Pestañas abiertas

1 abierta

    El Anticristo y los Últimos Tiempos

    Introducción

    Pocos temas generan tanta confusión y sensacionalismo como los “últimos tiempos”. Desde el siglo XVI, algunos reformadores identificaron al Papa con el Anticristo y a la Iglesia católica con la Babilonia del Apocalipsis. Lo hizo Lutero en 1537, y la Confesión de Westminster de los presbiterianos lo escribió en 1646, aunque varias Iglesias presbiterianas retiraron después esa frase.1 La acusación se sigue repitiendo en libros, videos y predicaciones.

    Para responderla hay que contestar tres preguntas: ¿qué dice realmente la Biblia sobre el Anticristo?, ¿se puede identificar al Papa con él? y ¿qué enseña la Escritura sobre el fin de los tiempos?

    I. Lo que dice Juan sobre el anticristo

    La palabra “anticristo” no aparece en el Apocalipsis. Aparece solo en las cartas de san Juan.

    «Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora.» — 1 Juan 2,18

    «¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.» — 1 Juan 2,22

    «Todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo.» — 1 Juan 4,2-3

    De estos textos se desprenden varias enseñanzas:

    • Ya hay muchos anticristos. En tiempos de Juan “han aparecido” muchos: el espíritu del anticristo actúa desde el principio.

    • Pero también “iba a venir un Anticristo”. Juan no niega que vendrá una figura final; dice que su espíritu ya está actuando.

    • El anticristo es quien niega a Cristo. Su señal es negar que Jesús es el Cristo, negar al Padre y al Hijo, y negar que Jesucristo vino en la carne.

    • Ya estamos en “la última hora”. La etapa final de la historia comenzó con la venida de Cristo.

    ¿Puede ser el Papa el anticristo según esta definición? Es imposible. El Papa confiesa en cada Misa que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios hecho carne, que murió y resucitó. Dice exactamente lo que el anticristo niega.2

    II. La prueba final y el “hombre impío”

    «Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.» — 2 Tesalonicenses 2,3-4

    Este es el texto más usado para identificar al Papa con el Anticristo: “se sienta en el Santuario de Dios”. Pero el texto describe a alguien que “se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios” y “proclama que él mismo es Dios”. El Papa hace todo lo contrario: adora a Dios, se arrodilla ante Él, predica su Evangelio y se llama a sí mismo “siervo de los siervos de Dios”. La descripción no encaja en ningún punto.

    «Porque el misterio de la impiedad ya está actuando.» — 2 Tesalonicenses 2,7

    Pablo enseña que el mal “ya está actuando”, pero que su manifestación final todavía no ha llegado. Así lo entendió la Iglesia: el Catecismo enseña que, antes de la venida de Cristo, la Iglesia pasará por una prueba final que sacudirá la fe de muchos. Será un gran engaño religioso: una falsa solución que ofrecerá a los hombres resolver sus problemas a costa de apartarse de la verdad, y en la que el hombre se glorificará a sí mismo en lugar de Dios.3

    El Anticristo no es, por tanto, quien adora a Cristo, sino quien ocupa su lugar: el que pone al hombre en el sitio de Dios. Los Padres de la Iglesia, como san Ireneo, san Cirilo de Jerusalén y san Agustín, esperaban una figura así al final de los tiempos, pero ninguno pensó en el obispo de Roma.

    III. La abominación de la desolación

    «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes.» — Mateo 24,15-16

    «Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación.» — Lucas 21,20

    La “abominación de la desolación” viene del libro de Daniel (Dn 9,27; 11,31). En su primer sentido, se refería a la profanación del Templo de Jerusalén por el rey Antíoco IV Epífanes, que en el año 167 a.C. puso un altar pagano sobre el altar de Dios (1 Mac 1,54). Jesús retoma esa imagen para anunciar la destrucción de Jerusalén, que ocurrió en el año 70 a manos de los romanos. Los cristianos de Jerusalén recordaron su advertencia y huyeron a tiempo a la ciudad de Pela.4

    El discurso de Jesús sobre el fin mezcla dos planos: la destrucción de Jerusalén, cercana, y el fin del mundo, que nadie sabe cuándo será. La caída de Jerusalén es como un anticipo y una imagen del juicio final. Muchas profecías bíblicas funcionan así: se cumplen en un acontecimiento de la historia y anuncian a la vez algo mayor.

    IV. La Bestia, el 666 y Babilonia

    «Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas.» — Apocalipsis 13,1

    El Apocalipsis se escribió hacia el año 95, durante la persecución del emperador Domiciano, que exigía ser llamado “Señor y Dios”. Las “siete cabezas” son “siete colinas” (Ap 17,9), y Roma era conocida como la ciudad de las siete colinas. Pero se trata de la Roma imperial y pagana, que obligaba a adorar al emperador y derramaba la sangre de los mártires.

    «¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.» — Apocalipsis 13,18

    En la antigüedad, las letras tenían también valor numérico. Muchos exégetas han señalado que el nombre “César Nerón”, escrito en letras hebreas, suma 666. Y algunos manuscritos antiguos traen la cifra 616, que es lo que suma el nombre en su forma latina. Esa coincidencia sugiere que los primeros lectores pensaban en Nerón, el primer gran perseguidor de los cristianos, el que hizo morir a Pedro y a Pablo. San Ireneo, en el siglo II, conocía las dos cifras y prefirió no ponerle nombre a la Bestia.5 En cualquier caso, el 666 no apunta a ningún papa.

    La “Gran Babilonia” del Apocalipsis, ebria de la sangre de los santos, es también la Roma imperial que perseguía a la Iglesia. Este punto se desarrolla en el tema “Los santos”.6 La Iglesia no derramó la sangre de los apóstoles: recogió sus restos, venera sus tumbas y guarda su memoria.

    V. El “rapto”

    Una idea muy difundida en algunos ámbitos evangélicos es el “rapto”: los creyentes serían llevados en secreto al cielo antes de una “gran tribulación” de siete años, después de la cual Cristo volvería para reinar mil años en la tierra.

    Esta idea la formuló en el siglo XIX John Nelson Darby, fundador de los Hermanos de Plymouth, y la popularizó la Biblia de Scofield (1909), que incluía notas con esta interpretación. Ningún Padre de la Iglesia, ningún teólogo medieval y ningún reformador del siglo XVI la enseñó.7

    «El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor.» — 1 Tesalonicenses 4,16-17

    Este texto no describe una venida secreta, sino todo lo contrario: con voz de arcángel y trompeta de Dios. La expresión “al encuentro” traduce la palabra griega apántesis, que designaba la costumbre de salir a recibir a un rey o a un emperador fuera de la ciudad para acompañarlo en su entrada. La misma palabra aparece en Hechos 28,15, cuando los cristianos de Roma salen “al encuentro” de Pablo y lo acompañan hasta la ciudad. Los creyentes no son sacados del mundo en secreto: salen al encuentro de Cristo, que viene en gloria, para acompañarlo.

    VI. El milenio

    «Luego vi unos tronos, y se sentaron en ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la Palabra de Dios… revivieron y reinaron con Cristo mil años.» — Apocalipsis 20,4

    El “milenarismo” es la creencia en un reino terreno de Cristo durante mil años literales antes del juicio final. Hay que reconocer que algunos escritores cristianos antiguos lo sostuvieron, como Papías, san Justino y san Ireneo. Pero no era la fe de toda la Iglesia, y fue san Agustín quien explicó la lectura que la Iglesia hizo suya: los “mil años” representan el tiempo de la Iglesia, entre la primera y la segunda venida de Cristo, en el que Cristo ya reina con sus santos.8

    Hay buenas razones para esta lectura. El Apocalipsis es un libro lleno de símbolos, donde los números tienen un sentido teológico más que aritmético: el 7 es plenitud, el 12 es el pueblo de Dios y el 1000 es un tiempo completo. Además, el reino de mil años aparece solo en este pasaje de toda la Biblia: ningún profeta ni ningún otro texto del Nuevo Testamento lo menciona. La Iglesia ha rechazado la idea de un reino glorioso y terreno de Cristo antes del fin, incluso en sus formas más moderadas.9

    VII. Lo que la Biblia sí enseña

    «Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre.» — Mateo 24,36

    Nadie puede calcular la fecha del fin. Todos los cálculos que se han hecho a lo largo de la historia han fallado, porque contradicen las palabras de Cristo.

    «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin.» — Mateo 24,14

    Lo que precede al fin es la misión de la Iglesia: anunciar el Evangelio a todos los pueblos.

    «Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.» — Hechos 1,11

    «A partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.» — Mateo 26,64

    Cristo volverá de manera visible y gloriosa. La visión de Daniel 7,13, el “Hijo del hombre que viene sobre las nubes”, se cumple en su Ascensión y en su venida al final de los tiempos.

    «¡Mirad! Os revelo un misterio: no todos moriremos, mas todos seremos transformados. En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final.» — 1 Corintios 15,51-52

    «El Día del Señor llegará como un ladrón… Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia.» — 2 Pedro 3,10.13

    «Y los muertos fueron juzgados según lo escrito en los libros, conforme a sus obras.» — Apocalipsis 20,12

    La Escritura enseña una sola venida gloriosa de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio final y unos cielos nuevos y una tierra nueva. Es una enseñanza sobria y clara, sin calendarios ni etapas secretas.10

    VIII. Los anticristos de hoy

    Si el anticristo es quien niega a Jesucristo, venido en carne, su espíritu se encuentra hoy en todo lo que niega quién es Cristo:

    • Las ideologías que niegan su divinidad.

    • Las corrientes que lo reducen a un simple maestro moral.

    • Las doctrinas que convierten la Encarnación en un símbolo.

    • El relativismo que lo presenta como un camino más entre muchos.

    «Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros.» — 1 Juan 2,19

    Para Juan, los anticristos no son un poder exterior: salen de dentro de la comunidad y la abandonan. El peligro del que advierte es la apostasía, apartarse de la fe en Cristo, y esa advertencia vale para todos los cristianos.

    Conclusión

    • El anticristo, según Juan, es quien niega que Jesús es el Cristo venido en carne. El Papa lo confiesa.

    • Ya hay muchos anticristos, y habrá una prueba final en la que el hombre querrá ocupar el lugar de Dios (CEC 675).

    • El “hombre impío” de Pablo se eleva contra todo lo que es Dios; el Papa adora a Dios.

    • La Bestia, el 666 y Babilonia apuntan a la Roma imperial que perseguía a los cristianos, no a la Iglesia que venera a los mártires.

    • El “rapto” secreto es una idea del siglo XIX, y 1 Tesalonicenses 4 describe una venida gloriosa y visible.

    • Los “mil años” del Apocalipsis representan el tiempo de la Iglesia, como enseñó san Agustín.

    • Cristo volverá de manera visible y gloriosa en un día que nadie conoce, y habrá una resurrección y un juicio final.

    No es lo mismo vivir esperando al Señor que vivir calculando fechas. La preparación que Cristo pide no consiste en identificar anticristos ni en descifrar números, sino en vivir en gracia, en amor y en fidelidad al Evangelio. “Estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre” (Mt 24,44). Por eso la Iglesia no vive el fin con miedo, sino con esperanza, y repite la última oración de la Biblia: “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20).


    Notas bibliográficas

    1 Martín Lutero, Artículos de Esmalcalda (1537), parte II, art. 4. Confesión de fe de Westminster (1646), cap. XXV, 6.

    2 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 675.

    3 CEC, n. 675-677. San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 25-30. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, XV. San Agustín, La Ciudad de Dios, XX, 19.

    4 Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, III, 5, 3.

    5 San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 30, 1-3.

    6 Véase el tema “Los santos”, sección “¿Es la Iglesia ‘Babilonia la grande’?”.

    7 John Nelson Darby (1800-1882). C. I. Scofield (ed.), The Scofield Reference Bible (Oxford, 1909).

    8 Papías, citado por Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, III, 39, 12. San Justino, Diálogo con Trifón, 80-81. San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 32-36. San Agustín, La Ciudad de Dios, XX, 7-9.

    9 CEC, n. 676. Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio, decreto sobre el milenarismo (19 de julio de 1944): H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 3839.

    10 Sobre la venida gloriosa de Cristo y el juicio final: CEC, n. 668-682 y 1038-1041. Sobre la imposibilidad de conocer la fecha: CEC, n. 673.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

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    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.