MALAQUÍAS
11 Oráculo.
Palabra de Yahvé dirigida a Israel por medio de Malaquías*.
El amor de Yahvé a Israel.
2 Os he amado, dice Yahvé. —Pero vosotros decís: ¿En qué se nota que nos has amado? —¿No era Esaú* hermano de Jacob? —oráculo de Yahvé—. Y sin embargo amé a Jacob 3 y odié a Esaú. Entregué sus montes a la desolación y su heredad a los chacales del desierto. 4 Si dice Edom: «Hemos sido aplastados, pero reedificaremos nuestras ruinas», así dice Yahvé Sebaot: Ellos edificarán, pero yo demoleré, y los llamarán: «Territorio de impiedad», y «Pueblo contra el que Yahvé está irritado para siempre». 5 Vuestros ojos lo verán y vosotros diréis: «¡Grande es Yahvé más allá del término de Israel!»
Contra los sacerdotes.
6 El hijo honra a su padre, el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honra? Y si señor, ¿dónde mi temor?, os dice Yahvé Sebaot a vosotros, sacerdotes que menospreciáis mi Nombre. —Decís: ¿En qué hemos menospreciado tu Nombre? —7 Presentando en mi altar pan impuro. —Y encima preguntáis: ¿En qué te hemos manchado?—Pensando que la mesa de Yahvé es despreciable. 8 Y cuando presentáis para el sacrificio una res ciega, ¿no está mal? Y cuando presentáis una coja o enferma, ¿no está mal? Anda, ofrécesela a tu gobernador: ¿se te pondrá contento o te acogerá con agrado?, dice Yahvé Sebaot. 9 Ahora, pues, aplacad a Dios para que tenga compasión de nosotros. Venís con eso en vuestras manos; ¿acaso os acogerá agradecido?, dice Yahvé Sebaot. 10 ¡Ojalá alguien de vosotros cerrara las puertas para que no encendáis mi altar en vano! No me gustáis nada, dice Yahvé Sebaot, ni me agrada la oblación que traéis. 11 Desde levante hasta poniente grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar ofrecen a mi Nombre sacrificios de incienso y oblaciones puras*, pues grande es mi Nombre entre las naciones, dice Yahvé Sebaot. 12 Pero vosotros lo profanáis*, cuando decís: ¡La mesa del Señor está manchada; son repugnantes sus alimentos!, 13 y me despreciáis añadiendo: ¡Qué lata!, dice Yahvé Sebaot. Cuando traéis una res robada, o coja, o enferma; cuando traéis una oblación así, ¿pensáis que la voy a aceptar de vuestras manos?, dice Yahvé Sebaot*. 14 ¡Maldito el tramposo que promete un macho de su rebaño y sacrifica al Señor una bestia castrada! ¡Que yo soy un gran Rey, dice Yahvé Sebaot, y mi Nombre admirado entre las naciones!
21 Recibid ahora esta advertencia, sacerdotes: 2 Si no hacéis caso ni tomáis a pecho dar gloria a mi Nombre, dice Yahvé Sebaot, lanzaré contra vosotros la maldición y maldeciré vuestra bendición*; la maldeciré porque ninguno de vosotros toma nada a pecho. 3 Voy a dejaros sin brazo, os echaré estiércol a la cara, el estiércol de vuestras fiestas, y seréis aventados con él*. 4 Sabréis así que yo os dirigí esta advertencia para que se mantuviera mi alianza con Leví, dice Yahvé Sebaot. 5 Mi alianza con él era de vida y paz, y se las concedí; era de respeto, y me respetaba reverenciando mi Nombre. 6 Su boca transmitía la Ley de verdad, no había en sus labios maldad; en paz y en rectitud caminaba conmigo, y a muchos recobró de la culpa.
7 Los labios del sacerdote guardarán el saber, y la Ley se busca en su boca, pues es el mensajero de Yahvé Sebaot. 8 Pero vosotros os habéis extraviado del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la Ley, habéis corrompido la alianza de Leví, dice Yahvé Sebaot. 9 Por eso también yo os he hecho despreciables y os he envilecido ante todo el pueblo, de la misma manera que vosotros no guardáis mis caminos y hacéis acepción de personas en la Ley.
Matrimonios mixtos y divorcios.
10 ¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado el mismo Dios? ¿Por qué entonces nos traicionamos unos a otros, profanando la alianza de nuestros padres? 11 Judá es culpable de traición; en Israel y en Jerusalén se cometen abominaciones. Porque Judá ha profanado el santuario querido de Yahvé* al casarse con la hija de un dios extranjero*. 12 ¡Que extirpe Yahvé al hombre que hace tal, incluidos testigo y defensor, de las tiendas de Jacob y de entre los que presentan* la oblación a Yahvé Sebaot! 13 Y hacéis otra cosa más: cubrís de lágrimas el altar de Yahvé, de llantos y suspiros, porque él ya no acepta vuestra oblación, ni la recibe gustoso de vuestras manos. 14 Y encima decís: ¿Por qué? —Porque Yahvé es testigo entre tú y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que era tu compañera, la mujer con la que te habías comprometido. 15 ¿No los ha hecho un solo ser, dotado de carne y espíritu? Y este uno ¿qué busca? ¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traiciones a la esposa de tu juventud*. 16 Pues yo odio el repudio, dice Yahvé Dios de Israel, y al que encubre* con su vestido la violencia, dice Yahvé Sebaot. Guardad, pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición.
El Día de Yahvé.
17 Vosotros cansáis a Yahvé con vuestras palabras. —Decís: ¿En qué le cansamos? —Cuando afirmáis: Yahvé aprueba al que hace el mal, lo acepta complacido; o también: ¿Dónde está el Dios justo*?
31 Voy a enviar a mi mensajero a allanar el camino delante de mí*, y en seguida vendrá a su templo el Señor a quien vosotros buscáis; y el Ángel de la alianza* que tanto deseáis, ya llega, dice Yahvé Sebaot. 2 ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque será como fuego de fundidor y lejía de lavandero. 3 Se sentará para fundir y purgar*. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán quienes presenten a Yahvé oblaciones legítimas. 4 Entonces se complacerá Yahvé en la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los años remotos. 5 Me haré presente para juzgaros, y seré un testigo expeditivo contra los hechiceros y los adúlteros, contra los que juran en falso, contra los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen agravio al forastero sin ningún temor de mí, dice Yahvé Sebaot.
Los diezmos del Templo*.
6 Yo, Yahvé, no cambio, pero vosotros, hijos de Jacob, no termináis nunca*. 7 Desde los tiempos de vuestros antepasados venís apartándoos de mis preceptos y no los observáis. Volveos a mí y yo me volveré a vosotros, dice Yahvé Sebaot. —Decís: ¿En qué hemos de volver? —8 ¿Puede un hombre defraudar* a Dios? ¡Pues vosotros me defraudáis! —Y encima decís: ¿En qué te hemos defraudado? —En el diezmo y en la ofrenda reservada*. 9 Estáis repletos de maldición, pues me defrauda la nación entera. 10 Llevad el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi templo; ponedme así a prueba, dice Yahvé Sebaot, y veréis cómo os abro las esclusas del cielo y derramo sobre vosotros la benéfica lluvia hasta que se agote. 11 Os ahuyentaré la voraz langosta para que no acabe con el fruto del suelo y no queden estériles las viñas campestres, dice Yahvé Sebaot. 12 Todas las naciones os felicitarán entonces, porque seréis una tierra deliciosa, dice Yahvé Sebaot.
Triunfo de los justos el Día de Yahvé.
13 Duras me resultan vuestras palabras, dice Yahvé. —Y todavía decís: ¿Qué hemos dicho contra ti? —14 Habéis dicho: Es inútil servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar sus mandamientos o con hacer duelo ante Yahvé Sebaot? 15 Más bien hemos de felicitar a los arrogantes, que aun haciendo el mal prosperan, y aun tentando a Dios escapan impunes.
16 Entonces los devotos de Yahvé* hablaron entre sí. Yahvé escuchó con atención; y se escribió en su presencia un libro en memoria de los devotos de Yahvé que honran su Nombre. 17 Ese día que estoy preparando se convertirán en mi propiedad personal, dice Yahvé Sebaot; y seré indulgente con ellos como es indulgente un padre con el hijo que le sirve. 18 Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el malvado, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve.
19 Está para llegar el Día, abrasador como un horno*; todos los arrogantes y los malvados serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahvé Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama. 20 Pero para vosotros, los adeptos a mi Nombre, os alumbrará el sol de justicia* con la salud en sus rayos*, y saldréis brincando como becerros bien cebados fuera del establo. 21 Y pisotearéis a los malvados, que serán como ceniza bajo la planta de vuestros pies, el día que estoy preparando, dice Yahvé Sebaot.
Apéndices.
22 Acordaos de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel. 23 Voy a enviaros al profeta Elías antes de que llegue el Día de Yahvé, grande y terrible. 24 Él reconciliará a los padres con los hijos y a los hijos con los padres, y así no vendré a castigar la tierra con el anatema*.