GÉNESIS
I. Orígenes del mundo y de la humanidad
1. LA CREACIÓN Y LA CAÍDA
Primer relato de la creación*.
2 4-25 ↗Jn 1 1-3 ↗Col 1 15-17; Hb 1 2-3
11 En el principio creó Dios el cielo y la tierra*. 2 La tierra era caos y confusión*: oscuridad cubría el abismo, y un viento* de Dios aleteaba por encima de las aguas.
3 Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. 4 Vio Dios que la luz estaba bien, y separó Dios la luz de la oscuridad*; 5 llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad llamó «noche». Atardeció y amaneció: día primero.
6 Dijo Dios: «Haya un firmamento* por en medio de las aguas, que las separe unas de otras.» 7 E hizo Dios* el firmamento; separó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. 8 Llamó Dios al firmamento «cielo». Atardeció y amaneció: día segundo.
9 Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de debajo del firmamento en un solo conjunto*, y déjese ver lo seco»; y así fue. 10 Llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mar»; y vio Dios que estaba bien.
11 Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto según su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue. 12 La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla según sus especies y árboles que dan fruto con la semilla dentro según sus especies; y vio Dios que estaba bien. 13 Atardeció y amaneció: día tercero.
14 Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para separar el día de la noche, y sirvan de señales para solemnidades, días y años; 15 sirvan también de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue. 16 Hizo Dios los dos luceros mayores*; el lucero grande para regir el día y el lucero pequeño para regir la noche, y las estrellas; 17 y los puso Dios en el firmamento celeste para alumbrar la tierra, 18 para regir el día y la noche y para separar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien. 19 Atardeció y amaneció: día cuarto.
20 Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra frente al firmamento celeste.» 21 Creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente que repta y que hacen bullir las aguas según sus especies, y todas las aves aladas según sus especies; y vio Dios que estaba bien; 22 Dios los bendijo diciendo: «Sed fecundos, multiplicaos y henchid las aguas de los mares; y que las aves crezcan en la tierra.» 23 Atardeció y amaneció: día quinto.
24 Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: bestias, reptiles* y alimañas terrestres según su especie.» Y así fue. 25 Hizo Dios las alimañas terrestres según su especie, las bestias según su especie y los reptiles del suelo según su especie: y vio Dios que estaba bien.
26 Dijo Dios: «Hagamos* al ser humano* a nuestra imagen, como semejanza* nuestra; que manden en los peces del mar y en las aves del cielo, en las bestias y en todas las alimañas* terrestres, y en todos los reptiles que reptan por la tierra.
27 Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya,
a imagen de Dios lo creó,
macho y hembra los creó.
28 Después los bendijo Dios con estas palabras: «Sed fecundos y multiplicaos, henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra.»
29 Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la faz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla. Todo ello os servirá de alimento.
30 «A todos los animales terrestres, a todas las aves del cielo y a todos los reptiles de la tierra, a todo ser animado de vida, les doy la hierba verde como alimento*.» Y así fue. 31 Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Atardeció y amaneció: día sexto.
21 Concluyéronse, pues, el cielo y la tierra con todo su aparato, 2 El séptimo día Dios dio por concluida la labor que había hecho; puso fin el día séptimo a toda la labor que había hecho. 3 Después bendijo Dios el día séptimo y lo santificó*; porque en él puso fin Dios a toda la obra creadora que había hecho.
4 Ésos fueron los orígenes* del cielo y la tierra, cuando fueron creados.
La prueba de la libertad. El Paraíso*.
Cuando Yahvé Dios hizo la tierra y el cielo, 5 no había aún en la tierra arbusto alguno del campo, y ninguna hierba del campo había germinado todavía, pues Yahvé Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrara el suelo. 6 Pero un manantial* brotaba de la tierra y regaba toda la superficie del suelo. 7 Entonces Yahvé Dios modeló al hombre con polvo del suelo*, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente*.
8 Luego plantó Yahvé Dios un jardín en Edén*, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. 9 Yahvé Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida* y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 10 De Edén salía un río que regaba el jardín, y desde allí se repartía en cuatro brazos*. 11 Uno se llama Pisón: es el que rodea todo el país de Javilá, donde hay oro. 12 El oro de aquel país es fino. Allí se encuentra el bedelio* y el ónice. 13 El segundo río se llama Guijón: es el que rodea el país de Cus. 14 El tercer río se llama Tigris: es el que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates. 15 Tomó, pues, Yahvé Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase. 16 Dios impuso al hombre este mandamiento: «Puedes comer de cualquier árbol del jardín, 17 pero no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal*, porque el día que comieres de él morirás sin remedio*.»
18 Se dijo luego Yahvé Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada*.» 19 Y Yahvé Dios modeló del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. 20 El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. 21 Entonces Yahvé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, que se durmió. Le quitó una de las costillas y rellenó el vacío con carne*. 22 De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer* y la llevó ante el hombre. 23 Entonces éste exclamó:
«Esta vez sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Ésta será llamada mujer*,
porque del varón ha sido tomada.»
24 Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.
25 Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.
La caída.
31 La serpiente* era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios había hecho. Dijo a la mujer: «¿Cómo os ha dicho Dios que no comáis de ninguno de los árboles del jardín?» 2 Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. 3 Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» 4 Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. 5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como dioses*, conocedores del bien y del mal.» 6 Como viese la mujer que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría, tomó de su fruto y comió. Después dio también a su marido, que igualmente comió. 7 Entonces se les abrieron a ambos los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos*; y, cosiendo hojas de higuera, se hicieron unos ceñidores.
8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahvé Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahvé Dios por entre los árboles del jardín. 9 Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» 10 Éste contestó: «Te he oído andar por el jardín y he tenido miedo, porque estoy desnudo; por eso me he escondido.» 11 Él replicó: «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?» 12 Dijo el hombre: «La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.» 13 Dijo, pues, Yahvé Dios a la mujer: «¿Por qué lo has hecho?» Contestó la mujer: «La serpiente me sedujo, y comí.»
14 Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho esto,
maldita seas entre todas las bestias
y entre todos los animales del campo.
Sobre tu vientre caminarás,
y polvo comerás
todos los días de tu vida.
15 Enemistad pondré entre ti y la mujer,
entre tu linaje y su linaje:
él te pisará la cabeza
mientras acechas* tú su calcañar.»
16 A la mujer le dijo*:
«Tantas haré tus fatigas
cuantos sean tus embarazos:
con dolor parirás los hijos.
Hacia tu marido irá tu apetencia,
y él te dominará.»
17 Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol del que yo te había prohibido comer,
maldito sea el suelo por tu causa:
sacarás de él el alimento con fatiga todos los días de tu vida.
18 Te producirá espinas y abrojos,
y comerás la hierba del campo.
19 Comerás el pan con el sudor de tu rostro,
hasta que vuelvas al suelo,
pues de él fuiste tomado.
Porque eres polvo y al polvo tornarás.»
20 El hombre llamó a su mujer «Eva», por ser ella la madre de todos los vivientes*. 21 Yahvé Dios hizo para el hombre y su mujer túnicas de piel y los vistió. 22 Se dijo Yahvé Dios: «¡Resulta que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal*! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre*.» 23 Así que lo echó Yahvé Dios del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. 24 Tras expulsar al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines* y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.
Caín y Abel*.
41 Tuvo relaciones el hombre con Eva, su mujer, que concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «He adquirido un varón con el favor de Yahvé*.» 2 Volvió a dar a luz y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador. 3 Pasado algún tiempo, Caín hizo a Yahvé una oblación de los frutos del suelo. 4 También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño y de la grasa de los mismos. Yahvé miró propicio a Abel y su oblación, 5 mas no miró propicio a Caín y su oblación*, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. 6 Yahvé dijo a Caín: «¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? 7 ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar*.» 8 Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera*.» Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató.
9 Yahvé dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?» Contestó: «No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?» 10 Replicó Yahvé: «¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. 11 Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. 12 Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra.» 13 Entonces dijo Caín a Yahvé: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla. 14 Si hoy me echas de este suelo, habré de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará.» 15 Yahvé le respondió: «Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces.» Y Yahvé puso una señal a Caín* para que nadie que lo encontrase lo atacara. 16 Caín dejó la presencia de Yahvé y se estableció en el país de Nod*, al oriente de Edén.
Descendencia de Caín*.
17 Caín tuvo relaciones con su mujer, que concibió y dio a luz a Henoc. Construyó una ciudad y la llamó Henoc, como el nombre de su hijo. 18 A Henoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael; Mejuyael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lámec. 19 Lámec tomó dos mujeres: la primera llamada Adá, y la segunda Silá. 20 Adá dio a luz a Yabal, que vino a ser padre de los que habitan en tiendas y crían ganado. 21 Su hermano se llamaba Yubal, padre de cuantos tocan la cítara y la flauta. 22 Silá, por su parte, engendró a Túbal Caín, antepasado de todos los forjadores* de cobre y hierro. Hermana de Túbal Caín fue Naamá.
23 Dijo Lámec a sus mujeres:
«Adá y Silá, oíd mi voz;
mujeres de Lámec, escuchad mi palabra:
Yo maté a un hombre por una herida que me hizo
y a un muchacho por un cardenal que recibí.
24 Caín será vengado siete veces,
mas Lámec lo será setenta y siete*.»
Set y sus descendientes*.
25 Adán volvió a tener relaciones con su mujer, que dio a luz un hijo, al que puso por nombre Set, diciendo: «Dios me ha otorgado* otro descendiente en lugar de Abel, porque le mató Caín.» 26 También a Set le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Éste fue el primero en invocar el nombre de Yahvé*.
Los patriarcas antediluvianos*.
51 Ésta es la lista de los descendientes de Adán:
El día en que Dios creó a Adán, lo hizo a imagen de Dios. 2 Los creó varón y hembra, los bendijo y los llamó «Hombre» en el día de su creación.
3 Tenía Adán ciento treinta años cuando engendró un hijo a su semejanza, según su imagen*, a quien puso por nombre Set. 4 Después de engendrar a Set, Adán vivió ochocientos años, y engendró hijos e hijas. 5 Cuando Adán murió, tenía novecientos treinta años.
6 Set tenía ciento cinco años cuando engendró a Enós. 7 Vivió Set, después de engendrar a Enós, ochocientos siete años y engendró hijos e hijas. 8 Cuando Set murió, tenía novecientos doce años.
9 Enós tenía noventa años cuando engendró a Quenán. 10 Vivió Enós, después de engendrar a Quenán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas. 11 Cuando Enós murió, tenía novecientos cinco años.
12 Quenán tenía setenta años cuando engendró a Mahalalel. 13 Vivió Quenán, después de engendrar a Mahalalel, ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas. 14 Cuando Quenán murió, tenía novecientos diez años.
15 Mahalalel tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Yéred. 16 Vivió Mahalalel, después de engendrar a Yéred, ochocientos treinta años, y engendró hijos e hijas. 17 Cuando Mahalalel murió, tenía ochocientos noventa y cinco años.
18 Yéred tenía ciento sesenta y dos años cuando engendró a Henoc. 19 Vivió Yéred, después de engendrar a Henoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. 20 Cuando Yéred murió, tenía novecientos sesenta y dos años.
21 Henoc tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Matusalén. 22 Henoc anduvo con Dios; vivió*, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. 23 Cuando Henoc murió, tenía trescientos sesenta y cinco años. 24 Henoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó*.
25 Matusalén tenía ciento ochenta y siete años cuando engendró a Lámec. 26 Vivió Matusalén, después de engendrar a Lámec, setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. 27 Cuando Matusalén murió, tenía novecientos sesenta y nueve años.
28 Lámec tenía ciento ochenta y dos años cuando engendró un hijo, 29 y le puso por nombre Noé, diciendo: «Éste nos consolará de nuestros afanes y de la fatiga de nuestras manos, por causa del suelo que maldijo Yahvé*.» 30 Vivió Lámec, después de engendrar a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. 31 Cuando Lámec murió, tenía setecientos setenta y siete años.
32 Tenía Noé quinientos años cuando engendró a Sem, a Cam y a Jafet*.
Los hijos de Dios y las hijas de los hombres*.
61 Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, 2 vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran atractivas, y tomaron por mujeres a las que prefirieron de entre todas ellas. 3 Entonces dijo Yahvé: «No permanecerá* para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años*.» 4 Los nefilim aparecieron en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y éstas les dieron hijos: éstos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos.
2. EL DILUVIO
Corrupción de la humanidad*.
5 Viendo Yahvé que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los proyectos de su mente eran puro mal de continuo, 6 le pesó a Yahvé de haber creado al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón*. 7 Así pues, dijo Yahvé: «Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado —desde el hombre hasta los ganados, los reptiles, y hasta las aves del cielo—, porque me pesa haberlos hecho.» 8 Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé.
9 Ésta es la historia de Noé:
Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios. 10 Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se había llenado de violencias. 12 Dios miró a la tierra y vio que estaba viciada: todas las criaturas tenían una conducta viciosa sobre la tierra.
Preparativos para el diluvio.
13 Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con todo ser viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra. 14 Hazte un arca* de maderas resinosas. La haces de cañizo y la calafateas por dentro y por fuera con betún. 15 Así es como la harás: su longitud será de trescientos codos; su anchura, de cincuenta codos; y su altura, de treinta codos. 16 Harás al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima*; pondrás la puerta del arca en su costado, y harás un primer piso, un segundo y un tercero.
17 «Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar todo viviente que tiene hálito de vida* bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. 18 Pero contigo estableceré mi alianza*: Entrarás en el arca junto con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. 19 Meterás en el arca una pareja de cada ser viviente, para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. 20 De cada especie de aves, de cada especie de ganados y de cada especie de reptiles entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir*. 21 Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos.» 22 Así lo hizo Noé. Ejecutó todo lo que le había mandado Dios.
71 Yahvé dijo a Noé: «Entra en el arca con toda tu familia, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. 2 De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, macho y hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, macho y hembra. 3 (Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras) para que sobreviva su casta sobre la faz de toda la tierra. 4 Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice.» 5 Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahvé.
6 Noé tenía seiscientos años cuando sobrevino el diluvio, las aguas, sobre la tierra.
7 Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio. 8 (De los animales puros, de los animales que no son puros, de las aves y de todo lo que repta, 9 sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Dios a Noé*.) 10 A la semana, las aguas del diluvio se precipitaron sobre la tierra.
11 El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, se hendieron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron*; 12 y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
13 Aquel mismo día entró Noé en el arca con sus hijos, Sem, Cam y Jafet, su mujer, y las tres mujeres de sus hijos. 14 Con ellos entraron los animales de cada especie, los ganados de cada especie, los reptiles de cada especie que reptan sobre la tierra, y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados. 15 Entraron, pues, con Noé en el arca sendas parejas de todos los vivientes en los que hay aliento de vida. 16 Y los que iban entrando eran macho y hembra de cada especie, como Dios se lo había mandado.
Yahvé cerró la puerta detrás de Noé.
La inundación.
17 El diluvio descargó sobre la tierra durante cuarenta días. Crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó de encima de la tierra. 18 Las aguas arreciaron y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. 19 Las aguas arreciaron muchísimo sobre la tierra, hasta el punto que los montes más altos que hay debajo del cielo quedaron cubiertos. 20 El nivel de las aguas los sobrepasó quince codos, quedando cubiertos los montes. 21 Pereció toda ser viviente: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, así como toda la humanidad. 22 Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió. 23 Yahvé exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, incluidos los reptiles y las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra. Sólo quedaron Noé y los que con él estaban en el arca. 24 Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta días.
Retroceden las aguas.
81 Se acordó Dios de Noé y de todos los animales y ganados que estaban con él en el arca. Dios hizo que un viento azotara la tierra, y las aguas decrecieron. 2 Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo. 3 Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de ciento cincuenta días, las aguas habían menguado; 4 y el día diecisiete del mes séptimo varó el arca sobre los montes de Ararat. 5 Las aguas siguieron menguando paulatinamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes.
6 Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca 7 y soltó al cuervo, que estuvo saliendo y volviendo hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. 8 Después soltó a la paloma, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. 9 La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra. Así que alargó su mano, la tomó y la metió consigo en el arca. 10 Esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. 11 La paloma regresó al atardecer trayendo en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que habían menguado las aguas de encima de la tierra. 12 Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma, que ya no regresó donde él.
13 El año seiscientos uno de la vida de Noé*, el día primero del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra.
Noé retiró la cubierta del arca, miró y vio que estaba seca la superficie del suelo.
14 El día veintisiete del segundo mes quedó seca la tierra.
Noé sale del arca.
15 Habló entonces Dios a Noé en estos términos: 16 «Sal del arca con tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos. 17 Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre ella.» 18 Salió, pues, Noé con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. 19 También salieron del arca, por familias, todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todos los reptiles que reptan sobre la tierra.
20 Noé construyó un altar a Yahvé, tomó de todos los animales puros y de todas las aves puras y ofreció holocaustos en el altar. 21 Al aspirar Yahvé el calmante aroma*, dijo para sí: «Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez*, ni volveré a destruir a los seres vivientes, como he hecho.
22 «Mientras dure la tierra,
sementera y siega,
frío y calor,
verano e invierno,
día y noche
no cesarán*.»
El orden nuevo del mundo.
91 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. 2 Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todo lo que repta por el suelo y a todos los peces del mar. Todos quedan a vuestra disposición*. 3 Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. 4 Sólo dejaréis de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre, 5 Yo os prometo reclamar vuestra propia sangre; la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré la vida humana.
6 Quien vertiere sangre de hombre,
por otro hombre será su sangre vertida,
porque a imagen de Dios hizo Él al hombre*.
7 Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos; extendeos por la tierra y dominad en ella*.»
8 Dijo Dios a Noé y a sus hijos: 9 «He pensado establecer mi alianza* con vosotros y con vuestra futura descendencia, 10 y también con todo ser vivo que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. 11 Establezco mi alianza con vosotros: nunca más volverá a ser aniquilada la vida por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.»
12 Dijo Dios: «Ésta es la señal de la alianza que establezco para futuras generaciones entre yo y vosotros y todo ser vivo que os acompaña: 13 Pongo mi arco en las nubes, que servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. 14 Cuando yo anuble con nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes 15 y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y todo ser vivo. Ya no habrá más aguas diluviales que exterminen la vida. 16 Pues en cuanto aparezca el arco en las nubes, yo lo veré y me acordaré de la alianza perpetua entre Dios y todo ser vivo, toda la vida que existe sobre la tierra.»
17 Reiteró Dios a Noé: «Ésta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda la vida que existe sobre la tierra.»
3. DESDE EL DILUVIO HASTA ABRAHÁN
Noé y sus hijos*.
18 Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. 19 Estos tres fueron los hijos de Noé, y a partir de ellos se pobló toda la tierra.
20 Noé se dedicó a la labranza y plantó una viña. 21 Bebió del vino, se embriagó y quedó desnudo en medio de su tienda. 22 Vio Cam, padre de Canaán*, completamente desnudo a su padre y avisó a sus dos hermanos, que estaban afuera. 23 Entonces Sem y Jafet tomaron el manto, se lo echaron por los hombros y, andando hacia atrás, vueltas las caras, cubrieron el cuerpo desnudo de su padre, sin mirarlo. 24 Cuando despertó Noé de su embriaguez y supo lo que había hecho con él su hijo menor, 25 dijo*:
«¡Maldito sea Canaán!
¡Siervo de siervos
sea para sus hermanos!»
26 Y añadió:
«¡Bendito sea Yahvé, el Dios de Sem,
y sea Canaán esclavo suyo!
27 ¡Haga Dios dilatado a Jafet*;
habite en las tiendas de Sem,
y sea Canaán esclavo suyo!»
28 Vivió Noé después del diluvio trescientos cincuenta años. 29 Cuando Noé murio, tenía novecientos cincuenta años.
La tierra se repuebla*.
101 Ésta es la descendencia de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, a quienes les nacieron hijos después del diluvio:
2 Hijos de Jafet: Gómer, Magog, los medos, Yaván, Túbal, Mésec y Tirás. 3 Hijos de Gómer: Asquenaz, Rifat, Togarmá. 4 Hijos de Yaván: Elisá, Tarsis, los queteos y los rodenses. 5 A partir de éstos se poblaron las islas de las gentes*.
Éstos fueron los hijos de Jafet* por sus territorios y lenguas, por sus linajes y naciones respectivas.
6 Hijos de Cam: Cus, Misráin, Put y Canaán. 7 Hijos de Cus: Sebá, Javilá, Sabtá, Ramá y Sabtecá. Hijos de Ramá: Seba y Dedán.
8 Cus engendró a Nemrod*, que fue el primero que se hizo prepotente en la tierra. 9 Fue un bravo cazador delante de Yahvé, por lo cual se suele decir: «Bravo cazador a ojos de Yahvé, como Nemrod.» 10 Los comienzos de su reino fueron Babel, Érec y Acad*, ciudades todas ellas en tierra de Senaar. 11 De aquella tierra procedía Asur, que edificó Nínive, Rejobot Ir, Cálaj 12 y Resen, entre Nínive y Cálaj (aquella es la Gran Ciudad)*.
13 Misráin engendró a los lidios, anamitas, lehabitas y naftujitas, 14 a los de Patrós, de Casluj y de Caftor, de donde salieron los filisteos*.
15 Canaán engendró a Sidón, su primogénito, y a Het, 16 al jebuseo, al amorreo, al guirgaseo, 17 al jivita, al arquita, al sinita, 18 al arvadita, al semarita y al jamatita. Más tarde se propagaron las estirpes cananeas. 19 La frontera de los cananeos iba desde Sidón, en dirección de Guerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Admá y Seboín, hasta Lesa.
20 Éstos fueron los hijos de Cam, según sus linajes y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas.
21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los hijos de Héber y hermano mayor de Jafet.
22 Hijos de Sem: Elam, Asur, Arfacsad, Lud y Aram. 23 Hijos de Aram: Us, Jul, Guéter y Mas.
24 Arfacsad engendró a Sélaj, y Sélaj engendró a Héber. 25 A Héber le nacieron dos hijos: el nombre de uno fue Péleg, porque en sus días fue divida la tierra. Su hermano se llamaba Yoctán. 26 Yoctán engendró a Almodad, a Selef, a Jasarmávet, a Yéraj, 27 a Hadorán, a Uzal, a Diclá, 28 a Obal, a Abimael, a Sebá, 29 a Ofir, a Javilá y a Yobab. Todos fueron hijos de Yoctán. 30 Su asiento se extendió desde Mesá, en dirección a Sefar, al monte del oriente.
31 Éstos fueron los hijos de Sem, según sus linajes y lenguas, por sus territorios y naciones respectivas.
32 Hasta aquí los linajes de los hijos de Noé, según su origen y sus naciones. Y a partir de ellos se dispersaron los pueblos por la tierra después del diluvio.
La torre de Babel*.
111 Todo el mundo tenía un mismo lenguaje e idénticas palabras. 2 Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar* y allí se establecieron. 3 Entonces se dijeron el uno al otro: «Vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego.» Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa. 4 Después dijeron: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en el cielo*, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la faz de la tierra.»
5 Bajó Yahvé a ver la ciudad y la torre que estaban edificando los humanos, 6 y pensó Yahvé: «Todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y éste es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible. 7 Bajemos, pues, y, una vez allí, confundamos su lenguaje, de modo que no se entiendan entre sí.» 8 Y desde aquel punto los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. 9 Por eso se la llamó Babel, porque allí embrolló* Yahvé el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahvé por toda la faz de la tierra.
Patriarcas posdiluvianos*.
10 Éstos son los descendientes de Sem:
Sem tenía cien años cuando engendró a Arfacsad, dos años después del diluvio. 11 Vivió Sem, después de engendrar a Arfacsad, quinientos años, y engendró hijos e hijas.
12 Arfacsad tenía treinta y cinco años cuando engendró a Sélaj. 13 Y vivió Arfacsad, después de engendrar a Sélaj, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.
14 Sélaj tenía treinta años cuando engendró a Héber. 15 Y vivió Sélaj, después de engendrar a Héber, cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.
16 Héber tenía treinta y cuatro años cuando engendró a Péleg. 17 Y vivió Héber, después de engendrar a Péleg, cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.
18 Péleg tenía treinta años cuando engendró a Reú. 19 Y vivió Péleg, después de engendrar a Reú, doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.
20 Reú tenía treinta y dos años cuando engendró a Serug. 21 Y vivió Reú, después de engendrar a Serug, doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.
22 Serug tenía treinta años cuando engendró a Najor. 23 Y vivió Serug, después de engendrar a Najor, doscientos años, y engendró hijos e hijas.
24 Najor tenñia veintinueve años cuando engendró a Téraj. 25 Y vivió Najor, después de engendrar a Téraj, ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas.
26 Téraj tenía setenta años cuando engendró a Abrán, a Najor y a Harán.
Descendencia de Téraj*.
27 Éstos son los descendientes de Téraj:
Téraj engendró a Abrán, a Najor y a Harán. Harán engendró a Lot. 28 Harán murió en vida de su padre Téraj, en su país natal, Ur de los caldeos. 29 Abrán y Najor se casaron. La mujer de Abrán se llamaba Saray, y la mujer de Najor, Milcá, hija de Harán, el padre de Milcá y de Jiscá. 30 Saray era estéril, sin hijos.
31 Téraj tomó a su hijo Abrán, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abrán, y salieron juntos* de Ur de los caldeos, para dirigirse a Canaán. Llegados a Jarán, se establecieron allí*.
32 Téraj vivió doscientos cinco años*, y murió en Jarán.
II. Historia de Abrahán*
Vocación de Abrahán*.
121 *Yahvé dijo a Abrán: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré. 2 De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición.
3 Bendeciré a quienes te bendigan
y maldeciré a quienes te maldigan.
Por ti se bendecirán
todos los linajes de la tierra*.»
4 Marchó, pues, Abrán, como se lo había dicho Yahvé, y con él marchó Lot. Tenía Abrán setenta y cinco años cuando salió de Jarán. 5 Tomó Abrán a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado y el personal que habían adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse a Canaán.
Llegaron a Canaán 6 y Abrán atravesó el país hasta el lugar sagrado de Siquén, hasta la encina de Moré. Por entonces estaban los cananeos en el país. 7 Yahvé se apareció a Abrán y le dijo: «A tu descendencia he de dar esta tierra*.» Entonces él edificó allí un altar a Yahvé que se le había aparecido. 8 De allí pasó a la montaña, al oriente de Betel, y desplegó su tienda, entre Betel al occidente y Ay al oriente. Allí edificó un altar a Yahvé e invocó su nombre. 9 Luego Abrán fue desplazándose por acampadas hacia el Negueb.
Abrahán en Egipto*.
=20; =26 1-11 10 A causa de una hambruna en el país, Abrán bajó a Egipto a pasar allí una temporada, pues el hambre era insoportable en el país*. 11 Estando ya próximo a entrar en Egipto, dijo a su mujer Saray: «Mira, yo sé que eres mujer hermosa. 12 En cuanto te vean los egipcios, dirán: ‘Es su mujer’, y me matarán a mí, pero a ti te dejarán viva. 13 Di, por favor, que eres mi hermana*, para que me vaya bien y pueda vivir gracias a ti.» 14 Efectivamente, cuando Abrán entró en Egipto, se dieron cuenta los egipcios que la mujer era muy hermosa. 15 La vieron los oficiales del faraón, que se la ponderaron, y la mujer fue llevada al palacio del faraón. 16 Éste trató bien gracias a ella a Abrán, que se hizo con ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos. 17 Pero Yahvé castigó al faraón y a su casa con grandes plagas por lo de Saray, la mujer de Abrán. 18 Entonces el faraón llamó a Abrán y le dijo: «¿Qué has hecho commigo? ¿Por qué no me avisaste de que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste que era tu hermana, y yo la tomé por mujer? Ahora, pues, aquí tienes a tu mujer: tómala y vete.» 20 Y el faraón ordenó a unos cuantos hombres que le despidieran con su mujer y todo lo suyo.
Separación de Abrahán y Lot.
131 De Egipto subió Abrán al Negueb, junto con su mujer y todo lo suyo, y acompañado de Lot. 2 Abrán era muy rico en ganado, plata y oro. 3 Caminando de acampada en acampada, se dirigió desde el Negueb hasta Betel, hasta el lugar donde estuvo su tienda entre Betel y Ay, 4 el lugar donde había invocado Abrán el nombre de Yahvé.
5 También Lot, que iba con Abrán, tenía ovejas, vacadas y tiendas. 6 Ya la tierra no les permitía vivir juntos, porque su hacienda se había multiplicado, de modo que no podían vivir juntos. 7 Solía haber riñas entre los pastores de Abrán y los de Lot. (Además los cananeos y los perizitas habitaban por entonces en el país.) 8 Dijo, pues, Abrán a Lot: «Que no haya disputas entre nosotros ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos. 9 Mira, ahí tienes todo el país ante ti. No hace falta que sigas a mi lado. Si tomas por la izquierda, yo iré por la derecha; y si tú por la derecha, yo por la izquierda.»
10 Lot alzó la vista y contempló la vega del Jordán*, toda ella de regadío —era antes de destruir Yahvé Sodoma y Gomorra—, parecida al jardín de Yahvé, como Egipto cuando se llega a Soar*. 11 Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente. Así se apartaron el uno del otro. 12 Abrán se estableció en Canaán y Lot en las ciudades de la vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. 13 Los habitantes de Sodoma eran muy malos y pecadores contra Yahvé*.
14 Dijo Yahvé a Abrán, después que Lot se separó de él: «Alza la vista y mira desde el lugar donde estás hacia el norte, el mediodía, el oriente y el poniente. 15 Pues bien, toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre. 16 Haré tu descendencia como el polvo de la tierra: tal que si alguien puede contar el polvo de la tierra, también podrá contar tu descendencia. 17 Ponte en marcha, recorre el país a lo largo y a lo ancho, porque a ti te lo he de dar.» 18 Y Abrán vino a establecerse con sus tiendas junto a la encina* de Mambré, que está en Hebrón, y edificó allí un altar a Yahvé.
La campaña de los cuatro grandes reyes*.
141 Aconteció en los días de Anrafel, rey de Senaar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elam, y de Tidal, rey de Goin, 2 que éstos hicieron guerra a Berá, rey de Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Admá, a Semeber, rey de Seboín, y al rey de Belá (o sea, Soar)*.
3 Estos últimos se coaligaron en el Valle de Sidín* (esto es, el Mar de la Sal). 4 Doce años habían servido a Quedorlaomer, pero el año trece* se rebelaron. 5 Vinieron, pues, en el año catorce Quedorlaomer y los reyes que estaban por él, y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnáin, a los zuzíes en Ham, a los emitas en la llanura de Quiriatáin, 6 y a los joritas en las montañas de Seír hasta El Parán, que está frente al desierto*. 7 De vuelta, llegaron a En Mispat (o sea, Cades), y batieron todo el territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Jasasón Tamar. 8 Salieron entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Admá, el rey de Seboín y el rey de Belá (esto es, de Soar) y en el Valle de Sidín les presentaron batalla: 9 a Quedorlaomer, rey de Elam, a Tidal, rey de Goin, a Anrafel, rey de Senaar, y a Arioc, rey de Elasar: cuatro reyes contra cinco. 10 El Valle de Sidín estaba lleno de pozos de betún y, cuando huían los reyes de Sodoma y Gomorra, cayeron allí. Los demás huyeron a la montaña. 11 Los vencedores tomaron toda la hacienda de Sodoma y Gomorra con todos sus víveres y se fueron. 12 Apresaron también a Lot, el sobrino de Abrán, y su hacienda, pues él habitaba en Sodoma, y se fueron.
13 Un evadido vino a avisar a Abrán el hebreo, que habitaba junto a la encina de Mambré el amorreo, hermano de Escol y de Aner, aliados a su vez de Abrán. 14 Al oír Abrán que su hermano había sido hecho cautivo, movilizó la tropa de gente nacida en su casa, en número de trescientos dieciocho, y persiguió a aquéllos hasta Dan. 15 Por la noche cayeron él y sus siervos sobre ellos. Los derrotó y los persiguió hasta Jobá, que está al norte de Damasco. 16 Recuperó toda la hacienda, y también a su hermano Lot con su hacienda, así como a las mujeres y a la gente.
Melquisedec.
17 A su regreso después de batir a Quedorlaomer y a los reyes que con él estaban, le salió al encuentro el rey de Sodoma en el Valle de Savé (o sea, el Valle del Rey)*. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem*, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Dios Altísimo, 19 y le bendijo así*:
«¡Bendito sea Abrán del Dios Altísimo,
creador de cielos y tierra,
20 y bendito sea el Dios Altísimo,
que entregó a tus enemigos en tus manos!»
Y Abrán le dio el diezmo de todo.
21 Dijo luego el rey de Sodoma a Abrán: «Dame las personas y quédate con la hacienda.» 22 Pero Abrán dijo al rey de Sodoma: «Alzo mi mano ante el Dios Altísimo*, creador de cielos y tierra: 23 ni un hilo, ni la correa de un zapato, ni nada de lo tuyo tomaré. Así no dirás que me has enriquecido. 24 Nada en absoluto, salvo lo que han comido los mozos y la parte de los hombres que fueron conmigo: Aner, Escol y Mambré. Ellos que tomen su parte.»
Las promesas divinas y la alianza*.
12 2.7;13 14-17; =17 151 Después de estos sucesos, Yahvé dirigió la palabra a Abrán en visión, en estos términos:
«No temas, Abrán. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande.»
2 Contestó Abrán: «Mi Señor, Yahvé, ¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos…?*.» 3 Continuó Abrán: «No me has dado descendencia, hasta el punto de que un criado de mi casa me va a heredar.» 4 Pero Yahvé le respondió: «No te heredará ése, sino uno que saldrá de tus entrañas.» 5 Y sacándole afuera, le dijo: «Mira al cielo; cuenta las estrellas, si puedes.» Después le dijo: «Así será tu descendencia.» 6 Y creyó Abrán en Yahvé, que se lo reputó por justicia*.
7 Luego le dijo: «Yo soy Yahvé, que te saqué de Ur de los caldeos para darte esta tierra en propiedad.» 8 Él respondió: «Mi Señor, Yahvé, ¿en qué conoceré que ha de ser mía?» 9 Le contestó: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.» 10 Tomó él todas estas cosas y, partiéndolas por el medio, puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió. 11 Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero Abrán las espantó.
12 Cuando estaba ya el sol para ponerse, cayó sobre Abrán un sopor y de pronto le invadió un gran sobresalto*. 13 Yahvé dijo a Abrán: «Has de saber que tus descendientes serán forasteros en tierra extraña. Los esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años. 14 Pero yo a mi vez juzgaré a la nación a quien sirvan; y luego saldrán con gran hacienda. 15 Tú, en tanto, irás en paz con tus padres, serás sepultado en buena ancianidad. 16 Y a la cuarta generación volverán ellos acá; porque hasta entonces no se habrá colmado la maldad de los amorreos*.»
17 Puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos*. 18 Aquel día hizo Yahvé una alianza con Abrán en estos términos:
«Voy a dar a tu descendencia esta tierra, desde el río de Egipto hasta el Río Grande, el río Éufrates: 19 los quenitas, quenizitas, cadmonitas, 20 hititas, perizitas, refaítas, 21 amorreos, cananeos, guirgaseos y jebuseos*.»
Nacimiento de Ismael*.
161 Saray, mujer de Abrán, no le daba hijos. Tenía a la sazón una esclava egipcia, que se llamaba Agar. 2 Dijo Saray a Abrán: «Mira, Yahvé me ha hecho estéril. Llégate, pues, te ruego, a mi esclava. Quizá podré tener hijos de ella*.» Abrán escuchó el consejo de Saray.
3 Así, al cabo de diez años de habitar Abrán en Canaán, tomó Saray, la mujer de Abrán, a su esclava Agar la egipcia y se la dio por mujer a su marido Abrán. 4 Se llegó, pues, él a Agar, que concibió. Pero luego, al verse ella encinta, miraba a su señora con desprecio. 5 Dijo entonces Saray a Abrán: «Mi agravio recaiga sobre ti. Yo puse mi esclava en tu seno, pero, al verse ella encinta, me mira con desprecio. Juzgue Yahvé entre nosotros dos.» 6 Respondió Abrán a Saray: «Ahí tienes a tu esclava a tu disposición. Haz con ella como mejor te parezca.» Saray dio en maltratarla y ella huyó de su presencia.
7 La encontró el Ángel de Yahvé* junto a una fuente que manaba en el desierto —la fuente que hay en el camino de Sur— 8 y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?» Contestó ella: «Voy huyendo de mi señora Saray.» 9 «Vuelve a tu señora, le dijo el Ángel de Yahvé, y sométete a ella.» 10 Y añadió el Ángel de Yahvé: «Multiplicaré de tal modo tu descendencia, que por su gran multitud no podrá contarse.» 11 Prosiguió el Ángel de Yahvé:
Sábete que has concebido y que darás
a luz un hijo,
al que llamarás Ismael,
porque Yahvé ha oído* tu aflicción.
12 Será un onagro humano.
Su mano contra todos,
y la mano de todos contra él;
y enfrente de todos sus hermanos
plantará su tienda*.»
13 Dio Agar a Yahvé, que le había hablado, el nombre de «Tú eres El Roí», pues dijo: «¿Será que he llegado a ver aquí las espaldas de aquel que me ve*?» 14 Por eso se llamó aquel pozo «Pozo de Lajay Roí». Está entre Cades y Béred.
15 Agar dio a luz un hijo a Abrán, y éste llamó Ismael al hijo que Agar le había dado. 16 Tenía Abrán ochenta y seis años cuando Agar le dio su hijo Ismael.
La alianza y la circuncisión*.
=15. 171 Cuando Abrán tenía noventa y nueve años, se le apareció Yahvé y le dijo:
«Yo soy El Sadday*, anda en mi presencia y sé perfecto. 2 Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te multiplicaré sobremanera.»
3 Cayó Abrán rostro en tierra, y Dios le habló así: 4 «Por mi parte ésta es mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos. 5 No te llamarás más Abrán, sino que tu nombre será Abrahán*, pues te he constituido padre de muchedumbre de pueblos. 6 Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. 7 Estableceré mi alianza entre nosotros dos, y también con tu descendencia, de generación en generación: una alianza eterna, de ser yo tu Dios y el de tu posteridad. 8 Te daré a ti y a tu posteridad la tierra en la que andas como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua, y yo seré el Dios de los tuyos.»
9 Dijo Dios a Abrahán: «Guarda, pues, mi alianza, tú y tu posteridad, de generación en generación. 10 Ésta es mi alianza que habéis de guardar entre yo y vosotros —también tu posteridad—: todos vuestros varones serán circuncidados*. 11 Os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros. 12 A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación, tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier extraño que no sea de tu raza. 13 Deben ser circuncidados el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero, de modo que mi alianza esté en vuestra carne como alianza eterna. 14 El incircunciso, el varón a quien no se le circuncide la carne de su prepucio, será borrado de entre los suyos por haber violado mi alianza.
15 Dijo también Dios a Abrahán: «A Saray, tu mujer, ya no la llamarás Saray, sino que su nombre será Sara*. 16 Yo la bendeciré, y de ella también te daré un hijo. La bendeciré y se convertirá en naciones; reyes de pueblos procederán de ella.» 17 Abrahán cayó rostro en tierra y se echó a reír*, diciendo para sí: «¿A un hombre de cien años va a nacerle un hijo?; ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?» 18 Dijo Abrahán a Dios: «¡Si al menos Ismael viviera en tu presencia!» 19 Respondió Dios: «Sí, pero Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Isaac*. Yo estableceré mi alianza con él, una alianza eterna, de ser el Dios suyo y el de su posteridad*. 20 En cuanto a Ismael, también te he escuchado: Voy a bendecirlo, lo haré fecundo y lo haré crecer sobremanera. Doce príncipes engendrará, y haré de él un gran pueblo. 21 Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el que Sara te dará a luz el año que viene por este tiempo.» 22 Y después de hablar con él, subió Dios dejando a Abrahán.
23 Tomó entonces Abrahán a su hijo Ismael, a todos los nacidos en su casa y a todos los comprados con su dinero —a todos los varones de la casa de Abrahán— y aquel mismo día les circuncidó la carne del prepucio, como Dios le había mandado. 24 Tenía Abrahán noventa y nueve años cuando circuncidó la carne de su prepucio. 25 Ismael, su hijo, tenía trece años cuando se le circuncidó la carne de su prepucio. 26 El mismo día fueron circuncidados Abrahán y su hijo Ismael. 27 Y todos los varones de su casa, los nacidos en su casa y los comprados a extraños por dinero, fueron circuncidados juntamente con él.
La teofanía de Mambré*.
181 Se le apareció Yahvé en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su tienda en lo más caluroso del día. 2 Alzó la mirada y vio que había tres individuos parados a su vera. Inmediatamente acudió desde la puerta de la tienda a recibirlos, se postró en tierra* 3 y dijo: «Señor mío, si te he caído en gracia, no pases de largo cerca de tu servidor. 4 Que traigan un poco de agua, os laváis los pies y os recostáis bajo este árbol. 5 Yo iré a traer un bocado de pan; así repondréis las fuerzas. Luego ya seguiréis vuestro camino, que para eso habéis acertado a pasar a la vera de este servidor vuestro.» Respondieron ellos: «Hazlo como has dicho.»
6 Abrahán se dirigió presuroso a la tienda, adonde Sara, y le dijo: «Apresta tres arrobas de harina de sémola, amásalas y haz unas tortas.» 7 Abrahán, por su parte, acudió a la vacada, apartó un becerro tierno y hermoso y se lo entregó al mozo, que se apresuró a aderezarlo. 8 Luego tomó cuajada y leche, junto con el becerro que había aderezado, y se lo presentó, manteniéndose en pie delante de ellos bajo el árbol. Así que hubieron comido, 9 le dijeron: «¿Dónde está tu mujer Sara?» —«Ahí, en la tienda», contestó. 10 Dijo entonces aquél: «Volveré sin falta a ti pasado el tiempo de un embarazo, y para entonces tu mujer Sara tendrá un hijo.» Sara lo estaba oyendo a la entrada de la tienda, a sus espaldas. 11 Abrahán y Sara eran viejos, entrados en años, y a Sara se le había retirado la regla de las mujeres. 12 Así que Sara rió para sus adentros* y pensó: «Ahora que estoy pasada, ¿sentiré el placer, y además con mi marido ya viejo?».
13 Dijo Yahvé a Abrahán: «¿Por qué se ha reído Sara, pensando que ahora de vieja no puede parir? 14 ¿Hay algo difícil para Yahvé? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo.» 15 Sara negó: «No me he reído» (y es que tuvo miedo). Pero aquél dijo: «No digas eso, que sí te has reído.»
Intercesión de Abrahán.
16 Partieron de allí aquellos hombres en dirección a Sodoma, y Abrahán los acompañó para despedirlos. 17 Dijo entonces Yahvé: «¿Cómo voy a ocultar a Abrahán lo que voy a hacer, 18 siendo así que Abrahán ha de ser un pueblo grande y poderoso, y que gracias a él serán benditos los pueblos todos de la tierra? 19 Porque yo le conozco y sé que mandará a sus hijos y a su descendencia que guarden el camino de Yahvé, practicando la justicia y el derecho, de modo que pueda concederle Yahvé a Abrahán lo que le tiene apalabrado.» 20 Dijo, pues, Yahvé: «El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. 21 Así que voy a bajar personalmente, a ver si lo que han hecho responde en todo* al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo.»
22 Partieron de allí aquellos individuos* camino de Sodoma, en tanto que Abrahán permanecía parado delante de Yahvé.
23 Abrahán le abordó y le dijo: «¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? 24 Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Vas a borrarlos sin perdonar a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro*? 25 Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, y que corran los dos la misma suerte. Tú no puedes. ¿Va a fallar una injusticia el juez de toda la tierra*?» 26 Replicó Yahvé: «Si encuentro en la ciudad de Sodoma a cincuenta justos perdonaré a todo el lugar por amor de aquéllos.» 27 Replicó Abrahán: «¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! 28 Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿Destruirías por los cinco a toda la ciudad?» Replicó: «No la destruiré, si encuentro allí a cuarenta y cinco.» 29 Insistió todavía: «Supón que se encuentran allí cuarenta.» Respondió: «Tampoco lo haría, en atención de esos cuarenta.» 30 Insistió: «No se enfade mi Señor si le digo que tal vez se encuentren allí treinta.» Respondió: «No lo haré si encuentro allí a esos treinta.» 31 Volvió a decirle: «¡Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor! ¿Y si se hallaran allí veinte?» 32 Respondió: «Tampoco los destruiría en atención a los veinte.» Insistió: «Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: ¿Y si se encuentran allí diez?» Replicó: «Tampoco los destruiría, en atención a los diez.»
33 Partió Yahvé así que hubo acabado de conversar con Abrahán, y éste se volvió a su lugar*.
Destrucción de Sodoma y Gomorra*.
191 Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Al verlos, Lot se levantó a su encuentro y, postrándose rostro en tierra, 2 dijo: «Os ruego, señores, que vengáis a la casa de este servidor vuestro. Hacéis noche, os laváis los pies y de madrugada seguiréis vuestro camino.» Ellos contestaron: «No; haremos noche en la plaza.» 3 Pero tanto porfió con ellos, que al fin se hospedaron en su casa. Él les preparó una comida cociendo unos panes cenceños y comieron.
4 No bien se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa, desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo sin excepción. 5 Llamaron a voces a Lot y le dijeron: «¿Dónde están los hombres que han venido adonde ti esta noche? Sácalos, para que abusemos de ellos*.»
6 Lot salió donde ellos a la entrada, cerró la puerta detrás de sí, 7 y dijo: «Por favor, hermanos, no hagáis esta maldad. 8 Mirad, aquí tengo dos hijas que aún no han conocido varón. Os las sacaré y haced con ellas como bien os parezca*; pero a estos hombres no les hagáis nada, que para eso han venido al amparo de mi techo.» 9 Pero ellos respondieron: «¡Quita allá! Uno que ha venido a avecindarse, ¿va a meterse a juez? Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.» Y forcejearon con él, con Lot, de tal modo que estaban a punto de romper la puerta. 10 Pero los hombres alargaron las manos, tiraron de Lot hacia sí, adentro de la casa, cerraron la puerta, 11 y a los hombres que estaban a la entrada de la casa los dejaron deslumbrados, desde el chico hasta el grande, y mal se vieron para encontrar la puerta.
12 Los hombres dijeron a Lot: «¿A quién más tienes aquí? Saca de este lugar a tus hijos e hijas y a quienquiera que tengas en la ciudad, 13 porque vamos a destruir este lugar, que es grave la queja que contra ellos ha llegado a Yahvé, y Yahvé nos ha enviado a destruirlos.» 14 Salió Lot y habló con sus yernos, los prometidos de sus hijas: «Levantaos —dijo—; salid de este lugar, porque Yahvé va a destruir la ciudad.» Pero sus yernos le tomaron a broma.
15 Al rayar el alba, los ángeles apremiaron a Lot diciendo: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se encuentran aquí, no vayas a ser barrido por culpa de la ciudad.» 16 Y como él remoloneaba, los hombres le asieron de la mano lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas por compasión de Yahvé hacia él, y, sacándolo, lo dejaron fuera de la ciudad.
17 Mientras los sacaban afuera, dijo uno: «¡Escápate, por vida tuya! No mires atrás ni te pares en toda la redonda. Escapa al monte, no vayas a ser barrido.» 18 Lot les dijo: «No, por favor, Señor mío. 19 Ya que este servidor tuyo te ha caído en gracia (pues me has hecho el gran favor de dejarme con vida), date cuenta que no puedo escaparme al monte sin riesgo de que me alcance el daño y la muerte. 20 Ahí cerquita está esa ciudad a donde huir. Es una pequeñez. ¡Mira, voy a escaparme allá —¿verdad que es una pequeñez?— y quedaré con vida!» 21 Le respondió: «Bien, te concedo también eso de no arrasar la ciudad que has dicho. 22 Listo, escápate allá, porque no puedo hacer nada hasta que no entres allí.» Por eso se llamó aquella ciudad Soar*.
23 El sol asomaba sobre el horizonte cuando Lot entraba en Soar. 24 Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte de Yahvé. 25 Y arrasó aquellas ciudades y toda la redonda con todos los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo*. 26 Su mujer miró hacia atrás y se convirtió en poste de sal*.
27 Abrahán se levantó de madrugada y fue al lugar donde había estado conversando con Yahvé. 28 Dirigió la vista en dirección de Sodoma y Gomorra y de toda la región de la redonda, y, al fijarse, vio que subía de la tierra una humareda como la de una fogata.
29 Así pues, cuando Dios destruyó las ciudades de la redonda, se acordó de Abrahán y puso a Lot a salvo de la catástrofe, cuando arrasó las ciudades en que Lot habitaba*.
Origen de los moabitas y amonitas*.
30 Subió Lot desde Soar y se quedó a vivir en el monte con sus dos hijas, pues temía vivir en Soar. Él y sus dos hijas se instalaron en una cueva.
31 La mayor dijo a la menor: «Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se una a nosotras, como se hace en todo el mundo. 32 Ven, vamos a darle vino a nuestro padre, nos acostaremos con él y así tendremos descendencia.» 33 En efecto, aquella misma noche dieron vino a su padre; entró la mayor y se acostó con su padre, sin que él se enterase de cuándo se acostó ni cuándo se levantó. 34 Al día siguiente dijo la mayor a la menor: «Mira, yo me he acostado anoche con mi padre. Vamos a darle vino también esta noche, y entras tú a acoinicioe con él, y así tendremos descendencia de nuestro padre.» 35 Dieron, pues, también aquella noche vino a su padre, y la menor se acostó con él, sin que él se enterase de cuándo se acostó ni cuándo se levantó. 36 Las dos hijas de Lot quedaron encintas de su padre. 37 La mayor dio a luz un hijo, a quien llamó Moab: es el padre de los actuales moabitas. 38 La menor también dio a luz un hijo, a quien llamó Ben Amí: es el padre de los actuales amonitas*.
Abrahán en Guerar*.
=12 10-20; =26 1-11 201 Abrahán se trasladó de allí al país del Negueb y se estableció entre Cades y Sur. Una vez avecindado en Guerar, 2 solía decir Abrahán de su mujer Sara: «Es mi hermana.» Entonces el rey de Guerar, Abimélec, envió por Sara y la tomó. 3 Pero vino Dios a Abimélec en un sueño nocturno y le dijo: «Date por muerto, pues esa mujer que has tomado está casada.» 4 Abimélec, que no se había acercado a ella, dijo: «Señor, ¿es que asesinas a la gente aunque sea honrada? 5 ¿No me dijo él que ella era su hermana, y ella que él era su hermano? Con corazón íntegro y con manos limpias he procedido.» 6 Le dijo Dios en el sueño: «También yo sé que has procedido con corazón íntegro, como que yo mismo te he estorbado de faltar contra mí. Por eso no te he dejado tocarla. 7 Pero ahora devuelve la mujer a ese hombre, porque es un profeta*; él rogará por ti para que vivas. Pero si no la devuelves, sábete que morirás sin remedio, tú y todos los tuyos*.»
8 Abimélec se levantó de mañana, llamó a todos sus siervos y les refirió todas estas cosas; los hombres se asustaron mucho. 9 Luego llamó Abimélec a Abrahán y le dijo: «¿Qué has hecho con nosotros, o en qué te he faltado, para que trajeras sobre mí y mi reino una falta tan grande? Lo que has hecho conmigo no se hace.» 10 Y añadió Abimélec a Abrahán: «¿Qué te ha movido a hacer esto?» 11 Contestó Abrahán: «Es que pensé que seguramente no habría temor de Dios en este lugar y que me asesinarían por mi mujer. 12 Pero es que, además, es cierto que es hermana mía. Es hija de mi padre, aunque no de mi madre; y acabó siendo mi mujer. 13 Y desde que Dios me hizo vagar lejos de mi familia, le dije que me hiciera el favor de decir, allá donde fuéramos, que yo era su hermano.»
14 Tomó Abimélec ovejas y vacas, siervos y esclavas, y se los dio a Abrahán. También le devolvió a su mujer Sara. 15 Después dijo Abimélec: «Ahí tienes mi país por delante: quédate donde se te antoje.» 16 A Sara le dijo: «Mira, he dado a tu hermano mil monedas de plata, que serán para ti y para los que están contigo como venda en los ojos, y de todo esto serás justificada*.» 17 Abrahán intercedió ante Dios, que curó a Abimélec, a su mujer y a sus concubinas, que volvieron a tener hijos*. 18 (Yahvé había cerrado absolutamente toda matriz de la familia de Abimélec, por lo de Sara, mujer de Abrahán.)
Nacimiento de Isaac*.
211 Yahvé visitó a Sara, como había dicho, e hizo por ella lo que había prometido. 2 Concibió Sara y dio a Abrahán un hijo en su vejez, en el plazo predicho por Dios. 3 Abrahán puso el nombre de Isaac al hijo que le había nacido de Sara. 4 Abrahán circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días, como se lo había mandado Dios. 5 Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. 6 Dijo Sara: «Dios me ha dado de qué reír; todo el que lo oiga reirá conmigo*.» 7 Y añadió:
«¿Quién le habría dicho a Abrahán
que Sara amamantaría hijos?;
pues bien, yo le he dado
un hijo en su vejez.»
Expulsión de Agar e Ismael*.
8 Creció el niño y fue destetado. Abrahán hizo un gran banquete el día que destetaron a Isaac. 9 Cuando vio Sara al hijo que Agar la egipcia había dado a Abrahán jugando* con su hijo Isaac, 10 dijo a Abrahán: «Despide a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada juntamente con mi hijo, con Isaac.» 11 Abrahán lo sintió muchísimo, por tratarse de su hijo, 12 pero Dios dijo a Abrahán: «No lo sientas ni por el chico ni por tu criada. Haz caso a Sara en todo lo que te dice, pues, aunque en virtud de Isaac llevará tu nombre una descendencia, 13 también del hijo de la criada haré una gran nación, por ser descendiente tuyo.» 14 Abrahán se levantó de mañana, tomó pan y un odre de agua y se lo dio a Agar; le puso al hombro el niño y la despidió.
Ella se fue y anduvo errante por el desierto de Berseba. 15 Como llegase a faltar el agua del odre, echó al niño bajo una mata 16 y ella misma fue a sentarse enfrente, a distancia como de un tiro de arco, pues no quería ver morir al niño. Sentada, pues, enfrente, se puso a llorar a gritos.
17 Oyó Dios la voz del chico. El Ángel de Dios llamó a Agar desde los cielos y le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído* la voz del chico en donde está. 18 ¡Arriba!, levanta al chico y tenle de la mano, porque he de convertirle en una gran nación.» 19 Entonces abrió Dios los ojos de Agar y vio un pozo de agua. Fue, llenó el odre de agua y dio de beber al chico.
20 Dios asistió al chico, que se hizo mayor y habitó en el desierto. Llegó a ser un gran arquero. 21 Vivía en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer del país de Egipto.
Abrahán y Abimélec en Berseba*.
=26 15-33 22 Por aquel tiempo Abimélec, junto con Picol, capitán de su tropa, dijo a Abrahán: «Dios está contigo en todo lo que haces. 23 Ahora, pues, júrame por Dios aquí mismo sin mentir, y tanto a mí como a mis hijos y mis nietos, que la misma benevolencia que he mostrado contigo, la tendrás tú conmigo y con el país donde te hemos recibido como huésped.» 24 Abrahán dijo: «Lo juro».
25 Entonces Abrahán se quejó a Abimélec con motivo de un pozo que habían usurpado los súbditos de Abimélec. 26 Dijo éste: «No sé quién ha hecho eso. Ni tú me lo habías notificado, ni yo había oído nada hasta hoy.» 27 Abrahán tomó unas ovejas y vacas, se las dio a Abimélec e hicieron los dos un pacto. 28 Abrahán puso siete corderas aparte. 29 Dijo Abimélec a Abrahán: «¿Para qué son esas siete corderas que has apartado?» 30 Contestó: «Estas siete corderas las vas a aceptar de mi mano, para que me sirvan de testimonio de que yo he excavado este pozo.» 31 Por eso se llamó a aquel lugar Berseba, porque allí juraron ambos.
32 Hicieron, pues, el pacto en Berseba; luego, levantándose Abimélec y Picol, capitán de su tropa, se volvieron al país de los filisteos. 33 Abrahán plantó un tamarisco en Berseba e invocó allí el nombre de Yahvé, Dios eterno. Abrahán estuvo residiendo en el país de los filisteos muchos años.
Sacrificio de Abrahán*.
221 Transcurridos estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: «¡Abrahán, Abrahán!*» Él respondió: «Aquí estoy.» 2 Después añadió: «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria* y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga.»
3 Abrahán se levantó de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. 4 Al tercer día levantó Abrahán los ojos y vio el lugar desde lejos. 5 Entonces dijo Abrahán a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde vosotros.»
6 Tomó Abrahán la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y se fueron los dos juntos. 7 Dijo Isaac a su padre Abrahán: «¡Padre!» Respondió: «¿Qué hay, hijo?» —«Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?» 8 Dijo Abrahán: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y siguieron andando los dos juntos.
9 Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abrahán el altar y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y lo puso sobre el ara, encima de la leña. 10 Alargó Abrahán la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.
11 Entonces le llamó el Ángel de Yahvé desde el cielo: «¡Abrahán, Abrahán!» Él dijo: «Aquí estoy.» 12 Continuó el Ángel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu único hijo.»
13 Alzó Abrahán la vista y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abrahán, tomó el carnero y lo sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abrahán llamó a aquel lugar «Yahvé provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte ‘Yahvé se aparece*’.»
15 El Ángel de Yahvé llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo 16 y le dijo: «Por mí mismo juro, oráculo de Yahvé, que por haber hecho esto, por no haberme negado a tu único hijo, 17 yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia, como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta* de sus enemigos. 18 Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tú mi voz.»
19 Volvió Abrahán al lado de sus mozos y emprendieron la marcha juntos hacia Berseba. Abrahán se quedó en Berseba.
Descendencia de Najor*.
20 Transcurridos estos acontecimientos, anunciaron a Abrahán: «También Milcá ha dado hijos a tu hermano Najor: 21 Us, su primogénito; Buz, hermano del anterior, y Quemel, padre de Aram, 22 Quésed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel.» 23 (Betuel engendró a Rebeca.) Estos ocho le dio Milcá a Najor, hermano de Abrahán. 24 Su concubina, llamada Reumá, también dio a luz a Tébaj, Gaján, Tajas y Maacá.
La tumba de los Patriarcas*.
231 Sara vivió ciento veintisiete años. 2 Murió Sara en Quiriat Arbá —que es Hebrón—, en el país de Canaán. Abrahán hizo duelo por Sara y la lloró.
3 Dejó después Abrahán a su difunta esposa y fue a hablar con los hijos de Het. Les dijo: 4 «Yo soy un simple forastero que reside entre vosotros. Dadme una propiedad sepulcral en vuestro territorio, para poder sepultar a mi difunta cerca de mí.» 5 Respondieron los hijos de Het a Abrahán: 6 «Escúchanos, señor. Tú eres un prestigioso jeque entre nosotros, así que sepulta a tu difunta en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que entierres a tu difunta.»
7 Abrahán se levantó e hizo una reverencia a los paisanos, a los hijos de Het, 8 y les habló en estos términos: «Si estáis de acuerdo en que yo sepulte a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón, hijo de Sójar, 9 para que me dé la cueva de Macpelá, que es suya y que está al borde de su finca. Que me la dé por lo que valga como propiedad sepulcral entre vosotros.» 10 Efrón estaba sentado entre los hijos de Het. Respondió, pues, Efrón el hitita a Abrahán, teniendo como testigos a los hijos de Het y a todos los que entraban por la puerta de la ciudad: 11 «No, señor, escúchame: te doy la finca y además la cueva que hay en ella. Te la doy en presencia de mis paisanos; sepulta a tu difunta.»
12 Abrahán hizo una reverencia a los notables, 13 que hacían de testigos, y se dirigió a Efrón con estas palabras: «Aunque venga de ti, quiero que me escuches. Te doy el precio de la finca; acéptamelo y enterraré allí a mi difunta.» 14 Respondió Efrón a Abrahán: 15 «Señor mío, escúchame: Cuatrocientos siclos de plata por un terreno, ¿qué nos suponen a ti y a mí? Sepulta a tu difunta.» 16 Abrahán accedió y pesó a Efrón la plata que éste había pedido, teniendo como testigos a los hijos de Het: cuatrocientos siclos de plata corriente de mercader.
17 Así fue como la finca de Efrón que está en Macpelá, frente a Mambré, junto con la cueva que hay en ella y todos los árboles que rodean la finca por todos sus lindes, pasó a ser 18 propiedad de Abrahán. Actuaron como testigos los hijos de Het y todos los que entraban por la puerta de la ciudad. 19 Después Abrahán sepultó a su mujer Sara en la cueva del campo de Macpelá, frente a Mambré (o sea, Hebrón), en Canaán. 20 Así fue como aquel campo y la cueva que hay en él llegaron a ser de Abrahán como propiedad sepulcral, recibida de los hijos de Het.
Casamiento de Isaac*.
241 Abrahán era ya mayor, entrado en años, y Yahvé le había bendecido en todo. 2 Abrahán dijo al siervo más viejo de su casa y mayordomo de todas sus cosas: «Ven, pon tu mano debajo de mi muslo*, 3 que voy a tomarte juramento por Yahvé, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos con los que vivo, 4 sino que irás a mi tierra y a mi patria a tomar mujer para mi hijo Isaac.» 5 El siervo respondió: «Tal vez no quiera la mujer seguirme a este país. ¿Debo en tal caso volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?» 6 Contestó Abrahán: «Guárdate de llevar allá a mi hijo. 7 Yahvé, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que me tomó de mi casa paterna y de mi patria, y que me prometió bajo juramento que daría esta tierra a mi descendencia, enviará a su Ángel delante de ti. De allí tomarás mujer para mi hijo. 8 Si la mujer no quisiera seguirte, no responderás de este juramento que te tomo. En todo caso, no lleves allá a mi hijo.» 9 El siervo puso su mano debajo del muslo de su señor Abrahán y le prestó juramento según lo hablado.
10 Tomó el siervo diez camellos de su señor y algo de los mejores productos de su señor y se puso en marcha hacia Aram Naharáin*, hacia la ciudad de Najor. 11 Hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad junto al pozo, al atardecer, a la hora en que salen las aguadoras. 12 Dijo: «Yahvé, Dios de mi señor Abrahán: dame suerte hoy y muéstrate fiel con mi señor Abrahán. 13 Voy a quedarme parado junto a la fuente, mientras las muchachas del pueblo salen a sacar agua. 14 Ahora bien, si digo a una muchacha que incline, por favor, su cántaro para que yo beba, y ella me responde: ‘Bebe, que también voy a abrevar tus camellos’, que sea ésa la que tienes designada para tu siervo Isaac. Y así conoceré que te muestras fiel con mi señor.»
15 Apenas había acabado de hablar, cuando apareció Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milcá, la mujer de Najor, hermano de Abrahán, con su cántaro al hombro. 16 La joven era de muy buen ver, virgen, que no había conocido varón. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y subió. 17 El siervo corrió a su encuentro y le dijo: «Dame un poco de agua de tu cántaro.» 18 «Bebe, señor», dijo ella; y, bajando en seguida el cántaro sobre su brazo, le dio de beber. 19 Cuando acabó de darle, añadió: «También para tus camellos voy a sacar, hasta que se hayan saciado.» 20 Vació rápidamente su cántaro en el abrevadero y, corriendo otra vez al pozo, sacó agua para todos los camellos. 21 El hombre la contemplaba callado, para saber si Yahvé había dado éxito o no a su misión.
22 En cuanto los camellos acabaron de beber, tomó el hombre un anillo de oro de medio siclo de peso y lo colocó en la nariz* de la joven, y luego puso en sus brazos un par de brazaletes de diez siclos de oro. 23 Después le dijo: «¿De quién eres hija? Dime: ¿hay en casa de tu padre sitio para hacer noche?» 24 Ella le dijo: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor.» 25 Y agregó: «También tenemos paja y forraje en abundancia, y sitio para pasar la noche.» 26 Entonces se postró el hombre y adoró a Yahvé 27 diciendo: «Bendito sea Yahvé, el Dios de mi señor Abrahán, que no ha retirado su favor y su lealtad* para con mi señor. Yahvé me ha traído a parar a casa del hermano de mi señor.»
28 La joven corrió a anunciar a casa de su madre todas estas cosas. 29 Tenía Rebeca un hermano llamado Labán. Éste corrió donde el hombre, afuera, a la fuente. 30 En efecto, en cuanto vio el anillo y los brazaletes en los brazos de su hermana Rebeca y le oyó contar lo que aquel hombre le había dicho, se llegó adonde él. Lo encontró todavía junto a los camellos, cerca de la fuente. 31 Le dijo: «Ven, bendito de Yahvé. ¿Por qué te quedas parado fuera, si yo he desocupado la casa y he hecho sitio para los camellos?» 32 El hombre entró en la casa; Labán desaparejó los camellos y les dio paja y forraje. A continuación ofreció al hombre y a sus acompañantes agua para lavarse los pies.
33 Después les sirvió de comer. Pero el otro dijo: «No comeré hasta no haber dicho lo que tengo que decir.» A lo que respondió Labán: «Habla.» 34 «Yo soy —dijo— siervo de Abrahán. 35 Yahvé ha bendecido con largueza a mi señor, que se ha hecho rico, pues le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y esclavas, camellos y asnos. 36 Sara, la mujer de mi señor, envejecida ya*, dio a luz un hijo a mi señor, que le ha cedido todo cuanto posee. 37 En cuanto a mí, mi señor me ha tomado juramento en estos términos: ‘No tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos en cuyo país resido. 38 ¡Vete a la familia de mi padre y a mi parentela a tomar mujer para mi hijo!’ 39 Yo contesté a mi señor: ‘¿Y si no me sigue la mujer?’ 40 A lo que él respondió: ‘Yahvé, en cuya presencia he andado, enviará su Ángel contigo y dará éxito a tu viaje, y así tomarás mujer para mi hijo de mi parentela y de mi familia. 41 Sólo te consideraré incocente si, cuando vayas donde mi parentela, no te la dan. Quedarás libre de mi maldición.’ 42 Pues bien, al llegar hoy a la fuente me dije: ‘Yahvé, Dios de mi señor Abrahán, si piensas dar éxito al viaje que he emprendido, 43 voy a quedarme parado junto a la fuente. Si le digo a la muchacha que salga a sacar agua, que me dé de beber un poco de agua de su cántaro, 44 y ella me responde: Bebe tú, que voy a sacar también para tus camellos, que sea ésa la mujer que Yahvé tiene destinada para el hijo de mi señor.’ 45 Apenas había acabado de hablar conmigo mismo, cuando aparece Rebeca con su cántaro al hombro; bajó a la fuente y sacó agua. Yo le dije que me diera de beber. 46 En seguida bajó su cántaro del hombro y me dijo: ‘Bebe, que también voy a abrevar tus camellos.’ Bebí, pues, y ella abrevó también los camellos. 47 Yo le pregunté: ‘¿De quién eres hija?’ Me respondió: ‘Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor.’ Entonces puse el anillo en su nariz y los brazaletes en sus brazos. 48 Después, postrado, adoré y bendije a Yahvé, el Dios de mi señor Abrahán, que me había puesto en el buen camino para tomar a la hija del hermano de mi señor para su hijo. 49 Ahora, pues, decidme si estáis dispuestos a usar de favor y lealtad para con mi señor. Si no, decídmelo también, para tomar una u otra decisión.»
50 Respondieron Labán y Betuel: «Este asunto es cosa de Yahvé. Nosotros no podemos decirte que está mal o que está bien. 51 Ahí tienes a Rebeca: tómala y vete. Que sea ella mujer del hijo de tu señor, como ha decidido Yahvé.» 52 Cuando el siervo de Abrahán oyó lo que decían, se postró rostro en tierra adorando a Yahvé. 53 Acto seguido sacó el siervo objetos de plata y oro y vestidos, y se los dio a Rebeca. También hizo regalos a su hermano y a su madre.
54 Luego, él y los hombres que lo acompañaban comieron y bebieron, y pasaron la noche. Al levantarse por la mañana, dijo él: «Permitidme que marche donde mi señor.» 55 El hermano y la madre de Rebeca respondieron: «Que se quede la chica con nosotros unos días, por ejemplo diez. Luego se irá.» 56 Mas él les contestó: «No hagáis que me retrase. Puesto que Yahvé ha dado éxito a mi viaje, dejadme salir para que vuelva donde mi señor.» 57 Ellos contestaron: «Llamemos a la joven y preguntémosle su opinión.» 58 Llamaron, pues, a Rebeca y le preguntaron: «¿Qué?, ¿te vas con este hombre?» «Me voy», contestó ella. 59 Entonces despidieron a su hermana Rebeca, a su nodriza, al siervo de Abrahán y a sus hombres. 60 Bendijeron a Rebeca con estas palabras:
«¡Oh hermana nuestra,
que llegues a convertirte
en millares de miriadas,
y conquiste tu descendencia
la puerta de sus enemigos!»
61 Rebeca se puso en marcha con sus doncellas: montaron en los camellos y siguieron al hombre. El siervo tomó a Rebeca y se fue.
62 Entretanto, Isaac había venido del pozo de Lajay Roí, pues habitaba en el país del Negueb. 63 Una tarde había salido Isaac de paseo* por el campo, cuando, al alzar la vista, vio que venían unos camellos. 64 Rebeca a su vez levantó la mirada y, al ver a Isaac, se apeó del camello. 65 Luego dijo al siervo: «¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro?» Dijo el siervo: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió.
66 El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho. 67 Isaac introdujo a Rebeca en la tienda y la tomó por esposa. Isaac la amó, y así se consoló por la pérdida de su madre.
La descendencia de Queturá*.
|| 1 Cro 1 32-33. 251 Abrahán tomó otra mujer, llamada Queturá, 2 que le dio a Zimrán, Yocsán, Medán, Madián, Yisbac y Súaj. —3 Yocsán engendró a Seba y a Dedán. Hijos de Dedán fueron los asuritas, los letusíes y los leumíes.— 4 Hijos de Madián: Efá, Éfer, Henoc, Abidá y Eldaá. Todos éstos fueron descendientes de Queturá.
5 Abrahán dio todo cuanto tenía a Isaac. 6 A los hijos de las concubinas que tenía Abrahán les hizo donaciones y, viviendo aún él, los separó de Isaac, enviándolos hacia levante, al país de Oriente.
Muerte de Abrahán.
7 Abrahán vivió ciento setenta y cinco años. 8 Abrahán murió, pues, en buena ancianidad, viejo y lleno de días, y fue a juntarse con su gente. 9 Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpelá, al borde de la finca de Efrón, hijo de Sójar, el hitita, enfrente de Mambré. 10 Era la finca que Abrahán había comprado a los hijos de Het. Allí fue sepultado Abrahán con su mujer Sara. 11 Después de la muerte de Abrahán, bendijo Dios a su hijo Isaac, que se estableció en las inmediaciones del pozo de Lajay Roí.
Descendientes de Ismael*.
|| 1 Cro 1 29-31. 12 Ismael, el hijo que engendró Abrahán de la egipcia Agar, esclava de Sara, tuvo descendientes. 13 Éstos son los nombres de los hijos de Ismael, por orden de nacimiento: el primogénito de Ismael fue Nebayot; después nacieron Quedar, Adbeel, Mibsán, 14 Mismá, Dumá, Masá, 15 Jadad, Temá, Yetur, Nafís y Quedmá. 16 Éstos son los hijos de Ismael, y éstos sus nombres según sus poblados y sus aduares: doce caudillos de otros tantos pueblos.
17 Ismael vivió ciento treinta y siete años. Luego murió y fue a juntarse con su gente. 18 Ocupó desde Javilá hasta Sur, que cae enfrente de Egipto, según se va a Asur. Se estableció enfrente de todos sus hermanos*.
III. Historia de Isaac y de Jacob
Nacimiento de Esaú y de Jacob*.
19 Ésta es la historia de Isaac, hijo de Abrahán:
Abrahán engendró a Isaac. 20 Tenía Isaac cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Aram, y hermana de Labán el arameo. 21 Isaac suplicó a Yahvé en favor de su mujer, pues era estéril. Yahvé le fue propicio y concibió su mujer Rebeca. 22 Pero los hijos se entrechocaban en su seno. Ella se dijo: «Siendo así, ¿para qué vivir*?» Y fue a consultar a Yahvé*.
23 Yahvé le dijo:
«Dos pueblos hay en tu vientre,
dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán.
La una oprimirá a la otra;
el mayor servirá al pequeño*.»
24 Se le cumplieron los días de dar a luz, y resultó que había dos mellizos en su vientre. 25 Salió el primero, rubicundo todo él, como una pelliza de zalea, y le llamaron Esaú. 26 Después salió su hermano, cuya mano agarraba el talón de Esaú, y se llamó Jacob*. Isaac tenía sesenta años cuando los engendró.
27 Crecieron los muchachos. Esaú llegó a ser un cazador experto, un hombre montaraz, y Jacob un hombre muy casero. 28 Isaac quería a Esaú, porque le gustaba la caza, y Rebeca quería a Jacob.
Esaú vende la primogenitura.
29 Una vez, Jacob había preparado un guiso. En esto llegó Esaú del campo, agotado. 30 Dijo Esaú a Jacob: «Oye, dame a probar de lo rojo, de eso rojo, porque estoy agotado.» —Por eso se le llamó Edom*.— 31 Respondió Jacob: «Véndeme ahora mismo tu primogenitura.» 32 Contestó Esaú: «Estoy que me muero. ¿Qué me importa la primogenitura?» 33 Dijo Jacob: «Júramelo ahora mismo.» Él se lo juró, vendiendo así su primogenitura a Jacob. 34 Jacob dio a Esaú pan y el guiso de lentejas. Tras haber comido, se levantó y se fue. Así desdeñó Esaú la primogenitura.
Isaac en Guerar*.
=12 10-20; =20. 261 Debido a una hambruna que azoto él país —aparte de la primera que tuvo lugar en tiempo de Abrahán*— fue Isaac a Guerar, adonde Abimélec, rey de los filisteos. 2 Yahvé se le apareció y le dijo: «No bajes a Egipto. Quédate en la tierra que yo te indique. 3 Reside en esta tierra, que yo te asistiré y bendeciré, pues a ti y a tu descendencia he de dar todas estas tierras. Mantendré el juramento que hice a tu padre Abrahán. 4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y le daré todas estas tierras. Y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, 5 en pago de que Abrahán me obedeció y guardó mis observancias, mis mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones.» 6 Se estableció, pues, Isaac en Guerar.
7 Cuando los del lugar le preguntaban por su mujer, él decía que era su hermana. En efecto, le daba reparo decir que era su mujer, no fuesen a matarle los del lugar por causa de Rebeca, pues era de buen ver. 8 Ya llevaba largo tiempo allí, cuando aconteció que Abimélec, rey de los filisteos, atisbando por una ventana, observó que Isaac estaba solazándose* con su mujer Rebeca. 9 Llamó Abimélec a Isaac y le dijo: «¡Conque es tu mujer! ¿Pues cómo has venido diciendo que era tu hermana?» Respondió Isaac: «Es que pensé que podría morir por causa de ella.» 10 Replicó Abimélec: «¿Cómo nos has hecho esto? Si por casualidad llega a acostarse cualquiera del pueblo con tu mujer, tú nos habrías considerado culpables.» 11 Entonces Abimélec ordenó a todo el pueblo: «Quien tocare a este hombre o a su mujer, será condenado a muerte.»
12 Isaac sembró en aquella tierra y cosechó aquel año el ciento por uno. Yahvé le bendecía 13 y él se enriquecía; sus riquezas fueron multiplicándose hasta que se hizo riquísimo. 14 Tenía rebaños de ovejas y vacadas, así como copiosa servidumbre. Los filisteos le tenían envidia.
Los pozos entre Guerar y Berseba.
=21 25-31. 15 Todos los pozos que habían cavado los siervos de su padre —en tiempos de su padre Abrahán— los habían cegado los filisteos, llenándolos de tierra. 16 Entonces Abimélec dijo a Isaac: «Vete a otra parte, porque te has hecho mucho más poderoso que nosotros.» 17 Isaac se fue de allí, acampó en la vaguada de Guerar y allí se estableció. 18 Isaac volvió a cavar los pozos de agua que habían cavado los siervos* de su padre Abrahán, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abrahán, y les puso los mismos nombres que les había puesto su padre.
19 Cavaron los siervos de Isaac en la vaguada y encontraron allí un pozo de aguas vivas*. 20 Pero riñeron los pastores de Guerar con los pastores de Isaac, pues decían que el agua era suya. Isaac llamó al pozo Ésec, ya que se habían querellado con él. 21 Excavaron otro pozo, y también riñeron por él: lo llamó Sitná. 22 Se fue de allí y cavó otro pozo, y ya no riñeron por él: lo llamó Rejobot, pues se dijo: «Ahora Yahvé nos ha dado desahogo y prosperaremos en esta tierra*.»
23 De allí subió a Berseba. 24 Yahvé se le apareció aquella noche y dijo:
«Yo soy el Dios de tu padre Abrahán*.
No temas, porque yo estoy contigo.
Te bendeciré y multiplicaré tu descendencia
por amor de Abrahán, mi siervo.»
25 Construyó allí un altar e invocó el nombre de Yahvé. Allí desplegó Isaac su tienda, y sus siervos perforaron un pozo.
Alianza con Abimélec.
=21 22-33. 26 Entonces Abimélec fue adonde él desde Guerar, con Ajuzat, uno de sus familiares, y Picol, capitán de su tropa. 27 Les dijo Isaac: «¿Cómo venís a mí, si me habéis sido hostiles y me habéis echado de vuestra compañía?» 28 Contestaron ellos: «Hemos visto claramente que Yahvé se ha puesto de tu parte, y hemos pensado que es mejor que haya un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros. Haremos un pacto contigo: 29 no nos causarás daño, pues tampoco nosotros te hemos tocado a ti. No te hemos hecho sino bien, y además te hemos dejado ir en paz, bendito de Yahvé.» 30 Isaac les preparó un banquete. Todos comieron y bebieron.
31 Se levantaron de madrugada y se hicieron mutuo juramento. Luego los despidió Isaac, y se fueron en paz de su lado. 32 Aquel mismo día llegaron unos siervos de Isaac y le trajeron noticias del pozo que habían cavado, diciéndole que habían encontrado agua.» 33 Él llamó al pozo Seba*, de donde el nombre de la ciudad de Berseba, hasta la fecha.
Esaú se casa con mujeres hititas.
34 Cuando Esaú tenía cuarenta años, tomó por mujeres a Judit, hija de Beerí el hitita*, y a Basmat, hija de Elón el hitita, 35 que fueron causa de amargura para Isaac y Rebeca.
Jacob suplanta a Esaú en la bendición paterna*.
271 Isaac había envejecido y ya no veía bien por tener debilitados sus ojos. Un día llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: «¡Hijo mío!» Él respondió: «¿Qué deseas?» 2 «Mira —dijo—, me he hecho viejo e ignoro el día de mi muerte. 3 Así que toma tus saetas, tu aljaba y tu arco; sal al campo y me cazas alguna pieza. 4 Luego me haces un guiso suculento, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma, a fin de bendecirte antes de morir.» —5 Pero Rebeca estaba escuchando la conversación de Isaac con su hijo Esaú.— Esaú salió al campo a cazar alguna pieza para su padre. 6 Entonces Rebeca dijo a su hijo Jacob: «Acabo de oír a tu padre hablando con tu hermano Esaú. Le estaba diciendo 7 que le trajera caza y le hiciera un guiso suculento para comerlo, y después bendecirle delante de Yahvé antes de morir. 8 Pues bien, hijo mío, haz caso de mi recomendación. 9 Ve al rebaño y tráeme de allí dos cabritos hermosos. Yo haré con ellos un guiso suculento para tu padre, como a él le gusta. 10 Después se lo presentas a tu padre para que se lo coma, y luego te bendiga antes de morir.»
11 Jacob contestó a su madre Rebeca: «¡Pero si mi hermano Esaú es velludo, y yo soy lampiño! 12 ¡A ver si me palpa mi padre y le parece que estoy mofándome de él! ¡Entonces me habré buscado una maldición en vez de una bendición!» 13 Dícele su madre: «¡Que caiga sobre mí tu maldición, hijo mío! Tú obedéceme y basta; ve y me los traes.» 14 Jacob fue a buscarlos y los llevó a su madre, que hizo un guiso suculento, como le gustaba a su padre. 15 Después tomó Rebeca ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas que tenía en casa, y vistió con ellas a Jacob, su hijo pequeño. 16 Luego, con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello, 17 y puso el guiso y el pan que había hecho en las manos de su hijo Jacob.
18 Éste entró adonde su padre y dijo: «¡Padre!» Él respondió: «Aquí estoy; ¿quién eres, hijo?» 19 Jacob dijo a su padre: «Soy tu primogénito Esaú. He hecho como dijiste. Anda, levántate, siéntate y come de mi caza, para que me bendigas.» 20 Dice Isaac a su hijo: «¡Qué listo has andado en hallarla, hijo!» Respondió: «Sí; es que Yahvé, tu Dios, me la puso delante*.» 21 Dice Isaac a Jacob: «Acércate, que te palpe, hijo, a ver si realmente eres o no mi hijo Esaú.» 22 Jacob se acercó a su padre Isaac, que lo palpó y dijo: «La voz es la de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú.» 23 Y no lo reconoció, porque sus manos estaban velludas, como las de su hermano Esaú. Luego se dispuso a bendecirlo. 24 Dijo, pues: «¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?» Respondió: «El mismo.» 25 Dijo entonces: «Acércamelo, que coma de la caza, hijo, para que pueda bendecirte.» Le acercó la caza y comió; le trajo también vino, y bebió. 26 Luego le dice su padre Isaac: «Acércate y bésame, hijo.» 27 Él se acercó y le besó, y al aspirar Isaac el aroma de sus ropas, lo bendijo diciendo*:
«Es el aroma de mi hijo
como el aroma de un campo
que ha bendecido Yahvé.
28 ¡Pues que Dios te dé el rocío del cielo
y la grosura de la tierra,
cantidad de trigo y mosto!
29 Que te sirvan pueblos
y te veneren naciones,
sé señor de tus hermanos y que te veneren los hijos de tu madre.
¡Quien te maldijere, maldito sea,
y quien te bendijere, sea bendito!»
30 Así que hubo concluido Isaac de bendecir a Jacob, y justo cuando acababa de salir Jacob de la presencia de su padre Isaac, llegó su hermano Esaú de su cacería. 31 Preparó también él un guiso suculento y, llevándoselo a su padre, le dijo: «Levántate, padre, y come de la caza de tu hijo, para que puedas bendecirme.» 32 Le dice su padre Isaac: «¿Quién eres tú?» Contestó: «Soy tu hijo primogénito, Esaú.» 33 A Isaac le entró un temblor fuerte, y dijo: «Pues entonces, ¿quién es uno que ha cazado una pieza y me la ha traído? Porque de hecho yo he comido antes que tú vinieses, y le he bendecido, y bendito está*.» 34 Al oír Esaú las palabras de su padre, lanzó un grito agudo y amargo, y dijo a su padre: «¡Bendíceme también a mí, padre mío!» 35 Le respondió: «Ha venido astutamente tu hermano y se ha llevado tu bendición.» 36 Dijo Esaú: «Con razón se llama Jacob, pues me ha suplantado dos veces: se llevó mi primogenitura y ahora se ha llevado mi bendición*.» Y añadió: «¿No has reservado alguna bendición para mí?» 37 Respondió Isaac a Esaú: «Pues le he establecido como señor tuyo, le he dado por siervos a todos sus hermanos. Además le he abastecido de trigo y vino. Entonces, ¿qué puedo hacer por ti, hijo mío?» 38 Dijo Esaú a su padre: «¿Es que tu bendición es única, padre mío? ¡Bendíceme también a mí, padre mío!» Isaac guardó silencio* y Esaú alzó la voz y rompió a llorar. 39 Su padre Isaac le dijo por respuesta*:
«Lejos de la grosura de la tierra
será tu morada,
y lejos del rocío que baja del cielo.
40 De tu espada vivirás
y a tu hermano servirás.
Mas luego, cuando te hagas libre,
partirás su yugo de sobre tu cerviz*.»
41 Esaú se enemistó con Jacob a causa de la bendición que le había dado su padre. Se dijo Esaú: «Se acercan ya los días del luto por mi padre. Entonces mataré a mi hermano Jacob.» 42 Al enterarse Rebeca de las palabras de Esaú, su hijo mayor, mandó llamar a Jacob, su hijo pequeño, y le dijo: «Mira, tu hermano Esaú va a vengarse de ti matándote. 43 Ahora, pues, hijo mío, hazme caso: avíate y huye a Jarán, a donde mi hermano Labán, 44 y te quedas con él una temporada, hasta que se calme la cólera de tu hermano. 45 Cuando se calme la ira de tu hermano contra ti y olvide lo que has hecho, enviaré a que te traigan de allí. ¿Por qué he de perderos a los dos en un mismo día*?»
Isaac manda a Jacob a casa de Labán*.
=27 41-45. 46 Rebeca dijo a Isaac: «Me da asco vivir al lado de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het como las que hay por aquí, ¿para qué seguir viviendo?»
281 Llamó, pues, Isaac a Jacob, lo bendijo y le dio esta orden: «No tomes mujer de las hijas de Canaán. 2 Avíate y ve a Padán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre. 3 Que El Sadday te bendiga, te haga fecundo y te acreciente, y que te conviertas en multitud de pueblos. 4 Que te dé la bendición de Abrahán a ti y a tu descendencia, para que te hagas dueño de la tierra donde has vivido y que Dios ha dado a Abrahán.» 5 Y despidió Isaac a Jacob, que se fue a Padán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.
Otro casamiento de Esaú*.
6 Vio Esaú que Isaac había bendecido a Jacob, que le enviaba a Padán Aram a tomar mujer allí y que, al bendecirle, le había dado la orden de que no tomase mujer entre las chicas de Canaán». 7 Se enteró también que Jacob, obedeciendo a su padre y a su madre, había marchado a Padán Aram. 8 Esaú se dio cuenta que las hijas de Canaán eran mal vistas de su padre Isaac; 9 así que, acudiendo donde Ismael, tomó por mujer, además de las que tenía, a Majlat, hija de Ismael, el hijo de Abrahán, y hermana de Nebayot.
Sueño de Jacob*.
10 Jacob salió de Berseba y se dirigió a Jarán. 11 Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal y se acostó allí. 12 Jacob tuvo un sueño. Soñó con una escalera que estaba apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos. Y observó que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. 13 Vio también que Yahvé estaba sobre ella y que le decía: «Yo soy Yahvé, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy a ti y a tu descendencia. 14 Tu descendencia será como el polvo de la tierra: te extenderás al poniente y al oriente, al norte y al mediodía; y por ti y por tu descendencia se bendecirán todos los linajes de la tierra. 15 Yo estoy contigo; te guardaré por donde vayas y te devolveré a esta tierra. No, no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.» 16 Despertó Jacob de su sueño y se dijo: «¡Así pues, está Yahvé en este lugar y yo no lo sabía!» 17 Y, asustado, pensó: «¡Qué temible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!» 18 Jacob se levantó de madrugada y, tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella*. 19 Y llamó a aquel lugar Betel, aunque el nombre primitivo de la ciudad era Luz.
20 Jacob hizo un voto en estos términos: «Si Dios me asiste y me guarda en este camino que recorro; si me da pan que comer y ropa con que vestirme; 21 y si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces Yahvé será mi Dios. 22 Y esta piedra que he erigido como estela será Casa de Dios; y de todo lo que me dieres, te pagaré el diezmo.»
Llega Jacob a casa de Labán*.
291 Jacob se puso en marcha hacia el país de los orientales. 2 De pronto divisó un pozo en el campo. Junto a él sesteaban tres rebaños de ovejas, pues de aquel pozo se abrevaban los rebaños. Sobre la boca del pozo había una gran piedra. 3 Allí se reunían todos los rebaños: se revolvía la piedra que cubría la boca del pozo, abrevaban las ovejas y después colocaban la piedra en su sitio, sobre la boca del pozo. 4 Jacob les dijo (a los pastores): «Hermanos, ¿de dónde sois?» Dijeron ellos: «Somos de Jarán.» 5 —«¿Conocéis a Labán, hijo de Najor?» —«Lo conocemos.» 6 —«¿Se encuentra bien?» —«Muy bien. Precisamente ahí llega Raquel, su hija, con las ovejas.» 7 Dijo él: «Todavía es muy pronto para recoger el ganado; abrevad las ovejas e id a apacentarlas.» 8 Contestaron: «No podemos hasta que se reúnan todos los rebaños y se retire la piedra de la boca del pozo. Entonces abrevaremos las ovejas.»
9 Aún estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con las ovejas de su padre, pues era pastora. 10 En cuanto vio Jacob a Raquel, hija de Labán, el hermano de su madre, y las ovejas de Labán, hermano de su madre, se acercó Jacob, retiró la piedra de la boca y abrevó las ovejas de Labán, el hermano de su madre. 11 Jacob besó a Raquel y luego estalló en sollozos. 12 Jacob hizo saber a Raquel que era pariente de su padre e hijo de Rebeca. Ella echó a correr y se lo contó a su padre. 13 En cuanto oyó Labán hablar de Jacob, el hijo de su hermana, corrió a su encuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. Entonces él contó a Labán toda esta historia*, 14 y Labán le dijo: «En suma, que tú eres hueso mío y carne mía.» Y Jacob se quedó con él un mes cumplido.
Doble casamiento de Jacob*.
15 Labán dijo a Jacob: «¿Acaso porque seas pariente mío has de servirme de balde? Indícame cuál será tu salario.» 16 Resulta que Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía, y la pequeña, Raquel. 17 Los ojos de Lía eran tiernos. Raquel, en cambio, era de bella presencia y de buen ver. 18 Jacob estaba enamorado de Raquel. Así pues, dijo: «Te serviré siete años por Raquel, tu hija pequeña.» 19 Dijo Labán: «Prefiero dártela a ti que a otro. Quédate conmigo.»
20 Sirvió, pues, Jacob por Raquel siete años, que se le antojaron como unos cuantos días, de tanto que la amaba. 21 Jacob dijo a Labán: «Dame mi mujer, que se ha cumplido el plazo y quiero casarme con ella.» 22 Labán juntó a todos los del lugar y dio un banquete. 23 Por la tarde tomó a su hija Lía y la llevó a Jacob, que se unió a ella. 24 Labán regaló su esclava Zilpá como esclava a su hija Lía. 25 Pero cuando amaneció, ¡resultó que era Lía*! Jacob dijo a Labán: «¿Qué has hecho conmigo? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has hecho trampa?» 26 Labán respondió: «No es costumbre en nuestro lugar dar la menor antes que la mayor. 27 Cumple esta semana* y te daré también a la otra por el servicio que me prestarás todavía otros siete años*.» 28 Así lo hizo Jacob. Una vez cumplida aquella semana, le dio por mujer a su hija Raquel. 29 Labán regaló su esclava Bilhá como esclava a su hija Raquel. 30 Jacob se unió también a Raquel, y la amó más que a Lía. Luego sirvió en casa de su tío otros siete años más.
Hijos de Jacob*.
31 Vio Yahvé que Lía no era amada* y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril. 32 Lía quedó encinta y dio a luz un hijo al que llamó Rubén, pues dijo: «Yahvé ha reparado en mi cuita*: ahora sí que me querrá mi marido.» 33 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Yahvé ha oído que yo era aborrecida y me ha dado también a éste.» Y le llamó Simeón. 34 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Ahora, esta vez, mi marido se aficionará a mí, ya que le he dado tres hijos.» Por eso le llamó Leví. 35 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: «Esta vez alabo a Yahvé.» Por eso le llamó Judá, y dejó de dar a luz.
301 Vio Raquel que no daba hijos a Jacob y, celosa de su hermana, dijo a Jacob: «Dame hijos o me muero.» 2 Jacob se enfadó con Raquel y dijo: «¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?» 3 Ella dijo: «Ahí tienes a mi criada Bilhá; únete a ella y que dé a luz sobre mis rodillas: así también yo ahijaré de ella.» 4 Le dio, pues, a su esclava Bilhá por mujer; y Jacob se unió a ella. 5 Concibió Bilhá y dio a Jacob un hijo. 6 Dijo Raquel: «Dios me ha hecho justicia, pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo.» Por eso le llamó Dan. 7 De nuevo concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo. 8 Dijo Raquel: «Me he trabado con mi hermana a brazo partido y la he podido»; y le llamó Neftalí.
9 Viendo Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá y se la dio a Jacob por mujer. 10 Y Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un hijo. 11 Lía dijo: «¡Enhorabuena!» Y le llamó Gad. 12 Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un segundo hijo, 13 y dijo Lía: «¡Feliz de mí!, pues me felicitarán las demás.» Y le llamó Aser.
14 Una vez, durante siega del trigo, fue Rubén al campo y encontró unas mandrágoras*, que trajo a su madre Lía. Dijo Raquel a Lía: «¿Quieres darme las mandrágoras de tu hijo?» 15 Le respondió: «¿Es poco haberte llevado mi marido, que encima vas a llevarte las mandrágoras de mi hijo?» Dijo Raquel: «Sea: que se acueste contigo Jacob esta noche a cambio de las mandrágoras de tu hijo.» 16 A la tarde, cuando Jacob volvió del campo, salió Lía a su encuentro y le dijo: «Tienes que venir conmigo, porque he pagado por ti unas mandrágoras de mi hijo.» Jacob se acostó con ella aquella noche. 17 Dios oyó a Lía, que concibió y dio un quinto hijo a Jacob. 18 Dijo Lía: «Dios me ha dado mi recompensa, a mí, que tuve que dar mi esclava a mi marido.» Y le llamó Isacar. 19 Lía concibió de nuevo y dio el sexto hijo a Jacob. 20 Dijo Lía: «Me ha hecho Dios un buen regalo. Ahora sí que me apreciará mi marido, pues le he dado seis hijos.» Y le llamó Zabulón. 21 Después dio a luz una hija, a la que llamó Dina.
22 Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y abrió su seno, 23 y ella concibió y dio a luz un hijo. Y dijo: «Ha quitado Dios mi afrenta.» 24 Y le llamó José, como diciendo: «Añádame Yahvé otro hijo.»
Prosperidad de Jacob.
25 Cuando Raquel hubo dado a luz a José, dijo Jacob a Labán: «Déjame que me vaya a mi lugar y a mi tierra. 26 Dame a mis mujeres y a mis hijos por quienes te he servido, para que pueda irme; pues bien sabes bajo qué condiciones te he servido.» 27 Díjole Labán: «¡Si en algo me estimas*!… Yo estaba bajo un maleficio, pero Yahvé me ha bendecido gracias a ti.» 28 Y agregó: «Fíjame tu paga y te la daré.» 29 Le respondió: «Tú sabes cómo te he servido, y cómo le fue a tu ganado conmigo: 30 bien poca cosa tenías antes de venir yo, pero se ha multiplicado muchísimo, y Yahvé te ha bendecido a mi llegada. Pues bien: ¿cuándo voy a hacer yo también algo por mi casa?» 31 Dijo Labán: «¿Qué puedo darte?» Respondió Jacob: «No me des nada. Si haces por mí esto, volveré a apacentar tu rebaño. Fíjate bien:
32 Voy a desfilar hoy con todo tu rebaño*. Aparta toda oveja* negra y las cabras pintas y manchadas, y eso será mi paga, 33 y la garantía de mi honradez el día de mañana. Cuando te presentes a controlar mi paga, todo lo que no fuere pinto y manchado entre las cabras y negro entre los corderos, será lo que he robado.» 34 Dijo Labán: «Bien, sea como dices.» 35 Aquel mismo día apartó los machos cabríos listados y manchados, y también todas las cabras pintas y manchadas, todo lo que tenía en sí algo de blanco, así como todo lo negro entre las ovejas, y lo confió a sus hijos. 36 Labán interpuso tres jornadas de camino entre él y Jacob. Este último apacentaba el resto del rebaño de Labán.
37 Entonces Jacob se procuró unas varas verdes de álamo, de almendro y de plátano, y labró en ellas unas muescas blancas, dejando al descubierto lo blanco de las varas. 38 Luego hincó las varas así labradas en las pilas o abrevaderos a donde venían las reses a beber, justo delante de las reses, con lo que éstas se calentaban al acercarse a beber. 39 O sea, que se calentaban a la vista de las varas, y así parían crías listadas, pintas o manchadas. 40 Luego separó Jacob los machos, echándolos a lo listado y negro que ahora había en el rebaño de Labán, y así se fue formando unos hatajos propios, que no mezclaba con el rebaño de Labán. 41 Además, siempre que se calentaban las reses vigorosas, les ponía Jacob las varas ante los ojos en las pilas, para que se calentaran bajo el influjo de las varas. 42 Pero, cuando el ganado estaba débil, no las ponía, de modo que las crías débiles eran para Labán y las vigorosas para Jacob. 43 Así que éste medró muchísimo y llegó a tener rebaños numerosos, siervas y siervos, camellos y asnos.
Fuga de Jacob*.
311 Se enteró Jacob que los hijos de Labán decían: «Jacob se ha apoderado de todo lo de nuestro padre, y con lo de nuestro padre ha hecho toda esa fortuna.» 2 Jacob observó el rostro de Labán y vio que ya no era para con él como hasta entonces. 3 Entonces Yahvé dijo a Jacob: «Vuélvete a la tierra de tus padres, a tu patria, que yo estaré contigo.» 4 Jacob mandó llamar a Raquel y a Lía del campo, donde estaba su rebaño, 5 y les dijo: «Vengo observando que vuestro padre ya no me mira como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo. 6 Vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas; 7 pero vuestro padre ha trapaceado conmigo y ha cambiado mi retribución una docena de veces, si bien Dios no le ha dejado perjudicarme. 8 Si él decía que mi paga serían las reses pintas, entonces todas las ovejas parían pintas. Y si decía que mi paga sería lo listado, entonces todas las ovejas parían listado. 9 De esta suerte Dios ha quitado el ganado a vuestro padre y me lo ha dado a mí. 10 Pues bien, en la época en que el rebaño está en celo, vi en un sueño cómo los machos que montaban al rebaño eran listados, pintos y salpicados. 11 Me dijo el Ángel de Dios en aquel sueño: ‘¡Jacob!’ Yo respondí: ‘Aquí estoy.’ 12 Él añadió: ‘Alza la vista y verás que todos los machos que montan al rebaño son listados, pintos y salpicados. Es que he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13 Yo soy el Dios que se te apareció en Betel*, donde ungiste una estela y donde me hiciste aquel voto. Ahora prepárate, sal de esta tierra y vuelve a tu país natal’.»
14 Raquel y Lía le contestaron: «¿Es que tenemos aún parte o herencia en la casa de nuestro padre? 15 ¿No hemos sido consideradas como extrañas para él, puesto que nos vendió y, por comerse, incluso se comió nuestra plata*? 16 Así que toda la riqueza que ha quitado Dios a nuestro padre nuestra es y de nuestros hijos. Conque todo lo que te ha dicho Dios, hazlo.»
17 Jacob se preparó, montó a sus hijos y a sus mujeres en los camellos, 18 y se llevó todo su ganado y toda la hacienda que había adquirido, es decir, el ganado de su propiedad, que había adquirido en Padán Aram, para irse a donde su padre Isaac a Canaán. 19 Aprovechando que Labán había ido a esquilar sus ovejas, Raquel robó los ídolos familiares* que tenía su padre. 20 Y Jacob actuó a hurtadillas de Labán el arameo, no dándole ningún indicio de que se fugaba. 21 En efecto, se fugó con todo lo suyo. Se puso en marcha, pasó el Río* y enderezó hacia la montaña de Galaad.
Labán da alcance a Jacob*.
22 Al tercer día recibió Labán la noticia de que Jacob se había fugado. 23 Entonces tomó a sus parientes consigo y, tras siete jornadas de persecución, le dio alcance en la montaña de Galaad. 24 Pero aquella noche vino Dios en sueños a Labán el arameo y le dijo: «Guárdate de hablar nada con Jacob, ni bueno ni malo.» 25 Alcanzó, pues, Labán a Jacob. Éste había instalado su tienda en la montaña y Labán instaló la suya* con sus parientes en la misma montaña de Galaad.
26 Dijo Labán a Jacob: «¿Qué has hecho? Has actuado a hurtadillas de mí y te has llevado a mis hijas como si fueran cautivas de guerra. 27 ¿Por qué te has fugado con disimulo y a hurtadillas de mí, en vez de advertírmelo? Yo te habría despedido con alegría y con cantares, con adufes y arpas. 28 Ni siquiera me has permitido besar a mis hijos e hijas. O sea, que has obrado como un necio. 29 Que conste que tengo poder para hacerte daño; pero el Dios de tu padre* me dijo ayer noche que me guardase de hablar contigo absolutamente nada, ni bueno ni malo. 30 Seguro que te has marchado porque añorabas mucho la casa paterna, pero ¿por qué robaste mis dioses?»
31 Respondió Jacob a Labán: «Es que tuve miedo, pensando que acaso ibas a quitarme a tus hijas. 32 Pero eso sí, que aquél a quien le encuentres tus dioses no quede con vida. Delante de nuestros parientes reconoce lo tuyo que esté en mi poder y llévatelo.» Pero Jacob ignoraba que Raquel los había robado. 33 Entró Labán en la tienda de Jacob, en la de Lía y en la de las dos criadas, y no halló nada. Salió de la tienda de Lía y entró en la de Raquel. 34 Pero Raquel había tomado los ídolos familiares y, poniéndolos en la albarda del camello, se había sentado encima. Labán registró toda la tienda sin hallar nada. 35 Ella dijo a su padre: «No te enfades, señor, si no me levanto en su presencia; es que estoy con la regla.» Él siguió rebuscando por toda la tienda sin dar con los ídolos.
36 Entonces Jacob montó en cólera, recriminó a Labán su conducta y, encarándose con él, le dijo: «¿Cuál es mi delito? ¿Cuál mi pecado, para que me persigas con tanta saña? 37 Al registrar todas mis cosas, ¿has hallado alguno de los enseres de tu casa? Ponlo aquí, ante mis parientes y los tuyos, y que juzguen ellos entre nosotros dos. 38 En veinte años que llevo contigo, tus ovejas y tus cabras nunca han malparido, y los machos de tu rebaño nunca me los he comido. 39 Ganado destrozado por fieras nunca te llevé: yo pagaba el daño. De lo mío te cobrabas tanto si me robaban de día como si lo hacían de noche*. 40 De día me devoraba el resistero y de noche la helada, mientras huía el sueño de mis ojos. 41 Éstos fueron mis veinte años en tu casa. Catorce años te serví por tus dos hijas y seis por tus ovejas, y tú has cambiado mi paga diez veces. 42 Si el Dios de mi Padre, el Dios de Abrahán y el Padrino de Isaac* no hubiese estado por mí, a fe que ahora me despacharías de vacío. Mi cuita y la fatiga de mis manos las ha visto Dios y ha dado su fallo ayer noche.»
Tratado entre Labán y Jacob*.
43 Labán habló así a Jacob: «Estas hijas son mis hijas, estos hijos son mis hijos, y estas ovejas mis ovejas; todo cuanto ves, mío es. ¿Qué puedo hacer ahora por mis hijas o por los hijos que han tenido? 44 Venga, hagamos un pacto entre los dos*…, y sirva de testigo entre nosotros dos.»
45 Jacob tomó una piedra y la erigió como estela. 46 Dijo luego a sus parientes: «Recoged piedras.» Tomaron piedras, hicieron un majano y comieron allí sobre el majano. 47 Labán lo llamó Yegar Sahdutá, y Jacob lo llamó Galed*. 48 Labán dijo: «Este majano es hoy testigo entre nosotros dos.» Por eso le llamó Galed, 49 y también Mispá, pues dijo: «Que Yahvé nos vigile a los dos, cuando nos alejemos el uno del otro. 50 Si tú humillas a mis hijas, si tomas otras mujeres, además de mis hijas, bien que nadie esté con nosotros que nos vea, sea Dios testigo entre los dos.» 51 Añadió Labán a Jacob: «Aquí está este majano, y aquí esta estela que he erigido entre nosotros dos. 52 Testigo sea este majano y testigo sea esta estela de que yo no he de traspasar este majano hacia ti, ni tú has de traspasar este majano y esta estela hacia mí para nada malo. 53 El Dios de Abrahán y el Dios de Najor juzguen entre nosotros*.» Y Jacob juró por el Padrino de su padre Isaac. 54 Jacob hizo un sacrificio en el monte e invitó a sus parientes a tomar parte. Ellos tomaron parte, e hicieron noche en el monte.
321 A la mañana siguiente, Labán besó a sus hijos e hijas, los bendijo y se volvió a su lugar. 2 Jacob prosiguió su camino, y le salieron al encuentro mensajeros de Dios. 3 Al verlos, pensó Jacob: «Éste es el campamento de Dios»; y llamó a aquel lugar Majanáin*.
Jacob prepara el encuentro con Esaú*.
4 Jacob envió mensajeros por delante hacia su hermano Esaú, al país de Seír, la estepa de Edom. 5 Les encargó: «Diréis a mi señor Esaú: Esto dice tu siervo Jacob: Fui a pasar una temporada con Labán y me he demorado hasta hoy. 6 Me hice con bueyes, asnos, ovejas, siervos y siervas; y he decidido avisar a mi señor, por ver si hallo gracia a tus ojos.»
7 Los mensajeros volvieron a Jacob y le dijeron: «Hemos ido donde tu hermano Esaú, y él mismo viene a tu encuentro con cuatrocientos hombres.»
8 Jacob se asustó mucho y se llenó de angustia. Dividió a sus gentes, junto con las ovejas, vacas y camellos, en dos campamentos, 9 calculando que si llegaba Esaú a uno de los campamentos y lo atacaba, se salvaría el otro.» 10 Luego dijo Jacob: «¡Oh Dios de mi padre Abrahán y Dios de mi padre Isaac, Yahvé, que me dijiste: ‘Vuelve a tu tierra y a tu patria, que yo seré bueno contigo’, 11 ¡qué poco merecía yo todas las mercedes y toda la confianza que has dado a tu siervo! Pues con solo mi cayado pasé este Jordán y ahora he venido a formar dos campamentos. 12 Líbrame de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo, no sea que venga y nos ataque, a la madre junto con los hijos. 13 Fuiste tú quien dijiste: ‘Te aseguro que seré bueno contigo y haré que tu descendencia abunde como la arena del mar, imposible de calcular de tanta como hay.’» 14 Y Jacob pasó allí aquella noche.
Tomó de lo que tenía a mano un regalo para su hermano Esaú, 15 consistente en doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, 16 treinta camellas criando, junto con sus crías, cuarenta vacas y diez toros, veinte asnas y diez garañones. 17 Lo repartió todo en manadas independientes y lo confió a sus siervos, a quienes dijo: «Pasad delante de mí, dejando espacio entre manada y manada.» 18 Al primero le encargó: «Cuando te salga al paso mi hermano Esaú y te pregunte quién eres, adónde vas y para quién es eso que va delante de ti, 19 le respondes: ‘De tu siervo Jacob; es un regalo enviado para mi señor Esaú. Precisamente, él mismo viene detrás de nosotros.’» 20 El mismo encargo hizo también al segundo, al tercero y a todos los que iban tras las manadas. Les dijo: «En estos mismos términos hablaréis a Esaú cuando le encontréis. 21 Le diréis también: ‘Precisamente, tu siervo Jacob viene detrás de nosotros.’» Pues se decía: «Voy a ganármelo con el regalo que me precede, y después me entrevistaré con él. Tal vez me ponga buena cara.» 22 Así, pues, mandó el regalo por delante, y él pasó aquella noche en el campamento.
Jacob lucha contra Dios*.
23 Aquella noche se levantó, tomó a sus dos mujeres con sus dos siervas y a sus once hijos y cruzó el vado del Yaboc. 24 Los tomó y les hizo pasar el río, junto con todo lo que poseía. 25 Cuando Jacob se quedó solo, estuvo luchando alguien* con él hasta rayar el alba. 26 Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél. 27 Éste le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba.» Jacob respondió: «No te soltaré hasta que no me hayas bendecido.» 28 Dijo el otro: «¿Cómo te llamas?» —«Jacob.»— 29 «En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has sido fuerte* contra Dios y contra los hombres, y has vencido.» 30 Jacob le preguntó: «Dime por favor tu nombre.» —«¿Para qué preguntas por mi nombre?» Y le bendijo allí mismo.
31 Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y he salvado la vida*.» 32 El sol salía cuando atravesaba Penuel, y él iba cojeando del muslo. 33 Por eso los israelitas no comen, hasta la fecha, el nervio ciático, que está sobre la articulación del muslo*, por haber sido tocado Jacob en la articulación femoral, en el nervio ciático.
Encuentro de Esaú y Jacob*.
331 Jacob alzó la vista y, al ver que venía Esaú con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lía, Raquel y las dos siervas. 2 Puso a las siervas y sus niños al frente; después a Lía y sus niños, y a Raquel y José en la zaga. 3 Él se les adelantó y se inclinó en tierra siete veces, hasta llegar donde su hermano. 4 Esaú, a su vez, corrió a su encuentro, lo abrazó, se le echó al cuello, lo besó y lloró. 5 Levantó luego los ojos y, al ver a las mujeres y a los niños, dijo: «¿Qué son de ti éstos?» —«Son los hijos que ha otorgado Dios a tu siervo.» 6 Entonces se acercaron las siervas con sus niños y se inclinaron. 7 Después se acercó también Lía con sus niños y se inclinaron. Y por último se acercaron José y Raquel y se inclinaron.
8 Dijo Esaú: «¿Qué pretendes con toda esta caravana que acabo de encontrar*?» —«Es para que mi señor muestre buena disposición hacia mí.» 9 Dijo Esaú: «Tengo bastante, hermano mío; sea para ti lo tuyo.» 10 Replicó Jacob: «De ninguna manera. Si te alegras de verme, toma el regalo que te doy, ya que he visto tu rostro como quien ve el rostro de Dios*, y me has mostrado simpatía. 11 Acepta, pues, el obsequio que te he traído, pues Dios me ha favorecido y tengo de todo.» Y le instó tanto que aceptó.
Jacob se aparta de Esaú*.
12 Dijo Esaú: «Vámonos de aquí, que yo te daré escolta.» 13 Él respondió: «Mi señor sabe que los niños son tiernos y que tengo conmigo ovejas y vacas criando; un día de ajetreo bastaría para que muriese todo el rebaño. 14 Adelántese, pues, mi señor a su siervo, que yo avanzaré despacito, al paso del ganado que llevo delante, y al paso de los niños, hasta que llegue donde mi señor, a Seír.» 15 Dijo Esaú: «Entonces voy a destacar contigo a parte de la gente que me acompaña.» —«¿Para qué tal? Me doy por satisfecho con que muestres buena disposición hacia mí.» 16 Rehízo, pues, Esaú aquel mismo día su camino rumbo a Seír, 17 y Jacob partió para Sucot, donde edificó para sí una casa y para su ganado hizo cabañas. Por donde se llamó aquel lugar Sucot*.
Llegada a Siquén*.
18 Jacob llegó sin novedad a la ciudad de Siquén, que está en el territorio cananeo, viniendo de Padán Aram, y acampó frente a la ciudad. 19 Compró a los hijos de Jamor, padre de Siquén, por cien agnos* la parcela de campo donde había desplegado su tienda. 20 Erigió allí un altar y lo llamó de «El», Dios de Israel.
Rapto de Dina*.
341 Dina, la hija que Lía había dado a Jacob, salió una vez a conocer a las chicas de la zona. 2 Siquén, hijo de Jamor el jivita*, príncipe de aquella tierra, la vio, se la llevó, se acostó con ella y la humilló. 3 Jamor se sintió atraído por Dina, hija de Jacob; se enamoró de la muchacha y trató de convencerla. 4 Siquén dijo a su padre Jamor: «Tómame a esta chica por mujer.» 5 Jacob se enteró que Siquén había violado a su hija Dina. Pero, como sus hijos estaban con el ganado en el campo, Jacob guardó silencio hasta su llegada.
Propuesta de pacto con los de Siquén.
6 Jamor, padre de Siquén, salió al encuentro de Jacob para hablar con él. 7 Los hijos de Jacob habían vuelto del campo al enterarse. Los hombres se indignaron y montaron en cólera por la afrenta hecha por Siquén acostándose con la hija de Jacob: «Eso no se hace.» 8 Jamor habló con ellos. Les dijo: «Mi hijo Siquén se ha prendado de vuestra hija, así que dádsela por mujer. 9 Emparentad con nosotros: dadnos vuestras hijas y tomad para vosotros las nuestras. 10 Quedaos a vivir con nosotros: tenéis la tierra franca. Instalaos, circulad libremente y adquirid propiedades.» 11 Siquén dijo al padre y a los hermanos de la chica: «Si mostráis buena disposición hacia mí, os daré lo que me pidáis. 12 Pedidme cualquier dote, por grande que sea, que yo os daré cuanto me digáis. Pero dadme a la muchacha por mujer.»
13 Los hijos de Jacob respondieron a Siquén y a su padre Jamor con disimulo. Dirigiéndose a aquel que había violado a su hermana Dina, 14 dijeron: «No podemos dar nuestra hermana a un incircunciso, porque eso es una vergüenza para nosotros. 15 Tan sólo os la daremos a condición de que todos vuestros varones se circunciden y os hagáis así como nosotros. 16 Entonces os daremos nuestras hijas y tomaremos para nosotros las vuestras, nos quedaremos con vosotros y formaremos un solo pueblo. 17 Pero si no nos escucháis respecto a la circuncisión, entonces tomaremos a nuestra hija y nos iremos.» 18 Sus palabras parecieron bien a Jamor y a Siquén, hijo de Jamor. 19 El muchacho no tardó en ponerlo en práctica, porque quería a la hija de Jacob. Él mismo era el más honorable de toda la casa de su padre.
20 Jamor y su hijo Siquén fueron a la puerta de su ciudad y hablaron de este modo a todos sus conciudadanos: 21 «Estos hombres vienen a nosotros en son de paz. Que se queden en el país y circulen libremente, pues ya veis que pueden disponer de tierra espaciosa. Tomemos a sus hijas por mujeres y démosles las nuestras. 22 Pero sólo con esta condición accederán estos hombres a quedarse con nosotros para formar un solo pueblo: que nos circuncidemos todos los varones, igual que ellos están circuncidados. 23 Sus ganados, hacienda y todas sus bestias van a ser para nosotros, así que lleguemos a un acuerdo con ellos y que se queden con nosotros.» 24 Todos los que salían por la puerta de la ciudad escucharon a Jamor y a su hijo Siquén, y todos los varones se hicieron circuncidar*.
Venganza de Simeón y Leví.
25 Pues bien, al tercer día, mientras ellos estaban con los dolores de la circuncisión, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, blandieron cada uno su espada y, entrando en la ciudad sin riesgo, mataron a todos los varones. 26 También mataron a Jamor y a Siquén a filo de espada; tomaron a Dina de la casa de Siquén y salieron. 27 Los hijos de Jacob pasaron sobre los muertos, pillaron la ciudad que había violado a su hermana 28 y se apoderaron de sus rebaños, vacadas y asnos, de cuanto había en la ciudad y en el campo. 29 Saquearon toda su hacienda, incluso sus pequeñuelos y sus mujeres, y pillaron todo lo que había dentro.
30 Jacob dijo a Simeón y a Leví: «Me habéis puesto a malas haciéndome odioso entre los habitantes de este país, los cananeos y los perizitas. Yo dispongo de unos pocos hombres, de modo que si ellos se juntasen contra mí y me atacaran, sería aniquilado junto con mi familia.» 31 Replicaron ellos: «¿Es que iban a tratar a nuestra hermana como a una prostituta?»
Jacob va a Betel*.
351 Dios dijo a Jacob: «Ponte en marcha, sube a Betel y te estableces allí. Y erige un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.»
2 Jacob dijo a su familia y a todos los que le acompañaban: «Retirad los dioses extraños que hay entre vosotros*. Purificaos y mudaos de vestido*. 3 Luego, subiremos a Betel, donde erigiré un altar al Dios que me dio respuesta favorable el día de mi tribulación, y que me asistió en mi viaje.» 4 Ellos entregaron a Jacob todos los dioses extraños que había en su poder y los anillos de sus orejas, y Jacob los escondió debajo de la encina que hay junto a Siquén. 5 Mientras marchaban, un pánico divino cayó sobre las ciudades de los alrededores, de modo que no persiguieron a los hijos de Jacob.
6 Jacob llegó a Luz, que está en territorio cananeo —es Betel—, junto con toda la gente que lo acompañaba. 7 Edificó allí un altar y llamó al lugar El Betel*, porque allí mismo se le había aparecido* Dios cuando huía de su hermano. 8 Débora, la nodriza de Rebeca, murió y fue sepultada en las inmediaciones de Betel, debajo de una encina. Jacob la llamó la Encina del Llanto.
9 Dios se apareció a Jacob una vez más a su llegada de Padán Aram y lo bendijo. 10 Díjole Dios: «Tu nombre es Jacob, pero ya no te llamarás Jacob; tu nombre será Israel.» Y le llamó Israel.
11 Díjole Dios: «Yo soy El Sadday. Sé fecundo y multiplícate. Un pueblo, una multitud de pueblos tomará origen de ti y saldrán reyes de tus entrañas. 12 La tierra que di a Abrahán e Isaac, te la doy a ti y a tu descendencia.» 13 Y Dios subió de su lado*.
14 Jacob erigió una estela en el lugar donde había hablado Dios con él: una estela de piedra. Derramó sobre ella una libación y vertió sobre ella aceite. 15 Jacob llamó al lugar donde había hablado Dios con él «Betel».
Nacimiento de Benjamín y muerte de Raquel.
16 Partieron de Betel y, cuando aún faltaba un trecho hasta Efratá, Raquel tuvo un mal parto. 17 Estando en medio de los dolores del parto, le dijo la comadrona: «¡Ánimo, que también éste es chico!» 18 Entonces ella, al exhalar el alma, cuando moría, le llamó Ben Oní*; pero su padre le llamó Benjamín. 19 Tras su muerte, Raquel fue sepultada en el camino de Efratá, o sea Belén. 20 Jacob erigió una estela sobre su sepulcro: es la estela del sepulcro de Raquel hasta el día de hoy.
Incesto de Rubén.
21 Israel partió y desplegó su tienda más allá de Migdal Éder. 22 Por aquel entonces, mientras Israel residía en aquel país, fue Rubén y se acostó con Bilhá, la concubina de su padre, e Israel se enteró de ello.
Hijos de Jacob.
29 31 - 30 42 Los hijos de Jacob fueron doce. 23 Hijos de Lía: el primogénito de Jacob, Rubén; después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. 24 Hijos de Raquel: José y Benjamín. 25 Hijos de Bilhá, la esclava de Raquel: Dan y Neftalí. 26 Hijos de Zilpá, la esclava de Lía: Gad y Aser. Éstos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Padán Aram.
Muerte de Isaac*.
27 Jacob llegó adonde su padre Isaac, a Mambré o Quiriat Arbá —o sea, Hebrón—, donde residieron Abrahán e Isaac. 28 Isaac alcanzó la edad de ciento ochenta años. 29 Isaac murió y fue a reunirse con su pueblo, anciano y lleno de días. Lo sepultaron sus hijos Esaú y Jacob.
Mujeres e hijos de Esaú en Canaán*.
361 Éste es el linaje de Esaú, o sea Edom. 2 Esaú tomó a sus mujeres de entre las cananeas: a Adá, hija de Elón el hitita, a Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibeón el jorita*, 3 y a Basmat, hija de Ismael, la hermana de Nebayot. 4 Adá dio a luz para Esaú a Elifaz, y Basmat le dio a Reuel. 5 Oholibamá le dio a Yeús, Yalán y Coré. Éstos son los hijos que le nacieron a Esaú en Canaán.
Emigración de Esaú*.
6 Esaú tomó a sus mujeres, hijos e hijas y a todas la personas de su casa, su ganado, todas sus bestias y toda la hacienda que había logrado en territorio cananeo, y se fue al país de Seír*, enfrente de su hermano Jacob, 7 porque los bienes de entrambos eran demasiados para poder vivir juntos, y el país donde residían no daba abasto para tanto ganado como tenían. 8 Esaú se estableció, pues, en la tierra de Seír. Esaú es Edom.
Descendencia de Esaú en Seír.
=36 15-19; 1 Cro 1 35s. 9 Éstos son los descendientes de Esaú, padre de Edom, en la montaña de Seír, 10 y éstos los nombres de sus hijos: Elifaz, hijo de Adá, mujer de Esaú, y Reuel, hijo de Basmat, mujer de Esaú.
11 Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gatán y Quenaz. 12 Timná fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y dio a luz a Amalec. Éstos son los descendientes de Adá, mujer de Esaú.
13 Y éstos son los hijos de Reuel: Nájat, Zéraj, Samá y Mizá. Éstos son los descendientes de Basmat, mujer de Esaú.
14 Los hijos de la mujer de Esaú, Oholibamá, hija de Aná, hijo de Sibeón, que ella dio a luz a Esaú, fueron éstos: Yeús, Yalán y Coré.
Caudillos de Edom.
=36 9-14. 15 Éstos son los jeques de los hijos de Esaú.
De los hijos de Elifaz, primogénito de Esaú: el jeque Temán, el jeque Omar, el jeque Sefó, el jeque Quenaz, 16 * el jeque Gatán, el jeque Amalec. Éstos son los jeques de Elifaz, en el país de Edom, y éstos los descendientes de Adá.
17 Los hijos de Reuel, hijo de Esaú, fueron: el jeque Najat, el jeque Zéraj, el jeque Samá, el jeque Mizá. Éstos son los jeques de Reuel, en el país de Edom; y éstos los descendientes de Basmat, mujer de Esaú.
18 Los hijos de Oholibamá, mujer de Esaú, fueron: el jeque Yeús, el jeque Yalán, el jeque Coré. Éstos son los jeques de Oholibamá, hija de Aná, mujer de Esaú.
19 Éstos son los hijos de Esaú y éstos sus jeques, los de Edom.
Descendencia del jorita Seír*.
20 Éstos son los hijos de Seír el jorita, que habitaban en aquella tierra: Lotán, Sobal, Sibeón, Aná, 21 Disón, Éser y Disán. Éstos son los jeques de los joritas, hijos de Seír, en el país de Edom. 22 Los hijos de Lotán fueron: Jorí y Homán, y hermana de Lotán fue Timná. 23 Los hijos de Sobal fueron: Alván, Manájat, Ebal, Sefó y Onán. 24 Los hijos de Sibeón: Ayá y Aná. Éste es el mismo Aná que encontró las aguas termales en el desierto, cuando apacentaba los asnos de su padre Sibeón. 25 Los hijos de Aná: Disón y Oholibamá, hijo de Aná. 26 Los hijos de Disón: Jamrán, Esbán, Yitrán y Querán. 27 Los hijos de Éser: Bilán, Zaaván y Acán. 28 Los hijos de Disán: Us y Arán.
29 Éstos son los jeques joritas: el jeque Lotán, el jeque Sobal, el jeque Sibeón, el jeque Aná, 30 el jeque Disón, el jeque Éser, el jeque Disán. Éstos son los jeques joritas según sus clanes* en el país de Seír.
Reyes edomitas.
|| 1 Cro 1 43-50. 31 Éstos son los reyes que reinaron en Edom, antes de reinar rey alguno de los israelitas*. 32 Reinó en Edom Belá, hijo de Beor; y el nombre de su ciudad era Dinhabá. 33 Murió Belá, y reinó en su lugar Yobab, hijo de Zéraj, de Bosrá. 34 Murió Yobab, y reinó en su lugar Jusán, del país de los temanitas. 35 Murió Jusán, y reinó en su lugar Hadad, hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab; y el nombre de su ciudad era Avit. 36 Murió Hadad, y reinó en su lugar Samlá de Masrecá. 37 Murió Samlá, y reinó en su lugar Saúl, de Rejobot del Río. 38 Murió Saúl, y reinó en su lugar Baal Janán, hijo de Acbor. 39 Murió Baal Janán, hijo de Acbor, y reinó en su lugar Hadad*; el nombre de su ciudad era Pau, y el nombre de su mujer, Mehetabel, hija de Matred, hija de Mezahab.
Otra lista de caudillos edomitas.
|| 1 Cro 1 51-54. 40 Éstos son los nombres de los jeques de Esaú, según sus familias y territorios, y por sus nombres. El jeque Timná, el jeque Alvá, el jeque Yetet, 41 el jeque Oholibamá, el jeque Elá, el jeque Pinón, 42 el jeque Quenaz, el jeque Temán, el jeque Mibsar, 43 el jeque Magdiel, el jeque Irán. Éstos son los jeques de Edom, según sus moradas, en las tierras que ocupan. Éste es Esaú padre de Edom.
371 Jacob, por su parte, se estableció en el que fue país residencial de su padre, el país de Canaán.
IV. Historia de José*
José y sus hermanos.
2 Ésta es la historia de Jacob*.
Cuando José tenía diecisiete años, siendo un muchacho todavía, estaba de pastor de ovejas con sus hermanos, con los hijos de Bilhá y los de Zilpá, mujeres de su padre. José comunicó a su padre lo mal que se hablaba de ellos.
3 Israel amaba a José más que a todos sus demás hijos, por ser para él el hijo de la ancianidad. Le había hecho una túnica de manga larga. 4 Al darse cuenta sus hermanos que su padre le prefería a todos sus otros hijos*, llegaron a aborrecerle, hasta el punto de no poder ni siquiera saludarle.
5 José tuvo un sueño* y se lo contó a sus hermanos, quienes le odiaron más aún. 6 Les dijo: «Oíd el sueño que he tenido. 7 Resulta que estábamos nosotros atando gavillas en el campo, cuando de pronto mi gavilla se levantó y se puso derecha, mientras que vuestras gavillas le hacían rueda y se inclinaban hacia la mía.» 8 Sus hermanos le dijeron: «¿Será que vas a reinar sobre nosotros o que vas a tenernos domeñados?» Así que acumularon todavía más odio contra él por causa de sus sueños y de sus palabras. 9 Después tuvo otro sueño, que contó también a sus hermanos. Les dijo: «He tenido otro sueño: Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.» 10 Se lo contó a su padre y a sus hermanos. Su padre le reprendió: «¿Qué sueño es ése que has tenido? ¿Es que yo, tu madre* y tus hermanos vamos a ir a inclinarnos por tierra ante ti?» 11 Sus hermanos le tenían envidia; su padre, en cambio, reflexionaba.
José vendido por sus hermanos*.
12 En una ocasión fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquén. 13 Dijo Israel a José: «Mira, tus hermanos están pastoreando en Siquén. Ve de mi parte adonde ellos.» Respondió José: «Estoy listo.» 14 Le dijo su padre: «Anda, vete a ver si tus hermanos y el ganado siguen sin novedad, y tráeme noticias.» Lo envió desde el valle de Hebrón, y José se dirigió a Siquén.
15 Se encontró con él un hombre mientras iba desorientado por el campo. El hombre le preguntó: «¿Qué buscas?» 16 Contestó: «Estoy buscando a mis hermanos. Indícame, por favor, dónde están pastoreando.» 17 El hombre le dijo: «Partieron de aquí, y les oí comentar que iban a Dotán.» José fue detrás de sus hermanos y los encontró en Dotán.
18 Ellos lo vieron de lejos y, antes que se les acercara, conspiraron contra él para matarlo. 19 Comentaban entre ellos: «Por ahí viene el soñador. 20 Vamos a matarlo y lo echaremos en un pozo cualquiera. Después diremos que algún animal feroz lo ha devorado. Veremos entonces en qué paran sus sueños.»
21 Rubén lo oyó y pensó en el modo de librarle de sus manos. Dijo: «No atentemos contra su vida.» 22 Y añadió: «No cometáis un asesinato. Echadle a ese pozo que hay en el páramo, pero no pongáis la mano sobre él.» Su intención era salvarlo de sus hermanos para devolverlo a su padre. 23 Entonces, cuando llegó José donde sus hermanos, éstos le despojaron de su túnica —aquella túnica de manga larga que llevaba puesta—, 24 lo sujetaron y lo arrojaron al pozo. (Era un pozo vacío, sin agua.) 25 Luego se sentaron a comer.
Al alzar la vista, divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, con camellos cargados de almáciga, sandáraca y ládano, que bajaban hacia Egipto. 26 Entonces dijo Judá a sus hermanos: «¿Qué sacamos con asesinar a nuestro hermano y tapar luego su sangre*? 27 Vamos a venderlo a los ismaelitas. Y mejor no ponerle la mano encima, porque es nuestro hermano, carne nuestra.» Sus hermanos asintieron.
28 Pasaron unos madianitas mercaderes que, al descubrir a José, lo sacaron del pozo. Vendieron a José por veinte piezas de plata a los ismaelitas, que se llevaron a José a Egipto. 29 Al volver Rubén al pozo, resulta que José no estaba en él. Rasgó sus vestiduras 30 y, volviendo donde sus hermanos, les dijo: «El muchacho no aparece. ¿Qué hago ahora yo?»
31 Entonces tomaron la túnica de José y, degollando un cabrito, tiñeron la túnica en sangre 32 (la túnica de manga larga) y la hicieron llegar hasta su padre con este recado: «Esto hemos encontrado: mira a ver si se trata de la túnica de tu hijo, o no.» 33 Él la examinó y dijo: «¡Es la túnica de mi hijo! ¡Algún animal feroz lo ha devorado! ¡José ha sido despedazado!» 34 Jacob desgarró su vestido, se echó un sayal a la cintura e hizo duelo por su hijo durante muchos días. 35 Todos sus hijos e hijas acudieron a consolarle, pero él rehusaba el consuelo y decía: «Voy a bajar en duelo al Seol, donde mi hijo.» Su padre le lloró.
36 Por su parte, los madianitas, llegados a Egipto, lo vendieron a Putifar, eunuco del faraón y capitán de la guardia.
Historia de Judá y Tamar*.
381 Por aquel tiempo bajó Judá de donde residían sus hermanos y se desvió donde cierto individuo de Adulán llamado Jirá. 2 Allí conoció Judá a la hija de un cananeo llamado Súa y, tomándola por esposa, se acostó con ella. 3 La mujer concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er*. 4 Volvió a concebir y dio a luz otro hijo, al que llamó Onán. 5 Nuevamente dio a luz otro hijo, al que llamó Selá. Ella se encontraba en Aczib cuando dio a luz.
6 Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar. 7 Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahvé, que le hizo morir. 8 Entonces Judá dijo a Onán: «Cásate con la mujer de tu hermano y cumple como cuñado* con ella, procurando descendencia a tu hermano.» 9 Onán sabía que aquella descendencia no sería suya, y así, si bien tenía relaciones con su cuñada, derramaba a tierra, evitando así dar descendencia a su hermano. 10 Pareció mal a Yahvé* lo que hacía y le hizo morir también a él. 11 Entonces dijo Judá a su nuera Tamar: «Quédate* como viuda en casa de tu padre hasta que crezca mi hijo Selá.» Pues se decía: «Por si acaso muere también él, lo mismo que sus hermanos.» Tamar se fue y se quedó en casa de su padre.
12 Pasaron muchos días, y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se hubo consolado*, subió a Timná para el trasquileo de su rebaño, junto con Jirá, su compañero adulamita. 13 Se lo notificaron a Tamar: «Oye, tu suegro sube a Timná para el trasquileo de su rebaño.» 14 Entonces ella se quitó de encima sus ropas de viuda y se cubrió con el velo, y bien disfrazada se sentó en Petaj Enáin, que está a la vera del camino de Timná. Veía, en efecto, que Selá había crecido, pero que ella no le era dada por mujer*.
15 Judá la vio y la tomó por una ramera, porque se había tapado el rostro, 16 y desviándose hacia ella dijo: «Déjame ir contigo» —pues no la reconoció como su nuera—. Dijo ella: «¿Y qué me das por venir conmigo?» —17 «Te mandaré un cabrito de mi rebaño.» —«Bien, pero dame algo en prenda hasta que me lo mandes.» —18 «¿Qué prenda quieres que te dé?» —«Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en la mano*.» Él se lo dio y se unió a ella, que quedó encinta de él. 19 Entonces se marchó ella y, quitándose el velo, se vistió sus ropas de viuda.
20 Judá, por su parte, envió el cabrito por mediación de su compañero el adulamita, para rescatar la prenda de manos de la mujer, pero éste no la encontró. 21 Preguntó a los del lugar: «¿Dónde está la ramera* aquella que había en Enáin, a la vera del camino?» «Ahí no ha habido ninguna ramera», contestaron. 22 Entonces él se volvió donde Judá y le dijo: «No la he encontrado; y los mismos lugareños me han dicho que allí no ha habido ninguna ramera.» 23 «Pues que se quede con ello —dijo Judá—; que nadie se burle de nosotros. Ya ves cómo he enviado ese cabrito, y tú no la has encontrado.»
24 Ahora bien, tres meses después aproximadamente, Judá recibió este aviso: «Tu nuera Tamar ha fornicado, y lo que es más, ha quedado encinta a consecuencia de ello.» Dijo Judá: «Sacadla y que sea quemada*.» 25 Pero, cuando ya la sacaban, envió ella un recado a su suegro: «Del hombre a quien pertenece esto estoy encinta», y añadía: «Examina, por favor, de quién es este sello, este cordón y este bastón.» 26 Judá lo reconoció y dijo: «Ella tiene más razón que yo, porque la verdad es que no la he dado por mujer a mi hijo Selá.» Y nunca más volvió a tener trato con ella.
27 Al tiempo del parto resultó que tenía dos mellizos en el vientre. 28 Y ocurrió que, durante el parto, uno de ellos sacó la mano. La partera lo agarró y le ató una cinta escarlata a la mano, para saber que había salido primero. 29 Pero entonces retiró él la mano y fue su hermano el que salió. Ella dijo: «¡Cómo te has abierto brecha!» Y le llamó Peres. 30 Detrás salió su hermano, que llevaba en la mano la cinta escarlata, y le llamó Zéraj*.
José en Egipto*.
391 José fue llevado a Egipto y lo compró un egipcio llamado Putifar, eunuco del faraón y jefe de la guardia. Lo compró a los ismaelitas que lo habían traído con ellos. 2 Yahvé asistió a José, que llegó a ser un hombre afortunado, mientras estaba en casa de su señor egipcio. 3 Éste echó de ver que Yahvé estaba con él y que Yahvé hacía prosperar todas sus empresas. 4 José ganó su favor y entró a su servicio, y su señor lo puso al frente de su casa y le confió todo cuanto tenía. 5 Desde entonces le encargó de toda su casa y de todo cuanto tenía. Yahvé bendijo la casa del egipcio en atención a José, extendiéndose la bendición de Yahvé a todo cuanto tenía en casa y en el campo. 6 Él mismo dejó todo lo suyo en manos de José y, con él, ya no se ocupó personalmente de nada más que del pan que comía. José era apuesto y de buena presencia.
José y la seductora*.
7 Tiempo más tarde sucedió que la mujer de su señor se fijó en José y le dijo: «Acuéstate conmigo.» 8 Pero él rehusó y dijo a la mujer de su señor: «Mira, mi señor no me controla nada de lo que hay en su casa; todo cuanto tiene me lo ha confiado. 9 Y aunque es más importante que yo en esta casa, no me ha vedado absolutamente nada más que a ti misma, pues eres su mujer. ¿Cómo entonces voy a hacer esta canallada, pecando contra Dios?» 10 Ella insistía en hablar a José día tras día, pero él no accedió a acostarse y estar con ella.
11 Hasta que cierto día entró él en la casa para hacer su trabajo y coincidió que no había ninguno de casa allí dentro. 12 Entonces ella le asió de la ropa mientras le decía: «Acuéstate conmigo.» Pero él, dejándole su ropa en la mano, salió huyendo afuera. 13 Entonces ella, al ver que había dejado la ropa en su mano, salió también afuera y empezó a gritar a los de su casa: 14 «¡Mirad! Nos ha traído un hebreo para que se burle de nosotros. Ha venido a mí para acostarse conmigo, pero yo he gritado 15 y, al oírme levantar la voz y gritar, ha dejado su vestido a mi lado y ha salido huyendo afuera.»
16 Ella depositó junto a sí el vestido de José. Cuando regresó su señor a casa, 17 le repitió lo mismo: «Ha venido donde mí ese siervo hebreo que tú nos trajiste, para abusar de mí; 18 pero yo he levantado la voz y, al oírme gritar, ha dejado su ropa junto a mí y ha huido afuera.» 19 Al oír su señor las palabras que le decía su mujer («Esto ha hecho conmigo tu siervo»), se encolerizó. 20 El señor de José mandó que lo prendieran y lo metió en la cárcel, en el sitio donde estaban los detenidos del rey.
José encarcelado.
Y allí se quedó, en presidio. 21 Pero Yahvé asistió a José y lo cubrió con su misericordia, haciendo que se ganase el favor del alcaide. 22 El alcaide confió a José todos los detenidos que había en la cárcel; todo lo que se hacía allí, lo hacía él. 23 El alcaide no controlaba absolutamente nada de cuanto administraba José, ya que Yahvé le asistía y hacía prosperar todas sus empresas.
José interpreta los sueños de dos cortesanos*.
401 Después de estos sucesos, resulta que el escanciador y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto. 2 El faraón se enojó contra sus dos eunucos, contra el jefe de los escanciadores y el jefe de los panaderos, 3 y los puso bajo custodia en casa del jefe de la guardia, en prisión, en el lugar donde estaba detenido José. 4 El jefe de la guardia se los encargó a José, para que les sirviese. Así pasaban los días en presidio.
5 Aconteció que ambos tuvieron sendos sueños en una misma noche, cada cual con su sentido propio: el escanciador y el panadero del rey de Egipto que estaban detenidos en la prisión. 6 Una mañana José fue donde ellos y los encontró preocupados. 7 Preguntó, pues, a los eunucos del faraón, que estaban con él en presidio en casa de su señor: «¿Por qué tenéis hoy mala cara?» 8 «Hemos tenido un sueño —le dijeron— y no hay quien lo interprete*.» José les dijo: «¿No son de Dios los sentidos ocultos? Vamos, contádmelo a mí.»
9 El jefe de los escanciadores contó su sueño a José. Le dijo: «Voy con mi sueño. Resulta que yo tenía delante una cepa, 10 y en la cepa tres sarmientos que, nada más echar yemas, florecían en seguida y maduraban las uvas en sus racimos. 11 Yo tenía en la mano la copa del faraón, y tomando aquellas uvas, las exprimía en la copa del faraón y ponía después la copa en su mano.» 12 José dijo: «Ésta es la interpretación: los tres sarmientos, son tres días. 13 Dentro de tres días levantará el faraón tu cabeza: te devolverá a tu cargo y pondrás la copa del faraón en su mano, lo mismo que antes, cuando eras su escanciador. 14 A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces el favor de hablar de mí al faraón para que me saque de este lugar. 15 Pues fui raptado del país de los hebreos y, por lo demás, tampoco aquí hice nada para que me metieran en el calabozo.»
16 Vio el jefe de panaderos que era buena la interpretación y dijo a José: «Voy con mi sueño: Había tres cestas de pan candeal sobre mi cabeza. 17 En la cesta de arriba había de todo lo que come el faraón de panadería, pero los pájaros se lo comían de la cesta, de encima de mi cabeza.» 18 Respondió José: «Ésta es su interpretación. Las tres cestas, son tres días. 19 A la vuelta de tres días levantará el faraón tu cabeza* y te colgará en un madero, y las aves se comerán la carne que te cubre.»
20 Al tercer día, que era el natalicio del faraón, dio éste un banquete para todos sus servidores, y levantó la cabeza del jefe de escanciadores y la del jefe de panaderos en presencia de sus siervos. 21 Al jefe de escanciadores lo restituyó en su oficio, y volvió a poner la copa en manos del faraón. 22 En cuanto al jefe de panaderos, mandó que lo colgasen: tal y como les había interpretado José. 23 Pero el jefe de escanciadores no se acordó de José, sino que le echó en olvido.
Los sueños del faraón*.
411 Al cabo de dos años, el faraón soñó que se encontraba a la vera del Río. 2 De pronto salieron del Río siete vacas hermosas y lustrosas, que se pusieron a pacer en el carrizal. 3 Pero resulta que detrás de aquéllas salieron del Río otras siete vacas, de mal aspecto y macilentas, que se pararon junto a las otras vacas en la margen del Río. 4 Y las vacas de mal aspecto y macilentas se comieron a las siete vacas hermosas y lustrosas. Entonces el faraón se despertó.
5 Se volvió a dormir y soñó que siete espigas crecían en una misma caña, lozanas y buenas. 6 Pero resulta que otras siete espigas flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas, 7 y las espigas flacas devoraron a las siete lozanas y repletas. Despertó el faraón, y resultó que era un sueño.
8 Aquella mañana estaba inquieto su espíritu y mandó llamar a todos los magos y a todos los sabios de Egipto. El faraón les contó su sueño, pero no hubo quien se lo interpretara al faraón*. 9 Entonces el jefe de escanciadores habló al faraón diciéndole: «Hoy me acuerdo de mi yerro. 10 El faraón se había enojado contra sus siervos y me había puesto bajo custodia en casa del jefe de los guardias a mí y al jefe de panaderos. 11 Entonces tuvimos sendos sueños en una misma noche, tanto yo como él, cada uno con su sentido propio. 12 Había allí con nosotros un muchacho hebreo, siervo del jefe de la guardia. Le contamos nuestro sueño y él nos dio el sentido propio de cada cual. 13 Y todo resultó como él nos lo había interpretado: A mí me restituyó el faraón en mi puesto, y a él lo colgó.»
14 El faraón mandó llamar a José y lo sacaron del calabozo con premura. Se afeitó, se cambió de ropa y compareció ante el faraón. 15 Dijo el faraón a José: «He tenido un sueño y no hay quien lo interprete, pero he oído decir de ti que te basta oír un sueño para interpretarlo.» 16 Respondió José al faraón: «No hablemos de mí, que Dios responda en buena hora al faraón.»
17 El faraón refirió a José su sueño: «Resulta que estaba yo a la orilla del Río, 18 cuando de pronto salieron del Río siete vacas lustrosas y de hermoso aspecto, que pacían en el carrizal. 19 Pero resulta que otras siete vacas salieron detrás de aquéllas, de muy ruin y mala catadura, y macilentas. Jamás había visto vacas tan malas como aquéllas en toda la tierra de Egipto. 20 Y las siete vacas macilentas y malas se comieron a las siete vacas primeras, las lustrosas. 21 Pero una vez que las comieron, ni se conocía que las tuviesen dentro, pues su aspecto seguía siendo tan malo como al principio. Entonces me desperté. 22 Pero volví a tener un sueño y vi cómo siete espigas crecían en una misma caña, henchidas y buenas. 23 Pero resulta que otras siete espigas secas, flacas y asolanadas brotaron después de aquéllas 24 y devoraron las espigas flacas a las siete espigas hermosas. Se lo he dicho a los magos, pero no hay quien me lo explique.»
25 José dijo al faraón: «El sueño del faraón es uno solo: Dios anuncia al faraón lo que tiene previsto hacer. 26 Las siete vacas buenas representan siete años de abundancia, y las siete espigas buenas representan otros siete años: porque el sueño es uno solo. 27 Las siete vacas macilentas y malas que subían después de aquéllas representan siete años; e igualmente las siete espigas flacas* y asolanadas. Quiere decir que habrá siete años de hambre. 28 Esto es lo que yo he dicho al faraón. Dios ha mostrado al faraón lo que tiene previsto hacer. 29 Van a venir siete años de gran hartura en todo Egipto. 30 Pero después sobrevendrán otros siete años de hambre y se olvidará toda la hartura pasada, pues el hambre asolará el país. 31 Nadie recordará la hartura habida en Egipto, de tanta hambre como habrá. 32 Y el que se haya repetido el sueño del faraón dos veces es porque la cosa es firme de parte de Dios, y Dios se apresura a realizarla.
33 «Ahora, pues, fíjese el faraón en algún hombre inteligente y sabio, y póngalo al frente de Egipto. 34 Hágalo así el faraón: ponga encargados al frente del país y exija el quinto a Egipto durante los siete años de abundancia. 35 Ellos recogerán todo el comestible de esos años buenos que vienen, almacenarán el grano a disposición del faraón en las ciudades, y lo guardarán. 36 De esta forma quedarán registradas las reservas de alimento del país para los siete años de hambre que habrá en Egipto, y así no perecerá el país de hambre.»
José, primer ministro.
37 Pareció bien el consejo al faraón y a todos sus cortesanos. 38 Comentó con éstos el faraón: «¿Acaso podremos encontrar otro como éste que tenga el espíritu de Dios?» 39 Dijo luego el faraón a José: «Después de haberte dado a conocer Dios todo esto, no puede haber entendido ni sabio como tú. 40 Tú estarás al frente de mi casa, y de lo que tú digas dependerá todo mi pueblo. Tan sólo el trono dejaré por encima de ti.» 41 Dijo el faraón a José: «Mira: te pongo al frente de todo el país de Egipto.» 42 Entonces el faraón se quitó el anillo de la mano y lo puso en la mano de José. Le hizo vestir ropas de lino fino y le puso el collar de oro al cuello. 43 Luego le hizo montar en su segunda carroza, e iban gritando delante de él: «¡Abrek*!» Así lo puso al frente de todo el país de Egipto.
44 Dijo el faraón a José: «Yo, el faraón: sin tu licencia no levantará nadie mano ni pie en todo Egipto.» 45 El faraón llamó a José Safnat Panéaj y le dio por mujer a Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On*. Así fue investido José de autoridad sobre el país de Egipto.
46 Tenía José treinta años cuando compareció ante el faraón, rey de Egipto. Después de ser investido de autoridad por el faraón, José recorrió todo Egipto. 47 La tierra produjo con profusión durante los siete años de abundancia, 48 y él hizo acopio de todos los víveres de los siete años en que hubo hartura* en Egipto, almacenando en cada ciudad los víveres de la campiña circundante. 49 José recolectó grano como la arena del mar, una enormidad, hasta tener que desistir de contar, pues era innumerable.
Hijos de José.
50 Antes que sobreviniesen los años de hambre, le nacieron a José dos hijos que le dio Asnat, la hija de Poti Fera, sacerdote de On. 51 Llamó José al primogénito Manasés, porque —decía— «Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y la casa de mi padre». 52 Al segundo le llamó Efraín, porque —decía— «me ha hecho fructificar Dios en el país de mi aflicción*».
53 Transcurrieron los siete años de hartura que hubo en Egipto 54 y empezaron a llegar los siete años de hambruna, como había predicho José. La gente padecía hambre en todas las regiones; pero en todo Egipto abundaba el pan. 55 Pero toda la tierra de Egipto acabó sintiendo también hambre, y el pueblo clamó al faraón pidiendo pan. El faraón mandó decir a toda la gente de Egipto: «Id a José: haced lo que él os diga.» —56 El hambre cundió por toda la faz de la tierra.— Entonces José sacó todas las existencias y abasteció* de grano a Egipto. Arreciaba el hambre en Egipto. 57 De todos los países venían también a Egipto para proveerse comprando grano a José, porque el hambre cundía por toda la tierra.
Primer encuentro de José y sus hermanos*.
421 Jacob se enteró que se repartía grano en Egipto. Así, pues, dijo a sus hijos: «¿Por qué os estáis ahí mirando? 2 Tengo oído que hay reparto de grano en Egipto. Bajad a comprarnos grano allí, para que vivamos y no muramos.» 3 Bajaron, pues, los diez hermanos de José a proveerse de grano en Egipto. 4 Pero Jacob no dejó bajar a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos, pues pensaba que podía ocurrirle alguna desgracia.
5 Fueron, pues, los hijos de Israel a comprar acompañados de otros, pues había hambre en el país cananeo. 6 José era quien gobernaba todo el país, y él en persona distribuía grano a todo el mundo. Llegaron los hermanos de José y se inclinaron rostro en tierra. 7 Cuando José vio a sus hermanos, los reconoció, pero él no se dio a conocer. Les habló con sequedad y les dijo: «¿De dónde venís?» Dijeron: «De Canaán, para comprar víveres.»
8 O sea, que José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron. 9 José entonces se acordó de aquellos sueños que había tenido respecto a ellos, y les dijo: «Vosotros sois espías, que venís a ver los puntos desguarnecidos del país.» 10 Contestaron: «No, señor. Tus siervos han venido a proveerse de víveres. 11 Todos nosotros somos hijos de un mismo padre. Y somos gente de bien. Tus siervos no son espías.» 12 Replicó: «Nada de eso. Habéis venido a observar los puntos desguarnecidos del país.» 13 Dijéronle: «Tus siervos son doce hermanos, hijos de un mismo padre, del país cananeo. Sólo que el menor está actualmente con nuestro padre, y el otro no existe.» 14 José replicó: «Lo que yo os he dicho: sois espías. 15 Y os voy a poner a prueba, ¡por vida del faraón! No saldréis de aquí hasta que no venga vuestro hermano pequeño. 16 Enviad a cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro hermano. Entre tanto los demás quedáis presos. Así podré comprobar vuestras afirmaciones y ver si la verdad está con vosotros. De otro modo, ¡por vida del faraón!, seguro que sois espías.» 17 Y los puso bajo custodia durante tres días.
18 Al tercer día les dijo José: «Haced lo que voy a deciros —pues yo también temo a Dios— y viviréis. 19 Si sois gente de bien, uno de vuestros hermanos se quedará detenido en la prisión mientras los demás hermanos vais a llevar el grano que tanta falta hace en vuestras casas. 20 Luego me traéis a vuestro hermano menor. Entonces comprobaré que son verídicas vuestras palabras y no moriréis.» —Así lo hicieron ellos.— 21 Y se decían el uno al otro: «A fe que somos culpables de lo de nuestro hermano, pues vimos cómo nos pedía angustiado que tuviésemos compasión y no le hicimos caso. Por eso nos hallamos en esta angustia.» 22 Rubén les replicó: «¿No os decía yo que no pecarais contra el niño y no me hicisteis caso? ¡Ahora se reclama su sangre!» 23 Ignoraban ellos que José les entendía, porque mediaba un intérprete entre ellos. 24 Entonces José se apartó de su lado y lloró*. Volvió después donde ellos, tomó a Simeón y lo hizo amarrar a vista de todos.
Los hijos de Jacob regresan a Canaán.
25 Mandó José que se les llenaran los recipientes de grano, que se devolviera a cada uno su dinero en la talega y que se les pusiera provisiones para el camino. Así se hizo con ellos. 26 Ellos pusieron su cargamento de grano sobre los burros y se fueron de allí. 27 Cuando pararon para hacer noche, uno de ellos abrió su talega para dar pienso a su burro y vio que su dinero estaba en la boca de la talega de grano. 28 Y dijo a sus hermanos: «Me han devuelto el dinero; lo tengo aquí en mi talega.» Se quedaron sin aliento y se miraban temblando y diciendo: «¿Qué es esto que ha hecho Dios con nosotros*?»
29 Llegaron donde su padre, a Canaán, y le contaron todas sus aventuras. Le dijeron: 30 «El hombre que manda en el país nos ha tratado con frialdad y nos ha tomado por espías del país. 31 Nosotros le hemos dicho que éramos gente de bien y no espías; 32 que éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros no existía, y que el otro se encontraba actualmente con nuestro padre en Canaán. 33 Entonces nos dijo el hombre que manda en el país: ‘Hay un modo de saber si sois gente de bien: dejad conmigo a uno de vosotros y tomad lo que hace falta en vuestras casas. Marchad 34 y traedme a vuestro hermano pequeño. Así conoceré que no sois espías, sino gente de bien. Entonces os entregaré a vuestro hermano y circularéis libremente por el país.’»
35 Ahora bien, cuando estaban vaciando sus talegas, se dieron cuenta que cada uno tenía su dinero en la talega. Y tanto ellos como su padre, al ver las bolsas, sintieron miedo. 36 Su padre Jacob les dijo: «Vais a dejarme sin hijos. Falta José, falta Simeón, y encima vais a quitarme a Benjamín. Esto acabará conmigo.»
37 Dijo Rubén a su padre: «Que mueran mis dos hijos si no te lo traemos. Confíamelo y yo te lo devolveré*.» 38 Replicó: «No bajará mi hijo con vosotros, pues su hermano está muerto y sólo me queda él*. Si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje que vais a hacer, entonces haríais bajar mi vejez angustiada al Seol.»
Los hijos de Jacob vuelven llevando a Benjamín*.
431 El hambre seguía abrumando la tierra. 2 Así, pues, en cuanto acabaron de consumir el grano traído de Egipto, les dijo su padre: «Volved y compradnos algo de comer.» 3 Judá le dijo: «Bien claro nos dio a entender aquel hombre que no nos recibiría si no estaba con nosotros nuestro hermano. 4 Si mandas a nuestro hermano con nosotros, bajaremos y te compraremos víveres; 5 pero si no lo mandas, no bajaremos, porque aquel hombre nos dijo que no nos presentásemos a él si no venía nuestro hermano con nosotros.» 6 Contestó Israel: «¿Por qué para desgracia mía hicisteis saber a ese hombre que teníais otro hermano?» 7 Dijeron: «Él empezó preguntándonos por nuestra familia, diciéndonos: ¿Tenéis aún padre? ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algun otro hermano? Y nosotros nos limitamos a responder a sus palabras. ¿Podíamos saber que iba a decirnos que llevásemos a nuestro hermano?» 8 Dijo Judá a su padre Israel: «Deja ir al chico conmigo; deja que vayamos. Así podremos seguir con vida, y no moriremos ni nosotros, ni tú, ni nuestros pequeños. 9 Yo respondo de él. De mi mano lo exigirás si no lo trajere aquí y te lo presentare; y estaría yo en falta contigo a perpetuidad. 10 Que lo que es, si no nos hubiéramos entretenido, para estas horas ya estaríamos de vuelta.»
11 Les dijo su padre Israel: «Está bien, hacedlo. Llevaos de lo más fino del país en vuestras cestas; bajad a aquel hombre un regalo, un poco de sandácara, un poco de miel, almáciga y ládano, pistachos y almendras. 12 Tomáis también con vosotros el doble de dinero y restituís personalmente el dinero devuelto en la boca de vuestras talegas, por si se trata de un error. 13 Tomad, pues, a vuestro hermano, aviaos y volved inmediatamente donde ese hombre. 14 Que El Sadday os haga hallar misericordia ante ese hombre, y que él os deje partir con vuestro otro hermano y con Benjamín. Por mi parte, si he de perder a mis hijos, qué le vamos a hacer.»
Encuentro con José.
15 Ellos tomaron consigo dicho regalo y el doble de dinero, y también a Benjamín. Después se pusieron en marcha, llegaron a Egipto y se presentaron ante José. 16 José vio con ellos a Benjamín y dijo a su mayordomo: «Lleva a esos hombres a casa, mata algún animal y lo preparas, porque esos hombres van a comer conmigo a mediodía.» 17 El hombre hizo como le había ordenado José, y llevó a los hombres a casa de José.
18 Ellos se asustaron al ver que los llevaban a casa de José, y dijeron: «Es por lo del dinero devuelto en nuestros sacos la otra vez; por eso nos trae acá, para ponernos alguna trampa, caer sobre nosotros y reducirnos a esclavitud, junto con nuestros asnos.» 19 Así que se acercaron al mayordomo de José y le dijeron a la entrada de la casa: 20 «Mire, señor, nosotros bajamos anteriormente a comprar víveres. 21 Pero resultó que cuando fuimos a hacer noche y abrimos nuestras talegas de grano, nos encontramos con que el dinero de cada uno estaba en la boca de su talega, nuestra plata bien pesada, y la hemos devuelto con nosotros. 22 Además traemos con nosotros más dinero para comprar víveres. Ignoramos quién puso nuestro dinero en nuestras talegas.» 23 Respondió: «La paz sea con vosotros, no temáis. Vuestro Dios y el Dios de vuestro padre os puso ese tesoro en las talegas. Vuestro dinero ya me llegó*.» Y les sacó a Simeón.
24 Luego los introdujo en casa de José, les dio agua y se lavaron los pies, y les dio pienso para sus asnos. 25 Entonces ellos prepararon el regalo, mientras llegaba José a mediodía, pues oyeron que iban a comer allí.
26 Al entrar José en casa, le presentaron el regalo que llevaban consigo y se inclinaron hasta el suelo. 27 Él les saludó y les preguntó: «Vuestro anciano padre de quien me hablasteis, ¿vive aún?» 28 Le respondieron: «Tu siervo, nuestro padre, está bien: todavía vive.» Y, postrándose, le hicieron una reverencia. 29 Entonces José volvió la mirada y vio a Benjamín, su hermano de madre. Preguntó: «¿Es éste vuestro hermano menor, de quien me hablasteis?» Y añadió: «Dios te guarde, hijo mío*.» 30 José tuvo que darse prisa, porque le daban ganas de llorar de emoción por su hermano, y entrando en el cuarto lloró allí. 31 Luego se lavó la cara, salió y conteniéndose dijo: «Servid la comida.» 32 A él le sirvieron aparte, aparte a ellos, y aparte a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no soportan comer con los hebreos, cosa detestable para ellos. 33 Sentáronse, pues, delante de él por orden de antigüedad, de mayor a menor, y se miraban entre sí asombrados. 34 Él fue tomando de delante de sí raciones para ellos, y la ración de Benjamín era cinco veces mayor que la de todos los demás. Ellos bebieron y se embriagaron en su compañía.
La copa de José en la talega de Benjamín.
441 José dio esta orden a su mayordomo: «Llena de víveres las talegas de estos hombres, cuanto quepa en ellas, y pones el dinero de cada uno en la boca de su talega. 2 Y mi copa, la copa de plata, la pones en la boca del saco del pequeño, además del dinero de su compra.» El mayordomo hizo lo que había ordenado José.
3 En cuanto alumbró el día, se les despachó con sus asnos. 4 Salieron de la ciudad y, no bien se habían alejado, cuando José dijo a su mayordomo: «Ponte en marcha y persigue a esos hombres, les das alcance y les dices: ‘¿Por qué habéis pagado mal por bien? 5 ¡Se trata nada menos que de lo que utiliza mi señor para beber, y también para sus adivinaciones*! ¡Qué mal habéis obrado!’»
6 Él los alcanzó y les habló a este tenor. 7 Ellos le dijeron: «¿Por qué habla mi señor de ese modo? ¡Lejos de tus siervos hacer semejante cosa! 8 De modo que te hemos devuelto desde Canaán el dinero que encontramos en la boca de nuestras talegas, ¿e íbamos a robar ahora de casa de nuestro señor plata u oro? 9 Aquél de tus siervos a quien se le encuentre, que muera; y también los demás nos haremos esclavos del señor.» 10 Respondió: «Sea como decís: aquél a quien se le encuentre, será mi esclavo; pero los demás quedaréis disculpados.» 11 Ellos se dieron prisa en bajar sus talegas a tierra y fueron abriendo cada cual la suya. 12 El hombre les registró empezando por el grande y acabando por el chico. Y apareció la copa en la talega de Benjamín. 13 Entonces rasgaron ellos sus túnicas y, cargando cada cual su burro, regresaron a la ciudad.
14 Judá y sus hermanos entraron en casa de José, que todavía estaba allí, y cayeron rostro en tierra. 15 José les dijo: «¿Qué habéis hecho? ¿Ignorabais que uno como yo tenía que adivinarlo sin falta?» 16 Judá dijo: «¿Qué vamos a decir al señor, qué vamos a hablar, qué excusa vamos a dar? Dios ha hallado culpables a sus siervos*, y henos aquí como esclavos de nuestro señor, tanto nosotros como aquél en cuyo poder ha aparecido la copa.» 17 Replicó: «¡Lejos de mí hacer eso! Aquél a quien se le ha hallado la copa, ése será mi esclavo. Los demás podréis subir sin novedad donde vuestro padre.»
Interviene Judá.
18 Entonces se le acercó Judá y le dijo: «Escúchame, señor. Tu siervo va a proponer algo a mi señor. Pero que no se encienda tu ira contra tu siervo, pues tú eres como el mismo faraón. 19 Mi señor preguntó a sus siervos si teníamos padre o algún hermano. 20 Nosotros dijimos a mi señor: ‘Sí, tenemos un padre ya anciano, y tiene un hijo pequeño engendrado en su ancianidad. Otro hermano de éste murió; así que sólo le ha quedado éste de su madre, y su padre le quiere.’ 21 Entonces tú dijiste a tus siervos que te lo trajésemos, que querías verlo*.’ 22 Pero dijimos a mi señor: ‘Imposible que el muchacho deje a su padre, pues si lo dejara, éste moriría.’ 23 Pero dijiste a tus siervos: ‘Pues si no baja vuestro hermano menor con vosotros, no volveréis a verme la cara.’ 24 Así pues, cuando subimos nosotros donde mi padre, tu siervo, le expusimos las palabras de mi señor. 25 Nuestro padre dijo: ‘Volved y compradnos algo de comer.’ 26 Dijimos: ‘No podemos bajar, a menos que nuestro hermano pequeño vaya con nosotros. En ese caso sí bajaríamos. Porque no podemos presentarnos a aquel hombre si no está con nosotros nuestro hermano el pequeño.’ 27 Mi padre, tu siervo, nos dijo: ‘Bien sabéis que mi mujer me dio a los dos: 28 el uno se me marchó, y pensé que seguramente habría sido despedazado. Y de hecho ya no lo he vuelto a ver. 29 Ahora, si os lleváis también a éste de mi lado y le ocurre alguna desgracia, haréis bajar mi ancianidad al Seol con amargura.’ 30 Ahora, pues, cuando yo llegue a donde mi padre, tu siervo, y el muchacho no esté con nosotros, teniendo como tiene el alma tan apegada a la suya, 31 en cuanto vea que falta el muchacho morirá, y tus siervos habrán hecho bajar la ancianidad de nuestro padre, tu siervo, con amargura al Seol. 32 La verdad es que tu siervo ha traído al muchacho de junto a su padre bajo palabra de que, si no se lo devuelvo, quedaré en falta para con mi padre a perpetuidad. 33 Ahora, pues, que se quede tu siervo en vez del muchacho como esclavo de mi señor, y regrese el muchacho con sus hermanos. 34 Porque ¿cómo vuelvo yo ahora donde mi padre sin el muchacho conmigo? ¡No quiero ni ver la aflicción en que caerá mi padre!»
José se descubre a sus hermanos*.
451 Ya no pudo José contenerse delante de todos los que en pie le asistían y exclamó: «Echad a todo el mundo de mi lado.» Y no quedó nadie con él mientras se daba a conocer José a sus hermanos. 2 (José se echó a llorar a gritos, hasta el punto de que lo oyeron los egipcios y hasta la casa del faraón*.)
3 José dijo a sus hermanos: «Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?» Sus hermanos no pudieron contestarle, porque se habían quedado atónitos ante él*. 4 José dijo a sus hermanos: «Vamos, acercaos a mí.» Se acercaron, y él continuó: «Yo soy vuestro hermano José, a quien vendisteis a los egipcios. 5 Ahora bien, no os pese ni os dé enojo haberme vendido acá, pues para salvar vidas me envió Dios delante de vosotros*. 6 Porque con éste van dos años de hambre en la tierra, y aún quedan cinco años en que no habrá arada ni siega. 7 Dios me ha enviado delante de vosotros para que podáis sobrevivir en la tierra y para salvaros la vida mediante una feliz liberación. 8 O sea, que no fuisteis vosotros los que me enviasteis acá, sino Dios, y él me ha convertido en padre* del faraón, en dueño de toda su casa y amo de todo Egipto.
9 Volved de prisa a donde mi padre y decidle: ‘Esto dice tu hijo José: Dios me ha hecho dueño de todo Egipto; ven donde mí sin demora. 10 Vivirás en el país de Gosen*, y estarás cerca de mí con tus hijos y nietos, tus ovejas y tus vacadas y todo cuanto tienes. 11 Yo te sustentaré allí, pues todavía habrá cinco años de hambruna, no sea que quedéis en la miseria tú y tu casa y todo lo tuyo.’ 12 Con vuestros propios ojos estáis viendo, y también mi hermano Benjamín con los suyos, que soy yo en persona quien os habla. 13 Notificad, pues, a mi padre toda mi autoridad en Egipto y todo lo que habéis visto. Traed en seguida a mi padre acá.»
14 Luego se echó al cuello de su hermano Benjamín y lloró. También Benjamín lloraba sobre el cuello de José. 15 Luego besó a todos sus hermanos y lloró abrazado a ellos. Después de lo cual sus hermanos estuvieron conversando con él.
Invitación del faraón.
16 En el palacio del faraón corrió la voz de que habían venido los hermanos de José. La cosa cayó bien al faraón y sus cortesanos. 17 Dijo el faraón a José: «Di a tus hermanos: ‘Haced esto: Cargad vuestras acémilas y poneos inmediatamente en marcha hacia Canaán, 18 tomad a vuestro padre y vuestras familias y volved donde mí. Yo os daré lo mejor de Egipto; comeréis lo más pingüe del país’. 19 Por tu parte, ordénales*: ‘Haced esto: Tomad de Egipto carretas para vuestros pequeños y mujeres, y traeros a vuestro padre. 20 Por lo demás, no tengáis pena de vuestras cosas, que lo mejor de Egipto será para vosotros.’»
Regreso a Canaán.
21 Así lo hicieron los hijos de Israel; José les proporcionó carretas por orden del faraón y les dio provisiones para el camino. 22 A todos ellos proporcionó sendas mudas, pero a Benjamín le dio trescientas piezas de plata y cinco mudas. 23 A su padre le envió asimismo diez burros cargados de lo mejor de Egipto y diez asnas cargadas de trigo, pan y víveres para el viaje de su padre. 24 Luego despidió a sus hermanos, y cuando se iban les dijo: «No os excitéis en el camino*.»
25 Subieron, pues, de Egipto y llegaron a Canaán, a donde su padre Jacob, 26 y le dieron la noticia: «Todavía vive José, y es el amo de todo Egipto.» Pero él se quedó impasible, porque no les creía. 27 Entonces le repitieron todas las palabras que José les había dicho, vio las carretas que José había enviado para transportarle, y revivió el espíritu de su padre Jacob. 28 Entonces dijo Israel: «¡Esto me basta! Todavía vive mi hijo José; iré y lo veré antes de morir.»
Sale Jacob para Egipto*.
461 Partió Israel con todas sus pertenencias y llegó a Berseba, donde hizo sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Dijo Dios a Israel en visión nocturna*: «¡Jacob, Jacob!» —«Aquí estoy», respondió. —3 «Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas bajar a Egipto, porque allí te haré una gran nación. 4 Bajaré contigo a Egipto y yo mismo te subiré también. José te cerrará los ojos.» 5 Jacob partió de Berseba y los hijos de Israel montaron a su padre Jacob, así como a sus pequeños y mujeres, en las carretas que había mandado el faraón para trasportarle.
6 También tomaron sus ganados y la hacienda lograda en Canaán, y se trasladaron a Egipto, Jacob con toda su descendencia: 7 sus hijos y nietos, sus hijas y nietas. Se llevó consigo a Egipto a toda su descendencia.
La familia de Jacob*.
8 Éstos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos. El primogénito de Jacob: Rubén, 9 y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí; 10 los hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Ohad, Yaquín, Sójar y Saúl, hijo de la cananea; 11 los hijos de Leví: Guersón, Queat y Merarí; 12 los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj, (pero Er y Onán ya habían muerto en Canaán) y los hijos de Peres: Jesrón y Jamul; 13 los hijos de Isacar: Tolá, Puá, Yasub y Simrón; 14 los hijos de Zabulón: Séred, Elón, Yajleel. 15 Éstos fueron los hijos que Lía había dado a Jacob en Padán Aram, y también su hija Dina. Sus hijos y sus hijas eran en total treinta y tres personas.
16 Los hijos de Gad: Sefón, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí. 17 Los hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Séraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá: Jéber y Malquiel. 18 Éstos son los hijos de Zilpá, la que Labán diera a su hija Lía; ella engendró para Jacob estas dieciséis personas.
19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín. 20 A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraín, de Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On. 21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupín, Jupín y Ard. 22 Éstos son los hijos que Raquel dio a Jacob. En total catorce personas.
23 Los hijos de Dan: Jusín. 24 Los hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yéser y Salún. 25 Éstos son los hijos de Bilhá, la que Labán diera a su hija Raquel, y que aquélla engendró para Jacob: en total siete personas.
26 Todas las personas que entraron con Jacob en Egipto, nacidas de sus entrañas —salvo las mujeres de los hijos de Jacob—, sumaban un total de sesenta y seis personas. 27 Los hijos de José, que le habían nacido en Egipto, eran dos. Todas las personas de la casa de Jacob que entraron en Egipto eran setenta*.
José recibe a los suyos*.
28 Israel mandó a Judá por delante adonde José, para que éste le precediera* a Gosen. Por fin llegaron al país de Gosen. 29 José enganchó su carroza y subió a Gosen, al encuentro de su padre Israel. Cuando lo vio, se echó a su cuello y estuvo llorando sobre su cuello. 30 Dijo Israel a José: «Ahora ya puedo morir, después de haberte visto en persona, pues compruebo que vives todavía.»
31 José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: «Voy a subir a avisar al faraón y decirle: ‘Han venido a mí mis hermanos y la casa de mi padre que estaban en Canaán. 32 Son pastores de ovejas, pues siempre fueron ganaderos, y han traído ovejas, vacadas y todo lo suyo’. 33 Así, cuando os llame el faraón y os pregunte cuál es vuestro oficio, 34 le decís que habéis sido ganaderos desde la mocedad hasta ahora, lo mismo que vuestros padres. De esta suerte os quedaréis en el país de Gosen.» (Y es que los egipcios detestan a todos los pastores de ovejas*.)
Audiencia del faraón.
471 Vino, pues, José a dar parte al faraón. Le dijo: «Mi padre y mis hermanos han llegado de Canaán, junto con sus ovejas, vacadas y cuanto les pertenece. Ya están en el país de Gosen.» 2 Luego, de entre todos sus hermanos, tomó consigo a cinco varones y se los presentó al faraón. 3 Dijo el faraón a los hermanos: «¿Cuál es vuestro oficio?» Respondieron al faraón: «Pastores de ovejas son tus siervos, lo mismo que nuestros padres.» 4 Y dijeron al faraón: «Hemos venido a residir en esta tierra, porque no hay pastos para los rebaños que tienen tus siervos, por ser terrible la hambruna en Canaán. Así pues, deja morar a tus siervos en el país de Gosen.» 5a Dijo el faraón a José*: 6b «Que residan en el país de Gosen. Y, si te consta que hay entre ellos gente capacitada, ponles por rabadanes de lo mío.»
Otro relato*.
5b Jacob y sus hijos vinieron a Egipto, donde José. El faraón, rey de Egipto, se enteró y dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti. 6a Tienes el territorio egipcio por delante: en lo mejor del país instala a tu padre y tus hermanos.» 7 José llevó a su padre Jacob y lo presentó al faraón, y Jacob bendijo al faraón. 8 Dijo el faraón a Jacob: «¿Cuántos años tienes?» 9 Respondió Jacob al faraón: «Los años de mis andanzas hacen ciento treinta años; pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han llegado a igualar los años de vida de mis padres, en el tiempo de sus andanzas.» 10 Bendijo, pues, Jacob al faraón, y salió de su presencia. 11 José instaló a su padre y a sus hermanos, asignándoles predio en territorio egipcio, en lo mejor del país, en el país de Ramsés*, según lo había mandado el faraón.
12 Y José proveyó al sustento familiar de su padre y sus hermanos y toda la casa de su padre.
Política agraria de José*.
13 No había pan en todo el país, porque el hambre era acuciante. Tanto Egipto como Canaán estaban muertos de hambre. 14 Entonces José se hizo con toda la plata existente en Egipto y Canaán a cambio del grano que ellos compraban. José llevaba aquella plata al palacio del faraón.
15 Agotada la plata de Egipto y de Canaán, acudió Egipto en masa a José diciendo: «Danos pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia ahora que se ha agotado la plata?» 16 Dijo José: «Entregad vuestros ganados y os daré pan* por vuestros ganados, ya que se ha agotado la plata.» 17 Trajeron sus ganados a José y José les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y burros. Les abasteció de pan a trueque de todos sus ganados por aquel año.
18 Cumplido el año, acudieron al año siguiente y le dijeron: «No hace falta que digamos a nuestro señor que se ha agotado la plata. Los ganados pertenecen ya a nuestro señor. Así que no nos queda a disposición de nuestro señor nada, salvo nuestros cuerpos y nuestras tierras. 19 ¿Por qué hemos de morir delante de tus ojos así nosotros como nuestras tierras? Aprópiate de nosotros y de nuestras tierras a cambio de pan, y nosotros con nuestras tierras pasaremos a ser esclavos del faraón. Pero danos simiente para que vivamos y no muramos, y el suelo no quede desolado.»
20 De este modo se apropió José de todo el suelo de Egipto para el faraón, pues los egipcios vendieron cada uno su campo porque el hambre les apretaba, y la tierra vino a ser del faraón. 21 En cuanto al pueblo, lo redujo a servidumbre*, de cabo a cabo de las fronteras de Egipto. 22 Tan sólo las tierras de los sacerdotes no se las apropió, porque los sacerdotes tuvieron tal privilegio del faraón, y comieron de dicho privilegio que les concedió el faraón. Por lo cual no vendieron sus tierras.
23 Dijo entonces José al pueblo: «Veis que os he adquirido hoy para el faraón a vosotros y vuestras tierras. Ahí tenéis simiente: sembrad la tierra, 24 y luego, cuando la cosecha, daréis el quinto al faraón y las otras cuatro partes serán para vosotros, para siembra del campo, y para alimento vuestro y de vuestros familiares, para alimento de vuestras criaturas.» 25 Dijeron ellos: «Nos has salvado la vida. Ojalá caigamos bien a mi señor y podamos seguir siendo siervos del faraón.» 26 José les impuso por norma, vigente hasta la fecha respecto a todo el agro egipcio, dar la quinta parte al faraón. Tan sólo el territorio de los sacerdotes no pasó a ser del faraón.
Testamento de Jacob*.
=49 29-32; 50 6. 27 Israel residió en Egipto, en el país de Gosen. Se afincaron en él, fueron fecundos y se multiplicaron sobremanera. 28 Jacob vivió en Egipto diecisiete años. Los días de Jacob, los años de su vida, sumaban ciento cuarenta y siete años. 29 Cuando la vida de Israel tocaba a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: «Si quieres mostrarte benévolo conmigo, júrame con tu mano debajo de mi muslo que me serás leal y me harás este favor: no me sepultes en Egipto. 30 Cuando yo me acueste con mis padres, sácame de Egipto y entiérrame en el sepulcro de ellos.» Respondió: «Lo haré como dices.» —31 «Júramelo», dijo. Y José se lo juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de su lecho*.
Jacob adopta y bendice a los hijos de José*.
481 Tras estos sucesos le comunicaron a José que su padre estaba mal. Entonces tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín, 2 y se hizo anunciar a Jacob: «Tu hijo José ha venido a verte.» Entonces Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en su lecho. 3 Dijo Jacob a José: «El Sadday se me apareció en Luz, en país cananeo; me bendijo 4 y me dijo: ‘Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques; haré de ti una multitud de pueblos, y daré esta tierra a tu posteridad en propiedad eterna.’ 5 Pues bien, los dos hijos tuyos que te nacieron en Egipto antes de venir yo a Egipto a reunirme contigo, míos son: Efraín y Manasés. Serán míos como lo son Rubén y Simeón. 6 En cuanto a la prole que has engendrado después de ellos, tuya será, y con el apellido de sus demás hermanos se la citará en orden a la herencia.
7 «Cuando yo venía de Padán se me murió en el camino Raquel, tu madre, en el país de los cananeos, a poco trecho para llegar a Efratá, y allí la sepulté, en el camino de Efratá, o sea Belén.»
8 Vio Israel a los hijos de José y preguntó: «¿Quiénes son éstos?» 9 Dijo José a su padre: «Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí.» Le dijo: «Acércamelos para que los bendiga.» 10 Los ojos de Israel se habían nublado por la vejez, y no podía ver. Acercóselos, pues, y él los besó y los abrazó. 11 Dijo Israel a José: «Yo no sospechaba que te volvería a ver, y ahora resulta que Dios me ha permitido ver también a tus hijos.» 12 José los sacó de entre las rodillas de su padre y se postró ante él rostro en tierra*.
13 José los tomó a los dos, a Efraín con la derecha, a la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, a la derecha de Israel. Después los acercó a éste. 14 Israel extendió su diestra y la puso sobre la cabeza de Efraín, aunque era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés; es decir, que cruzó las manos, puesto que Manasés era el primogénito; 15 y bendijo a José diciendo:
«El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abrahán e Isaac,
el Dios que ha sido mi pastor desde que existo hasta el presente día, 16 el Ángel que me ha rescatado de todo mal, bendiga a estos muchachos;
sean llamados con mi nombre y con el de mis padres Abrahán e Isaac,
y multiplíquense y crezcan en medio de la tierra.»
17 Al ver José que su padre tenía la diestra puesta sobre la cabeza de Efraín, le pareció mal, y asió la mano de su padre para retirarla de sobre la cabeza de Efraín a la de Manasés. 18 Dijo José a su padre: «Así no, padre mío, que éste es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza*.» 19 Pero rehusó su padre; y añadió: «Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será grande. Sin embargo, su hermano será más grande que él, y su descendencia se hará una muchedumbre de gentes*.»
20 Los bendijo aquel día, con estas palabras:
«Que con vuestro* nombre se bendiga en Israel, y se diga:
¡Hágate Dios como a Efraín y Manasés!»
—y puso a Efraín por delante de Manasés—.
21 Dijo entonces Israel a José: «Yo voy a morir; pero Dios estará con vosotros y os devolverá a la tierra de vuestros padres. 22 Por mi parte, te doy Siquén* a ti, mejorándote sobre tus hermanos: lo que tomé al amorreo con mi espada y con mi arco.»
Bendiciones de Jacob*.
Jc 5; Dt 33. 491 Llamó Jacob a sus hijos y dijo: «Reuníos, que yo os muestre lo que os sucederá al cabo de los días.
2 Apiñaos y oíd, hijos de Jacob,
oíd a Israel vuestro padre.
3 Rubén, mi primogénito tú,
mi vigor, la primicia de mi virilidad,
exceso de pasión, exceso de ímpetu:
4 hierves como agua, ¡no te desbordes!,
porque subiste al lecho de tu padre,
violando mi tálamo indignamente*.
5 Simeón y Leví*, hermanos;
instrumento de violencia sus espadas*.
6 En su concejo no entres, alma mía,
a su asamblea no te unas, honra mía,
porque enojados mataban hombres,
y por gusto desjarretaban toros.
7 ¡Maldito su enojo, tan violento,
y su cólera, tan dura!
Los repartiré por Jacob
y los dispersaré por Israel.
8 A ti, Judá*, te alaben* tus hermanos;
tu mano en la cerviz de tus enemigos:
¡inclínense ante ti los hijos de tu padre!
9 Cachorro de león, Judá;
de la caza, hijo mío, vuelves;
se agacha, se echa cual león
o cual leona, ¿quién le va a desafiar?
10 No se irá cetro de mano de Judá,
bastón de mando de entre sus piernas,
hasta que venga el que le pertenece*,
y al que harán homenaje los pueblos*.
11 El que ata a la vid su borrico
y a la cepa el pollino de su asna;
el que lava en vino su túnica
y en sangre de uvas su sayo;
12 el de ojos rubicundos por el vino,
y blanquean sus dientes más que leche.
13 Zabulón a la ribera del mar habita,
a la ribera de barcos,
a horcajadas sobre Sidón*.
14 Isacar, asno robusto
echado entre las angarillas*.
15 Aunque ve que el reposo es bueno
y que la tierra es grata,
apresta su lomo a la carga
y acaba sometiéndose al trabajo.
16 Dan juzgará a su pueblo*
como una de las tribus de Israel.
17 Será Dan culebra en el camino,
víbora* en el sendero,
que pica al caballo en los pulpejos
y cae su jinete de espaldas.
18 Por tu salvación aguardo, Yahvé*.
19 A Gad atracadores le atracan,
pero él les atraca por retaguardia*.
20 Aser tiene pingüe su pan
y da manjares de rey.
21 Neftalí, una cierva suelta
que da cervatillos hermosos*.
22 Un retoño, José, retoño cabe la fuente,
sus vástagos trepan por el muro*.
23 Le molestan y acribillan,
hostíganle flecheros,
24 mientras sigue firme su arco
y sueltos los músculos de sus manos,
por las manos del Fuerte de Jacob,
por el Nombre del Pastor,
la Piedra de Israel*,
25 por el Dios de tu padre, y él te ayude,
el Dios Sadday*, y él te bendiga
con bendiciones del cielo por arriba, bendiciones del abismo que yace abajo*,
bendiciones de ubres y vientre,
26 bendiciones de espigas y frutos,
amén de las bendiciones de los montes antiguos*,
lo apetecible de los collados eternos:
¡Vengan sobre la cabeza de José,
sobre el vértice del consagrado* de sus hermanos!
27 Benjamín, lobo rapaz:
de mañana devora su presa
y a la tarde reparte el despojo.*»
28 Todas éstas son las tribus de Israel, doce en total, y esto es lo que les dijo su padre, bendiciéndolos a cada uno* con su bendición correspondiente.
Muerte de Jacob*.
29 Luego les dio este encargo: «Yo voy a reunirme con los míos. Sepultadme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita, 30 en la cueva que está en el campo de Macpelá, enfrente de Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abrahán a Efrón el hitita, como propiedad sepulcral: 31 allí sepultaron a Abrahán y a su mujer Sara; allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lía. 32 Dicho campo y la cueva que en él hay fueron adquiridos de los hititas.*»
33 Y en habiendo acabado Jacob de hacer encargos a sus hijos, encogió sus piernas en el lecho, expiró y se reunió con los suyos.
Exequias de Jacob*.
501 José cayó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó. 2 Luego encargó José a sus servidores médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3 Emplearon en ello cuarenta días, porque éste es el tiempo que se emplea con los embalsamados.
Y los egipcios lo lloraron durante setenta días. 4 Transcurridos los días de luto por él, habló José a la gente del faraón en estos términos: «Si de verdad me apreciáis, haced llegar a oídos del faraón estas palabras: 5 Mi padre me tomó juramento diciendo: ‘Yo me muero. Quiero que me entierres en el sepulcro que me labré en el país de Canaán’. Ahora, pues, permíteme que suba a sepultar a mi padre; volveré después.» 6 Respondió el faraón: «Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar.»
7 Subió José a enterrar a su padre, y con él subieron todos los cortesanos del faraón, los más viejos de palacio, y todos los ancianos de Egipto, 8 así como toda la familia de José, sus hermanos y la familia de su padre. Tan sólo a sus pequeñuelos*, sus rebaños y vacadas, dejaron en el país de Gosen. 9 Subieron con él además carros y aurigas: un cortejo muy considerable.
10 Llegados a Goren Atad, que está allende el Jordán, hicieron un duelo prolongado y solemne, y José lloró a su padre durante siete días. 11 Los cananeos, habitantes del país, vieron el duelo en Goren Atad y dijeron: «Duelo de importancia es ése de los egipcios.» Por eso se llamó el lugar Abel Misráin*, que está allende el Jordán.
12 Sus hijos, pues, hicieron por Jacob cuanto él les había mandado; 13 lo llevaron al país de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpelá, el campo que había comprado Abrahán en propiedad sepulcral a Efrón el hitita, enfrente de Mambré.
14 Regresó José a Egipto con sus hermanos y con todos cuantos habían subido con él a sepultar a su padre*.
Epílogo de la historia de José.
15 Cuando vieron los hermanos de José que había muerto su padre, se dijeron: «A ver si José nos va a guardar rencor y nos devuelve todo el daño que le hicimos.» 16 Por eso mandaron a José este recado: «Tu padre encargó antes de su muerte: 17 ‘Así diréis a José: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos y su pecado. Cierto que te hicieron daño, pero ahora tú perdona el crimen de los siervos del Dios de tu padre’.» José lloró mientras le hablaban.
18 Fueron entonces sus hermanos personalmente y, cayendo delante de él, dijeron: «Aquí nos tienes, somos tus esclavos.» 19 Les contestó José: «No temáis, ¿ocupo yo acaso el puesto de Dios? 20 Aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir, como hoy ocurre, a un pueblo numeroso. 21 Así que no temáis; yo os mantendré a vosotros y a vuestros pequeñuelos.» Y los consoló y les habló con afecto.
22 José permaneció en Egipto junto con la familia de su padre. Alcanzó José la edad de ciento diez años. 23 José vio a los biznietos de Efraín; también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José. 24 Por último, José dijo a sus hermanos: «Voy a morir, pero Dios se ocupará sin falta de vosotros y os hará subir de este país al país que juró a Abrahán, a Isaac y a Jacob.» 25 José tomó juramento a los hijos de Israel con estas palabras: «Dios os visitará sin falta, y entonces os llevaréis mis huesos de aquí.»
26 José murió a la edad de ciento diez años. Lo embalsamaron y lo pusieron en un sarcófago en Egipto.