Jeremías

JEREMÍAS

Título.

11 Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot*, en la tierra de Benjamín. 2 Le fue dirigida la palabra de Yahvé en tiempo de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, el año trece de su reinado; 3 y también en tiempo de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, hasta cumplirse el año undécimo de Sedecías, hijo de Josías, rey de Judá, hasta el destierro de Jerusalén, en el mes quinto*.

I. Oráculos sobre Judá y Jerusalén

1. EN TIEMPO DE JOSÍAS

Vocación del profeta.

4 Me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:

5 Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía*;

antes que nacieses, te había consagrado yo profeta;

te tenía destinado a las naciones.

6 Yo respondí: «¡Ah, Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.»

7 Pero Yahvé me dijo:

No digas que eres un muchacho,

pues irás donde yo te envíe

y dirás todo lo que te mande.

8 No les tengas miedo,

que contigo estoy para protegerte

—oráculo de Yahvé—.

9 Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Después me dijo Yahvé:

Voy a poner mis palabras en tu boca.

10 Desde hoy mismo te doy autoridad

sobre las gentes y sobre los reinos

para extirpar y arrasar,

para destruir y derrocar,

para reconstruir y plantar.

11 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: «¿Qué estás viendo, Jeremías?» Respondí: «Veo una rama de almendro.» 12 Y añadió Yahvé: «Bien has visto. Pues así soy yo: vigilo mi palabra para que se cumpla*

13 Nuevamente me dirigió Yahvé la palabra: «¿Qué estás viendo?» Respondí: «Veo un puchero hirviendo que se vuelca de Norte a Sur*14 Yahvé me dijo entonces:

«Es que desde el Norte se iniciará el desastre

sobre todos los moradores de esta tierra.

15 Voy a convocar en seguida

a todos los clanes y reinos del Norte

—oráculo de Yahvé—.

Vendrán a instalarse

a las puertas mismas de Jerusalén,

en torno a todas sus murallas,

y en todas las ciudades de Judá.

16 A todas pienso sentenciar

por toda su malicia:

por haberme dejado a mí

para ofrecer incienso a otros dioses

y adorar la obra de sus propias manos.

17 Por tu parte, cíñete bien los lomos,

ponte firme y diles cuanto te ordene.

No desmayes ante ellos,

que yo no te haré desmayar.

18 Por mi parte, te convierto desde hoy

en plaza fuerte, en pilar de hierro,

en muralla de bronce frente a toda esta tierra,

así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes,

de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra*.

19 Te harán la guerra,

mas no podrán contigo,

pues contigo estoy yo —oráculo de Yahvé— para salvarte.»

Primeros sermones. Infidelidad de Israel*.

21 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: 2 Ve y grita a los oídos de Jerusalén:

Esto dice Yahvé:

De ti recuerdo tu cariño* juvenil,

el amor de tu noviazgo;

cuando tú me seguías por el desierto,

por tierra no sembrada.

3 Consagrado a Yahvé estaba Israel,

era las primicias de su cosecha.

Quien la comía se convertía en reo;

el castigo venía sobre él

—oráculo de Yahvé—.

4 Escuchad la palabra de Yahvé, Casa de Jacob

y familias todas de la Casa de Israel.

5 Esto dice Yahvé:

¿Qué encontraban vuestros padres en mí de torcido,

que se alejaron de mi vera,

y yendo en pos de la Vanidad*

se hicieron vanos?

6 No dijeron: «¿Dónde está Yahvé,

que nos subió desde Egipto,

nos condujo por el desierto,

la estepa y la paramera,

por tierra seca y sombría,

una tierra intransitada

en donde nadie se asienta?»

7 Luego os traje a la tierra del vergel*,

para comer sus deliciosos frutos.

Llegasteis y ensuciasteis mi tierra,

y pusisteis mi heredad asquerosa.

8 Los sacerdotes no se decían:

«¿Dónde está Yahvé?»;

ni los peritos de la Ley me conocían.

Los pastores se rebelaron contra mí

y los profetas profetizaban por Baal:

en pos de los Inútiles andaban*.

9 Por eso sigo litigando con vosotros

—oráculo de Yahvé—

y hasta con los hijos de vuestros hijos litigaré.

10 Porque, en efecto, pasad a las islas de los Queteos y observad,

enviad a Quedar quien investigue a fondo*;

pensadlo bien y considerad

si aconteció cosa tal:

11 que las naciones cambien de dioses

—¡aunque aquéllos no son dioses!—.

Pues mi pueblo ha trocado su Gloria*

por el Inútil.

12 Pasmaos, cielos, de ello,

asustaos y llenaos de espanto

—oráculo de Yahvé—.

13 Doble mal ha hecho mi pueblo:

a mí me dejaron,

manantial de aguas vivas,

para hacerse cisternas,

cisternas agrietadas,

que el agua no retienen.

14 ¿Es un esclavo Israel,

o acaso nació siervo?

¿Cómo entonces ha servido de botín?

15 Contra él rugieron leoncillos,

lanzaron gruñidos

y dejaron su país desolado;

sus ciudades, incendiadas,

quedaron sin habitantes.

16 Hasta la gente de Menfis y de Tafnis

te han rapado el cogote*.

17 ¿No te ha sucedido esto

por haber dejado a Yahvé tu Dios

cuando te guiaba en tu camino?

18 Entonces, ¿qué cuenta te tiene

encaminarte a Egipto

para beber las aguas del Nilo?

¿O qué cuenta te tiene

encaminarte a Asiria

para beber las aguas del Río*?

19 Tu propia maldad te castigará,

tus apostasías te escarmentarán.

Aprende y comprueba

lo malo y amargo que te resulta

abandonar a Yahvé tu Dios

y no temblar ante mí

—oráculo del Señor Yahvé Sebaot—.

20 ¡Siempre has roto tu yugo

y has sacudido tus coyundas!

Decías: «¡No serviré!»,

y sobre todo otero prominente

y bajo todo árbol frondoso

te tumbabas, prostituta*.

21 Yo te había plantado de cepa selecta,

toda entera de simiente legítima.

Pues ¿cómo has podido cambiar

en sarmiento de vid bastarda?

22 Porque, así te blanquees con salitre

y te des bien de lejía,

si te me acercas se te nota la culpa

—oráculo del Señor Yahvé—.

23 ¿Cómo dices: «No estoy manchada;

no anduve detrás de los Baales?»

¡Mira tu rastro en el Valle*!

Reconoce lo que has hecho,

camellita liviana de extraviado camino,

24 borrica habituada al desierto,

que en puro celo se bebe los vientos:

¿quién calmará su pasión?

El que la busca topa con ella,

¡bien acompañada la encuentra!

25 Guarda tu pie de la desnudez

y tu garganta de la sed.

Pero tú dices: «No hay remedio:

a mí me gustan los extranjeros,

y tras ellos he de ir.»

26 Como se azora el ladrón sorprendido en flagrante delito,

así se ha azorado la Casa de Israel:

ellos, sus reyes, sus jefes,

sus sacerdotes y sus profetas,

27 los que dicen al leño: «Padre mío»,

y a la piedra: «Tú me pariste.»

Me vuelven la espalda, no me miran,

mas cuando vienen mal dadas me dicen:

«¡Levántate y sálvanos!»

28 Pues ¿dónde están tus dioses,

los que tú mismo te hiciste?

¡Que se levanten ellos,

a ver si te salvan en la hora aciaga!

Pues cuantas son tus ciudades,

otros tantos son tus dioses, Judá;

(y cuantas calles cuenta Jerusalén,

otros tantos altares hay de Baal*).

29 ¿Por qué os querelláis conmigo,

si todos me habéis traicionado?

—oráculo de Yahvé—.

30 En vano vapuleé a vuestros hijos:

no aprendieron.

Vuestra espada devoró a vuestros profetas,

como el león cuando estraga.

31 Vosotros (¡valiente ralea!)

atended a la palabra de Yahvé:

¿Fui yo un desierto para Israel

o una tierra malhadada?

¿Por qué, entonces, dice mi pueblo:

«¡Nos vamos!

No vendremos más a ti»?

32 ¿Se olvida una chica de su aderezo,

o una novia de su cinta?

Pues mi pueblo sí que me ha olvidado

días sin cuento.

33 ¡Qué hermoso ves tu camino

en busca del amor!

Y eso que hasta con maldades

aprendiste tus caminos.

34 En tus mismas haldas se notaban manchas de sangre

de pobres inocentes muertos,

a los que no sorprendiste en escalo*.

Y con todo eso,

35 dices: «Soy inocente;

basta ya de ira contra mí.»

Pues bien, voy a pleitear contigo

por haber dicho: «No he pecado.»

36 ¡Cuánta ligereza la tuya*

para cambiar de dirección!

También de Egipto te avergonzarás,

como te avergonzaste de Asiria.

37 También de ésta saldrás

con las manos en la cabeza.

Porque Yahvé ha rechazado

aquello en que confías,

y no saldrás bien de ello.

La conversión*.

31 «Supongamos que despide

un marido a su mujer;

ella se va de su lado

y pasa a ser de otro hombre.

¿Podrá volver a él*?;

¿no sería como una tierra manchada?»

Pues bien, tú que has fornicado

con tantos amantes,

¿piensas volver a mí?

—oráculo de Yahvé—.

2 Alza los ojos a los calveros y mira:

¿en dónde no fuiste gozada?

A la vera de los caminos

les esperabas sentada,

como el árabe en el desierto.

Así manchaste el país

con tus fornicaciones y malicia.

3 No hubo lloviznas de otoño,

faltó la lluvia tardía;

pero tú, prostituta descarada,

no quisiste avergonzarte.

4 Y me sigues diciendo: «Padre mío,

amor de mis años mozos,

5 ¿tendrás rencor para siempre?,

¿lo guardarás hasta el fin?»

Así hablabas, pero hacías

las maldades que podías.

Israel del Norte, invitado a convertirse*.

Parábola de las dos hermanas.

6 Yahvé me dijo en tiempos del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo Israel, la apóstata? Ha recorrido cualquier monte elevado y bajo cualquier árbol frondoso se ha prostituido. 7 En vista de lo que había hecho, dije: «No vuelvas a mí.» Y no volvió. Vio esto su hermana Judá, la pérfida; 8 vio* que a causa de todos los adulterios de Israel, la apóstata, yo la había despedido dándole su carta de divorcio. Pero no hizo caso su hermana Judá, la pérfida, sino que fue y se prostituyó también ella, 9 tanto que por su liviandad en fornicar manchó la tierra, y se prostituyó con la piedra y con el leño. 10 A pesar de todo, su hermana Judá, la pérfida, no se volvió a mí de todo corazón, sino engañosamente —oráculo de Yahvé—.

11 Yahvé me dijo: Más justa se ha manifestado Israel, la apóstata, que Judá, la pérfida. 12 Anda y pregona estas palabras al Norte:

Vuelve, Israel apóstata —oráculo de Yahvé—;

no estará airado mi semblante contra vosotros,

porque piadoso soy

—oráculo de Yahvé—;

no guardo rencor para siempre.

13 Tan sólo reconoce tu culpa,

pues contra Yahvé tu Dios te rebelaste:

frecuentaste a extranjeros*

bajo todo árbol frondoso,

y no escuchasteis mi voz

—oráculo de Yahvé—.

Digresión: El pueblo mesiánico en Sión*.

14 Volved, hijos apóstatas —oráculo de Yahvé—, porque yo soy vuestro Señor. Os iré recogiendo uno a uno de cada ciudad, y por parejas de cada familia, y os traeré a Sión. 15 Os pondré pastores según mi criterio, que os den pasto de conocimiento y prudencia. 16 Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días —oráculo de Yahvé— no se hablará más del arca de la alianza de Yahvé, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás*. 17 En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono de Yahvé», y se incorporarán a ella todas las naciones en el nombre de Yahvé, en Jerusalén, sin seguir más la dureza de sus perversos corazones.

18 En aquellos días, andará la Casa de Judá al par de Israel, y vendrán juntos desde tierras del Norte a la tierra que di en herencia a vuestros padres*.

Prosigue el poema de la conversión*.

19 Yo había pensado:

«Sí, te adoptaré por hijo

y te daré una tierra espléndida,

flor de las heredades de las naciones.»

Y añadí: «Me llamarás Padre

y andarás siempre tras de mí.»

20 Pues bien, lo mismo que engaña

una mujer a su compañero,

así me ha engañado la Casa de Israel

—oráculo de Yahvé—.

21 Se oyen voces sobre los calveros*:

rogativas llorosas de los hijos de Israel,

porque torcieron su camino,

olvidaron a su Dios Yahvé.

22 —Volved, hijos apóstatas;

yo remediaré vuestras apostasías.

—Aquí nos tienes de vuelta a ti,

porque tú, Yahvé, eres nuestro Dios.

23 ¡Luego eran mentira los altos,

la barahúnda de los montes*!

¡Luego por Yahvé, nuestro Dios,

se salva Israel!

24 La Vergüenza* se comió

el trabajo de nuestros padres

desde nuestra mocedad:

sus ovejas y vacas, sus hijos e hijas.

25 Acostémonos en nuestra vergüenza,

que nos cubra nuestra ignominia,

pues contra Yahvé nuestro Dios hemos pecado,

nosotros como nuestros padres,

desde nuestra mocedad hasta hoy,

y no escuchamos la voz de Yahvé nuestro Dios.

41 —Si decides volver, Israel

—oráculo de Yahvé—,

a mí volverás;

si apartas tus Monstruos abominables,

no andarás errante.

2 Si juras por vida de Yahvé

con verdad, derecho y justicia,

en él serán benditas las naciones,

en él se glorificarán.

3 Porque así dice Yahvé

a la gente de Judá y a Jerusalén:

—Cultivad el barbecho

y no sembréis sobre cardos.

4 Circuncidaos para Yahvé*,

extirpad los prepucios

de vuestros corazones,

hombres de Judá

y habitantes de Jerusalén;

no sea que brote como fuego mi saña,

y arda, y no haya quien la apague

en vista de vuestras obras perversas.

La invasión nórdica *.

5 Anunciadlo en Judá,

que se escuche en Jerusalén;

que suene el cuerno por el país,

pregonadlo a voz en grito:

¡Juntaos,

vamos a las plazas fuertes!

6 Izad bandera: ¡A Sión!

¡A escape, no os detengáis!

Porque traigo calamidad del Norte,

una estrepitosa derrota.

7 Ha salido el león de su cubil,

el devorador de naciones

se ha puesto en marcha:

ha abandonado su guarida

para dejar la tierra desolada.

Tus ciudades quedarán arrasadas,

sin habitantes.

8 Por tanto, ceñíos de sayal,

haced duelo y plañid:

—¡No; no se aparta de nosotros

la ardiente cólera de Yahvé!

9 Aquel día —oráculo de Yahvé—

se desanimará el rey y la aristocracia,

se pasmarán los sacerdotes,

y los profetas se espantarán.

10 Yo dije: «¡Ay, Señor Yahvé!

¡Cómo embaucaste a este pueblo

y a Jerusalén

diciendo*: ‘Paz tendréis’,

pero tienen la espada junto al cuello!»

11 En aquella sazón se dirá

a este pueblo y a Jerusalén:

Un viento ardiente

viene por el desierto,

camino de la capital de mi pueblo,

no para beldar, ni para limpiar.

12 Viento preñado de amenaza

viene de mi parte:

ahora es mi turno de réplica.

13 Vedlo avanzar como las nubes,

sus carros son como el huracán,

más ligeros que águilas sus corceles.

¡Ay de nosotros, estamos perdidos!

14 Limpia de malicia tu corazón,

Jerusalén, para que puedas salvarte.

¿Hasta cuándo persistirás

en tus pensamientos torcidos?

15 Una voz avisa desde Dan,

anuncia el desastre

desde la sierra de Efraín*.

16 Pregonad: «¡Ya están aquí los gentiles!»;

hacedlo oír en Jerusalén.

Los enemigos vienen de tierra lejana*,

dando voces contra los pueblos de Judá.

17 Como guardas de campo

la tienen rodeada,

porque contra mí se rebelaron

—oráculo de Yahvé—.

18 Tu proceder y fechorías

te acarrearon esto;

tu maldad ha acabado en amargura,

por haberte rebelado contra mí.

19 ¡Mis entrañas, mis entrañas!,

¡se estremecen las paredes del corazón!*

Se me agita el corazón en el pecho

y no puedo callar.

Escucho sones de cuerno,

oigo el clamoreo del combate.

20 Se anuncia quebranto tras quebranto,

porque es saqueado todo el país.

En un punto saquean mis tiendas,

en un cerrar de ojos mis campamentos.

21 ¿Hasta cuándo veré enseñas

y oiré sones de cuerno?

22 *—¡Qué necio es mi pueblo,

que no me reconoce!

Criaturas necias son,

faltas están de talento.

Sabios son para lo malo,

y tontos para lo bueno.

23 Miré a la tierra: un caos informe;

a los cielos: faltaba su luz.

24 Miré a los montes,

y estaban temblando;

todos los cerros trepidaban.

25 Miré, y no había un alma,

las aves del cielo habían volado.

26 Miré, y el vergel era un yermo,

todas las ciudades estaban arrasadas

a causa de Yahvé,

del ardor de su cólera.

27 Porque así dice Yahvé:

Todo el país quedará desolado,

aunque no acabaré con él.

28 Por eso ha de enlutarse la tierra,

se enfoscarán los cielos encumbrados;

pues tengo tomada mi decisión,

no me arrepentiré ni me volveré atrás.

29 Al ruido de jinetes y arqueros

huía toda la ciudad:

se metían por los bosques

y trepaban por las peñas.

Toda ciudad fue abandonada*,

sin quedar en ellas habitantes.

30 Y tú, asolada, ¿qué vas a hacer?

Aunque te vistas de grana,

aunque te enjoyes con joyas de oro,

aunque te pintes con polvos los ojos,

en vano te hermoseas:

te han rechazado tus amantes,

¡tu muerte es lo que buscan!

31 Oí gemidos como de parturienta,

gritos como de primeriza:

era la voz de la capital Sión,

que gimiendo extendía sus palmas:

«¡Ay de mí, que desfallezco

a manos de asesinos!»

Motivos de la invasión*.

51 Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y enteraos;

buscad por sus plazas,

a ver si topáis con alguno

que practique la justicia,

que busque la verdad,

y yo le perdonaría*.

2 Juran «¡Por vida de Yahvé!»,

por eso juran en falso,

3 porque tus ojos, ¡oh Yahvé!

¿no son para discernir la verdad?

Les heriste, mas no acusaron el golpe;

los masacraste, pero no escarmentaron.

Endurecieron sus caras

más que peñascos;

rehusaron convertirse.

4 Yo pensaba: «Serán los pobres

que carecen de criterio,

pues ignoran el obrar de Yahvé,

el derecho de su Dios.

5 Voy a acudir a los grandes

y a hablar con ellos,

pues conocen el obrar de Yahvé,

el derecho de su Dios.»

Pues bien, todos a una

habían quebrado el yugo

y arrancado las coyundas.

6 Por eso los herirá el león de la selva,

el lobo de los desiertos los destrozará,

el leopardo acechará sus ciudades:

todo el que saliere de ellas

será despedazado.

Porque son muchas sus rebeldías,

y sus apostasías, enormes.

7 ¿Cómo te voy a perdonar por ello?

Tus hijos me abandonaron,

juraron por un no-dios.

Yo saciaba su apetito,

pero se hicieron adúlteros

y frecuentaron el lupanar.

8 Son caballos lustrosos y lascivos,

que relinchan por la mujer del prójimo.

9 ¿Y de esto no pediré cuentas?

—oráculo de Yahvé—;

¿de una nación así

no me voy a vengar?

10 Escalad sus murallas, destruid,

mas no acabéis con ella.

Podad sus sarmientos,

porque no son de Yahvé.

11 ¡Qué bien me engañaron

la Casa de Judá y la Casa de Israel*!

—oráculo de Yahvé—.

12 Renegaron de Yahvé

diciendo: «¡Él no cuenta*!,

¡no nos alcanzará daño alguno,

ni espada ni hambre padeceremos!

13 a Cuanto a los profetas,

el viento se los lleve,

pues carecen de Palabra.»

14a Por tanto, así dice Yahvé,

el Dios Sebaot:

13b —Esto les sucederá.

14b Por haber pronunciado tales palabras,

voy a hacer que las mías en tu boca

se conviertan en fuego,

y este pueblo será la madera,

que ese fuego consumirá.

15 Voy a traer contra vosotros

una nación de muy lejos,

¡oh Casa de Israel!

—oráculo de Yahvé—;

una nación que no mengua,

nación antiquísima aquélla,

nación cuya lengua ignoras

y no entiendes lo que dicen.

16 Su carcaj es tumba abierta:

todos son valientes.

17 Comerá tu mies y tu pan,

comerá a tus hijos e hijas,

comerá tus ovejas y vacas,

comerá tus viñas e higueras;

con la espada destruirá

tus plazas fuertes en que confías*.

La pedagogía del castigo.

18 Pero en los días aquellos

—oráculo de Yahvé—

todavía no acabaré con vosotros.

19 Y cuando digan: «¿Por qué nos hace Yahvé nuestro Dios todo esto?», les dirás: «Lo mismo que me dejasteis a mí y servisteis a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra.»

Con ocasión de una hambruna(?).

20 Anunciad esto a la Casa de Jacob

y hacedlo saber en Judá:

21 —Escuchad esto,

pueblo necio y sin seso*

—tienen ojos y no ven,

orejas y no oyen—:

22 ¿No vais a temerme a mí?

—oráculo de Yahvé—;

¿no temblaréis ante mí,

que puse la playa por término al mar,

frontera que jamás traspasará?

Se agitará, mas no lo logrará;

mugirán sus olas, pero no pasarán.

23 Pero este pueblo tiene

un corazón traidor y rebelde:

me traicionaron y se fueron.

24 Y no se les ocurrió pensar:

«Temamos a Yahvé nuestro Dios,

que concede la lluvia temprana

y la tardía a su tiempo;

que nos asegura los tiempos

que gobiernan las cosechas.»

25 Vuestras culpas trastornaron todo,

vuestros pecados os privaron del bien.

Se reanuda el tema.

26 Hay en mi pueblo malhechores:

preparan la red,

como paranceros* montan celada:

¿y qué atrapan? ¡hombres!

27 Como jaula repleta de aves,

así están sus casas llenas de fraudes.

Así prosperaron y se enriquecieron,

28 engordaron, bien lustrosos.

Pasan por alto la maledicencia,

no aplican la justicia:

desatienden la causa del huérfano,

no respetan el derecho de los pobres.

29 ¿Y de esto no pediré cuentas?

—oráculo de Yahvé—;

¿de una nación así

no voy a vengarme?

30 Algo pasmoso y horrendo

se ha dado en la tierra:

31 los profetas profetizan infundios,

mientras los sacerdotes aplauden*.

Pero mi pueblo lo prefiere así.

¿A dónde vais a parar?

Más sobre la invasión.

61 Escapad, benjaminitas,

huid de Jerusalén;

tocad el cuerno en Técoa,

izad una bandera en Bet Queren*,

que una desgracia amenaza del Norte

y un imponente quebranto.

2 Te comparo, capital Sión,

a un delicioso prado.

3 A ti vienen pastores

acompañados de sus rebaños.

Han montado las tiendas

junto a ella en derredor,

y apacienta cada cual su manada.

4 «¡Declaradle la guerra santa*!

¡Venga, ataquemos a mediodía!

¡Ay de nosotros, que el día va cayendo,

y se alargan las sombras de la tarde!

5 ¡Pues arriba y subamos de noche;

destruyamos sus alcázares!»

6 Porque así dice Yahvé Sebaot:

«Talad árboles para un relleno,

alzad contra Jerusalén un terraplén.»

Es la ciudad visitada*,

todo repleta de opresión.

7 Como mana el agua de un pozo,

así mana de ella su malicia.

En ella se oyen ruinas y atropellos,

veo de continuo heridas y golpes.

8 Aprende la lección, Jerusalén,

no sea que pierda mi apego a ti,

no sea que te convierta en desolación,

en tierra despoblada.

9 Así dice Yahvé Sebaot:

Busca, rebusca como en una cepa

al resto de Israel*;

pasa tu mano como el vendimiador,

rebuscando los pámpanos.

10 ¿A quién me puedo dirigir

para intimarle a que me escuche*?

¡Pero su oído es incircunciso,

son incapaces de entender!

¡La palabra de Yahvé les resulta

oprobio, no les agrada.

11 Estoy lleno de la cólera de Yahvé

y no soy capaz de retenerla.

La verteré sobre el niño de la calle

y también sobre el grupo de mancebos.

Alcanzará a hombres y mujeres,

a adultos junto con ancianos.

12 Sus casas pasarán a otros,

juntos campos y mujeres,

cuando extienda yo mi mano

sobre los habitantes de esta tierra

—oráculo de Yahvé—.

13 Pues desde el pequeño hasta el grande,

todos buscan su provecho;

desde el profeta hasta el sacerdote,

todos practican el fraude.

14 Han curado la llaga de mi pueblo

por encima, predicando: «¡Paz!»,

cuando en realidad no había paz*.

15 ¿Quedaron avergonzados

por las abominaciones cometidas?

¡Desde luego que no se avergonzaron!,

¡si no conocen la vergüenza!

Así que caerán con otros muchos;

se tambalearán cuando yo los visite

—dice Yahvé—.

16 Esto dice Yahvé:

Paraos en los caminos y mirad,

preguntad por los senderos antiguos*,

cuál es el buen camino, y andad por él,

y así encontraréis sosiego.

Pero dijeron: «Nada de eso.»

17 Entonces les puse centinelas:

«¡Atención al toque de cuerno!»

Pero dijeron: «Ni caso.»

18 Por tanto, oíd, naciones,

conoced la decisión

que he tomado sobre ellos;

19 escucha tú, tierra:

Voy a traer la desgracia a este pueblo:

será el fruto de sus decisiones,

por no atender a mis razones

y haber despreciado mi ley.

20 ¿A qué traerme incienso de Seba*

y canela fina de país remoto?

Ni vuestros holocaustos me agradan

ni vuestros sacrificios me complacen.

21 Por tanto, así dice Yahvé:

Voy a poner a este pueblo obstáculos:

tropezarán juntos padres e hijos,

el vecino y su prójimo perecerán.

22 Esto dice Yahvé:

Un pueblo viene de tierras del Norte,

una gran nación se despierta

de los confines de la tierra.

23 Arco y lanza blanden,

son crueles, carecen de entrañas.

Su griterío retumba como el mar,

cabalgan a lomo de corceles,

ordenados como un solo hombre

para luchar contra ti, Sión.

24 Oímos su fama,

flaquean nuestras manos,

la angustia nos asalta,

dolor de parturienta.

25 No salgáis al campo,

no andéis por caminos,

que el enemigo lleva espada:

terror por doquier.

26 Capital de mi pueblo,

cíñete de sayal, revuélcate en ceniza,

haz duelo como por hijo único,

recita una endecha amarguísima,

porque va a llegar en seguida

el saqueador contra nosotros.

27 Te constituí en mi pueblo*

como examinador sagaz,

para que lo examinaras

y comprobaras su conducta.

28 Todos ellos son rebeldes

que andan difamando

(bronce y hierro*);

todos son degenerados.

29 Jadea el fuelle,

el plomo se consume por el fuego*;

en vano refina el fundidor,

pues la ganga no se desprende.

30 Serán llamados «plata de desecho»,

porque Yahvé los desechó.

2. ORÁCULOS PERTENECIENTES EN GENERAL A LA ÉPOCA DE JOAQUÍN

El culto auténtico *.

a) Invectiva contra el Templo*.

71 Palabra que dirigió Yahvé a Jeremías: 2 «Ponte en la puerta del templo de Yahvé y predica esta palabra. Dirás: Oíd la palabra de Yahvé, todo Judá, los que entráis por estas puertas a postraros ante Yahvé. 3 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Mejorad de conducta y de obras, y yo haré que os quedéis en este lugar. 4 No confiéis en palabras engañosas, diciendo: ‘¡Templo de Yahvé, Templo de Yahvé, éste es el Templo de Yahvé!’ 5 Porque si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia mutua 6 y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda (y no vertéis sangre inocente en este lugar), ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, 7 entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros antepasados desde siempre hasta siempre. 8 Pero resulta que vosotros confiáis en palabras engañosas que de nada sirven, 9 para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais. 10 Luego venís y os paráis ante mí en este templo donde se invoca mi Nombre y decís: ‘¡Estamos seguros!’, para seguir haciendo todas esas abominaciones. 11 ¿Una cueva de bandidos se os antoja que lleva mi Nombre? ¡Para mí está claro! —oráculo de Yahvé—.

12 «Pues andad ahora a mi lugar de Siló*, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel. 13 Y ahora, por haber hecho vosotros todo esto—oráculo de Yahvé—, por más que os hablé asiduamente, aunque no me oísteis, y os llamé, mas no respondisteis, 14 voy a hacer con el templo que lleva mi Nombre, en el que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, lo mismo que hice con Siló. 15 Os arrojaré de mi presencia como arrojé a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

b) Dioses extraños.

16 «En cuanto a ti, no pidas por este pueblo ni eleves por ellos plegaria ni oración. No me insistas, porque no te escucharé. 17 ¿No ves lo que hacen en las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén? 18 Los hijos recogen leña, los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas a la Reina de los Cielos*, y se liba en honor de otros dioses para exasperarme. 19 ¿A mí me exasperan ésos? —oráculo de Yahvé—, ¿no es a sí mismos, para su sonrojo? 20 Por tanto, esto dice el Señor Yahvé: Mi ira y mi saña se van a volcar sobre este lugar, sobre hombres y bestias, sobre los árboles del campo y el fruto del suelo; arderá y no se apagará.»

c) Culto formalista.

21 Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: «¡Venga, añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios y comeos la carne! 22 Mirad, cuando yo saqué a vuestros padres de Egipto, nada les dije ni mandé sobre holocausto y sacrificio*. 23 Lo que les mandé fue esto otro: ‘Si escucháis mi voz, yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, e iréis por donde yo os mande, para que os vaya bien.’ 24 Mas ellos no escucharon ni aplicaron el oído, sino que se guiaron por la pertinacia de sus malas intenciones. Se volvieron de espaldas, por no darme la cara. 25 Desde el día en que salieron vuestros padres del país de Egipto hasta el día de hoy, os envié a todos mis siervos, los profetas, cada día* puntualmente. 26 Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, sino que atiesaron la cerviz y se hicieron peor que sus padres. 27 Les dirás, pues, todas estas palabras, mas no te escucharán. Los llamarás y no te responderán. 28 Entonces les dirás: Ésta es la nación que no ha escuchado la voz de Yahvé su Dios, ni ha querido aprender. Ha perecido la lealtad, ha desaparecido de su boca.»

d) Fragmento de una elegía.

29 Córtate tus guedejas y tíralas,

y entona por los calveros una elegía:

¡Yahvé ha desechado y repudiado

a la generación objeto de su cólera!

e) Prosigue el discurso.

30 Los hijos de Judá han hecho lo que me parece mal —oráculo de Yahvé—: han puesto sus monstruos abominables* en el templo que lleva mi Nombre, profanándolo, 31 y han construido los altos* de Tófet —que está en el valle de Ben Hinón— para quemar a sus hijos e hijas en el fuego, cosa que no les mandé ni me pasó por las mientes. 32 Por tanto, ved que vienen días —oráculo de Yahvé— en que no se hablará más de Tófet ni del Valle de Ben Hinón, sino del ‘Valle de la Matanza’. Se harán fosas comunes en Tófet, por falta de espacio, 33 y los cadáveres de este pueblo servirán de comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, sin que haya quien las espante. 34 Suspenderé en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén las voces de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia. ¡Todo el país quedará desolado!

81 En aquel tiempo —oráculo de Yahvé— sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén. 2 Los dispersarán ante el sol, la luna y todo el ejército celeste a quienes amaron y sirvieron, a quienes siguieron, consultaron y adoraron*. Y no volverán a ser recogidos ni sepultados: servirán de estiércol para el campo. 3 Y todo lo que quede de este linaje perverso, adondequiera* que yo los relegue, preferirán la muerte a la vida —oráculo de Yahvé Sebaot—.

Amenazas, lamentaciones, avisos*.

Extravío de Israel.

4 Les dirás: Esto dice Yahvé:

¿No se levantan los que caen?;

y si uno se extravía, ¿no sabe volver?

5 Pues ¿por qué se extravía este pueblo,

y Jerusalén apostata de continuo?

Se aferran a la mentira,

rehúsan convertirse.

6 He escuchado atentamente:

sus palabras no son veraces.

Nadie deplora su maldad

ni se pregunta: «¿Qué hice?»

Todos se extravían en sus correrías,

como caballo desbocado en la batalla.

7 Hasta la cigüeña reconoce

en el cielo su estación,

y la tórtola, la golondrina o la grulla

guardan el tiempo de sus migraciones.

Pero mi pueblo ignora

el derecho de Yahvé.

La Ley en manos de los sacerdotes.

8 ¿Cómo decís: «Somos sabios,

poseemos la Ley de Yahvé»,

cuando es más cierto que la falsea

el cálamo mendaz de los escribas*?

9 Los sabios quedarán avergonzados,

asustados, serán abatidos.

Desechan la palabra de Yahvé,

¿pero de qué les sirve su sabiduría?

Repetición de un fragmento conminatorio*.

10 Así que daré sus mujeres a otros,

sus campos a nuevos amos,

pues del pequeño hasta el grande

todos van a su provecho;

desde el profeta hasta el sacerdote,

todos practican el fraude.

11 Han curado la llaga de mi pueblo

por encima, predicando: «¡Paz!»,

cuando en realidad no había paz.

12 ¿Quedaron avergonzados

por las abominaciones cometidas?

¡Desde luego que no se avergonzaron!;

¡si no conocen la vergüenza!

¡Así que caerán con otros muchos!;

se tambalearán cuando yo los visite

—dice Yahvé—.

Conminación a Judá, la Viña de Yahvé.

13 Quisiera recoger de ellos algo*

—oráculo de Yahvé—,

pero no quedan uvas en la vid;

tampoco hay higos en la higuera,

y están mustias sus hojas.

¡Es que dispuse quien los despojase!

14 —«¿Qué hacemos tan tranquilos?

¡Juntémonos,* vayamos

a las plazas fuertes

para enmudecer allí,*

pues es Yahvé nuestro Dios

quien nos hace morir!

Nos propina agua envenenada,

porque hemos pecado contra Yahvé.

15 Esperábamos paz, y no hubo dicha;

tiempo de curación, y hubo turbación.

16 Desde Dan se deja oír

el resuello de sus caballos.

Al relincho sonoro de sus corceles

tembló la tierra toda.

Vienen y devoran

el país y cuanto contiene,

las ciudades y sus habitantes.»

17 —¡Voy a enviar contra vosotros

serpientes venenosas,

inmunes a encantamientos,

para que os muerdan!

—oráculo de Yahvé—.

Lamentación del profeta con motivo de una carestía.

18 Sin remedio el dolor me acomete*,

el corazón me falla;

19 se oye el grito lastimero

de la capital de mi pueblo

desde todos los rincones del país:

«¿No está Yahvé en Sión?,

¿no mora ya en ella su Rey?

(¿Por qué me irritaron con sus ídolos,

con esas Vanidades extranjeras?)*

20 La siega pasó, el verano acabó,

mas nosotros no estamos a salvo.»

21 Me duele el quebranto

de la capital de mi pueblo;*

estoy abrumado,

el pánico se apodera de mí.

22 ¿No hay sandáraca en Galaad*?,

¿no quedan médicos allí?

Pues ¿por qué no llega el remedio

para la capital de mi pueblo?

23 ¡Quién pudiera convertir

mi cabeza en llanto,

mis ojos en manantial de lágrimas

para llorar día y noche a los muertos

de la capital de mi pueblo!

Corrupción moral de Judá.

91 ¡Quién me diese en el desierto

una posada de caminantes,

para poder dejar a mi pueblo

y alejarme de su compañía!

Porque todos ellos son adúlteros,

un hatajo de traidores

2 que tensan su lengua como un arco.

Es la mentira, que no la verdad,

lo que prevalece en esta tierra.

Van de mal en peor,

y a Yahvé* desconocen.

3 ¡Guardaos de vuestros prójimos!,

¡desconfiad de cualquier hermano!,

que todo hermano pone la zancadilla*

y todo prójimo propala la calumnia.

4 Se engañan unos a otros,

ninguno dice la verdad;

han avezado sus lenguas a mentir,

se han pervertido

5 de convertirse)*.

Fraude y más fraude,

engaño y más engaño:

se niegan a reconocer a Yahvé.

6 Por eso, así dice Yahvé Sebaot:

He decidido afinarlos y probarlos;

¿qué otra cosa puedo hacer

con la capital de mi pueblo?

7 Su lengua es saeta mortífera,

las palabras de su boca, embusteras.

La gente saluda a su prójimo,

pero por dentro le pone una trampa.

8 ¿Y no voy a castigarlos

por estas acciones?

—oráculo de Yahvé—;

¿no voy a vengarme

de una nación así?

Lamentación por Sión.

9 Entonaré sobre los montes

endechas y lamentos,

una elegía por las dehesas del desierto,

porque han sido incendiadas*.

Nadie pasa por allí,

no se oye mugir al ganado;

desde las aves a las bestias,

todas huyeron, se han ido.

10 Voy a convertir Jerusalén

en un montón de piedras,

en una guarida de chacales;

transformaré en desolación

a las ciudades de Judá,

las dejaré sin habitantes.

11 ¿Hay algún hombre sabio

que entienda esto?

¡Que lo cuente si le ha hablado

la boca de Yahvé!

¿Por qué el país se ha perdido,

incendiado como un desierto

por donde nadie transita?

12 Yahvé lo ha dicho: Es que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi voz ni la han seguido. 13 Antes bien, han seguido la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales, como sus padres les enseñaron. 14 Por eso, esto dice Yahvé Sebaot, Dios de Israel: He decidido dar de comer a este pueblo ajenjo y hacerles beber agua emponzoñada. 15 Los voy a dispersar entre las naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré detrás de ellos la espada hasta exterminarlos.

16 Esto habla Yahvé Sebaot:

¡Llamad a las plañideras,

que vengan!

¡Mandad por las más expertas,

que vengan!

17 ¡Que lleguen pronto y entonen

una lamentación por nosotros!

¡Que nuestros ojos derramen lágrimas,

que viertan llanto nuestros párpados!

18 Sí, una lamentación

se deja oír desde Sión:

«¡Ay, hemos sido saqueados!,

¡qué vergüenza tan grande,

que nos hacen dejar nuestra tierra,

después de derruir nuestros hogares!»

19 Oíd, mujeres, la palabra de Yahvé;

prestad oído a la palabra de su boca:

Enseñad una endecha a vuestras hijas,

las unas a las otras esta elegía:

20 «La muerte ha trepado

por nuestras ventanas,

ha entrado en nuestros palacios,

barriendo de la calle al chiquillo,

a los mozos de las plazas.»

21 ¡Habla! Esto es un oráculo de Yahvé:

Los cadáveres humanos yacen

como boñigas por el campo,

como gavillas detrás del segador,

y no hay quien los reúna.

La verdadera sabiduría.

22 Así dice Yahvé:

No se alabe el sabio por su sabiduría,

ni se alabe el valiente por su valentía,

ni se alabe el rico por su riqueza.

23 Quien se alabe, que se alabe en esto:

en tener entendimiento y conocerme*,

porque yo soy Yahvé,

que practico la fidelidad*,

el derecho y la justicia en la tierra,

porque en eso me complazco

—oráculo de Yahvé—.

La circuncisión, falsa garantía.

24 Mirad que vienen días —oráculo de Yahvé— en que voy a pedir cuentas a todos los que están circuncidados: 25 a Egipto, Judá, Edom y a los hijos de Amón, a Moab, y a todos los de sien rapada*, los que moran en el desierto. Porque todas estas gentes lo son*. Pero también los de la Casa de Israel son incircuncisos de corazón.

Los ídolos y el Dios verdadero *.

101 Oíd la palabra que os dedica Yahvé, Casa de Israel. 2 Esto dice Yahvé:

No sigáis el proceder de los paganos,

ni de los signos celestes os espantéis.

¡Que se espanten de ellos los paganos!

3 Las costumbres* de esos pueblos

son vanidad:

talan un madero del bosque,

obra de manos de un experto

que con el hacha lo trabajó;

4 lo embellece con plata y oro,

con clavos y a martillazos lo sujeta

para que no se menee.

5 Son como espantajos

mudos de pepinar;

tienen que ser transportados,

pues no saben andar.

No les tengáis miedo,

que no hacen ni bien ni mal.

6 No hay como tú, Yahvé;

grande eres tú,

y grande es tu poderoso Nombre.

7 ¿Quién no te temerá,

Rey de las naciones?

Es algo que se te debe,

pues entre todos los sabios paganos

y entre todos sus reinos

no hay nadie como tú.

8 Todos son igual de estúpidos y necios:

adoctrinados por ídolos de madera,

9 de plata laminada traída de Tarsis,

o de oro importado de Ofir*;

obra de orfebres y fundidores

cubierta de púrpura violeta y escarlata;

todos son obra de artistas.

10 Pero Yahvé es el Dios verdadero:

el Dios vivo y el Rey eterno.

Cuando se irrita, tiembla la tierra,

no resisten las naciones su cólera.

11 (Así les diréis: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra serán exterminados de la tierra y de debajo del cielo.»)

12 Él hizo la tierra con su poder,

él fundó el orbe con su saber,

extendió los cielos con inteligencia.

13 Cuando deja oír su voz,

hay estruendo de aguas en los cielos,

y hace subir las nubes

desde el extremo de la tierra.

Él hace los relámpagos para la lluvia

y saca el viento de sus depósitos.

14 El hombre es torpe para entender,

los plateros fracasan con sus ídolos,

porque sus estatuas son una mentira

y no hay espíritu en ellas.

15 Son vanidad, cosa ridícula;

al tiempo de su castigo perecerán.

16 No es así la «Parte de Jacob»,

pues él es el plasmador del universo,

aquel cuyo heredero es Israel;

Yahvé Sebaot es su nombre.

Pánico en el país.

17 Recoge del suelo tu mercancía,

tú, que estás sitiada*,

18 porque esto dice Yahvé:

He decidido lanzar con honda

a los moradores del país

—¡esta vez va de veras!—

y hundirlos en la angustia,

de modo que den conmigo*.

19 —«¡Ay de mí*, qué quebranto!,

¡cómo me duele la herida!

Y yo que me decía:

‘Sólo es un sufrimiento,

y me lo aguantaré’.

20 Mi tienda ha sido saqueada,

y todos mis tensores arrancados.

Mis hijos me han dejado,

ya no queda ninguno.

No hay quien despliegue ya mi tienda

ni quien ice mis toldos.»

21 —Es que han sido torpes los pastores

y no han buscado a Yahvé;

así no obraron cuerdamente,

y toda su grey fue dispersada.

22 ¡Se oye un rumor!, ¡ya llega!:

un gran estrépito del país del norte,

para trocar las ciudades de Judá

en desolación, guarida de chacales.

23 Yo sé, Yahvé, que el hombre

no controla su conducta,

que el que anda no decide

la rectitud de sus pasos.

24 Corrígeme, Yahvé, pero con tino,

pues tu ira acabaría conmigo.

25 Vierte tu cólera sobre las naciones

que te desconocen,

sobre los linajes

que no invocan tu Nombre.

Porque han devorado a Jacob

hasta dejarlo consumido;

lo han devorado,

su mansión han desolado.

Jeremías y las cláusulas de la Alianza *.

111 Palabra que llegó de parte de Yahvé a Jeremías: 2 Oíd los términos de esta alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén. 3 Diles: Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza 4 que establecí con vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro, cuando les dije: «Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios, 5 en orden a cumplir el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel —como se cumple hoy—.» Respondí y dije: ¡Amén, Yahvé! 6 Y me dijo Yahvé: Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: «Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos: 7 que bien advertí a vuestros padres el día que los hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz! 8 Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su perverso corazón. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron.»

9 Me dijo Yahvé: Se ha descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén. 10 Han reincidido en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la Casa de Israel y la Casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres. 11 Por tanto, esto dice Yahvé: Voy a traerles una desgracia a la que no podrán hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré. 12 ¡Que vayan las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a quienes inciensan!, que lo que es salvarlos, no los salvarán al tiempo de su desgracia.

13 Pues cuantas son tus ciudades,

otros tantos son tus dioses, Judá;

y cuantas calles cuenta Jerusalén,

otros tantos altares a la Vergüenza,

otros tantos altares hay de Baal.

14 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración, porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia.

Reproche a los hipócritas frecuentadores del templo *.

15 ¿Qué hace mi amada en mi templo?;

¿no es pura doblez su conducta?

¿Acaso crees que los votos

y la carne consagrada

podrán librarte de tu desgracia*?

Entonces sí que te regocijarías.

16 «Olivo frondoso, lozano,

de fruto hermoso»

te había puesto Yahvé por nombre.

Pero con gran estrépito

le ha prendido fuego,

y se han quemado sus guías.

17 Yahvé Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la Casa de Israel y la Casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.

Jeremías perseguido en Anatot *.

18 Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus intrigas.19 ¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que intrigaban contra mí!: «Destruyamos el árbol en su vigor*; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse.»

20 ¡Oh Yahvé Sebaot, juez de lo justo,

que escrutas los riñones y el corazón!,

vea yo tu venganza contra ellos,

porque a ti he manifestado mi causa.

21 Y en efecto, así dice Yahvé tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte* cuando dicen: «No profetices en nombre de Yahvé, y no morirás a nuestras manos». 22 Por tanto, esto dice Yahvé Sebaot: He decidido tomarles cuentas. Sus mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre, 23 y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que venga a castigarlos.

El problema de la dicha de los malos *.

121 Tú llevas la razón, Yahvé,

cuando discuto contigo;

pero voy a tratar contigo

un punto de justicia.

¿Por qué tienen suerte los malos

y son felices todos los felones?

2 Los plantas, y enseguida arraigan,

van a más y dan fruto.

Estás cerca de sus labios,

pero lejos de su corazón.

3 Pero a mí, Yahvé,

me conoces y me ves;

has comprobado que mi corazón

está contigo.

Llévatelos como ovejas al matadero,

conságralos para el día de la matanza.

4 (¿Hasta cuándo hará duelo la tierra

y estará seca la hierba del campo?

Por la maldad de sus moradores

desaparecieron bestias y aves.)

Porque han dicho:

«No ve Dios nuestro proceder*

5 —Si con los de a pie corres y te cansas,

¿cómo competir con los de a caballo?

En campo abierto te sientes seguro,

mas, ¿qué harás en la maleza* del Jordán?

6 Tus hermanos y parientes

también te van a traicionar;

te irán criticando a tus espaldas.

No te fíes de ellos

cuando te digan hermosas palabras.

Yahvé lamenta la invasión de su heredad.

7 Dejé mi casa,

abandoné mi heredad,

entregué el cariño de mi alma

en manos de sus enemigos.

8 Se ha portado conmigo mi heredad

como un león en la selva:

me acosaba con sus voces;

por eso la aborrecí.

9 Mi heredad es un pájaro pinto,

las rapaces se ciernen sobre ella*.

¡Andad, juntaos,

fieras todas del campo:

acercaos al festín!

10 Entre muchos pastores

destruyeron mi viña,

hollaron mi heredad,

trocaron mi mejor campo

en un yermo desolado.

11 La convirtieron* en desolación

y se duele desolada ante mí;

me la dejaron yerma.

Totalmente desolado está el país,

y no hay quien se preocupe de ello.

12 Sobre todos los calveros del desierto

han venido saqueadores

(Yahvé tiene una espada que devora),

de un cabo al otro de la tierra.

No hubo cuartel para alma viviente.

13 Sembraron trigo y espinos segaron,

se afanaron sin provecho.

Quedaron frustrados por sus cosechas*,

por causa de la ira ardiente de Yahvé.

Juicio y salvación de los pueblos vecinos.

14 Esto dice Yahvé: En cuanto a todos los malos vecinos que han tocado la heredad que di como predio a mi pueblo Israel, he decidido arrancarlos de su solar. (Y a la Casa de Judá voy a arrancarla de en medio de ellos.) 15 Pero luego de haberlos arrancado, me volveré y les tendré lástima, y los haré retornar, cada cual a su heredad y a su tierra. 16 Y entonces, si de veras aprenden la costumbre de mi pueblo de jurar en mi Nombre: «¡Por vida de Yahvé!» —lo mismo que ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal—, serán establecidos en medio de mi pueblo. 17 Mas si no obedecen, arrancaré a aquella gente; arrancada quedará y la haré perecer —oráculo de Yahvé—.

La faja en el río Éufrates*.

131 Yahvé me dijo así: «Anda y cómprate una faja de lino y te la pones a la cintura, pero no la metas en agua.» 2 Compré la faja, según la orden de Yahvé, y me la puse a la cintura. 3 Entonces me dirigió Yahvé la palabra por segunda vez: 4 «Toma la faja que has comprado y que llevas a la cintura, ponte en camino y vete al Éufrates; y allí la escondes en un resquicio de la peña.» 5 Yo fui y la escondí en el Éufrates como me había mandado Yahvé. 6 Al cabo de mucho tiempo me dijo Yahvé: «Ponte en camino, vete al Éufrates y recoge la faja que te mandé que escondieras allí.» 7 Yo fui al Éufrates, cavé, recogí la faja del sitio donde la había escondido y resulta que se había echado a perder la faja: no valía para nada. 8 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: 9 «Esto dice Yahvé: Del mismo modo echaré a perder la mucha soberbia de Judá y de Jerusalén. 10 Ese pueblo malo que rehúsa oír mis palabras, que caminan según la terquedad de sus corazones y han ido en pos de otros dioses a servirles y adorarles, serán como esta faja que no vale para nada. 11 Porque así como se pega la faja a la cintura de uno, de igual modo hice apegarse a mí a toda la Casa de Israel y a toda la Casa de Judá —oráculo de Yahvé—, con idea de que fuesen mi pueblo, mi nombradía, mi loor y mi prez, pero ellos no me oyeron.

Los cántaros estrellados.

12 Diles este refrán: Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: «Todo cántaro se puede llenar de vino.» Ellos te dirán*: «¿No sabemos de sobra que todo cántaro se puede llenar de vino?» 13 Entonces les dices: «Pues así dice Yahvé: He decidido emborrachar completamente a todos los habitantes de esta tierra, a los reyes sucesores de David en el trono, a los sacerdotes y profetas y a todos los habitantes de Jerusalén, 14 y los estrellaré, a cada cual contra su hermano, padres e hijos a una —oráculo de Yahvé—, sin que piedad, compasión y lástima me impidan destruirlos.»

Perspectivas de destierro.

15 Oíd y escuchad, no seáis altaneros,

porque habla Yahvé.

16 Dad gloria a vuestro Dios Yahvé

antes que se eche la oscuridad,

antes que tropiecen vuestros pies

por cerros, al crepúsculo,

antes que esperéis la luz,

y él la haya convertido en negrura,

la haya trocado en tiniebla densa.

17 Pero si no le oyereis, en silencio

llorará mi alma por ese orgullo,

derramarán mis ojos lágrimas,

verterán copioso llanto,

porque va cautiva la grey de Yahvé.

Conminación al rey Jeconías*.

18 Di al rey y a la Gran Dama:

Humillaos, sentaos,

porque ha caído de vuestras cabezas

vuestra diadema preciosa.

19 Las ciudades del Negueb están cercadas*,

y no hay quien las abra.

Todo Judá es deportado,

deportado en masa.

Aviso a Jerusalén impenitente.

20 Alza tus ojos, Jerusalén*,

mira a los que vienen del Norte.

¿Dónde está la grey que se te dio,

tus preciosas ovejas?

21 ¿Qué dirás cuando vengan

a castigar a tus cabecillas,

a los que habías preparado

para que fueran tus jefes?*

¿No te acometerán dolores

como de parturienta?

22 Pero acaso digas en tus adentros:

«¿Por qué me ocurren estas cosas?»

Debido a tus muchos pecados,

te han alzado las faldas

y han forzado tus calcañales*.

23 ¿Muda el cusita su piel,

o el leopardo sus pintas?

¿Podréis entonces hacer el bien

los avezados al mal?

24 Por eso os* esparcí como tamo

al viento de la estepa.

25 Ésa es tu suerte, el lote

que te toca de mi parte

—oráculo de Yahvé—:

por cuanto que me olvidaste

y te fiaste de la Mentira.

26 Pues también yo te he levantado

las faldas sobre tu rostro,

y se han visto tus vergüenzas.

27 ¡Ah, tus adulterios y relinchos,

la bajeza de tu prostitución!

Sobre los altos, por la campiña

he visto tus Monstruos abominables*.

¡Ay de ti, Jerusalén, que no estás pura!

¿Hasta cuándo todavía…?

La gran sequía *.

141 Palabra de Yahvé a Jeremías, a propósito de la sequía.

2 Judá está de luto,

sus ciudades* desfallecen

sombrías y abatidas.

Se oye el alarido de Jerusalén.

3 Sus nobles mandaban

a los pequeños por agua:

llegaban a los aljibes

y no la encontraban;

volvían con sus cántaros vacíos.

Quedaban corridos y avergonzados

y se cubrían la cabeza.

4 El suelo está consternado

por no haber lluvia en la tierra.

Confusos andan los labriegos,

se han cubierto la cabeza.

5 Hasta la cierva en el campo

parió y abandonó a su cría,

porque no había césped.

6 Los onagros se paraban

junto a los calveros,

aspiraban el aire como chacales,

tenían los ojos consumidos

por falta de hierba.

7 Aunque nuestras culpas

hablen contra nosotros,

obra, Yahvé, por honor de tu Nombre.

Son muchas nuestras apostasías,

contra ti hemos pecado.

8 ¡Oh esperanza de Israel, Yahvé*,

Salvador suyo en tiempo de angustia!

¿Por qué te estás portando

como un forastero en el país,

como viajero que se tumba

para pasar la noche?

9 ¿Por qué te estás portando

como un hombre pasmado,

como un soldado incapaz de ayudar?

Pues tú estás entre nosotros, Yahvé,

y por tu Nombre se nos llama,

¡no te deshagas de nosotros!

10 Esto dice Yahvé de este pueblo: ¡Cómo les gusta vagabundear!, no contienen sus pies. Pero Yahvé no se complace en ellos: ahora se va a acordar de su culpa y a castigar su pecado.

11 Me dijo Yahvé: «No intercedas en pro de este pueblo. 12 Así ayunen, no escucharé su clamoreo; y así levanten holocausto y ofrenda, no me complacerán; sino que con espada, con hambre y con peste voy a acabar con ellos.»

13 Dije yo: «¡Ah, Señor Yahvé! Resulta que los profetas están diciéndoles: No veréis espada, ni tendréis hambre, sino que voy a daros paz segura en este lugar.»

14 Me respondió Yahvé: «Mentira profetizan esos profetas en mi nombre. Yo no los he enviado ni dado instrucciones, ni les he hablado. Visión mentirosa, augurio fútil y delirio de sus mentes os dan por profecía. 15 Por tanto, esto dice Yahvé: Tocante a los profetas que profetizan en mi nombre sin haberlos enviado yo, y que dicen: ‘No habrá espada ni hambre en este país’, con espada y con hambre serán rematados los tales profetas, 16 y el pueblo al que profetizan aparecerá tirado por las calles de Jerusalén, por causa del hambre y de la espada, y no habrá sepulturero para ellos ni para sus mujeres, sus hijos y sus hijas; pues volcaré sobre ellos mismos su maldad.»

17 Les dirás esta palabra*:

Dejen caer mis ojos lágrimas

de noche y de día sin parar,

porque un gran quebranto ha sufrido

la doncella, capital de mi pueblo,

herida de un golpe gravísimo.

18 Si salgo al campo,

encuentro heridos de espada,

y si entro en la ciudad,

encuentro muertos de hambre.

Hasta profetas y sacerdotes

vagan por el país desorientados.

19 —¿Es que has desechado a Judá?,

¿o acaso te has hastiado de Sión?

¿Por qué nos has herido,

sin esperanza de cura?

Esperábamos paz, y no hubo dicha;

tiempo de curación, y hubo turbación.

20 Reconocemos nuestras maldades,

Yahvé, la culpa de nuestros padres:

¡Hemos pecado contra ti!

21 No nos desprecies, por tu Nombre,

no deshonres la sede de tu Gloria*.

Recuerda, no anules

tu alianza con nosotros.

22 ¿Hay entre los paganos

Vanidades que hagan llover?,

¿o acaso los cielos

dan de suyo la llovizna?

¿No eres tú en realidad, Yahvé?

¡Dios nuestro, esperamos en ti,

porque tú hiciste todas estas cosas!

151 Me dijo Yahvé: Aunque se me pongan Moisés y Samuel* por delante, no estará mi corazón por este pueblo. Échalos de mi presencia y que salgan. 2 Y si te dicen: «¿A dónde salimos?», les respondes: Así dice Yahvé:

Quien sea para la muerte, a la muerte;

quien para la espada, a la espada;

quien para el hambre, al hambre;

quien para el cautiverio, al cautiverio.

3 Haré que se encarguen de ellos cuatro géneros (de males) —oráculo de Yahvé—: la espada para degollar, los perros para despedazar, las aves del cielo y las bestias terrestres para devorar y estragar. 4 Los convertiré en espantajo para todos los reinos de la tierra, por culpa de Manasés*, hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.

Desastres de la guerra*.

5 ¿Quién te compadecerá Jerusalén?,

¿quién meneará la cabeza por ti?,

¿quién se alargará a saludarte?

6 Tú me has abandonado

—oráculo de Yahvé—,

de espaldas te has ido.

Pues yo extiendo mi mano

contra ti para destruirte.

Estoy cansado de apiadarme,

7 y voy a beldarlos con el bieldo

en las puertas del país.

Le he dejado sin hijos,

he malhadado a mi pueblo,

pues no abandonaban sus caminos.

8 Yo les he hecho más viudas

que la arena de los mares.

He traído sobre las madres

de los jóvenes guerreros

al saqueador en pleno mediodía.

He hecho caer sobre ellos de pronto

sobresalto y alarma.

9 Mal lo pasó la madre de siete hijos:

exhalaba el alma,

se puso su sol siendo aún de día,

se avergonzó y se abochornó.

Y lo que queda de ellos,

voy a entregarlo a la espada

que blanden sus enemigos

—oráculo de Yahvé—.

La vocación del profeta renovada *.

10 ¡Ay de mí, madre mía,

que me diste a luz para ser

varón discutido y debatido

por todo el país!

Ni les debo, ni me deben,

¡pero todos me maldicen!

11 Di, Yahvé, si no te he servido bien:

intercedí ante ti por mis enemigos

en el tiempo de su mal y de su apuro*.

12 ¿Se mella el hierro*,

el hierro del Norte, y el bronce?

13 Tu haber y tus tesoros

al pillaje voy a dar gratis,

por todos tus pecados cometidos

dentro de tus fronteras,

14 y te haré esclavo* de tus enemigos

en un país que no conoces,

pues ha estallado el fuego de mi ira,

que arde contra vosotros.

15 Tú lo sabes, Yahvé:

acuérdate de mí, visítame

y véngame de mis perseguidores.

No prolongues tu ira contra mí,

sabes que por ti soporto el oprobio.

16 Cuando tus palabras me llegaban,

yo las devoraba;

era tu palabra para mí

gozo y alegría del corazón,

pues era reconocido por tu Nombre*:

Yahvé, Dios Sebaot.

17 Nunca me mezclé con gente

alegre*, amiga de la juerga.

Por voluntad tuya anduve solitario,

pues me habías llenado de rabia.

18 ¿Por qué ha resultado

mi penar perpetuo,

y mi herida incurable,

rebelde a la medicina?

¡Acabarás siendo un engaño para mí,

lo mismo que aguas movedizas!

19 Entonces Yahvé me dijo:

Si vuelves porque yo te haga volver*,

estarás en mi presencia;

y si sacas lo precioso de lo vil,

serás como mi boca.

Que ellos vuelvan a ti,

pero no tú a ellos.

20 Yo te haré para este pueblo

muralla de bronce inexpugnable.

Y pelearán contigo,

pero no te podrán,

pues contigo estoy yo

para librarte y salvarte

—oráculo de Yahvé—.

21 Te salvaré de mano de los malvados,

te libraré del puño de esos violentos.

Simbolismo de la vida del profeta*.

161 Me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: 2 No tomes mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar. 3 Que así dice Yahvé de los hijos e hijas nacidos en este lugar, de sus madres que los dieron a luz y de sus padres que los engendraron en esta tierra: 4 De muertes miserables morirán, sin que sean plañidos ni sepultados*. Se volverán estiércol para abonar el campo. La espada y el hambre acabarán con ellos, y sus cadáveres servirán de pasto a las aves del cielo y a las bestias de la tierra.

5 Sí, esto dice Yahvé: No entres en casa de duelo, ni vayas a plañir, ni les consueles; pues he retirado mi paz de este pueblo —oráculo de Yahvé—, la merced y la compasión. 6 Morirán grandes y chicos en esta tierra. No se les sepultará, ni nadie les plañirá, ni se arañarán ni se raparán por ellos*, 7 ni se partirá el pan al que está de luto* para consolarle por el muerto, ni le darán a beber la taza consolatoria por su padre o por su madre.

8 No entres en casa donde celebren algo, a comer y beber con los comensales. 9 Que así habla Yahvé Sebaot, Dios de Israel: He decidido hacer desaparecer de este lugar, a vuestros propios ojos y en vuestros días, toda voz de gozo y alegría, la voz del novio y la voz de la novia.

10 Luego, cuando hayas comunicado a este pueblo todas estas palabras, te dirán: «¿Por qué ha pronunciado Yahvé contra nosotros toda esta gran desgracia?, ¿cuál es nuestra culpa, y qué pecado hemos cometido contra Yahvé nuestro Dios?» 11 Y tú responderás: «Es porque me dejaron vuestros padres —oráculo de Yahvé— y se fueron tras otros dioses para servirles y adorarles; a mí, en cambio, me dejaron y mi Ley no guardaron. 12 Vosotros mismos habéis hecho peor que vuestros padres, pues cada cual sigue los dictados de su obstinado corazón, y os negáis a escucharme. 13 Pero yo os echaré lejos de esta tierra, a otra que no habéis conocido vosotros ni vuestros padres, y serviréis allí a otros dioses* día y noche, pues no os otorgaré mi perdón.»

Retorno de los desterrados.

14 Por eso, pronto llegarán días —oráculo de Yahvé— en que no se dirá más: «¡Por vida de Yahvé, que subió a los israelitas de Egipto!», 15 sino: «¡Por vida de Yahvé, que subió a los hijos de Israel del país del norte, y de todos los países por donde los dispersó!» Pues yo los devolveré a su solar, que di a sus padres.

Anuncio de invasión*.

16 Voy a enviar a muchos pescadores—oráculo de Yahvé—, que los pescarán. Después de esto enviaré a muchos cazadores, y los cazarán por montes y cerros, y por los resquicios de las peñas. 17 Porque mis ojos vigilan continuamente su conducta: su culpa no se oculta ni escapa a mis ojos. 18 Así que les haré pagar el doble por su culpa y su pecado, pues profanaron mi tierra con la carroña de sus Monstruos, y llenaron mi heredad con sus Abominaciones*.

Conversión de los gentiles*.

19 ¡Oh Yahvé, mi fuerza y mi refuerzo,

mi refugio en día de apuro!

A ti acudirán los gentiles

de los confines de la tierra y dirán:

¡Qué mentira recibieron

de herencia nuestros padres,

Vanidad y cosas sin provecho!

20 ¿Es que va a hacerse el hombre

dioses para sí?,

¡pero si ésos no son dioses!

21 Por tanto, van a experimentar

—esta vez sí—

mi mano y mi poderío,

y sabrán que mi nombre es Yahvé.

Faltas cultuales de Judá*.

171 El pecado de Judá está escrito con buril de hierro;

con punta de diamante está grabado

sobre la tabla de su corazón

y en los ángulos de sus aras*;

2 así, recordarán sus hijos

la presencia de sus aras y sus cipos*

junto a los árboles frondosos,

sobre los oteros altos,

3 en mi monte, en la campiña.

Tu haber y todos tus tesoros

voy a entregar al pillaje,

en pago por tus pecados

cometidos en tus altos*,

en todas tus fronteras.

4 Tendrás que deshacerte*

de la heredad que te di,

y te haré esclavo de tus enemigos

en un país que no conoces,

pues ha estallado el fuego de mi ira,

que para siempre estará encendido*.

Máximas de sabiduría.

5 Esto dice Yahvé:

Maldito quien se fía de las personas

y hace de las creaturas su apoyo,

y de Yahvé se aparta en su corazón.

6 Es como el tamarisco en la Arabá,

y no verá* el bien cuando viniere.

Vive en los sequedales del desierto,

en saladar inhabitable.

7 Bendito quien se fía de Yahvé,

pues no defraudará su confianza.

8 Es como árbol plantado

a la vera del agua,

que enraiza junto a la corriente.

No temerá cuando llegue el calor,

su follaje estará frondoso;

en año de sequía no se inquieta

ni deja de dar fruto.

9 El corazón es lo más retorcido;

no tiene arreglo: ¿quién lo conoce?

10 Yo, Yahvé, exploro el corazón,

examino el interior de la gente,

para dar a cada cual según su conducta,

según el fruto de sus obras.

11 Perdiz que incuba huevos ajenos,

el que hace dinero por medios injustos:

en mitad de sus días lo ha de dejar

y a la postre resultará un necio.

Confianza en el Templo y confianza en Yahvé*.

12 Solio de Gloria, excelso desde siempre,

es el lugar de nuestro santuario.

13 Esperanza de Israel, Yahvé:

todos los que te abandonan

quedarán defraudados,

y los que se apartan de ti

quedarán escritos* en la tierra,

por haber abandonado a Yahvé,

manantial de aguas vivas.

Oración para pedir venganza.

14 Cúrame, Yahvé, y quedaré curado;

sálvame, y quedaré a salvo,

pues tú eres mi alabanza.

15 Mira cómo andan diciendo:

«¿Dónde está la palabra de Yahvé?

¡Vamos, que venga*

16 Yo nunca te apremié a hacer daño;

nunca deseé un día de aflicción;

sabes lo que ha salido de mi boca,

pues te lo he dicho a la cara*.

17 No seas para mí causa de espanto,

tú eres mi amparo en el día aciago.

18 Que se avergüencen mis perseguidores,

y no sea yo quien me avergüence;

que se espanten ellos,

y no sea yo quien me espante.

Trae sobre ellos el día aciago,

quebrántalos con doble quebranto.

Observancia del sábado *.

19 Yahvé me habló así: Ve y ponte en la Puerta de Benjamín, por la que entran y salen los reyes de Judá; ponte también en todas las puertas de Jerusalén, 20 y diles: Oíd la palabra de Yahvé, reyes de Judá, Judá toda y habitantes de Jerusalén que entráis por estas puertas. 21 Así dice Yahvé: «Guardaos, por vida vuestra, de llevar carga en día de sábado y meterla por las puertas de Jerusalén. 22 No saquéis tampoco carga de vuestras casas en sábado, ni hagáis trabajo alguno. Antes bien, santificad el sábado como mandé a vuestros padres.» 23 Mas no oyeron ni aplicaron su oído, sino que atiesaron su cerviz sin oír ni aprender. 24 Que si me hacéis caso —oráculo de Yahvé— no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en sábado y santificando el día de sábado sin realizar en él trabajo alguno, 25 entonces entrarán por las puertas de esta ciudad reyes que se sienten sobre el trono de David, montados en carros y caballos, ellos y sus oficiales, la gente de Judá y los habitantes de Jerusalén. Y durará esta ciudad para siempre. 26 Y vendrán de las ciudades de Judá, de los aledaños de Jerusalén, del país de Benjamín, de la Tierra Baja, de la Sierra y del Negueb a traer holocaustos, sacrificios, oblaciones e incienso, y a presentar ofrendas de acción de gracias al templo de Yahvé. 27 Pero si no me oyereis en cuanto a santificar el sábado y no llevar carga ni meterla por las puertas de Jerusalén en sábado, entonces prenderé fuego a sus puertas, un fuego que consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.

Jeremías en casa del alfarero*.

181 Palabra que Yahvé dirigió a Jeremías: 2 Prepárate y baja a la alfarería, que allí mismo te haré oír mis palabras. 3 Bajé a la alfarería, y resulta que el alfarero estaba haciendo un trabajo al torno*. 4 El cacharro que estaba haciendo se estropeó como barro en manos del alfarero*, y éste volvió a empezar, trasformándolo en otro cacharro diferente, como mejor le pareció al alfarero. 5 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: 6 ¿No puedo hacer yo con vosotros, Casa de Israel, lo mismo que este alfarero? —oráculo de Yahvé—. Lo mismo que el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, Casa de Israel. 7 Alguna vez puedo hablar, contra una nación o reino, de extirpar, arrasar y destruir; 8 pero si la gente contra la que hablé se retracta de su mal, yo también me retracto del mal que pensaba hacerle. 9 Y puede que alguna vez hable, tocante a una nación o un reino, de reconstruir y plantar; 10 pero, si hace lo que me parece mal y desoye mi voz, entonces yo desisto del bien que había decidido hacerle. 11 Ahora di a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Esto dice Yahvé: «Como el alfarero, estoy dando forma a una desgracia y concibiendo un plan contra vosotros. Así que volveos todos de vuestro mal camino y mejorad vuestra conducta y acciones.» 12 Pero van a decir: «Es inútil. Seguiremos nuestros planes y cada uno de nosotros se portará conforme a la terquedad de su obstinado corazón.»

Israel olvida a Yahvé*.

13 Por tanto, así dice Yahvé:

Vamos, preguntad entre paganos:

¿Quién oyó tal?

¡Bien fea cosa ha hecho

la doncella, capital de Israel!

14 ¿Faltará acaso de la peña excelsa

la nieve del Líbano?,

¿o se agotarán las aguas crecidas,

frescas, corrientes*?

15 Pues bien, mi pueblo me ha olvidado;

a la Nada inciensan.

Han tropezado* en sus caminos,

aquellos senderos de siempre,

para irse por trochas,

por camino no trillado,

16 desolando así su tierra,

convirtiéndola en eterna rechifla:

el que pase se asombrará al verla

y meneará con sorna la cabeza.

17 Como el viento solano los esparciré

delante del enemigo;

les daré la espalda,

no les mostraré* la cara

el día de su infortunio.

Con ocasión de un atentado contra Jeremías.

18 Entonces dijeron: «Vamos a tramar algo contra Jeremías, porque no va a faltarle la ley al sacerdote, el consejo al sabio, ni al profeta la palabra*. Vamos a calumniarle y no hagamos caso de sus palabras.»

19 Estate atento a mí, Yahvé,

y oye lo que dicen mis contrincantes.

20 ¿Es que se paga mal por bien?

¡Pues me han excavado una fosa!

Recuerda cuando acudía a ti

para hablar en favor de ellos,

para que no les alcanzara tu cólera.

21 Así que entrega sus hijos al hambre

y desángralos a filo de espada;

queden sus mujeres sin hijos y viudas,

sean sus varones asesinados,

sus jóvenes acuchillados en la guerra.

22 Que se oigan gritos en sus casas,

cuando traigas sobre ellos

bandidos de improviso,

pues cavaron una fosa para atraparme,

y tendieron trampas para mis pies.

23 Pero tú, Yahvé, conoces

sus planes criminales contra mí.

Así que no disimules su culpa

ni borres de tu presencia su pecado.

¡Haz que caigan ante ti,

cuando tu ira, actúa contra ellos!

El jarro roto. Altercado con Pasjur*.

191 Entonces Yahvé dijo a Jeremías: Ve y compra un jarro de cerámica. Toma contigo* a algunos ancianos del pueblo y algunos sacerdotes, 2 sal al Valle de Ben Hinón, a la entrada de la Puerta de las Tejoletas*, y pregona allí las palabras que voy a decirte. 3 Dirás: Oíd la palabra de Yahvé, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: «Pienso traer sobre este lugar una desgracia, que a todo el que la oyere le zumbarán los oídos. 4 Porque me han dejado, han hecho extraño este lugar y han incensado en él a otros dioses que ni ellos ni sus padres conocían. Los reyes de Judá han llenado este lugar de sangre de inocentes, 5 y han construido los altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego, en holocausto a Baal, —lo que no les mandé ni les dije ni me pasó por las mientes—. 6 Por tanto, van a venir días —oráculo de Yahvé— en que no se hablará más de Tófet ni del Valle de Ben Hinón, sino del ‘Valle de la Matanza’. 7 Vaciaré* la prudencia de Judá y Jerusalén a causa de este lugar: los haré caer a espada ante sus enemigos por mano de los que busquen su muerte. Daré sus cadáveres por comida a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, 8 y convertiré esta ciudad en desolación y rechifla: todo el que pase a su vera se quedará atónito y silbará a la vista de sus heridas. 9 Les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y comerá cada cual la carne de su prójimo, en el aprieto y la estrechez con que los estrecharán sus enemigos y los que busquen su muerte.»

10 Luego rompes el jarro a la vista de los hombres que vayan contigo 11 y les dices: Esto dice Yahvé Sebaot: «Así quebrantaré yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe un cacharro de alfarería, que ya no tiene arreglo.

«Y se harán enterramientos en Tófet, hasta que falte sitio para enterrar. 12 Así haré con este lugar —oráculo de Yahvé— y con sus habitantes, hasta dejar a esta ciudad lo mismo que Tófet. 13 Y las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá quedarán como el lugar de Tófet: una inmundicia*; todas las casas en cuyas azoteas incensaron a toda la tropa celeste e hicieron libación a otros dioses.»

14 Partió Jeremías de Tófet, a donde le había enviado Yahvé a profetizar y, parándose en el atrio del templo de Yahvé, dijo a todo el pueblo: 15 «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Pienso traer a esta ciudad y a todos sus aledaños toda la calamidad que he pronunciado contra ella, porque ha atiesado su cerviz, desoyendo mis palabras.»

201 El sacerdote Pasjur, hijo de Imer, que era inspector jefe de la Casa de Yahvé, oyó a Jeremías profetizar dichas palabras. 2 Pasjur hizo dar una paliza al profeta Jeremías y ordenó meterlo en el calabozo de la Puerta Alta de Benjamín —la que está en el templo de Yahvé—. 3 Al día siguiente sacó Pasjur a Jeremías del calabozo. Díjole Jeremías: No es Pasjur el nombre que te ha puesto Yahvé, sino «Terror en torno». 4 Porque esto dice Yahvé: «Voy a convertirte en terror para ti mismo y para todos tus allegados, los cuales caerán por la espada de sus enemigos, y tus ojos serán testigos. Asimismo entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, que los deportará a Babilonia y los pasará a cuchillo. 5 Entregaré todas las reservas de esta ciudad y todo lo atesorado, todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá, en manos de sus enemigos, que los pillarán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia. 6 En cuanto a ti, Pasjur, y todos los de tu casa, iréis al cautiverio. En Babilonia entrarás, allí morirás y allí mismo serás sepultado tú y todos tus allegados a quienes has profetizado en falso.»

Extractos de las «Confesiones».

7 Me has seducido, Yahvé,

y me dejé seducir;

me has agarrado y me has podido*.

He sido la irrisión cotidiana:

todos me remedaban.

8 Cada vez que abro la boca

es para clamar «¡Atropello!»,

para gritar: «¡Me roban!»

La palabra de Yahvé ha sido para mí

oprobio y befa cotidiana.

9 Yo decía: «No volveré a recordarlo,

ni hablaré más en su Nombre.»

Pero había en mi corazón algo

parecido a fuego ardiente,

prendido en mis huesos,

que intentaba en vano sofocar.

10 Escuchaba las calumnias de la turba:

«¡Terror por doquier*!,

¡denunciadle!, ¡denunciémosle!»

Todos con quienes me saludaba

estaban acechando un traspiés mío:

«¡A ver si se distrae y lo sometemos,

y podremos vengarnos de él!»

11 Pero Yahvé está conmigo,

como un campeón poderoso,

por eso tropezarán al perseguirme,

se avergonzarán de su impotencia:

¡deshonra eterna, inolvidable!

12 Yahvé Sebaot, juez de lo justo*,

que escrutas las entrañas y el corazón,

vea yo tu venganza contra ellos,

porque a ti he encomendado mi causa.

13 Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé,

que ha salvado la vida de un pobrecillo*

de manos de malhechores.

14 ¡Maldito el día en que nací*!,

¡el día que me dio a luz mi madre

no sea bendito!

15 ¡Maldito aquel que felicitó

a mi padre diciendo:

«Te ha nacido un hijo varón»,

y le llenó de alegría!

16 Que ese hombre sea como las ciudades

que destruyó Yahvé sin compasión;

que escuche alaridos de mañana

y gritos de ataque al mediodía.

17 ¡Por qué no me mataría en el vientre!

Mi madre habría sido mi sepultura,

con seno preñado eternamente.

18 ¿Para qué habré salido del seno?,

¿para experimentar pena y aflicción

y consumir mi vida en la vergüenza?

3. ORÁCULOS PRONUNCIADOS PRINCIPALMENTE DESPUÉS DE JOAQUÍN

Respuesta a los enviados de Sedecías*.

211 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahvé, cuando el rey Sedecías mandó donde él a Pasjur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decirle: 2 «Consulta de nuestra parte a Yahvé, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha decidido atacarnos. A ver si nos hace Yahvé un prodigio de los suyos, y aquél levanta el cerco.» 3 Respondió Jeremías: «Así hablaréis a Sedecías: 4 Esto dice Yahvé, Dios de Israel: Voy a hacer que reboten las armas que tenéis en las manos y con las que os batís contra el rey de Babilonia y contra los caldeos que os cercan extramuros, y las amontonaré en medio de esta ciudad. 5 Yo mismo voy a batirme contra vosotros con mano extendida y fuerte brazo, con ira, con cólera y con encono grande. 6 Heriré a los habitantes de esta ciudad, hombres y bestias: morirán de una gran peste. 7 Y tras de esto—oráculo de Yahvé— entregaré al rey de Judá, Sedecías, a sus siervos y al pueblo que en esta ciudad quedare de la peste, de la espada y del hambre, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus enemigos y de los que quieren su muerte. Él los herirá a filo de espada. No les dará cuartel, ni les tendrá clemencia ni lástima.»

8 Y a ese pueblo le dirás: «Esto dice Yahvé: Mirad, yo os propongo el camino de la vida y el camino de la muerte. 9 Quien se quede en esta ciudad, morirá de espada, de hambre y de peste. El que salga y caiga en manos de los caldeos que os cercan, vivirá, y eso saldrá ganando. 10 Porque me he fijado en esta ciudad para su daño, no para su bien —oráculo de Yahvé—: será entregada en manos del rey de Babilonia, que la incendiará.»

Mensaje a la casa real.

11 A la casa real de Judá*.

¡Escuchad la palabra de Yahvé!

12 Casa de David, esto dice Yahvé:

Haced justicia cada mañana,

salvad al oprimido de mano del opresor,

no sea que brote como fuego mi cólera

y arda y no haya quien la apague,

a causa de vuestras malas acciones.

13 A ti me dirijo,

Señora del valle, Roca del Llano*

—oráculo de Yahvé—,

a vosotros, que decís:

«¿Quién se nos echará encima?,

¿quién entrará en nuestras guaridas?»

14 Pues yo seré quien os pida cuentas

según el fruto de vuestras acciones

—oráculo de Yahvé—.

Prenderé fuego a su bosque,

y devorará todos sus contornos.

221 Esto dijo Yahvé: Baja* a la casa real de Judá y pronuncia allí estas palabras. 2 Dirás: Oye la palabra de Yahvé, tú, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y tus servidores y pueblo —los que entran por estas puertas—. 3 Esto dice Yahvé: Practicad el derecho y la justicia, librad al oprimido de manos del opresor, y no atropelléis al forastero, al huérfano y a la viuda; no hagáis violencia ni derraméis sangre inocente en este lugar. 4 Porque si ponéis en práctica esta palabra, entonces seguirán entrando por las puertas de esta casa reyes sucesores de David en el trono, montados en carros y caballos, junto con sus cortesanos y su pueblo. 5 Mas si no oís estas palabras, por mí mismo os juro —oráculo de Yahvé— que en ruinas parará esta casa.

6 Pues esto dice Yahvé respecto a la casa real de Judá:

Galaad eras tú para mí,

cumbre del Líbano:

pero ¡vaya si te trocaré en desierto,

en ciudades deshabitadas!

7 Voy a consagrar* contra ti

a quienes te destruyan,

cada cual con su hacha.

Talarán lo selecto de tus cedros

y lo arrojarán al fuego.

8 Muchos pueblos pasarán junto a esta ciudad y se dirán unos a otros: «¿Por qué ha hecho Yahvé semejante cosa a esta gran ciudad?» 9 Y les dirán: «Porque dejaron la alianza de su Dios Yahvé y adoraron y sirvieron a otros dioses.»

Oráculos contra varios reyes:

Contra Joacaz.

10 No lloréis al muerto ni plañáis por él:

llorad, llorad por el que se va,

porque jamás volverá

ni verá su patria*.

11 Pues esto dice Yahvé respecto a Salún, hijo de Josías, rey de Judá y sucesor de su padre Josías en el reino. El que salió de este lugar no volverá más aquí; 12 morirá en el lugar a donde lo deportaron. ¡Jamás volverá a ver este país!»

Contra Joaquín.

13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia

y sus pisos sin derecho!

De su prójimo se sirve de balde

y no le paga su salario.

14 El que dice: «Voy a edificarme

un palacio espacioso y pisos ventilados»,

y le abre sus ventanales,

lo empanela de cedro

y lo pinta de escarlata.

15 ¿Serás* acaso rey

por ser un apasionado del cedro?

Tu padre, ¿no comía y bebía?

¡Pero practicaba justicia y equidad!

Por eso todo le iba bien.

16 Hacía justicia al cuitado y al pobre.

Por eso todo iba bien.

¿No es esto conocerme?

—oráculo de Yahvé—.

17 Pero tus ojos y tu corazón

sólo buscan tu propio interés:

derramar sangre inocente,

cometer atropello y violencia.

18 Por tanto, esto dice Yahvé respecto a Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá:

No plañirán por él:

«¡Ay hermano mío!, ¡ay hermana mía!»;

no plañirán por él:

«¡Ay Señor!, ¡ay su Majestad!»

19 El entierro de un borrico será el suyo:

será arrastrado y arrojado

fuera de las puertas de Jerusalén.

Contra Jeconías*.

20 Sube al Líbano y clama,

da voces por Basán

y clama desde Abarín*,

porque han sido quebrantados

todos tus amantes*.

21 Te hablé en tu prosperidad,

pero dijiste: «No oigo.»

Tal ha sido tu costumbre

desde tu mocedad:

nunca escuchaste mi voz.

22 A todos tus pastores

los pastoreará el viento,

y tus amantes cautivos irán.

Entonces sí que estarás

avergonzada y confusa

por toda tu malicia.

23 Tú, que te asentabas en el Líbano,

que anidabas en los cedros,

¡cómo suspirarás*

cuando te vengan los dolores,

un trance como de parturienta!

24 Lo juro por mi vida —oráculo de Yahvé—, que aunque fuese Jeconías, el hijo de Joaquín, rey de Judá, un sello en mi mano diestra, de allí lo arrancaría. 25 Yo te pondré en manos de los que quieren tu muerte, y en manos de los que te atemorizan: en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos. 26 Te arrojaré a ti y a la madre que te engendró a otra tierra donde no habéis nacido, y allí moriréis. 27 Pero a la tierra a donde anhelan volver, no volverán.

28 ¿Es algún trasto despreciable, roto,

este individuo, Jeconías?;

¿quizá un objeto sin interés?

¿Por qué ha sido expulsado,

junto con su prole,

y arrojados a una tierra

que no conocían?

29 ¡Tierra, tierra, tierra!,

escucha la palabra de Yahvé.

30 Esto dice Yahvé:

Inscribid a este hombre*: «Estéril,

un fracasado en la vida»;

porque ninguno de su descendencia

tendrá la suerte

de sentarse en el trono de David*

y de ser jamás señor en Judá.

Oráculos mesiánicos. El rey futuro.

231 ¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! —oráculo de Yahvé—. 2 Pues esto dice Yahvé, el Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mis ovejas, las expulsasteis y no las atendisteis. Pues voy a pediros cuentas por vuestras malas obras —oráculo de Yahvé—. 3 Yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las dispersé, las haré tornar a sus pastos, criarán y se multiplicarán. 4 Y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas, ni faltará ninguna —oráculo de Yahvé—.

5 Mirad que vienen días

—oráculo de Yahvé—

en que suscitaré a David

un Germen justo*:

reinará un rey prudente,

practicará el derecho

y la justicia en la tierra.

6 En sus días estará a salvo Judá,

e Israel vivirá en seguro;

y éste es el nombre con que le llamarán:

«Yahvé, justicia nuestra*

7 Por tanto, mirad que vienen días —oráculo de Yahvé— en que no se dirá más: «¡Por vida de Yahvé, que subió a los israelitas de Egipto!», 8 sino: «¡Por vida de Yahvé, que subió y trajo la simiente de la Casa de Israel de tierras del norte y de todas las tierras a donde los arrojara*!», y habitarán en su propio suelo.

Contra los falsos profetas.

9 A los profetas*.

Se me partió el corazón* por dentro,

estremeciéronse todos mis huesos,

me quedé como un borracho,

como aquél a quien le domina el vino,

por causa de Yahvé,

por causa de sus santas palabras.

10 «El país está lleno de adúlteros.

(A causa de una maldición

se ha enlutado la tierra,

se secaron los pastos de la estepa.)

Los hombres corren al mal,

su poder es la injusticia.

11 Tanto el profeta como el sacerdote

se han vuelto impíos;

en mi templo topé con su maldad

—oráculo de Yahvé—.

12 Por eso su camino

se les hará un despeñadero:

a la tiniebla serán empujados

y caerán en ella.

Pues voy a traerles una calamidad

el año en que les llegue el castigo»

—oráculo de Yahvé—.

13 En los profetas de Samaría

he observado una locura:

profetizaban por Baal

y hacían errar a mi pueblo Israel.

14 Mas en los profetas de Jerusalén

he observado una monstruosidad:

fornicar y proceder con falsía,

dándose la mano con los malhechores,

sin abandonar cada cual su malicia.

Se me han vuelto todos como Sodoma,

la gente de la ciudad como Gomorra.

15 Por tanto, así dice Yahvé Sebaot tocante a los profetas:

Voy a darles de comer ajenjo,

y de beber, agua emponzoñada.

Pues de los profetas de Jerusalén

se propagó la impiedad por el país.

16 Esto dice Yahvé Sebaot:

No escuchéis las palabras

de los profetas que os profetizan.

Os están embaucando:

os cuentan sus propias fantasías,

no cosa que haya hablado Yahvé.

17 Dicen a los que me desprecian:

«Yahvé dice: ¡Paz tendréis!»,

y a todo el que se conduce

con corazón obstinado:

«No os sucederá nada malo.»

18 (Porque ¿quién asistió al consejo de Yahvé y vio y oyó su palabra?, ¿quién escuchó su palabra y la ha oído*?)

19 Ya ha estallado una tormenta de Yahvé,

un torbellino se va arremolinando,

girando sobre la cabeza de los malvados.

20 No ha de apaciguarse la ira de Yahvé

hasta que la ejecute, y realice

los designios de su corazón.

En días futuros os percataréis de ello.

21 Yo no envié a esos profetas,

pero ellos corrieron;

tampoco les hablé,

pero ellos profetizaron.

22 Pues si asistieron a mi consejo,

que hagan oír mi palabra a mi pueblo,

y háganle tornar de su mal camino

y de sus acciones malas*.

23 ¿Soy yo un Dios sólo de cerca

—oráculo de Yahvé—

y no soy Dios de lejos?

24 ¿O pensará alguien ocultarse

en escondite donde yo no le vea?

—oráculo de Yahvé—.

¿No lleno yo el cielo y la tierra?

—oráculo de Yahvé—.

25 Ya he oído lo que dicen esos profetas que profetizan falsamente en mi nombre diciendo: «¡He tenido un sueño, he tenido un sueño*26 ¿Hasta cuándo divagará así la mente de los profetas, que profetizan en falso y son profetas de la impostura de su mente?, 27 ¿esos que piensan hacer olvidarse a mi pueblo de mi Nombre por los sueños que se cuentan entre sí, como olvidaron sus padres mi Nombre por Baal? 28 El profeta que tenga un sueño, que cuente un sueño; y el que tenga consigo mi palabra, que transmita mi palabra fielmente.

¿Qué tiene que ver

la paja con el grano?

—oráculo de Yahvé—.

29 ¿No es mi palabra como fuego,

como martillo que golpea la peña?

30 Pues bien, aquí estoy yo contra los profetas —oráculo de Yahvé— que se roban mis palabras el uno al otro. 31 Aquí estoy yo contra los profetas —oráculo de Yahvé— que usan su lengua para pronunciar oráculos. 32 Aquí estoy yo contra los profetas que profetizan falsos sueños —oráculo de Yahvé— y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus falsedades y su presunción, cuando yo ni los he enviado ni dado órdenes, y ellos de ningún provecho han sido para este pueblo —oráculo de Yahvé—.

33 Y cuando te pregunte este pueblo —o un profeta o un sacerdote—: «¿Cuál es la carga de Yahvé?», les dirás: «Vosotros sois la carga, y voy a dejaros en el suelo —oráculo de Yahvé*—.»

34 Y el profeta, el sacerdote o cualquiera que dijere: «Una carga de Yahvé», yo me las entenderé con él y con su casa. 35 Así os diréis cada uno a su prójimo, y cada cual a su hermano: «¿Qué ha respondido Yahvé?, ¿qué ha dicho Yahvé?» 36 Pero de eso de la «carga de Yahvé» no os acordaréis más, porque tal carga sería para cada uno su propia palabra. Porque trastornáis las palabras del Dios vivo, Yahvé Sebaot nuestro Dios. 37 Así diréis al profeta: «¿Qué te ha respondido Yahvé?, ¿qué ha dicho Yahvé?» 38 Pero como habléis de «carga de Yahvé», entonces esto dice Yahvé: «Por haber dicho eso de carga de Yahvé por más que os avisé que no dijerais carga de Yahvé, 39 por eso mismo, he decidido levantaros* en alto y dejaros caer a vosotros y a la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padres. 40 Y haré que carguéis con un oprobio y un baldón eternos que no serán olvidados.»

Los dos cestos de higos *.

241 Yahvé me hizo ver un par de cestos de higos presentados delante del templo de Yahvé* —esto era después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, hubiera deportado de Jerusalén al rey de Judá, Jeconías, hijo de Joaquín, a los principales de Judá y a los herreros y cerrajeros de Jerusalén, y los llevó a Babilonia—. 2 Un cesto era de higos muy buenos, como los primerizos, y el otro de higos malos, tan malos que no se podían comer. 3 Me dijo Yahvé: «¿Qué estás viendo Jeremías?» Respondí: «Higos. Los higos buenos son muy buenos; y los higos malos, muy malos, que no se dejan comer de puro malos.» 4 Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos: 5 Esto dice Yahvé, Dios de Israel: Como por estos higos buenos, así me interesaré en favor de los desterrados de Judá que yo eché de este lugar al país de los caldeos. 6 Pondré la vista en ellos para su bien, los devolveré a este país, los reconstruiré para no derrocarlos y los plantaré para no arrancarlos. 7 Les daré corazón capaz de conocerme, pues yo soy Yahvé, y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios, pues volverán a mí con todo su corazón. 8 Pero igual que a los higos malos, que no se pueden comer de malos —sí, así dice Yahvé—, así haré al rey Sedecías, a sus principales y al resto de Jerusalén: a los que quedaren en este país y a los que están en el país de Egipto*. 9 Los convertiré en un espantajo, una calamidad, ante todos los reinos de la tierra. Serán objeto de oprobio y sátira, de burla y maldición por dondequiera que los empuje; 10 daré suelta entre ellos a la espada, al hambre y a la peste, hasta que sean eliminados de sobre el solar que di a ellos y a sus padres.

4. BABILONIA, AZOTE DE YAHVÉ*

251 Palabra dirigida a Jeremías tocante a todo el pueblo de Judá el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, —o sea el año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia—, 2 la cual pronunció el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a toda la población de Jerusalén, en estos términos:

3 Desde el año trece de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, veintitrés años hace que me es dirigida la palabra de Yahvé, y os la he comunicado puntualmente (pero no habéis escuchado. 4 También os envió Yahvé puntualmente a todos sus siervos los profetas, y tampoco oísteis ni aplicasteis el oído), 5 diciendo: Si cada cual abandona su mala conducta y sus malas acciones, regresará al solar que os dio Yahvé a vosotros y a vuestros padres, desde siempre y para siempre. 6 (No vayáis en pos de otros dioses para servirles y adorarles; no me provoquéis con las hechuras de vuestras manos, y no os haré mal.) 7 Pero no me habéis oído (—oráculo de Yahvé— de suerte que me provocasteis con las hechuras de vuestras manos, para vuestro mal).

8 Por eso, así habla Yahvé Sebaot: Puesto que no habéis oído mis palabras, 9 he decidido mandar a buscar a todas las tribus del norte (—oráculo de Yahvé— y a mi siervo* Nabucodonosor, rey de Babilonia). Los traeré contra esta tierra y contra sus moradores (y contra todas estas gentes de alrededor); los consagraré al exterminio y los convertiré en pasmo, rechifla y ruinas eternos. 10 Acabaré con las voces de gozo y de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, con el ruido de la muela y la luz de la candela. 11 Toda esta tierra será reducida a pura desolación, y servirán estas gentes al rey de Babilonia setenta años*. 12 (Luego, cuando se cumplan setenta años, pediré cuentas al rey de Babilonia y a aquella nación por su delito —oráculo de Yahvé— y a la tierra de los caldeos, trocándola en ruinas eternas.) 13 Atraeré sobre aquella tierra todas las palabras que he hablado respecto a ella, todo lo que está escrito en este libro.

II. Introducción a los oráculos contra las naciones

Visión de la copa de vino*.

Lo que profetizó Jeremías tocante a la generalidad de las naciones.

14 (Pues también a ellos los reducirán a servidumbre* muchas naciones y reyes poderosos, y les pagaré según sus obras y según la hechura de sus manos.)

15 Esto me dijo Yahvé, Dios de Israel: Toma esta copa del vino de la cólera y hazla beber a todas las naciones a las que yo te envíe; 16 beberán y trompicarán, y se enloquecerán ante la espada que voy a desatar entre ellas. 17 Tomé la copa de mano de Yahvé y la di a beber a todas las naciones a las que me había enviado Yahvé*: 18 (a Jerusalén y a las ciudades de Judá, a sus reyes y a sus principales, para trocarlo todo en desolación, pasmo, rechifla y maldición, como hoy está sucediendo); 19 al faraón, rey de Egipto, a sus cortesanos y dignatarios, a todo su pueblo 20 y sus mercenarios (a todos los reyes de Us*); a todos los reyes de Filistea: a Ascalón, Gaza, Ecrón y al residuo de Asdod; 21 a Edom, Moab y los amonitas, 22 a (todos) los reyes de Tiro, a (todos) los reyes de Sidón y a los reyes de las islas de allende el mar*; 23 a Dedán, Temá, Buz; a todos los que se afeitan las sienes*, 24 a todos los reyes de Arabia y a todos los reyes de los mercenarios que habitan la estepa; 25 (a todos los reyes de Zimrí*) a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media, 26 a todos los reyes del norte, los cercanos y los remotos, uno detrás de otro, y a todos los reinos que hay sobre la faz de la tierra. (Y el rey de Sesac* beberá después de ellos.)

27 Les dirás: Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Bebed, emborrachaos, vomitad, caed y no os levantéis ante la espada que voy a soltar en medio de vosotros. 28 Y si rehúsan tomar la copa de tu mano para beber, les dices: Esto dice Yahvé Sebaot: Tenéis que beber sin falta, 29 porque precisamente empiezo a castigar por la ciudad que lleva mi Nombre; ¿y vais a quedar vosotros impunes?: ¡no, no quedaréis!, pues voy a convocar a la espada contra todos los habitantes de la tierra —oráculo de Yahvé Sebaot—.

30 Tú, pues, les profetizas todas estas palabras. Les dices:

Yahvé ruge desde lo alto,

desde su santa Morada alza su voz.

Ruge contra su aprisco:

grita como los lagareros

contra todos los habitantes del país.

31 El griterío llega al confín de la tierra,

porque pleitea Yahvé con los paganos

y tiene un juicio con toda criatura.

A los malos los entrega a la espada

—oráculo de Yahvé*—.

32 Esto dice Yahvé Sebaot:

Una desgracia se está propagando

de nación a nación,

y una gran tormenta se desencadena

desde el confín del mundo.

33 Aquel día habrá víctimas de Yahvé de un cabo a otro de la tierra; no serán plañidos ni recogidos ni sepultados más: servirán de estiércol sobre la faz de la tierra.

34 Ululad, pastores, y clamad;

revolcaos, mayorales,

porque se han cumplido

vuestros días para la matanza:

caeréis como carneros selectos.

35 No habrá evasión para los pastores

ni escapatoria para los mayorales.

36 Ya se oye el grito de los pastores,

el ulular de los mayorales,

porque devasta Yahvé su pastizal;

37 se agostan las dehesas más fértiles

por la ardiente cólera de Yahvé.

38 Ha dejado el león* su cubil,

pues su tierra sólo es desolación

ante la cólera irresistible,

ante su ardiente cólera.

III. Profecías de felicidad

1. INTRODUCCIÓN: JEREMÍAS, PROFETA AUTÉNTICO

Arresto y juicio de Jeremías a raíz de su sermón contra el Templo *. 261 Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías* esta palabra de Yahvé: 2 Esto dice Yahvé: Ponte en el patio del templo de Yahvé y pronuncia contra todas las ciudades de Judá, contra esos que vienen al templo a adorar a Yahvé, todas las palabras que yo te he mandado hablarles, sin omitir ninguna. 3 A lo mejor escuchan y abandonan su mal camino, y yo me arrepentiría del mal que estoy pensando hacerles por la maldad de sus obras. 4 Les dirás, pues: «Esto dice Yahvé: Si no me escucháis y andáis según la Ley que os propuse, 5 oyendo las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío asiduamente (pero no habéis hecho caso), 6 entonces haré con este templo como con Siló, y entregaré esta ciudad a la maldición de todas las gentes de la tierra.»

7 Los sacerdotes, los profetas y todos los presentes oyeron a Jeremías decir estas palabras en el templo de Yahvé. 8 Luego que Jeremías hubo acabado de hablar todo lo que le había ordenado Yahvé que comunicase a la gente, le prendieron los sacerdotes, los profetas y toda la gente, y le dijeron: «¡Vas a morir! 9 ¿Por qué has profetizado en nombre de Yahvé, diciendo: ‘Como Siló quedará este templo; esta ciudad será arrasada, sin nadie que la habite’?» Toda la gente se arremolinó en torno a Jeremías en el templo de Yahvé. 10 Cuando oyeron esto los jefes de Judá, subieron del palacio real al templo de Yahvé y se sentaron a la entrada de la Puerta Nueva del templo de Yahvé*.

11 Los sacerdotes y los profetas se dirigieron a los jefes y a toda la gente con estas palabras: «¡Este hombre merece la muerte por haber profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos!» 12 Dijo Jeremías a todos los jefes y a toda la gente: «Yahvé me ha enviado a profetizar sobre este templo y esta ciudad todo lo que habéis oído. 13 Ahora bien, mejorad vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de Yahvé vuestro Dios; así se arrepentirá Yahvé del mal que ha pronunciado contra vosotros. 14 En cuanto a mí, aquí me tenéis en vuestras manos: haced conmigo como mejor y más acertado os parezca. 15 Empero, sabed de fijo que si me matáis vosotros a mí, sangre inocente cargaréis sobre vosotros y sobre esta ciudad y sus moradores, porque en verdad Yahvé me ha enviado a vosotros para que os transmita directamente estas palabras.»

16 Dijeron los jefes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: «No merece este hombre sentencia de muerte, porque nos ha hablado en nombre de Yahvé nuestro Dios.» 17 Algunos de los más ancianos del país se pusieron en pie y dijeron a toda la asamblea del pueblo: 18 «Miqueas de Moréset profetizó en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el pueblo de Judá: Esto dice Yahvé Sebaot:

Sión será un campo arado,

Jerusalén, un montón de ruinas,

y el monte del templo, un cerro agreste*.

19 ¿Por ventura le mataron Ezequías, rey de Judá, y todo Judá?, ¿no temió más bien a Yahvé y le hizo propicio? Y de ese modo Yahvé se arrepintió del daño con que les había amenazado. Mientras que nosotros estamos haciéndonos mucho daño a nosotros mismos.»

20 Pero también hubo otro que decía profetizar en nombre de Yahvé —Urías, hijo de Semaías, de Quiriat Yearín—. Él profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra en los mismos términos que Jeremías. 21 Cuando el rey Joaquín y todos sus oficiales y dignatarios oyeron sus palabras, el rey buscó la ocasión para matarle. Al enterarse Urías, tuvo miedo y huyó, refugiándose en Egipto. 22 Pero envió* el rey Joaquín a Elnatán, hijo de Acbor, y otros con él a Egipto. 23 Sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joaquín, quien lo ajustició a espada, y echaron su cadáver a la fosa común.

24 Pero Ajicán, hijo de Safán*, defendió a Jeremías e impidió que fuera entregado en manos del pueblo para matarle.

2. A LOS DESTERRADOS*

Acción simbólica del yugo y mensaje a los reyes de occidente.

271 (Al principio del reinado de Sedecías*, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra de parte de Yahvé:) 2 Esto me ha dicho Yahvé: Hazte unas coyundas y un yugo, y úncetelo a la cerviz. 3 Envía después un mensaje al rey de Edom, al rey de Moab y al rey de los amonitas, al rey de Tiro y al rey de Sidón por medio de los embajadores que vienen a Jerusalén a ver a Sedecías, rey de Judá*. 4 Dales estas instrucciones para sus señores: «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Esto diréis a vuestros señores: 5 Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que hay sobre la faz de la tierra, con mi gran poder y mi tenso brazo, y lo di a quien me plugo. 6 Ahora yo he puesto todos estos países en manos de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y también los animales del campo le he dado para servirle 7 (y todas las naciones le servirán a él, a su hijo y al hijo de su hijo, hasta que llegue también el turno a su propio país —y le reducirán a servidumbre muchas naciones y reyes grandes—). 8 Así que las naciones y reinos que no sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no sometan su cerviz al yugo del rey de Babilonia, los castigaré con la espada, el hambre y la peste —oráculo de Yahvé—, hasta acabar con ellos por medio de él*. 9 Vosotros, pues, no oigáis a vuestros profetas, adivinos, soñadores*, augures ni hechiceros, que os hablan diciendo: ‘No serviréis al rey de Babilonia’, 10 porque profetizan en falso, para hacer que os alejéis de vuestra tierra y que yo os disperse y así perezcáis. 11 Pero la nación que someta su cerviz al yugo de Babilonia y le sirva, yo la dejaré tranquila en su tierra —oráculo de Yahvé— para que la labre y la habite.»

12 A Sedecías, rey de Judá, le hablé en estos mismos términos, diciendo: «Someted vuestras cervices al yugo del rey de Babilonia, servidle a él y a su pueblo, y quedaréis con vida. 13 (¿A qué morir tú y tu pueblo por la espada, el hambre y la peste, como ha amenazado Yahvé a aquella nación que no sirva al rey de Babilonia?) 14 ¡No oigáis, pues, las palabras de los profetas que os dicen: ‘No serviréis al rey de Babilonia’, porque profetizan en falso. 15 Y aunque no los he enviado —oráculo de Yahvé—, ellos andan profetizando falsedades en mi Nombre, de modo que yo os disperse y perezcáis junto con los profetas que os profetizan.»

16 A los sacerdotes y al resto de la gente les hablé así: «Esto dice Yahvé: No oigáis las palabras de vuestros profetas, que os profetizan diciendo: ‘Sabed que el ajuar del templo de Yahvé va a ser devuelto de Babilonia en seguida’, porque os profetizan en falso. 17 (No les hagáis caso. Servid al rey de Babilonia y quedaréis con vida. ¿Para qué ha de quedar esta ciudad arrasada?) 18 Y si ellos son profetas y es cierto que la palabra de Yahvé les acompaña, que intercedan ante Yahvé Sebaot para que los objetos que quedaron en el templo de Yahvé, en el palacio del rey de Judá y en Jerusalén no vayan a Babilonia. 19 Porque esto dice Yahvé Sebaot de las columnas, del Mar, de las basas y de los demás objetos que quedaron en esta ciudad, 20 de los que no se apoderó Nabucodonosor, rey de Babilonia, cuando deportó a Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, de Jerusalén a Babilonia (así como a todos los nobles de Judá y Jerusalén). 21 Sí, porque esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel, respecto a los objetos que quedaron en el templo de Yahvé, en la casa del rey de Judá y en Jerusalén: 22 A Babilonia serán llevados (y allí estarán hasta el día que yo los visite) —oráculo de Yahvé— (y entonces los subiré y devolveré a este lugar).»

Disputa con el profeta Jananías *.

281 Aquel mismo año —al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto, en el mes quinto— se dirigió a mí* el profeta Jananías, hijo de Azur, que era de Gabaón, en el templo de Yahvé, delante de los sacerdotes y de todo el pueblo. Me dijo: 2 «Esto dice Yahvé Sebaot, Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia. 3 Dentro de dos años completos haré que sean devueltos a este lugar todos los objetos del templo de Yahvé que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tomó de este lugar y llevó a Babilonia. 4 Y haré que Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y toda la gente de Judá deportada a Babilonia, regresen a este lugar —oráculo de Yahvé— en cuanto rompa el yugo del rey de Babilonia.»

5 Respondió el profeta Jeremías al profeta Jananías, en presencia de los sacerdotes y del resto de la gente, que estaban en el templo de Yahvé. 6 Le dijo el profeta Jeremías: «¡Amén! Así haga Yahvé. Confirme Yahvé las palabras que has profetizado, devolviendo de Babilonia a este lugar los objetos del templo de Yahvé, y a todos los deportados. 7 Pero, oye ahora esta palabra que pronuncio ante ti y ante todos los presentes: 8 Antes de ti y de mí, desde siempre, hubo profetas que profetizaron a muchos países y a grandes reinos la guerra, el mal y la peste. 9 Si un profeta profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra de ese profeta, se reconocerá que le había enviado Yahvé de verdad*

10 Entonces el profeta Jananías arrancó el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías y lo rompió. 11 Y Jananías habló así delante de toda la gente: «Esto dice Yahvé: Así romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años completos, y lo arrancaré de la cerviz de todas las naciones.»

Y se fue el profeta Jeremías por su camino.

12 Pero después que el profeta Jananías hubo roto el yugo que llevaba sobre el cuello el profeta Jeremías, dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en estos términos: 13 «Ve y di a Jananías: Esto dice Yahvé: Yugo de madera has roto, pero tú lo reemplazarás por yugo de hierro. 14 Porque esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Yugo de hierro he puesto sobre la cerviz de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; le servirán (y también los animales del campo le he dado…).»

15 Dijo también el profeta Jeremías al profeta Jananías: «Oye, Jananías: Yahvé no te ha enviado, pero tú has hecho confiar a este pueblo en la mentira. 16 Por eso, esto dice Yahvé: He decidido arrojarte de la faz de la tierra. Este año morirás (por haber predicado rebelión contra Yahvé).»

17 Y el profeta Jananías murió aquel mismo año, en el mes séptimo*.

Carta a los deportados.

291 Éste es el tenor de la carta que envió el profeta Jeremías desde Jerusalén al resto de los ancianos de la deportación, a los sacerdotes, profetas y pueblo en general, que había deportado Nabucodonosor desde Jerusalén a Babilonia 2 —después de salir de Jerusalén el rey Jeconías y la Gran Dama, los eunucos, los jefes de Judá y Jerusalén, los herreros y cerrajeros—. 3 La envió por mediación de Elasá, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jilquías, a quienes Sedecías, rey de Judá, envió a Babilonia*, donde Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía así:

4 «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel, a todos los deportados de Jerusalén a Babilonia: 5 Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto; 6 tomad esposa y engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas. Así medraréis y no menguaréis. 7 Procurad el bien de la ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahvé, porque su bien será el vuestro. 8 Esto dice Yahvé Sebaot, el dios de Israel: No os embauquen los profetas que hay entre vosotros ni vuestros adivinos, y no hagáis caso de vuestros soñadores que sueñan por cuenta propia, 9 porque falsamente os profetizan en mi Nombre. Yo no los he enviado —oráculo de Yahvé—. 10 Pues esto dice Yahvé: En cuanto pasen setenta años en Babilonia, yo os visitaré y confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa de volveros a este lugar. 11 Bien conozco los designios que abrigo sobre vosotros —oráculo de Yahvé—. Son designios de paz, no de desgracia; de daros un porvenir cuajado de esperanza. 12 Me invocaréis y vendréis a rogarme, y yo os escucharé. 13 Me buscaréis y me encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón; 14 me dejaré encontrar de vosotros (—oráculo de Yahvé—; devolveré vuestros cautivos, os recogeré de todas las naciones y lugares a donde os desterré —oráculo de Yahvé— y os haré tornar al sitio de donde os hice ir desterrados).

15 «En cuanto a eso que decís: ‘Nos ha suscitado Yahvé profetas en Babilonia’, 16 esto dice Yahvé* del rey que se sienta sobre el trono de David y de todo el pueblo que se asienta en esta ciudad, los hermanos vuestros que no salieron con vosotros al destierro; 17 esto dice Yahvé Sebaot: Voy a soltar contra ellos la espada, el hambre y la peste, y haré que se parezcan a aquellos higos podridos, tan malos que no se podían comer. 18 Los perseguiré con la espada, el hambre y la peste, y los convertiré en espantajo ante todos los reinos de la tierra. Serán objeto de maldición, pasmo, rechifla y oprobio entre todas las naciones a donde los arroje, 19 por no haber escuchado* ni obedecido las palabras que les comuniqué asiduamente por medio de mis siervos los profetas —oráculo de Yahvé—. 20 Pero vosotros, deportados todos que envié de Jerusalén a Babilonia, escuchad la palabra de Yahvé.

21 «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel, sobre Ajab, hijo de Colayas, y sobre Sedecías, hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi Nombre: Voy a entregarlos en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que los herirá ante vuestros ojos. 22 En ellos se inspirará una maldición que usarán todos los deportados de Judá que están en Babilonia: ‘Vuélvate Yahvé como a Sedecías y como a Ajab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia’, 23 porque obraron de modo infame en Jerusalén, cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos y fingieron pronunciar en mi Nombre palabras que yo no les mandé. Yo soy sabedor y testigo —oráculo de Yahvé—.»

Profecía contra Semaías.

29:24-25 *Semaías el najlamita despachó en su propio nombre cartas (a todo el pueblo que hay en Jerusalén) a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías (y a todos los sacerdotes), diciendo: 26 «Yahvé te ha puesto por sacerdote en vez del sacerdote Joadá, para que estés al frente del templo de Yahvé; y a todo el que tenga un trance o profetice lo meterás en el cepo y lo encerrarás en el calabozo. 27 Entonces, ¿por qué no has sancionado a Jeremías de Anatot, que se os hace pasar por profeta? 28 Resulta que nos ha enviado a Babilonia un mensaje diciendo: ‘La cosa va para largo. Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto’.»

29 El sacerdote Sofonías leyó esta carta ante el profeta Jeremías. 30 Entonces Yahvé dirigió la palabra a Jeremías en estos términos: 31 «Envía este mensaje a todos los deportados: Esto dice Yahvé respecto a Semaías el najlamita, porque os ha profetizado sin haberle yo enviado, y os ha inspirado así una falsa seguridad. 32 Por tanto, esto dice Yahvé: He decidido castigar a Semaías el najlamita y a su descendencia. No habrá en ella ninguno que habite en medio de este pueblo y que disfrute de los bienes que pienso conceder a mi pueblo —oráculo de Yahvé—, porque predicó la rebeldía contra Yahvé.»

3. LIBRO DE LA CONSOLACIÓN

Promesa de restauración a Israel del Norte*.

301 Palabra que recibió Jeremías de parte de Yahvé: 2 Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: Escribe en un libro todas las palabras que te he dirigido. 3 Pues vienen días —oráculo de Yahvé— en que haré tornar a los cautivos de mi pueblo Israel (y de Judá) —dice Yahvé— y los haré volver a la tierra que di a sus padres en posesión.

4 Éstas son las palabras que dirigió Yahvé a Israel (y a Judá).

5 Esto dice Yahvé:

Oímos voces de terror,

de pánico y ausencia de paz.

6 Preguntad y enteraos bien

si dan a luz los varones.

Pues ¿por qué he visto a los varones

con las manos en las caderas,

como quien va a dar a luz,

con sus rostros demudados?

7 ¡Ay! porque grande será aquel día,

ninguno se le puede comparar:

tiempo de angustia para Jacob,

aunque saldrá ileso de ella.

8 (Acontecerá aquel día —oráculo de Yahvé Sebaot— que romperé el yugo de sobre tu cerviz y arrancaré tus coyundas, y ya no te harán servir con él los extranjeros, 9 pues Israel y Judá servirán a Yahvé su Dios y a David su rey, que yo les suscitaré*.)

10 Pero tú no temas, siervo mío Jacob

—oráculo de Yahvé—,

ni desmayes, Israel,

pues acudo a salvarte desde lejos,

y a tu linaje del país de su destierro;

volverá Jacob y reposará,

tranquilo, sin nadie que le inquiete,

11 pues contigo estoy yo para salvarte

—oráculo de Yahvé—.

Acabaré con todas las naciones

por las que te dispersé,

pero contigo no acabaré,

aunque te corregiré como conviene,

pues no pienso dejarte impune.

12 Porque así dice Yahvé:

irremediable es tu fractura,

incurable tu herida.

13 Estás desahuciado;

para una herida hay cura,

mas para ti no hay remedio*.

14 Todos tus amantes* te olvidaron,

ya no andarán buscándote.

Te herí como hiere un enemigo,

te di un escarmiento cruel,

(por la magnitud de tu culpa,

porque son enormes tus pecados).

15 ¿Por qué te quejas de tu fractura?

Irremediable es tu sufrimiento;

por la magnitud de tu culpa,

por ser enormes tus pecados

te he tratado de ese modo.

16 No obstante*,

los que te devoran serán devorados,

todos tus opresores irán al cautiverio;

tus despojadores serán despojados,

daré al saqueo a todos tus saqueadores.

17 Sí; haré que tengas alivio,

te curaré de tus llagas

—oráculo de Yahvé—.

Te llamaron «La Repudiada»,

«Sión de la que nadie se preocupa*».

18 Pero esto dice Yahvé:

Voy a cambiar la suerte

de las tiendas de Jacob,

me apiadaré de sus moradas;

será reedificada la ciudad

sobre su montículo de ruinas,

y el palacio será restablecido

tal como era.

19 Entre ellos se oirán alabanzas,

voces de gente alegre;

los multiplicaré y no serán pocos,

los honraré y no serán menguados.

20 Sus hijos serán como antes,

su comunidad, estable ante mí;

y castigaré a todos sus opresores.

21 Será su soberano uno de ellos,

su jefe de entre ellos saldrá*,

lo acercaré y él acudirá a mí,

pues ¿quién se jugaría la vida

por llegarse hasta mí?

—oráculo de Yahvé—.

22 Y así seréis mi pueblo,

y yo seré vuestro Dios*.

23 Ya ha estallado una tormenta de Yahvé,

un torbellino se va arremolinando,

girando sobre la cabeza de los malvados.

24 No ha de apaciguarse el ardor de la ira de Yahvé hasta que la ejecute, y realice los designios de su corazón.

En días futuros os percataréis de ello.

311 En aquel tiempo —oráculo de Yahvé— seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos serán mi pueblo.

2 Esto dice Yahvé:

Halló gracia en el desierto*

el pueblo que se libró de la espada:

va a su descanso Israel,

3 de lejos Yahvé se le apareció.

Con amor eterno te he amado:

por eso te he reservado mi favor.

4 Te reedificaré y quedarás reedificada,

doncella capital de Israel;

volverás a hermosearte con tus adufes

y saldrás a bailar entre gentes festivas.

5 Volverás a plantar viñas

en los montes de Samaría:

(quienes las planten, las cosecharán).

6 Habrá un día en que griten los vigías

en la montaña de Efraín:

«¡En marcha, subamos a Sión,

adonde Yahvé, nuestro Dios*

7 Pues esto dice Yahvé:

Dad hurras por Jacob con alegría,

y gritos por la capital de las naciones;

hacedlo oír con alabanzas y decid:

«¡Ha salvado Yahvé a su pueblo*,

al Resto de Israel!»

8 Voy a traerlos de un país del norte,

los recogeré de los confines de la tierra.

Entre ellos, el ciego y el cojo,

la preñada junto con la parida.

Volverá una gran muchedumbre.

9 Volverán entre lloros,

pero yo los guiaré entre consuelos*,

los llevaré junto a arroyos de agua

por camino llano, en que no tropiecen.

Porque yo soy para Israel un padre,

y Efraín es mi primogénito.

10 Oíd la palabra de Yahvé, naciones,

y anunciadlas por las islas a lo lejos.

Decid:

«El que dispersó a Israel lo reunirá,

lo guardará como un pastor a su hato.»

11 Porque ha rescatado Yahvé a Jacob,

lo ha liberado de una mano más fuerte.

12 Vendrán dando hurras a la cima de Sión,

acudirán en masa a los dones de Yahvé:

al grano, al mosto y al aceite virgen,

a las crías del rebaño y la vacada,

y serán como huerto empapado,

ya no volverán a estar macilentos.

13 Entonces las chicas bailarán alegres,

junto con mozos y adultos;

cambiaré su duelo en regocijo,

los consolaré y aliviaré su tristeza;

14 saciaré de enjundia a los sacerdotes,

mi pueblo se hartará de mis bienes

—oráculo de Yahvé—.

15 Esto dice Yahvé:

En Ramá se escuchan voces,

ayes y llantos amargos:

Raquel llora por sus hijos*,

y no quiere que la consuelen,

pues sus hijos ya no existen*.

16 Esto dice Yahvé:

Reprime tus voces y tu llanto,

que tus ojos no derramen lágrimas,

pues tus penas tendrán recompensa

(—oráculo de Yahvé—):

volverán del país enemigo;

17 y tu futuro está cargado de esperanza

(—oráculo de Yahvé—):

volverán los hijos a su tierra.

18 Bien he oído a Efraín lamentarse:

«Me corregiste y corregido quedé,

como un becerro sin domar;

hazme volver y volveré,

pues tú, Yahvé, eres mi Dios.

19 Y luego de volver, me arrepiento,

me doy cuenta y me golpeo el pecho*,

me avergüenzo y me confundo luego,

porque tengo que aguantar el oprobio

de lo que hice en mis años mozos.»

20 ¿No es mi hijo querido Efraín?;

¿no es mi niño mimado?

¡Después de tanto reprenderle

sigo recordándolo todavía!

En efecto, mis entrañas se conmueven,

no ha de faltarle mi ternura

—oráculo de Yahvé—.

21 Plántate hitos,

ponte jalones de ruta,

presta atención a la calzada,

al camino que anduviste.

Vuelve, doncella de Israel,

vuelve a estas tus ciudades.

22 ¿Hasta cuándo darás rodeos,

díscola muchacha?

Pues Yahvé ha creado

una novedad en el país:

la Mujer rondará al Varón*.

Se promete a Judá la restauración*.

23 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Todavía dirán este refrán en tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos:

«¡Bendígate Yahvé,

oh morada de justicia,

oh monte santo!»

24 Morarán allí, en Judá y todas sus ciudades, los labradores y los que trashuman con el rebaño, 25 porque yo refrescaré la garganta reseca y saciaré todo cuerpo macilento.

26 En esto, me desperté y comprobé lo dulce que había sido mi sueño*.

Israel y Judá.

27 Van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que sembraré la Casa de Israel y la Casa de Judá de simiente de hombres y ganados. 28 Entonces, del mismo modo que anduve presto contra ellos para extirpar, destruir, arruinar, perder y dañar, así andaré respecto a ellos para reconstruir y replantar —oráculo de Yahvé—.

Retribución personal *.

29 En aquellos días no dirán más:

«Los padres comieron el agraz

y los hijos sufren de dentera»;

30 pues cada uno morirá por su culpa:

quien coma el agraz sufrirá de dentera.

La Nueva Alianza*.

31 Van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que yo pactaré con la Casa de Israel (y con la Casa de Judá) una nueva alianza; 32 no como la alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues ellos rompieron mi alianza y yo hice estrago* en ellos —oráculo de Yahvé—. 33 Sino que ésta será la alianza que yo pacte con la Casa de Israel, después de aquellos días —oráculo de Yahvé—: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. 34 Ya no tendrán que adoctrinarse entre sí, unos a otros, diciendo: «Conoced a Yahvé», pues todos ellos me conocerán, del más chico al más grande —oráculo de Yahvé—, cuando perdone su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme.

Permanencia de Israel.

35 Esto dice Yahvé,

el que da el sol para alumbrar el día

y gobierna* la luna y las estrellas

para alumbrar la noche;

el que agita el mar

y hace bramar sus olas:

¡Su nombre es Yahvé Sebaot!

36 Si estas normas llegasen a fallarme

—oráculo de Yahvé—,

también la prole de Israel dejaría

de ser para mí nación a perpetuidad.

37 Esto dice Yahvé:

Si pudieran medirse los altos cielos

y sondearse las hondas bases de la tierra,

entonces también yo renegaría

de todo el linaje de Israel

por todo cuanto hicieron

—oráculo de Yahvé—.

Reconstrucción y esplendor de Jerusalén*.

38 Van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que será reconstruida la ciudad de Yahvé desde la torre de Jananel hasta la Puerta del Ángulo; 39 y la cuerda de medir volverá a ir toda derecha hasta la cuesta de Gareb, y torcerá hasta Goá. 40 Y todo el valle de los cadáveres y de la ceniza, así como todos los campos que van hasta el torrente* Cedrón y hasta la esquina de la Puerta de los Caballos, hacia oriente, estará consagrado a Yahvé: no volverá a ser destruido ni dado al anatema nunca jamás.

4. AÑADIDURAS AL LIBRO DE LA CONSOLACIÓN

La compra de un campo, prenda de porvenir venturoso *.

321 Palabra que recibió Jeremías de parte de Yahvé el año diez de Sedecías, rey de Judá, o sea, el año dieciocho de Nabucodonosor:

2 A la sazón las fuerzas del rey de Babilonia sitiaban a Jerusalén, mientras el profeta Jeremías estaba detenido en el patio de la guardia de la casa del rey de Judá, 3 donde lo tenía detenido Sedecías, rey de Judá, bajo esta acusación: «Tú has profetizado: Esto dice Yahvé: Voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que la conquistará. 4 Sedecías, rey de Judá, no escapará de manos de los caldeos, sino que será entregado sin remisión en manos del rey de Babilonia, con quien hablará personalmente y podrá ver cara a cara. 5 Se llevará a Sedecías a Babilonia, donde permanecerá (hasta que yo me ocupe de él —oráculo de Yahvé—. ¡Aunque luchéis con los caldeos, no triunfaréis!)»

6 Dijo Jeremías: He recibido una palabra de Yahvé que dice así:

7 «He aquí que Janamel, hijo de tu tío Salún, va a dirigirse a ti diciendo: ‘Ea, cómprame el campo de Anatot, porque a ti te toca el derecho de rescate para comprarlo.’»

8 Conforme a lo que había dicho Yahvé, mi primo Janamel vino a verme al patio de la guardia, y me dijo: «Ea, cómprame el campo de Anatot —que cae en territorio de Benjamín—, porque tuyo es el derecho de adquisición y a ti te toca el rescate. Cómpratelo.» Yo reconocí en aquello la palabra de Yahvé, 9 y compré a mi primo Janamel el campo que está en Anatot. La plata que le pesé ascendía a diecisiete siclos. 10 Lo apunté en mi escritura, sellé, aduje testigos y pesé la plata en la balanza. 11 Luego tomé la escritura de la compra, el documento sellado según ley y la copia abierta, 12 y pasé la escritura de la compra a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Majsías, en presencia de mi primo* Janamel y de los testigos firmantes de la escritura de la compra, y delante de todos los judíos presentes en el patio de la guardia. 13 En presencia de todos ellos di a Baruc este encargo: 14 Esto dice Yahvé Sebaot, Dios de Israel: Toma estos documentos: la escritura de compra, el documento sellado y la copia abierta, y los pones en un cántaro de arcilla para que duren mucho tiempo. 15 Porque esto dice Yahvé Sebaot, Dios de Israel: «Todavía se comprarán casas, campos y viñas en esta tierra.»

16 Después de haber entregado la escritura de propiedad a Baruc, hijo de Nerías, oré a Yahvé diciendo: 17 «¡Ay, Señor Yahvé! Tú eres quien hiciste los cielos y la tierra con gran poder y brazo extendido. Nada te resulta extraordinario. 18 Tú manifiestas tu amor a millares, pero te cobras la culpa de los padres a costa* de sus descendientes. Tú eres el Dios grande, el Fuerte; te llamas Yahvé Sebaot. 19 Eres grande en designios y rico en recursos. Tú fijas los ojos en la conducta de los humanos para dar a cada uno según su conducta y el fruto de sus obras. 20 Tú obraste señales y portentos en Egipto, hasta hoy, y también en Israel y en la humanidad entera, y así te hiciste famoso, como hoy puede verse. 21 Tú sacaste a tu pueblo Israel de Egipto con señales y prodigios, con mano fuerte y brazo extendido, y con gran aparato. 22 Tú les diste esta tierra que habías jurado dar a sus padres: una tierra que mana leche y miel. 23 Entraron en ella y la poseyeron, pero no escucharon tus palabras ni se condujeron conforme a tus leyes. No hicieron nada de cuanto les mandaste, por eso les enviaste esta calamidad. 24 En este momento los terraplenes llegan a la ciudad para tomarla, y la ciudad está ya a merced de los caldeos; que la atacan con la espada, el hambre y la peste. Lo que habías anunciado ha ocurrido; tú mismo lo estás viendo. 25 ¡Y precisamente tú me has dicho, Señor Yahvé: ‘Cómprate el campo y aduce testigos’, cuando la ciudad está entregada a manos de los caldeos!»

26 Entonces me dirigió* Yahvé la palabra en estos términos: 27 Mira que yo soy Yahvé, el Dios de toda carne. ¿Habrá algo que me resulte extraordinario?

28 Pues esto dice Yahvé: Voy a entregar esta ciudad en manos de los caldeos y en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la tomará. 29 Entrarán los caldeos que atacan a esta ciudad y la prenderán fuego; la incendiarán junto con las casas en cuyos terrados se incensaba a Baal y se hacían libaciones a otros dioses para provocarme. 30 Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá, desde sus años mozos, sólo han hecho lo que me disgusta (porque los hijos de Israel no han hecho más que provocarme con las obras de sus manos —oráculo de Yahvé—). 31 Porque esta ciudad ha sido para mí motivo de furor y de cólera, desde el día en que la edificaron hasta hoy. Hasta tal punto que he tenido que quitármela de delante, 32 por toda la maldad que perpetraron los hijos de Israel y los hijos de Judá para provocarme. Y no sólo ellos, sino también sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes y sus profetas; todos: los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén. 33 Me volvieron la espalda y no me dieron la cara. Yo los adoctriné asiduamente, mas ellos no quisieron aprender la lección. 34 Más bien pusieron sus Monstruos abominables en el templo donde invocan mi Nombre, profanándolo; 35 y construyeron los altos del Baal que hay en el Valle de Ben Hinón para pasar por el fuego a sus hijos e hijas en honor de Mólec —cosa que no les mandé ni me pasó por las mientes—. Con semejante abominación hicieron pecar a Judá.

36 Pues ahora, en verdad, esto dice Yahvé, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad que —al decir de vosotros*— está ya sometida al rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste. 37 Voy a reunirlos de todos los países a donde los empujé lleno de ira, de cólera y de enojo incontenible. Los haré volver a este lugar y haré que vivan seguros; 38 serán mi pueblo, y yo seré su Dios. 39 Les daré un solo corazón y una conducta cabal, de suerte que me respeten todos los días para bien de ellos y de sus descendientes. 40 Pactaré con ellos una alianza eterna —que no revocaré después de ellos—: les procuraré el bien y haré que me respeten de corazón. De ese modo no se apartarán de mi lado. 41 Me alegraré de hacerles el bien y los plantaré en esta tierra firmemente, con todo mi corazón y con toda mi alma. 42 Porque esto dice Yahvé: del mismo modo que he acarreado sobre este pueblo toda esta enorme desgracia, también voy a traer yo mismo sobre ellos todo el beneficio que les estoy prometiendo. 43 Se comprarán campos en esta tierra de la que decís vosotros que es una desolación, sin personas ni ganados, que está a merced de los caldeos. 44 Se comprarán campos con dinero, se firmarán escrituras y serán selladas delante de testigos: en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén, en las ciudades de Judá, en las de la montaña, en las de la Tierra Baja y en las del Negueb, pues haré tornar a sus cautivos —oráculo de Yahvé—.

Nuevas promesas de restauración para Jerusalén y Judá*.

331 De nuevo dirigió Yahvé la palabra a Jeremías, que estaba aún detenido en el patio de la guardia. Le habló así:

2 Esto dice Yahvé, creador de la tierra*, que la formó para hacerla subsistir; Yahvé es su nombre: 3 Llámame y te responderé; te mostraré cosas grandes, inaccesibles, que desconocías.

4 Porque esto dice Yahvé, el Dios de Israel, tocante a las casas de esta ciudad y a las de los reyes de Judá que han sido destruidas por los terraplenes y por la espada: 5 Ahora se traba combate con los caldeos, que llenarán la ciudad* de cadáveres humanos: de los que herí lleno de ira y de cólera, y por cuya malicia oculté mi rostro a esta ciudad. 6 Pero pienso proporcionarles* su alivio y su medicina. Los curaré y les descubriré el bienestar y seguridad que les traigo. 7 Haré que vuelvan los cautivos de Judá y de Israel. Los reedificaré como antaño, 8 los purificaré de todos los pecados que cometieron contra mí, y perdonaré todos los pecados que cometieron contra mí y con los que manifestaron su rebeldía. 9 Jerusalén* será para mí un nombre evocador de alegría; será prez y ornato para todas las naciones de la tierra que oyeren todos los bienes que voy a concederle; se sorprenderán y estremecerán de todos los beneficios y el bienestar que voy a concederle.

10 Esto dice Yahvé: Aún se oirá en este lugar, del que vosotros decís que está abandonado, sin personas ni ganados, en todas las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén desoladas, sin personas ni habitantes ni ganados, 11 voces de gozo y de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, la voz de cuantos traigan sacrificios de alabanza al templo de Yahvé diciendo: «Alabad a Yahvé Sebaot, porque es bueno Yahvé, porque es eterna su misericordia», pues cambiaré la suerte del país, dejándolo como antes —dice Yahvé—.

12 *Esto dice Yahvé Sebaot: Aún habrá en este lugar abandonado de hombres y ganados, y en todas sus ciudades, dehesas de pastores que hagan reposar a las ovejas: 13 en las ciudades de la montaña, y en las de la Tierra Baja, en las del Negueb y en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén y en las ciudades de Judá, volverán a pasar ovejas ante la mano del que las cuente —dice Yahvé—.

Instituciones del futuro*.

14 Mirad que vienen días —oráculo de Yahvé— en que confirmaré la palabra venturosa que dirigí a la Casa de Israel y a la Casa de Judá.

15 En aquellos días y en aquella sazón haré brotar para David un Germen justo, que practicará el derecho y la justicia en la tierra.

16 En aquellos días estará a salvo Judá,

y Jerusalén vivirá en seguro.

Y así se la llamará:

«Yahvé, nuestra justicia*

17 Pues esto dice Yahvé: No le faltará a David quien se siente en el trono de la Casa de Israel; 18 y a los sacerdotes levíticos no les faltará quien en presencia mía ofrezca holocaustos y queme incienso de oblación y haga sacrificio cada día.

19 Dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en estos términos: 20 Esto dice Yahvé: Si llegareis a romper mi alianza con el día y con la noche, de suerte que no sea de día o de noche a su debido tiempo, 21 entonces romperíais también mi alianza con mi siervo David, de suerte que le falte un hijo que reine sobre su trono, y con los levitas sacerdotes, mis servidores. 22 Así como es incontable el ejército de los cielos, e incalculable la arena de la mar, así multiplicaré el linaje de mi siervo David y de los levitas que me sirven.

23 Dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en estos términos: 24 ¿No has visto qué ha dicho este pueblo?: «Los dos linajes que había elegido Yahvé los ha rechazado»; y así menosprecian a mi pueblo, pues ni siquiera lo tienen por nación. 25 Pues bien, dice Yahvé: Si no he creado el día* y la noche, ni he establecido las leyes de los cielos y la tierra, 26 en ese caso también rechazaré el linaje de Jacob y de mi siervo David, para no escoger más de su linaje a quienes gobiernen la descendencia de Abrahán, Isaac y Jacob, cuando yo haga cambiar su suerte y les tenga misericordia.

5. MISCELÁNEA

Destino de Sedecías *.

341 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahvé, mientras Nabucodonosor, rey de Babilonia, a la cabeza de todas sus tropas y de las de todos los reinos de la tierra sometidos a su poder, atacaba Jerusalén y todas sus ciudades:

2 Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: Ve y comunica lo siguiente a Sedecías, rey de Judá: Esto dice Yahvé: «Voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, que la incendiará. 3 En cuanto a ti, no escaparás de su mano, pues serás capturado sin falta y te entregaré en sus manos. Verás personalmente al rey de Babilonia y hablarás con él cara a cara. ¡Desde luego irás a Babilonia! 4 Empero, oye una palabra de Yahvé, Sedecías, rey de Judá: Esto dice Yahvé respecto a ti: No caerás víctima de la espada. 5 En paz morirás. Y del mismo modo que se quemaron perfumes en los funerales de tus padres, los reyes que te precedieron, también los quemarán por ti, y te plañirán «¡Ay, señor!». Soy yo quien lo digo —oráculo de Yahvé—.

6 El profeta Jeremías comunicó a Sedecías, rey de Judá, todas estas palabras en Jerusalén, 7 mientras el ejército del rey de Babilonia atacaba Jerusalén y todas las ciudades de Judá que quedaban: Laquis y Azecá, pues sólo ellas habían quedado de entre todas las plazas fuertes de Judá*.

Liberación de los esclavos*.

8 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahvé, después de llegar el rey Sedecías a un acuerdo* con todo el pueblo de Jerusalén, proclamándoles una manumisión. 9 Tenía por finalidad que cada cual liberase y concediera la libertad a su siervo o esclava hebreos, de suerte que ningún judaíta impusiera la servidumbre a su hermano.

10 Todos los nobles y toda la gente que habían aceptado el acuerdo obedecieron y dejaron libres quién a su siervo, quién a su esclava. Les concedieron la libertad, de modo que no hubiese siervos entre ellos. Obedecieron y los dejaron libres. 11 Pero luego se arrepintieron e hicieron volver a los siervos y esclavas que habían manumitido, reduciéndolos a servidumbre y esclavitud.

12 Entonces dirigió Yahvé la palabra a Jeremías* en estos términos: 13 Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: yo hice alianza con vuestros padres el día que los saqué de Egipto, de la casa de servidumbre. Les dije: 14 «Al cabo de siete años cada uno de vosotros dejará libre al hermano hebreo que se le hubiera vendido. Te servirá seis años y después lo dejarás libre.» Pero no me hicieron caso vuestros padres ni aplicaron el oído. 15 Vosotros os habéis convertido hoy y habéis hecho lo que considero justo, proclamando manumisión general y sellando un acuerdo en mi presencia, en el templo donde se invoca mi Nombre. 16 Pero os habéis echado atrás, profanando así mi Nombre. Habéis hecho volver a vuestros respectivos siervos y esclavas, a quienes habíais manumitido, reduciéndolos de nuevo a esclavitud.

17 Por tanto, esto dice Yahvé: Vosotros no me habéis hecho caso al proclamar manumisión general. Pues yo voy a proclamar contra vosotros manumisión de la espada, de la peste y del hambre —oráculo de Yahvé—, y os voy a convertir en espantajo de todos los reinos de la tierra. 18 Y a los individuos que traspasaron mi acuerdo, aquellos que no han hecho válidos los términos del acuerdo que firmaron en mi presencia, haré que acaben como el becerro que cortaron en dos y por entre cuyos pedazos pasaron; 19 a los nobles de Judá, los nobles de Jerusalén, los eunucos, los sacerdotes y todo el pueblo de la tierra que han pasado por entre los pedazos del becerro*, 20 los entregaré en manos de sus enemigos y de quienes tratan de matarlos. Sus cadáveres serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra. 21 A Sedecías, rey de Judá, y a sus nobles los entregaré en manos de sus enemigos y de quienes tratan de matarlos, y en manos del ejército del rey de Babilonia, que acaba de retirarse. 22 Pues voy a dar la orden —oráculo de Yahvé— de hacerlos volver contra esta ciudad. La atacarán, la tomarán y la prenderán fuego; y dejaré desoladas y sin habitantes a las ciudades de Judá.

Ejemplo de los recabitas*.

351 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahvé, en tiempo de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá.

2 «Ve a la casa de los recabitas y habla con ellos. Los llevas al templo de Yahvé, a una de las estancias, y les escancias vino.» 3 Tomé, pues, a Jazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas, 4 y los llevé al templo de Yahvé, a la estancia de Ben Yojanán*, hijo de Yigdalías, hombre de Dios. Esa estancia está al lado de la de los nobles, y encima de la de Maasías, hijo de Salún, guarda del umbral. 5 Presenté a los miembros de la familia de los recabitas unos jarros llenos de vino y tazas, y les dije: «¡Bebed vino!» 6 Respondieron ellos: «No bebemos vino, porque nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab, nos dio este mandato: ‘No beberéis vino ni vosotros ni vuestros hijos nunca jamás; 7 ni edificaréis casas, ni sembraréis semilla, ni plantaréis viñas, ni poseeréis nada. Pasaréis toda vuestra existencia en tiendas, de modo que prolonguéis vuestra vida sobre la faz de la tierra donde residís como forasteros.’ 8 Nosotros hemos obedecido a nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab; hemos hecho todo cuanto nos mandó. Nos hemos abstenido de beber vino de por vida, nosotros, nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestras hijas; 9 no hemos edificado casas donde vivir, y no poseemos viñas ni campos para sembrar. 10 Además hemos vivido en tiendas*, obedeciendo y obrando en todo conforme a lo que nos mandó nuestro antepasado Jonadab. 11 Pero al atacar el país Nabucodonosor, rey de Babilonia, dijimos: ‘Refugiémonos en Jerusalén para huir de las fuerzas caldeas y de las de Arán’. Así que nos instalamos en Jerusalén.»

12 Entonces dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en estos términos: 13 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No aprenderéis la lección y os decidiréis a escuchar mis palabras? —oráculo de Yahvé—. 14 Se han cumplido las palabras de Jonadab, hijo de Recab, que prohibió a sus descendientes beber vino, y no han bebido hasta la fecha, porque supieron obedecer la orden de su antepasado. Yo me afané en hablaros a vosotros y no me escuchasteis. 15 Me afané en enviaros a todos mis siervos los profetas a deciros: Ea, tornad cada uno de vuestro mal camino, mejorad vuestras acciones y no andéis en pos de otros dioses para servirles; así os quedaréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres. Pero no aplicasteis el oído ni me hicisteis caso. 16 Así, los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, han cumplido el precepto que su antepasado les impuso, mientras que este pueblo no me ha hecho caso.

17 Por tanto, esto dice Yahvé, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: Voy a traer contra Judá y contra los habitantes de Jerusalén todo el mal que pronuncié respecto a ellos, por cuanto les hablé y no me escucharon, los llamé y no me respondieron.

18 A la familia de los recabitas dijo Jeremías: «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Por cuanto que habéis obedecido el precepto de vuestro antepasado Jonadab y habéis guardado todos esos preceptos y obrado conforme a cuanto os mandó, 19 por lo mismo, esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: No faltará a Jonadab, hijo de Recab, quien esté en mi presencia todos los días*

IV. Pasión de Jeremías

El rollo de 605-604*.

361 El año cuarto de Joaquín*, hijo de Josías, rey de Judá, dirigió Yahvé estas palabras a Jeremías:

2 Toma un rollo de escribir y apunta en él todas las palabras que te he comunicado tocante a Israel, a Judá y a todas las naciones, desde la fecha en que te vengo hablando —desde los tiempos de Josías hasta hoy—. 3 A ver si la Casa de Judá se entera de todo el mal que he pensado hacerle, de modo que abandone cada cual su mal camino, y entonces pueda yo perdonarles su culpa y su pecado.

4 Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y apuntó Baruc al dictado de Jeremías todas las palabras que Yahvé le había hablado, en un rollo de escribir*. 5 Dio Jeremías a Baruc estas instrucciones: «Yo estoy detenido y no puedo ir al templo de Yahvé. 6 Así que ve tú y lee en voz alta las palabras de Yahvé que yo te he dictado y que has apuntado en el rollo. Léelas en público, en el templo de Yahvé, aprovechando un día de ayuno. Y las lees también ante todos los de Judá que vienen de sus ciudades. 7 A ver si presentan sus súplicas a Yahvé y abandona cada cual su mal camino, porque grande es la ira y la cólera con las que ha hablado Yahvé a este pueblo.»

8 Baruc, hijo de Nerías, hizo todo lo que le había mandado el profeta Jeremías: leyó en el templo de Yahvé las palabras de Yahvé que estaban escritas en el libro.

9 Precisamente en el año quinto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, el mes noveno*, se proclamaba ayuno general delante de Yahvé, tanto para el pueblo de Jerusalén como para toda la gente venida de las ciudades de Judá a Jerusalén. 10 Baruc, pues, leyó en el libro las palabras de Jeremías en el templo de Yahvé, en la estancia de Guemarías, hijo de Safán el escriba, en el patio alto, a la entrada de la Puerta Nueva del templo de Yahvé. Las leyó ante toda la gente.

11 Cuando Miqueas, hijo de Guemarías, hijo de Safán, oyó todas las palabras de Yahvé escritas en el libro, 12 bajó al palacio real, al cuarto del escriba, y se encontró allí con todos los dignatarios: el escribano Elisamá, Delaías, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acbor, Guemarías, hijo de Safán, Sedecías, hijo de Jananías, y todos los demás. 13 Entonces les transmitió Miqueas todas las palabras del libro que había oído leer a Baruc delante de toda la gente.

14 Entonces los dignatarios enviaron a donde Baruc a Yehudí, hijo de Natanías, hijo de Selemías*, hijo de Cusí, para que le dijese: «Toma el rollo que has leído en voz alta ante la gente y tráelo personalmente.» Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo y se dirigió adonde estaban ellos. 15 Le dijeron: «Ven, siéntate y ten a bien leérnoslo a nosotros.» Y Baruc se lo leyó.

16 En cuanto oyeron todas aquellas palabras, se asustaron y se dijeron unos a otros: «Anunciemos sin falta al rey todas estas palabras.» 17 Y a Baruc le pidieron: «Explícanos cómo has escrito todas estas palabras*18 Les dijo Baruc: «Al dictado. Él me recitaba todas estas palabras* y yo las iba escribiendo en el libro con tinta.» 19 Dijeron los jefes a Baruc: «Vete, escondeos tú y Jeremías, y que nadie sepa dónde estáis.» 20 Fueron adonde el rey, a la corte (el rollo lo consignaron en la estancia de Elisamá el escriba), y transmitieron personalmente al monarca todas aquellas palabras.

21 Entonces mandó el rey a Yehudí que trajera el rollo. Yehudí lo tomó de la estancia de Elisamá el escriba y lo leyó en voz alta ante el rey y todos los dignatarios que estaban en torno al monarca. 22 El rey estaba instalado en el salón de invierno —era en el mes noveno—, con un brasero* delante encendido. 23 Cada vez que Yehudí leía tres o cuatro hojas, él las rasgaba con el cortaplumas del escriba y las echaba al fuego del brasero, hasta terminar con todo el rollo en el fuego del brasero. 24 Ni el rey ni ninguno de sus dignatarios se asustaban ni rasgaban sus vestidos mientras escuchaban la lectura. 25 Y por más que Elnatán, Delaías y Guemarías suplicaron al rey que no quemara el rollo, no les hizo caso. 26 Luego el rey ordenó a Yerajmeel, hijo del rey*, a Serayas, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdel, que arrestaran al escriba Baruc y al profeta Jeremías. Pero Yahvé los había ocultado.

27 Después de que el rey hubo quemado el rollo y todo lo que había escrito Baruc al dictado de Jeremías, dirigió Yahvé estas palabras a Jeremías: 28 «Coge otro rollo y escribe en él todo lo que antes había en el primer rollo que quemó Joaquín, rey de Judá. 29 Y a Joaquín, rey de Judá, le dices: Esto dice Yahvé: Tú has quemado aquel rollo, diciendo: ‘¿Por qué has escrito en él que vendría sin falta el rey de Babilonia y que destruiría esta tierra, llevándose cautivos de ella a hombres y bestias?’ 30 Pues bien, esto dice Yahvé a propósito de Joaquín, rey de Judá: No tendrá quien le suceda en el trono de David; su propio cadáver yacerá tirado, expuesto al calor del día y al frío de la noche. 31 Yo castigaré sus culpas y las de su linaje y sus siervos, y traeré sobre ellos y sobre todos los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá todas las desgracias que les anuncié, sin que hicieran caso.»

32 Entonces Jeremías tomó otro rollo, que entregó al escriba Baruc, hijo de Nerías, quien volvió a escribir al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que había quemado Joaquín, rey de Judá, e incluso se añadieron a aquéllas otras muchas por el estilo.

Juicio global sobre Sedecías.

371 Sedecías, hijo de Josías, sucedió en el trono a Jeconías, hijo de Joaquín. Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo puso como rey en el territorio de Judá. 2 Pero tampoco él ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra, hicieron caso de las palabras que Yahvé había pronunciado por medio del profeta Jeremías.

Sedecías consulta a Jeremías durante la interrupción del asedio del 588.

3 El rey Sedecías envió a Yucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decir al profeta Jeremías: «Te pedimos que reces por nosotros a nuestro Dios Yahvé.» 4 Por entonces Jeremías iba y venía en público, pues no le habían encarcelado. 5 Las fuerzas del faraón salieron de Egipto. Al enterarse los caldeos de la noticia, levantaron el sitio de Jerusalén. 6 Entonces dirigió Yahvé la palabra al profeta Jeremías: 7 Esto dice Yahvé, el Dios de Israel: Así hablaréis al rey de Judá que os envía a mí, a consultarme: Mira, el ejército del faraón* que había salido en vuestro socorro se ha vuelto a su tierra de Egipto, 8 Así que los caldeos que atacan esta ciudad volverán, la tomarán y la incendiarán. 9 Esto dice Yahvé: No cobréis ánimos pensando: «Seguro que los caldeos terminarán por dejarnos y se marcharán», porque no se marcharán. 10 Antes bien, aunque hubieseis derrotado a todo el ejército de los caldeos que os atacan y les quedaran sólo hombres heridos, se levantaría cada cual en su tienda e incendiarían esta ciudad.

Arresto de Jeremías. El rey mejora su situación.

11 Cuando las tropas caldeas levantaron el sitio de Jerusalén, replegándose ante las tropas del faraón, 12 Jeremías salió de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a asistir a un reparto de tierras entre la gente*. 13 Estando en la Puerta de Benjamín, se encontró con un vigilante llamado Yirías, hijo de Selemías, hijo de Jananías, que apresó al profeta Jeremías acusándolo de querer pasarse a los caldeos. 14 Jeremías le dijo: «¡Mentira! Yo no voy a pasarme a los caldeos.» Pero Yirías no le hizo caso. Detuvo a Jeremías y lo condujo ante los dignatarios, 15 que se irritaron contra Jeremías, lo hicieron azotar y lo encarcelaron en casa del escriba Jonatán, convertida en prisión. 16 Así que Jeremías fue conducido al calabozo del sótano, donde permaneció largo tiempo.

17 El rey Sedecías mandó traerlo, y le interrogó en su casa, en secreto: «¿Hay algo de parte de Yahvé?» Dijo Jeremías: «Lo hay.» Y añadió: «Serás entregado en manos del rey de Babilonia.» 18 Luego dijo Jeremías al rey Sedecías: «¿En qué os he faltado a ti, a tus notables y a este pueblo, para que me hayáis metido en prisión? 19 ¿Dónde están ahora vuestros profetas que os profetizaban que no os atacaría el rey de Babilonia ni penetraría en esta tierra? 20 Ahora, pues, escúcheme el rey, mi señor, y tenga a bien acceder a mi petición de gracia: no me devuelvas a casa del escriba Jonatán, pues temo morir allí.»

21 Entonces el rey Sedecías mandó que custodiasen a Jeremías en el patio de la guardia y se le diese un rosco de pan por día de la calle de los panaderos, hasta que se acabase todo el pan de la ciudad.

Y Jeremías permaneció en el patio de la guardia.

Jeremías en la cisterna. Intervención de Ebedmélec.

381 Oyeron Sefatías, hijo de Matán, Godolías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías, las palabras que Jeremías estaba dirigiendo al pueblo: 2 «Esto dice Yahvé: Quien se quede en esta ciudad morirá víctima de la espada, el hambre y la peste, mas quien se entregue a los caldeos vivirá, y eso saldrá ganando. 3 Esto dice Yahvé: Esta ciudad será entregada sin remedio en manos de las tropas del rey de Babilonia, que la tomará.» 4 Aquellos notables dijeron al rey: «Hay que condenar a muerte a ese hombre, porque con eso desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe, diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto el bien del pueblo, sino su daño.» 5 Dijo el rey Sedecías: «Ahí lo tenéis en vuestras manos, pues nada podría el rey contra vosotros*6 Ellos se apoderaron de Jeremías y lo echaron a la cisterna de Malquías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia, descolgando a Jeremías con sogas. En la cisterna no había agua, sino fango, y Jeremías se hundió en él.

7 Pero Ebedmélec el cusita* —un eunuco de la casa del rey— oyó que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba sentado en la puerta de Benjamín. 8 Salió Ebedmélec del palacio real y habló al rey en estos términos: 9 «Oh, mi señor, el rey, está muy mal todo cuanto esos hombres han hecho con el profeta Jeremías, arrojándolo a la cisterna. Total, lo mismo se iba a morir de hambre, pues no quedan ya víveres en la ciudad.»

10 Entonces ordenó el rey a Ebedmélec el cusita: «Toma tú mismo de aquí treinta hombres, y saca al profeta Jeremías del pozo antes de que muera.»

11 Ebedmélec tomó consigo a los hombres y, entrando en el palacio real, al vestuario del tesoro*, tomó allí deshechos de paños y telas, y con sogas los descolgó por la cisterna hasta Jeremías. 12 Dijo Ebedmélec el cusita a Jeremías: «Hala, ponte los deshechos de paños y telas entre los sobacos y las sogas.» Así lo hizo Jeremías, 13 y halando a Jeremías con las sogas lo subieron de la cisterna.

Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia.

Última entrevista de Jeremías con Sedecías.

14 Entonces el rey Sedecías mandó traer al profeta Jeremías a la entrada tercera que había en el templo de Yahvé, y dijo el rey a Jeremías: «Te voy a preguntar una cosa: no me ocultes nada.» 15 Dijo Jeremías a Sedecías: «Si te soy sincero, seguro que me matarás; y aunque te aconseje, no me escucharás.» 16 El rey Sedecías juró a Jeremías en secreto: «Por vida de Yahvé, y por la vida que nos ha dado, que no te haré morir ni te entregaré en manos de estos hombres que andan buscando tu muerte.» 17 Dijo Jeremías a Sedecías: «Esto dice Yahvé, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: Si sales a entregarte a los oficiales del rey de Babilonia, salvarás tu vida y esta ciudad no será incendiada: tanto tú como los tuyos sobreviviréis. 18 Pero si no te entregas a los oficiales del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en manos de los caldeos, que la incendiarán, y tú no escaparás de sus manos.»

19 Dijo el rey Sedecías a Jeremías: «Me preocupan los judaítas que se han pasado a los caldeos, no vaya a ser que me entreguen en sus manos, y éstos hagan mofa de mí.»

20 Pero replicó Jeremías: «No te entregarán. Haz caso a la voz de Yahvé en esto que te digo, pues te resultará bien y quedarás con vida. 21 Mas si rehúsas salir, esto es lo que me ha mostrado Yahvé: 22 Todas las mujeres que han permanecido en la casa del rey de Judá serán sacadas adonde los oficiales del rey de Babilonia, e irán diciendo:

Te empujaron y pudieron contigo

los que eran tus íntimos amigos*.

Se hundieron en el lodo tus pies,

y ellos se hicieron atrás.

23 Serán entregados a los caldeos tus mujeres y tus hijos, y tú no escaparás de ellos, sino que serás puesto en manos del rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada*

24 Entonces dijo Sedecías a Jeremías: «Que nadie sepa nada de esto, si no quieres morir. 25 Si mis dignatarios se enteran de que he estado hablando contigo, y acuden a ti diciéndote: ‘Si no quieres morir, cuéntanos lo que has dicho al rey, sin ocultarnos nada; y dinos también lo que el rey ha respondido’, 26 tú les dirás: ‘He pedido al rey la gracia de que no me devuelva a casa de Jonatán a morir allí.’»

27 En efecto, fueron todos los dignatarios donde Jeremías a interrogarle; y él les respondió conforme a lo que queda dicho que le había mandado el rey. Y ellos quedaron satisfechos, pues nada se sabía de lo hablado.

28 Así quedó Jeremías en el patio de la guardia, hasta el día en que fue tomada Jerusalén.

Ahora bien, cuando fue tomada Jerusalén…

Caída de Jerusalén y suerte de Jeremías*.

391 En el año nueve de Sedecías, rey de Judá, el décimo mes*, Nabucodonosor, rey de Babilonia, avanzó con todo su ejército hacia Jerusalén, y la sitió.

2 En el año once de Sedecías, el cuarto mes, el nueve del mes*, se abrió una brecha en la ciudad. 3 Todos los oficiales del rey de Babilonia penetraron en ella y se instalaron en la Puerta Central: Nergal Sareser, Sangar Nebo, Sar Sequín, jefe superior, Nergal Sareser, alto funcionario, y todos los demás jefes del rey de Babilonia*.

4 Cuando Sedecías, rey de Judá, y todos los guerreros se apercibieron, huyeron de la ciudad. Salieron de noche por el jardín real, por la puerta que está entre los dos muros, y huyeron en dirección a la Arabá*.

5 Las tropas caldeas los persiguieron y dieron alcance a Sedecías en los llanos de Jericó; lo prendieron y lo condujeron a Riblá, en tierra de Jamat*, adonde Nabucodonosor, rey de Babilonia, que lo sometió a juicio. 6 El rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedecías en Riblá, en presencia de su padre; luego el rey de Babilonia degolló a toda la aristocracia de Judá. 7 A Sedecías le sacó los ojos, lo ató con doble cadena de bronce y se lo llevó a Babilonia. 8 Los caldeos incendiaron el palacio real y las casas del pueblo*, y demolieron los muros de Jerusalén. 9 En cuanto al resto de la gente que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían pasado a él y a los artesanos* restantes los deportó Nabuzardán, jefe de la guardia, a Babilonia. 10 En cuanto a la plebe baja, los que no tenían nada, Nabuzardán, jefe de la guardia, les permitió quedarse en tierra de Judá, y les hizo donación de viñas y parcelas.

11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado instrucciones a Nabuzardán, jefe de la guardia, respecto a Jeremías en este sentido: 12 «Préndele y no le pierdas de vista. Pero no le hagas daño alguno; antes bien, trátele como él mismo te diga.»

13 Entonces* (Nabuzardán, jefe de la guardia) Nabusazbán, jefe superior, Nergal Sareser, oficial superior, y todos los grandes del rey de Babilonia 14 mandaron traer a Jeremías, y lo confiaron a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, para que lo llevase a su casa y pudiera hacer vida normal.

Oráculo favorable a Ebedmélec *.

15 Estando Jeremías detenido en el patio de la guardia, le había sido dirigida la palabra de Yahvé en estos términos: 16 Ve y di a Ebedmélec el cusita: Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Voy a hacer que se cumplan mis palabras contra esta ciudad: palabras para su mal, no para su bien. Tú serás testigo de todo aquel día, 17 pero yo te salvaré entonces —oráculo de Yahvé—: no serás entregado en manos de aquellos cuya presencia evitas temeroso; 18 antes bien, te libraré y no caerás víctima de la espada. Saldrás ganando la propia vida, porque confiaste en mí —oráculo de Yahvé—.

Más sobre la suerte de Jeremías.

401 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahvé, después que Nabuzardán, jefe de la guardia, mandase que lo trajeran de Ramá y se hiciese cargo de él, cuando iba esposado con todos los deportados de Jerusalén y Judá, camino de Babilonia*.

2 En efecto, el jefe de la guardia tomó aparte a Jeremías y le dijo: «Tu Dios Yahvé había predicho la desgracia que se ha abatido sobre este lugar, 3 y la ha cumplido. Yahvé ha hecho lo que había predicho. Y esto os ha sucedido por haber pecado contra Yahvé y no haber escuchado su voz. 4 Ahora voy a quitarte las esposas de tus muñecas. Si te parece bien venirte conmigo a Babilonia, vente, y yo miraré por ti. Pero si te parece mal venirte conmigo a Babilonia, déjalo. Mira, tienes toda la tierra por delante; adonde mejor y más cómodo te parezca ir, vete.» 5 Aún no había dado media vuelta cuando le dijo: «Vuelve adonde Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, a quien el rey de Babilonia ha encargado de las ciudades de Judá; quédate con él y haz vida normal entre tu gente. En suma, vete adonde mejor te acomode.» Luego el jefe de la guardia le proporcionó algunos víveres y ayuda de costa, y lo despidió. 6 Jeremías, por su parte, fue a Mispá, donde Godolías*, hijo de Ajicán, y se quedó a vivir con él entre la población que había permanecido en el país.

Godolías gobernador. Su asesinato.

7 Cuando todos los oficiales del ejército, que andaban desperdigados por el campo con sus hombres, se enteraron que el rey de Babilonia había encargado del país a Godolías, hijo de Ajicán, y que había puesto bajo su custodia a hombres, mujeres, niños y gente pobre que no habían sido deportados a Babilonia, 8 fueron donde Godolías, a Mispá, Ismael, hijo de Natanías, Juan y Jonatán, hijo de Caréaj, Serayas, hijo de Tanjumet, los hijos de Efay el netofita y Jazanías de Maacá, en compañía de sus hombres. 9 Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, les hizo un juramento a ellos y a sus hombres: «No temáis someteros a los caldeos. Si os quedáis en el país y os sometéis al rey de Babilonia, todo os irá bien. 10 Por mi parte, tengo que quedarme en Mispá, para dar cuenta a los caldeos que vengan a nosotros. Vosotros cosechad vino, mieses y aceite, almacenadlo en recipientes, y vivid en las ciudades que hayáis recuperado.»

11 Todos los judaítas que había en Moab, entre los amonitas y en Edom, así como los que había en todos los demás países, se enteraron también que el rey de Babilonia había dejado un resto a Judá y que había encargado de él a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán. 12 Todos estos judaítas regresaron de los distintos lugares donde se habían refugiado y, venidos al país de Judá, junto a Godolías, en Mispá, cosecharon vino y mieses en gran abundancia.

13 Entonces Juan, hijo de Caréaj, y todos los oficiales de su tropa vinieron adonde Godolías, a Mispá, 14 y le dijeron: «¿Sabes que Baalís, rey de los amonitas, ha enviado a Ismael, hijo de Natanías, para asesinarte*?» Godolías, hijo de Ajicán, no les dio crédito. 15 Entonces Juan, hijo de Caréaj, dijo a Godolías secretamente en Mispá: «Si quieres, voy yo a matar a Ismael, hijo de Natanías, sin que nadie lo sepa. ¿Por qué tiene que asesinarte él a ti? ¿No te das cuenta de que eso supondría la desbandada de todo Judá, que ahora está apiñada en torno a ti, y la pérdida del resto de Judá?» 16 Godolías, hijo de Ajicán, replicó a Juan, hijo de Caréaj: «No hagas eso. Lo que dices de Ismael es falso.»

411 Pues bien, el mes séptimo, Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisamá, de linaje real, junto con algunos notables del rey y diez hombres, se dirigió donde Godolías, hijo de Ajicán, a Mispá, y allí comieron juntos. 2 Pero Ismael, hijo de Natanías, y los diez que estaban con él, se levantaron y acuchillaron a Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán. Dieron muerte a aquel a quien el rey de Babilonia había encargado del país. 3 También mató Ismael a todos los judaítas que estaban con él, con Godolías, en Mispá, y a los guerreros caldeos que se hallaban allí*.

4 Al día siguiente del asesinato de Godolías, cuando nadie se había enterado todavía, 5 llegaron unos hombres de Siquén, de Siló y de Samaría, ochenta en total, con la barba raída, harapientos y arañados, portadores de oblaciones e incienso que traían al templo de Yahvé*. 6 Ismael, hijo de Natanías, salió a su encuentro desde Mispá. Iba llorando mientras caminaba, y llegando junto a ellos les dijo: «Venid adonde Godolías, hijo de Ajicán.» 7 Y así que hubieron entrado en la ciudad, Ismael, hijo de Natanías, los degolló con la ayuda de sus hombres y los echó dentro de una cisterna*.

8 Entre aquellos hombres hubo diez que dijeron a Ismael: «No nos mates, que en el campo tenemos escondites de trigo, cebada, aceite y miel.» E Ismael no los mató como a sus compañeros.

9 La cisterna donde echó Ismael todos los cadáveres de los hombres que había asesinado, era la cisterna grande*, la que había mandado hacer el rey Asá para prevenirse contra Basá, rey de Israel. Ismael, hijo de Natanías, la llenó de asesinados.

10 Luego Ismael hizo prisioneros al resto de la gente que quedaba en Mispá, a las hijas del rey y a toda la gente que había permanecido en Mispá, y que Nabuzardán, jefe de la guardia, había encomendado a Godolías, hijo de Ajicán. De madrugada se fue Ismael, hijo de Natanías, y cruzó hacia territorio amonita.

11 Juan, hijo de Caréaj, y todos los oficiales de las fuerzas que le acompañaban, se enteraron de los crímenes que había cometido Ismael, hijo de Natanías. 12 Entonces tomó a todos sus hombres y fue a luchar contra Ismael, hijo de Natanías, al que encontraron junto a la gran alberca que hay en Gabaón*.

13 Cuando la gente que Ismael llevaba consigo vio a Juan, hijo de Caréaj, y a todos los oficiales de la tropa que le acompañaba, se llenaron de gozo 14 y, dando media vuelta toda aquella gente que Ismael llevaba prisionera de Mispá, regresaron al lado de Juan, hijo de Caréaj, 15 en tanto que Ismael, hijo de Natanías, se escapaba de Juan con ocho hombres, rumbo a territorio amonita. 16 Juan, hijo de Caréaj, y todos los oficiales de la tropa que le acompañaban recogieron de Mispá a todo el resto de la gente que Ismael, hijo de Natanías, había hecho prisionera* después que hubo matado a Godolías, hijo de Ajicán —hombres, gente de guerra, mujeres, niños y eunucos—, y los hizo volver de Gabaón. 17 Ellos se fueron y se instalaron en el Refugio de Quinhán, que está al lado de Belén, para seguir luego hasta Egipto 18 huyendo de los caldeos, pues les temían por haber matado Ismael, hijo de Natanías, a Godolías, hijo de Ajicán, a quien el rey de Babilonia había encargado del país.

Huida a Egipto.

421 Entonces todos los oficiales de la tropa, junto con Juan, hijo de Caréaj, Azarías*, hijo de Hosaías, y el pueblo en masa, del chico al grande, 2 se llegaron al profeta Jeremías y le dijeron: «Caiga bien la demanda de favor que te hacemos y ruega* a tu Dios Yahvé por nosotros, por todo este resto, pues hemos quedado pocos de tantos que éramos, como tú mismo puedes ver, 3 y que nos indique tu Dios Yahvé el camino por donde hemos de ir y lo que hemos de hacer.»

4 Les dijo el profeta Jeremías: «De acuerdo: ahora mismo me pongo a rogar a vuestro Dios Yahvé como decís, y sea cual fuere la respuesta de Yahvé para vosotros, yo os la comunicaré sin ocultaros palabra.»

5 Ellos dijeron a Jeremías: «Que Yahvé sea testigo veraz y leal contra nosotros si no obramos conforme a cualquier mensaje que tu Dios Yahvé te envía para nosotros. 6 Sea grata o sea desfavorable, nosotros obedeceremos la voz de nuestro Dios Yahvé a quien te enviamos, pues siempre nos va bien cuando obedecemos la voz de nuestro Dios Yahvé.»

7 Pues bien, al cabo de diez días dirigió Yahvé la palabra a Jeremías. 8 Éste llamó a Juan, hijo de Caréaj, a todos los oficiales de la tropa que había con él y al pueblo todo, del chico al grande, 9 y les dijo: «Esto dice Yahvé, el Dios de Israel, a quien me habéis enviado en demanda de su favor: 10 Si os quedáis a vivir* en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, porque me pesa el mal que os he hecho. 11 No temáis al rey de Babilonia, que tanto os asusta: no temáis nada de él —oráculo de Yahvé—, que con vosotros estoy para salvaros y libraros de su mano. 12 Le daré entrañas compasivas para que se apiade de vosotros y os devuelva a vuestro suelo. 13 Pero si decidís no quedaros en este país, desoyendo así la voz de vuestro Dios Yahvé; 14 si decís: ‘No, preferimos ir al país de Egipto, donde no veamos guerras, ni oigamos toques de trompeta, ni tengamos que pasar hambre, y allí nos quedaremos’, 15 en ese caso, escuchad la palabra de Yahvé, resto de Judá. Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Si vosotros enderezáis rumbo a Egipto y entráis como refugiados allí, 16 entonces la espada que teméis os alcanzará allí en Egipto, y el hambre que receláis, allá os irá pisando los talones; y allí, en Egipto mismo, moriréis. 17 De ese modo, todos los que enderezcan rumbo a Egipto como refugiados morirán víctimas de la espada, del hambre y de la peste, y no les quedará superviviente ni quien escape del daño que yo traiga sobre ellos. 18 Porque esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Del mismo modo que se vertió mi ira y mi cólera sobre los habitantes de Jerusalén, así se verterá mi cólera contra vosotros como entréis en Egipto; seréis tema de imprecación y asombro, de maldición y oprobio, y no volveréis a ver más este lugar. 19 *Ha dicho Yahvé respecto a vosotros, resto de Judá: ‘No entréis en Egipto.’ Tenedlo bien en cuenta, tal como os lo advierto hoy. 20 Pero os engañabais a vosotros mismos cuando me enviabais a vuestro Dios Yahvé y me decíais: ‘Ruega por nosotros a nuestro Dios Yahvé, y cuanto diga nuestro Dios Yahvé nos lo comunicas, que lo haremos.’ 21 Yo os lo he comunicado hoy, pero no hacéis caso de vuestro Dios Yahvé en nada de cuanto me ha enviado a deciros. 22 Ahora, pues, podéis estar seguros de que moriréis víctimas de la espada, del hambre y de la peste en el lugar donde deseáis refugiaros.»

431 Cuando Jeremías acabó de comunicar a todo el pueblo las palabras de Yahvé su Dios, que el propio Yahvé le había comunicado para ellos, 2 Azarías, hijo de Hosaías, y también Juan, hijo de Caréaj, y el resto de los presentes dijeron con insolencia a Jeremías: «Estás mintiendo. No te ha encargado nuestro Dios Yahvé decir: ‘No vayáis a Egipto como refugiados allí’». 3 Es Baruc, hijo de Nerías, quien te azuza contra nosotros con objeto de ponernos en manos de los caldeos para que nos hagan morir y nos deporten a Babilonia.»

4 Además, ni Juan, hijo de Caréaj, ni ninguno de los oficiales de la tropa, ni nadie de entre la gente hizo caso de la voz de Yahvé, que mandaba quedarse en tierra de Judá. 5 Antes bien, Juan, hijo de Caréaj, y todos los oficiales de la tropa tomaron consigo al resto de Judá, que había regresado para habitar en tierra de Judá, de todas las naciones por donde se habían dispersado: 6 a hombres, mujeres, niños, a las hijas del rey y a toda persona que Nabuzardán, jefe de la guardia, había dejado en paz con Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Nerías. 7 Una vez llegados al país de Egipto —pues desoyeron la voz de Yahvé—, se adentraron hasta Tafnis*.

Jeremías vaticina la invasión de Egipto por Nabucodonosor.

8 Entonces dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en Tafnis en estos términos: 9 «Toma en tus manos piedras grandes y húndelas en la argamasa de la terraza que hay a la entrada del palacio del faraón en Tafnis, en presencia de los judaítas*. 10 Luego les dices: Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Voy a mandar en busca de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, que pondrá* su sede sobre estas piedras que he enterrado y desplegará su pabellón sobre ellas. 11 Vendrá y herirá de muerte a Egipto,

quien sea para la muerte, a la muerte;

quien para el cautiverio, al cautiverio;

quien para la espada, a la espada.

12 Prenderá fuego* a los templos de los dioses de Egipto: los incendiará y se llevará cautivos a los dioses. Despiojará a Egipto como despioja un pastor su zalea, y saldrá de allí victorioso. 13 Hará trizas los cipos de Bet Semes que hay en Egipto*, e incendiará los templos de los dioses egipcios.»

Último ministerio de Jeremías.

Los judíos y la Reina de los Cielos.

441 Palabra dirigida a Jeremías con destino a todos los judaítas establecidos en territorio egipcio: en Migdol, Tafnis, Menfis y en la región de Patrós*.

2 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros habéis visto la calamidad que he acarreado a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, y ahí las tenéis arruinadas hoy en día, sin nadie que las habite. 3 Me obligaron a ello las maldades que cometieron para irritarme, pues fueron a incensar y dar culto a otros dioses desconocidos de ellos, de vosotros y de vuestros padres. 4 Yo os envié a todos mis siervos, los profetas, a que os dijeran: «No cometáis esta abominación que detesto.» 5 Mas no oyeron ni aplicaron el oído para convertirse de su malicia y dejar de incensar a otros dioses. 6 Por eso se derramaron mi cólera y mi ira, que prendieron en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, dejándolas arruinadas y desoladas, como lo están hoy día.

7 Ahora, pues, esto dice Yahvé, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: ¿Por qué os hacéis tanto daño a vosotros mismos, hasta el punto de extirpar de Judá a hombres y mujeres, niños y lactantes, impidiendo que os quede un resto? 8 Además, me irritáis con todo lo que hacéis, pues quemáis incienso a otros dioses en Egipto, adonde habéis venido a refugiaros, como si quisierais exterminaros a vosotros mismos y acabar siendo tema de maldición y oprobio entre todas las naciones de la tierra. 9 ¿Será que habéis olvidado las maldades de vuestros padres y las de los reyes de Judá y de sus caudillos*, las propias vuestras y las de vuestras mujeres, que se cometieron en tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10 No se han arrepentido hasta la fecha, ni han temido ni andado en la Ley y los preceptos que propuse a vosotros y a vuestros padres. 11 Por tanto, esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Estoy fijando mi vista en vosotros para mal, para extirpar a todo Judá. 12 Echaré mano al resto de Judá —los que enderezaron rumbo a Egipto, para entrar allí como refugiados— y haré que todos ellos tengan su fin en Egipto: caerán víctimas de la espada, acabarán consumidos por el hambre. Del chico al grande morirán víctimas de la espada y del hambre, y se convertirán en tema de imprecación y asombro, de maldición y oprobio. 13 Castigaré a los que viven en Egipto, lo mismo que castigué a Jerusalén con la espada, el hambre y la peste, 14 y del resto de Judá, que llegaron como refugiados a Egipto, no quedará evadido ni superviviente para volver a tierra de Judá, adonde se prometen volver para quedarse allí, porque ya no volverán más que algunos huidos.

15 Todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a otros dioses, así como todas las mujeres presentes —una gran concurrencia— y toda la gente establecida en territorio egipcio, en Patrós, respondieron a Jeremías: 16 «En eso que nos has dicho en nombre de Yahvé, no te hacemos caso, 17 sino que cumpliremos concienzudamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos* y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros dignatarios en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía. 18 En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo y vamos acabando, víctimas de la espada y del hambre.» 19 «Pues* cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a hacerle libaciones, ¿acaso le hacíamos pasteles con su efigie, derramando libaciones, sin que nuestros maridos lo supieran?»

20 Jeremías dijo a toda la gente, hombres, mujeres y cuantos le habían contestado algo: 21 «¿Creéis que Yahvé no recordaba ni tenía en cuenta aquel incienso que ofrecíais en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y dignatarios, y el pueblo de la tierra? 22 Yahvé ya no pudo soportar por más tiempo el espectáculo de vuestras malas acciones, de las abominaciones que habíais hecho, y vuestra tierra se convirtió en una ruina, en tema de pasmo y maldición, y se quedó sin habitantes —como lo está hoy día—. 23 Todo fue porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Yahvé, sin escuchar la voz de Yahvé y sin conduciros según su Ley, sus preceptos y sus estatutos. Por eso pronunció contra vosotros aquella calamidad, que continúa hoy día.»

24 Dijo Jeremías a toda la gente y a todas las mujeres: «Oíd la palabra de Yahvé —todo Judá, los que vivís en Egipto—. 25 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros y vuestras mujeres lo dijisteis de palabra y con vuestras manos cumplisteis lo dicho: ‘Sin falta realizaremos los votos que hicimos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones.’ Mantened, pues, vosotras vuestros votos y realizad vuestras promesas sin falta. 26 Empero, oíd la palabra de Yahvé, todo Judá, los que vivís en Egipto. Mirad, yo he jurado por mi ilustre Nombre —dice Yahvé— que no será más mi Nombre pronunciado por boca de ninguno de Judá, de esos que suelen jurar ‘¡Por vida del Señor Yahvé*!’ en toda la tierra de Egipto. 27 Mirad que estoy alerta sobre ellos para mal, no para bien, pues todos los judaítas que están en Egipto serán consumidos por la espada y el hambre, hasta que desaparezcan. 28 Sólo unos pocos escaparán de la espada y volverán de Egipto a Judá. Y sabrá todo el resto de Judá, los que han venido a Egipto como refugiados, qué palabra se mantendrá: si la mía o la suya.

29 «Y esto será para vosotros señal —oráculo de Yahvé— de que yo os castigaré en este lugar, de suerte que sepáis que han de mantenerse sin falta mis palabras para desgracia vuestra. 30 Esto dice Yahvé: Voy a entregar al faraón Jofrá*, rey de Egipto, en manos de sus enemigos y de los que tratan de matarlo, como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba el modo de darle muerte.»

Palabra de consuelo para Baruc *.

451 Palabra que dirigió el profeta Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, cuando éste copiaba estas palabras en un libro al dictado de Jeremías, en el año cuarto de Joaquín*, hijo de Josías, rey de Judá.

2 Esto dice Yahvé, el Dios de Israel, respecto a ti, Baruc: 3 Tú dijiste: «¡Ay de mí, que añade Yahvé congoja a mi sufrimiento! Me he agotado en mi jadeo, pero sosiego no hallé.» 4 Así le dirás: Esto dice Yahvé: «Mira, lo que he edificado, yo lo derribo, y lo que he plantado, yo lo arranco; haré esto por toda la tierra. 5 ¡Y tú andas buscándote grandezas! No las busques, pues, aunque voy a traer la desgracia sobre todo ser viviente —oráculo de Yahvé—, a ti te dejaré la vida a salvo como botín, vayas adonde vayas.»

461 Lo que Yahvé comunicó al profeta Jeremías concerniente a las naciones.

V. Oráculos contra las naciones*

Contra Egipto. Derrota en Carquemis.

2 A próposito de Egipto.

Sobre el ejército del faraón Necó, rey de Egipto, que estuvo junto al río Éufrates, en Carquemis*, al cual batió Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá.

3 Preparad escudo y pavés,

y avanzad a la batalla.

4 Uncid los caballos

y montad, caballeros.

Poneos firmes con los cascos,

bruñid las lanzas,

vestíos las cotas.

5 ¡Pero qué veo!

Se desmoralizan,

dan marcha atrás;

sus soldados son batidos

y huyen a la desbandada

sin dar la cara,

copados por el terror

—oráculo de Yahvé—.

6 No escapará el ligero

ni se librará el valiente:

al norte, a la orilla del Éufrates,

tropezaron y cayeron.

7 ¿Quién es ése que crece como el Nilo,

como los ríos de agitadas aguas?

8 Egipto crece como el Nilo,

como ríos de agitadas aguas.

Dice: «Creceré y anegaré la tierra,

acabaré con poblados y habitantes.

9 ¡Atacad, caballos!

¡Al ataque, carros!

¡Salgan los valientes de Cus y de Put

que manejan escudo,

y los lidios que asestan el arco*

10 Pero es el día del Señor Yahvé,

día de venganza

para vengarse de sus adversarios.

Devorará la espada hasta hartarse,

chorreará por ella su sangre;

pues será la matanza de Yahvé Sebaot

en la tierra del norte,

cabe el río Éufrates.

11 Sube a Galaad y recoge bálsamo,

doncella capital de Egipto;

pero en vano menudeas las curas:

tu herida no puede aliviarse.

12 Han oído las naciones tu deshonra,

pues tu alarido ha llenado la tierra:

valiente contra valiente tropezaron,

a una cayeron entrambos.

La invasión de Egipto *.

13 Palabra que dirigió Yahvé al profeta Jeremías acerca de la venida de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para atacar a Egipto.

14 Anunciadlo en Egipto,

hacedlo oír en Migdol,

que se enteren en Menfis y en Tafnis.

Decid: ¡Tente en formación y erguido,

que la espada devora tus contornos!

15 ¿Por qué ha huido el buey Apis

y tu forzudo no se ha sostenido*?

Es que Yahvé le embistió.

16 Hizo menudear los tropezones,

se tambaleó y cayó.

Unos a otros se decían:

«Arriba, volvamos a nuestra gente,

regresemos a nuestra patria,

pues no hay quien resista la espada.»

17 Llamad al faraón*, rey de Egipto:

«Ruido que llega a destiempo.»

18 ¡Por vida mía! —oráculo del Rey

cuyo nombre es Yahvé Sebaot—

que así sucederá todo,

visible como el Tabor entre los montes,

como el Carmelo que se alza junto al mar.

19 Preparaos avíos de destierro,

moradores de la capital de Egipto,

porque Menfis parará en desolación,

y quedará arrasada sin habitantes.

20 Novilla hermosísima era Egipto:

un tábano del norte la atacó.

21 Asimismo los mercenarios

que habitaban en ella

eran como novillos de engorde.

Pero también ellos volvieron la cara,

huyeron a una, sin pararse,

cuando se abatió sobre ellos

el momento del infortunio,

el tiempo de pedirles cuentas.

22 Silba* como serpiente que huye,

pues llegan bien armados:

con hachas le acometen,

igual que leñadores.

23 Talaron su selva

—oráculo de Yahvé—,

pues eran incalculables,

más numerosos que la langosta;

nadie los podría contar.

24 Ha quedado amustiada

la capital de Egipto:

entregada a un pueblo del norte.

25 Dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Voy a pedir cuentas a Amón de No*, al faraón y a Egipto, a sus dioses y reyes, al faraón y a los que confían en él. 26 Los entregaré en manos de los que quieren su muerte, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus oficiales. Tras de lo cual será repoblado como antaño —oráculo de Yahvé*—.

27 Pero tú no temas, siervo mío Jacob,

ni desmayes, Israel*,

pues acudiré a salvarte desde lejos,

y voy a traer a tu linaje

del país de su cautiverio.

Jacob volverá,

vivirá sosegado y tranquilo,

sin nadie que le inquiete.

28 Tú no temas, siervo mío Jacob

—oráculo de Yahvé—,

que contigo estoy yo,

pues acabaré con todas las naciones

por donde te dispersé.

Pero contigo no acabaré,

aunque voy a corregirte como conviene,

pues no pienso dejarte impune.

Oráculo contra los filisteos.

471 Palabra que dirigió Yahvé al profeta Jeremías sobre los filisteos, en vísperas de batir el faraón a Gaza*. 2 Esto dice Yahvé:

Mira las aguas que llegan del norte

y se hacen torrente desbordante;

van a inundar el país

y todo cuanto lo llena,

la ciudad y los que moran en ella.

Clamará la gente, ululará

todo morador de la tierra,

3 cuando oigan el galopar

de los caballos de sus adalides,

el ruido de sus carros,

el estrépito de sus ruedas.

Los padres, sin fuerza ya en los brazos,

no se vuelven a ayudar a los hijos,

4 pues llega el día desolador

para todos los filisteos,

día de acabar en Tiro y en Sidón

hasta con los aliados que les queden.

Yahvé destruirá a los filisteos,

residuo de la isla de Creta*.

5 Gaza ha quedado calva,

muda ha quedado Ascalón;

y tú, el resto de su valle,

¿hasta cuándo te harás incisiones*?

6 ¡Ay, espada de Yahvé!

¿Cuándo te estarás quieta?

Recógete a tu vaina,

date reposo y calla.

7 ¿Cómo va a estarse quieta*,

si Yahvé la mandó?

Contra Ascalón y el litoral marítimo,

allá la convocó.

Oráculos contra Moab *.

481 A propósito de Moab*.

Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel:

¡Ay de Nebo, que ha sido saqueada!

¡Quiriatáin conquistada y confusa,

la acrópolis deshecha y confusa!

2 Nadie volverá a ensalzar a Moab,

en Jesbón han planeado su ruina:

«Vamos a borrarla de las naciones.»

También tu, Madmén, enmudecerás,

la espada te va a la zaga.

3 Llegan gritos desde Joronáin,

devastación y quebranto grande.

4 Moab ha sido destrozada,

se oyen los gritos de sus pequeños.

5 En la cuesta de Lujit

suben por ella* llorando;

en la bajada de Joronáin

se oyen gritos desgarradores.

6 «Huid, poneos a salvo,

como hace el onagro en la estepa*

7 En réplica a tu confianza

en tus obras y tesoros,

también tú eres conquistada.

Camós* sale desterrado,

sus sacerdotes y jefes a una.

8 El devastador penetra

en todas las ciudades;

ni una sola queda a salvo.

El valle se echa a perder,

queda asolada la meseta:

así lo ha dicho Yahvé.

9 Dad alas* a Moab,

porque ha de salir volando;

sus ciudades se volverán desolación,

sin nadie que las habite.

10 (Maldito quien sea negligente

en el trabajo encomendado por Yahvé;

maldito el que prive a su espada

de hartarse de sangre.)

11 Tranquilo ha vivido Moab

desde sus años mozos,

lo mismo que un vino de solera.

Nunca fue trasegado,

no hubo de marchar al destierro.

Por eso conservaba su sabor

y su aroma no estaba avinagrado*.

12 Empero, van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que le enviaré decantadores que lo decanten. Vaciarán sus vasijas y reventarán sus odres. 13 Se avergonzará Moab de Camós, como se avergonzó la Casa de Israel de Betel*, en el que confiaba.

14 ¿Cómo decís: «Valientes somos,

hombres fuertes para la guerra»?

15 Sube el destructor

contra Moab y sus ciudades;

y baja a la matanza

la flor de sus mancebos

—oráculo del Rey

cuyo nombre es Yahvé Sebaot—.

16 El infortunio de Moab es inminente,

su calamidad se precipita.

17 Lloradle, todos sus vecinos,

todos los que conocen su nombradía.

Decid: «¿Cómo ha sido quebrada

la vara poderosa,

el cetro glorioso?»

18 Desciende de tu honor

y siéntate en tierra reseca,

población de Dibón*,

porque el devastador de Moab

sube dispuesto a atacarte,

y va a destruir tus fortalezas.

19 Ponte en el camino y otea,

población de Aroer;

pregunta al fugitivo y al escapado,

dile: «¿Qué ha sucedido*

20 Moab está humillada,

pues ha sido destruida.

Gemid y gritad;

anunciad en el Arnón

que ha sido saqueada Moab.

21 Se ha cumplido la sentencia sobre el país de la llanura: sobre Jolón, Yahas y Mefaat; 22 sobre Dibón, Nebo y Bet Diblatáin; 23 sobre Quiriatáin, Bet Gamul y Bet Meón; 24 sobre Queriyot, Bosrá y todas las ciudades del país de Moab, las lejanas y las cercanas*.

25 «Se quebró el poder de Moab,

su brazo se rompió»

—oráculo de Yahvé—.

26 Emborrachadla, porque se alzó contra Yahvé. Moab se revolcará en su vómito y será objeto de burla. 27 Pues qué, ¿no te reías tú de Israel, como cuando a alguien le sorprenden entre ladrones? ¿No meneabas burlona la cabeza siempre que hablabas de él?

28 «Abandonad las ciudades,

acomodaos en las peñas,

habitantes de Moab;

imitad a las palomas, que anidan

en las grietas de los cantiles.»

29 Hemos sabido de la arrogancia de Moab

(¡vaya si es arrogante!):

su orgullo, su arrogancia, su altanería

y la soberbia de su corazón.

30 Conozco bien su cólera

—oráculo de Yahvé—,

su palabra no es honrada,

ni son honrados sus hechos.

31 Así que me lamentaré por Moab,

por Moab entera gritaré,

gemiré por la gente de Quir Jeres.

32 Lloraré por ti

más que se lloró por Yazer,

¡oh viña de Sibmá*!

Tus sarmientos cruzaban el mar,

llegaban hasta Yazer;

pero el saqueador se abatió

sobre tu cosecha y tu vendimia.

33 Desaparecieron alegría y alborozo

de los vergeles del país de Moab;

agoté el vino de los lagares,

no se oye el grito alegre del lagarero,

ya no se oyen sus gritos*.

34 Los gritos de socorro en Jesbón llegan a Elalé y a Yahas; las voces de la gente de Soar llegan a Joronáin y Eglat Selisiyá, pues también las aguas de Nimrín se han trocado en aridez*. 35 Acabaré en Moab —oráculo de Yahvé— con los que suben a los altos a quemar incienso a sus dioses. 36 Por eso mi corazón, como si fuera una flauta de duelo, gime por Moab y por la gente de Quir Jeres, pues cuanto habían guardado se perdió. 37 Todas las cabezas están afeitadas y todas las barbas rapadas; los brazos llenos de incisiones y los lomos cubiertos de saco. 38 En todos los terrados de Moab y por sus calles todo el mundo se lamenta, pues he roto a Moab como si fuera un cacharro inútil — oráculo de Yahvé—. 39 ¡Qué catástrofe!, gemía la gente. ¡Cómo ha vuelto avergonzada la espalda Moab, convertida en burla y espanto de todos sus vecinos!

40 Porque así ha dicho Yahvé:

(Vedlo remontarse como un águila

y extender sus alas sobre Moab.)

41 Las ciudades han sido tomadas,

las fortalezas ocupadas.

(El corazón de los valientes de Moab

será en aquella ocasión

como corazón de mujer en parto.)

42 Devastada está Moab,

hasta el punto de no ser nación,

por haberse envalentonado contra Yahvé.

43 Pánico, hoya y trampa

contra ti, morador de Moab

—oráculo de Yahvé—.

44 El que huya del pánico

caerá en la hoya,

y el que salga de la hoya

quedará preso en la trampa,

pues haré que llegue a ella*,

a Moab, el año de su castigo

—oráculo de Yahvé—.

45 A la sombra de Jesbón se pararon

sin fuerza los fugitivos,

pues fuego salió de Jesbón

y llamas de la casa de Sijón*,

que devoraron las sienes de Moab

y el cogote de la gente de Saón.

46 ¡Ay de ti Moab!

Estás perdido, pueblo de Camós,

pues tus hijos son llevados al destierro

y tus hijas conducidas al cautiverio.

47 Pero después que pasen unos años,

cambiaré la suerte de Moab

—oráculo de Yahvé—.

Hasta aquí la sentencia sobre Moab*.

Oráculo contra Amón *.

491 A propósito de los amonitas. Esto dice Yahvé:

¿No tiene hijos Israel?,

¿acaso no tiene heredero?

Entonces ¿por qué el dios Milcón

ha tomado en herencia Gad,

y su gente en las ciudades de éste mora*?

2 Por eso llegan días

—oráculo de Yahvé—

en que haré oír en Rabát Amón

el griterío del combate.

Se convertirá en montículo de ruinas;

sus hijas* serán incendiadas

e Israel heredará a los que la heredaron

—oráculo de Yahvé—.

3 Gime, Jesbón,

porque Ar ha sido devastada*;

gritad, hijas de Rabá,

ceñíos de sayal, lamentaos

y discurrid entre las cercas,

porque Milcón al destierro va,

junto con sus sacerdotes y sus jefes.

4 ¿Por qué te jactas de tu Valle*,

criatura rebelde,

confiada en sus tesoros?:

«¿Quién puede atacarme?»

5 Pues voy a hacer que sientas espanto

(—oráculo del Señor Yahvé Sebaot—)

en todas tus fronteras;

cada cual huirá por su lado

y no habrá quien reúna a los fugitivos.

6 (Tras de lo cual haré cambiar

la suerte de los amonitas

—oráculo de Yahvé—.)

Oráculo contra Edom *.

7 A propósito de Edom.

Esto dice Yahvé Sebaot:

¿No queda ya sabiduría en Temán?

¿Se acabó el consejo de los expertos*;

se evaporó su sabiduría?

8 Huid, dad media vuelta,

excavad refugios donde vivir,

moradores de Dedán,

pues he traído sobre él*

el infortunio de Esaú,

la hora de pedirle cuentas.

9 Si vienen contra ti vendimiadores,

no dejarán rebuscos;

si ladrones por la noche,

te saquearán a placer.

10 Pues bien, yo he desnudado a Esaú,

he descubierto sus secretos,

estar oculto no puede.

Ha sido aniquilado su linaje,

sus hermanos y vecinos:

ya no queda nadie.

11 Abandona a tus huérfanos,

que yo haré que vivan,

y tus viudas en mí confiarán.

12 Pues esto dice Yahvé: Conque los que no tienen por qué beber la copa la beben, ¿y tú precisamente vas a quedar impune? No quedarás impune, antes sin falta la beberás. 13 Porque por mí lo he jurado —oráculo de Yahvé— que Bosrá* acabará desolada, y todas sus ciudades se convertirán en ruinas eternas.

14 Una nueva he oído de parte de Yahvé,

un mensajero es enviado a las naciones:

«Juntaos y venid contra ella,

poneos en pie de guerra.»

15 Voy a hacerte insignificante

entre todas las naciones,

despreciable entre los hombres.

16 El espanto que infundías te engañó,

la soberbia que abriga tu corazón:

habitas en los huecos de la roca*,

agarrada a lo más alto de la cumbre.

Aunque anides en alto, como el águila,

de allí te haré bajar

—oráculo de Yahvé—.

17 Edom parará en desolación: todo el que pase a su vera se asombrará y silbará al ver todas sus heridas. 18 Será como la catástrofe de Sodoma y Gomorra y sus habitantes —dice Yahvé—, donde no vive nadie, ni reside en ellas ser humano.

19 Como un león que abandona

la espesura del Jordán

hacia un pastizal siempre verde,

en un instante los sacaré de allí,

para que la gobierne quien yo elija.

Porque ¿quién es como yo,

o quién puede citarme a juicio?

¿Y quién es el pastor

que aguante en mi presencia?

20 Así pues, oíd la decisión

que Yahvé ha tomado sobre Edom,

los planes que ha elaborado

sobre los moradores de Temán.

Juro que les han de arrebatar

las crías de sus rebaños,

que asolarán además sus pastizales.

21 Al son de su caída retumbó la tierra,

el griterío llegó al Mar de las Cañas*.

22 Asciende y se cierne como un águila,

extiende sus alas sobre Bosrá;

el corazón de los soldados de Edom

vendrá a ser aquel día

como corazón de mujer en parto.

Oráculo contra las ciudades sirias*.

23 A propósito de Damasco.

Jamat y Arpad están confundidas,

pues oyeron una mala noticia;

su corazón tembló de espanto,

como el mar* incapaz de calmarse.

24 Flaqueó Damasco,

dio media vuelta y huyó;

la sobrecogieron escalofríos,

la acometieron angustias y dolores,

lo mismo que a parturienta.

25 ¿Cómo no fue abandonada

la ciudad tan celebrada,

la villa de mi contento*?

26 Por eso, sus jóvenes

caerán en sus plazas,

y todos sus guerreros

perecerán aquel día

—oráculo de Yahvé Sebaot—.

27 Daré fuego a la muralla de Damasco,

y consumirá los palacios de Ben Hadad*.

Oráculo contra las ciudades árabes.

28 A propósito de Quedar y de los reinos de Jasor*, que batió Nabucodonosor, rey de Babilonia. Esto dice Yahvé:

En marcha, atacad Quedar,

saquead a las tribus de Oriente.

29 Se llevarán sus tiendas y rebaños,

sus toldos y todo su ajuar;

sus camellos les serán arrebatados,

les llamarán «Terror por doquier».

30 Huid, dispersaos los que podáis,

excavad refugios donde vivir,

moradores de Jasor

—oráculo de Yahvé—,

pues Nabucodonosor, rey de Babilonia,

ha tomado una decisión contra vosotros,

ha trazado un plan en vuestra contra.

31 En marcha, atacad al pueblo confiado,

que vive tranquilo

—oráculo de Yahvé—.

Ni puertas ni cerrojos tiene,

y además vive en aislamiento.

32 Sus camellos servirán de botín,

el tropel de sus ganados, de despojo;

y esparciré a todos los vientos

a esos que se afeitan las sienes;

y por todos los lugares que recorran

traeré sobre ellos el infortunio

—oráculo de Yahvé—.

33 Jasor será guarida de chacales,

eterna desolación,

donde no se asienta nadie

y en la que no reside ser humano.

Oráculo contra Elam *.

34 Lo que Yahvé transmitió al profeta Jeremías tocante a Elam al comienzo del reinado de Sedecías, rey de Judá. 35 Esto dice Yahvé Sebaot:

He decidido romper el arco de Elam,

lo mejor de su poder;

36 convocaré sobre Elam cuatro vientos

desde los cuatro cabos de los cielos;

los esparciré a todos estos vientos,

y no habrá nación a donde no llegue

gente refugiada de Elam.

37 Haré que Elam se aterrorice

a la vista de sus enemigos,

de los que buscan su muerte,

y traeré sobre ellos la desgracia,

el incendio de mi cólera

—oráculo de Yahvé—.

Soltaré tras ellos la espada

hasta que acabe con todos.

38 Instalaré mi trono en Elam

y acabaré con su rey y sus príncipes

—oráculo de Yahvé—.

39 Después, en días futuros,

cambiaré la suerte de Elam

—oráculo de Yahvé—.

Oráculo contra Babilonia *.

501 Palabra que pronunció Yahvé contra Babilonia, contra el país de los caldeos, por medio del profeta Jeremías.

Caída de Babilonia, liberación de Israel.

2 Anunciadlo, hacedlo saber

en medio de las naciones;

izad la bandera, hacedlo saber.

No lo calléis, comunicadlo:

Babilonia ha sido tomada,

Bel se encuentra humillado,

está confundido Marduc*,

sus ídolos están humillados

(y confundidas sus inmundicias).

3 La ataca un pueblo del norte,

que va a desolar su territorio,

sin que queden en él habitantes,

pues tanto personas como bestias

huirán en desbandada.

4 En aquellos días y en aquella sazón

—oráculo de Yahvé—

vendrán los hijos de Israel

(y los hijos de Judá junto con ellos*),

llorando mientras caminan

en busca de Yahvé su Dios.

5 Preguntarán por el camino de Sión

y allá dirigirán sus pasos:

«Venid y aliémonos* a Yahvé

con pacto eterno, inolvidable.»

6 Rebaño descarriado era mi pueblo:

sus pastores los dispersaron,

extraviándolos por los montes.

De monte en collado vagaban,

habían olvidado su aprisco.

7 Quien los encontraba los devoraba,

pero sus enemigos decían:

«No cometemos ningún delito,

puesto que pecaron contra Yahvé,

¡su pastizal legítimo,

la esperanza de sus padres!»

8 Emigrad de Babilonia,

salid* del país de los caldeos.

Marchad como los machos cabríos

al frente del rebaño.

9 Pues voy a incitar contra Babilonia

una asamblea de grandes naciones,

que se formará contra ella en el norte,

y por ese lado será conquistada.

Sus saetas, como de experto guerrero,

no volverán de vacío.

10 Caldea será entregada al saqueo:

todos los que la saqueen se hartarán

—oráculo de Yahvé—,

11 pues os alegrasteis y disfrutasteis,

depredadores de mi heredad;

brincabais como novilla en dehesa*,

relinchabais igual que corceles.

12 Vuestra madre quedó avergonzada,

abochornada la que os dio a luz.

Es ahora la última de las naciones:

desierto, sequedad y paramera.

13 Por la ira de Yahvé no será poblada,

pues quedará desolada toda ella.

El que pase junto Babilonia

quedará atónito,

silbará burlón al ver sus heridas.

14 Rodead en formación Babilonia

todos los que asestáis el arco;

disparadla sin escatimar flechas,

pues ha pecado contra Yahvé.

15 Lanzad el alarido y rodeadla:

ya ha cedido su vigor,

fallan sus cimientos,

se derrumban sus muros.

Era la venganza de Yahvé,

vengaos vosotros de ella:

haced lo mismo que hizo ella.

16 No dejéis en Babilonia sembradores

ni quien maneje la hoz en la siega.

Por miedo a la espada irresistible,

cada uno enfilará hacia su pueblo,

cada cual escapará a su tierra.

17 Rebaño disperso era Israel:

leones lo ahuyentaron.

El rey de Asiria lo devoró el primero, y Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo despedazó después. 18 Por tanto, esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Voy a pedir cuentas al rey de Babilonia y a su territorio, lo mismo que pedí cuentas al rey de Asiria.

19 Devolveré a Israel a su pastizal,

y pacerá en el Carmelo y en Basán,

y en la montaña de Efraín y Galaad*

podrá saciar su apetito.

20 En aquellos días y en aquella sazón

—oráculo de Yahvé—,

buscarán, sin hallar, la culpa de Israel,

y el pecado de Judá, y no lo encontrarán,

porque pienso perdonar

a los que deje como resto.

Caída de Babilonia anunciada en Jerusalén.

21 «Ataca el país de Meratáin,

sube contra él;

y a los habitantes de Pecod*

pásalos a espada,

extermina hasta el último*

—oráculo de Yahvé—:

haz todo lo que te he mandado.»

22 ¡Gritos de guerra en el país,

una enorme desgracia!

23 ¡Cómo fue arrancado y quebrado

el martillo de toda la tierra!

¡Cómo vino a ser pasmo

Babilonia entre las naciones!

24 Te puse lazo y quedaste atrapada,

Babilonia, sin darte cuenta;

se dio contigo y fuiste capturada,

porque contra Yahvé te sublevaste.

25 Abrió Yahvé su arsenal

y sacó las armas de su ira.

Era la tarea del Señor Yahvé Sebaot

en tierra de caldeos.

26 «Venid a ella desde el confín*,

abrid sus graneros,

haced con ella montones

y después la destruís:

no quede de ella reliquia.

27 Acuchillad todos sus bueyes,

que bajen a la degollina.

¡Ay de ellos, que llegó su día,

la hora de su castigo!»

28 ¡Voces de huidos y escapados

del país de Babilonia

llegan a Sión anunciando

la venganza de Yahvé nuestro Dios,

la venganza por destruir su santuario!

El pecado de insolencia*.

29 Convocad flecheros contra Babilonia,

todos los que asestan el arco;

acampad en torno a ella,

que no se escape nadie.

Pagadle lo que vale su trabajo,

tal cual hizo, haced con ella,

porque contra Yahvé se insolentó,

contra el Santo de Israel.

30 Caerán sus jóvenes en sus plazas,

todos sus guerreros perecerán aquel día

—oráculo de Yahvé—.

31 Aquí estoy contra ti, «Insolencia»

—oráculo del Señor Yahvé Sebaot—,

que ha llegado tu día,

la hora en que yo te castigue.

32 Tropezará «Insolencia» y caerá,

sin tener quien la levante.

Prenderé fuego a sus ciudades,

que devorará todos sus contornos.

Yahvé, Redentor de Israel.

33 Esto dice Yahvé Sebaot:

Oprimidos estaban los hijos de Israel

y los hijos de Judá a una.

Todos sus cautivadores los retenían,

se negaban a soltarlos.

34 Su Redentor esforzado

se llama Yahvé Sebaot.

Él se hará cargo de su defensa,

para hacer que tiemble la tierra

y se agiten los habitantes de Babilonia.

35 ¡Espada contra los caldeos

—oráculo de Yahvé—,

contra los habitantes de Babilonia,

contra sus jefes y sus sabios!

36 ¡Espada contra sus adivinos,

que quedarán por necios!

¡Espada contra sus valientes,

que desmayarán!

37 ¡Espada contra sus caballos y carros,

contra las tropas auxiliares

que hay en su interior:

se portarán como mujeres!

¡Espada contra sus tesoros,

que serán saqueados!

38 ¡Espada contra sus canales,

que se secarán!

Pues es una tierra de ídolos,

y con los espantajos pierden la cabeza.

39 Por eso será habitada

por hienas y por chacales;

en ella vivirán los avestruces.

Ya nunca será habitada,

ni poblada a lo largo de generaciones.

40 Como cuando Dios destruyó

Sodoma, Gomorra y su vecindad

—oráculo de Yahvé—.

Ya nadie vivirá allí,

ni residirá en ella ser humano.

El pueblo del norte y el león del Jordán*.

41 Ahí llega un pueblo del norte,

una poderosa nación;

muchos reyes se movilizan

de los confines de la tierra.

42 Blanden arco y lanza,

son crueles, sin entrañas.

Gritan como un mar embravecido,

cabalgan a lomo de corceles,

juntos, en formación para luchar

contra ti, ciudad de Babilonia.

43 El rey de Babilonia oyó la noticia

y flaquearon sus manos;

angustia le asaltó,

dolor como de parturienta.

44 Como un león que abandona

la espesura del Jordán

hacia un pastizal siempre verde,

en un instante los sacaré de allí,

para que la gobierne quien yo elija.

Porque ¿quién es como yo,

o quién puede citarme a juicio?

¿Y quién es el pastor

que aguante en mi presencia?

45 Así pues, oíd la decisión

que Yahvé ha tomado sobre Babilonia,

los planes que ha elaborado

sobre el país de los caldeos.

Juro que les han de arrebatar

las crías de sus rebaños,

que asolarán además sus pastizales.

46 Los gritos de Babilonia conquistada

hacen que retumbe la tierra,

su lamento se escuchó por las naciones.

Yahvé contra Babilonia.

511 Esto dice Yahvé:

Voy a suscitar contra Babilonia,

contra los habitantes de Leb Camay*,

un viento devastador.

2 Enviaré a Babilonia beldadores*

que la bielden y vacíen su territorio;

será acosada por todas partes

el día de la catástrofe.

3 Que no aseste su arco el arquero,

ni se jacte el que viste cota*.

No tengáis piedad de sus guerreros,

exterminad a todo su ejército.

4 Caerán heridos en tierra de Caldea,

y traspasados en sus calles.

5 Pero no han enviudado Israel ni Judá

de su Dios, de Yahvé Sebaot,

aunque su tierra rebosaba delitos

contra el Santo de Israel.

6 Huid del interior de Babilonia

(que cada cual salve su vida),

no perezcáis por su culpa,

pues es hora de venganza para Yahvé:

le está pagando su merecido.

7 Copa de oro era Babilonia

en la mano de Yahvé,

que embriagaba a toda la tierra.

De su vino bebieron las naciones,

lo que las hizo enloquecer*.

8 De pronto cayó Babilonia

y se rompió. Gemid por ella.

Traed bálsamo para su herida,

a ver si podemos sanarla.

9 Hemos curado a Babilonia,

pero no ha sanado; dejadla

y volvamos cada cual a nuestra tierra.

Pues llega hasta el cielo su condena,

se ha elevado hasta las nubes.

10 Yahvé hizo patente nuestra justicia;

venid y cantemos en Sión

las obras de Yahvé nuestro Dios.

11 Afilad las saetas,

llenad las aljabas.

Ha despertado Yahvé la animosidad de los reyes* de Media, pues ha tomado la decisión de destruir Babilonia. Ésta será la venganza de Yahvé, la venganza por haber destruido su santuario.

12 Frente a las murallas de Babilonia

levantad las enseñas,

reforzad la guardia,

apostad centinelas,

preparad celadas.

Que Yahvé planea y ejecuta

lo que dijo sobre la gente de Babilonia.

13 Tú, que estás instalada

junto a aguas caudalosas,

la de ingentes tesoros,

ha llegado tu fin,

el término* de tus ganancias.

14 Yahvé Sebaot lo jura por sí mismo:

«Aunque te he llenado de personas,

numerosas igual que la langosta,

lanzarán sobre ti gritos de victoria.»

15 Él hizo la tierra con su poder,

estableció el orbe con su sabiduría,

y con su inteligencia desplegó el cielo.

16 Cuando deja oír su voz,

hay estruendo de aguas en el cielo,

y hace subir las nubes

desde el extremo de la tierra.

Él hace los relámpagos para la lluvia

y saca el viento de sus depósitos.

17 Los hombres se atontan con su saber,

los plateros fracasan con sus ídolos,

porque sus estatuas son una mentira

y no hay espíritu en ellas.

18 Son frustrantes, cosa ridícula;

al tiempo de su castigo perecerán.

19 No es así la «Porción de Jacob»,

pues él es el plasmador del universo,

e Israel*, la tribu de su propiedad.

Se llama Yahvé Sebaot.

El martillo de Yahvé y el monte colosal.

20 Un martillo eres tú para mí,

un arma de guerra:

contigo machacaré naciones,

contigo destruiré reinos,

21 contigo machacaré caballos y jinetes,

contigo machacaré carros y aurigas,

22 contigo machacaré hombres y mujeres,

contigo machacaré adultos y jóvenes,

contigo machacaré chicos y chicas,

23 contigo machacaré pastores y rebaños,

contigo machacaré labradores y yuntas,

contigo machacaré regentes y prefectos.

24 Haré que Babilonia y todos los habitantes de Caldea paguen por todo el daño que hicieron en Sión, delante de vuestros ojos —oráculo de Yahvé—.

25 Aquí estoy contra ti,

montaña destructora

—oráculo de Yahvé—,

destructora de toda la tierra.

Extenderé mi mano contra ti

y te haré rodar peñas abajo;

te convertiré en montaña quemada.

26 No tomarán de ti piedra angular

ni piedra para poner cimientos,

pues serás por siempre desolación

—oráculo de Yahvé—.

Hacia el fin.

27 Alzad una enseña en la tierra,

tocad a rebato por las naciones;

consagrad naciones contra ella,

citad contra ella a los reinos

de Ararat, Miní y Asquenaz*;

designad un reclutador contra ella,

que ataque la caballería cual langosta.

28 Consagrad naciones contra ella,

convocad a los reyes de Media,

a sus gobernadores y magistrados

y a todo el país de su dominio.

29 Temblará y se estremecerá la tierra

cuando se cumplan contra Babilonia

los planes que determinó Yahvé,

de convertir la tierra de Babel

en desolación, sin nadie que la habite.

30 Han cesado de guerrear

los soldados de Babilonia,

se han quedado en las fortalezas.

Se ha agotado su bravura,

se han vuelto como mujeres;

fueron quemados sus edificios,

sus cerrojos están hechos trizas.

31 Un correo corre al alcance de otro,

mensajero al alcance de mensajero,

para informar al rey de Babilonia

que su ciudad está tomada del todo;

32 que sus vados han sido ocupados

y sus esclusas, incendiadas;

que los guerreros están acobardados.

33 Pues esto dice Yahvé Sebaot,

el Dios de Israel:

La capital de Babilonia ha quedado

como una era apisonada para trillar;

en cuanto pase un poco más de tiempo,

le habrá llegado el tiempo de la siega.

La venganza de Yahvé.

34 Me ha comido, me ha arrebañado

Nabucodonosor, rey de Babilonia;

me ha dejado como cacharro vacío.

Me ha tragado como un dragón,

llenó su panza con mis mejores trozos,

y despues me vomitó*.

35 «Que mi atropello y mis sufrimientos*

caigan sobre Babilonia»,

dirá la población de Sión;

«que mi sangre caiga

sobre los habitantes de Caldea»,

dirá Jerusalén.

36 Por tanto, esto dice Yahvé:

Aquí estoy para defender tu causa,

para hacerme cargo de tu venganza:

voy a secar todas sus aguas

y a dejar enjutos sus hontanares.

37 Babilonia será un montón de piedras,

guarida de chacales,

tema de pasmo y rechifla,

sin nadie que la habite.

38 Rugen a una como leones,

gruñen como cachorros de leonas.

39 Cuando estén en pleno ardor

les serviré sus bebidas;

voy a hacer que se embriaguen

para que, cuando estén alegres,

duerman un sueño eterno,

del que nunca despierten

—oráculo de Yahvé—.

40 Los haré bajar al matadero,

lo mismo que a corderos,

como a carneros y machos cabríos.

Elegía sobre Babilonia.

41 ¡Cómo ha sido tomada y ocupada

el orgullo de toda la tierra!

¡Cómo vino a convertirse en pasmo

Babilonia entre las naciones!

42 El mar se desbordó sobre Babilonia,

el tropel de sus olas la anegó.

43 Sus ciudades quedaron devastadas,

como tierra reseca y desértica;

ya nadie habita en ellas,

ni discurre por ellas ser humano.

La visita de Yahvé a los ídolos.

44 Castigaré a Bel en Babilonia,

le sacaré su bocado de la boca;

ya no afluirán a él las naciones,

hasta la muralla de Babel ha caído.

45 Salid de ella, pueblo mío,

que cada cual salve su vida

ante el ardor de la cólera de Yahvé.

46 Que no desfallezca vuestro ánimo,

que no os atenace el terror

por el rumor que se oirá en la tierra.

Pues año tras año se propaga el rumor:

«Violencia en el país,

conquistador tras conquistador».

47 Pues bien, mirad que vienen días

en que castigaré a los ídolos de Babel;

su territorio quedará afrentado,

en medio de él caerán sus heridos.

48 Y harán coro contra Babilonia

cielo, tierra y cuanto hay en ellos,

cuando del norte lleguen contra ella

los devastadores —oráculo de Yahvé—.

49 También Babilonia caerá,

heridos de Israel,

como también por Babilonia cayeron

heridos de toda la tierra.

50 Los que habéis escapado a la espada,

marchad, no os detengáis,

recordad allá lejos a Yahvé,

llevad a Jerusalén en el corazón.

51 —«Oímos abochornados la afrenta,

cubrió la vergüenza nuestros rostros:

¡Habían penetrado extranjeros

en el santuario del templo de Yahvé!»

52 —Por eso, ya vienen días

—oráculo de Yahvé—

en que castigaré a sus ídolos,

y por su territorio gemirán los heridos.

53 Aunque suba Babilonia hasta el cielo

y encastille en lo alto su poder,

enviaré saqueadores contra ella

—oráculo de Yahvé—.

54 Gritan en Babilonia pidiendo socorro,

llega desde Caldea un llanto desgarrador.

55 Es que Yahvé devasta Babilonia;

apagará su inmenso griterío,

aunque bramen como las olas del mar,

aunque alcen sus voces estruendosas.

56 ¡El devastador ataca Babilonia!

Sus soldados serán apresados,

sus arcos quedarán inutilizados,

pues Yahvé es un Dios que retribuye,

y seguro que les dará su merecido.

57 Yo mismo embriagaré a sus jefes,

a sus sabios y gobernadores,

a sus magistrados y sus soldados,

y dormirán un sueño eterno

del que no despertarán

—oráculo del Rey

cuyo nombre es Yahvé Sebaot—.

Babilonia arrasada.

58 Esto dice Yahvé Sebaot:

La ancha muralla de Babilonia

va a ser socavada sin remedio,

y aquellas sus altas puertas

serán consumidas por el fuego;

para nada se fatigan los pueblos,

para el fuego se afanan las naciones.

El oráculo arrojado en el Éufrates*.

59 Orden que dio el profeta Jeremías a Serayas, hijo de Nerías, hijo de Majsías, al partir éste de junto a Sedecías, rey de Judá, para Babilonia el año cuarto de su reinado, siendo Serayas gran chambelán. 60 Escribió, pues, Jeremías todo el mal que había de sobrevenir a Babilonia en un libro —todas estas palabras arriba escritas acerca de Babilonia—61 y dijo Jeremías a Serayas: «Cuando llegues a Babilonia, procura leer en voz alta todas estas palabras. 62 Dirás: ‘Yahvé, tú has hablado de destruir este lugar, sin que queden en él habitantes, sean personas o animales, de que se convierta en soledad perpetua.’ 63 Luego, cuando acabes de leer en voz alta ese libro, atas a él una piedra y lo arrojas al Éufrates. 64 Y dices: ‘Así se hundirá Babilonia y no se recobrará del mal que yo mismo voy a traer sobre ella.’»

Hasta aquí las palabras de Jeremías*.

VI. Apéndice*

La catástrofe de Jerusalén y la gracia concedida a Jeconías.

521 Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamital, y era hija de Jeremías, de Libná*. 2 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como había hecho Joaquín. 3 Por eso, la cólera de Yahvé se abatió sobre Jerusalén y Judá, hasta que los arrojó de su presencia.

4 En el año noveno de su reinado, en el mes décimo*, el diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército, contra Jerusalén, acampó contra ella, y la cercaron con una empalizada. 5 La ciudad estuvo sitiada hasta el año once del rey Sedecías. 6 El mes cuarto*, el nueve del mes, cuando arreció el hambre en la ciudad y no había pan para la gente del pueblo, 7 se abrió una brecha en la ciudad. Al apercibirse de ello, el rey* y todos los guerreros huyeron de la ciudad. Salieron de noche por el jardín real, por la puerta que está entre los dos muros, mientras los caldeos estaban alrededor de la ciudad, y huyeron en dirección a la Arabá. 8 Las tropas caldeas persiguieron al rey Sedecías y le dieron alcance en los llanos de Jericó; entonces el ejército real se dispersó, dejándolo solo. 9 Capturaron al rey y lo condujeron a Riblá, en tierra de Jamat, donde el rey de Babilonia, que lo sometió a juicio. 10 Los hijos de Sedecías fueron degollados en su presencia. Después Nabucodonosor degolló en Riblá a todos los nobles de Judá. 11 A Sedecías le sacó los ojos, lo ató con doble cadena de bronce y se lo llevó a Babilonia, donde lo tuvo en prisión hasta el día de su muerte.

12 En el mes quinto*, el diez del mes, en el año diecinueve de Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nabuzardán, jefe de la guardia, uno de los consejeros del rey de Babilonia, vino a Jerusalén. 13 Incendió el templo de Yahvé, el palacio del rey y todas las casas de Jerusalén*. 14 Todas las tropas caldeas que había con el jefe de la guardia demolieron las murallas que rodeaban Jerusalén.

15 En cuanto (a una parte de los pobres del país*) al resto de la gente que quedaba en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos, Nabuzardán, jefe de la guardia, los deportó. 16 Nabuzardán, el jefe de la guardia, dejó algunos de entre la gente pobre como viñadores y labradores.

17 Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en el templo de Yahvé, las basas, el Mar de bronce del templo de Yahvé, y se llevaron todo el bronce a Babilonia. 18 Tomaron también los ceniceros, las paletas, los cuchillos, los acetres, las cucharas y todos los utensilios de bronce de que se servían. 19 El jefe de la guardia tomó las vasijas, los incensarios y los aspersorios, los ceniceros, los candeleros, las cucharas y las tazas, cuanto había de oro y plata. 20 En cuanto a las dos columnas, el Mar, los doce bueyes de bronce que estaban bajo el Mar* y las basas que Salomón había hecho para el templo de Yahvé, no se pudo calcular el peso de bronce de todos aquellos objetos. 21 La altura de una columna era de dieciocho codos, un hilo de doce codos medía su perímetro; su grosor era de cuatro dedos y era hueca por dentro, 22 y encima tenía un capitel de bronce; la altura del capitel era de cinco codos; había un trenzado y granadas en torno al capitel, todo de bronce. Lo mismo para la segunda columna*. 23 Había noventa y seis granadas que pendían a los lados*. En total había cien granadas rodeando el trenzado.

24 El jefe de la guardia tomó preso a Serayas, primer sacerdote, y a Sefanías, segundo sacerdote, y a los tres encargados del umbral. 25 Tomó a un eunuco de la ciudad, que era inspector de los hombres de guerra, siete hombres de los cortesanos del rey, que se encontraban en la ciudad, al secretario del jefe del ejército, encargado del alistamiento del pueblo de la tierra y sesenta hombres de la tierra que se hallaban en la ciudad. 26 Nabuzardán, jefe de la guardia, los tomó y los llevó a Riblá, donde el rey de Babilonia, 27 quien los hizo ejecutar en Riblá, en el país de Jamat.

Así fue deportado Judá, lejos de su tierra. 28 Éste es el número de los deportados por Nabucodonosor*. El año séptimo: 3.023 de Judá; 29 el año dieciocho de Nabucodonosor fueron llevadas de Jerusalén 832 personas; 30 el año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzardán, jefe de la guardia, deportó a 745 de Judá. En total: 4.600 personas*.

31 En el año treinta y seis de la deportación de Jeconías, rey de Judá, en el mes doce, el veinticinco del mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, con ocasión de su ascensión al trono*, indultó a Jeconías, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. 32 Le habló con benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes que estaban con él en Babilonia. 33 Jeconías se quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la mesa del rey, todos los días de su vida. 34 Le fue dado constantemente su sustento de parte del rey de Babilonia, día tras día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida*.

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Referencias Paralelas