Homilías sobre el Génesis
Homilía X
Rebeca
Rebeca sale a coger agua y el siervo de Abraham se la encuentra
Reproche a los oyentes poco asiduos
1. Isaac, dice la Escritura, crecía1 y se fortalecía; es decir, crecía «la alegría»2 para Abraham, que consideraba no las cosas visibles, sino las invisibles3. Abraham, en efecto, no se alegraba con las cosas presentes, ni con las riquezas del mundo ni los eventos del siglo. ¿Quieres saber con qué se alegraba Abraham? Oye al Señor, que dice: Abraham, vuestro padre, deseó ver mi día, lo vio y se alegró4. Luego aquello por lo que crecía Isaac5 y aumentaba la alegría de Abraham era esa visión en la que veía el día de Cristo y la esperanza puesta en él. ¡Y ojalá que también vosotros os convirtierais en Isaac y fueseis la alegría de vuestra madre, la Iglesia!
Pero me temo que la Iglesia engendre todavía hijos en la tristeza y en el llanto. ¿O es que ella no se entristece y aflige cuando no os reunís para escuchar la palabra de Dios y apenas si os acercáis a la iglesia en los días de fiesta, y esto no tanto por el deseo de la palabra cuanto por disfrutar de la solemnidad y obtener en cierto modo la pública remisión de los pecados6?
Así pues, ¿qué debo hacer yo, a quien se le confió el ministerio de la palabra; yo, que, aun siendo siervo inútil7, recibí del Señor el encargo de distribuir su ración de comida a la familia del Señor8? Pero presta atención al final de la frase: Ración de alimento, dice, para distribuir en el tiempo oportuno9. Luego ¿qué debo hacer? ¿Dónde y cuándo encontraré el tiempo que os conviene a vosotros? La mayor parte del mismo, más aún, casi todo, lo empleáis en ocupaciones mundanas; una parte lo consumís en el foro, la otra en los negocios; uno [tiene tiempo] para el campo; otro, para los procesos; y ninguno o muy pocos tienen tiempo para escuchar la palabra de Dios.
Pero ¿por qué os culpo de vuestras ocupaciones? ¿Por qué me lamento de los ausentes? Tampoco vosotros, los presentes, que estáis ya en la iglesia, prestáis la debida atención, sino que soléis dedicaros a charlar de cosas banales, volviendo la espalda a la palabra de Dios y a las lecturas divinas10. Temo que también a vosotros el Señor os diga lo que dijo por medio del Profeta: Me volvieron la espalda y no la cara11.
¿Qué, pues, debo hacer yo, a quien se le confió el ministerio de la palabra?
Los misterios de la alegoría
Las cosas que acaban de leerse son místicas; por eso deben ser explicadas mediante los misterios de la alegoría12. Pero ¿puedo acaso yo hacer penetrar en oídos sordos y mal dispuestos las perlas13 de la palabra de Dios? El Apóstol no obró así. Considera, pues, lo que dice: Vosotros que leéis la Ley, no escucháis la Ley. Abraham, en efecto, tuvo dos hijos, y lo demás14; a esto añade: Estas cosas tienen un sentido alegórico15. ¿Ha desvelado los misterios de la Ley a quienes no leen ni escuchan la Ley? Él, a los que leían la Ley, llegaba a decirles: No escucháis la Ley16. ¿Cómo, pues, podré desvelar los misterios de la Ley y las alegorías, que nos ha enseñado el Apóstol, a quienes no quieren escuchar ni leer la Ley?
Os pareceré quizá demasiado rígido, pero no puedo recubrir [de argamasa] un muro que se derrumba17; porque yo tengo miedo de lo que está escrito: Pueblo mío, los que os beatifican os seducen y destruyen las rutas de vuestras sendas18; os amonesto como a hijos muy queridos19.
Me admiro de que aún no hayáis conocido el camino de Cristo, ni hayáis oído decir que no es ancho y espacioso, sino estrecho y angosto es el camino que conduce a la vida; vosotros, pues, entrad por la puerta estrecha20 y dejad la anchura para los que se pierden. La noche está avanzada y el día se acerca21, andad como hijos de la luz22. El tiempo es corto; queda que los que poseen23 vivan como si no poseyeran, y los que usan de este mundo como si no usaran de él24.
El Apóstol manda que se ore sin interrupción25. Vosotros, que no os juntáis para la oración, ¿cómo vais a cumplir sin interrupción lo que continuamente dejáis de hacer? Pero también el Señor manda: Velad y orad, para que no caigáis en tentación26. Si los que velan y oran y no cesan de aplicarse a la palabra de Dios no escapan a la tentación, ¿qué sucederá con los que vienen a la iglesia sólo en los días solemnes? Si el justo se salva a duras penas, ¿en qué pararán el impío y el pecador?27.
Lamento tener que decir algo de lo que se ha leído; pero también el Apóstol dice, a propósito de textos semejantes, que no pueden explicarse con palabras, porque os habéis hecho tardos de entendimiento28.
Rebeca y los pozos de las Escrituras
2. Pero examinemos lo que acaba de leerse: Rebeca venía con las hijas de la ciudad a sacar agua del pozo29.
Todos los días Rebeca venía a los pozos, todos los días sacaba agua. Y porque todos los días iba a los pozos, por eso pudo ser encontrada por el siervo de Abraham y pudo casarse con Isaac.
¿Piensas que se trata de fábulas y que el Espíritu Santo se dedica a contar historias en las Escrituras30? Estas narraciones son una instrucción para las almas y una doctrina espiritual que te instruye y te enseña a venir diariamente a los pozos de las Escrituras31, a las aguas del Espíritu Santo, y a sacar constantemente agua, llevando a casa el recipiente lleno, tal como hacía la santa Rebeca. Esta no hubiese podido unirse en matrimonio a un patriarca tan grande como Isaac, que había nacido de la promesa32, si no hubiese sacado esta agua, y en tal cantidad que pudiese dar de beber no sólo a los de la casa, sino también al siervo de Abraham, y no sólo al siervo, sino hasta tener tal abundancia de agua sacada de los pozos que pudiese abrevar a los mismos camellos, hasta que, dice la Escritura, acabaron de beber33.
El matrimonio de Rebeca
Todas las cosas que han sido escritas son misterios34. Cristo quiere desposarte con él también a ti; a ti, en efecto, te habla por medio del profeta que dice: Yo te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en fidelicad y en misericordia, y tú conocerás al Señor35. Luego porque quiere desposarte con él, te envía por delante a este siervo, que es la palabra de los profetas. Si antes no acoges esta palabra, no podrás unirte en matrimonio con Cristo36.
Pero debes saber que nadie acoge la palabra profética sin ejercicio y sin conocimiento; la acoge el que sabe sacar agua de lo profundo del pozo y el que sabe sacarla en tal cantidad que basta incluso para dar de beber a los que parecen irracionales y perversos -de ellos son figura los camellos37-, hasta poder decir él mismo: Soy deudor de los sabios y de los ignorantes38.
Abreviando, el siervo de Abraham se había dicho a sí mismo: Aquélla de entre las vírgenes que venga a sacar agua, aquélla que me diga: «Bebe tú, y daré agua también a tus camellos», ésa será la esposa de mi señor39. Así pues, Rebeca, que significa «paciencia», cuando vio al siervo y consideró la palabra de los profetas, depuso la hidria de su hombro40. Depone, en efecto, la arrogancia de la elocuencia griega e, inclinándose al humilde y simpie lenguaje profético, dice: Bebe tú, y daré agua también a tus camellos41.
Cristo, el agua viva, pide de beber
3. Pero tal vez me digas: Si el siervo es figura de la palabra profética, ¿cómo es que Rebeca le da de beber cuando debería ser él el que le diese de beber a ella?
Mira a ver no suceda quizá como con el Señor Jesús: que, aunque él es el pan de vida42 y nutre las almas hambrientas, confiesa, por otro lado, tener hambre, cuando dice:
Tuve hambre y me disteis de comer43; y todavía, aunque él es el agua viva44 y da de beber a todos los que tienen sed, sin embargo, él mismo dice a la Samaritana: Dame de beber45; así también la palabra profética, aun siendo ella la que da de beber a los sedientos, no obstante se dice que es dada de beber por ellos cuando es objeto de los ejercicios ascéticos y de las atenciones de los [cristianos] celosos.
Por tanto, un alma de este tipo, que lo hace todo con paciencia y que está tan dispuesta y sostenida por una enseñanza tan grande -enseñanza que suele sacar de las profundidades de las aguas de la ciencia-, puede unirse en matrimonio con Cristo.
Por eso, si no vienes todos los días a los pozos, si no sacas agua diariamente, no sólo no podrás dar de beber a los demás, sino que tú mismo padecerás la sed de la palabra de Dios46. Oye también al Señor que dice en los Evangelios: El que tenga sed, que venga y beba47. Pero me parece que tú no tienes hambre y sed de justicia48; ¿cómo podrás decir entonces: Como el ciervo suspira por las fuentes de agua, así mi alma suspira por ti, oh Dios. Mi alma tiene sed del Dios vivo; cuándo vendré y compareceré en su presencia49?
Nuevos reproches a los indiferentes
Os ruego que seáis asiduos en la escucha de la palabra y que tengáis paciencia mientras amonestamos un poco a los negligentes y perezosos. Tened paciencia, porque nuestro sermón versa sobre Rebeca, es decir, sobre la paciencia.
Es necesario castigar un poco con la paciencia a los que descuidan la reunión y evitan escuchar la palabra de Dios, a los que no desean el pan de vida50 ni el agua viva51, a los que no salen de los campamentos52 ni proceden desde sus casas de barro para recoger el maná53, a los que no vienen a la piedra para beber de la piedra espiritual. La piedra, en efecto, es Cristo54, como dice el Apóstol. Tened un poco de paciencia, os digo; pues nuestro discurso se dirige a los negligentes y a los enfermos; porque no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos55.
Decidme vosotros, que venís a la iglesia sólo los días fes-
tivos: ¿es que los demás días no son festivos56? ¿Es que no
son días del Señor? Es propio de los judíos celebrar como
solemnes determinados y raros días; por eso les dice Dios:
No soporto vuestras neomenias, sábados y vuestro día gran-
de. Mi alma odia el ayuno, las ferias y vuestros días festi-
vos57. Dios, por tanto, odia a los que piensan que el día de
fiesta del Señor sea un solo día.
Los cristianos comen todos los días las carnes del corde-
ro, es decir, todos los días se alimentan de las carnes del Verbo.
Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado58*; y, puesto
que la ley de la Pascua prescribe que se coma a la caída de la
tarde59, por eso el Señor ha padecido en la tarde del mundo60, para que tú, que, hasta que llegue la mañana, estás siempre
en la tarde, comas sin cesar de las carnes del Verbo.
Y si en el curso de esta tarde te preparas y pasas la vida en
el llanto y en los ayunos61 y en cumplir toda obra de justicia,
también tú podrás decir: Por la tarde nos visitará el llanto, por la mañana el júbilo62. En efecto, podrás alegrarte por la mañaña, es decir, en el siglo futuro, si en el presente siglo recoges el fruto de la justicia63 en medio del llanto y del trabajo.
Venid, pues, y, mientras haya tiempo, bebamos del pozo de la visión, por donde Isaac pasea64 y en donde avanza junto a la ascesis.
Observa cuan grandes cosas acaecen junto a las aguas, para que también tú te sientas invitado a venir todos los días a las aguas del Verbo y a estar junto a sus pozos como hacía Rebeca, de la cual se dice: Era una joven muy bella, una virgen a la que ningún hombre había conocido65. Y ella, dice la Escritura, salió por la tarde a sacar agua66.
La virginidad de Rebeca
4. No en vano se escribió esto de ella. Pero algo me mueve a preguntarme qué significa lo que aquí se dice: Era una joven, una virgen a la que ningún hombre había conocido67, como si una virgen pudiese ser otra cosa que una mujer a la que no ha tocado hombre alguno. ¿Qué significa, por tanto, en relación con una virgen, el añadido: que ningún hombre había conocido} ¿Hay acaso alguna virgen a la que un hombre haya tocado?
He dicho ya muchas veces68 que en estos textos no se narran historias cualesquiera, sino que se entretejen misterios. Yo pienso que en este caso se indica algo semejante. Como Cristo es llamado esposo del alma, y ésta se une a él cuando viene a la fe, así es contrario a él el hombre al que desposa el alma cuando ésta se vuelve a la incredulidad; tales precisamente el llamado hombre enemigo en el pasaje en que siembra la cizaña en medio del trigo69. Luego no basta al alma la castidad corporal; es preciso también que este pésimo marido no la conozca. Porque puede suceder que uno sea corporalmente virgen y que, conociendo a este pésimo marido, el diablo, y acogiendo en su corazón los dardos de la concupiscencia venidos de él, pierda la castidad del alma. Concluyendo, porque Rebeca era una virgen santa en el cuerpo y en el espíritu70, por eso la Escritura duplica su alabanza71 y dice: Era virgen, ningún hombre la había conocido72.
Las joyas de Rebeca
Vino, pues, a las aguas por la tarde73. De la tarde ya hablamos más arriba. Considera ahora la prudencia del siervo: no quiere tomar como esposa para su señor Isaac más que a una virgen hallada digna y de rostro hermoso, y no sólo virgen, sino que ningún hombre haya conocido, y únicamente a aquella que encuentre sacando agua; a ninguna otra quiere desposar con su señor.
Si no es tal, no le entrega ornamentos, ni pendientes, ni brazaletes74, y ella habría permanecido sin componer, sin cuidar, desaliñada. ¿Tenemos que pensar que un hombre rico como el padre de Rebeca no tenía brazaletes y pendientes que dar a su hija? ¿Era tan grande su negligencia o su avaricia como para no poder dar a su hija con qué adornarse? Pero Rebeca no quiere embellecerse con el oro de Betuel: no le convienen los adornos de un hombre bárbaro e ignorante; busca las joyas en la casa de Abraham, porque la paciencia encuentra sus ornamentos en la casa del sabio75.
Por consiguiente, las orejas de Rebeca no habrían podido recibir su ornato, si no hubiese venido el siervo de Abraham para adornarlas él mismo; y sus manos no reciben otros adornos que los que ha enviado Isaac. En efecto, ella quiere recibir en sus oídos palabras de oro y tener en sus manos acciones de oro; pero no habría podido obtener ni merecer estas cosas si antes no hubiese venido a los pozos a sacar agua. Tú, que no quieres venir a las aguas, que no quieres recibir en tus oídos las palabras de oro de los profetas, ¿cómo vas a poder estar equipado con la belleza de la doctrina, de las obras y de las costumbres?
El pozo como lugar de elección para las bodas místicas
5. Pero hagamos caso omiso de otras muchas cosas, pues ahora no es momento de hacer comentarios, sino de edificar la Iglesia de Dios y de remover a los oyentes más perezosos e indolentes con los ejemplos de los santos y las explicaciones místicas. Rebeca, siguiendo al siervo, llegó hasta Isaac; así también la Iglesia, siguiendo la palabra de los profetas, llega a Cristo. ¿Y dónde lo encontró? Junto al pozo del juramento, mientras paseaba76.
Nunca se aleja de los pozos, nunca se aparta de las aguas. Rebeca es hallada junto a un pozo77, y junto a un pozo encuentra a Isaac; allí contempla por primera vez su rostro; allí baja del camello78, allí ve a Isaac mientras el siervo se lo presenta79. ¿Crees que sólo aquí se hace mención de los pozos? También Jacob se acerca a un pozo y allí encuentra a Raquel y ésta se le aparece [como una mujer] de bella presencia y de buen ver80. El mismo Moisés encuentra a Séfora, hija de Raquel, junto a un pozo81. ¿No te sientes aún movido a entender que estas cosas se dicen espiritualmente? ¿O piensas tal vez que el que los patriarcas vengan a los pozos y sus bodas se decidan junto a las aguas son cosas que suceden siempre por casualidad? El que entiende así estos relatos es un hombre animal y no capta las cosas que son del Espíritu de Dios82. Pero el que quiera, permanezca en este estado, manténgase animal83; yo, siguiendo al Apóstol Pablo, digo que estas cosas tienen sentido alegórico84 y digo también que las bodas de los santos son la unión del alma con el Verbo de Dios85, pues el que se une al Señor es un solo espíritu86. Y esta unión del alma con el Verbo es seguro que no puede realizarse de otra manera que por la instrucción de los libros divinos, que figurativamente reciben el nombre de pozos. Si uno viene a estos pozos y saca agua de ellos, es decir, si por medio de la meditación saca de ellos un sentido y una inteligencia más profundos, encontrará bodas dignas de Dios; pues su alma se une a Dios87.
Rebeca baja también de los camellos88, es decir, se aparta de los vicios, renuncia a los sentimientos irracionales y se une a Isaac; conviene, en efecto, que Isaac pase de virtud en virtud89. El hijo de la virtud, que es Sara, se une y se desposa ahora con la paciencia, que es Rebeca; y esto es pasar de virtud en virtud y de fe en fe90.
Pero vengamos a los Evangelios. Veamos dónde busca reposo el Señor mismo, cuando se encuentra fatigado del camino. Llegó a un pozo, dice la Escritura, y estaba sentado sobre él91. ¿Ves cómo por todas partes concuerdan los misterios entre sí? ¿Ves cómo armonizan las figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento?92. Allí se acude a los pozos y a las aguas para encontrar esposas; aquí, la Iglesia se une a Cristo en el lavado del agua93.
¡Observa qué gran cúmulo de misterios nos apremia! ¡Es tal la cantidad de los que se nos presentan, que no podemos explicarlos todos! Esto al menos te debe incitar a escuchar y a venir a las reuniones, de modo que, aunque nosotros, por razón de brevedad, dejemos a un lado algunos de ellos, tú, al releer e investigar en las Escrituras, puedas averiguar y descubrir por ti mismo estos misterios, o por lo menos perseveres en el examen de los mismos, para que el Verbo de Dios, encontrándote junto al agua, te acoja y te una a él. Así, podrás ser con él un solo espíritu94 en Cristo Jesús, nuestro Señor, al cual la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén95.