BAC vol. 31
Libro 02
RÉPLICA A FAUSTO, EL MANIQUEO
Libro II
A qué se llama Evangelio
Las genealogías no forman parte del Evangelio
- Fausto: —¿Aceptas el evangelio? —Plenamente. —En consecuencia, ¿aceptas también que Cristo ha nacido?
—No es verdad. De que acepte el evangelio no se sigue que acepte que Cristo haya nacido.
—¿Cómo así?
—Porque el evangelio comienza a existir y toma su nombre
a partir de la predicación de Cristo. y en ningún lugar del mismo afirma que haya nacido de hombre. Hasta tal punto no forma parte del evangelio la genealogía que ni su mismo autor se atrevió a llamarla evangelio. ¿Qué es lo que escribió? Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David1. Así, pues, no se puede hablar de “libro del evangelio de Jesucristo”, sino del libro de la generación, referido al lugar donde se introduce una estrella2, que confirma dicho nacimiento. En consecuencia, con más razón se le puede llamar “genesidio” que evangelio. Finalmente, mira la exactitud del comienzo de Marcos que no se preocupó de escribir la generación, sino únicamente la predicación del Hijo de Dios, que en ello consiste el evangelio. Dice: Evangelio de Jesucristo, hijo de Dios3, para que aparezca suficiente y hasta abundantemente que la genealogía no forma parte del evangelio. Incluso en el mismo Mateo se lee que Jesús comenzó a predicar el evangelio del reino después que Juan fue encarcelado. Queda constancia, pues, de que todo lo relatado con anterioridad no es evangelio, sino simple genealogía. En caso contrario, ¿qué impedía a Mateo poner también él evangelio de Jesucristo hijo de Dios? Sólo el hecho de que consideró indecoroso llamar evangelio a una genealogía.
Por tanto, si ya te ha quedado bastante claro lo que hasta el presente ignorabas, esto es, que una cosa es el evangelio y otra muy distinta la genealogía, sábete que yo, como dije, acepto el evangelio, es decir, la predicación de Cristo. Pregunta cuanto quieras acerca de él, pero dejando de lado las genealogías. O, sí tienes intención de debatir también acerca de ellas, no me echo atrás, pues también a ese propósito tengo abundancia de respuestas. Tú, en cambio, comienza por lo primero: por aprender a preguntar, pues me das la impresión de que no quieres saber si acepto el evangelio, sino si acepto las genealogías.
Cuál es el evangelio de Pablo y demás apóstoles
- Agustín: Como si procediera de nosotros, te hiciste la pregunta de si aceptabas el evangelio, y respondiste: “Plenamente”. De nuevo te preguntaste si aceptabas que Cristo había nacido, y respondiste: “No es verdad”, añadiendo como razón que la generación de Cristo no forma parte del evangelio. Según eso, ¿qué responderás al Apóstol que dice: Acuérdate de que Jesucristo, del linaje de David, según mi evangelio, resucitó de entre los muertos?4 Ves ciertamente, aunque lo ignores o finjas ignorarlo, qué es el evangelio. Para hablar del evangelio no te apoyas en la enseñanza del Apóstol, sino en vuestro error. Pero si llamas evangelio a lo mismo a lo que lo llamaron los apóstoles, te distancias de él al no creer que Cristo procede del linaje de David, dato que el Apóstol atestó se anunciaba en conformidad con su evangelio. El evangelio de Pablo es el mismo de los demás apóstoles y de todos los fieles dispensadores de tan gran misterio. Esto dice en otro lugar: Tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos y esto lo que habéis creído5. No todos ellos escribieron un evangelio, pero todos predicaron el evangelio. Se llama propiamente evangelistas a quienes narraron el origen, los hechos, los dichos, los sufrimientos del Señor Jesucristo. En efecto, si investigamos qué significa el término mismo en nuestra lengua, evangelio equivale a buen mensajero o buena noticia. Aunque puede usarse siempre que se anuncia algo bueno, el vocablo se lo apropió el anuncio del Salvador de que hablé. Si vosotros anunciáis algo diverso, está claro que os colocáis fuera del evangelio.
Ciertamente os refutan los párvulos a quienes llamáis semicristianos, si escuchan la voz de la madre caridad que grita por boca del Apóstol: Si alguien os anunciara algo distinto de lo que os he anunciado yo, sea maldito6. Puesto que el mismo Pablo anuncia, conforme a su evangelio, que Cristo procede del linaje de David, ¡sed malditos vosotros que negáis eso y anunciáis otra cosa distinta! ¿Quién no ve con cuánta ceguera se afirma que Cristo no dice nunca que él ha nacido de hombre, siendo así que casi en ningún lugar calla que es el Hijo del hombre?
El primer hombre del mito maniqueo y el combate inicial
- Vosotros, hombres doctísimos, nos sacáis de vuestro armario no sé qué primer hombre, que descendió desde la raza de la luz para someter la raza de las tinieblas, armado con sus aguas, con su fuego y con sus vientos contra las aguas, fuego y vientos de sus enemigos. ¿Por qué no descendió también con su humo y con sus tinieblas contra el humo y tinieblas de sus enemigos, sino que, según afirmáis, lo hizo armado con el aire contra el humo y con su luz contra las tinieblas? ¿Acaso, dado que el humo y las tinieblas son realidades malas, no pudo poseerlas su bondad? La consecuencia que se saca es que el agua, el viento y el fuego son tres bienes. Y según esto, ¿cómo pudo poseerlos la raza contraria, la maldad personificada? A esto respondéis: “El agua de la raza de las tinieblas era mala, mientras que la que trajo consigo el primer hombre era buena; así mismo era malo el viento de aquélla y bueno el de éste. De idéntica manera el fuego bueno de éste luchó contra el fuego malo de aquélla”. Entonces, ¿por qué no pudo traer consigo un fuego bueno para oponerlo al fuego malo? ¿Acaso vuestras mentiras se esfuman y disipan en el humo como el humo mismo?
Vuestro primer hombre estuvo en guerra contra una naturaleza contraria. Habiendo, según las creaciones de vuestra imaginación, cinco elementos en la raza contraria, ¿por qué el enfrentamiento fue sólo de uno contra uno de cada reino, es decir de la luz contra las tinieblas? Pues los cuatro restantes no son contrarios entre sí; en efecto, el aire no es contrario al humo, y mucho menos un agua a otra agua, un viento a otro viento y un fuego a otro fuego.
El primer hombre maniqueo y el primer hombre paulino
- ¿Quién oirá vuestros delirios sacrílegos? Afirmáis que vuestro primer hombre, juguete de la voluntad de sus enemigos, a fin de capturarlos, cambió y mudó los elementos que llevaba consigo. De esta manera, el que llamáis reino de la falsedad, permaneciendo en su naturaleza, luchó con la verdad por delante, mientras que la sustancia de la verdad se mostró mudable para engañar.
Queréis que creamos que el Señor Jesucristo es hijo de este primer hombre. Afirmáis que la Verdad es hija de esta fábula, producto de la imaginación. Si decís verdad, no imitáis a ese primer hombre al que alabáis por haber luchado con formas cambiantes y mendaces contra la raza adversa. Si, por el contrario, le imitáis, también vosotros mentís. Por lo cual nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Hijo de Dios verdadero y veraz, verdadero y veraz hijo del hombre —doble realidad que él testifica de sí mismo— deriva la eternidad de su divinidad del verdadero Dios y su origen en la carne de un hombre verdadero.
La enseñanza de los apóstoles desconoce a vuestro primer hombre. Escuchad al Apóstol Pablo. Dice: El primer hombre, terreno, procede de la tierra; el segundo hombre, celestial, procede del cielo. Como es el terreno, así son también los terrenos, y como es el celeste, así también los celestes. Como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevemos asimismo la imagen de aquel que procede del cielo7. Por lo tanto, el primer hombre, el terreno, que procede de la tierra, es aquel Adán formado del barro; en cambio el segundo, el celeste, que procede del cielo, es el señor Jesucristo. Este hijo de Dios vino a la carne, recibida la cual se convierte en hombre exterior permaneciendo Dios internamente, de forma que es el verdadero hijo de Dios que nos creó y pasó a ser verdadero hijo del hombre que nos rehizo.
¿Por qué, pues, sacáis no sé de dónde a vuestro primer hombre, fruto de la fantasía, y no queréis reconocer al primer hombre que enseña la doctrina del Apóstol? ¿Acaso para que se cumpla en vosotros lo que dice el mismo Apóstol: Quienes apartan sus oídos de la verdad y los vuelven hacia las fábulas?8 Pablo anuncia un primer hombre, terreno, que procede de la tierra, y Manés anuncia a otro primer hombre no terreno, adornado con no sé qué cinco elementos engañosos. También es Pablo quien afirma: Si alguien os anunciase algo distinto de lo que os he anunciado, sea maldito9. Por tanto, para que Pablo no quede como mentiroso, sea maldito Manés.
Naturaleza de la estrella que guió a los Magos
- Polemizáis también a propósito de la estrella que condujo a los magos a adorar a Cristo aún sin habla. Cuando vosotros, no digo ya que pongáis vuestro Cristo, fruto de la fantasía, hijo de vuestro Primer Hombre, fruto asimismo de la imaginación, bajo la testificación de una estrella, sino que afirmáis que está ligado a todas las estrellas, ¿no os ruborizáis? En efecto, creéis que quedó amalgamado con los príncipes de las tinieblas como consecuencia de aquella guerra que vuestro mismo Primer Hombre entabló contra la raza de las tinieblas capturados en tal amalgama. Por lo cual estos delirios sacrílegos os obligan a afirmar que Cristo está clavado, ligado y mezclado no sólo en el cielo y en todas las Iglesias, sino también en la tierra y en cuanto se origina de ella. Un Cristo que ya no es vuestro salvador, sino alguien que necesita que le salvéis vosotros, cuando coméis los productos de la tierra y luego eructáis.
En efecto, seducidos vosotros por esta impía vaciedad, seducís también a vuestros oyentes para que os aporten alimentos, a fin de poder así socorrer, por medio de vuestros dientes y estómagos, a Cristo ligado a ellos. Con tales medios predicáis que se le desliga y libera. Pero no en su totalidad, puesto que pretendéis que en las heces quedan algunas partículas manchadas de él, aunque sean mínimas. De esta manera, permanecen enredadas e implicadas una y otra vez en las múltiples formas de las realidades corporales, y si no logran desvincularse y purificarse mientras dura el mundo, lo serán en aquel fuego final en que arderá el mundo mismo10. Pero ni siquiera entonces podrá liberarse Cristo en su totalidad, pues afirmáis que las últimas partículas que aún queden de su naturaleza buena y divina cuyas manchas en ningún modo puedan diluirse sufrirán la condena, adosadas para siempre al horrible globo de las tinieblas.
He aquí quienes fingen indignación, pretendiendo que se hace injuria al Hijo de Dios al decir que una estrella mostró que había nacido, como si eso equivaliese a poner su nacimiento bajo una constelación regida por el hado. Ellos, que no sólo le dejan ligado a las estrellas, sino incluso tan atado a todas las cosas terrenas y a la savia de todas las plantas, y tan manchado en toda carne putrefacta y en todo alimento pasado que no puede desligarse ni purificarse, no ya en su totalidad, sino ni en una gran parte, si unos hombres, esto es, los elegidos maniqueos, no le eructan a él, incluso en los puerros y tubérculos.
Nosotros no ponemos bajo el hado de las estrellas el nacimiento de ningún hombre. Así dejamos el libre albedrío de la voluntad, por la que se vive en santidad o en pecado, por justo juicio de Dios, libre de todo lazo de necesidad. ¡Cuánto menos creemos que tuvo lugar bajo el gobierno de los astros la generación temporal de Cristo, eterno creador y señor de todo! La estrella que vieron los magos no dominaba impositivamente a Cristo nacido según la carne, sino que le servía como testimonio. Tampoco lo sometía a su imperio, sino que lo señalaba obedientemente. Por tanto, tal estrella no era de aquellas que, sometidas a la ley del creador, mantienen desde el comienzo de la creación el orden de sus cursos; antes bien, con ocasión de la novedad del parto de una virgen apareció la nueva estrella, que prestó sus buenos oficios a los mismos magos que buscaban a Cristo, yendo delante de ellos, hasta que los llevó, precediéndoles, hasta el mismo lugar en que estaba la Palabra de Dios aún sin habla.
Finalmente, ¿qué astrólogos vincularon a las estrellas el hado de los hombres que nacen hasta el punto de afirmar que, al nacer uno, alguna de ellas haya abandonado el curso de su recorrido y se haya dirigido al que acaba de nacer? Efectivamente, piensan que la suerte del que nace está ligada al curso de los astros, pero no que pueda acomodarse el curso de los astros a la fecha del nacimiento de un hombre. Así, pues, si aquella estrella era una de las que siguen sus cursos en el firmamento, ¿cómo podía determinar lo que iba a hacer Cristo, recién nacido, ella a la que, al nacer Cristo, se le ordenó abandonar lo que hasta entonces hacía? Si, por el contrario, cosa más probable, apareció, para mostrar a Cristo, una estrella que antes no existía, Cristo no nació porque ella apareció, sino que apareció porque Cristo nació. Si fuera conveniente decirlo, afirmaríamos que no fue la estrella hado para Cristo, sino Cristo para la estrella. En efecto, él fue la causa de que naciese ella, no ella de que naciese él.
Si hay hados (fata), así llamados de fando, esto es, de decir, puesto que Cristo es la Palabra de Dios en la que se dijeron todas las cosas antes de que existieran, el hado de Cristo no es una combinación de los astros, antes bien Cristo es el hado de los astros. Él tomó la misma carne creada bajo el cielo mediante la misma voluntad con que creó también el cielo, y la depuso y volvió a tomar con el mismo poder con que dio órdenes incluso a los astros.
La fábula maniquea no puede identificarse con el Evangelio
- ¿Cómo, pues, no es evangelio lo que se narra acerca de esta generación, si se nos anuncia algo tan bueno como que por ella recibe curación nuestra enfermedad? ¿Sólo porque Mateo no inició con las palabras: Comienzo del evangelio de Jesucristo11 como Marcos, sino con estas otras: Libro de la generación de Jesucristo?12 Según esto, tampoco ha de decirse que Juan escribió un evangelio, porque no escribe “Inicio del evangelio”, o “Libro del evangelio”, sino: En el principio existía la Palabra13. A no ser que tal vez Fausto fuera tan elegante creador de palabras que designase a este comienzo de Juan con el término “Verbidio” en atención a Verbum (Palabra), igual que se atrevió, con referencia a Mateo, a hablar de “genesidio” en atención a su génesis o nacimiento.
Mas, ¿por qué no pensáis más bien con cuánta desfachatez llamáis evangelio a aquellas fábulas prolijas e impías? ¿Qué buen anuncio hay en ellas? Allí se dice que, frente a no sé qué naturaleza rebelde, contraria y extraña, Dios no pudo cuidar y mirar por su reino de otra manera que enviando una parte de la suya a las ávidas fauces de aquella, para que la devorase. De esa manera quedó tan manchada que ni siquiera después de tan grandes fatigas y tormentos pudo purificarse en su totalidad. ¿Es, acaso, el evangelio noticia tan funesta? Todos los que conocen, por poco que sea, la lengua griega, traducen el término por “buen anuncio” o “buena noticia”. ¿Cómo es el vuestro un buen anuncio, si se os ha anunciado que el mismo Dios, tapándose la cara con un velo, está llorando, hasta que sus miembros sean restablecidos y purificados de aquel saqueo y contaminación? Dios que si cesa alguna vez de llorar, mostrará ser cruel. Y aquella parte suya que quedará ligada al globo, ¿por qué mereció de él ese mal? Parte por la que en verdad hay que llorar eternamente, puesto que eternamente sufrirá la condenación. Pero nos hemos desviado del tema, porque todo el que examina atentamente este anuncio, no se siente forzado a llorar porque sea malo, sino a reírse porque es falso.