tomó a Ozías, que tenía dieciséis años, y lo proclamaron rey como sucesor de su padre Amasías. 2 Fue él quien reconstruyó Elat* y la devolvió a Judá, después que el rey hubo reposado con sus antepasados. 3 Tenía Ozías dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yecolía, y era de Jerusalén. 4 Hizo lo que agrada a Yahvé, exactamente como había hecho su padre, Amasías*. 5 Buscó a Dios durante la vida de Zacarías, que le instruyó en el temor de Dios*; y mientras buscó a Yahvé, Dios le dio prosperidad.

Poderío de Ozías*.

6 Salió a campaña contra los filisteos y abrió brecha en el muro de Gat, en el muro de Yabné y en el muro de Asdod. Restauró las ciudades en la región de Asdod y entre los filisteos. 7 Dios le ayudó contra los filisteos, contra los árabes que habitaban en Gur Baal* y contra los meunitas. 8 Los amonitas pagaron tributo a Ozías, y su fama llegó hasta la frontera de Egipto, porque se había hecho sumamente poderoso.

9 Ozías construyó torres en Jerusalén sobre la puerta del Ángulo, sobre la puerta del Valle y en el Ángulo, y las fortificó*. 10 Construyó también torres en el desierto y excavó muchas cisternas, pues poseía numerosos ganados en la Tierra Baja y en la llanura, así como labradores y viñadores en las montañas y en los campos fértiles, porque le gustaba la agricultura.

11 Ozías tenía un ejército preparado para la guerra. Salía a campaña por grupos, conforme al número de su censo hecho bajo la vigilancia de Yeiel, el escriba, y de Maasías, el notario, a las órdenes de Jananías, uno de los jefes del rey. 12 El número total de los jefes de familia era de dos mil seiscientos hombres esforzados. 13 Tenía a sus órdenes un ejército de campaña de trescientos siete mil quinientos hombres, que hacían la guerra con gran valor, para ayudar al rey contra el enemigo. 14 Ozías proporcionó a todo aquel ejército en cada una de sus campañas escudos y lanzas, yelmos y corazas, arcos y hondas para lanzar piedras. 15 Hizo construir en Jerusalén ingenios inventados por expertos, para colocarlos sobre las torres y los ángulos y para arrojar saetas y grandes piedras*. Su fama se extendió lejos, porque fue prodigioso el modo como supo buscarse colaboradores hasta hacerse fuerte.

Orgullo y castigo del rey.

16 Mas, una vez fortalecido en su poder, se ensoberbeció hasta acarrearse la ruina. Se rebeló contra Yahvé, su Dios, pues entró en el templo de Yahvé para quemar incienso sobre el altar del incienso*. 17 Fueron tras él Azarías, el sacerdote, y otros ochenta sacerdotes de Yahvé, hombres valientes, 18 que se opusieron al rey Ozías y le dijeron: «No te corresponde a ti, Ozías, quemar incienso a Yahvé, sino a los sacerdotes, los descendientes de Aarón, que han sido consagrados con esa finalidad. ¡Sal del santuario, porque estás prevaricando, y no tienes derecho a la gloria que viene de Yahvé Dios!» 19 Entonces Ozías, que tenía en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira y, mientras se irritaba contra los sacerdotes, brotó la lepra* en su frente, a la vista de los sacerdotes, en el templo de Yahvé, junto al altar del incienso. 20 El sumo sacerdote Azarías y todos los sacerdotes volvieron hacia él sus ojos y, al ver que tenía lepra en la frente, lo echaron de allí a toda prisa. Él mismo se apresuró a salir, porque Yahvé le había herido.

21 El rey Ozías quedó leproso hasta el día de su muerte, y habitó en una residencia aislada, porque, como leproso, había sido excluido del templo de Yahvé. Jotán, hijo del rey, estaba al frente del palacio real y administraba justicia a la gente del país. 22 El resto de los hechos de Ozías, los primeros y los postreros, los escribió* el profeta Isaías, hijo de Amós. 23 Ozías reposó con sus antepasados y fue enterrado con sus padres en el campo de los sepulcros de los reyes*, porque decían: «Es un leproso.» Le sucedió en el trono su hijo Jotán.

Reinado de Jotán.

271 Tenía Jotán veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Yerusá, y era hija de Sadoc. 2 Hizo lo que agrada a Yahvé, exactamente como había hecho su padre Ozías, salvo que no penetró en el templo de Yahvé*. El pueblo, sin embargo, seguía corrompiéndose.

3 Fue él quien construyó la Puerta Superior del templo de Yahvé y quien ejecutó numerosas obras en los muros de Ofel. 4 Edificó también ciudades en la montaña de Judá, y castillos y torres en las tierras de labor.

5 Hizo la guerra contra el rey de los amonitas*, a los que venció. Los amonitas le dieron aquel año cien talentos de plata, diez mil cargas de trigo y diez mil de cebada. Los amonitas le trajeron lo mismo el año segundo y el tercero. 6 Jotán llegó a ser poderoso, porque se afirmó en los caminos de Yahvé su Dios.

7 El resto de los hechos de Jotán, todas sus guerras y sus obras, están escritos en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. 8 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. 9 Jotán reposó con sus antepasados y fue enterrado en la Ciudad de su antepasado David. Le sucedió en el trono su hijo Ajaz.

V. Las grandes reformas de Ezequías y de Josías

1. IMPIEDAD DE AJAZ, PADRE DE EZEQUÍAS

Características del reinado de Ajaz.

281 Tenía Ajaz veinte años cuando empezó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo que agrada a Yahvé, al contrario de su antepasado David. 2 Siguió los pasos de los reyes de Israel, pues llegó a fundir estatuas para los Baales. 3 Quemó incienso en el valle de Ben Hinón* e incluso arrojó a su hijo al fuego de la pira, según la costumbre abominable de las naciones que Yahvé había expulsado ante los israelitas. 4 Ofreció sacrificios y quemó incienso en los altozanos, en las colinas y bajo todo árbol frondoso.

La invasión*.

5 Yahvé su Dios le entregó en manos del rey de los arameos, que le derrotaron y le hicieron gran número de prisioneros, que fueron llevados a Damasco. Fue entregado también en manos del rey de Israel, que le causó una gran derrota. 6 Pécaj, hijo de Remalías, mató en Judá en un solo día a ciento veinte mil, todos ellos hombres valientes, porque habían abandonado a Yahvé, el Dios de sus antepasados. 7 Zicrí, uno de los valientes de Efraín, mató a Maasías, hijo del rey, a Azricán, mayordomo de palacio, y a Elcaná, segundo después del rey. 8 Los israelitas se llevaron de entre sus hermanos doscientos mil prisioneros: mujeres, hijos e hijas. Se apoderaron también de un enorme botín, que se llevaron a Samaría.

Los israelitas escuchan al profeta Oded*.

9 Había allí un profeta de Yahvé, llamado Oded, que salió al encuentro del ejército que volvía a Samaría, y les dijo: «Es verdad que Yahvé, Dios de vuestros antepasados, irritado contra Judá, los ha entregado en vuestras manos, mas vosotros los habéis matado con un furor que ha subido hasta el cielo. 10 Y ahora pensáis en someter a la gente de Judá y de Jerusalén como siervos y siervas vuestros. ¿Es que vosotros mismos no sois culpables contra Yahvé vuestro Dios? 11 Oídme, pues, y dejad volver a vuestros hermanos que habéis tomado prisioneros, porque el furor de la ira de Yahvé caerá sobre vosotros.»

12 Entonces algunos hombres de los jefes de Efraín: Azarías, hijo de Juan; Berequías, hijo de Mesilemot; Ezequías, hijo de Salún, y Amasá, hijo de Jadlay, se levantaron contra los que venían de la guerra, 13 y les dijeron: «No metáis aquí a estos prisioneros. ¿No veis que, además de la culpa que ya hemos contraído con Yahvé, vais a aumentar todavía nuestros pecados y nuestro delito? Pensad que nuestro delito es grave y que el furor de la ira amenaza a Israel.» 14 Entonces la tropa dejó a los prisioneros y el botín delante de los jefes y de toda la asamblea. 15 Después los hombres nominalmente designados reanimaron a los prisioneros y vistieron con el botín a todos los que estaban desnudos, dándoles vestido y calzado. Les dieron de comer y de beber y los ungieron. Y a todos los débiles los transportaron en asnos hasta Jericó, ciudad de las palmeras, junto a sus hermanos. Luego se volvieron a Samaría.

Impiedad de Ajaz.

16 En aquel tiempo el rey Ajaz envió mensajeros a los reyes de Asiria para que le socorriesen*.

17 El caso fue que los de Edom habían venido otra vez y habían derrotado a Judá, llevándose algunos prisioneros. 18 También los filisteos invadieron las ciudades de la Tierra Baja y del Negueb de Judá, y tomaron Bet Semes, Ayalón, Guederot, Socó con sus aldeas, Timná con sus aldeas y Guinzó con sus aldeas, y se establecieron allí. 19 Es que Yahvé humillaba a Judá a causa de Ajaz, rey de Israel*, que permitía el desenfreno de Judá y se había rebelado contra Yahvé.

20 Teglatfalasar, rey de Asiria, le atacó y le asedió, pero no le dominó*. 21 Es que Ajaz había despojado el templo de Yahvé, el palacio real y las casas de los jefes para dárselo al rey de Asiria, pero de nada le sirvió. 22 Aun en el tiempo del asedio, el rey Ajaz persistió en su rebeldía contra Yahvé. 23 Ofrecía sacrificios a los dioses de Damasco que le habían derrotado, pues pensaba: «Si los dioses de los reyes de Aram les ayudan a ellos, les ofreceré sacrificios, a ver si me ayudan a mí.» Ellos fueron la causa de su ruina y de la de todo Israel.

24 Ajaz juntó algunos de los objetos del templo de Dios e hizo añicos otros; cerró las puertas de la Casa de Yahvé y fabricó altares en todas las esquinas de Jerusalén. 25 Erigió altos en cada una de las ciudades de Judá, para quemar incienso a otros dioses, provocando así la ira de Yahvé, Dios de sus antepasados*.

26 El resto de sus hechos y todas sus obras, las primeras y las postreras, está escrito en el Libro de los reyes de Judá e Israel.

27 Ajaz reposó con sus antepasados y fue enterrado dentro de la Ciudad, en Jerusalén. No le colocaron en los sepulcros de los reyes de Israel. Le sucedió en el trono su hijo Ezequías.

2. LA RESTAURACIÓN DE EZEQUÍAS

Introducción.

291 Ezequías tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abía, y era hija de Zacarías. 2 Hizo lo que agrada a Yahvé, igual que su antepasado David.

Purificación del Templo*.

3 En el año primero de su reinado, el primer mes, abrió las puertas del templo de Yahvé y las reparó. 4 Hizo venir a los sacerdotes y levitas, los reunió en la plaza oriental 5 y les dijo:

«¡Escuchadme, levitas! Santificaos ahora y santificad el templo de Yahvé, Dios de vuestros antepasados. Sacad fuera del santuario la inmundicia. 6 Porque nuestros antepasados han sido infieles* haciendo lo que reprueba Yahvé, nuestro Dios. Lo han abandonado, han apartado sus rostros de la Morada de Yahvé y le han vuelto la espalda. 7 Hasta llegaron a cerrar las puertas del Vestíbulo, apagaron las lámparas y no quemaron incienso ni ofrecieron holocaustos en el santuario al Dios de Israel. 8 Por eso, Yahvé ha descargado su ira sobre Judá y Jerusalén, convirtiéndolos en objeto de espanto, terror y burla, como lo podéis ver personalmente. 9 Por eso han caído a espada nuestros padres; por eso se hallan en cautividad nuestros hijos, hijas y mujeres. 10 Pero ahora he tomado la firme decisión de pactar una alianza con Yahvé, Dios de Israel, para que aparte de nosotros el furor de su ira. 11 Hijos míos, no seáis ahora negligentes, porque Yahvé os ha elegido para que estéis en su presencia, le sirváis como ministros suyos y le queméis incienso.»

12 Entonces se movilizaron los levitas*: Májat, hijo de Amasay, y Joel, hijo de Azarías, de los queatitas; Quis, hijo de Abdí, y Azarías, hijo de Jalelel, de los meraritas; Joaj, hijo de Zimá, y Eden, hijo de Joaj, de los guersonitas; 13 Simrí y Yeiel, de los elisafanitas; Zacarías y Matanías, de los asafitas; 14 Yejiel y Semeí, de los hemanitas; Semaías y Uziel, de los yedutunitas. 15 Éstos reunieron a sus hermanos, se santificaron y vinieron a purificar el templo de Yahvé, conforme al mandato del rey, según las palabras de Yahvé.

16 Los sacerdotes* entraron en el interior del templo de Yahvé para purificarlo, y sacaron al atrio del templo todas las impurezas que encontraron en el santuario de Yahvé. Los levitas, por su parte, las amontonaron para llevarlas fuera, al torrente Cedrón. 17 Comenzaron la consagración el día primero del primer mes, y el día octavo del mes llegaron al Vestíbulo de Yahvé. Pasaron ocho días consagrando el templo de Yahvé, y acabaron el día dieciséis del primer mes.

Sacrificio expiatorio.

18 Fueron luego a las habitaciones del rey Ezequías y le dijeron: «Hemos purificado todo el templo de Yahvé, el altar del holocausto con todos sus utensilios y la mesa de las filas de pan con todos sus utensilios. 19 Hemos preparado y santificado todos los objetos que profanó el rey Ajaz durante su reinado con su infidelidad, y están ante el altar de Yahvé.»

20 Entonces se levantó el rey Ezequías de mañana, reunió a los jefes de la ciudad y subió al templo de Yahvé. 21 Trajeron siete novillos, siete carneros, siete corderos y siete machos cabríos para el sacrificio por el pecado, en favor del reino, del santuario y de Judá; y mandó a los sacerdotes, descendientes de Aarón, que ofreciesen holocaustos sobre el altar de Yahvé. 22 Inmolaron los novillos, y los sacerdotes recogieron la sangre y rociaron el altar; luego inmolaron los carneros y rociaron con su sangre el altar; degollaron igualmente los corderos y rociaron con la sangre el altar. 23 Acercaron después los machos cabríos por el pecado, ante el rey y la asamblea, para que les impusieran las manos. Luego 24 los sacerdotes los inmolaron y ofrecieron la sangre en sacrificio por el pecado, junto al altar, como expiación por todo Israel. Y es que el rey había ordenado que el holocausto y el sacrificio por el pecado fuese por todo Israel*.

25 Luego estableció en el templo de Yahvé a los levitas con címbalos, salterios y cítaras, según las disposiciones de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natán (pues tal decreto había venido directamente de Yahvé, por medio de sus profetas). 26 Cuando ocuparon su sitio los levitas con los instrumentos de David, y los sacerdotes con las trompetas, 27 mandó Ezequías ofrecer el holocausto sobre el altar. Y al empezar el holocausto, comenzaron también los cantos de Yahvé, al son de las trompetas y con el acompañamiento de los instrumentos de David, rey de Israel. 28 Toda la asamblea estaba postrada, y se entonaban cánticos al son de las trompetas. Todo ello duró hasta que se consumió el holocausto.

29 Consumido el holocausto*, el rey y todos los presentes doblaron las rodillas y se postraron. 30 Después, el rey Ezequías y los jefes mandaron a los levitas que alabasen a Yahvé con las palabras de David y del vidente Asaf; y ellos cantaron alabanzas hasta la exaltación, e inclinándose, adoraron. 31 Después tomó Ezequías la palabra y dijo: «Ahora estáis enteramente consagrados a Yahvé; acercaos y ofreced víctimas y sacrificios de alabanza en el templo de Yahvé.» Y la asamblea trajo sacrificios en acción de gracias, y los de corazón generoso, también holocaustos. 32 El número de los holocaustos ofrecidos por la asamblea fue de setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos; todos ellos en holocausto a Yahvé. 33 Se consagraron también seiscientos bueyes y tres mil ovejas. 34 Pero como los sacerdotes eran pocos y no bastaban para desollar todos estos holocaustos, les ayudaron sus hermanos los levitas, hasta que terminaron la labor, y los sacerdotes se santificaron*, pues los levitas estaban más dispuestos que los sacerdotes para santificarse. 35 Hubo, además, muchos holocaustos de grasa de los sacrificios de comunión y libaciones para el holocausto. Así quedó restablecido el culto del templo de Yahvé. 36 Ezequías y toda la gente se regocijaron de que Dios hubiera dispuesto al pueblo con buen ánimo, pues todo se hizo rápidamente.

Convocatoria para la Pascua*.

301 Ezequías envió mensajeros por todo Israel y Judá, y escribió también cartas a Efraín y Manasés, para que viniesen al templo de Yahvé, en Jerusalén, a fin de celebrar la Pascua en honor de Yahvé, Dios de Israel. 2 El rey, sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén habían determinado celebrar la Pascua en el mes segundo, 3 ya que no fue posible celebrarla a su debido tiempo*, porque los sacerdotes no se habían santificado en número suficiente y el pueblo no se había reunido en Jerusalén. 4 Es lo que había parecido bien al rey y a toda la asamblea. 5 Así que decidieron enviar aviso a todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que vinieran a Jerusalén a celebrar la Pascua en honor de Yahvé, Dios de Israel, pues eran muchos los que no la habían celebrado según lo prescrito. 6 Los correos, con las cartas del rey y de sus jefes, recorrieron todo Israel y Judá, conforme a la orden del rey, y decían: «Israelitas, volveos a Yahvé, Dios de Abrahán, de Isaac y de Israel, y él se volverá al resto que ha quedado de vosotros, los que han escapado de la mano de los reyes de Asiria. 7 No seáis como vuestros padres y vuestros hermanos, que, por ser infieles a Yahvé, Dios de sus antepasados, él los entregó a la desolación, como estáis viendo. 8 Ahora, no endurezcáis vuestra cerviz como vuestros antepasados; dad la mano a Yahvé, venid a su santuario, que él ha santificado para siempre; servid a Yahvé, vuestro Dios, y se apartará de vosotros el furor de su ira. 9 Porque si os volvéis a Yahvé, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia ante aquellos que los llevaron cautivos, y volverán a esta tierra, pues Yahvé vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si vosotros os convertís a él*

10 Los correos pasaron de ciudad en ciudad por el país de Efraín y de Manasés, y llegaron hasta Zabulón. Pero se reían y se burlaban de ellos. 11 Sin embargo, hubo hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón que se humillaron y vinieron a Jerusalén. 12 También en Judá se dejó sentir la mano de Dios, que les dio corazón unánime para cumplir el mandamiento del rey y de los jefes, según la palabra de Yahvé. 13 Se reunió en Jerusalén mucha gente para celebrar la fiesta de los Ázimos en el mes segundo; fue una asamblea enorme. 14 Quitaron los altares que había en Jerusalén y retiraron también todos los altares de incienso, y los arrojaron al torrente Cedrón.

La Pascua y los Ázimos*.

15 Inmolaron la Pascua el día catorce del mes segundo. También los sacerdotes y los levitas, llenos de confusión, se santificaron y trajeron holocaustos al templo de Yahvé. 16 Ocuparon sus puestos según su reglamento, conforme a la Ley de Moisés, hombre de Dios; y los sacerdotes rociaban con la sangre que recibían de mano de los levitas. 17 Como muchos de la asamblea no se habían santificado, los levitas fueron encargados de inmolar los corderos pascuales* para todos los que no se hallaban puros, a fin de santificarlos para Yahvé. 18 Es que una gran parte del pueblo, muchos de Efraín, de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no se habían purificado y, con todo, comieron la Pascua sin observar lo prescrito. Pero Ezequías oró por ellos diciendo: «¡Que Yahvé, que es bueno, perdone a todos aquellos 19 cuyo corazón está dispuesto a buscar al Dios Yahvé, el Dios de sus antepasados, aunque no tengan la pureza requerida para las cosas sagradas!» 20 Yahvé escuchó a Ezequías y dejó salvo al pueblo*.

21 Los israelitas que estaban en Jerusalén celebraron durante siete días la fiesta de los Ázimos con gran alegría, mientras los levitas y los sacerdotes alababan a Yahvé todos los días con todas sus fuerzas. 22 Ezequías dio ánimo a todos los levitas que tenían perfecto conocimiento de Yahvé. Comieron durante los siete días las víctimas de la solemnidad, ofreciendo sacrificios de comunión y alabando a Yahvé, Dios de sus antepasados*. 23 Toda la asamblea resolvió celebrar la solemnidad por otros siete días, y la celebraron con júbilo una semana más. 24 Es que Ezequías, rey de Judá, había reservado para toda la asamblea mil novillos y siete mil ovejas. Los jefes, por su parte, habían reservado para la asamblea mil novillos y diez mil ovejas, pues ya se habían santificado muchos sacerdotes. 25 Toda la asamblea de Judá, los sacerdotes y los levitas, junto con toda la asamblea que había venido de Israel y los forasteros llegados de la tierra de Israel, lo mismo que los que habitaban en Judá, celebraron la fiesta. 26 Hubo gran alborozo en Jerusalén, porque desde los días de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no se había hecho cosa semejante en Jerusalén*. 27 Después se levantaron los sacerdotes y los levitas, y bendijeron al pueblo*. Su voz fue escuchada, y su oración penetró en el cielo, su santa morada.

Reforma del culto.

311 Terminado todo esto, los israelitas que se hallaban presentes salieron a recorrer las ciudades de Judá. Rompieron las estelas, abatieron los cipos y derribaron los altozanos y los altares en todo Judá y Benjamín, y también en Efraín y Manasés, hasta acabar con ellos. Después volvieron todos los israelitas, cada cual a su propiedad, a sus ciudades.

Reorganización del clero*.

2 Ezequías restableció las clases de los sacerdotes y de los levitas, cada uno en su sección y según su servicio: ya fuera sacerdote o levita, ya se tratara de holocaustos y sacrificios de comunión o bien de servicio litúrgico, acción de gracias o himnos, en las puertas del campamento de Yahvé. 3 Destinó el rey una parte de su hacienda para los holocaustos: los de la mañana, los de la tarde y los de los sábados; los de los novilunios y las solemnidades, según lo escrito en la Ley de Yahvé. 4 Mandó al pueblo que habitaba en Jerusalén que entregase la parte de los sacerdotes y levitas, a fin de que pudiesen perseverar en la Ley de Yahvé. 5 Cuando se divulgó esta disposición, los israelitas trajeron en abundancia las primicias del trigo, del vino, del aceite y de la miel, y de todos los productos del campo; presentaron igualmente el diezmo de todo en abundancia. 6 Los hombres de Israel y de Judá que habitaban en las ciudades de Judá trajeron también el diezmo del ganado mayor y menor, y el diezmo de las cosas sagradas consagradas a Yahvé, su Dios*, y lo distribuyeron por montones. 7 En el mes tercero comenzaron a apilar los montones y terminaron el mes séptimo*. 8 Vinieron Ezequías y los jefes a ver los montones y bendijeron a Yahvé y a su pueblo Israel. 9 Cuando Ezequías preguntó a los sacerdotes y a los levitas acerca de los montones, 10 respondió así el sumo sacerdote Azarías, de la casa de Sadoc: «Desde que se comenzaron a traer las ofrendas reservadas al templo de Yahvé, hemos comido y nos hemos saciado, y aún sobra muchísimo, porque Yahvé ha bendecido a su pueblo; y esta gran cantidad es lo que sobra*

11 Entonces mandó Ezequías que se preparasen salas en el templo de Yahvé. Las prepararon, 12 y metieron allí en lugar seguro las ofrendas reservadas, los diezmos y las cosas consagradas. El levita Quenanías fue nombrado intendente, y Semeí, hermano suyo, era el segundo. 13 Yejiel, Azazías, Nájat, Asael, Yerimot, Jozabad, Eliel, Yismaquías, Májat y Benaías eran inspectores, a las órdenes de Quenanías y de Semeí, su hermano, bajo la vigilancia del rey Ezequías y de Azazías, máxima autoridad del templo de Dios. 14 El levita Coré, hijo de Yimná, portero de la puerta oriental, estaba encargado de las ofrendas voluntarias hechas a Dios, y de repartir la ofrenda reservada a Yahvé y las cosas sacratísimas*. 15 En las ciudades sacerdotales estaban permanentemente bajo sus órdenes Eden, Minyamín, Yesúa, Semaías, Amarías y Secanías, para repartir a sus hermanos, tanto grandes como chicos, según sus clases. 16 Dejaron aparte a los varones de treinta años* para arriba, inscritos en las genealogías, a todos los que entraban en la Casa de Yahvé, según la tarea de cada día, para cumplir los servicios de su ministerio, conforme a sus clases. 17 Los sacerdotes estaban inscritos en las genealogías, conforme a sus casas paternas, igual que los levitas, desde los veinte años en adelante, según sus obligaciones y sus clases. 18 Estaban también inscritos en las genealogías todos sus niños, sus mujeres, sus hijos y sus hijas, de toda la asamblea*, porque se santificaban fielmente por medio de las cosas sagradas. 19 Para los sacerdotes, descendientes de Aarón, que vivían en el campo, en los ejidos de sus ciudades, había en cada ciudad hombres designados nominalmente, para dar las porciones a todos los varones de los sacerdotes* y a todos los levitas inscritos en las genealogías.

20 Esto hizo Ezequías en todo Judá, haciendo lo que Yahvé su Dios consideraba bueno, recto y verdadero. 21 Todas las obras que emprendió en servicio del templo de Dios, la Ley y los mandamientos, las hizo buscando a su Dios con todo su corazón, y tuvo éxito.

Invasión de Senaquerib*.

321 Después de todas estas pruebas de lealtad, Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá, puso sitio a las ciudades fortificadas y mandó forzar las murallas. 2 Cuando vio Ezequías que Senaquerib venía con intención de atacar a Jerusalén, 3 decidió, en consejo con sus jefes y sus valientes, cegar las fuentes de agua que había fuera de la ciudad; y ellos le apoyaron. 4 Juntóse mucha gente, y cegaron todas las fuentes y el arroyo que fluía por la zona, pues pensaban que así, cuando llegasen los reyes de Asiria, se encontrarían sin agua. 5 Y cobrando ánimo, reparó toda la muralla que estaba derribada, alzó torres sobre la misma, levantó otra muralla exterior, fortificó el Miló en la Ciudad de David y fabricó una gran cantidad de armas arrojadizas y escudos. 6 Puso jefes de combate al frente del pueblo, los reunió a su lado en la plaza de la puerta de la ciudad y, dándoles ánimo, dijo: 7 «Sed fuertes y tened valor; no temáis, ni desmayéis ante el rey de Asiria, ni ante toda la muchedumbre que viene con él, porque es más el que está con nosotros que el que está con él. 8 Con él está un brazo de carne, pero con nosotros está Yahvé nuestro Dios para ayudarnos y para combatir con nosotros.» El pueblo quedó confortado con las palabras de Ezequías, rey de Judá.

Palabras impías de Senaquerib.

9 Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que estaba sitiando Laquis con todas sus tropas, envió a sus hombres a Jerusalén, donde Ezequías, rey de Judá, y donde todos los de Judá que estaban en Jerusalén, para decirles: 10 «Esto dice Senaquerib, rey de Asiria: ¿En qué ponéis vuestra confianza, para que permanezcáis cercados en Jerusalén? 11 ¿No os engaña Ezequías para entregaros a la muerte por hambre y sed, cuando dice: ‘Yahvé nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria’? 12 ¿No es éste el mismo Ezequías que ha quitado sus santuarios y sus altares, ordenando a Judá y Jerusalén que den culto ante un solo altar y que quemen incienso sobre él? 13 ¿Acaso no sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho con toda la gente de los demás países? ¿Han sido capaces los dioses de la gente de estos países de librar sus territorios de mi mano? 14 ¿Quién, de entre todos los dioses de aquellas naciones que mis padres dieron al anatema, pudo librar a su pueblo de mi mano? ¿Es que vuestro Dios podrá libraros de mi mano? 15 Ahora, pues, que no os engañe Ezequías ni os embauque de esa manera. No le creáis; ningún dios de ninguna nación ni de ningún reino ha podido salvar a su pueblo de mi mano, ni de la mano de mis padres. ¡Así que cuánto menos podrá vuestro Dios libraros a vosotros de mi mano!» 16 Sus siervos dijeron todavía más cosas contra Yahvé Dios y contra Ezequías su siervo. 17 Escribió además cartas para insultar a Yahvé, Dios de Israel, hablando contra él de este modo: «Así como los dioses de las naciones de otros países no han salvado a sus pueblos de mi mano, así tampoco el Dios de Ezequías salvará a su pueblo de mi mano.» 18 Los enviados gritaban en voz alta, en lengua judía, al pueblo de Jerusalén, que estaba sobre el muro, para atemorizarlos y asustarlos, y poder conquistar la ciudad. 19 Hablaban del Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra, que sólo son manufactura humana.

Plegaria de Ezequías.

20 En esta situación, el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron y clamaron al cielo. 21 Y Yahvé envió un ángel que exterminó a todos los guerreros esforzados de su ejército, a los príncipes y a los jefes que había en el campamento del rey de Asiria, que volvió a su tierra cubierta la cara de vergüenza. (Un día, al entrar el rey en el templo de su dios, sus propios hijos le dieron muerte a espada allí mismo.) 22 Así salvó Yahvé a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de la mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de la mano de todos sus enemigos, y les dio paz* por todos lados. 23 Muchos trajeron entonces ofrendas a Yahvé, a Jerusalén, y presentes a Ezequías, rey de Judá, que de allí en adelante adquirió gran prestigio a los ojos de todas las naciones.

24 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; pero hizo oración a Yahvé, que le escuchó* y le otorgó una señal maravillosa. 25 Pero Ezequías no correspondió al bien que había recibido, pues se ensoberbeció su corazón, por lo cual la Cólera se abatió sobre él, sobre Judá y Jerusalén. 26 Mas después de haberse ensoberbecido en su corazón, se humilló Ezequías, junto con los habitantes de Jerusalén; y por eso no estalló contra ellos la ira de Yahvé en los días de Ezequías*. 27 Ezequías tuvo riquezas y gloria en gran abundancia. Adquirió tesoros de plata, oro, piedras preciosas, bálsamos, joyas* y toda suerte de objetos de valor. 28 Construyó almacenes para las rentas de trigo, de mosto y de aceite; pesebres para toda clase de ganado y apriscos para los rebaños. 29 Se hizo con asnos* y poseía ganado menor y mayor en abundancia, pues Dios le había dado muchísima hacienda*.

Resumen del reinado.

30 Fue Ezequías quien cegó la salida superior de las aguas del Guijón y las condujo, bajo tierra, a la parte occidental de la Ciudad de David. Ezequías triunfó en todas sus empresas. 31 Cuando los príncipes de Babilonia enviaron embajadores para investigar la señal maravillosa ocurrida en el país, Dios le abandonó para probarle y descubrir todo lo que tenía en su corazón*. 32 El resto de los hechos de Ezequías y sus obras piadosas están escritos en las visiones del profeta Isaías, hijo de Amós, y en el Libro de los reyes de Judá y de Israel. 33 Ezequías reposó con sus antepasados y fue enterrado en la subida de los sepulcros de los hijos de David*; y todo Judá y los habitantes de Jerusalén le rindieron honores a su muerte. Le sucedió en el trono su hijo Manasés.

3. IMPIEDAD DE MANASÉS Y DE AMÓN

Manasés destruye la obra de Ezequías.

331 Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. 2 Hizo lo que Yahvé detesta, según la costumbre abominable de las naciones que Yahvé había expulsado a la llegada de los israelitas. 3 Reconstruyó los santuarios que su padre Ezequías había destruido, erigió altares dedicados a los Baales, hizo cipos, se postró ante todo el ejército de los cielos, al que rendía culto, 4 y construyó altares en el templo de Yahvé, del que Él había dicho: «En Jerusalén estableceré mi Nombre para siempre.»

5 Construyó altares a todo el ejército de los cielos en los dos patios del templo de Yahvé. 6 Arrojó a sus hijos al fuego de la pira del valle de Ben Hinón; practicó la adivinación, la magia y la hechicería, consultó a nigromantes y adivinos; se excedió en hacer lo que Yahvé reprueba, provocando su cólera. 7 Instaló en el templo de Dios la imagen del ídolo que había fabricado, del que había dicho Yahvé a David y a Salomón, su hijo: «En este templo y en Jerusalén, que he elegido de entre todas las tribus de Israel, estableceré mi Nombre para siempre. 8 No volveré a hacer que Israel vague errante fuera de la tierra que di a vuestros antepasados, a condición de que se comprometan a actuar conforme a todo lo que les he mandado, según toda la Ley, los decretos y normas ordenados por Moisés.» 9 Manasés desvió a Judá y a la población de Jerusalén, hasta el punto de actuar peor que las naciones que Yahvé había eliminado a la llegada de los israelitas. 10 Yahvé habló a Manasés y a su pueblo, pero no hicieron caso.

Castigo y conversión de Manasés*.

11 Entonces Yahvé hizo que les atacaran los jefes del ejército del rey de Asiria, que apresaron a Manasés con ganchos, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia. 12 Cuando se vio en angustia, quiso aplacar a Yahvé su Dios, humillándose profundamente en presencia del Dios de sus antepasados. 13 Oró a él y Dios accedió; oyó su oración y le concedió el retorno a Jerusalén, a su reino. Entonces supo Manasés que Yahvé es el Dios. 14 Después de esto edificó la muralla exterior de la Ciudad de David al occidente de Guijón, en el torrente, hasta la entrada de la Puerta del Pescado, cercando el Ofel, y la elevó a gran altura. Puso también jefes del ejército en todas las plazas fuertes de Judá.

15 Retiró del templo de Yahvé los dioses extraños, el ídolo y todos los altares que había erigido en el monte del templo de Yahvé y en Jerusalén, y los arrojó fuera de la ciudad*. 16 Reconstruyó el altar de Yahvé y ofreció sobre él sacrificios de comunión y de alabanza, y mandó a Judá que diese culto a Yahvé, el Dios de Israel. 17 Sin embargo, el pueblo ofrecía aún sacrificios en los altos, aunque sólo a Yahvé su Dios.

18 El resto de los hechos de Manasés, su oración a Dios*, y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre de Yahvé, Dios de Israel, se encuentran escritos en los Hechos de los reyes de Israel. 19 Su oración y cómo fue oído, todos sus pecados, su infidelidad, los sitios donde edificó santuarios y donde puso cipos e ídolos antes de humillarse está escrito en los Hechos de Jozay*. 20 Manasés reposó con sus antepasados y fue enterrado en su casa. Le sucedió en el trono su hijo Amón.

Obstinación de Amón*.

21 Amón tenía veintidós años cuando empezó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. 22 Hizo lo que Yahvé reprueba, lo mismo que su padre Manasés. Amón ofreció sacrificios y dio culto a todos los ídolos que había fabricado su padre Manasés. 23 Pero no se humilló delante de Yahvé, como se había humillado su padre Manasés; al contrario, Amón cometió aún más pecados. 24 Los siervos de Amón conspiraron contra él y lo mataron en su palacio. 25 Pero el pueblo del país mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón y proclamó rey en su lugar a su hijo Josías.

4. LA REFORMA DE JOSÍAS*

Síntesis del reinado.

341 Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. 2 Hizo lo que agrada a Yahvé y siguió los pasos de su antepasado David, sin desviarse lo más mínimo.

Primeras reformas.

3 El año octavo de su reinado, siendo todavía joven, comenzó a buscar al Dios de su antepasado David; y así, en el año doce empezó a purificar a Judá y a Jerusalén de los santuarios, los cipos, las estatuas y los ídolos fundidos. 4 Derribaron en su presencia los altares de los Baales, hizo arrancar los altares de aromas que había sobre ellos, y rompió los cipos, las imágenes y los ídolos fundidos reduciéndolos a polvo, que esparció sobre las sepulturas de los que les habían ofrecido sacrificios. 5 Quemó los huesos de los sacerdotes sobre los altares y purificó a Judá y Jerusalén. 6 En las ciudades de Manasés, de Efraín y de Simeón, y hasta en Neftalí y en los territorios asolados que las rodeaban, 7 derribó los altares, demolió los cipos y las estatuas y las redujo a polvo, y abatió los altares de aromas en todo el territorio de Israel. Después regresó a Jerusalén.

Las obras del Templo.

8 El año dieciocho de su reinado, mandó a Safán, hijo de Asalías, a Maasías, comandante de la ciudad, y al heraldo Joaj, hijo de Joacaz, que reparasen el templo de Yahvé, su Dios, para purificar la tierra y el edificio. 9 Fueron ellos donde el sumo sacerdote Jilquías y le entregaron el dinero traído al templo de Dios, que los levitas y porteros habían recibido de Manasés, de Efraín y del resto de Israel; de todo Judá, Benjamín y de los habitantes de Jerusalén*. 10 Lo pusieron en manos de los que hacían el trabajo, los encargados del templo de Yahvé, que a su vez se lo dieron a los obreros para reparar y restaurar el edificio. 11 Lo entregaron a los carpinteros, constructores y albañiles para la compra de piedra de cantería, madera y vigas de trabazón para el maderamen de los edificios destruidos por los reyes de Judá.

12 *Estos hombres ejecutaban los trabajos con honradez. Estaban bajo la vigilancia de Yájat y Abdías, levitas de los meraritas, y de Zacarías y Mesulán, de los queatitas, que les dirigían, y de otros levitas. Todos ellos eran maestros en tañer instrumentos músicos. 13 Dirigían también a los peones de carga y a todos los que trabajaban en la obra, en los distintos servicios. Entre los levitas había además escribas, notarios y porteros.

Descubrimiento del rollo de la Doctrina.

14 Cuando estaban sacando el dinero traído al templo de Yahvé, el sacerdote Jilquías encontró el rollo de la Doctrina de Yahvé dada por Moisés. 15 Jilquías tomó la palabra y dijo al secretario Safán: «He encontrado un rollo de la Doctrina en el templo de Yahvé». Y entregó el rollo a Safán, 16 que se lo llevó al rey. Safán le rindió cuentas de las obras: «Tus siervos están haciendo todo lo que les ha sido encargado. 17 Han fundido el dinero traído al templo de Yahvé y lo han entregado a los encargados y a los que trabajan en la obra.» 18 El secretario Safán informó también al rey: «El sacerdote Jilquías me ha entregado un rollo.» Y Safán leyó una parte ante el rey*.

19 Cuando el rey oyó las palabras del rollo de la Doctrina, rasgó sus vestiduras, 20 y ordenó a Jilquías, a Ajicán, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Miqueas, a Safán, secretario, y a Asayas, ministro del rey: 21 «Id a consultar a Yahvé por mí y por el resto de Israel y de Judá, a propósito de las palabras de este rollo que se ha encontrado, pues ha debido de encenderse la ira de Yahvé contra nosotros, pues nuestros antepasados no han guardado las palabras de Yahvé actuando conforme a todo lo escrito en este rollo.»

El oráculo de la profetisa.

22 Jilquías y los enviados del rey fueron donde la profetisa Juldá, mujer de Salún, hijo de Tocat, hijo de Jasrá, encargado del vestuario. Vivía ella en Jerusalén, en el Barrio Nuevo. Ellos le informaron conforme a lo indicado. 23 Ella les respondió: «Esto dice Yahvé, Dios de Israel: Decid al hombre que os ha enviado a mí: 24 Esto dice Yahvé: Voy a traer el desastre sobre este lugar y sobre sus habitantes: todas las maldiciones escritas en el rollo que se ha leído delante del rey de Judá. 25 Porque ellos me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses, irritándome con todas esas obras de sus manos. Arde mi cólera contra este lugar y ya no se apagará. 26 Decid al rey de Judá que os envió a consultar a Yahvé: Esto dice Yahvé, Dios de Israel, acerca de las palabras que has oído. 27 Ya que tu corazón se ha conmovido y te has humillado delante de Dios al oír sus palabras contra este lugar y sus habitantes, y ya que te has humillado ante mí, has rasgado tus vestiduras y has llorado ante mí, he decidido, a mi vez, escucharte—oráculo de Yahvé—. 28 Te reuniré con tus antepasados y serás enterrado en paz en tu sepulcro. Tus ojos no verán todo el desastre que yo acarrearé sobre este lugar y sobre sus moradores.» Ellos llevaron la respuesta al rey.

Renovación de la alianza.

29 El rey envió la orden de que todos los ancianos de Judá y de Jerusalén se reunieran en asamblea. 30 El rey se dirigió al templo de Yahvé con todos los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo, desde los más jóvenes a los más ancianos. Y leyó en su presencia el texto completo del rollo de la alianza que había sido hallado en el templo de Yahvé. 31 El rey se situó en pie junto a la columna* y celebró el rito de la alianza ante Yahvé: ellos deberían seguir a Yahvé y guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos, con todo su corazón y con toda su alma, y cumplir los términos de esta alianza tal como estaban escritos en este rollo. 32 Hizo que la aceptaran cuantos se hallaban en Jerusalén y en Benjamín. Y los habitantes de Jerusalén actuaron conforme a la alianza de Dios, el Dios de sus antepasados. 33 Josías hizo desaparecer todas las abominaciones de todas las regiones de los israelitas, y obligó a todos los que se hallaban en Israel a servir a Yahvé, su Dios. Y mientras él vivió no se apartaron de Yahvé, Dios de sus antepasados*.

Preparación de la Pascua.

351 Josías celebró una Pascua en honor de Yahvé en Jerusalén. Inmolaron la Pascua el día catorce del primer mes.

2 Restableció a los sacerdotes en sus ministerios y los animó al servicio del templo de Yahvé*. 3 Dijo a los levitas que tenían inteligencia* para todo Israel y estaban consagrados a Yahvé: «Colocad el arca santa en el templo que construyó Salomón, hijo de David, rey de Israel, porque ya no habréis de llevarla a hombros. Servid ahora a Yahvé vuestro Dios y a Israel, su pueblo. 4 Estad preparados según vuestras casas paternas y vuestras clases, conforme a lo escrito por David, rey de Israel, y lo escrito por su hijo Salomón. 5 Ocupad vuestros sitios en el santuario según los grupos de casas paternas a disposición de vuestros hermanos, los miembros del pueblo; los levitas tendrán parte en la familia paterna. 6 E inmolad la Pascua, santificaos y preparadla para vuestros hermanos, cumpliendo la orden de Yahvé, dada por medio de Moisés.

La solemnidad*.

7 Josías reservó para la gente del pueblo ganado menor: treinta mil reses entre corderos y cabritos, todos ellos como víctimas pascuales para cuantos se hallaban presentes, y tres mil bueyes. Todo ello era de la hacienda del rey. 8 También sus jefes reservaron ofrendas voluntarias para el pueblo, los sacerdotes y los levitas. Jilquías, Zacarías y Yejiel, intendentes del templo de Dios, dieron a los sacerdotes, como víctimas pascuales, dos mil seiscientas ovejas y trescientos bueyes. 9 Quenanías, Semaías y Natanael, su hermano, y Jasabías, Yeiel y Jozabad, jefes de los levitas, reservaron para los levitas cinco mil corderos pascuales y quinientos bueyes. 10 Preparado así el servicio, ocuparon los sacerdotes sus puestos, lo mismo que los levitas, según sus clases, conforme al mandato del rey. 11 Se inmolaron las víctimas pascuales, y mientras los sacerdotes rociaban con la sangre que recibían de mano de los levitas*, éstos las desollaban 12 y apartaban lo destinado al holocausto para darlo a las secciones de las casas paternas de los miembros del pueblo, a fin de que lo ofreciesen a Yahvé conforme a lo escrito en el libro de Moisés. Lo mismo se hizo con los bueyes. 13 Asaron la Pascua al fuego, según el ritual; cocieron las cosas sagradas* en ollas, calderos y cazuelas, y las repartieron con presteza entre todos los miembros del pueblo. 14 Después prepararon la Pascua para sí y para los sacerdotes, porque los sacerdotes, descendientes de Aarón, estuvieron ocupados hasta la noche en ofrecer los holocaustos y las grasas. Por eso los levitas la prepararon para sí y para los sacerdotes, descendientes de Aarón. 15 También los cantores asafitas estaban en su puesto, conforme a lo dispuesto por David: Asaf, Hemán y Yedutún, vidente del rey; lo mismo los porteros, cada uno en su puerta. No tenían necesidad de retirarse de su servicio, porque sus hermanos, los levitas, se lo preparaban todo.

16 De esta manera se organizó aquel día todo el servicio de Yahvé para celebrar la Pascua y ofrecer los holocaustos sobre el altar de Yahvé, según la orden del rey Josías. 17 Los israelitas que se hallaban allí celebraron en esa ocasión la Pascua y la fiesta de los Ázimos durante siete días.

18 No se había celebrado Pascua como ésta en Israel desde los días del profeta Samuel; y ningún rey de Israel celebró una Pascua como la que celebraron Josías*, los sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel, que allí se hallaban presentes, y los habitantes de Jerusalén.

Fin trágico de Josías*.

19 Esta Pascua se celebró el año dieciocho del reinado de Josías*. 20 Después de llevar a cabo las reparaciones del Templo, Necó, rey de Egipto, se dirigió a combatir en Carquemis, junto al Éufrates. Josías le salió al encuentro, 21 pero Necó le envió mensajeros para decirle: «¿Qué tengo yo que ver contigo, rey de Judá? No he venido hoy contra ti, sino contra la dinastía con la que estoy en guerra; y Dios me ha mandado que me apresure. Deja de oponerte a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya.» 22 Pero Josías no se apartó de él, pues estaba decidido* a darle batalla, sin escuchar las palabras de Necó, que venían de boca de Dios. Así que siguió adelante para librar batalla en la llanura de Meguidó. 23 Los arqueros dispararon al rey Josías, que dijo a sus hombres: «Sacadme de aquí, pues estoy gravemente herido.» 24 Sus hombres lo sacaron del carro y, pasándolo a otro carro que tenía, lo transportaron a Jerusalén, donde murió. Fue sepultado en los sepulcros de sus padres, y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por él. 25 Jeremías compuso una elegía sobre Josías, y todos los cantores y cantoras hablan todavía hoy de Josías en sus elegías. Tal hecho se ha convertido en costumbre en Israel. Están escritas entre las Lamentaciones*.

26 El resto de los hechos de Josías, sus obras piadosas conforme a lo prescrito por la Ley de Yahvé, 27 y sus obras primeras y postreras, están escritas en el Libro de los reyes de Israel y de Judá.

5. SITUACIÓN DE ISRAEL AL FINAL DE LA MONARQUÍA*

Joacaz.

361 La gente del país tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamó rey en Jerusalén, como sucesor de su padre. 2 Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén*. 3 El rey de Egipto lo destituyó en Jerusalén e impuso al país una indemnización de cien talentos de plata y un talento de oro. 4 El rey de Egipto proclamó rey de Judá y Jerusalén a Eliaquín, hermano de Joacaz, cambiándole el nombre por el de Joaquín. Necó tomó a su hermano Joacaz y lo llevó a Egipto.

Joaquín.

5 Joaquín tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Hizo lo que Yahvé, su Dios, detesta. 6 Nabucodonosor, rey de Babilonia, le atacó y lo ató con cadenas de bronce para conducirlo a Babilonia*. 7 Nabucodonosor llevó también a Babilonia algunos objetos del templo de Yahvé, que depositó en su santuario, en Babilonia. 8 El resto de los hechos de Joaquín, las abominaciones que cometió y todo lo que le sucedió, está escrito en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. Le sucedió en el trono su hijo Jeconías.

Jeconías.

9 Jeconías tenía ocho años* cuando empezó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén. Hizo también lo que Yahvé detesta. 10 A la vuelta de un año mandó el rey Nabucodonosor que le llevasen a Babilonia, juntamente con los objetos más preciosos del templo de Yahvé, y puso por rey en Judá y Jerusalén a Sedecías, hermano de Jeconías*.

Sedecías.

11 Sedecías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. 12 Hizo lo que Yahvé, su Dios, detesta y no se humilló ante el profeta Jeremías, que le hablaba por boca de Yahvé. 13 También él se rebeló contra el rey Nabucodonosor, que le había hecho jurar por Dios; endureció su cerviz y se obstinó en su corazón, en vez de volverse a Yahvé, el Dios de Israel.

La nación*.

14 Del mismo modo, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según todas las costumbres abominables de los paganos, y mancharon el templo de Yahvé, que él se había consagrado en Jerusalén. 15 Yahvé, Dios de sus antepasados, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. 16 Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira de Yahvé contra su pueblo aumentó hasta tal punto que ya no hubo remedio.

La ruina.

17 Entonces hizo que les atacase el rey de los caldeos, que mató a espada a los mejores en el edificio de su santuario, sin perdonar a joven ni a doncella, a viejo ni a canoso; a todos los entregó Dios en su mano. 18 Además se llevó a Babilonia todos los objetos del templo de Dios, grandes y pequeños, los tesoros del templo de Yahvé y los tesoros del rey y de sus jefes. 19 Incendiaron el templo de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. 20 Y a los que escaparon de la espada los llevó cautivos a Babilonia, donde se convirtieron en esclavos suyos y de sus hijos hasta el advenimiento del reino de los persas. 21 Así se cumplió la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»

Hacia el porvenir *.

22 En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra de Yahvé, por boca de Jeremías, movió Yahvé el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: 23 «Esto dice Ciro, rey de Persia: Yahvé, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique un templo en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él y suba allá!»

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Referencias Paralelas