Pestañas abiertas

1 abierta

    Homilías sobre el Génesis

    Homilía XIV

    Aparición del Señor a Isaac y alianza con Abimélek

    De la aparición del Señor a Isaac junto al pozo del juramento y de la alianza que selló con Abimélek

    1. Está escrito en el profeta, en nombre del Señor, esta frase que pone en su boca: Y por medio de los profetas hablé [de mí] en parábolas1. Esta palabra significa que, siendo nuestro Señor Jesucristo único por su substancia y ninguna otra cosa que Hijo de Dios, sin embargo se muestra vario y diverso en las figuras y maneras de hablar de las Escrituras2.

    Así, por ejemplo, recuerdo haber explicado más arriba3 que Isaac, ofrecido en holocausto, era tipo de Cristo y que, no obstante, también el cordero era figura del mismo. Y digo todavía más: que en el ángel que habló a Abraham y le dice: No alargues tu mano contra el muchacho4, también se muestra él, ya que le vuelve a decir: Puesto que has cumplido esta palabra, bendiciendo te bendeciré5.

    Se dice de él que es la oveja o el cordero que se inmola en la Pascua6 al tiempo que se le designa como el pastor de las ovejas7; asimismo, se le describe como el pontífice que ofrece el sacrificio8.

    En cuanto Verbo de Dios es llamado Esposo y en cuanto Sabiduría es denominado Esposa, como dice el profeta en su nombre: Como a un esposo me puso la diadema sobre la cabeza y como a una esposa me adornó con joyas9; y muchas otras figuras que ahora sería prolijo describir.

    Isaac, figura del Verbo de Dios en la Ley

    Por tanto, como el Señor mismo, conforme al lugar y al tiempo, adapta la imagen de sí a cada circunstancia, así también debemos creer que los santos, que llevaban su tipo10, hayan sido figura de los misterios según los lugares, los tiempos y las circunstancias. Es lo que ahora vemos que se verifica también en Isaac, del cual nos ha sido leído: De allí subió al pozo del juramento y aquella noche se le apareció el Señor y dijo: «Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, pues yo estoy contigo; te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por causa de Abraham, tu padre»11.

    El apóstol Pablo nos ha mostrado dos figuras de este Isaac: la primera, cuando dijo que Ismael, hijo de Agar, representaba al pueblo según la carne, e Isaac, al pueblo que procede de la fe12; la otra, cuando dice: No dijo: Ya tus descendientes, como a muchos, sino: Y a tu descendencia, como a uno, que es Cristo13. Isaac es, por tanto, figura tanto del pueblo como de Cristo. Es cierto, además, que Cristo en cuanto Verbo de Dios habla no sólo en los Evangelios, sino también en la Ley y en los profetas. Pero en la Ley enseña a los principiantes, en los Evangelios a los perfectos14.

    Luego aquí Isaac es figura del Verbo, que está en la Ley y en los profetas.

    La ascensión de la Ley

    2. Así pues, Isaac subió al pozo del juramento y se le apareció el Señor15.

    Hemos dicho ya antes16 que el esplendor del templo y de los oficios divinos que allí se celebraban son una ascensión de la Ley. También el progreso de los profetas puede ser llamado ascensión de la Ley; y tal vez por eso se dice que subió al pozo del juramento y allí se le apareció el Señor. Pues, por medio de los profetas juró el Señor, y no se arrepentirá, que él es sacerdote eterno según el orden de Melquisedec17.

    Por tanto, en el pozo del juramento se le apareció el Señor confirmando las promesas que habían de realizarse en él.

    La tienda de Isaac

    Isaac edificó allí un altar e invocó el nombre del Señor, y plantó allí su tienda. Y allí cavaron un pozo los siervos de Isaac18.

    Ciertamente, en la Ley Isaac levanta un altar y planta su tienda; pero en los Evangelios no planta una tienda, sino que construye una casa y pone los fundamentos. Escucha, en efecto, a la Sabiduría que dice de la Iglesia: La Sabiduría se ha construido una casa y ha puesto en la base siete columnas19. Y a propósito de esto, escucha también al Apóstol que dice: Nadie puede poner otro fundamento fuera del que ha sido puesto, que es Cristo Jesús20.

    Luego donde hay una tienda, aunque esté bien plantada, es evidente que está llamada a desaparecer21; en cambio, donde hay fundamentos y la casa está edificada sobre roca22, esa casa no se destruye jamás, pues está fundada sobre roca23.

    También allí cava un pozo Isaac y no cesa nunca de cavar pozos hasta que brote la fuente de agua viva24 y la corriente del río alegre la ciudad de Dios25.

    Abimélek e Isaac: la filosofía y la Ley

    3. Pero también Abimélek -aquel que hacía algún tiempo había rendido homenaje a Abraham- viene ahora con sus amigos desde Guerar a Isaac e Isaac les dice: ¿ Cómo es que venís a mí, vosotros que me odiáis y me habéis echado de vuestra compañía? A esto ellos responden: Hemos visto claramente que el Señor está contigo y hemos dicho: Ea, haya un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y establezcamos contigo un pacto para que no nos hagas mal26, y lo demás.

    Este Abimélek, según veo, no siempre está en paz con Isaac, sino que a veces está en desacuerdo y a veces busca la paz. Si os acordáis, en homilías anteriores27 dijimos de Abimélek que era figura de los sabios y estudiosos de este mundo que, mediante el estudio de la filosofía, han llegado al conocimiento de buena parte de la verdad; se comprende, pues, que no pueda estar ni siempre en desacuerdo, ni siempre en paz con Isaac, que es figura del Verbo de Dios que está en la Ley. La filosofía, en efecto, ni está totalmente en contra de la Ley de Dios, ni concuerda en todo con ella.

    Efectivamente, muchos son los filósofos que escriben que Dios es único y que ha creado el universo. En esto convienen con la Ley de Dios. Algunos añadieron, incluso, que

    Dios ha hecho y rige todas las cosas mediante su Verbo y

    que es el Verbo de Dios el que lo regula todo. En esto están

    de acuerdo no sólo con la Ley, sino también con los Evan

    gelios. Y casi toda la filosofía llamada moral y natural pien

    sa como nosotros. Pero disiente de nosotros cuando dice

    que la materia es coeterna con Dios28 o cuando sostiene que

    Dios no se ocupa de los seres mortales, sino que su provi

    dencia se reduce a los espacios supralunares29. Están en de

    sacuerdo con nosotros cuando hacen depender la vida de la

    posición de las estrellas al momento de nacer30 y cuando

    dicen que este mundo es eterno y no tendrá fin. Hay ade

    más otros muchos puntos en los cuales ya disienten ya con-

    cuerdan con nosotros31.

    Por eso Abimélek, en conformidad con la figura que representa, a veces está en paz, a veces en desacuerdo con

    Isaac.

    Abimélek, Ajuzat y Pikol: la lógica, la física y la moral

    Pienso, además, que no sin razón el Espíritu Santo, que escribe estas cosas, se ha preocupado de decir que con Abimélek vinieron otros dos, a saber, Ajuzat, su yerno, y Pikol, su jefe de tropa32. Ajuzat significa «aquel que tiene», Pikol «la boca de todos» y Abimélek «mi padre es rey»33. Estos tres, en mi opinión, son figura de la entera filosofía que, entre ellos, se divide en tres partes: lógica, física y ética, es decir, la filosofía racional, la natural y la moral. La filosofía racional es la que reconoce a Dios como padre de todos, igual que Abimélek; la natural es la que, siendo estable, sostiene todas las cosas como apoyándose en las fuerzas de la naturaleza misma; tal es la filosofía que profesa Ajuzat, que significa «aquel que tiene»; la moral es la que está en boca de todos y a todos atañe, y se encuentra en boca de todos por la semejanza de los preceptos comunes; Pikol, que significa «la boca de todos», es quien la representa.

    Todos estos, instruidos por doctrinas de este género, vienen a la Ley de Dios y dicen: Hemos visto claramente que el Señor está contigo y hemos dicho: Ea, haya un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y establezcamos contigo un pacto para que no nos hagas mal, sino que, como nosotros no te hemos maldecido, así tampoco tú nos maldigas a nosotros, oh bendito del Señor34.

    La figura de los Magos

    Estos tres, que piden paz al Verbo de Dios y desean prevenir con un pacto la comunión con él, pueden ser figura

    de los Magos35 que, instruidos por los libros de sus padres

    y las tradiciones de sus antepasados, vienen de las regiones

    del Oriente y dicen: Hemos visto claramente36 al rey que

    acaba de nacer37, hemos visto que Dios está con él38 y veni-

    mos a adorarlo39.

    Pero también, cualquiera que esté versado en doctrinas

    de este género, viendo que Dios estaba en Cristo reconci-

    liando el mundo consigo40 y admirando la grandeza de sus

    obras, debe decir: Hemos visto claramente que el Señor está

    contigo y hemos dicho: Ea, haya un juramento entre noso-

    tros41. Pues el que accede a la Ley de Dios dice necesaria-

    mente: He jurado y decidido guardar sus mandamientos42.

    El banquete de Isaac

    4. Pero ¿qué piden ellos? No nos hagas mal, dicen, sino

    que, como nosotros no te hemos maldecido, así tampoco tú nos maldigas, oh bendito del Señor43. Me parece que con estas palabras piden expresamente el perdón de los pecados para no ser condenados. Piden una bendición, no una retribución.

    Finalmente, considera lo que sigue. Dice la Escritura: Isaac les dio un gran banquete, y comieron y bebieron44.• Pues es cierto que el que sirve la palabra es deudor de los sabios y de los ignorantes45. Luego porque éste ofrece un banquete a los sabios, por eso se dice que dio no un pequeño, sino un gran banquete.

    También tú, si no eres todavía pequeño y no estás necesitado de leche, sino que muestras sentimientos probados46 y, después de mucha instrucción, te has hecho más capaz de comprender la palabra de Dios, tienes a tu disposición un gran banquete. No se te prepararán legumbres47, la comida de los débiles, ni se te alimentará con la leche con que se nutren los pequeños, sino que el ministro de la palabra te dará un gran banquete. Te hablará de la sabiduría que se predica entre los perfectos; te predicará la sabiduría de Dios, escondida en el misterio, que ninguno de los príncipes de este mundo ha conocido48; te revelará a Cristo como aquel en el que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría49.

    Prepara, pues, para ti un gran banquete y él mismo come contigo, a no ser que te encuentre tal que tenga que decirte: 7Vo pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo50.

    El banquete de los Corintios

    Esto les dice a los Corintios, a quienes también añade: Pues mientras haya entre vosotros envidias y discordias, ¿ no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?51. Para estos Pablo no hizo un gran banquete, hasta el punto de que, estando entre ellos y padeciendo necesidad, no fue carga para nadie ni comió gratis el pan de ninguno, sino que ganó para sí y para todos los que con él estaban, trabajando con sus manos día y noche52. Tan lejos estaban los Corintios de que se les diera un gran banquete, que el predicador de la palabra de Dios no pudo tener con ellos ni siquiera el más pequeño convite53.

    Pero, para los que saben escuchar más perfectamente, para los que presentan un espíritu formado y ejercitado54 en la escucha de la palabra de Dios, hay un gran banquete, Isaac come con ellos, y no sólo come, sino que se levanta y les promete con juramento la paz para el futuro55.

    El festín de la Sabiduría

    Oremos, por tanto, también nosotros para que podamos acceder a la escucha de la palabra de Dios con tal ánimo, con tal fe, que se digne preparar para nosotros un gran banquete. En efecto, la Sabiduría ha degollado sus víctimas, ha mezclado su vino en la copa y ha mandado a sus criados56 para llevar a su banquete a cuantos encuentren.

    Es suficiente que nosotros, una vez admitidos al festín de la Sabiduría, no nos pongamos de nuevo los vestidos de la necedad, sino que, despojados del hábito de la infidelidad y limpios de las manchas de los pecados, abracemos en la simplicidad y pureza de corazón la palabra y nos pongamos al servicio de la divina Sabiduría, que es Jesucristo, nuestro Señor, al cual la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén57.

    Nota