La Misa
Introducción
Una crítica frecuente, sobre todo de quienes vienen de ambientes evangélicos con cultos espontáneos, es esta: “La Misa es fría, ritualista y repetitiva. Siempre las mismas oraciones y los mismos gestos. Eso es el fariseísmo que Jesús criticó. El verdadero culto debe ser espontáneo, del corazón, movido por el Espíritu”.
La objeción tiene fuerza emocional, pero no resiste un examen bíblico, histórico ni teológico. La Misa no es una invención medieval: es el culto más profundamente bíblico que existe, enraizado en la Última Cena, en la liturgia del pueblo de Israel, en la práctica de los apóstoles y en la liturgia del cielo que describe el Apocalipsis.1
I. Lo que Jesús criticó
«¡Hipócritas! Bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.» — Mateo 15,7-9
Jesús no condena el rito, sino la hipocresía: honrar a Dios con los labios mientras el corazón está lejos. La solución no es suprimir el culto, sino vivirlo con el corazón.
Y esto vale en las dos direcciones. Un culto espontáneo puede volverse hipócrita si alguien canta para ser admirado, levanta las manos para parecer más espiritual o alarga su oración para impresionar (Mt 6,5). Y una Misa con una liturgia estable puede ser un encuentro profundo con Dios si se vive con fe y amor. La espontaneidad no garantiza la sinceridad, y la liturgia no la impide. Sobre la repetición en la oración, véase el tema “El Rosario”: el mismo Jesús repitió tres veces la misma oración en Getsemaní (Mt 26,44).2
II. Jesús y la liturgia de su pueblo
«Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura… Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó… Comenzó, pues, a decirles: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.”» — Lucas 4,16.20-21
Jesús participaba “según su costumbre” en el culto de la sinagoga, que tenía una forma establecida: lecturas de la Escritura y una explicación. Es la misma estructura de la Liturgia de la Palabra en la Misa.
«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta.» — Lucas 2,41-42
Desde niño, Jesús participó en las grandes fiestas litúrgicas de Israel en el Templo. Y nunca criticó la liturgia del Templo ni de la sinagoga por ser ritual: criticó la hipocresía y el comercio que la profanaban.3
III. La Última Cena fue una liturgia
«Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de inmolar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo: “Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.”» — Lucas 22,7-8
Según los Evangelios, Jesús instituyó la Eucaristía en el marco de la cena pascual judía. Era una celebración con una forma establecida, que incluía, entre otros elementos:
-
Las bendiciones sobre varias copas de vino.
-
El relato de la salida de Egipto (Éx 12,26-27; 13,8).
-
La bendición del pan sin levadura.
-
La comida del cordero pascual.
-
El canto de los Salmos del Hallel (Sal 113-118).
La Mishná, que se puso por escrito hacia el año 200 y recoge tradiciones más antiguas, describe esta celebración en el tratado Pesajim.4
«Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: “Tomad, comed, este es mi cuerpo.” Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: “Bebed de ella todos, porque esta es mi sangre de la Alianza”… Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.» — Mateo 26,26-28.30
Jesús no improvisó. Celebró una liturgia que su pueblo repetía desde hacía siglos, y dentro de ella dio un sentido nuevo al pan y al vino. Y antes de ir a Getsemaní, cantó con sus discípulos los salmos de esa liturgia. Si el rito fuera contrario a su espíritu, no habría elegido un rito para instituir la Eucaristía.
IV. “Haced esto”
«Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.”» — Lucas 22,19
«Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía. Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.» — 1 Corintios 11,25-26
“Haced esto” es un mandato de repetir un gesto concreto, y Pablo añade “cuantas veces” y “cada vez”. La Misa repite lo mismo porque Cristo mandó repetirlo, hasta que Él vuelva.5
V. La Iglesia primitiva
«Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones.» — Hechos 2,42
En este versículo ya aparece la estructura de la vida de la Iglesia: la enseñanza de los apóstoles, que es la Palabra; la comunión fraterna; la fracción del pan, que es la Eucaristía; y “las oraciones”, con artículo en griego, es decir, oraciones comunes y conocidas.
«Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.» — Hechos 2,46
Los primeros cristianos seguían participando cada día en la oración del Templo, y además partían el pan en las casas. No despreciaban la liturgia: la vivían con alegría.
«El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche.» — Hechos 20,7
Reunión el domingo, fracción del pan y predicación: es la Misa del siglo I.
Los primeros escritos cristianos fuera de la Biblia lo confirman. La Didaché, del siglo I, recoge oraciones eucarísticas con fórmulas fijas (capítulos 9-10) y manda reunirse el día del Señor para partir el pan después de confesar los pecados (capítulo 14). Y san Justino, hacia el año 155, describe la Misa de su tiempo con una estructura que sigue siendo la de hoy: lecturas de los apóstoles y los profetas, homilía, oración común, presentación del pan y del vino, una gran oración de acción de gracias a la que todos responden “Amén”, y comunión.6
VI. La liturgia del cielo
«Los cuatro Vivientes… repiten sin descanso día y noche: “Santo, Santo, Santo, Señor, Dios Todopoderoso, Aquel que era, que es y que va a venir.”… los veinticuatro Ancianos se postran ante el que está sentado en el trono y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y arrojan sus coronas delante del trono.» — Apocalipsis 4,8.10-11
El culto del cielo que describe el Apocalipsis tiene palabras que se repiten, gestos como postrarse, incienso (Ap 5,8; 8,3-4), cantos y una asamblea ordenada. Es una liturgia. Por eso la Iglesia enseña que en la Misa participamos ya de la liturgia del cielo, y que el “Santo, Santo, Santo” que cantamos antes de la consagración es el mismo canto de los ángeles.7
VII. Las raíces bíblicas de cada parte de la Misa
Cada parte de la Misa tiene raíces en la Escritura:
Parte de la Misa | Raíz bíblica |
|---|---|
Saludo: "El Señor esté con vosotros" | Así saluda Booz a los segadores (Rut 2,4); Mt 28,20 |
Acto penitencial: "Señor, ten piedad" | La oración del publicano (Lc 18,13); "Confesaos mutuamente vuestros pecados" (Sant 5,16) |
Gloria | El canto de los ángeles en Belén (Lc 2,14) |
Lecturas y salmo | La lectura de la Ley ante el pueblo (Neh 8,1-8); Jesús en la sinagoga (Lc 4,16-21) |
Homilía | Jesús explica las Escrituras a los de Emaús (Lc 24,27) |
Credo | Una de las fórmulas de fe más antiguas: "Cristo murió por nuestros pecados... resucitó al tercer día" (1 Cor 15,3-5) |
Oración de los fieles | "Que se hagan plegarias por todos los hombres" (1 Tim 2,1-2) |
Presentación de las ofrendas | Melquisedec presenta pan y vino (Gn 14,18); la oración retoma la bendición judía: "Bendito seas, Señor, Dios del universo" |
Santo | El canto de los serafines (Is 6,3; Ap 4,8) y la aclamación de Jerusalén: "Bendito el que viene en nombre del Señor" (Mt 21,9) |
Consagración | Las palabras de Jesús en la Última Cena (Mt 26,26-28; Lc 22,19-20; 1 Cor 11,23-25) |
"Anunciamos tu muerte..." | "Anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga" (1 Cor 11,26) |
"Amén" | El "Amén" de la asamblea a la acción de gracias (1 Cor 14,16) |
Padrenuestro | La oración que Jesús enseñó (Mt 6,9-13) |
Rito de la paz | "La paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 14,27); "La paz con vosotros" (Jn 20,19) |
Cordero de Dios | Las palabras de Juan el Bautista (Jn 1,29) |
"Señor, no soy digno..." | Las palabras del centurión (Mt 8,8) |
Comunión | "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna" (Jn 6,54; 1 Cor 10,16) |
Bendición final | La bendición sacerdotal de Aarón (Nm 6,24-26); Jesús bendice a los suyos (Lc 24,50) |
Quien participa en la Misa reza, casi sin darse cuenta, con las palabras de la Escritura de principio a fin.8
VIII. Liturgia y espontaneidad
La oración espontánea tiene un gran valor, y la Iglesia la anima. Jesús mismo nos pide orar a solas, “en lo secreto” (Mt 6,6). Pero la Biblia nunca enseña que una oración improvisada sea mejor que una oración aprendida. Los Salmos son oraciones inspiradas que Israel rezaba una y otra vez, y Jesús los usó en la Última Cena y en la cruz (Mt 26,30; Mt 27,46). El Padrenuestro es una fórmula que Jesús enseñó para rezarla: “Vosotros, pues, orad así” (Mt 6,9).9
«Pero hágase todo con decoro y orden.» — 1 Corintios 14,40
Pablo pide orden en el culto. La liturgia común no limita la oración: la sostiene. Permite que toda la asamblea, niños y ancianos, personas instruidas y sencillas, rece con una misma fe y unas mismas palabras. Nadie queda fuera por no encontrar las palabras adecuadas, y la fe que se reza es la misma que se cree.
IX. Siempre la misma, siempre nueva
«Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre.» — Hebreos 13,8
La Misa repite los mismos gestos y palabras porque celebra el mismo misterio, la muerte y la resurrección de Cristo, que no envejece. Nadie diría que una madre quiere menos a su hijo porque le dice cada noche “te quiero”. La repetición, cuando nace del amor, es fidelidad.
Y cada Misa es la misma y a la vez distinta: la misma estructura, pero con lecturas que cambian cada día; las mismas palabras de la consagración, pero en un tiempo litúrgico distinto (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua); la misma acción de Cristo, recibida cada vez por personas en momentos diferentes de su vida. Como el sol, que sale cada día: siempre el mismo y siempre nuevo.10
Conclusión
-
Jesús no condenó el rito, sino la hipocresía; y la espontaneidad puede ser tan hipócrita como un rito vacío (Mt 15,7-9).
-
Jesús participó “según su costumbre” en la liturgia de la sinagoga y del Templo (Lc 4,16; 2,41).
-
La Última Cena fue una liturgia, la cena pascual, y terminó con el canto de salmos (Mt 26,30).
-
Cristo mandó repetir lo que hizo: “Haced esto en memoria mía” (Lc 22,19; 1 Cor 11,25-26).
-
Los primeros cristianos celebraban la Eucaristía con una estructura que llega hasta hoy (Hch 2,42; Didaché; san Justino).
-
El culto del cielo es una liturgia, con cantos que se repiten y gestos de adoración (Ap 4-5).
-
Cada parte de la Misa tiene raíces en la Escritura.
No es lo mismo un rito vacío que un rito vivido con el corazón. El problema nunca es la liturgia, sino un corazón ausente. Una Misa celebrada con fe, atención y amor es precisamente la adoración que Jesús pidió: “los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23).
En la Última Cena, Jesús dijo: “Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer” (Lc 22,15). Ese deseo de Cristo de estar con nosotros es lo que se renueva en cada Misa. Los primeros cristianos partían el pan “con alegría y sencillez de corazón” (Hch 2,46), y la alegría y la sencillez son plenamente compatibles con la liturgia que la Iglesia ha celebrado durante veinte siglos, fiel al mandato de su Señor: “Haced esto en memoria mía”.
Notas bibliográficas
1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 1066-1070. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium (1963), n. 7.
2 Véase el tema “El Rosario”.
3 CEC, n. 583-584 y 1096.
4 CEC, n. 1339-1340. Mishná, tratado Pesajim, 10.
5 CEC, n. 1341-1344 y 1362-1364. Véase también el tema “El verdadero culto”.
6 Didaché, 9-10 y 14. San Justino, Primera Apología, 65-67, citado en CEC, n. 1345. CEC, n. 1346-1347.
7 CEC, n. 1090 y 1136-1139. Sacrosanctum Concilium, n. 8. Joseph Ratzinger, El espíritu de la liturgia. Una introducción (2000).
8 CEC, n. 1348-1355. Misal Romano, Ordenación General.
9 CEC, n. 1073 y 2655. Sacrosanctum Concilium, n. 12.
10 Sobre el año litúrgico: CEC, n. 1163-1173. Francisco, carta apostólica Desiderio desideravi (2022), n. 2-6, sobre Lc 22,15.