Jonás

JONÁS

Jonás, rebelde a su misión.

11 Yahvé habló a Jonás, hijo de Amitay, diciéndole: 2 «Prepárate y vete a Nínive, la metrópoli, para anunciarle que su maldad ha llegado hasta mí.» 3 Jonás se preparó para huir a Tarsis*, lejos de Yahvé. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para ir con ellos a Tarsis, lejos de Yahvé. 4 Pero Yahvé desencadenó un viento tempestuoso sobre el mar, y se desencadenó una borrasca tan violenta que el barco amenazaba naufragar. 5 Los marineros se asustaron y cada cual pedía auxilio a su dios*; luego arrojaron por la borda la carga del barco para aligerarlo. En cambio, Jonás había bajado a la bodega del barco y dormía profundamente. 6 El capitán se acercó a él y le dijo: «¿Qué haces aquí durmiendo? ¡Levántate e invoca a tu Dios! A ver si tu Dios se apiada de nosotros y no perecemos.» 7 Luego propusieron entre todos: «Vamos a echar suertes para saber quién de nosotros es el culpable de este castigo*.» Echaron suertes y le tocó a Jonás.

8 Entonces le preguntaron: «Dinos por qué nos sucede esto*, cuál es tu oficio, de dónde vienes, cuál es tu país y de qué pueblo eres.» 9 Jonás respondió: «Soy hebreo y creo en Yahvé, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra.» 10 Aquellos hombres se asustaron mucho y le dijeron: «¿Por qué has hecho esto?» Pues, por lo que les había contado, dedujeron que huía de Yahvé. 11 Y le preguntaron: «¿Qué podemos hacer contigo para que el mar se nos calme?» Pues el mar seguía enfureciéndose. 12 Jonás les respondió: «Arrojadme al mar, y el mar se os calmará. Reconozco que soy el culpable de esta gran borrasca que os amenaza.»

13 Los hombres remaban para llegar a tierra firme, pero no podían, porque el mar seguía enfureciéndose en torno a ellos. 14 Entonces gritaron a Yahvé, diciendo: «¡Ay, Yahvé, que no perezcamos por culpa de este hombre. No nos manches con sangre inocente, pues tú, Yahvé, has actuado según tu voluntad!» 15 Luego cogieron a Jonás, lo arrojaron al mar y el mar calmó su furia. 16 Y aquellos hombres creyeron firmemente en Yahvé; le ofrecieron sacrificios y le hicieron promesas*.

Jonás salvado.

21 Yahvé hizo que un gran pez se tragase a Jonás*, y Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches. 2 Jonás oró a Yahvé su Dios desde el vientre del pez, 3 diciendo*:

En mi angustia clamé a Yahvé

y él me respondió;

desde el seno del abismo grité

y tú me escuchaste.

4 Me habías arrojado a lo más hondo

en el corazón del mar;

la corriente me arrastraba:

todo tu oleaje me arrollaba.

5 Yo me dije: ¡Me has arrojado

de tu presencia!

¿Cuándo volveré a contemplar

tu santo templo?

6 Las aguas me asfixiaban el aliento,

el abismo me envolvía,

las algas enredaban mi cabeza.

7 Bajé hasta los cimientos de los montes*,

la tierra se cerró para siempre sobre mí.

Pero tú sacaste mi vida de la tumba,

Yahvé, Dios mío.

8 Cuando mi aliento desfallecía,

me acordé de Yahvé

y mi oración llegó hasta ti,

hasta tu santo templo.

9 Los que adoran falsos ídolos

traicionan su lealtad.

10 Yo, en cambio,

en tono de acción de gracias

te ofreceré sacrificios

y cumpliré los votos que te hice.

¡La salvación viene de Yahvé!

11 Entonces Yahvé ordenó al pez que vomitase a Jonás en tierra firme.

Conversión de Nínive y perdón divino.

31 Por segunda vez Yahvé habló a Jonás, diciéndole: 2 «Prepárate y vete a Nínive, la metrópoli, para anunciarle el mensaje que yo te comunique.» 3 Jonás se preparó y marchó a Nínive, de acuerdo con la orden de Yahvé. Nínive era una gran metrópoli*, con un recorrido de tres días. 4 Jonás comenzó a atravesar la ciudad y caminó un día entero proclamando: «En el plazo de cuarenta días* Nínive será destruida.»

5 Los ninivitas creyeron en Dios*, organizaron un ayuno y grandes y pequeños se vistieron de saco. 6 El anuncio llegó hasta el rey de Nínive, que se bajó del trono, se quitó su manto, se cubrió de saco y se sentó en la ceniza*. 7 Luego mandó proclamar en Nínive este decreto del rey y sus ministros: «Que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado, ni pasten, ni beban agua. 8 Que hombres y animales* se vistan con sacos e invoquen a Dios con insistencia; y que cada uno se convierta de su mala conducta y de sus acciones violentas. 9 A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos.» 10 Cuando Dios vio lo que hacían y cómo se convertían de su mala conducta, se arrepintió del castigo que había anunciado contra ellos, y no lo ejecutó.

Despecho del profeta y respuesta divina.

41 Jonás sintió un gran disgusto, se enfureció 2 y oró así a Yahvé: «¡Ay, Yahvé! Ya lo decía yo cuando estaba todavía en mi tierra y por eso me apresuré a huir a Tarsis: pues sabía que tú eres un Dios clemente, misericordioso, paciente y generoso, que se arrepiente del castigo. 3 Así que, Yahvé, quítame la vida, pues prefiero morirme a estar vivo.» 4 Pero Yahvé le dijo: «¿Te parece bien enfurecerte así?»

5 Jonás salió de la ciudad y se instaló al oriente; allí se hizo una choza y se sentó a su sombra, para ver qué sucedía en la ciudad. 6 Entonces Yahvé hizo crecer una planta de ricino por encima de la cabeza de Jonás para darle sombra y librarlo así de su malestar. Jonás se puso muy contento con aquel ricino. 7 Pero al día siguiente, al rayar el alba, Yahvé envió un gusano, que dañó al ricino y éste se secó. 8 Al salir el sol, Dios mandó un sofocante viento solano. El sol atacó a la cabeza de Jonás, que empezó a desfallecer y se deseó la muerte, diciendo: «¡Prefiero morirme a estar vivo!» 9 Entonces Dios dijo a Jonás: «¿Te parece bien enfurecerte por el ricino?» Respondió: «¡Sí, me parece bien enfurecerme hasta la muerte!» 10 Y Yahvé replicó: «Tú te compadeces de un ricino que no te ha costado hacer crecer, que al cabo de una noche apareció y al cabo de otra pereció. 11 ¿Y no voy yo a compadecerme de Nínive, la metrópoli, donde viven más de ciento veinte mil personas que no distinguen el bien del mal, y una gran cantidad de animales*

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Referencias Paralelas