Homilías sobre el Génesis
Homilía II
El arca de Noé
Explicación literal
1. Empezando a hablar del arca que fue construida por Noé según el mandato de Dios, veamos en primer término lo que se dice de ella según la letra y, al presentar los problemas que muchos suelen proponer, busquemos las soluciones de los mismos a partir de aquello que nos transmitieron los antiguos, de modo que, puestos tales fundamentos, podamos elevarnos del relato histórico1 al sentido místico y alegórico de la inteligencia espiritual2 y, si allí se encuentra algún misterio, descubrirlo con la ayuda del Señor que nos revela la ciencia de su palabra.
En primer lugar, por tanto, expongamos cuanto está escrito: Y el Señor dijo a Noé: El fin de todo hombre ha venido delante de mí, porque la tierra está llena de iniquidades por su causa; y he aquí que yo los voy a destruir a ellos y a la tierra. Hazte, pues, un arca de maderas cuadradas, y en el arca harás nidos y nidos3 y la untarás por dentro y por fuera de betún. Y harás el arca así: la harás combinando su longitud de trescientos codos, su anchura de cincuenta codos y su altura de treinta codos, y en lo más alto la terminarás con un codo. Harás después la puerta del arca en el lateral; harás la parte inferior de dos pisos, la superior, de tres4. Y poco después dice: Y Noé hizo todo lo que le había mandado el Señor Dios, así hizo5.
La forma del arca
Indaguemos, pues, en primer lugar, cómo deba entenderse el aspecto mismo y la forma del arca. Por lo que se desprende de la descripción, la imagino elevándose desde los cuatro ángulos y estrechándose poco a poco hasta la cúspide y, allí, reducida a la dimensión de un codo. Pues así se refiere que en la base se pusieron trescientos codos de longitud y cincuenta de anchura, levantándose treinta codos de altura; pero que culminaba en un vértice tan estrecho que no tenía más que un codo de largo y de ancho.
El interior del arca6
Por dentro, la que se conoce como su parte inferior está hecha de dos compartimentos, es decir, contiene dos estancias, mientras que la superior es de tres compartimentos, es decir, construida con tres estancias. Pero esta separación de los compartimentos parece hecha para poder repartir más fácilmente en cada uno de los alojamientos a los diversos géneros de animales7 y para mantener apartadas de las bestias feroces a las mansas y débiles. Estas estancias separadas se llaman, pues, nidos.
Los materiales
Se dice que las tablas de madera eran cuadradas para que se pudiesen adaptar más fácilmente unas a otras y, con la inundación del diluvio, se frenase todo el ímpetu de las aguas, al estar protegidas las junturas con el betún embadurnado por dentro y por fuera.
Las estancias
Nos ha sido transmitido8, y no sin verosimilitud, que la parte inferior, que más arriba dijimos había sido construida doble y que en otro lugar fue llamada «de dos compartimentos», mientras que a la parte superior se la denomina «de tres compartimentos», era doble por este motivo: porque todos los animales pasarían un año entero en el arca y, por tanto, era necesario proveer de los víveres para todo el año, y no sólo proveer de los víveres, sino disponer los lugares para los excrementos, de modo que ni los animales mismos, ni sobre todo los hombres, fuesen atormentados por el hedor del estiércol.
Se refiere, pues, que el espacio inferior, en el fondo, fue reservado9 a las necesidades de este género, mientras que la parte superior y contigua a ésta se destinaba a la conservación de los alimentos, ya que parecía necesario introducir desde fuera animales para las bestias a las que la naturaleza había dado alimentarse de carnes, de modo que, nutriéndose de estas carnes, pudiesen conservar la vida al objeto de asegurar la posteridad; para los demás animales, en cambio, había que conservar otros alimentos requeridos por su uso natural.
Se transmite, por tanto, que las partes inferiores, dichas de dos compartimentos, habían sido distinguidas para estos usos, mientras que las partes superiores se habían destinado para habitáculo de los animales10; la parte “más baja servía de cobijo a las bestias feroces y salvajes y a las serpientes, mientras que las estancias superiores contiguas eran los establos de los animales más mansos; y por encima de todos, en lo más alto, estaba colocada la habitación para los hombres, puesto que ellos, por el honor y la razón, sobrepasan todas las cosas, de modo que, como se dice que el hombre, por su razón y sabiduría, tiene el dominio de todos los seres que están en la tierra, así también fuese colocado en el lugar más elevado y por encima de todos los seres animados que estaban en el arca.
La puerta
Refieren también que la puerta, que según se dice se hizo en el lateral, estaba en aquel lugar por tener debajo las partes inferiores, dichas «de dos compartimentos», mientras que las superiores, dichas «de tres compartimentos», fueron llamadas superiores en relación con la posición de la puerta. Entrando por ella, todos los animales se repartían por sus lugares respectivos con la división conveniente, conforme a lo que dijimos más arriba.
Pero no son ya medios humanos los que aseguran la protección de la puerta. ¿Cómo, en efecto, después que se cerró la puerta y en el exterior del arca no había ningún hombre, pudo ser calafateada por fuera, sino ciertamente por obra de la potencia divina, para que las aguas no penetrasen por un acceso que la mano del hombre no había protegido?
Por eso, la Escritura, después de haber dicho de todas las demás cosas que Noé hizo el arca e introdujo a los animales así como a sus hijos con sus mujeres, de la puerta no dice que Noé cerró la puerta del arca, sino que el Señor Dios cerró por fuera la puerta del arca, y así se produjo el diluvio11.
Notemos, sin embargo, que después del diluvio no se dice que Noé abriese la puerta, sino la ventana, cuando mandó al exterior al cuervo para ver si había cesado el agua sobre la tierra12.
Las provisiones
Por lo que concierne a la comida que Noé introdujo en el arca para todos los animales y las bestias que habían entrado con él, oye lo que dice el Señor a Noé: Tú toma (para ti) de todos los alimentos comestibles y haz provisión de ellos junto a ti, y te servirán de comida tanto a ti como a ellos mismos13. Y que Noé hizo lo que le mandó el Señor, óyelo de la Escritura que dice: Y Noé hizo todo lo que le había mandado el Señor, así hizo14.
Los lugares de los excrementos
Por lo que respecta al hecho de que la Escritura no refiera nada de los lugares que hemos dicho separados para el estiércol de los animales, aunque lo sostiene la tradición, parece oportuno que se haya guardado silencio sobre este punto, porque la razón se bastaba para enseñar sus consecuencias. Y puesto que podrá adaptarse menos convenientemente a la inteligencia espiritual, con razón la Escritura, que aplica más sus narraciones a las interpretaciones alegóricas15, guardó silencio sobre este particular.
Perfección general del arca
Sin embargo, por cuanto atañe a la necesidad de las aguas del diluvio, no pudo darse al arca forma más adecuada y conveniente que aquella que permitía a las aguas de la lluvia resbalar desde lo más alto como desde un techo que culmina en una cima estrecha, y que mantenía la estabilidad apoyando profundamente los cuatro lados en las aguas, de modo que ni la fuerza de los vientos, ni el ímpetu de las olas, ni la agitación de los animales que estaban dentro, pudiesen inclinarla o sumergirla.
Objeción de Apeles
2. Pero a todas estas cosas, compuestas con tanta sabiduría, algunos oponen objeciones, y sobre todo Apeles16, que fue discípulo de Marción17, pero inventor a su vez de una herejía mayor que la que había recibido de su maestro. Pues él, en su deseo de hacer ver que los escritos de Moisés no contienen en sí ninguna sabiduría divina y ninguna operación del Espíritu Santo, exagera este tipo de discurso y dice que en manera alguna habría podido suceder que tan poco espacio acogiese a tantas especies de animales con alimentos suficientes para un año entero.
Se dice que en el arca se introducen de dos en dos18 los animales impuros, esto es, dos machos y dos hembras -tales lo indicado por la repetición de la palabra-, y de siete en siete19, es decir, siete parejas, los animales puros; ¿cómo pudo suceder esto en un espacio del que se ha escrito que apenas podía acoger a cuatro elefantes solamente? Y, después de haber hecho la misma objeción para cada una de las especies, concluye con estas palabras: «Es, por tanto, seguro que se trata de una fábula inventada; y, si es así, resulta evidente que esta Escritura no es de Dios»20.
Respuesta a la objeción
Pero, en respuesta a esta objeción21, ofrecemos al conocimiento de los oyentes lo que aprendimos de hombres sabios, expertos en las tradiciones hebreas y antiguos maestros. Los antiguos decían, pues, que Moisés, que, según el testimonio de la Escritura, había sido instruido en la entera sabiduría de los egipcios22, puso en este punto el número de los codos conforme a la ciencia geométrica en la que los egipcios son especialmente hábiles23. Los geómetras, en efecto, tienen un valor que ellos llaman «potencia»; y según ese valor, aplicado a un sólido y a un cuadrado24, un codo corresponde a seis, si se considera en modo general, y a trescientos, si se entiende por grados. Luego si se tiene en cuenta este valor, se hallarán espacios tan grandes en longitud y anchura que realmente podrían contener los gérmenes de regeneración de todo el mundo y las semillas redivivas de todos los seres animados.
Queden dichas estas cosas, por cuanto se refiere al sentido literal, contra los que intentan impugnar las Escrituras del Antiguo Testamento como si contuviesen cosas imposibles e irracionales.
Explicación espiritual
3. Y ahora, al tiempo que suplicamos al único que puede quitar el velo de la letra del Antiguo Testamento25, intentemos indagar también qué contenga de edificación espiritual esta magnífica construcción del arca.
El diluvio, figura del adviento de Cristo
Yo pienso, por cuanto la pequenez de mi entendimiento me lo permite, que aquel diluvio que entonces casi puso fin al mundo sea la figura de ese fin del mundo que realmente se producirá. El mismo Señor lo anunció cuando dijo: Pues como en los días de Noé compraban, vendían, edificaban, se casaban, y vino el diluvio y todos perecieron, así será también la venida del Hijo del hombre26. Es evidente que con estas palabras designa de la misma y única manera el diluvio que ha precedido y el fin del mundo que anuncia para el futuro. Como entonces se dijo a aquel Noé que hiciese un arca e introdujese en ella consigo no sólo a sus hijos y parientes, sino también a los animales de toda especie, así también a nuestro Noé, que es realmente el único justo27 y el único perfecto, el Señor Jesucristo, le fue dicho por el Padre al final de los tiempos28 que hiciera para sí un arca de tablas cuadradas y le diese medidas llenas de misterios celestes. Esto, en efecto, se indica en el Salmo, donde dice: Pídemelo, y te daré en herencia las naciones, en posesión los confines de la tierra29.
Los compartimentos del arca y las manifestaciones de la fe
Construye, pues, el arca y en ella hace «nidos», es decir, una suerte de estancias para acoger a las diferentes especies de animales. De ellas dice también el profeta: Vete, pueblo mío, entra en tus estancias, escóndete un instante hasta que pase el furor de mi ira30. Se compara, por tanto, a este pueblo que obtiene la salvación en la Iglesia con todos aquellos, hombres y animales, que se salvaron en el arca31.
Pero, puesto que el mérito y el progreso en la fe no es el mismo para todos, por eso tampoco aquel arca ofrece la misma morada a todos, sino que en la parte inferior hay dos compartimentos y en la superior tres, y en ella se distinguen «nidos», para mostrar que también en la Iglesia, aunque todos estén encerrados dentro de la misma fe y se hayan lavado en el mismo bautismo, no todos progresan juntos ni del mismo modo, sino cada uno en su orden32.
Los grados de perfección
Los que viven inmersos en la ciencia racional y son idóneos no sólo para regirse a sí mismos, sino también para enseñar a los demás33, precisamente porque se hallan muy pocos, son figura de los pocos que se salvan con Noé y que mantienen con él la más estrecha relación de parentesco, del mismo modo que nuestro Señor Jesucristo, el verdadero Noé34, tiene pocos íntimos, pocos hijos y parientes que sean partícipes de su palabra y capaces de su sabiduría. Estos son los que fueron puestos en el grado más alto y están colocados en la cima del arca.
La muchedumbre de los restantes animales o bestias irracionales está en los lugares inferiores, sobre todo la de aquéllos cuya feroz crueldad no fue aplacada siquiera por la dulzura de la fe35. Un poco por encima de estos están los que, teniendo menos racionalidad, conservan sin embargo mucha simplicidad e inocencia36.
Jesucristo, el verdadero Noé
Y así, ascendiendo por cada uno de los peldaños de las moradas, se llega al mismo Noé, que significa «reposo» o «justo»37, y que es Cristo Jesús. Pues a aquel Noé no le conviene lo que dice Lamec, su padre: Este nos dará reposo de los trabajos y de las fatigas de nuestras manos, y de la tierra que maldijo el Señor Dios38. ¿Cómo, en efecto, tener por verdadero que aquel Noé haya dado reposo a Lamec o al pueblo que se encontraba entonces en la tierra, o cómo han podido cesar el trabajo y las fatigas en tiempos de Noé o pudo ser suprimida de la tierra la maldición que había pronunciado el Señor, cuando más bien parece acrecentarse la ira divina y se refiere que Dios dice: Me arrepiento de haber hecho al hombre sobre la tierra39; y de nuevo: Destruiré toda carne que está sobre la tierra40, y se da la muerte de los vivientes como prueba máxima de la magnitud de la ofensa?
Pero si miras a nuestro Señor Jesucristo, del cual se dice: He aquí el cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo41, y en otra parte: Hecho por nosotros maldición, para rescatarnos de la maldición de la ley42, y cuando dice: Venid a mí vosotros que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré, y hallaréis descanso para vuestras almas43, encontrarás que él es el que realmente ha dado reposo a los hombres y ha liberado a la tierra de la maldición con que la maldijo el Señor Dios. Luego a este Noé espiritual44, que dio reposo a los hombres y quitó el pecado del mundo, se dice: Te harás un arca de tablas cuadradas45.
Las tablas cuadradas
4. Veamos, por tanto, qué son esas tablas cuadradas. Cuadrado es lo que no vacila por ninguna parte, sino que, lo gires por donde lo gires, se mantiene firme y sólidamente estable. Estas son las tablas que soportan todo el peso de los animales, por dentro, o de las olas, por fuera. A mi juicio, éstas representan, en la Iglesia, a los doctores, maestros y celadores de la fe que, por un lado, reconfortan a los pueblos que están dentro con la palabra de la advertencia y la gracia de la enseñanza y, por otro, se oponen con la potencia de la palabra y la sabiduría de la razón a cuantos paganos o herejes la impugnan desde el exterior y a los que remueven las olas de los problemas y las tempestades de las disputas46.
¿Quieres ver que la Escritura divina conoce tablas espirituales? Recordemos lo que está escrito en el profeta Ezequiel: El año undécimo, el día uno del tercer mes, me fue dirigida la palabra del Señor en estos términos: Hijo de hombre, di al Faraón, rey de Egipto, y a sus subditos: ¿A quién te comparas en su orgullo? Mira: a Assur, ciprés del Líbano, espléndido en ramas, frondoso en sombras y excelso en altura. Su copa despuntaba entre las nubes, las aguas lo nutrieron, el abismo lo exaltó, llevando todas sus corrientes en torno a él y enviando todas sus acequias a todos los árboles del campo. Por eso, su tronco superaba en altura a todos los árboles del campo47. Y poco después dice: Muchos apreses y pinos, en el paraíso de Dios, no se pueden igualar a sus ramas, ni siquiera los abetos se les pueden comparar. Ningún árbol en el jardín de Dios se le pudo comparar, y todos los árboles del jardín de las delicias de Dios le envidiaron48*. ¿Comprendes de qué tipo de árboles habla el profeta? ¿Cómo puede describir a un ciprés del Líbano al que no podrían compararse ninguno de los árboles que están en el jardín de Dios? Y, al final, añade incluso esto, que todos los árboles del paraíso de Dios le tuvieron envidia, dando a entender evidentemente que, según el sentido espiritual, los árboles racionales que están en el jardín de Dios son aquellos en los que describe que hay una cierta envidia hacia los árboles que están en el Líbano.
De ahí que, por hacer este inciso, debas considerar si lo dicho con estas palabras: Maldito de Dios todo el que pende del madero49, no haya de entenderse tal vez en el mismo sentido de aquello que se dice en otro lugar: Maldito el hombre que pone su esperanza en el hombre50. Porque nosotros debemos pender sólo de Dios y no de ningún otro, aunque ese tal pretenda venir del paraíso de Dios, como dice también el Apóstol: Aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciase un evangelio distinto al que nosotros os hemos anunciado, sea anatema51. Pero dejemos esto para otra ocasión.
Entretanto has visto cuáles son las tablas cuadradas que el Noé espiritual pone como un muro y protección contra las olas que sobrevienen desde fuera para los que se hallan dentro; estas tablas son embadurnadas de betún por dentro y por fuera52. Pues el arquitecto de la Iglesia, Cristo, no quiere que seas como aquellos que por fuera aparecen justos a los ojos de los hombres, pero por dentro son sepulcros de muertos53, sino que te quiere santo en el cuerpo por fuera y puro de corazón por dentro, prudente por todas partes y protegido por la virtud de la castidad y la inocencia. Esto es estar embadurnado de betún por dentro y por fuera.
Longitud, anchura y profundidad
5. Después de esto se hace mención de la longitud, la anchura y la altura del arca y se les atribuyen algunos números consagrados a grandes misterios54; pero antes de tratar de los números, veamos lo que entiende la Escritura por longitud, anchura y altura. El Apóstol, en un pasaje donde habla más místicamente del misterio de la cruz, dice así: A fin de que conozcáis cuál es la longitud, la anchura, la altura y la profundidad55. La profundidad y la altura indican lo mismo, salvo que la altura parece medir el espacio de abajo a arriba y la profundidad empieza arriba y baja hasta el fondo. Por consiguiente, el Espíritu de Dios, tanto por medio de Moisés como por medio de Pablo, anuncia las figuras de grandes misterios. En efecto, Pablo, al predicar el misterio del descenso de Cristo, mencionó la profundidad como para significar al que venía desde lo alto hasta abajo; sin embargo, Moisés, porque quiere indicar la reintegración de los que, por medio de Cristo, son llamados de la muerte y de la perdición del mundo, como de la aniquilación del diluvio, de las cosas inferiores a las superiores y celestes, al tratar de las medidas del arca menciona no la profundidad, sino la altura, como ese espacio en el que uno se eleva desde las regiones terrenas y humildes hasta las celestes y excelsas.
Significado de los números
También se ponen los números: trescientos codos de longitud, cincuenta de anchura y treinta de altura. Trescientos es tres veces cien y cien aparece en todas las cosas como número pleno y perfecto, conteniendo en sí el misterio de toda criatura racional, como leemos en el Evangelio, donde se dice que un hombre tenía cien ovejas, y, como una de éstas se perdiese, dejando las noventa y nueve en el monte, bajó a buscar a la que se había perdido y, encontrándola, la cargó sobre sus hombros y la puso con aquellas noventa y nueve que no se habían perdido56. Y porque el cien, número de toda criatura racional, no subsiste por sí mismo, sino que procede de la Trinidad y ha recibido la largura de la vida, esto es, la gracia de la inmortalidad, del Padre por el Hijo y el Espíritu Santo, se pone por ello triplicado en relación con el que crece hasta la perfección por la gracia de la Trinidad y con el que, por reconocimiento de la Trinidad, es restituido al grupo de los trescientos después de haber caído por ignorancia del grupo de los cien57.
La anchura tiene el número cincuenta, número consagrado a la remisión y al perdón. Pues, según la ley, en el año quincuagésimo había remisión58, es decir, que si uno había vendido un bien, lo recuperaba, y si un hombre libre había caído en esclavitud, recobraba la libertad; el deudor obtenía el perdón y el exiliado volvía a su patria. Ahora bien, Cristo, el Noé espiritual, ha colocado este número quincuagésimo de la remisión en la anchura de su arca, es decir, en su Iglesia, en la que libera de la perdición al género humano. Porque, si no hubiese concedido a los creyentes la remisión de los pecados, no se habría difundido por todo el mundo la anchura de la Iglesia.
El número de la altura, el treinta, encierra un misterio semejante al de trescientos. Este viene de multiplicar por tres la centena; aquel, de multiplicar por tres la decena. Pero la suma de toda la construcción se remite al uno, porque uno es Dios Padre, del cual son todas las cosas, y uno el Señor59, y una es la fe de la Iglesia, uno el bautismo, uno el cuerpo y uno el espíritu60, y todas las cosas concurren al único fin de la perfección de Dios61.
Pero también tú, que escuchas estas cosas, si te aplicas con sosiego a las Sagradas Escrituras, encontrarás que bajo los números treinta y cincuenta se esconden muchas y grandes gestas. A los treinta años José es sacado de la cárcel y asume el gobierno de todo Egipto para apartar con la previsión divina el azote del hambre inminente62. Se refiere que Jesús tenía treinta años63 cuando vino a bautizarse y que vio
los cielos abiertos y al Espíritu de Dios venir sobre él en forma de paloma64. Entonces comenzó a manifestarse por
primera vez el misterio de la Trinidad. Y encontrarás otras
muchas cosas semejantes a éstas.
Encontrarás también que el día quincuagésimo era la fies-
ta de la consagración de las nuevas mieses65 y que la quin-
cuagésima parte de los despojos de los madianitas se reser-
vaba para el Señor66. Hallarás además que Abraham vence a
los sodomitas con trescientos hombres67 y Gedeón logra la
victoria con los trescientos que lamen el agua con la lengua68.
La puerta es el juicio de Dios
En cuanto a la puerta, no está situada ni de frente ni por
encima, sino de costado y transversalmente, porque es el
tiempo de la ira divina; pues el día del Señor es el día de la
ira y del furor69, como está escrito; y aunque algunos pare-
ce que se salvan, otros muchos, a quienes condenan sus mé-
ritos, son destruidos y perecen. Por eso, la puerta se pone
transversalmente, para mostrar lo que se dice por el profe-
ta: Si camináis conmigo torcidos, yo también caminaré con
vosotros con ira torcida70.
Los compartimentos son el cielo, la tierra y el infierno
Después de esto, veamos también si el pasaje que designa por separado las partes inferiores de dos compartimentos y las superiores de tres compartimentos71 no aluda tal vez a aquello que dice el Apóstol: en el nombre de Jesús toda rodilla se doble de los seres celestes, terrestres e infernales72; así, en el arca, las partes inferiores significarían lo que el Apóstol llama seres infernales, las superiores contiguas a esas serían los seres terrestres, y las superiores de tres compartimentos, tomadas todas en su conjunto, los seres celestes, pero distinguiendo en ellos los méritos de los que, según el apóstol Pablo, pueden subir hasta el tercer cielo73.
Y los nidos y nidos, puesto que se dan muchos en el arca, indican que junto al Padre hay muchas estancias74.
La cohabitación de los animales, símbolo de la unión de todos en el reino
Respecto de los animales, las bestias salvajes y domésticas y los demás seres animados, ¿qué otra figura hemos de retener sino la que muestra Isaías cuando dice que, en el reino de Cristo, pastarán juntos el lobo y el cordero, la pantera y el cabrito, el león y el buey, y que sus pequeños comerán juntos la paja; más aún, que un niño pequeño -semejante sin duda a aquel del que decía el Salvador: Si no os convertís y os hacéis como este niño, no entraréis en el reino de Dios75- meterá la mano en la cueva de las serpientes y no sufrirá ningún daño76? O también la figura que Pedro nos enseña realizada ahora en la Iglesia, cuando nos refiere haber tenido una visión en la que todos los cuadrúpedos, bestias de la tierra y aves del cielo aparecían contenidos en el lienzo único de la fe, atado a los ángulos de los cuatro Evangelios77.
Explicación moral
6. Pero, puesto que el arca que intentamos describir, es construida por mandato de Dios no sólo con dos compartimentos, sino también con tres, esforcémonos también nosotros por añadir una tercera a esta doble explicación que ha precedido, según el precepto divino.
Los compartimentos
La primera explicación que se dio, la histórica, es como el fundamento puesto en la base. La segunda, la explicación mística, es superior y más elevada. Tratemos de añadir, si nos es posible, una tercera, la moral78. El hecho de no haber dicho sólo de dos compartimentos y haber callado después, ni sólo de tres compartimentos sin agregar nada más, sino de haber dicho de dos compartimentos añadiendo también de tres compartimentos, parece no estar falto de misterio para la misma exposición que ahora tenemos entre manos. Porque la expresión de tres compartimentos designa esta triple explicación. Pero, porque en las Escrituras divinas no siempre puede sostenerse la lógica narrativa79, sino que a veces falla, como, por ejemplo, cuando se dice: en la mano del ebrio nacen espinas80, o cuando, a propósito del templo construido por Salomón, se dice: en la casa de Dios no se oyó la voz del martillo y del hacha81, y todavía en el Levítico, cuando se manda que los sacerdotes examinen la lepra de las paredes, de las pieles y de los tejidos para purificarlos82. A causa de estos y de otros pasajes semejantes, el arca está compuesta no sólo de tres compartimentos, sino también de dos compartimentos, para que sepamos que en las Escrituras no siempre se encierra un triple sentido exegético, porque no siempre puede extraerse de ellas la historia83, sino, en ocasiones, sólo un doble sentido. Intentemos, pues, exponer también el tercer modo interpretativo, según el género moral84.
El arca y sus dimensiones
Si hay alguno que, a pesar del acrecentamiento del mal y del desbordamiento de los vicios, es capaz de convertirse de las cosas pasajeras, perecederas y caducas85 para escuchar la palabra de Dios y los preceptos celestes, éste edifica en el interior de su corazón el arca de la salvación y consagra, por así decir, dentro de sí la biblioteca de la palabra divina86, colocando en ella como longitud, latitud y altura la fe, la caridad y la esperanza. Extiende la fe en la Trinidad a la longitud e inmortalidad de la vida, funda la amplitud de la caridad en el sentimiento del perdón y de la benevolencia y eleva la altura de la esperanza a las cosas celestes y excelsas; pues, aun viviendo en la tierra, tiene su morada en los cielos87. Orienta a un solo objetivo la suma de sus actos, porque sabe que todos corren, pero uno solo recibe el premio88, es decir, que no se ha multiplicado en la variedad de los pensamientos y en la inestabilidad de la mente.
Las tablas cuadradas, el betún, los animales
Pero él construye esta biblioteca no con tablas agrestes y sin pulir, sino con tablas cuadradas y rectas, conforme a la línea de la justicia, es decir, no con volúmenes de autores profanos, sino con los de los profetas y apóstoles. Pues estos son los que, cepillados por pruebas diversas, después de haber cercenado y arrojado todos sus vicios, llevan en sí la vida cuadrada y equilibrada por todas partes. Los autores de los libros profanos pueden ser llamados árboles excelsos y árboles frondosos -Israel, en efecto, es acusado de haber fornicado bajo todo árbol excelso y frondoso89-, porque ellos hablan de cosas excelsas y se sirven de una elocuencia florida, pero no obran en conformidad con sus palabras; y por eso no se les puede llamar maderas cuadradas90, ya que en ellos no cuadran nunca vida y palabra.
Tú, por tanto, si haces un arca, es decir, si reúnes una biblioteca, hazla con los escritos de los profetas y de los apóstoles y de cuantos les siguieron con fe rectilínea, esto es, hazla de dos compartimentos y de tres compartimentos. Aprende de ella las narraciones históricas; reconoce por ella el gran misterio que se cumple en Cristo y en la Iglesia91; aprende también de ella a enmendar las costumbres, a cortar los vicios, a purificar el alma y a despojarla de todo vínculo de servidumbre, reponiendo en ella los nidos y nidos de las diversas virtudes y progresos92.
Sin duda, la untarás de betún por dentro y por fuera93 teniendo la fe en el corazón y confesándola con la boca94, teniendo por dentro la ciencia y por fuera las obras, viviendo con el corazón limpio por dentro y con el cuerpo casto por fuera. Luego en tal arca, ya la entendamos como biblioteca de libros divinos, ya -provisoriamente, según el sentido moral- como alma fiel, debes introducir también animales de toda especie, no sólo puros, sino también impuros. Por animales puros podemos entender fácilmente la memoria, la erudición, la inteligencia, el examen y el discernimiento de lo que leemos y otras facultades semejantes a éstas. Sobre los animales impuros, en cambio, es difícil pronunciarse, dado que se les designa de dos en dos95. Sin embargo, por cuanto nos es posible osar penetrar en pasajes tan difíciles, pienso que se llaman impuras necesariamente a la concupiscencia y a la ira, que están presentes en toda alma, por aquello de que sirven al hombre para pecar. Pero, puesto que la sucesión de la posteridad no se renueva sin la concupiscencia, ni sin la ira puede subsistir corrección y disciplina alguna, se dice que son necesarias y que deben guardarse96.
Y, aunque parezca que hemos discutido estas cosas no con la razón moral, sino con la razón natural, sin embargo tratamos de cuanto se ha traído a colación con fines edifi cantes97.
En verdad que si alguno pudiese comparar sosegada mente la Escritura divina consigo misma y aplicar cosas espirituales a cosas espirituales98*, no se nos oculta que encontraría en este pasaje muchos secretos de un misterio profundo y arcano que ahora no podemos sacar a la luz, ya sea por la brevedad del tiempo, ya sea por la fatiga de los oyentes.
Con todo, pidamos la misericordia de Dios Todopoderoso para que nos haga no solamente escuchar su palabra, sino también ponerla por obra99, para que inunde nuestras almas con el diluvio de su agua y destruya en nosotros lo que él sabe que debe ser destruido y vivifique lo que considere que deba ser vivificado, por Cristo Señor nuestro y por su Espíritu Santo. A él la gloria por los eternos siglos de los siglos. Amén.