La Doctrina Importa
Introducción
Una idea muy extendida en el ambiente religioso es esta: “Da igual a qué iglesia vayas. Allá se canta, acá también; allá se ora, acá también. Es el mismo Dios y la misma Biblia. ¿Qué diferencia hay?”.
Esta postura suena tolerante y generosa. Pero confunde dos cosas distintas: respetar a las personas y considerar que todas las enseñanzas son igualmente verdaderas. La música, la oración y el fervor pueden parecerse mucho. Pero la doctrina, es decir, lo que se enseña sobre Cristo, la salvación, los sacramentos y la Iglesia, no es un adorno: es el contenido de la fe. Y la Escritura la toma muy en serio.
I. ¿Qué es la doctrina?
La palabra “doctrina” viene del latín y significa “enseñanza”. La doctrina cristiana es el conjunto de verdades que Dios ha revelado sobre sí mismo, sobre el ser humano y sobre la salvación, y que la Iglesia custodia y transmite.
«Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: “Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”» — Juan 8,31-32
«Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad.» — Juan 17,17
La libertad que promete Jesús no viene de cualquier enseñanza religiosa, sino de permanecer en su Palabra. Y la santidad crece en la verdad. Conocer bien la fe no es un lujo para especialistas: es parte del camino hacia Dios.
Esto no significa que todas las verdades tengan el mismo peso. La Iglesia habla de una “jerarquía de verdades”: algunas, como la Trinidad o la divinidad de Cristo, están en el centro de la fe, y otras se relacionan con ellas.1 Todas son verdaderas, pero no todas las diferencias entre cristianos son igual de profundas. Reconocer esto ayuda a dialogar sin relativizar ni exagerar.
II. La verdad en el amor
«Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error, antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo.» — Efesios 4,14-15
Pablo une dos cosas que a menudo separamos. Por un lado, no dejarse llevar por “cualquier viento de doctrina”. Por otro, vivir la verdad “en el amor”. El relativismo dice que la verdad no importa; el fanatismo dice que el amor no importa. El cristiano no puede elegir entre una y otra.
Benedicto XVI advirtió contra una “dictadura del relativismo”, que no reconoce nada como definitivo.2 Pero la respuesta al relativismo no es el desprecio, sino la verdad dicha con caridad.3
III. “Otro evangelio”
«Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio… Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!» — Gálatas 1,6.8
Pablo es tajante: quien cambia el Evangelio recibido no ofrece una versión alternativa, sino que lo destruye. El contexto es concreto: había predicadores que exigían la circuncisión como condición para salvarse, y con ello negaban que Cristo basta para salvar.
Este texto enseña que la doctrina sobre la salvación no es indiferente. Pero hay que aplicarlo con justicia. Pablo se dirige a quienes, conociendo el Evangelio, lo deforman. La Iglesia enseña que quienes hoy nacen y crecen en otras comunidades cristianas, y creen en Cristo, no son culpables de la separación, y los reconoce como hermanos en el Señor.4 Que la doctrina importe no autoriza a condenar a las personas.
IV. Jesús advierte del engaño
«Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos.» — Mateo 24,4-5
«Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.» — Mateo 7,15
Jesús advierte que el engaño religioso usará su nombre, e incluso hará señales (Mt 24,24). El criterio para discernir no es si alguien menciona a Jesús o si canta con fervor, sino si enseña la verdad que Jesús enseñó.
«Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.» — 2 Timoteo 4,3-4
Pablo describe una tentación de todos los tiempos: buscar maestros que digan lo que uno quiere oír. Esa tentación no es exclusiva de ninguna confesión: también los católicos podemos caer en ella cuando escogemos de la fe solo lo que nos gusta.
V. Permanecer en la doctrina de Cristo
«Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne… Todo el que se excede y no permanece en la doctrina de Cristo, no posee a Dios. El que permanece en la doctrina, ese posee al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no es portador de esta doctrina, no le recibáis en casa ni le saludéis.» — 2 Juan 7.9-10
Este es uno de los textos más fuertes del Nuevo Testamento sobre la doctrina. Pero su contexto es preciso: Juan habla de quienes “no confiesan que Jesucristo ha venido en carne”, es decir, de quienes negaban la Encarnación.5 No se refiere a cristianos que confiesan a Cristo verdadero Dios y verdadero hombre y difieren en otros puntos.
«Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios.» — 1 Juan 4,1-2
La primera prueba es siempre la misma: ¿qué se enseña sobre Jesucristo? Quien niega su divinidad o su humanidad se aparta del centro de la fe.
VI. No es lo mismo: diferencias concretas
Para que el tema no quede en lo abstracto, conviene ver diferencias reales. Cada una se desarrolla en su propio tema.
Tema | Iglesia católica | Otras comunidades |
|---|---|---|
La Biblia | 73 libros | Las biblias protestantes tienen 66 (ver "Historia de la Biblia") |
La Eucaristía | Cristo está real y sustancialmente presente | Muchas comunidades evangélicas la ven como un símbolo; los luteranos creen en la presencia real, aunque la explican de otro modo (ver "El verdadero culto") |
El bautismo | Regenera y hace hijo de Dios; también se da a los niños | Luteranos y anglicanos creen algo parecido; muchas comunidades evangélicas lo ven como un testimonio de fe (ver "El bautismo de los niños") |
La confesión | Cristo dio a los apóstoles el poder de perdonar pecados | La mayoría la considera innecesaria (ver "¿Por qué confesarme con un sacerdote?") |
La salvación | Por gracia, mediante una fe que actúa por la caridad; la gracia se puede perder | "Solo la fe"; algunos sostienen además la "seguridad eterna" (ver "¿Solo la fe?" y "¿Puede perderse la salvación?") |
María | Madre de Dios, siempre Virgen, Inmaculada y Asunta | La mayoría rechaza estos dogmas (ver "María, Madre de Dios" e "Inmaculada y Asunta") |
La autoridad | Escritura, Tradición y Magisterio | "Solo la Escritura" (ver "¿Solo la Biblia?") |
No son diferencias de estilo ni de música. Son diferencias sobre cómo nos salva Dios, cómo nos da su gracia y quién tiene autoridad para enseñar en su nombre. Y en algunos casos son incompatibles. Por ejemplo, si Cristo está realmente presente en la Eucaristía, adorarlo allí es lo justo; si no lo está, sería un error. Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez.
VII. Lo que compartimos y lo que no
Decir que la doctrina importa no significa que los demás cristianos no tengan nada de verdad. La Iglesia reconoce que fuera de sus límites visibles hay muchos elementos de santificación y de verdad: la Escritura, la fe en la Trinidad, la oración y, sobre todo, el bautismo. El bautismo de la mayoría de las comunidades protestantes, hecho con agua y en el nombre de la Trinidad, es válido, y por él son verdaderamente hermanos nuestros en Cristo.6
Pero no todos los que usan el nombre de Jesús creen lo mismo sobre Él:
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Los Testigos de Jehová niegan la Trinidad y consideran a Jesús una criatura, no Dios.
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Los pentecostales unitarios (“solo Jesús”) niegan que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean tres Personas distintas.
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Los mormones enseñan que Dios Padre fue antes un hombre y que existe una pluralidad de dioses.
Aquí la diferencia no es secundaria: afecta a quién es Dios y quién es Cristo. Por eso la Iglesia no reconoce, por ejemplo, el bautismo mormón, aunque se haga con agua y mencionando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: con esas palabras se nombra a otro Dios.7 No es lo mismo diferir en cómo se explica la Eucaristía que diferir en si Cristo es Dios.
VIII. Un solo Señor, una sola fe
«Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.» — Juan 17,21
«Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.» — Efesios 4,5
Cristo quiso una sola fe y oró por la unidad de sus discípulos “para que el mundo crea”. Desde el siglo XVI, la división entre cristianos ha dado lugar a miles de comunidades con enseñanzas a menudo contradictorias, todas apoyadas en la misma Biblia. Esa división no es lo que Cristo quiso: es una herida que escandaliza al mundo.8 Pero la respuesta no es decir que “da igual”, sino buscar la unidad en la verdad.
IX. Adorar en verdad
«Pero llega la hora, ya estamos en ella, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.» — Juan 4,23
Adorar “en verdad” no es un detalle: es una condición que pone Jesús. Precisamente porque Dios es real, la verdad sobre Él importa. Un error en medicina puede dañar la salud, y un error de cálculo puede hacer caer un puente. Un error sobre Dios, sobre cómo nos salva y qué nos pide, afecta a lo más importante de la vida.
«Perece mi pueblo por falta de conocimiento.» — Oseas 4,6
El profeta no dice que el pueblo se pierde por falta de fervor o de música, sino por falta de conocimiento de Dios. Y en el contexto, el reproche va dirigido sobre todo a los sacerdotes, que no enseñaron al pueblo. Es también una llamada para los católicos: conocer nuestra fe es una responsabilidad.
X. Cómo responder con respeto
Cuando alguien diga “es el mismo Dios y la misma Biblia, da igual a qué iglesia vayas”, algunas preguntas pueden ayudar a reflexionar, siempre con respeto:
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¿Es la misma Biblia? La católica tiene 73 libros y la protestante 66. ¿Por qué esa diferencia?
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¿Está Cristo realmente presente en la Eucaristía, o es solo un símbolo? Las dos cosas no pueden ser verdad a la vez.
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¿Cómo nos salva Dios? ¿Basta la fe sola? ¿Se puede perder la gracia? ¿El bautismo nos hace hijos de Dios? Las respuestas son distintas, y no todas pueden ser correctas.
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¿Qué Iglesia fundó Cristo? ¿Cuál puede trazar su historia hasta los apóstoles?
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Si la doctrina no importara, ¿por qué los apóstoles insistieron tanto en “permanecer en la doctrina de Cristo”?
«Siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto.» — 1 Pedro 3,15-16
El objetivo no es ganar una discusión, sino ayudar a alguien a buscar la verdad. Y la verdad se propone, no se impone.9
Conclusión
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La doctrina es el contenido de la fe: la verdad nos hace libres y nos santifica (Jn 8,32; 17,17).
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Hay que vivir la verdad en el amor, sin relativismo y sin desprecio (Ef 4,15).
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Cambiar el Evangelio no es indiferente (Gál 1,8), pero no se debe condenar a quienes, sin culpa, crecieron en otras comunidades.
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La primera prueba es qué se enseña sobre Cristo (1 Jn 4,2; 2 Jn 7-9).
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Las diferencias sobre la Eucaristía, el bautismo, la confesión, la salvación, María y la autoridad son reales y profundas.
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Compartimos con otros cristianos mucho de verdad, empezando por el bautismo; con los grupos que niegan la Trinidad, la diferencia es aún más radical.
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Cristo quiere una sola fe, y por eso la respuesta a la división no es el relativismo, sino buscar la unidad en la verdad (Jn 17,21).
No es lo mismo respetar a todas las personas que considerar iguales todas las enseñanzas. La Iglesia católica no afirma que sus miembros sean mejores que los demás. Afirma custodiar la fe completa que Cristo dejó: los 73 libros, los siete sacramentos, el sacerdocio apostólico, la presencia real en la Eucaristía y el Magisterio. Y lo afirma no por orgullo, sino por fidelidad. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8,32): no cualquier enseñanza libera, sino la verdad. Y la verdad se ofrece mejor con amor.
Notas bibliográficas
1 Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio (1964), n. 11. Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 88-90 y 234.
2 Joseph Ratzinger, homilía de la Misa Pro eligendo Romano Pontifice, 18 de abril de 2005. Congregación para la Doctrina de la Fe, declaración Dominus Iesus (2000), n. 4 y 22.
3 Benedicto XVI, encíclica Caritas in veritate (2009), n. 1-3.
4 Unitatis redintegratio, n. 3. CEC, n. 818.
5 Sobre las primeras herejías, que negaban la verdadera humanidad de Cristo: CEC, n. 465.
6 Unitatis redintegratio, n. 3 y 22. CEC, n. 819 y 1271.
7 Congregación para la Doctrina de la Fe, Respuesta a una duda sobre la validez del bautismo conferido por la “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” (5 de junio de 2001).
8 Unitatis redintegratio, n. 1. San Juan Pablo II, encíclica Ut unum sint (1995).
9 Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae (1965), n. 1-3. CEC, n. 2104-2109.