Capítulos I-X

BAC vol. 29

Capítulos I-X

ANOTACIONES AL LIBRO DE JOB

Fecha: En torno al 400

Tomado de las «Revisiones» (2,39 [13])

  1. El libro titulado Anotaciones al libro de Job, ¿ha de considerarse mío o más bien de quienes, según pudieron o quisieron, reunieron aparte las glosas escritas en el margen del manuscrito? No me resulta fácil responder a la pregunta. Dichas glosas son sabrosas para los poquísimos capaces de entenderlas. Pero aun éstos se han de sentir por fuerza molestos al no entender muchas cosas, puesto que en numerosos pasajes no han sido transcritas las palabras comentadas, de tal manera que se sepa qué es lo que se comenta. Además, la concisión de las sentencias origina tal oscuridad, que el lector apenas la puede soportar, por lo que se ve en la necesidad de pasar de largo sobre muchísimos textos que le resultan ininteligibles. Por último, he advertido que el ejemplar de la obra de que dispongo está corrompido, sin que pueda corregirlo. No quisiera que se dijese que lo he publicado yo, pero sé que lo tienen los hermanos y no es posible ir contra sus deseos.

  2. Este libro comienza con las palabras: Et opera magna erant ei super terram.

ANOTACIONES AL LIBRO DE JOB Traducción: José Cosgaya Fecha: En torno al 400

Capítulo I

Poseía vastas haciendas sobre la tierra1porque practicaba obras buenas con esos mismos bienes. Celebraban banquetes todos los días2, turnándose desde el primero al último, señal de caridad. Y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos3. Téngase en cuenta que una cosa son las confesiones personales, o también los holocaustos individuales, y otra cosa el sacrificio por los pecados de todos y por todos los pecados, en marcada referencia al Señor.

Por si acaso mis hijos han pecado y han maldecido a Dios en sus corazones4. Ese por si acaso está bien traído, porque Job tenía sus recelos de que hubieran maldecido a Dios en sus corazones. Un día vinieron los ángeles de Dios a presentarse ante el Señor5. No podía explicarse de otro modo la querencia que siente el alma por Dios sin expresarla, por decirlo así, con categorías temporales y locales. Y se presentó también entre ellos el diablo6. Dice entre ellos tal vez porque no pudo oír sino por conducto de ellos. Y el Señor le dijo al diablo: ¿De dónde vienes?7 El relato de la intervención precedente, origen de su actuación ulterior, supone la respuesta a esta pregunta. En cuanto a la pregunta misma, hay que decir que es una fuerza divina, no un salvoconducto para hacer lo que a uno le venga en gana —las intenciones del impío serán objeto de examen8—, para dejar bien en claro de qué individuo se trata. Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes9: dale poder. Si no te bendice a la cara10… Se trata de una expresión inconclusa. Quiere decir: si no te bendice en la cara una vez que le hayas tocado en sus bienes, se sobrentiende ¿qué ordenas? Y el diablo salió de la presencia del Señor11: pasó de la consulta a la acción. Y aparecieron los enemigos y se los llevaron12. De acuerdo con aquello de que actúa ahora en los rebeldes13, también los despertó a éstos. Nótese el poder que ejerce tanto en los hombres como en los elementos. Pero este poder le viene de Dios. Desnudo salí del seno de mi madre14. Repárese en qué escala emplea expresiones consolatorias, aunque según costumbre hiciera duelo.

Capítulo II

Ahí le tienes en tus manos, pero respeta su vida15. Se lo dice para que no se ufane de tener jurisdicción sobre la vida. Y Job tomó una teja para rascarse la podredumbre16. Pone de relieve que los pecados de los penitentes se borran por medio de la pasión del Señor.

Capítulo III

Y la noche en que dijeron17: Un varón ha sido concebido. Se refiere a algunas potestades superiores que pudieron tener conocimiento del hecho. Y aquella noche hágase lúgubre18: que no sufra ya lo que ha sufrido; es decir, que aquella noche sea tenebrosa, o sea, que quede en el olvido. No se acuerde de ella Dios desde arriba19. Que no se recupere con la inmortalidad, es decir, que parezca la mortalidad. Ni resplandezca sobre ella la luz20: la luz de la memoria. Sino que la acojan las tinieblas y la sombra de la muerte21: esta vida, que es sombra de la pena futura. Darle el sentido de que el justo, que es la luz, no la vea; que la vean las tinieblas, es decir, los pecadores y las congojas de la carne que hay en esta vida. Y que la alteren como las amarguras del día22: las prescripciones y normas del buen vivir o el día del juicio. Tanto las unas como el otro constituyen un desconcierto para los hombres carnales. Que a aquella noche la reclamen las tinieblas: totales e ininterrumpidas. No se compute entre los días del año: entre los justos espirituales que gozan del sol y que son más grandes. Que aquella noche sea una aflicción: al generar dolor en los que se aman a sí mismos. Ni entre en la cuenta de los meses23: los justos en la Iglesia, que son como la luna, el astro menor; a ellos van dirigidas aquellas palabras: Yo, hermanos, no puedo hablaros como a espirituales24; de modo que el mismo Pablo se cuenta entre los días del año. Maldígala el que maldice aquel día25: el Señor, que maldecirá a los amantes de las realidades carnales. Que se oscurezcan las estrellas de aquella noche: los que se distinguen por sus pecados. Espere la luz y que no llegue26. Porque no se convertirán, dice por conducto profético. Por no haberme cerrado la puerta del vientre de mi madre27: la ciudad terrena simbolizada en Babilonia. Porque las puertas quedarían cerradas si no se alabara al pecador en los antojos de su alma28. ¿Por qué no quedé muerto en el seno materno?29 Antes de que me hiciera notar por alguna de mis actuaciones, dado que la concepción entraña la entrada en la órbita de la esperanza. ¿Por qué salí del vientre y no expiré en seguida?30 En estas palabras debe contemplarse la imagen del hombre que se había ido envejeciendo en esta clase de malos apetitos. ¿Y por qué se me afianzaron las rodillas? Para afirmarme y entonarme en ellas. ¿Por qué me dieron de mamar los pechos?31 Se refiere a las enseñanzas que nutren para la maldad. Ahora descansaría durmiendo32: muriendo a este mundo. Con los reyes distinguidos de la tierra: en la Iglesia. Que se gloriaban de su espada33. De aquí la referencia: y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios34. O con los príncipes, grandes poseedores de oro: la sabiduría. Que llenaron sus moradas de plata35: la palabra del Señor. O bien, como un aborto desprendido del seno materno, para nunca salir a la luz. O como los niños que no vieron la luz36: que no llegaron a la más mínima notoriedad. Allí terminó el furor de los malvados: en la muerte a este mundo. Allí reposaron los exhaustos de fuerzas corporales37: por hallarse fatigados de cuerpo, pero no de espíritu, o bien por haber alcanzado el término de las realidades corpóreas. No oyeron la voz del alguacil38; de aquí las palabras: Y el juez te ponga en manos del alguacil39; es decir, que les han sido perdonados los pecados: porque lo decía de los impíos. Allí se encuentran los grandes y los pequeños40. Creo que apunta en exclusiva al pasaje donde se dice que el que se humilla será enaltecido41. Y el esclavo que no tema a su amo42. Doble referencia: o al texto: ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra bien43, o también al otro pasaje: El amor perfecto desecha el temor44. ¿Por qué se da la luz a los que tienen amargada el alma? La buena reputación de los pecadores. ¿Y la vida a las almas anegadas en el dolor?45 En el principio o base de los dolores, es decir, en los pecados. A los que desean la muerte que no llega46: la cosecha del fruto del pecado. La muerte es un descanso para el hombre cuya vida está escondida47: sea porque es conocida en la presencia de Dios, sea porque la conocen unos pocos. Se refiere a la muerte con que morimos para el mundo. Pues en la otra no existe descanso. Dios le cercó por todas partes48: no halagándole según los deseos de su corazón. Ante mi comida se me arranca el llanto: las tribulaciones que Dios envía preceden al gozo de los manjares. Y lloro angustiado de temor49: viendo mi incapacidad de evitar la causa de mis temores pasados. Porque me sobreviene todo lo que temo50: todas las dificultades que surgen cuando la misericordia de Dios invita a la corrección. Ni en la calma, ni en el silencio, ni en el descanso: todos sus temores fueron una falsa alarma. La ira me invade51: la venganza por la cual el justo se salva a duras penas52.

Capítulo IV

Palabras de Elifaz: ¿Quién puede resistir el peso de tus palabras?53 Este personaje dice que se ve obligado a tomar la palabra porque no aguanta las expresiones de su interlocutor. ¿Es que tus temores no son infundados?54 Deberías estar preparado para estos lances si es que realmente aplicabas a los demás la veracidad como arma de persuasión. Tampoco tus temores estaban fundados cuando decías: Me sobreviene todo cuanto temo55. Y tu esperanza y la sencillez de tu vida son como una simpleza56: que considera estas realidades como bienes. Los rugidos del león, los aullidos de la leona: son el diablo y la ciudad de la soberbia, que los profetas representan a menudo con estas fieras. Acabóse el contento de los dragones57: los goces de los soberbios y de los tramposos. La hormiga—león pereció por falta de alimento58. Porque en los últimos tiempos no habrá hombres a quienes devorar con engaños, pues existirá separación de buenos y malos. Pero estaba en un error el que le aplicaba a la persona de Job cuanto había oído acerca del diablo. Se le aplica o se personifica en la hormiga—león, o bien porque se dan en ella ambas cosas: raptar y perseguir en lo escondido al grano cuya germinación impiden sus ojos altaneros; o bien porque tiene en un puño a los avaros y a los que atesoran en la tierra; o, en definitiva, porque les pisa los talones a los justos, que son como las hormigas afanosas en verano y previsoras del invierno, de las que no se alimentará una vez consumada la separación entre buenos y malos. Y los cachorros de los leones son desperdigados59. Ha quedado desbaratado el complot de los jefes de aquella ciudad, nacidos de esa corporación cívica y del diablo. Quizá también porque se aniquilaron entre sí. Es una explicación del pasaje se levantará un pueblo contra otro60. Nada de esto te habría ocurrido61: ni perjuicio, ni privación de hijos, ni llagas lacerantes. Tampoco te habría invadido la angustia de espíritu, porque sin duda también tú habrías hallado consuelo si hubieses dicho de corazón a otros: ¿Acaso mis oídos no han captado el magnífico mensaje que viene de él?62 Todas estas manifestaciones dice que las hace por revelación. Un hálito pasó sobre mi rostro63. Desea que entendamos que lo que él sintió fue como una brisa, pues el contexto que sigue excluye categóricamente una metáfora. Recuérdese, por otra parte, que también el Espíritu descendió sobre los apóstoles. ¿Qué decir, pues? ¿Habrá algún hombre puro ante el Señor?64 Dice que oyó esto, o dice que, como lógica respuesta, sintió turbación, porque no hay nadie puro delante del Señor, o que lo vio, ya que nadie es tan puro ante Dios como para poder contemplarle tal cual es. Aquí hay que interpretar que habla de una pureza absoluta; en consecuencia, hemos de entender que al negar antes que perezca el hombre puro, se refería a cierto nivel de purezas. Si de sus ministros no se fía65. Esto aconteció en tiempos en que Elías se quejaba: Señor, han matado a tus profetas, y cuando el Señor le contesta: Me he reservado siete mil hombres66. Y por supuesto que esos siete mil no eran puros aún, pues a los profetas se les denominó también ángeles. Y hasta en sus ángeles encuentra imperfección67. O por lo que se les imputa o por lo que ellos mismos dicen. También puede afirmarse este extremo al tratar de los ángeles auténticos. Los habitantes de casas de arcilla68: aquellos que no están familiarizados con las realidades del cielo69. Les aplastó como a la polilla70. O se vieron sorprendidos por alguna corrupción como una especie de polilla, o es Dios quien los arruinó por medio de esta polilla o como ataca la polilla. Esto es, con una corrupción larvada e interior que tiene su origen en los hombres mismos a causa de las apetencias de la carne, es decir, por morar en casas de arcilla. De la mañana a la tarde han dejado de existir71: O no pasan de este mundo, o su trayectoria va desde la prosperidad hasta la tribulación, puesto que lo que se han agenciado es el castigo. Perecieron, al no poder ayudarse a sí mismos72: cuando tienen esperanza en sí mismos. Perecieron por falta de sabiduría73: la sabiduría de no esperar en sí mismos.

Capítulo V

Llama, pues, por si alguien te responde74. Hallan respuesta los que son limpios delante de Dios. Realmente, la cólera mata al insensato75: se trata del arrebato que ahoga al hombre como si le hubiera ocurrido algo malo, mientras se da el caso de que no piensa que es tan inmundo delante de Dios, que, cuando le invoca, ni siquiera los ángeles se dignan responderle, y mucho menos aún mostrársele. El que no piensa así es un necio y le devora una cólera estúpida. O bien, que el necio no puede oír ni ver a los ángeles, porque le devora la ira o porque le mata la envidia. Al que anda vacilante lo mata la envidia76: para imitar a los pecadores. Vi a los insensatos echar raíces77. Insensato en este pasaje equivale a impío; de modo que, a la inversa, la sabiduría de Dios se computa como piedad, tal como a continuación se subraya. Y sean aplastados a las puertas de los débiles78: de los humildes que se sienten acogidos en la alcoba del novio, mientras los necios quedan al raso79. Todo lo que ellos allegaron se lo comerán los justos80. Este extremo puede aplicarse en primer lugar a los judíos, coleccionistas de profecías que a continuación fueron plato favorito de los gentiles. También puede aplicarse a quienes, al practicarlo, comen lo que otros mandan y no ejecutan. Mas ellos no se verán libres de los males: aunque prediquen que no hay que hacerlos. Agótese su fortaleza81: que les confiere altivez entre los débiles. Que se agote para que comience a sufrir. No nacerá la miseria de la tierra82: es decir, que no se quejen de las criaturas, sino de sí mismos. Pero el hombre nace en medio de la aflicción83. Se dice que nace por el hecho de que cada hombre pasa de una vida tranquila a una vida trabajosa. Las crías del buitre vuelan muy alto84. Existe un paralelismo bastante acertado entre el buitre y el Señor, porque éste contempló nuestra mortalidad desde las alturas de la profecía y se alimentó de nuestra mortalidad bajando hasta nosotros para convertirnos en su cuerpo. Según esto, las crías del buitre reciben la denominación de hijos del esposo. Porque al remontarse a las alturas mantienen contacto con el cielo85, para liberarse de los afanes que ahogan al hombre desde que nace. Siguen el eco de la voz que invita: Venid a mí todos los que estáis agobiados86. En un sentido peyorativo los hijos del buitre pueden ser símbolo de las potestades de los aires, que se alimentan de carroña, es decir, de los pecados. Porque estos ángeles prevaricadores no se vieron arrastrados a la engorrosa humillación de la mortalidad en la que nace el hombre. Por eso son muy orgullosos, esto es, vuelan muy alto. Que derrama la lluvia sobre la tierra87: porque es como si otorgara su misericordia a los que le confiesan. Para que sus manos no realicen la verdad88: no hagan lo que prometen, alardeando de tiranía sobre los débiles. De día tropiezan en las tinieblas, como les ocurrió a los judíos, que no llegaron a enterarse de quién era el Señor. Y van a tientas en pleno día, como si fuera de noche89, como los que veían las señales pero seguían dudando, y unos decían que era un profeta, y otros que soliviantaba a las masas90, cuando ni siquiera se molestaron en ver la lámpara. Y que perezcan en la guerra: en las tentaciones. Y que el débil salga bien parado de la mano del prepotente91: del diablo. Que el débil tenga esperanza92. Realmente, los vigorosos lo que aquí pretenden es esa realidad. Dichoso el hombre a quien corrige el Señor93. En este punto Job está en un error, porque parece pensar que es feliz al sufrir este estado de postración por causa de sus pecados, cuando lo lógico sería pensar que la felicidad le viene de que, al ser corregido en esta vida, cuenta con la posibilidad de corrección. Y en el séptimo no te alcanzará el mal94: el misterio del sábado. En tiempos de hambre te librará de la muerte: le alimenta con la palabra y le da vigor en la tentación. Y en tiempo de guerra te liberará del poder de la espada95: del poder de las ataduras. Te preservará del azote de la lengua96: para que no oigas las ofensas descaradas, pero no para que no las sufras. Te reirás de los injustos y de los pecadores97: equiparado a la sabiduría, se reirá de la perdición de los impíos98. No temerás a las bestias feroces99, es decir, no temerás a los judíos, porque te obedecerán los gentiles. Estas palabras hay que aplicarlas al Señor. Elifaz está en un error al querer aplicar a Job lo que se le ha revelado personalmente a él, siendo así que todo eso se refiere al Señor. Porque harás alianza con las piedras del campo100: piedras del campo porque entre los gentiles no existió ordenación alguna legal, de modo que fuesen como piedras de la construcción. Y las bestias salvajes te serán mansas101. Aplicable tanto a los judíos como a los gentiles. Luego sabrás que hay paz en tu casa102, es decir, en la Iglesia. Y tus hijos serán como toda la hierba del campo103: sin aridez. Y llegarás al sepulcro como trigo maduro104: hacia la pasión. Mira, esto es lo que hemos observado. Esto es la confirmación de la autoridad de esta profecía. Y tú sábete bien lo que vas a hacer105. Porque Dios no es injusto al permitir eso que te ha ocurrido.

Capítulo VI

Palabras de Job: Pero, a lo que parece, las palabras han sido destempladas106. En efecto, las palabras de Job no reflejan impaciencia ante los azotes, puesto que representan un dolor que no es privativo de Job, sino el que tuvo de todo el género humano. Se han clavado en mi cuerpo las saetas del Señor. Trátase de las palabras de Dios que traspasan el alma cuando intiman la confesión«. Y su veneno bebe mi sangre: porque quitan el pecado. Cuando comienzo a hablar, me estimulan107: me obligan a decir cuanto digo. ¿Pues qué? ¿Es que rebuzna en vano el asno salvaje, a no ser cuando requiere el pienso? De modo que padece hambre por querer ser libre. ¿O muge el buey cuando tiene el pesebre lleno?108 El trabajo del buey depara pienso al asno, al igual que el trabajo de los profetas y de los apóstoles se lo deparó a los gentiles. Unos y otros, profetas y apóstoles, fueron judíos. Así pues, estas palabras son comida del que las desea; es decir, son una ayuda, pero nunca del que tiene impaciencia en el dolor. ¿Se come el pan sin sal? Como si se le preguntara: ¿Por qué dices todo esto de modo figurado? Y la respuesta es: Porque si lo dijera a título personal resultaría un plato insípido. ¿Tienen sabor las palabras vanas?109 Se refiere a las conversaciones frívolas de los hombres, porque las palabras de Dios son pan, pero pan celestial110. Mi alma no puede estar ociosa111. Al igual que el pan sin sal es inaguantable, así estoy ahora al servicio de la palabra de Dios, a tenor del texto: ¿Cómo oirán si nadie les predica?112 Porque estoy viendo mis alimentos malolientes como el hedor del león113. Porque mis palabras son malolientes y apestan como el león, sea a causa de la soberbia que los hace jactanciosos, sea porque, al abrazar las realidades carnales, los que se gozan de sus propias palabras apestan como el león. ¡Y si me concediera se cumpliese mi petición! Llama petición al objeto de sus deseos. Y que Dios me otorgue lo que espero114. Así, el que confía en la esperanza del consuelo que seguirá a la tribulación es tentado oportunamente. Dice esperanza, y dice bien, porque, tan pronto como aparece la realidad, ya no es necesaria la tentación. Sea mi sepulcro la ciudad sobre cuyos muros saltaba115. Quiere como sepulcro aquella colectividad de Babilonia, no para que le cubra, sino para que sepa que oculta a los muertos, no importa quiénes sean; aquella ciudad de cuyos fortines y baluartes se sentía orgulloso. No perdonaré. No he mentido: las palabras de mi Dios son santas116. Porque no transmitió un mensaje distinto del recibido de Dios. Esto es aplicable al hombre corriente y moliente cuando se ve necesitado de ayuda en la confesión ». ¿Cuál es mi fortaleza para sufrir? Se refiere a sus llagas. ¿O cuál es mi fin para que mi alma aguante?117 Puesto que los hombres se aterrorizan ante la proximidad de la muerte, para que se conviertan y confiesen ante Dios la podredumbre de sus pecados, ante cuya consideración dice Job que se siente intimado a la confesión. ¿Es mi fortaleza la de las piedras?118 Duras e impenetrables ante los dardos de las palabras de Dios, quienes no se sienten movidos a confesarle. ¿O no confiaba en él? Cuando me iba bien, es decir, cuando era inmortal a imagen de Dios. La ayuda se ha alejado de mí119: habiéndome creado mortal y queriendo confiar en mí mismo. Y la visitación del Señor me pasó por alto120. Según esto, se dijo: ¿Qué es el hijo del hombre para que le visites?121 Mis allegados no me miraron a la cara: temblé de miedo ante los ángeles. Como arroyo agotado: porque de vez en cuando me inundó la misericordia, pero me sequé y no fui fuente para mí. O pasaron ante mí como una inundación122, es como si la bebida fuera base del consuelo. Los que me temían cayeron ahora sobre mí123: el diablo y sus ángeles. Perecí y salí desterrado de mi casa124: sea de la morada celestial, sea de la conciencia. Por eso se estaba sentado fuera de su casa. Contemplad los caminos de Tema, ved las sendas de Saba125. En estos pueblos están simbolizados los que confían en las realidades temporales, de las cuales dice que no presume personalmente, es decir, el hombre del que es signo. Pero ahora también vosotros os habéis levantado contra mí sin piedad: creyendo que la felicidad humana consiste en la abundancia de las realidades carnales. Preferían provocar la burla a ejercer la misericordia o compasión. Pero temed todos los que veis mi dolencia126. Y al comprender su sentido, temed los castigos venideros. ¿Qué queréis? ¿Es que os he pedido algo? ¿Acaso tengo necesidad de vuestra fortaleza?127 Porque está enfermo delante de quien puede curarle. Enseñadme vosotros y yo me callaré128. Por ser incapaces de enseñarle tuvieron que aguantar sus enseñanzas. Pero, como puedo ver, proferís palabras perversas de un verdadero hombre. Llama auténtico hombre al representado en la persona del penitente en su conversión a Dios, y de él decían palabras perversas. No pido vuestra ayuda129. Porque el hombre auténtico recaba la ayuda de Dios. Es hombre auténtico el que confiesa». Por eso, el que realiza la verdad sale a la luz130. Ya no aguantaré más la retórica de vuestros discursos131. Dijo que aguantaba la palabra de Dios con la que le instruye. Sin embargo, hasta sobre un huérfano os abalanzasteis132. En lo que a vosotros respecta, quisisteis reíros de mí, aunque no comprendierais todo el significado de vuestro gesto. Porque ni siquiera tenían que haber insultado a Job, a quien tenían ante los ojos. Por eso dice, sin embargo: Y ahora, volviendo vuestra mirada, prestadme atención a mí133, ya que no tenéis nada que enseñarme. Y poneos al lado de la justicia134, ya que al principio parece como si fuera la justicia la que les impelía a hablar. No hay en mi lengua iniquidad, y ¿acaso mi paladar no saboreaba la sabiduría?135 Dice que él no ha acusado a Dios, sino que ha introducido al hombre que se acusa de sus iniquidades. Tal es el sentido de todo su discurso anterior. Y a eso lo llama ejercicio de sabiduría.

Capítulo VII

¿No es una prueba la vida del hombre sobre la tierra?136 Aquí comienza a mostrarnos el sentido de las palabras anteriores. Presenta esta prueba como una especie de estadio donde se lucha y donde el hombre vence o es vencido. Y su vida es como la de un jornalero137, que espera la paga temporal, de modo que aquellos que esperan para el futuro el fruto de la justicia no tienen ya vida sobre la tierra. ¿O es como el esclavo que teme a su amo y que ha buscado la sombra?138 Esto significa de forma simbólica la ocultación de Adán ante el rostro del Señor y el cubrirse con hojas productoras de sombra que el hombre se agenció después de abandonar a Dios. O como el mercenario que espera el salario de su trabajo139. Este último se diferencia del primero en que aquél tenía sus bienes temporales, mientras que éste se limita a desearlos. Así yo he esperado meses vacíos. Ya a la sombra, llamó vanos a los bienes temporales. Me han tocado noches llenas de dolor140: en ellas se pierde la luz de la sabiduría, por un lado, y aparece luego un cúmulo de penas. Si me acuesto, digo: ¿cuándo llegará el día? Y si me levanto: ¿cuándo llegará la tarde? El hombre apetece ocupaciones cuando está sin hacer nada y el descanso cuando está trabajando. Estoy plagado de dolores desde la tarde a la mañana141: cuando llega el ocaso del hombre frente a Dios. Por eso también Dios, en su paseo vespertino, se retiró de ellos142: lo que significa que los dejó anhelándolo, sin esperanza de remedio hasta la mañana. De este hombre se dice: De mañana me presentaré a ti143, es decir, por la mañana, cuando Dios se revele a los justos después del juicio. Por eso también el Señor recibe sepultura por la tarde y resucita por la mañana144. Puede comparar, pues, esta vida con el lucero de la mañana. Mi carne está cubierta de gusanos: es un hervidero de gusanos. Empapo los terrones al rascarme mis llagas145. Es expresión de las apetencias o de los afanes de la confesión en que se gozan los inicuos, porque aquellas mismas apetencias y afanes que otros confiesan mediante la penitencia, a ellos los reconducen a ocasión de pecado. De aquí surgen los perros que lamían las llagas de Lázaro146. Y mi vida es más delgada que el habla147, puesto que hablo mucho y hago poco. Acuérdate de que mi vida es un soplo, es decir, que está aquejada de hambre espiritual. Ya no retornaré al mundo de las cosas visibles148. No me conocerán los ojos del vidente, porque estaré transformado, de modo que la acepción de vidente es en este pasaje el diablo envidioso. Me miran tus ojos y ya no existo149. Matas en mí la vida carnal en la que anduve. Como una nube depurada del cielo150: o purificada por el cielo, como decimos purificada o purgada por el hierro. Lo que aquí se da a entender es que le llegó ayuda del cielo para purificarse. Puede significar también que ha dejado de ser nube y se ha ido adelgazando en la pureza del aire, como purificada por los rayos del sol, para que en el cielo no haya oscuridad de carne ni de sangre. Porque la carne y la sangre no poseerán el reino de Dios151, cuando esto corruptible se vista de incorrupción y la muerte quede absorbida por la victoria152. Si el hombre baja al seol, ya no volverá nunca a subir153: recuérdalo bien para no bajar. Ya no volverá nunca a su casa154, es decir, a su descanso. Por eso, no reprimiré yo mi boca155: confesando mientras haya tiempo. ¿Soy yo el mar o un monstruo marino? Porque no es tu rechazo semejante al que ejerces con los impíos y con el diablo. Me has puesto guardia156. Lo has hecho para que no me embravezca. Así son las barreras del mar. Puesto que dije: en mi cama hallaré consuelo: se trata de las realidades de la carne en las que descansaba. Y en mi cama centraré el consuelo en mí157. El centro de todos mis consuelos debes ser tú. Tú me aterras con sueños, me espantas con visiones158: las tribulaciones de esta vida, que son sueños, como sueños son los bienes de esta vida. Desatas mi alma de mi espíritu159: a causa de los terrores visibles de los que se verá liberada el alma que teme verse envuelta en ellos. Aparté mis huesos de la muerte160: pues mis huesos caminaban irremisiblemente hacia la muerte, y si no me hubieran aterrorizado ellos, me había visto con más fuerza y aguante. Esa es la consistencia de los huesos. No viviré eternamente para que mi paciencia aguante161: tanto la brevedad de la vida como el miedo de la muerte han sido mi freno. Por eso el diablo es inconvertible, porque no muere, sino que está condenado. Así se explica que el comienzo de la sabiduría sea el temor162. Déjame, que mi vida es un soplo163. Porque no soporto las pruebas. ¿O es porque con tu sentido te volcaste en él?164 Por eso es un ser racional. De ahí la expresión: Nosotros tenemos el sentido del Señor165. A esa dádiva de la razón la llama extensión del entendimiento. ¿Y en el descanso le juzgarás?166 Digno de descanso. ¿Hasta cuándo no me dejarás? Encadenado a las tribulaciones. ¿Sin dejarme siquiera tragar mi saliva?167 En medio del dolor y de los azotes controlaré y absorberé la marea de los apetitos, aconsejado por las tribulaciones. Si pequé, ¿qué daño puedo hacerte?168 El sentido es—, si he pecado, nada puedo hacerte. ¿Es que te molestan los hombres cuando hablan? Tú, pues, que conoces la sensatez, ¿por qué creaste al hombre para que hablara en contra tuya y para que te fuera una carga? Pero si el pecado del hombre no te perjudica ni en dicho ni en hecho, ¿por qué no te olvidas de su pecado, sino que lo castigas? A no ser que todo cuanto hemos dicho constituya una referencia a tu bondad. ¿Qué es el hombre que tanto le has exaltado?169 Al no entenderlo sus amigos, lo consideraron como una reprensión de Dios a Job. Si las tentaciones en que me pones no tienen como motivación la represión del vaivén de mis apetitos, mirando así por mí, ¿qué otras razones te asisten para corregir al hombre? Al ser pecador, no puede perjudicarte. Quizá veas una especie de incompatibilidad en su palabrería, precisamente porque conoces el sentido del hombre, y por supuesto que podrías dejar de sostener lo que hace de él un rival tuyo. ¿Y por qué no te olvidaste de mi maldad?170 Si estas tentaciones no tienen como objetivo mi provecho personal como complemento cabal de tu bondad, ¿para qué me corriges? Pues pronto descansaré en el polvo. Una vez que purifiques mi pecado, aún me queda una cosa que hacer: volver al polvo por la muerte corporal. Pues mañana me despertaré y ya no existiré171: en este mundo.

Capítulo VIII

Palabras de Bildad, suhita: Ha puesto en su mano las maldades de éstos172: ha puesto en su mano a sus deudores, sea mediante la venganza, sea mediante cálculo. Es decir, ha puesto en evidencia a los pecadores. Y te restaurará el camino de la justicia173: que se debe a la justicia; o sea, el camino feliz. Y la suerte anterior será pequeñísima174: en comparación con las posteriores, que serán infinitas. ¿No te enseñarán ellos? ¿No te contarán?175 Porque la autoridad de algunos es mayor. Aquí, a punto ya de hablar de Cristo, narra lo que oyó, al igual que Elifaz contó la revelación. ¿Puede el junco reverdecer donde no hay agua?176 Pues lo mismo les ocurre a los impíos, que se secan si les falta la misericordia de Dios. ¿Se mantiene verde aún, sin que nadie lo corte? En el caso de que carezca de agua. Antes de que beba toda hierba, ¿acaso no se seca?177 A no ser que beba. Pues el impío nunca reverdeció con anterioridad. Y su tienda se llenará de arañas178: de obras inútiles. Ahora bien, parece que esto lo dice de los judíos y del Señor. Aunque se ponga a sostener su casa, no se sostendrá: con las Escrituras Santas, o con la esperanza de las promesas del Señor, o con su reino mismo. Y cuando comience no aguantará179: en el seguimiento de Dios. Esto les ocurrió a los judíos, que comenzaron a seguir, pero no tuvieron capacidad de aguante. Está bien regado ante la faz del sol: corrompiéndose ante el flujo de las realidades carnales. Ante la faz del sol equivale a bajo el sol, es decir, bajo la presión de las tribulaciones. Es una expresión idéntica a la que empleamos en nuestro lenguaje coloquial: «ante me fac». Y de su podredumbre saldrán los renuevos180. Porque si ellos no fueran tan malvados, no habría sido exaltado el Señor que nació de ellos según la carne181. Duerme sobre los montones de piedras. Porque le crucificarán los mayores. Y vivirá rodeado de piedrecillas182: gente de humilde extracción, de donde salieron los apóstoles. Si le devoran, el lugar se encarga de desmentirle183: si trata de ocultar su filiación divina, será que no es Hijo de Dios. Es preciso, pues, que él se exteriorice, porque por estos pagos no hay posibilidad de conocer las realidades divinas. Mientras que del suelo brotará otro184: sea el Señor Resucitado, sea otra raza de gentes piadosas: los cristianos. Dios no probará al inocente. ¿Quiere decir que no le reprobará?, ¿o que el impío no rechazará al inocente? Ni obsequio alguno185: es decir, los sacrificios propios de los judíos. Mientras la boca de los veraces se llenará de risas186: los veraces son los que confiesan. La tienda del malvado no aguantará187: el templo mismo, o quizá el reino.

Capitulo IX

Palabras de Job: Bien sé yo que es así188. Quiero decir que me ha dado mi merecido de acuerdo con mis malas acciones. Pero no por los motivos que vosotros pensáis, sino por el hecho de que nadie es justo en presencia suya. De mil cargos no podrán responder ni a uno189: porque en todos saldrá vencedor. El, que hace envejecer los montes sin que se den cuenta190, es decir, que hace que pierdan solidez. Tal es el caso de he envejecido entre todos mis opresores191. El que los zarandea en su furor192. Los zarandea montando en cólera. Viene a decir que se toparán con algo muy distinto del objeto de sus apetencias, puesto que el que se enaltece será humillado193. El sacude la tierra de sus cimientos, por medio de la vocación, como acontecimiento que convulsionó la élite del mundo. Y sus columnas vacilarán194. A sus órdenes el sol no sale195: bien para que la sabiduría sea incomprensible, o para que lo sean los redactores de los santos libros de acuerdo con el pasaje: Sella el libro196. El solo desplegó los cielos: la Iglesia, que, hablando en sentido cabal, es el asiento de Dios y éste la extiende por todo el orbe. El solo: para indicar la unidad trinitaria, ya que está fuera de discusión el hecho de que todas las criaturas fueron creadas por el Hijo en el Espíritu Santo. Y camina sobre el mar como por la tierra197. Por la tierra, es decir, dando firmeza y consistencia a la Iglesia en el mundo o haciendo que capitulen ante ella los pecadores, entre los cuales no zozobra porque no cede a sus insinuaciones. Si pasa junto a mí, yo no le veo; si se desliza, no le advierto. Si fuera más alto que yo, o me deslumbrara por su presteza, no le reconocería198. Luego lo indicado es que se atempere a mi flaqueza y que no me abandone. Porque si entrega a la muerte, ¿quién se lo impedirá?199 Entrega a la muerte de dos modos—, cuando pasa de lejos o cuando pasa de incógnito. Este incógnito de Dios es la muerte del alma. Porque la ira incontenible de Él. El enojo de los demás puede conjurarlo el hombre con más arrestos. A él quedan sometidas todas las criaturas bajo el cielo200, excepto el cielo mismo, es decir, excepto la criatura racional. Porque si esta criatura racional hubiera metido en cintura al resto de la creación, nunca se vería avasallada por las criaturas sumisas a sí. Pero como Dios le sometió estas criaturas, es lógico que se vea escarmentada por ellas cuando incurre en el ultraje de aquel que se las sometió. Pero aun en el caso de que yo fuera justo, no me escuchará201 suplicándole y a la vez alardeando de mi justicia. Al sentar un paralelo entre aquellas realidades y las realidades inmutables y duraderas de Dios, Dios no me dará oídos, ya que soy injusto. Luego tengo la imperiosa necesidad de su misericordia. Recabaré su juicio202, porque no puedo juzgar personalmente si soy justo. Así se explica el pasaje ni siquiera me juzgo a mí mismo. Mi juez es el Señor203. Pero si le llamo y no me responde, no creo que haya escuchado mi voz204. Cuando acudo en demanda de su juicio, si es que no me escucha, no creeré que haya atendido ni una sola vez a mi ruego. Porque me ha oído en causas ocultas, y no precisamente porque mi demanda sea acreedora de su miramiento. O, en realidad de verdad, no creo que no me haya oído ahora, porque de hecho he sido escuchado alguna vez. También puede ser que, si atiende a mi petición, creeré que me ha oído; porque si no lo creo, sigo sin ser escuchado aunque se cumplan mis peticiones. Lógicamente, la fe del demandante viene a ser signo de acogida. ¿Para que no me aplaste en el torbellino? Por eso acudo en demanda de su juicio, para que no me aplaste en el torbellino. Ha multiplicado sin motivo mis heridas205; se me han ocultado las causas. Quizá en realidad se trata de la voz de quien declara que no se ha corregido con los azotes de Dios, y que, por lo mismo, corre el riesgo de verse aplastado por el torbellino como castigo mayor. Pues no me deja recobrar el resuello206; tantísimas son mis desgracias. En efecto, al ser poderoso, siempre se sale con la suya207. Sale victorioso para que yo haga su voluntad, no la mía. Porque, aunque yo sea justo, mi boca proferirá impiedades208: si me creo justo. Sin embargo, me será arrebatada la vida209. Aunque no sepa si cometí impiedades, me será quitada la vida para sufrir lo que no quiero o para no hacer lo que quiero. Pues todo lo que digo es una sola cosa: que la cólera extermina al grande y al poderoso210. Quiere esto decir que la única razón de las desgracias humanas es considerarse grande y poderoso, alardeando de sus propias fuerzas. Porque los hombres malvados tendrán una muerte tremenda211, no una muerte corriente, que afecta incluso a los justos en medio de las pruebas y del sarcasmo de la gente. La tierra está sujeta al poder del malvado. Puede referirse a dos cosas: o bien al cuerpo de los justos, no al alma, cuando éstos son objeto de persecución; o bien cuando al hombre carente de piedad se le permite el ejercicio de la opresión y de la tiranía. Hay otra interpretación: cuando el pecador en cuanto mortal se ve en las garras del diablo. El que actúa encubre su juicio212: bien referido al juicio personal del impío, bien al juicio del justo, ya que en tal coyuntura temporal es algo oculto. O bien puede ser que ejecute el juicio; es decir, que Dios le castiga ocultándole su providencia, tal como se dice: Por el exceso de su cólera no buscará213. O porque es vengador del justo en tanto escamotea al perseguidor su juicio, o sea, su providencia, para que, al verse impune, se vea cada vez más entrampado en los lazos de los pecados. Y si no es el, ¿quién puede ser?214 Esta pregunta puede aplicarse al Señor, que fue objeto de escarnio y cuya tierra, esto es, cuyo cuerpo fue entregado en manos de los judíos y cuyo ejecutor de su juicio personal ocultó su majestad. Y si no es él, ¿quién es entonces el que hace cosas más formidables que las que él hizo? Otra interpretación: si no es Dios el que ejecuta el juicio del justo o del impío, ¿quién puede hacerlo? Mi vida es más ligera que un velocista215. Dice que los hombres que se desvían de la justicia son una especie de fugitivos. Algo así como aquel joven que se largó a lejanas tierras216. Como el águila al caer sobre la presa217. Desde las realidades de rango superior en que de modo natural son felices las almas racionales, es decir, desde las obras de justicia, se han desplomado en los placeres de la tierra. Pero si me pongo a hablar, me olvido de lo que estoy diciendo218. Es un modo de expresarse. El alma aficionada a las realidades exteriores va olvidándose del Creador que lleva dentro a medida que evoluciona hacia las realidades foráneas por el apetito que tiene de gozar de las criaturas. Caeré sobre mi rostro y sollozaré219. Los dolores son algo que sigue a la caída sobre el propio rostro. Siento conmoción en todos mis miembros220: es el temor, comienzo del retorno. Y si soy culpable, ¿por qué no he muerto y sigo fatigándome?221 Lo sé, supones. O dice que se fatiga porque no ha muerto aún al pecado. Aunque quedara limpio y con manos aseadas222: sean las manos de Dios, sean las suyas; es decir, las obras buenas hechas por medio de la regeneración. Ya me has hundido bastante en la inmundicia: arrastrándome a esta mortalidad. Y mis propios vestidos me causan horror223: alusión a la inmortalidad de la que deseamos revestirnos224. Pero como no podemos hacerlo en este estado de corrupción, dice acto seguido: Mis propios vestidos me causan repugnancia. Que no eres un hombre como yo, para que te responda225: porque a un hombre podría demostrarle mi inocencia, pero a tus ojos me veo pecador. ¡Ojalá hubiera entre nosotros un árbitro!226 Esto parece una blasfemia, de no referirse al Mediador entre Dios y los hombres haciéndolo portador de su demanda227. Tal es el modo que tiene de prestar audiencia a quien está puesto entre ambos y de enmendar al hombre. El Padre ha entregado todo juicio al Hijo228. Ni quien arguya, ni quien haga de auditor entre los dos229. Que aparte su vara de mí230. Que pase el temor de la Ley, para unirme a Él con la libertad de la adopción y con la caridad. Porque no estoy conmigo mismo231, ya que estoy apegado a las realidades de fuera.

Capítulo X

Proferiré querellas contra mí232. Son palabras de arrepentimiento. Y diré al Señor: no me enseñes a ser malo233: no me tientes por encima de mis fuerzas, ni permitas que me ocurran cosas que me insinúen la maldad. ¿O es que te gusta que yo actúe inicuamente? No, no te gusta que yo obre mal, porque no me has creado así de injusto. ¿Menosprecias la obra de tus manos? Si es que desprecias alguna de las obras de tus manos. ¿Has reparado en el plan de los malvados?234 No el de aquella impiedad que aparece ante los ojos humanos. ¿Has reparado en el plan de los malvados? No porque le agrade a Dios que actúen perversamente. ¿O es que ves como ve el hombre?235 Es cierto que no ves como ve el hombre; por eso has reparado en el plan de los pecadores. Porque hay un género de impiedad que sólo tú ves y que los hombres no perciben. ¿O es tu vida como la vida humana236, es decir, breve hasta el punto de que no te sea posible dar un veredicto sobre la inmortalidad? E inquiriste mis pecados237. No puede ocultársete lo que está oculto a los hombres. Aunque sabes muy bien que en nada obré impíamente. Porque frente a los hombres no tengo nada de qué acusarme. Pero ¿quién puede librarse de tus manos?238 De las manos del juez. Juzgas como Dios al ver incluso aquellas culpas que el hombre no llega a captar. Y luego, alterado, me has herido239. Esta alteración es del hombre, no de Dios, porque el hombre alterado siente a Dios alterado, al igual que los ojos avezados a la permanencia en la oscuridad sienten o perciben el sol alterado. Recuerda que me hiciste de barro. Por eso necesito de tu misericordia. Y que al polvo me has de devolver240: por la muerte que es pena del pecado. ¿No me ordeñaste como leche?241 También a los mortales les dispensó su misericordia cuando en los remotos orígenes del mundo hizo que los hombres tomaran forma de otros hombres. Pues al tener todo esto dentro de ti, sé que eres todopoderoso242: porque tu bondad es tanta que siguen actualizando la naturaleza carnal. Y si llego a pecar, serás mi defensor243 tanto para no hacer que perezca como para que mi pecado no pase ignorado. Y si soy inocente, no puedo ni resollar: en presencia de los hombres. Porque tú ves los pecados en que los hombres no reparan. Estoy lleno de vergüenza244, en presencia tuya. Y me das caza como un león para matarme. Se trata del pecado de soberbia, que pasa inadvertido ante los hombres y que puede insinuarse incluso en las obras dignas de alabanza. Y mudado otra vez, me atormentas con toda crueldad245: tras el castigo del pecado que hizo mortal al hombre. Se refiere a aquel tipo de pruebas que los hombres tienen que soportar en la vida. Porque de golpe surgen muchas preocupaciones que perturban la tranquilidad de la misma vida mortal cuando uno disfruta de salud, o seguridad de las cosas aunque temporales, salud que atribuyó a la misericordia del Señor. Renovando contra mí mis tormentos246. Porque la misma mortalidad humana es ya de suyo un tormento, y de esta mortalidad derivan los demás tormentos. ¿Para queme sacaste del seno247, desde la oscuridad al conocimiento cuando el trastorno de éste es motivo de una angustia mayor? Antes ya ha hecho referencia a esta generación. Sería como si no hubiese existido248: totalmente desconocido. De ahí la expresión y llama a las cosas que no son para que sean249, es decir, atendiendo a su condición de oscuro anonimato. ¿No son bien poca cosa los días de mi existencia? Mis largos días no son como para decir que no he muerto, puesto que lo que vivo es bien poco. Aguántame para que pueda gozar de un poquito de consuelo250. Después de aquella compasión con que me formaste de arcilla, me castigaste transformado por la mortalidad, me consolaste con esta misma mortalidad y por último me ejercitaste con los sufrimientos. Permíteme que descanse en ti: antes de que me vaya al suplicio para nunca más volver251. De los sufrimientos a que he aludido hasta ahora hay posibilidad de retorno, supuesta la conversión a Dios. Pero su anhelo es descansar antes de ir al suplicio eterno, y lo hace con la finalidad explícita de no ir. Es algo así como si le decimos a alguien: enmiéndate antes de que te castiguen. Porque si se enmienda, es seguro que ya no habrá castigo. Donde no hay luz, ni es posible ver la vida de los hombres252. Y la vida de los hombres está allí donde está la luz verdadera que ilumina a todo hombre253. Una es la tierra de los vivos y otra es la tierra de los muertos.