Pestañas abiertas

1 abierta

    El Purgatorio

    Introducción

    El purgatorio es una de las doctrinas que más rechazo genera entre los protestantes, que suelen considerarlo una invención medieval sin base bíblica. Pero un examen honesto de la Escritura, leída completa y en su contexto, muestra que la idea de una purificación después de la muerte tiene raíces bíblicas sólidas, que los judíos oraban por sus difuntos antes de Cristo y que los cristianos lo hicieron desde los primeros siglos.

    Tres verdades bíblicas sostienen esta doctrina:

    1. Nada impuro puede entrar en la presencia de Dios.

    2. No todos los que mueren en amistad con Dios están completamente purificados.

    3. Los vivos pueden orar por los difuntos y ayudarles.

    El purgatorio no es una “segunda oportunidad” ni un lugar de condena. Es un estado de purificación para quienes mueren en gracia de Dios, ya salvados, pero que aún necesitan ser purificados para entrar en la alegría del cielo.1

    I. Nada impuro entra en el cielo

    «Nada profano entrará en ella, ni los que cometen abominación y mentira, sino solamente los inscritos en el libro de la vida del Cordero.» — Apocalipsis 21,27

    «Procurad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.» — Hebreos 12,14

    Dios es absolutamente santo, y su presencia exige una pureza total. Pero ¿cuántos creyentes mueren completamente libres de todo apego al pecado, de todo egoísmo y de toda imperfección? Muy pocos. La pregunta no es si hace falta una purificación, sino cuándo ocurre. Si no se completó en esta vida, tiene que completarse antes de entrar en la gloria. A esa purificación final la Iglesia la llama purgatorio.

    II. Culpa perdonada, consecuencias que permanecen

    «David dijo a Natán: “He pecado contra Yahvé.” Respondió Natán a David: “También Yahvé perdona tu pecado; no morirás. Pero por haber ultrajado a Yahvé con ese hecho, el hijo que te ha nacido morirá sin remedio.”» — 2 Samuel 12,13-14

    La Iglesia no enseña que Cristo no haya perdonado todos los pecados. Distingue entre la culpa, que Dios perdona totalmente, y las consecuencias del pecado, que pueden permanecer. Dios perdona a David, pero las consecuencias de su pecado siguen su curso.

    Esas consecuencias no son una venganza de Dios. Son el desorden que el pecado deja en nosotros: apegos, heridas y egoísmos que necesitan sanar. Es como una herida: aunque se haya sacado la espina, la herida todavía tiene que cicatrizar. Esa sanación puede completarse en esta vida, con la penitencia, la caridad y la aceptación de las pruebas, o después de la muerte.2

    III. Salvados, pero como a través del fuego

    «La obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual la probará el fuego. Aquel cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquel cuya obra quede abrasada sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.» — 1 Corintios 3,13-15

    Pablo describe a alguien que se salva, que no va a la condenación, pero que “sufre el daño” y pasa “a través del fuego”. Si fuera directamente al cielo, ¿por qué sufriría daño? Si se condenara, ¿cómo podría decirse que se salva? El texto describe a alguien salvado que pasa por una purificación antes de recibir la plenitud.

    San Gregorio Magno aplicó este texto a la purificación después de la muerte. Benedicto XVI añadió una interpretación muy profunda: ese fuego que quema y salva es Cristo mismo. El encuentro con su mirada de amor quema todo lo que en nosotros es falso, y en ese dolor está la salvación.3

    IV. La cárcel de la que se sale

    «Y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.» — Mateo 5,22

    «Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.» — Mateo 5,25-26

    En su sentido inmediato, es una enseñanza sobre la reconciliación. Pero hay un detalle importante en el vocabulario. En el versículo 22, Jesús habla de la “gehenna de fuego”, el lugar de la condenación definitiva. Tres versículos después, cambia de imagen: habla de una cárcel de la que se sale una vez pagada la deuda.

    De la gehenna nadie sale. De esta cárcel, sí. No es lo mismo una condena perpetua que una deuda pendiente que, una vez saldada, permite la libertad. San Cipriano y otros Padres de la Iglesia aplicaron este texto a la purificación después de la muerte.4

    V. Perdón “en el mundo venidero”

    «Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.» — Mateo 12,32

    Jesús afirma que hay un pecado que no se perdonará “ni en este mundo ni en el otro”. Si después de la muerte no existiera ninguna posibilidad de purificación, ¿por qué precisar “ni en el otro”? Habría bastado con decir “nunca”. La frase da a entender que otros pecados sí pueden ser purificados en el mundo venidero. Así lo explicó san Gregorio Magno, y así lo recoge el Catecismo.5

    VI. Pecados que no son de muerte

    «Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida, a los que cometan pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte.» — 1 Juan 5,16-17

    Juan distingue entre pecados “de muerte”, que rompen la amistad con Dios, y pecados que no lo son. Es la distinción entre pecado mortal y venial.6 Quien muere en pecado mortal, sin arrepentirse y rechazando hasta el final el amor de Dios, se excluye a sí mismo de la comunión con Él. Quien muere en gracia de Dios, pero con pecados veniales y apegos sin purificar, no se condena, pero necesita purificación.

    VII. La oración por los difuntos

    «Después de haber reunido entre sus hombres una colecta de unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que se duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.» — 2 Macabeos 12,43-46

    Este texto, escrito más de un siglo antes de Cristo, muestra que los judíos ya oraban y ofrecían sacrificios por sus difuntos. Y la lógica es clara: los que están en el cielo no necesitan oración, y a los que están condenados no les sirve. La oración por los difuntos solo tiene sentido si existe un estado en el que puede ayudarles.7

    Los protestantes objetan que 2 Macabeos no está en su Biblia. Pero la Iglesia lo reconoció como Escritura desde los primeros siglos, y Lutero lo relegó a un apéndice después de que, en la disputa de Leipzig (1519), le citaran precisamente este pasaje. Aun así, incluso como testimonio histórico, prueba que la oración por los difuntos era una práctica judía antes de Cristo (véase el tema “Historia de la Biblia”).

    «Que el Señor conceda misericordia a la familia de Onesíforo, pues muchas veces me reconfortó y no se avergonzó de mis cadenas… Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día.» — 2 Timoteo 1,16.18

    Pablo pide por “la familia de Onesíforo” y por él pide misericordia “aquel Día”, el día del juicio. Muchos intérpretes, incluso no católicos, piensan que Onesíforo ya había muerto, porque Pablo no lo saluda a él, sino a su casa (2 Tim 4,19). Si es así, tenemos al mismo Pablo orando por un difunto.

    VIII. Purgatorio, Hades y Gehenna

    «…ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.» — Marcos 9,47-48

    Conviene distinguir bien estos términos:

    Término

    Qué designa

    Seol / Hades

    El nombre general del estado de los muertos antes de la resurrección. Dentro de él ya hay distinción entre consuelo y tormento (Lc 16,19-31).

    Gehenna

    La condenación definitiva, de la que nadie sale.

    Purgatorio

    La purificación pasajera de quienes mueren en gracia de Dios. No es un tercer camino, sino la antesala del cielo.

    El purgatorio no es una alternativa entre el cielo y el infierno, sino un paso previo al cielo. Todos los que están en el purgatorio ya están salvados.8

    IX. El testimonio de la Iglesia

    La oración por los difuntos aparece desde los comienzos del cristianismo:

    • La inscripción de Abercio (finales del siglo II), obispo de Hierápolis, termina pidiendo a quien la lea que rece por él.

    • Tertuliano (hacia el año 211) cuenta que los cristianos ofrecían oblaciones por los difuntos en el aniversario de su muerte.

    • Santa Mónica, al morir, pidió a su hijo Agustín que la recordara ante el altar del Señor, y él lo cuenta en sus Confesiones.

    • San Agustín enseña en La Ciudad de Dios que algunos sufren penas temporales después de la muerte, y que a ellos les ayudan las oraciones de la Iglesia.

    • San Gregorio Magno (siglo VI) afirma que para ciertas faltas leves hay que creer en un fuego purificador antes del juicio.

    La Iglesia definió esta doctrina en el II Concilio de Lyon (1274), el Concilio de Florencia (1439) y el Concilio de Trento (1563).9 Pero no la inventó entonces: la definió frente a quienes la negaban. Quien rechaza el purgatorio no recupera la fe de los primeros cristianos, sino que se aparta de ella.

    Síntesis bíblica

    Texto

    Enseñanza

    Ap 21,27; Heb 12,14

    Nada impuro entra en el cielo

    2 Sam 12,13-14

    La culpa se perdona, pero quedan consecuencias

    1 Cor 3,13-15

    Salvado, pero como a través del fuego

    Mt 5,22.25-26

    Una cárcel de la que se sale, distinta de la gehenna

    Mt 12,32

    Perdón posible "en el otro mundo"

    1 Jn 5,16-17

    Pecados que no son de muerte

    2 Mac 12,43-46

    Oración y sacrificio por los difuntos

    2 Tim 1,16-18

    Pablo pide misericordia para Onesíforo

    Conclusión

    El purgatorio no es una invención medieval. Es la conclusión de tres verdades bíblicas: Dios es perfectamente santo, no todos morimos perfectamente purificados, y los vivos pueden ayudar a los difuntos con su oración.

    Lejos de contradecir la obra de Cristo, el purgatorio la presupone: solo quien murió reconciliado con Dios por la sangre de Cristo puede estar en él. Es la antesala del cielo, no una segunda oportunidad para quien rechazó a Dios. Por eso no debe presentarse como si Dios “cobrara” el perdón, ni como una excusa para dejar la conversión para después. El fuego del purgatorio es el amor de Cristo, que termina de sanar lo que quedó herido.10

    No es lo mismo una cárcel de la que se sale cuando se salda la deuda que un fuego del que nadie sale nunca. El purgatorio es lo primero; la gehenna, lo segundo. Orar por los difuntos no es dudar de la misericordia de Dios, sino confiar en ella. Es la forma más concreta de amar a quienes ya no pueden ayudarse a sí mismos, y una práctica que la Iglesia nunca ha abandonado, porque la recibió del pueblo de Dios, que oraba por sus muertos mucho antes de que viniera Cristo.


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 1030-1031. San Juan Pablo II, catequesis en la audiencia general del 4 de agosto de 1999, donde explica que el purgatorio no indica tanto un lugar como una condición de vida.

    2 Sobre la culpa y la pena temporal, y sobre la pena como consecuencia del pecado y no como venganza de Dios: CEC, n. 1472-1473.

    3 San Gregorio Magno, Diálogos, IV, 41. Benedicto XVI, encíclica Spe salvi (2007), n. 47. CEC, n. 1031.

    4 San Cipriano, Carta 55, 20.

    5 CEC, n. 1031, que cita a san Gregorio Magno, Diálogos, IV, 41.

    6 CEC, n. 1854-1863.

    7 CEC, n. 958 y 1032, que cita 2 Mac 12,46.

    8 Sobre el infierno: CEC, n. 1033-1035. Sobre el Seol o Hades: CEC, n. 633.

    9 Inscripción de Abercio (finales del siglo II). Tertuliano, Sobre la corona, 3, y Sobre la monogamia, 10. San Agustín, Confesiones, IX, 11, 27 y IX, 13, 37; La Ciudad de Dios, XXI, 13 y 24. San Gregorio Magno, Diálogos, IV, 41. II Concilio de Lyon (1274): H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 856. Concilio de Florencia (1439): Denzinger-Hünermann, n. 1304. Concilio de Trento, sesión VI (1547), canon 30, y sesión XXV (1563), Decreto sobre el purgatorio: Denzinger-Hünermann, n. 1580 y 1820.

    10 Spe salvi, n. 45-48. Sobre los sufragios por los difuntos (la oración, la Eucaristía, la limosna y las indulgencias): CEC, n. 1032 y 1479.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.