Pestañas abiertas

1 abierta

    Homilías sobre el Génesis

    Homilía XI

    Abraham desposa a Queturá. Estancia de Isaac junto al pozo de la visión

    La edad de Abraham en su segundo matrimonio

    1. El santo Apóstol nos proporciona continuamente ocasiones para descubrir el sentido espiritual y muestra a los [cristianos] celosos los signos, aunque poco numerosos, indispensables, para que se reconozca en todo que la Ley es espiritual1.

    Él, hablando en cierto lugar de Abraham y de Sara, dice: Sin vacilar en su fe, [Abraham] no consideró que su cuerpo estaba ya muerto2, puesto que tenía casi cien años, ni que el seno de Sara fuese estéril3. Es precisamente de este hombre de quien Pablo dice que estaba muerto en el cuerpo, dado que tenía cien años, y que había engendrado a Isaac más por la potencia de la fe que por la fecundidad de su cuerpo, de quien la Escritura refiere ahora que tomó una mujer de nombre Queturá y que engendró de ella muchos hijos cuando tenía alrededor de ciento treinta y siete años4. Está escrito, en efecto, que Sara, su mujer, tenía diez años menos que él5 y que murió a los ciento veintisiete años6. De aquí se deduce que Abraham tenía más de ciento treinta y siete años cuando tomó a Queturá por mujer.

    La sabiduría, esposa de Abraham

    ¿Qué, pues? ¿Pensamos que en tan gran patriarca perduraron durante todo este tiempo los estímulos de la carne? ¿Y del que se dijo que estaba ya muerto a los movimientos naturales, hay que considerarlo ahora redivivo a los atractivos de la carne? ¿O, como ya se ha dicho muchas veces, los matrimonios de los patriarcas están indicando algo místico y sagrado7, como lo indica el que decía de la sabiduría: Yo decidí tomarla por esposa8?

    Sin duda, Abraham ya entonces pensó algo semejante y, precisamente porque era sabio, sabía que no hay límites para la sabiduría y que ni siquiera la vejez pone término al aprendizaje. Pues el que ha tenido por hábito contraer matrimonio en el modo que hemos indicado más arriba, es decir, el que suele permanecer unido a la virtud, ¿cuándo puede cesar de un matrimonio de este tipo? Y la muerte de Sara hay que entenderla como la consumación de la virtud. Ahora bien, el que posee la virtud consumada y perfecta, debe dedicarse siempre a alguna doctrina; a esta doctrina llama su esposa la palabra divina.

    La descendencia espiritual

    Yo pienso que es por esto por lo que, en la Ley, el célibe y el estéril están sujetos a la maldición; dice, en efecto: Maldito el que no haya dejado descendencia en Israel9. Si estas palabras se consideran dichas de la descendencia carnal, todas las vírgenes de la Iglesia parecen puestas bajo la maldición. ¡ Y qué digo: las vírgenes de la Iglesia! El mismo Juan, mayor que el cual no hubo ninguno entre los nacidos de mujer10, y muchos otros santos, no dejaron descendencia según la carne, puesto que ni siquiera se dice de ellos que hayan estado casados11. Pero no hay duda de que dejaron una descendencia espiritual e hijos espirituales y de que todos ellos han tenido por esposa a la sabiduría; como el mismo Pablo, que engendraba hijos por medio del Evangelio12.

    Luego Abraham, ya viejo y con un cuerpo carente de vigor, tomó por mujer a Queturá. Yo pienso que, por el motivo anteriormente expuesto, es mejor casarse cuando el cuerpo está muerto, cuando están mortificados los miembros13; pues nuestros sentidos están más capacitados para recibir la sabiduría cuando llevamos la muerte de Cristo en nuestro cuerpo mortal14.

    El buen olor de Cristo

    Finalmente, Queturá, [la mujer] con la que el viejo Abra ham contrae ahora matrimonio, significa thymíama, es decir, incienso o buen olor. Pues también él decía como Pablo: Nosotros somos el buen olor de Cristo15.

    Pero veamos cómo se es buen olor de Cristo. El pecado es una realidad fétida16; por eso, los pecadores, que se revuelcan en los pecados como en un estiércol fétido, se com paran a los puercos17. Y David, en cuanto pecador arrepentido, dice: Mis heridas se infectaron y supuran18.

    2. Por tanto, si alguno de vosotros no lleva ya ningún olor de pecado, sino el olor de la justicia y la suavidad de la misericordia; si ofrece sin cesar al Señor el incienso de una plegaria ininterrumpida19 y dice: Que mi oración suba a ti como incienso en su presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde20, ése ha tomado por mujer a Queturá.

    La poligamia de los patriarcas

    Así pienso que se explican con mayor dignidad y decoro las bodas de los ancianos y las uniones de los patriarcas contraídas ya al final de sus vidas, en una edad vacilante; así se hace, a mi juicio, necesaria la enumeración de las generaciones de sus hijos. En efecto, para tales nupcias y para semejante prole son más aptos los viejos que los jóvenes; porque, cuanto más agotado está uno en la carne, tanto más robusto estará en la virtud del alma y tanto más apto para los abrazos de la sabiduría. Por eso, de un hombre justo como Elcaná se dice en las Escrituras que tenía dos mujeres al mismo tiempo21; una se llamaba Peninná y la otra Ana, es decir, la conversión y la gracia22. Y se dice que tuvo hijos, primero de Peninná, esto es, de la conversión, y después de Ana, que es la gracia.

    La Escritura, en efecto, describe simbólicamente los progresos de los santos mediante los matrimonios. De ahí que también tú, si quieres, puedas ser esposo en un matrimonio de este género; por ejemplo, si practicas voluntariamente la hospitalidad, parecerá que la has tomado por esposa; si a ésta añades el cuidado de los pobres, parecerá que has tomado una segunda mujer; y si unes a ti la paciencia, la mansedumbre y las demás virtudes, parecerá que has tomado tantas esposas cuantas virtudes goces.

    De aquí, por tanto, deriva que muchos patriarcas tuviesen simultáneamente varias mujeres. De otros, la Escritura recuerda que, habiendo muerto las primeras, han tomado otras por esposas23. Con ello se indica en figura que algunos son capaces de ejercitar muchas virtudes al mismo tiempo, mientras que otros no pueden dar inicio a las que siguen si antes no han llevado a perfección las primeras. Por esto se dice que Salomón, a quien el Señor había dicho: Sabio como tú no lo hubo antes de ti, ni lo habrá después de ti24, tuvo contemporáneamente muchas mujeres. Porque el Señor le había dado una prudencia tan abundante como la arena del mar25 para juzgar a su pueblo con sabiduría26, por eso podía practicar muchas virtudes al mismo tiempo.

    Las mujeres extranjeras, figura de las ciencias profanas

    Y si, más allá de las enseñanzas que proceden de la Ley de Dios, tocamos también algunas disciplinas que parecen venir del exterior, del siglo -como, por ejemplo, la literatura o la gramática, la geometría o la aritmética, o también la dialéctica-, y todas estas disciplinas, buscadas afuera, las reconducimos a nuestras enseñanzas y las asumimos para la defensa de nuestra ley, entonces parecerá que hemos tomado por mujeres a extranjeras o incluso a concubinas27. Y si, a propósito de estas uniones, podemos, mediante la disputa, la discusión y la refutación de los contradictores, convertir a algunos a la fe, y si, venciéndolos con sus propios métodos y artes, los inducimos a acoger la verdadera filosofía de Cristo y la verdadera piedad de Dios, entonces parecerá que hemos engendrado hijos de la dialéctica o de la retórica como de una extranjera o concubina28.

    Así pues, la vejez no excluye a nadie de contraer tales nupcias o de procrear tales hijos; muy al contrario, esta casta progenie conviene más a la edad madura29.

    Es así como ahora Abraham, avanzado en años y, como dice la Escritura, viejo y colmado de días30, toma a Queturá por mujer.

    Pero de los hechos referidos por la historia no debe escapársenos tampoco cuáles son y de qué género las generaciones surgidas de esta unión. Pues, si nos acordamos de éstas, podremos aprender más fácilmente lo que se dice en las Escrituras de los diversos pueblos. Por ejemplo, cuando se dice que Moisés tomó por mujer a la hija de Jetró, sacerdote de Madián31, se descubre que Madián es hijo de Queturá y de Abraham32; aprendemos, por tanto, que la mujer de Moisés era del linaje de Abraham y no una extranjera. Pero también, cuando la Escritura menciona a la reina de Cedar33, hay que saber igualmente que Cedar desciende de la misma estirpe de Queturá y de Abraham34. Asimismo, en las generaciones de Ismael encontrarás cosas semejantes. Y si examinas con diligencia estas generaciones, recogerás en ellas muchos datos históricos que permanecen escondidos a los demás. Nosotros, entretanto, dejando estas cosas para otro momento, aceleremos la marcha hacia lo que sigue.

    La muerte de Abraham

    3. Y sucedió, dice la Escritura, que, después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a su hijo Isaac y él se estableció junto al pozo de la visión35.

    Sobre la muerte de Abraham, ¿qué podemos añadir nosotros a lo dicho por el Señor en los Evangelios: Y acerca de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído cómo [la Escritura] dice en el pasaje de la zarza: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es Dios de muertos, sino de vivos. Pues todos viven para él36. Deseemos, por tanto, también nosotros una muerte de este género, para que, como dice el Apóstol, muramos al pecado y vivamos para Dios37. Así, en efecto, debe entenderse la muerte de Abraham: ella ha dilatado en tal medida su seno que todos los santos, que vienen de las cuatro partes de la tierra, son llevados por los ángeles al seno de Abraham38.

    El pozo de la visión

    Pero veamos ya cómo, después de su muerte, el Señor bendijo a su hijo Isaac y cuál es esta bendición.

    Dice la Escritura: El Señor bendijo a Isaac, y él habitó junto al pozo de la visión39. Esta fue la bendición con la que el Señor bendijo a Isaac: habitar junto al pozo de la visión. Para quienes lo entienden, esta bendición es grande. ¡Ojalá que el Señor me diese a mí también esta bendición: que yo mereciese habitar junto al pozo de la visiónl

    ¿Quién puede conocer y entender cuál es la visión que vio Isaías, hijo de Amos40? ¿Quién puede conocer cuál es la visión de Nahúm?41. ¿Quién puede entender el contenido de la visión que Jacob vio en Bethel, mientras se dirigía a Mesopotamia, cuando dijo: Esta es la casa de Dios y la puerta del cielo42? Pues bien, si alguno es capaz de conocer y entender cada una de las visiones, sea las que están en la Ley o en los profetas, ese habita junto al pozo de la visión.

    Pero considera más atentamente esto: Isaac mereció recibir una bendición tan grande que habitó junto al pozo de la visión. ¿Y nosotros: cuándo podremos merecer lo suficiente para poder pasar al menos por el pozo de la visión? Él mereció permanecer y habitar en la visión; nosotros, apenas si podemos captar o imaginar algo de cada visión, iluminados por la misericordia divina.

    Mas si puedo tener una cierta comprensión de las visiones de Dios, parecerá que he pasado un día junto al pozo de la visión; si puedo alcanzar algo no sólo según la letra, sino también según el espíritu, parecerá que he permanecido junto al pozo de la visión dos días; y si alcanzo además el sentido moral, habré pasado tres días43. En cualquier caso, y aun no pudiendo entenderlo todo, si acampo junto a las Escrituras divinas y medito día y noche en la ley de Dios44 y no desisto nunca de indagar, penetrar, examinar y, lo que es más valioso, de rogar a Dios y de pedir inteligencia a Aquel que enseña al hombre el saber45, parecerá que también yo habito junto al pozo de la visión46.

    Si, por el contrario, me dejo llevar por la negligencia y no me aplico a la palabra de Dios en casa ni voy a la iglesia con frecuencia para escuchar la palabra, como veo que hacen algunos de entre vosotros, que vienen a la iglesia sólo en las solemnidades, ciertamente esos tales no habitan junto al pozo de la visión. Me temo, además, que los que son de este modo negligentes, incluso en los días en que vienen a la iglesia, no beban del pozo de la vida ni reparen sus fuerzas, sino que se dediquen a los asuntos de su corazón y a los pensamientos que traen consigo y, por tanto, que se alejen de los pozos de la Escritura con la misma sed.

    Apresuraos, pues, y esforzaos cuanto sea necesario para que venga a vosotros esta bendición del Señor, mediante la cual podáis habitar junto al pozo de la visión, a fin de que el Señor abra vuestros ojos y veáis este pozo y toméis de él el agua viva47 que se convierta en vosotros en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna48.

    Pero si uno apenas viene a la iglesia y sólo en contadas ocasiones saca agua de las fuentes de las Escrituras, y si, alejándose en seguida y ocupándose de otros negocios, olvida lo que oye, éste no habita junto al pozo de la visión.

    ¿Quieres que te muestre quién es el que nunca se aparta del pozo de la visión? El apóstol Pablo, que decía: Mas nosotros todos, a rostro descubierto, contemplamos la gloria del Señor49. Luego tú también, si escrutas sin cesar las visiones de los profetas, si incesantemente buscas, si deseas aprender continuamente, si meditas estas cosas y permaneces en ellas, tú también recibes la bendición del Señor y habitas junto al pozo de la visión. Pues también a ti se te aparecerá el Señor Jesús a lo largo del camino y te revelará el sentido de las Escrituras, y entonces tú dirás: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las Escrituras?50. Él se aparece a los que piensan en él y en él meditan y se dedican a su ley día y noche51. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén52.

    Nota