Pestañas abiertas

1 abierta

    El Rosario

    Introducción

    Una de las objeciones más frecuentes contra el Rosario es esta: “Jesús prohibió la vana repetición en Mateo 6,7, y el Rosario es precisamente eso”. Pero esta objeción parte de una lectura incompleta del texto y de un desconocimiento de lo que es realmente el Rosario.

    Hay dos preguntas que responder con honestidad: ¿qué condena exactamente Jesús en Mateo 6,7?, y ¿es el Rosario lo que Jesús condena? La propia Escritura da la respuesta.

    I. ¿Qué condena Mateo 6,7?

    «Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.» — Mateo 6,7-8

    La palabra griega que se traduce como “charlar mucho” o “vana repetición” es battalogéo: hablar sin sentido, balbucear, decir palabras vacías. Jesús no condena repetir, sino orar como los paganos, que creían que la cantidad de palabras obligaba a sus dioses a escucharlos. El Dios verdadero no necesita ser convencido con palabras: “sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”.1

    «Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres.» — Mateo 6,5

    Lo que Jesús critica en ambos casos no son las palabras, la postura ni la duración de la oración, sino la intención: buscar el aplauso de los hombres o querer manipular a Dios. Una oración repetida con fe y con amor no entra en ninguna de las dos categorías.

    II. Jesús repitió las mismas palabras

    «Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.» — Mateo 26,44

    En Getsemaní, en el momento más intenso de su vida, Jesús repite tres veces la misma oración. Si toda repetición fuera vana, Jesús habría contradicho su propia enseñanza. La repetición, en cambio, expresa la intensidad de la súplica y del amor.2

    III. Jesús enseñó una fórmula de oración

    «Uno de sus discípulos le dijo: “Señor, enséñanos a orar”… Él les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino.”» — Lucas 11,1-2

    Jesús no solo permite la oración con fórmulas: la enseña. “Cuando oréis, decid”. El Padrenuestro es una fórmula que los cristianos han repetido millones de veces durante dos mil años. La Didaché, del siglo I, manda rezarlo tres veces al día. Si repetir el Padrenuestro fuera “vana repetición”, también lo sería para los protestantes que lo rezan.3

    IV. La Biblia ora repitiendo

    «¡Dad gracias a Yahvé, porque es bueno, porque es eterno su amor! Dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor; dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.» — Salmo 136,1-3

    El Salmo 136 repite veintiséis veces la misma frase: “porque es eterno su amor”. Es Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo, y está hecha de repetición. Israel la cantaba en el Templo, y Jesús la conocía de memoria.4

    «Los cuatro Vivientes tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos todo alrededor y por dentro, y repiten sin descanso día y noche: “Santo, Santo, Santo, Señor, Dios Todopoderoso, Aquel que era, que es y que va a venir.”» — Apocalipsis 4,8

    En el cielo, los seres más cercanos a Dios repiten sin descanso las mismas palabras. Si la repetición fuera vana, la adoración del cielo también lo sería. El amor no se cansa de decir lo mismo, porque cada vez lo dice con más profundidad.5

    «Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: “¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”» — Mateo 27,46

    En la Cruz, Jesús reza las primeras palabras del Salmo 22, una oración que el pueblo judío conocía y repetía. En el momento supremo de su vida, Cristo ora con palabras aprendidas.6

    V. Orar siempre, sin desfallecer

    «Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer.» — Lucas 18,1

    Jesús nos pide orar “siempre”, y no se puede orar siempre sin repetir. Los antiguos monjes lo sabían: Juan Casiano, en el siglo V, enseñaba a repetir continuamente una breve invocación de los Salmos, “Dios mío, ven en mi auxilio” (Sal 70,2), para mantener el corazón unido a Dios todo el día.7 Quien condena toda repetición termina condenando la perseverancia que Cristo mandó.

    VI. Las oraciones del Rosario son bíblicas

    El Padrenuestro

    «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre.» — Mateo 6,9

    Es la oración que el mismo Jesús enseñó. Nadie puede decir que repetirla sea vana repetición.

    El Avemaría

    «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» — Lucas 1,28

    «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno.» — Lucas 1,42

    La primera parte del Avemaría son las palabras del ángel Gabriel y de Isabel, “llena del Espíritu Santo” (Lc 1,41), tal como las recoge el Evangelio. “Ave” o “Dios te salve” no es pedirle a María que nos salve: es el saludo del ángel, “¡Alégrate!”. Repetir el Avemaría es repetir lo que Dios mismo quiso que se le dijera a María.

    La segunda parte, “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, se añadió en los siglos XV y XVI. Es una petición de intercesión, como pedirle a un amigo que ore por nosotros (véase el tema “Un solo Mediador, muchos intercesores”), y el título “Madre de Dios” viene del Concilio de Éfeso (véase el tema “María, Madre de Dios”).8

    VII. El Rosario es meditación del Evangelio

    El gran malentendido es pensar que el Rosario consiste solo en repetir palabras. En realidad, es una oración contemplativa: las palabras repetidas son el ritmo que acompaña la meditación de la vida de Cristo.

    • Misterios gozosos: la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento, la Presentación en el Templo y el Niño perdido y hallado en el Templo.

    • Misterios luminosos: el Bautismo de Jesús, las bodas de Caná, el anuncio del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía.

    • Misterios dolorosos: la agonía en el huerto, la flagelación, la coronación de espinas, el camino de la cruz y la crucifixión.

    • Misterios gloriosos: la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés, la Asunción y la Coronación de María.

    Quien reza el Rosario meditando estos misterios recorre el Evangelio entero. Por eso se le llamó “el salterio de María”: sus 150 avemarías correspondían a los 150 salmos, para que quienes no sabían leer pudieran orar como los monjes que rezaban el salterio. San Juan Pablo II añadió los misterios luminosos en 2002, para que el Rosario abarcara también la vida pública de Jesús.

    La propia Iglesia advierte del peligro que señala la objeción. San Pablo VI escribió que, sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma, y que su rezo corre el riesgo de convertirse en una repetición mecánica de fórmulas, contraria a lo que Jesús enseñó en Mateo 6,7.9

    VIII. El problema es la distracción, no el Rosario

    «Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto.» — Mateo 6,6

    “Entra en tu aposento y cierra la puerta” es una invitación a entrar en el propio interior y no dejar que nada nos distraiga. El Rosario, como cualquier oración, puede rezarse bien o mal. Quien lo reza pensando en otra cosa, solo para cumplir, cae en lo que Jesús critica. Pero eso no es culpa del Rosario, sino de la falta de atención del corazón.

    La solución no es dejar de rezarlo, sino aprender a rezarlo bien. Como decía san Juan Pablo II, la repetición del Rosario se parece a la de dos enamorados, que nunca se cansan de decirse “te quiero”, porque cada vez lo dicen con el corazón.10

    Conclusión

    • Jesús condena en Mateo 6,7 la palabrería vacía, no la repetición.

    • Jesús repitió tres veces la misma oración en Getsemaní (Mt 26,44).

    • Jesús enseñó una fórmula para ser repetida: el Padrenuestro (Lc 11,2).

    • La Biblia misma ora repitiendo: el Salmo 136, los Vivientes del Apocalipsis y Jesús en la Cruz con el Salmo 22.

    • Las oraciones del Rosario vienen del Evangelio: el Padrenuestro, de Cristo; el Avemaría, de Lucas.

    • El Rosario es una meditación de la vida de Cristo, “el salterio de María”.

    • El peligro no es repetir, sino rezar distraído, y la Iglesia misma lo advierte.

    No es lo mismo repetir palabras vacías que repetir palabras llenas de amor. Quien reza el Rosario con el corazón presente no bombardea a Dios con palabras: contempla los misterios de Cristo al ritmo de las palabras que Dios mismo puso en boca de su ángel. “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”: si estas palabras fueron dignas del arcángel Gabriel, son dignas de ser repetidas por quienes aman al Hijo que ella llevó en su seno.


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 2668, donde se explica que la invocación repetida del nombre de Jesús no es “palabrería” (Mt 6,7), sino una oración que da fruto con perseverancia.

    2 Sobre la oración de Jesús en Getsemaní: CEC, n. 2605.

    3 Didaché, 8, 3. CEC, n. 2759-2760 y 2765-2767.

    4 Sobre los Salmos como oración del pueblo de Dios: CEC, n. 2585-2589.

    5 Sobre la liturgia del cielo: CEC, n. 1137-1139 y 2642.

    6 CEC, n. 2605.

    7 Juan Casiano, Colaciones, X, 10. Sobre la oración incesante: CEC, n. 2742-2745.

    8 Sobre el Avemaría: CEC, n. 2676-2677. San Pío V fijó su forma actual en el Breviario Romano de 1568.

    9 San Pablo VI, exhortación apostólica Marialis cultus (1974), n. 47. San Juan Pablo II, carta apostólica Rosarium Virginis Mariae (2002), n. 19-21, sobre los misterios luminosos. Sobre el Rosario como “compendio de todo el Evangelio” y oración de la piedad popular: CEC, n. 971, 2678 y 2708.

    10 Rosarium Virginis Mariae, n. 26-27. Sobre las distracciones en la oración: CEC, n. 2729.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.