Pestañas abiertas

1 abierta

    El Cumplimiento de la Ley con la Muerte de Cristo

    Introducción

    Una pregunta clave para entender la Biblia es esta: ¿qué pasó con la Ley de Moisés cuando vino Cristo? La respuesta no es simple, porque la Ley no era un bloque uniforme: contenía normas de distinto tipo y con propósitos diferentes. Entender esa distinción explica por qué los cristianos no ofrecen sacrificios de animales ni se circuncidan, pero sí están obligados a no matar ni robar.

    La Tradición de la Iglesia, sistematizada por santo Tomás de Aquino, distingue en el Antiguo Testamento tres tipos de preceptos: morales, ceremoniales y civiles (o judiciales).1 Cada uno tuvo un destino distinto con la venida de Cristo.

    I. “Todo se ha cumplido”: el punto de partida

    «Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: “Todo está cumplido.” E inclinando la cabeza entregó el espíritu.» — Juan 19,30

    Desde la Cruz, Jesús no declara que la Ley queda abolida y olvidada, sino que ha alcanzado su plenitud. Todo lo que la Ley prometía, anunciaba y exigía encuentra en Él su realización definitiva.

    «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.» — Mateo 5,17

    Jesús es explícito: no viene a destruir la Ley, sino a llevarla a su meta. Solo Él, el único justo, la cumplió perfectamente.2 La pregunta que sigue es qué forma toma ese cumplimiento para cada tipo de ley.

    II. La ley moral: permanece y se perfecciona

    La ley moral recoge los principios universales del bien y del mal que Dios grabó en la conciencia humana y expresó de forma privilegiada en los Diez Mandamientos (Éx 20,1-17). No dependen de una cultura ni de una época: expresan la santidad de Dios y la dignidad del ser humano. Por eso Cristo no los abolió, sino que los profundizó.3

    «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás… Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal… Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.» — Mateo 5,21-22.27-28

    Jesús no elimina el “no matarás”: lo lleva a su raíz. El problema no es solo el acto exterior, sino el corazón donde nace. La ley moral pasa del cumplimiento externo a la conversión interior. Jesús no rebajó el estándar moral, sino que lo elevó.4

    «Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley… La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.» — Romanos 13,8-10

    El amor no reemplaza la ley moral: la cumple desde dentro. Quien ama de verdad no roba, no miente, no mata. El mandamiento nuevo, “amaos como yo os he amado” (Jn 15,12), no destruye los mandamientos, sino que los lleva a su forma más alta.5

    ¿Sigue vigente? Sí, plenamente. Los Diez Mandamientos obligan a todo cristiano.6

    III. La ley ceremonial: cumplida en Cristo

    La ley ceremonial regulaba el culto de Israel: sacrificios, fiestas, ritos de pureza, circuncisión y normas sobre alimentos. Su propósito era mantener la identidad del pueblo elegido y, sobre todo, anunciar a Cristo. Eran sombras que apuntaban a una realidad futura, y cuando la realidad llegó, las sombras perdieron su razón de ser.

    «No conteniendo la Ley más que una sombra de los bienes futuros, no la realidad de las cosas… es imposible que la sangre de toros y machos cabríos borre pecados… Todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados. Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre.» — Hebreos 10,1.4.11-12

    Los sacrificios del Templo no eran la meta, sino el anuncio. Cristo es el Cordero definitivo (Jn 1,29), el Sumo Sacerdote eterno (Heb 7,24-25) y el Templo verdadero (Jn 2,19-21). Su único sacrificio en la cruz cumple y supera todos los sacrificios antiguos.7

    «Por tanto, que nadie os critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados. Todo esto es sombra de lo venidero; pero la realidad es el cuerpo de Cristo.» — Colosenses 2,16-17

    Las fiestas judías, incluido el sábado, eran sombra de Cristo. Aquí surge una objeción frecuente: si el Decálogo sigue vigente, ¿por qué no guardamos el sábado? Porque el tercer mandamiento tiene un núcleo moral, que es dedicar un tiempo a Dios, y un aspecto ceremonial, que es el día concreto. El núcleo permanece; el día se cumple en el domingo, el día de la Resurrección, que la Iglesia celebra desde los apóstoles (Hch 20,7; Ap 1,10).8

    «¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede hacerle impuro, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado? Así declaraba puros todos los alimentos.» — Marcos 7,18-19

    Jesús mismo declara superadas las normas sobre alimentos puros e impuros. Lo que mancha al hombre no es lo que come, sino lo que sale de su corazón.

    «El verdadero judío lo es en el interior, y la verdadera circuncisión, la del corazón, según el espíritu y no según la letra.» — Romanos 2,29

    La circuncisión física era la señal de la antigua alianza. En la nueva, esa señal es el Bautismo, la “circuncisión de Cristo” que obra el Espíritu en el interior (Col 2,11-12).9

    «¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios queriendo poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar? Nosotros creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos.» — Hechos 15,10-11

    En el Concilio de Jerusalén, los apóstoles resolvieron con autoridad que a los paganos convertidos no se les debía imponer la circuncisión ni la ley ceremonial. No fue una opinión posterior de la Iglesia: es una decisión apostólica registrada en la propia Escritura.10

    ¿Sigue vigente? No en su forma exterior. Permanece como testimonio histórico y como figura de Cristo, pero no como obligación para el cristiano.

    IV. La ley civil: concluida con el Israel teocrático

    La ley civil regulaba la vida social, judicial y política de Israel como nación: penas por delitos, propiedad, deudas, divorcio. Estaba pensada para un pueblo concreto, en un territorio y una época determinados. Con Cristo, la salvación se abre a todas las naciones, y la Iglesia no es un estado político regido por el código mosaico.11

    «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra.» — Mateo 5,38-39

    La ley del talión fue un avance en su época, porque ponía un límite a la venganza desproporcionada. Jesús lleva el principio mucho más lejos: de la justicia que devuelve el golpe al amor que desarma.

    «También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la expone a cometer adulterio; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.» — Mateo 5,31-32

    Moisés toleró el divorcio “por la dureza de vuestro corazón” (Mt 19,8). Cristo restaura el designio original de Dios: el matrimonio es indisoluble. La Iglesia entiende la “fornicación” (en griego, porneia) como una unión ilegítima desde el principio, y no como una excepción que permita romper un matrimonio válido para casarse de nuevo.12

    ¿Sigue vigente? No como código legal. Sus principios de justicia pueden iluminar la reflexión moral, pero no obligan a los cristianos ni a los estados.

    V. La nueva alianza: la ley escrita en el corazón

    «He aquí que días vienen, oráculo de Yahvé, en que yo pactaré con la casa de Israel una nueva alianza… pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré.» — Jeremías 31,31.33

    Siglos antes, Jeremías anunció lo que Cristo realizaría: la ley dejaría de estar escrita en tablas de piedra para quedar grabada en el corazón. Ya no sería el miedo al castigo, sino el Espíritu Santo, quien nos impulsara a cumplir la voluntad de Dios.13

    «¿O es que ignoráis, hermanos, que la ley no domina sobre el hombre sino mientras vive?… Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquel que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios.» — Romanos 7,1.4

    Pablo usa una comparación con el matrimonio: así como la muerte del esposo deja libre a la mujer para unirse a otro, la muerte de Cristo nos libera de la ley antigua para unirnos al Cristo resucitado. No se trata de una libertad del bien, sino de una libertad para el bien.14

    «Mas ahora ha obtenido él un ministerio tanto mejor cuanto es mediador de una mejor alianza, como fundada en promesas mejores.» — Hebreos 8,6

    Cuadro resumen

    Tipo de ley

    Contenido

    ¿Vigente para el cristiano?

    Moral

    Diez Mandamientos, principios universales del bien

    Sí, perfeccionada por Cristo

    Ceremonial

    Sacrificios, fiestas, pureza ritual, circuncisión

    No, cumplida en Cristo

    Civil

    Código judicial y social de Israel

    No, concluida con el Israel teocrático

    Conclusión

    La muerte de Cristo no fue el fin de la Ley: fue su meta. Como la semilla que muere para dar fruto, la Ley antigua contenía la promesa de algo mayor. Cristo no la destruyó, sino que la llevó a su plenitud:

    • La ley moral permanece y Cristo la lleva al corazón.

    • La ley ceremonial se cumplió en Él, porque era sombra y Él es la realidad.

    • La ley civil concluyó con el Israel teocrático.

    • La nueva alianza escribe la ley en el corazón por obra del Espíritu Santo.

    El cristiano no vive sin ley: vive bajo una ley más alta, la ley del amor, escrita en el corazón por el Espíritu.15 No es lo mismo obedecer por miedo al castigo que obedecer por amor al Dios que nos amó primero. Y en ese amor se cumple todo lo que la Ley siempre quiso: “la caridad es la ley en su plenitud” (Rom 13,10).


    Notas bibliográficas

    1 Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica I-II, q. 99, a. 4. San Agustín ya distinguía entre los preceptos morales y los ritos que eran figura de Cristo: Contra Fausto, VI, 2 y XIX, 18. Sobre la Ley antigua: Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 1961-1964.

    2 Sobre Jesús y la Ley: CEC, n. 577-582.

    3 CEC, n. 1962 y 2052-2063. Cf. san Juan Pablo II, encíclica Veritatis splendor (1993), n. 12-15.

    4 CEC, n. 1968 y 2262.

    5 CEC, n. 2055, que cita Rom 13,9-10.

    6 Concilio de Trento, Decreto sobre la justificación (1547), cánones 19-20. H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 1569-1570. CEC, n. 2068.

    7 CEC, n. 613-614 y 1330.

    8 CEC, n. 2174-2176. Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica II-II, q. 122, a. 4, ad 4.

    9 CEC, n. 527 y 1150.

    10 Concilio de Florencia, Decreto para los jacobitas (1442), sobre el cese de los preceptos ceremoniales con la venida de Cristo: Denzinger-Hünermann, n. 1348. Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica I-II, q. 103, a. 3-4.

    11 Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica I-II, q. 104, a. 3.

    12 CEC, n. 2382-2384. Sobre la indisolubilidad del matrimonio: CEC, n. 1614-1615.

    13 CEC, n. 1965-1966.

    14 CEC, n. 1963 y 1972.

    15 Sobre la Ley nueva como “ley del amor” y “ley de libertad”: CEC, n. 1972-1974.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.