Pestañas abiertas

1 abierta

    Homilías sobre el Génesis

    Homilía V

    Lot y sus hijas

    La hospitalidad de Lot

    1. Los ángeles, enviados para la destrucción de Sodoma, deseando llevar a cumplimiento la misión encomendada, se cuidan primero de Lot, su huésped, para substraerlo, en consideración de su hospitalidad, a la destrucción del fuego inminente.

    Oid esto, los que cerráis las puertas a los peregrinos; oid esto, los que evitáis al huésped como a un enemigo.

    Lot vivía en Sodoma. En la Escritura no leemos ninguna otra buena acción suya; de él sólo se recuerda la hospitalidad habitualmente practicada; escapa a las llamas, escapa al incendio por el solo hecho de haber abierto su casa a los huéspedes. Los ángeles entraron en la casa hospitalaria; el fuego entró en las casas cerradas a los huéspedes.

    Veamos, pues, qué dicen los ángeles a su huésped a cambio de sus oficios de hospitalidad. Pon a salvo tu vida -dice— en el monte, no vayas a ser apresado1. Ciertamente, Lot era hospitalario, puesto que, según el testimonio de la Escritura, escapó a la muerte por haber hospedado a los ángeles; pero no era tan perfecto como para poder subir al monte inmediatamente después de haber salido de Sodoma; pues es propio de los perfectos decir: He levantado mis ojos a los montes, de donde me vendrá el auxilio2. El, por tanto, no era tal que tuviese que perecer entre los sodomitas, ni era tan grande que pudiese habitar con Abraham en lugares más elevados. Si hubiese sido tal, Abraham no le habría dicho nunca: Si tu vas a la derecha, yo iré a la izquierda, y si tu vas a la izquierda, yo iré a la derecha3, y no le habrían complacido las moradas de los sodomitas. Ocupaba, por consiguiente, un lugar intermedio entre los perfectos y los perdidos.

    Y sabiendo que no tenía fuerzas para subir al monte, se excusa respetuosa y humildemente diciendo: No puedo ponerme a salvo en el monte, pero he aquí que esta ciudad es pequeña; me salvaré aquí, y no es pequeña4. Y entrando en Segor5, ciudad pequeña, allí se salva.

    Después de esto, sube al monte con sus hijas6, ya que desde Sodoma no podía subir al monte, aunque se haya escrito de la tierra de Sodoma que, antes de su destrucción, en el tiempo en que Lot la eligió como lugar para habitar, era como el paraíso de Dios y como la tierra de Egipto7.

    Sin embargo, por hacer una pequeña disgresión, ¿qué proximidad cabe encontrar entre el paraíso de Dios y la tierra de Egipto, para que Sodoma sea comparada indistintamente a ellos? Yo pienso así: antes de que Sodoma pecase, cuando todavía guardaba la pureza de una vida irreprensible, era como el paraíso de Dios; pero cuando empezó a desfigurarse y a oscurecerse con las manchas de los pecados, se hizo como la tierra de Egipto.

    Pero nosotros nos preguntamos también otra cosa, ya que el profeta dice: Tu hermana Sodoma será devuelta a su antiguo estado8; nos preguntamos si este restablecimiento comporta que sea como el paraíso de Dios o sólo como la tierra de Egipto. Yo, por mi parte, dudo de que los pecados de Sodoma hayan podido ser volatilizados hasta tal punto y sus crímenes purificados tan completamente que su restablecimiento pueda compararse no sólo a la tierra de Egipto, sino también al paraíso de Dios. Sin embargo, los que quieren confirmar esta interpretación nos presionarán tomando como base ante todo esa palabra que aparece añadida a esta promesa; porque la Escritura no dijo solamente que Sodoma será restablecida, y basta, sino que Sodoma será restablecida en su antiguo estado9; y asegurarán que su antiguo estado no fue como la tierra de Egipto, sino como el paraíso de Dios10.

    La mujer de Lot

    2. Pero volvamos a Lot que, huyendo de la destrucción de Sodoma con su mujer y sus hijas y habiendo recibido de los ángeles el mandato de no mirar hacia atrás11, se dirigía hacia Segor. Sin embargo, su mujer se olvidó del precepto: mira hacia atrás, violando la ley impuesta, y se convierte en estatua de sal12.

    ¿Pensamos que con esto cometía una falta tan grande que, por haber mirado hacia atrás, la mujer incurría en la muerte, a la que parecía escapar por favor divino? ¿Qué delito tan grave hubo en el mirar atrás de la mente angustiada de esa mujer aterrada por un fantástico crepitar de llamas?

    Pero, puesto que la Ley es espiritual13 y lo que acaecía a los antiguos acaecía en figura14, veamos si tal vez Lot, que no miró hacia atrás, no represente al sentido racional y al alma viril, y su mujer no sea aquí figura de la carne15. Pues la carne, que mira siempre a los vicios, es la que torna con su vista hacia atrás, a la búsqueda de los placeres, mientras el alma tiende a la salvación16.

    Por eso, también el Señor decía: Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios17. Y añade: Acordaos de la mujer de Lot18. Lo de que se transforma en estatua de sal parece expuesto para indicar su falta de sabiduría. La sal significa, en efecto, la prudencia que le faltó.

    Lot, por tanto, se dirige a Segor y allí, recuperadas un poco las fuerzas que no pudo tener en Sodoma, subió al monte, donde vivió, como dice la Escritura, él y sus dos hijas con él19.

    La falta de Lot: la, embriaguez

    3. Después de esto viene el famosísimo relato en el que se cuenta que sus hijas, con astucia, lograron yacer con su padre20. Yo no sé si en tal suceso se puede excusar a Lot hasta el punto de hacerlo inmune al pecado; pero considero que tampoco se le debe acusar tanto que se le haga reo de tan grave incesto; pues no encuentro que él haya puesto acechanzas o haya arrebatado con violencia la pureza de sus hijas, sino más bien que ha caído en una emboscada y se ha visto envuelto en una hábil estratagema. Con todo, lo vuelvo a repetir, no habría sido engañado por las hijas si hubiese podido mantenerse sobrio. De ahí que me parezca en parte excusable y en parte culpable. Se le puede, en efecto, excusar, porque está libre de la culpa de la concupiscencia y de la sensualidad y porque no se le acusa de haberlo querido ni de haber consentido a las que lo querían; pero es culpable porque se dejó engañar, abandonándose en exceso al vino, y esto no una sola vez, sino más de una vez21.

    Me parece que la misma Escritura en cierto modo lo justifica cuando dice: Pues no sabía cuándo dormía con ellas y cuándo se levantaba22. No dice esto de las hijas, que engañan a su padre con astucia y habilidad. El, sin embargo, está de tal manera inmerso en el sopor del vino que no sabe que ha dormido con la hija mayor ni con la menor.

    Oid lo que hace la embriaguez; oid qué impías acciones procura la ebriedad; escuchad y estad en guardia, vosotros, los que no consideráis este mal un delito, sino un hábito. La embriaguez engaña al que no engaña Sodoma. Es abrasado por las llamas de las mujeres aquel al que no quemó la llama de azufre.

    Luego Lot había sido engañado por la astucia, no por la voluntad. Por eso ocupa una posición intermedia entre los pecadores y los justos, como el que ha salido de Abraham por el parentesco, pero ha vivido en Sodoma. El hecho mismo de haber escapado de Sodoma, como indica la Escritura, se debe más al honor de Abraham que al mérito de Lot. Pues dice así: Y sucedió que, cuando Dios destruyó las ciudades de los sodomitas, Dios se acordó de Abraham e hizo salir a Lot de aquella tierra23.

    La falta de las hijas de Lot: ¿la lujuria?

    4. Pero yo pienso también que hay que examinar con mayor detenimiento la intención de sus hijas, no sea que no merezcan recibir una acusación tan grave como se imagina. En efecto, la Escritura refiere que se dijeron la una a la otra: Nuestro padre es viejo y no hay nadie sobre la tierra que venga a nosotras, como se hace en todo el mundo. Ven y demos de beber vino a nuestro padre, y acostémonos con él y engendremos descendencia de nuestro padre24*.

    Por lo que respecta a las cosas que de ellas dice la Escritura, en cierto modo parece justificarlas también a ellas. Al parecer, las hijas de Lot habían aprendido ciertas cosas sobre el fin del mundo, que era inminente mediante el fuego; pero, como niñas que eran, no lo habían aprendido íntegra y perfectamente. Ignoraban que, aunque el país de Sodoma había sido devastado por el fuego, aún quedaba en el mundo mucho espacio intacto. Oyeron decir que al fin del mundo la tierra y todos los elementos habían de ser quemados por el ardor del fuego25. Veían el fuego, veían las llamas de azufre, veían todas las cosas devastadas; veían también que su madre no se había salvado; sospecharon que había sucedido algo semejante a lo que habían oído decir que sucedió en tiempos de Noé, y que sólo ellas y su padre habían sobrevivido para regenerar la posteridad de los mortales.

    Conciben, pues, el deseo de restaurar el género humano y entienden que deben dar principio desde sí mismas a la restauración del mundo; y, aunque considerasen gran delito obtener con engaño el concúbito del padre, les parecía mayor impiedad aún destruir, como pensaban, la esperanza de la posteridad humana por conservar la castidad.

    Por tal motivo toman, pues, una decisión en la que, a mi juicio, hay tanta menos culpabilidad cuanto mayor es el peso de la esperanza y las motivaciones que les asisten26. Ellas suavizan y disipan con vino la tristeza y la severidad del padre y, entrando una noche cada una, conciben de él, en su inconsciencia; pero no repiten, no lo buscan de nuevo. ¿Dónde se denuncia aquí la culpa de la lujuria, dónde el delito del incesto? ¿Cómo considerar vicio el acto que no se repite? Tengo miedo de expresar lo que siento; tengo miedo, digo, de que el incesto de aquéllas sea más casto que la pureza de muchas. Examínense las mujeres casadas y vean si se acuestan con sus maridos sólo para tener hijos y si dejan de hacerlo después de la concepción27. Pues éstas, que parecen reas de incesto, una vez que han concebido, no se acercan más a la unión marital. Sin embargo, hay mujeres -no las metemos a todas en el mismo saco, pero hay algunas- que como animales, sin ninguna discreción, se entregan incesantemente al placer. Yo no las compararía siquiera a las mudas reses; pues también las reses hembras, cuando han concebido, saben no conceder más a los machos la posesión de sí.

    A estos tales también les denuncia la Escritura divina, cuando dice: No seáis como el caballo y el mulo, que no tienen inteligencia28*; y todavía: Se han convertido en caballos sementales29.

    Pero vosotros, oh pueblo de Dios, que amáis a Cristo en la incorrupción30, entended el lenguaje del Apóstol, que dice: Ya comáis, ya bebáis, o cualquier otra cosa que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios31. La frase que sigue a comer y beber, o cualquier otra cosa que hagáis, indica con palabras discretas el comercio impúdico de la unión conyugal, mostrando que también esto se hace para gloria de Dios si se administra únicamente con vistas a la descendencia.

    Hemos expuesto, como hemos podido, sea lo concerniente a las culpas de Lot y de sus hijas, sea lo referido a sus atenuantes.

    Explicación alegórica

    5. Mas, por lo que concierne a la alegoría, sé que algunos han transferido a Lot a la persona del Señor y a sus hijas a los dos Testamentos. Pero dudo que pueda aceptar de buena gana esta interpretación el que sepa lo que la Escritura dice de los ammonitas y moabitas, que descienden de la estirpe de Lot. En efecto, ¿cómo se puede aplicar a Cristo que los que son engendrados de su linaje hasta la tercera y la cuarta generación32 no entrarán en la asamblea del Señor33?

    Lot, figura de la Ley

    Nosotros, por lo que nos es dado comprender, proponemos a Lot como figura de la Ley (y no parezca incongruente, porque si entre nosotros la palabra ley se declina en género femenino, en griego conserva el masculino34).

    Como mujer de éste proponemos a aquel pueblo que, salido de Egipto y liberado del Mar Rojo y de la persecución del Faraón como de las llamas de Sodoma, pero deseando de nuevo las carnes y los ajos de Egipto, y las cebollas y los pepinos35, se volvió con la vista hacia atrás y cayó en el desierto, convirtiéndose también él en un memorial de concupiscencia36 en el desierto. Allí, por tanto, la Ley perdió y abandonó a aquel primer pueblo como Lot perdió y abandonó a su mujer por mirar ésta hacia atrás. Desde allí Lot viene a vivir a Segor, de la cual dice: Esta ciudad es pequeña, y mi alma se salvará en ella, y no es pequeña37. Veamos, pues, qué significa, por lo que se refiere a la Ley, ciudad pequeña y no pequeña.

    Es llamada ciudad por el género de vida de muchos, dado que una ciudad unifica y engloba la vida de una muchedumbre38. En consecuencia, los que viven en la Ley tienen una manera de vivir pequeña e insignificante mientras entienden la Ley según la letra. Pues nada grande es observar carnalmente los sábados, las neomenias, la circuncisión de la carne y la distinción de los alimentos. Pero si uno empieza a entender espiritualmente, esas mismas observancias, que según la letra eran pequeñas e insignificantes, según el espíritu no serán pequeñas, sino grandes39.

    Las hijas de Lot, figura del pueblo carnal

    Después de esto, Lot sube al monte y allí habita en una cueva, como dice la Escritura, él y sus dos hijas40. También debe pensarse que la Ley subió, porque mediante el templo construido por Salomón se le añadió un ornamento, cuando pasó a ser casa de Dios, casa de oración41, pero sus malvados habitantes hicieron de ella una cueva de ladrones42. Lot y sus dos hijas habitaron, pues, en una cueva43. Sin ninguna duda, éstas son las dos hijas que el profeta describe cuando dice que Oola y Ooliba eran dos hermanas, y que Oola era Judá y Ooliba Samaría44. Luego el pueblo, dividido en dos partes, hizo dos hijas de la Ley. Estas, deseosas de propagar la progenie carnal y de fortificar las fuerzas del reino terrestre con una posteridad numerosa, adormeciendo al padre e induciéndole al sueño, es decir, recubriendo y ofuscando su sentido espiritual, no sacan de él más que la inteligencia de la carne. De ahí que conciban y engendren hijos tales que el padre ni considera, ni reconoce.

    No era éste, en efecto, el sentido o la voluntad de la Ley: engendrar de modo carnal; pero la Ley es adormecida para que sea engendrada una posteridad tal que no entre en la asamblea del Señor45. Pues los ammonitas y moabitas, dice la Escritura, no entrarán en la asamblea del Señor hasta la tercera y la cuarta generación y hasta el fin del siglo46, dando a entender que la generación carnal de la Ley no entra en la Iglesia de Cristo ni a la tercera generación -por la Trinidad-, ni a la cuarta -por los Evangelios-, ni hasta el fin del siglo -tal vez, después del siglo presente, cuando haya entrado la totalidad de los gentiles y así todo Israel se haya salvado47-.

    Hemos hecho emerger, como pudimos, estas cosas a propósito de Lot, de su mujer y de sus hijas conforme al sentido alegórico, no prejuzgando en absoluto a quienes en este punto puedan tener un pensamiento más profundo48.

    Exhortación a la vigilancia

    6. Por lo que respecta a nuestra interpretación moral, dada anteriormente49, en la que hacíamos de Lot el sentido racional y el alma viril y de su mujer, que volvió la vista atrás, la carne entregada a las concupiscencias y a los placeres, no la acojas con negligencia, tú que me escuchas. Debes, en efecto, estar atento no sea que, cuando hayas escapado de las llamas del mundo y del incendio de la carne y hayas superado a Segor, ciudad pequeña y no pequeña50, que representa un cierto medio y un cierto progreso para una ciudad, y hayas ascendido a la altura de la ciencia51 como a la cima de un monte, se te insinúen con acechanzas estas dos hijas que no se apartan de ti, sino que te acompañan incluso cuando subes al monte, a saber, la vanagloria y su hermana mayor, la soberbia.

    Cuida de que estas hijas no te estrechen en sus abrazos mientras, entre sueños y adormilado, te parece que no sientes y no entiendes. Por esto precisamente son llamadas hijas, porque no nos sobrevienen desde fuera, sino que proceden de nosotros mismos y de nuestros actos como formando cierta unidad integral. Vigila, pues, cuanto puedas y cuídate de no engendrar hijos de ellas, porque los que de ellas hayan nacido no entrarán en la Iglesia del Señor52. Y tú, si quieres engendrar, engendra en el espíritu, porque el que siembra en el espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna53. Si quieres abrazar, abraza la sabiduría y di que la sabiduría es tu hermana54*, para que también la Sabiduría diga de ti: El que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre55. Esta Sabiduría es Jesucristo, nuestro Señor, al cual la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén56.

    Nota