¿Sábado o Domingo?
Introducción
Algunos grupos, sobre todo los adventistas del séptimo día, plantean esta objeción contra la Iglesia católica y contra las demás Iglesias que celebran el domingo: “Dios mandó guardar el sábado, no el domingo. El cambio fue una invención humana, impuesta por el emperador o por el Papa”. La acusación es seria y merece una respuesta bíblica, histórica y teológica.
La pregunta de fondo no es solo qué día descansamos, sino algo más profundo: ¿qué significa el descanso cristiano y qué acontecimiento lo define? La respuesta a esa pregunta lo cambia todo.
I. El sábado, señal de la antigua alianza
«Dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.» — Génesis 2,2-3
«Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para Yahvé, tu Dios… Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó.» — Éxodo 20,8-11
«Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahvé tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso Yahvé tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado.» — Deuteronomio 5,15
El Éxodo funda el sábado en la creación, y el Deuteronomio en la liberación de Egipto. Pero la Escritura dice algo más sobre él:
«Guardaréis mis sábados, porque el sábado es una señal entre yo y vosotros, de generación en generación.» — Éxodo 31,13
El sábado era la señal de la alianza entre Dios e Israel. Esto es importante: cuando llega una alianza nueva, también llega una señal nueva.1
II. Cristo, el verdadero descanso
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.» — Mateo 11,28-29
Jesús no dice “guardad el sábado y encontraréis descanso”, sino “venid a mí”. El descanso verdadero que el sábado prometía no es un día de la semana, sino una Persona.
«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.» — Marcos 2,27-28
Jesús afirma que es Señor del sábado. No lo desprecia, pero lo pone bajo su autoridad.2
«Por tanto es claro que queda un descanso sabático para el pueblo de Dios. Pues quien entra en su descanso, también él descansa de sus trabajos, al igual que Dios de los suyos.» — Hebreos 4,9-10
Los adventistas citan este versículo porque habla de un “descanso sabático”. Pero el capítulo entero explica de qué descanso se trata: ni Josué ni la tierra prometida lo dieron, y se entra en él por la fe (Heb 4,3). No es un día de la semana, sino el descanso de Dios que Cristo nos abre y que alcanzará su plenitud en el cielo.
III. Resucitó el primer día de la semana
«Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.» — Mateo 28,1
Los cuatro Evangelios coinciden: Cristo resucitó “el primer día de la semana” (Mt 28,1; Mc 16,2.9; Lc 24,1; Jn 20,1). El sábado recordaba la primera creación; la Resurrección inaugura la nueva creación, y ocurre justo el primer día, el mismo día en que Dios creó la luz (Gn 1,3-5).3
«Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.”» — Juan 20,19
«Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas.» — Juan 20,26
Jesús resucitado se aparece a sus discípulos reunidos el primer día de la semana, y vuelve a hacerlo “ocho días después”, es decir, el domingo siguiente. Por eso los primeros cristianos llamaron también al domingo “el octavo día”: el día que está más allá de la semana antigua, el comienzo de un tiempo nuevo.4
IV. La práctica de los apóstoles
«El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche.» — Hechos 20,7
«Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido ahorrar.» — 1 Corintios 16,2
La comunidad se reunía “el primer día de la semana” para “la fracción del pan”, es decir, la Eucaristía, y ese mismo día se hacía la colecta. Era el día habitual de la reunión cristiana.
«Pablo, según su costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos basándose en las Escrituras.» — Hechos 17,2
Los adventistas citan que Pablo iba a la sinagoga en sábado. Es cierto, pero iba porque ese día los judíos estaban reunidos y podía anunciarles a Cristo. Era una oportunidad para evangelizar, no la reunión de la comunidad cristiana.
«Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que estas indispensables: abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza.» — Hechos 15,28-29
Cuando los apóstoles, reunidos en Jerusalén, decidieron qué era “indispensable” para los cristianos venidos del paganismo, no incluyeron el sábado. Si guardarlo hubiera sido necesario para la salvación, este era el momento de decirlo.5
V. “El día del Señor”
«Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta.» — Apocalipsis 1,10
Juan recibe su visión “el día del Señor”, en griego Kyriaké heméra, un adjetivo que significa “el día que pertenece al Señor”. Es el nombre que los cristianos dieron al domingo. Por eso, en griego, el domingo se sigue llamando Kyriakí. En latín se tradujo como dominica, y de ahí viene nuestra palabra “domingo”.
Los escritos cristianos más antiguos fuera de la Biblia confirman esta práctica:
«Reunidos cada día del Señor, partid el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados.» — Didaché 14,1 (siglo I)
«Los que vivían según el antiguo orden de cosas vinieron a la nueva esperanza, no guardando ya el sábado, sino viviendo según el día del Señor, en el que también amaneció nuestra vida por medio de él.» — San Ignacio de Antioquía, Carta a los magnesios 9,1 (hacia el año 107)
La Carta de Bernabé, de comienzos del siglo II, dice que los cristianos celebran con alegría “el octavo día”, en el que Jesús resucitó. Y san Justino, hacia el año 155, explica a los paganos que los cristianos se reúnen “el día llamado del sol”, porque es el primer día, en el que Dios creó el mundo, y porque en él Jesucristo resucitó.6
VI. La sombra y la realidad
«Por tanto, que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados. Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el cuerpo de Cristo.» — Colosenses 2,16-17
Pablo lo dice con claridad: los sábados eran “sombra” de lo que había de venir. La sombra no es mala, pero cuando llega la realidad, cumple su función. El sábado no era malo: anunciaba a Cristo, y Cristo ya vino.7
«¿Cómo retornáis a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo? Andáis observando días, meses, estaciones, años.» — Gálatas 4,9-10
«Este da preferencia a un día sobre otro; aquel los considera todos iguales. ¡Aténgase cada cual a su conciencia! El que se preocupa por los días, lo hace por el Señor.» — Romanos 14,5-6
Pablo no convierte la observancia de un día en condición para la salvación. Lo que importa es vivir para el Señor.
VII. ¿Y el tercer mandamiento?
Los adventistas preguntan: si los Diez Mandamientos siguen vigentes, ¿por qué no el sábado? La respuesta es que el tercer mandamiento tiene un núcleo moral, que es dedicar un tiempo a Dios, al culto y al descanso, y un aspecto ceremonial, que es el día concreto. El núcleo permanece; el día se cumple en el domingo, el día de la nueva creación. El cristiano no deja de santificar un día: santifica el día en que Cristo resucitó (véase el tema “El cumplimiento de la Ley”).8
Tampoco es cierto que el cambio lo impusiera el emperador Constantino. Es verdad que en el año 321 una ley suya estableció el domingo como día de descanso en el Imperio. Pero los cristianos llevaban más de 250 años reuniéndose ese día, como prueban la Didaché, san Ignacio y san Justino, muchos de ellos en tiempos de persecución, cuando el Imperio era su enemigo. Constantino no creó la costumbre: reconoció una práctica que ya existía.
VIII. La nueva creación
Antiguo Testamento | Nuevo Testamento |
|---|---|
Creación en seis días, descanso el séptimo | Nueva creación inaugurada el primer día, con la Resurrección |
Éxodo de Egipto, liberación de la esclavitud | Éxodo del pecado y de la muerte por Cristo resucitado |
Sábado: señal de la alianza con Israel | Domingo: celebración de la Nueva Alianza en Cristo |
Descanso como figura | Descanso en Cristo como realidad |
«Por tanto, el que está en Cristo, es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo.» — 2 Corintios 5,17
El domingo no es el sábado trasladado un día. Es el día de la nueva creación. No es lo mismo recordar una obra terminada que celebrar una vida que comienza.
IX. Cada domingo, una pequeña Pascua
El domingo cristiano no consiste solo en no trabajar. Es la “Pascua de la semana”: un encuentro semanal con Cristo resucitado. Reunirse en comunidad, escuchar la Palabra, partir el pan y descansar en el Señor es lo que define el domingo. Por eso la Iglesia pide a los fieles participar en la Misa dominical y vivir ese día como un día de alegría, de familia, de descanso y de caridad.9
Conclusión
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El sábado era la señal de la antigua alianza, memoria de la creación y de la liberación de Egipto (Éx 31,13).
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Cristo es el verdadero descanso y el Señor del sábado (Mt 11,28; Mc 2,28).
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Resucitó el primer día de la semana y se apareció a los suyos el domingo y “ocho días después” (Jn 20,19.26).
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Los apóstoles partían el pan y hacían la colecta el primer día de la semana (Hch 20,7; 1 Cor 16,2), y no impusieron el sábado a los paganos (Hch 15,28-29).
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Juan recibió el Apocalipsis “el día del Señor” (Ap 1,10), y los primeros cristianos celebraban ese día desde el siglo I.
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El sábado era sombra; la realidad es Cristo (Col 2,17).
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El domingo no lo impuso Constantino: los cristianos lo celebraban desde dos siglos y medio antes.
El cambio del sábado al domingo no fue una invención humana ni pagana. Fue la consecuencia del acontecimiento más grande de la historia: la Resurrección de Cristo. El sábado era la sombra; el domingo es la realidad, y la realidad es Cristo (Col 2,17). Quien celebra el domingo no desobedece a Dios: celebra la victoria de Cristo sobre la muerte, que es la razón de toda nuestra esperanza. Y lo hace con respeto hacia los hermanos adventistas, que buscan sinceramente obedecer a Dios.
Notas bibliográficas
1 Sobre el sábado en el Antiguo Testamento: Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 2168-2172.
2 CEC, n. 2173.
3 CEC, n. 2174. San Juan Pablo II, carta apostólica Dies Domini (1998), n. 18-19.
4 CEC, n. 2174. Dies Domini, n. 26.
5 Véase también el tema “El cumplimiento de la Ley con la muerte de Cristo”.
6 Didaché, 14, 1. San Ignacio de Antioquía, Carta a los magnesios, 9, 1. Carta de Bernabé, 15, 9. San Justino, Primera Apología, 67, citado en CEC, n. 2174. Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium (1963), n. 106, sobre el domingo como tradición apostólica.
7 CEC, n. 2175.
8 CEC, n. 2175-2176. Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica II-II, q. 122, a. 4, ad 4. Sobre la ley de Constantino del año 321: Código de Justiniano, III, 12, 2.
9 Dies Domini, n. 1. CEC, n. 2042 y 2177-2188.