Pestañas abiertas

1 abierta

    ¿Son idólatras los católicos?

    Introducción

    Una de las acusaciones más frecuentes contra los católicos es esta: “Ustedes adoran ídolos. Tienen imágenes, se arrodillan ante ellas y las besan. Eso es idolatría.” La acusación tiene un problema de fondo: confunde venerar con adorar, y aplica una norma que la propia Biblia no sostiene. Para responder, hay que contestar tres preguntas:

    1. ¿Qué prohíbe exactamente la Biblia?

    2. ¿Prohíbe toda imagen religiosa?

    3. ¿Qué diferencia hay entre adorar y venerar?

    I. ¿Qué prohíbe la Biblia?

    «No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso.» — Éxodo 20,3-5

    El mandamiento empieza por “no habrá para ti otros dioses” y termina con “no te postrarás ante ellas ni les darás culto”. Lo que prohíbe es hacer imágenes para adorarlas como dioses. Pocos capítulos después, Israel hace exactamente eso: fabrica un becerro de oro y proclama “Este es tu dios, Israel, el que te ha sacado de la tierra de Egipto” (Éx 32,4). Eso es idolatría: dar a una cosa creada el culto que solo pertenece a Dios.1

    II. Dios mismo mandó hacer imágenes

    «Harás, además, dos querubines de oro macizo… Los querubines tendrán las alas extendidas hacia arriba, cubriendo con ellas el propiciatorio… Allí me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio, de entre los dos querubines… te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los israelitas.» — Éxodo 25,18.20.22

    El mismo Dios que dio el mandamiento ordena fabricar dos figuras de oro y ponerlas sobre el Arca de la Alianza, el objeto más sagrado de Israel. Y promete hablar con Moisés precisamente desde allí, “de entre los dos querubines”. Si toda imagen religiosa fuera idolatría, Dios se estaría contradiciendo.

    «Hizo en el Debir dos querubines de madera de olivo silvestre, de diez codos de altura… Esculpió todos los muros de la Casa, en derredor, con figuras de querubines, palmeras y flores abiertas, por dentro y por fuera.» — 1 Reyes 6,23.29

    El Templo de Jerusalén, la casa de Dios, estaba lleno de imágenes talladas: querubines de unos cinco metros de altura y figuras esculpidas en paredes y puertas. Y cuando Salomón lo consagró, la gloria de Dios llenó la Casa (1 Re 8,10-11).2

    «Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y este miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.» — Números 21,9

    Dios no solo permitió esta imagen: la mandó hacer como instrumento de salvación, y Jesús la interpretó como figura de su crucifixión (Jn 3,14).

    «Hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces los israelitas le quemaban incienso.» — 2 Reyes 18,4

    Siglos después, el pueblo empezó a ofrecerle incienso a esa misma serpiente como a un dios, y el rey Ezequías la destruyó. El objeto era el mismo; lo que cambió fue la intención. La Biblia no prohíbe las imágenes: prohíbe adorarlas.

    III. Dios se hizo visible

    «Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahvé os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea.» — Deuteronomio 4,15-16

    Este texto explica la razón de la prohibición: Israel no podía hacer una imagen de Dios porque “no vio figura alguna”. Dios era invisible, y cualquier imagen suya habría sido una invención humana.

    «Él es imagen de Dios invisible.» — Colosenses 1,15

    Pero en Jesucristo todo cambió. El Dios invisible se hizo visible: tiene rostro, manos y voz. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9). Ahora sí podemos representar a Dios, porque Él mismo se mostró en Cristo. San Juan Damasceno lo expresó así: no se puede representar al Dios invisible, pero sí al Dios que se hizo hombre y fue visto.3

    IV. Adorar y venerar no es lo mismo

    En el lenguaje de todos los días, “adorar” y “venerar” a veces se confunden, pero en la fe tienen significados distintos:

    A quién se dirige

    Qué significa

    Adoración (latría)

    Solo a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a Cristo presente en la Eucaristía

    Reconocerlo como Dios

    Hiperdulía

    A la Virgen María

    Honor especial por ser la Madre de Dios

    Dulía

    A los santos

    Honor a quienes viven con Dios

    Veneración relativa

    A las imágenes y reliquias

    Honor que no se queda en el objeto, sino que pasa a la persona representada

    San Basilio lo resumió en una frase que recogen el Concilio de Nicea II y el Catecismo: el honor que se da a una imagen pasa a quien está representado en ella.4 Honrar no es adorar. La misma Ley que manda “Al Señor tu Dios adorarás” manda también “Honra a tu padre y a tu madre” (Éx 20,12).

    «Y le dijo: “Todo esto te daré si postrándote me adoras.” Dícele entonces Jesús: “Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y solo a él darás culto.”» — Mateo 4,9-10

    La adoración es solo para Dios. Eso enseña Jesús, y eso enseña la Iglesia.

    «Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron.» — Mateo 2,11

    Los magos se postran en una casa donde están Jesús y María, pero adoran solo al Niño. Postrarse ante alguien en presencia de otros no significa adorar a todos. Quien se arrodilla ante un crucifijo en una iglesia hace lo mismo que los magos: adora a Cristo, no a la madera.

    V. Adorar en espíritu y en verdad

    «Pero llega la hora, ya estamos en ella, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.» — Juan 4,23-24

    Lo que define la adoración no es el gesto exterior, sino el corazón: ¿a quién se dirige? Un católico que besa una imagen de la Virgen no adora la madera ni la pintura. Expresa cariño hacia quien la imagen representa, como quien besa la fotografía de su madre fallecida: no adora el papel, ama a su madre.5

    VI. Las idolatrías que no se ven

    «Por tanto, mortificad vuestros miembros terrenos: fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría.» — Colosenses 3,5

    «Porque tened entendido que ningún fornicario o impuro o codicioso, que es ser idólatra, participará en la herencia del Reino de Cristo y de Dios.» — Efesios 5,5

    Pablo llama idolatría a la codicia y a los deseos desordenados que desplazan a Dios del centro de la vida. Quien vive para el dinero, el placer, el poder o la fama, o convierte a un líder o a un artista en objeto de devoción absoluta, practica una idolatría mucho más real que besar la imagen de un santo. Esta advertencia vale para todos, católicos y protestantes por igual.6

    «Y el pueblo se puso a gritar: “¡Es un dios el que habla, no un hombre!” Pero inmediatamente le hirió el Ángel del Señor porque no había dado la gloria a Dios; y convertido en pasto de gusanos, expiró.» — Hechos 12,22-23

    Herodes no muere por tener imágenes, sino por aceptar que lo aclamaran como dios. Ese es el verdadero pecado de idolatría: dar a una criatura la gloria que solo pertenece al Creador. Los católicos no dicen que María o los santos sean dioses: los honran como lo que son, criaturas que viven en la gloria de Dios.

    VII. Pablo contra los ídolos paganos

    «Si somos, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano.» — Hechos 17,29

    «Ese Pablo ha persuadido y apartado a una gran multitud… diciendo que no son dioses los que se fabrican con las manos.» — Hechos 19,26

    Pablo combatía el culto pagano, en el que las estatuas de Artemisa o de Zeus eran tratadas como dioses. Ese era el blanco de su crítica. Ningún católico afirma que una imagen de san Francisco sea Dios. No es lo mismo decir “esta estatua es mi dios”, como el pagano, que decir “esta imagen me recuerda a quien está con Dios”, como el católico.

    VIII. Lo que enseña la Iglesia

    El Catecismo enseña que el honor tributado a las imágenes es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que solo corresponde a Dios. El Concilio de Trento fue aún más explícito: las imágenes se veneran no porque se crea que hay en ellas alguna divinidad o poder, sino porque el honor se dirige a las personas que representan.7 San Gregorio Magno decía ya en el siglo VI que las imágenes son como libros para quienes no saben leer.

    La Iglesia también es honesta: si algún católico llegara a tratar una imagen como si tuviera poder mágico propio, eso sería superstición, y la Iglesia lo corrige.8 Por eso es tan importante conocer bien la propia fe. Muchos católicos se quedan sin respuesta ante esta acusación no porque les falte la razón, sino porque no conocen lo que su Iglesia enseña. Explicarlo con caridad al hermano que pregunta no es pelear: es una obra de misericordia.

    Conclusión

    • La Biblia prohíbe adorar imágenes como dioses, y los católicos no lo hacen (Éx 20,3-5).

    • Dios mismo mandó hacer imágenes: los querubines, las figuras del Templo y la serpiente de bronce (Éx 25; 1 Re 6; Nm 21).

    • Lo que convierte un objeto en ídolo es la intención, como muestra la serpiente destruida por Ezequías (2 Re 18,4).

    • En Cristo, el Dios invisible se hizo visible, y por eso podemos representarlo (Col 1,15).

    • Adorar es solo para Dios; venerar es honrar a quien está con Dios (Mt 4,10; Éx 20,12).

    • Las idolatrías más peligrosas son las del dinero, el poder y el placer (Col 3,5).

    Quien se arrodilla ante una imagen de Cristo hace lo mismo que los magos en Belén: se postra ante Aquel a quien la imagen representa. Y quien besa la fotografía de su madre no adora el papel: ama a su madre. La idolatría está en el corazón que da a una criatura la gloria que solo corresponde a Dios, y ese corazón puede estar frente a una estatua, frente a una cuenta bancaria o frente a una pantalla. “Al Señor tu Dios adorarás, y solo a él darás culto” (Mt 4,10): eso es exactamente lo que la Iglesia enseña.


    Notas bibliográficas

    1 Sobre la idolatría: Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 2112-2114.

    2 CEC, n. 2130, que menciona la serpiente de bronce, el Arca y los querubines como imágenes queridas por Dios.

    3 San Juan Damasceno, Discursos apologéticos contra los que rechazan las imágenes sagradas, I, 16. CEC, n. 1159 y 2131.

    4 San Basilio Magno, Sobre el Espíritu Santo, 18, 45. Concilio de Nicea II (787): H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 600-601. CEC, n. 2132. Sobre los distintos grados de culto: santo Tomás de Aquino, Suma Teológica II-II, q. 84, a. 1 y q. 103, a. 3-4. Sobre el culto a la Virgen, que difiere esencialmente de la adoración: CEC, n. 971.

    5 Sobre la adoración como primer acto de la virtud de la religión: CEC, n. 2096-2097.

    6 CEC, n. 2113, que menciona como formas de idolatría el poder, el placer, el dinero y el Estado, entre otras.

    7 CEC, n. 2132. Concilio de Trento, sesión XXV (1563), Decreto sobre la invocación, la veneración y las reliquias de los santos, y sobre las sagradas imágenes: Denzinger-Hünermann, n. 1823-1825.

    8 Sobre la superstición: CEC, n. 2111. San Gregorio Magno, Carta a Sereno, obispo de Marsella (Registro de cartas, XI, 10).

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.