Diecisiete cuestiones sobre el Evangelio de San Mateo

BAC vol. 18

Diecisiete cuestiones sobre el Evangelio de San Mateo

DIECISIETE CUESTIONES SOBRE EL EVANGELIO DE SAN MATEO

Cuestión 1. [2,16].

En la expresión: Fueron asesinados todos los niños de dos años para abajo, se quiere significar que los humildes que tengan la caridad en su doble aspecto1, están capacitados para morir por Cristo lo mismo que aquellos niños de dos años.

Cuestión 2. [10,27].

Lo que os digo en la oscuridad, es decir, cuando todavía vivís en el temor carnal -puesto que cuando hay oscuridad hay temor-, decidlo a plena luz: con la confianza que da la verdad, una vez que hayáis recibido el Espíritu Santo. Y lo que escucháis al oído predicadlo sobre los tejados, es decir, lo que se os dice en secreto, predicadlo pisoteando el respeto humano.

Cuestión 3. [10,34-36].

No creáis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino la espada; porque he venido a enemistar al hombre contra su padre, cuando alguien renuncia al diablo, a quien había tenido como padre2; y a la hija contra su madre, es decir, el pueblo de Dios contra la ciudad mundana, significando con ello la corrompida sociedad del género humano, que la Escritura unas veces llama Babilonia, otras Egipto, otras Sodoma3, y otras con nombres diversos. Y a la nuera contra su suegra, o sea, a la Iglesia contra la Sinagoga, cuyo hijo, según la carne, fue Cristo4, Esposo de la Iglesia. Tales enemistades son ocasionadas por la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios5. Y los enemigos del hombre serán los de su propia casa, con quienes antes solía compartir su vida.

Cuestión 4. [8,1-3].

Al bajar del monte, después de haber dado allí preceptos a sus discípulos y a un gran gentío, extendiendo su mano quedó curado inmediatamente un leproso.Quiere esto significar que aquellos que podían dudar del cumplimiento de tales preceptos, con la ayuda del Señor quedaban limpios de tal vacilación.

Cuestión 5. [8,20].

El Señor dijo al escriba que quería seguirlo: Las zorras tienen sus madrigueras, y los pájaros del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.Se quiere dar a entender aquí que aquel individuo, impresionado por los milagros del Señor, quería seguirle, pero todavía estaba tocado por su vanidad y su orgullo, representados aquí por los pájaros. Fingió, sin embargo, la sumisión de discípulo, ficción aludida al nombrar las zorras. En el reclinar la cabeza, en cambio, quiso significar la propia humildad, cualidad ausente en aquel simulador y soberbio.

Cuestión 6. [8,22].

Deja que los muertos entierren a sus muertos.Llama aquí muertos a los no creyentes, y sus muertos a aquellos que, a pesar de todo, habían salido de este mundo sin fe.

Cuestión 7. [10,14].

Sacudid el polvo de vuestros pies. Quiere significar este gesto o bien una protesta por el trabajo material que inútilmente habían realizado en su favor, o bien hasta qué punto no pretendían de ellos nada terreno, que hasta el polvo de la tierra se negaban a que se les pegara.

Cuestión 8. [10,16].

Sed, pues, prudentes como serpientes: hay que precaver de cualquier mal y salvaguardar la cabeza, que es Cristo6. Como hacen las serpientes, que ante el peligro, ofrecen a su perseguidor todo el cuerpo, pero nunca la cabeza. Y también se mete por angosturas, que la despojan de su vieja piel y así se renueva. Esto lo imitan aquellos a quienes se dijo: Entrad por la puerta estrecha7, despojándose de esta forma del hombre viejo8. Pues si para evitar el mal nos hubiera exhortado a oponer una violenta resistencia a los malos, no habría dicho antes: Os envío como ovejas en medio de lobos.Nos quiso, pues, sencillos como palomas, para no dañar a nadie. Esta clase de aves, en efecto, no mata a ningún animal, no solamente de los grandes, contra los que no tiene fuerza suficiente, sino incluso de los más pequeños, de los cuales se alimentan hasta los más diminutos pajarillos. Se da de hecho entre los animales irracionales una especie de sociedad entre ellos, como la hay también entre los seres racionales, los hombres; y no sólo es entre ellos, sino también con los ángeles. Aprendan, pues, de esta semejanza con la paloma a no dañar absolutamente a nadie de los pertenecientes a su sociedad, como partícipes de la misma naturaleza racional.

Cuestión 9. [11,25].

Te confieso, Padre, Señor del cielo y de la tierra.Esta confesión tiene aquí un sentido de alabanza a Dios. No se trataba de confesar a Dios los pecados, que Jesús no tenía ninguno9, y sobre todo porque, como dice otro evangelista10, dijo estas palabras lleno de gozo. No hay duda de que las palabras que dice son una alabanza a Dios. Generalmente la Escritura llama confesión a lo que se manifiesta espontáneamente, tal como se ve. De hecho aquellas sus palabras: Si uno me confiesa ante los hombres, yo lo confesaré también ante mi Padre11, o como se lee en otro lugar: Ante los ángeles de Dios12, es evidente que quien confiesa a Cristo no está confesando sus pecados. Tal vez algunos opinen que se habla de confesión teniendo en cuenta que durante el tiempo de las persecuciones nombrar a Cristo era un delito, y Cristo se compromete a confesar ante el Padre y ante los ángeles a todo el que lo haya confesado a él. Dice de hecho el Eclesiástico: Diréis así en vuestra confesión: Todas las obras del Señor son muy buenas13. Es indudable que en este pasaje se exalta la alabanza a Dios. Digo esto por la ignorancia de algunos hermanos que, al escuchar al lector de la Escritura el término confesión, enseguida comienzan a golpearse el pecho, sin poner atención al contexto, como si este término sólo significase la confesión de los pecados.

Cuestión 10. [12,1-8].

A los judíos les parecía ilícito el que los discípulos arrancasen espigas en día de sábado. Y como respuesta se da un primer ejemplo de la autoridad real de David, y otro de la de los sacerdotes, que por su servicio ministerial en el templo, quebrantan el sábado. Se deduce de ahí que el delito de arrancar espigas en sábado era mucho menor tratándose de quien es el verdadero Rey y verdadero Sacerdote, y por tanto Señor del sábado.

Cuestión 11. [13,25-30.36-43].

  1. Mientras los hombres dormían, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se marchó.Cuando los responsables de la Iglesia obraban con negligencia, o también cuando les llegó la hora de la muerte a los Apóstoles, vino el diablo y sembró aquella clase de hombres que el Señor llama malos hijos. Pero con razón nos podemos preguntar si se trata de herejes o de católicos de mala vida. Porque podemos llamar malos hijos también a los herejes, ya que han nacido de la misma semilla del Evangelio y del nombre de Cristo, si bien después, por opiniones erradas, se adhieren a falsos dogmas. Pero el hecho de decir que están sembrados en medio del trigo, parecería significar a los que son de una misma comunión. Sin embargo el Señor por campo no quiere significar sólo la Iglesia, sino todo este mundo. Por lo cual bien podemos entender a los herejes, que en este mundo están mezclados con los buenos, no por pertenecer a la única Iglesia, o por profesar la misma fe, sino por llevar el mismo nombre de cristianos. Los que profesan la misma fe católica pero viven mal, con más propiedad son paja que cizaña14: la paja comparte con el trigo la misma raíz y el tallo. Por eso no me parece equivocada la interpretación de que a propósito de la red que contiene peces buenos y malos15, en éstos se vean representados a los malos católicos. Una cosa es el mar, que más bien significa este mundo, y otra la red, que parece evidentemente simbolizar la comunión en la única fe y en la única Iglesia. Entre los herejes y los malos católicos hay esta diferencia: los herejes creen doctrinas falsas, y los otros, aunque creen en la verdadera, su vida contradice su fe.

  2. Se suele también preguntar cuál es la diferencia entre cismáticos y herejes. Y ésta es la respuesta: los cismáticos llegan a serlo no porque profesen una fe distinta, sino por romper la unidad de la comunión. Lo que sí podemos dudar es si los consideramos como cizaña o no. Más bien se los podría asemejar a las espigas contaminadas, según lo que está escrito: El mal hijo quedará corrompido por el viento16, o también a las aristas rotas de las espigas, o arrancadas y separadas de la mies: cuanto más altas [las aristas], es decir, más soberbias, tanto más frágiles y fútiles son. Pero no se sigue de aquí que todo hereje o cismático esté corporalmente separado de la Iglesia. Supongamos que uno tiene falsas creencias sobre Dios, o sobre alguna otra parte doctrinal que pertenece al entramado fundamental de la fe17, y que no se modera, como quien está en búsqueda, sino que disiente rotundamente con una opinión errada, sin tener en absoluto conocimientos de lo que se trata. Éste es un hereje que está fuera en espíritu, aunque parezca estar dentro corporalmente. Muchos como éstos tiene la Iglesia en su seno, porque no defienden sus doctrinas erróneas pretendiendo ganar adeptos. Si obraran así, serían expulsados. Hay además quienes odian a los buenos, buscando cualquier ocasión para rechazarlos o degradarlos. Otros están dispuestos a defender sus personales delitos, hasta el punto de que si son delatados o descubiertos, están dispuestos a formar grupos sectarios, o a suscitar alborotos contra la Iglesia. Éstos son ya cismáticos y en su corazón están separados de la unidad, aunque por falta de pruebas o por ocultación de sus hechos, permanezcan en convivencia externa con el misterio de la Iglesia.

  3. Tenemos propiamente como malos católicos sólo a aquellos que creen todo lo que pertenece a la doctrina de la fe, e incluso cuando algo no saben, se sienten obligados a indagar, discutiendo con piadoso respeto, sin prejuicio alguno contra la verdad; a los buenos, o a quienes ellos tienen por buenos, los aman y honran como mejor pueden; sin embargo su conducta es desviada y delictiva, contraria a las convicciones que su fe les dicta. Estos tales, aunque se les delate públicamente y se les corrija, o incluso se llegue a su excomunión, como pide la disciplina eclesiástica y su propia salvación, de ningún modo piensan que deben retirarse de la comunión católica: si están dispuestos a buscar una forma de reparación de su mala conducta, de algún modo se les permite continuar. Y sucede a veces, por efecto de esta penitencia, que se convierten en trigo limpio, sea por la corrección, o por la expulsión, o simplemente atemorizados por la Palabra de Dios, sin que sea necesaria una acusación o reprensión personal. Puede ocurrir que los que están en esta condición de penitentes, vivan exactamente como antes, o poco menos, y aun peor. Y, no obstante, de ninguna manera se separan de la unidad católica. Si a éstos les sorprendiera la muerte en tales condiciones, serán tenidos como paja para toda la eternidad. De esto están ellos convencidos, y si tienen otras creencias y las mantienen tenazmente, habría que contarlos entre los herejes. Estarían seguros de que Dios concede el perdón a todos, incluidos los que perseveren en faltas graves hasta el fin de su vida, por el solo hecho de haberse mantenido en la unidad con la Iglesia movidos no por un amor sincero -en cuyo caso su conducta sería buena- sino por temor al castigo. Pero éstos no creen en cosas así, o al menos no están firmemente convencidos, aunque a veces tengan dudas. Lo que les hace en realidad caer en el engaño es confiarse en el futuro: van dando largas y piensan que con el tiempo llegarán a dominarse y a cambiar su perversa conducta. Pero contra ellos está escrito: No tardes en convertirte a Dios, ni le vayas dando largas de un día para otro; pues su ira llegará de improviso y en el tiempo de la venganza te rechazará18. De hecho quienes se convierten son los que comienzan a vivir rectamente. Y convertirse es esto: volverse a Dios. Los que perseveran en seguir sus apetencias, de alguna manera le dan la espalda a Dios19, aunque se mantengan en la unidad de la Iglesia y hagan con frecuencia esfuerzos por mirarlo retorciendo el cuello. Como dice el profeta, éstos son pura carne, un soplo que pasa y no vuelve20. No obstante, como ya hemos dicho, por la identidad de su fe y por su unidad con la Iglesia, no se los puede considerar como cizaña, ya que la cizaña tiene una raíz diversa; ni tampoco las aristas de las espigas, que tienen la osadía de imponerse al trigo con ásperas y elevadas -por tanto frágiles- disensiones. A pesar de formar parte de la planta del trigo, pertenecen a la paja que será separada cuando llegue el momento definitivo de aventar la era21.

  4. Buenos católicos son aquellos que mantienen íntegra la fe y las buenas obras. En cuanto a la doctrina de la fe, si en ellos surge alguna duda, tratan de aclararla evitando cualquier controversia peligrosa, tanto para el que busca la solución como para aquel a quien se consulta, y también para los que puedan escuchar la discusión. Si se les ha encomendado la tarea de enseñar alguna doctrina, tratándose de verdades del dominio común y ya confirmadas, las imparten con seguridad, firmeza y con toda la dulzura de que son capaces. Si, en cambio, se trata de temas no comunes, aunque para ellos sea una verdad del todo clara, tienen en cuenta la debilidad del auditorio, y lo enseñan como quien está en búsqueda, más bien que como maestro que asegura y que impone. Si se da el caso de que una verdad tiene tal dificultad que excede las fuerzas del discípulo, se debe suspender hasta que haya madurado su capacidad; no suceda que la carga impuesta aplaste a quien todavía es como un párvulo. A esto aluden las palabras del Señor: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿crees que encontrará fe en la tierra?22 A veces habrá que ocultar algunas verdades, pero infundiéndoles ánimo y esperanza, para no aumentar su desaliento, sino para que el deseo de aprender ensanche su capacidad. El mismo Señor se refería a este punto cuando dijo: Tengo muchas cosas que deciros; pero no podéis con ellas por ahora23. Mas en lo referente a la conducta, las enseñanzas son muy claras y breves: hay que luchar contra el amor a los bienes temporales, para no hacernos sus esclavos; debe estar domado y sujeto, y así cuando intente levantarse, sea fácilmente reprimido y hasta extirpado, de modo que no nos perturbe de forma ninguna. De aquí se sigue que el hecho mismo de morir por la verdad, algunos lo afrontan con valentía, otros con paz y otros con alegría. Estas tres actitudes son los tres frutos de la tierra fértil: el treinta, el sesenta y el ciento por uno24. A la hora de la muerte, el que piense pasar dignamente de esta vida a la otra, deberá encontrarse en alguno de estos tres niveles.

  5. En cuanto a la cizaña, no sólo ella debe ser tolerada hasta el tiempo de la cosecha; y nos referimos a los perversos errores y falsas opiniones que el diablo sembró después del trigo, es decir, a las herejías que diseminó cuando ya estaba predicado el nombre de Cristo. Todo lo cual lo hizo bien a escondidas, como dice el texto sagrado: Y luego se fugó.Es necesario también tolerar la paja hasta el momento de aventar la trilla25. Porque la mejor forma de probar el peso del trigo es agitar la paja. Y si tales agitaciones no es posible dominarlas con la defensa de la verdad, deben tolerarse para conservar la unidad. Aunque en realidad el Señor, al concluir la explicación de esta parábola, dio a entender con el nombre de cizaña no a algunos, sino a todos los escándalos y a los que obran la iniquidad.

  6. [13,26-30] Cuando empezó a crecer la hierba y se formó la espiga, apareció también la cizaña.Quiere decir que cuando el hombre comienza a ser espiritual y puede juzgar las cosas26, comienzan los errores a salirle al paso. Y los obreros le dijeron: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? ¿Serán estos obreros los mismos que poco después llama cosechadores? Y puesto que en la explicación de la parábola dice que los cosechadores serán los ángeles, ¿se atreverá alguien, sin pecar de ligereza, a afirmar que los ángeles ignoraban quién había sembrado la cizaña, y que la advirtieron sólo cuando el tallo produjo la espiga, y que por lo tanto es más oportuno entender aquí con el nombre de obreros a los mismos fieles, llamados también buena semilla? Nada tiene de extraño que a los mismos individuos unas veces se les llame buena semilla y otras obreros del cabeza de familia. El mismo Señor, hablando de sí mismo, unas veces se llama puerta y otras pastor27. Una misma realidad puede tener muchas y diferentes semejanzas para obtener significados diversos. En concreto aquí, cuando se dirige a los trabajadores, no dice: Cuando llegue el tiempo de la cosecha os diré a vosotros: recoged primero la cizaña, sino: diré a los cosechadores. De aquí podemos deducir que la recogida de la cizaña para mandarla al fuego es un encargo diferente, y que ningún hijo de la Iglesia debe pensar que es competencia suya.

  7. Cuando uno comienza a ser hombre espiritual, va cayendo en la cuenta de cuáles son los errores de los herejes, y juzga con certeza y sabe discernir -bien sea que lo oiga o que lo lea-cuál es lo que contraría la norma de la verdad. No obstante, hasta que no consiga la perfección propia de los espirituales, y llegue a ser el fruto maduro de la espiga, puede quedarse sorprendido por el gran número de herejías y errores surgidos bajo el nombre cristiano. De ahí que digan los obreros: ¿No sembraste buena simiente en tu campo? ¿Cómo es que ahora tiene cizaña? Pero luego descubre que aquel desastre ha sido tramado por el diablo, que al sentir su nulidad frente al nombre de Cristo, escondió bajo ese nombre todas sus falacias. Y podría ser que a este espiritual le surja la intención de eliminar de la escena humana a tal clase de individuos, si es que el tiempo se lo permite. Pero antes de saber si tal intención es un deber suyo, consulta a Dios y a su justicia, para ver si se lo manda o se lo permite, o si es su voluntad que esto sea una obligación de los humanos. Por eso le dicen los trabajadores: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? La Verdad misma les responde que el hombre en la vida presente no está capacitado para saber con certeza cómo será el futuro de la persona que ahora ve sumida en el error, ni tampoco las ventajas que pueda tener para los buenos la presencia de ese error suyo. No hay, pues, por qué eliminar a los malos de esta vida, no sea que al intentar dar muerte a los malos, se mate a los buenos, ya que algunos de ellos pueden llegar a convertirse en buenos; o se perjudique a aquellos buenos a quienes la presencia de los malvados, bien a su pesar, les puede ser provechosa. Pero esto es más oportuno que se realice al final de los tiempos, cuando ya no es posible cambiar de vida ni profundizar en la verdad, viendo y comparando el error ajeno. Pero este quehacer no será competencia de los hombres, sino de los ángeles. Y por eso les responde el dueño de la casa: No lo hagáis, no sea que al quitar la cizaña arranquéis también el trigo. Cuando llegue el tiempo de la siega, les diré a los cosechadores, etc. De esta manera los volvió totalmente pacientes y tranquilos.

  8. Podríamos preguntarnos por qué dijo: Atadla en gavillas para quemarla, en lugar de ordenar que pusieran la cizaña en un solo haz o en un montón. Quizá la razón sea la diversidad de herejes, que discrepan no sólo del buen trigo, sino entre ellos mismos, formando su propia agrupación cada herejía. Con el nombre de gavillas quiso dar a entender la estrecha vinculación que tienen entre sí los miembros de cada grupo. En realidad comienzan a formar tales manojos, destinados al fuego, cuando se van segregando de la comunión católica y fundan, digamos, sus propias iglesias. Arrojados al fuego lo serán al fin del mundo, pero ellos ya desde ahora van atándose en pequeñas gavillas. Claro que, si así ocurriera exactamente, no serían tantos los que, recapacitando y volviendo a la Iglesia católica, renuncian a sus errores. La consecuencia, pues, es que el atado de las gavillas será al final, teniendo en cuenta que el castigo no va a ser de forma indiscriminada, sino según el grado de perversión de cada uno y de su pertinacia en el error.

  9. No sea que al recoger la cizaña, arranquéis juntamente el trigo.También los buenos, cuando todavía no están del todo fortalecidos, pueden beneficiarse de la presencia cercana de los malos, sea porque así ejercitan sus facultades, o porque al contraste con ellos les brote un fuerte impulso de mejorar. Cosa que, eliminando de escena a los malos, la grandeza de la caridad quedaría como eliminada y marchita, que es tanto como decir erradicada. Ya lo dice el Apóstol: Radicados y fundamentados en la caridad, podáis comprender28. Puede referirse también a que el trigo quede arrancado al arrancar la cizaña, en el sentido de que muchos, que en un principio son pura cizaña, terminan por convertirse en buen trigo. Y si desde un principio no se los tolera pacientemente, a pesar de su maldad, no se les da la posibilidad de ese elogiable cambio. En conclusión: arrancando la cizaña, también se arrancaría el trigo, en el que con el tiempo se convertirán algunos si se les da la oportunidad con este consentimiento.

Cuestión 12. [13.] [13,45-46].

Se parece el reino de los cielos a un comerciante que va buscando perlas finas. Y al encontrar una de gran valor, se fue a vender todo lo que tenía y la compró.La pregunta es por qué se pasa del número plural al singular: el comerciante buscaba perlas de calidad, y se encuentra con una de gran valor, vendiendo todo lo que tenía para comprarla. Podría tratarse de alguien que buscando hombres buenos, con los cuales pasar la vida de una forma laudable, se encuentra con el que los supera a todos, el sin pecado29, mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús30. O bien podría tratarse de uno que anda a la búsqueda de mandamientos, para observarlos y tener un buen comportamiento con los hombres, y se encuentra con el amor al prójimo, que en palabras del Apóstol, él solo resume todos los mandamientos. Porque el no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio y cualquier otro mandamiento son como perlas que se contienen todas en esta sola frase: Ama a tu prójimo como a ti mismo31. O quizá se trate de alguien que está a la búsqueda de buenos conceptos, y se encuentra con aquel que los contiene a todos: la Palabra que existía en el principio, que estaba con Dios, que era Dios32; la Palabra luminosa con el esplendor de la verdad, sólida con la firmeza de la eternidad, y en todo semejante a sí misma por la belleza de la divinidad; aquella Palabra que es Dios para quienes logren penetrar más allá del caparazón de la carne. El hombre de la parábola ya había conseguido la perla, que por algún tiempo estuvo escondida bajo la cobertura de la mortalidad, como bajo un obstáculo de duras conchas, en lo profundo de este mundo, y oculta entre la dureza pétrea de los judíos. Este hombre, digo, ya había conseguido la posesión de la perla, cuando dice: Y aunque antes habíamos conocido a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así33. Porque ninguna concepción merece en absoluto el nombre de perla, si no se consigue eliminar de ella todas las envolturas terrenas que la están cubriendo, sea por la palabra humana o por las semejanzas con que se la envuelve. Sólo así se puede llegar a ver este concepto con pureza, solidez, en nada diferente de sí mismo y con total certeza. Todos los demás conceptos verdaderos, estables, perfectos, están contenidos en ese único, por medio del cual fueron creadas todas las cosas, es decir, la Palabra de Dios34. Cada una de estas tres interpretaciones, o cualquiera otra que se nos pueda ocurrir, y que esté bien significada con el nombre de la única y preciosa perla, tiene el precio de nosotros mismos. Y no somos capaces de llegar a poseerla, si no es consiguiendo nuestra liberación mediante el desprecio de todo lo temporal que poseemos. Vendiendo todas nuestras cosas, ningún precio mayor recibimos por ellas que a nosotros mismos. Cuando estábamos implicados en todas ellas, no éramos dueños de nosotros. Entreguémonos, pues, a cambio de tal perla, no porque ése sea su valor, sino porque ya más no podemos dar.

Cuestión 13. [14.] [13,15].

  1. Han cerrado sus ojos para no ver con los ojos.Nos quiere decir que ellos fueron la causa de que Dios les cerrara los ojos. Lo confirma otro evangelista al decir: Dios les cegó los ojos.Pero no sabemos si es para ya no ver más, o en algún momento volverán a ver, disgustados tal vez de su ceguera y, humillados por ella, sintiéndose impulsados a confesar sus pecados y a buscar sinceramente a Dios. De ahí que Marcos se exprese así: No sea que en algún momento se conviertan y se les perdonen sus pecados35. Aquí se da a entender que sus pecados les habían hecho merecedores de su ofuscación, y sin embargo esto mismo fue un acto de misericordia, para que llegasen a reconocer sus maldades, y convirtiéndose, mereciesen el perdón. En cambio Juan, al referirse a este mismo punto, se expresa así: No podían creer según lo que también dijo Isaías: les cegó los ojos y les endureció el corazón, para que no vean sus ojos ni discurra su corazón, y así no se conviertan y los tenga que curar36. Tal afirmación parece contradecir la solución arriba propuesta, y obligarnos a que las palabras para que no vean con sus ojos nose puedan entender: «a ver si así llegan a ver de una vez», sino mucho más duramente: «para que no puedan ver», puesto que dice con toda claridad: para que no vean con sus ojos.Y la primera frase: Por eso no podían creer nos muestra abiertamente que la causa de su ceguera no fue para que, conmovidos y doloridos de no conseguir entender, se arrepintieran algún día y se convirtieran. Pero esto no sería posible sin que antes creyesen, y creyendo se convirtiesen, y con la conversión serían sanados, y, una vez sanados, podrían llegar a entender. Al contrario, precisamente quedaron ciegos para no creer; sus palabras lo atestiguan abiertamente: Por eso no podían creer.

  2. Pues bien, si esto es realmente así, ¿quién no saldría en defensa de los judíos, para proclamar que están libres de culpa por no haber creído? En efecto, no podían creer, porque les cegó los ojos37. Pero lo que sí debemos mantener es que Dios está fuera de toda culpa, lo cual nos exige confesar que merecieron ellos la ceguera por algunos pecados, los que fueran, y ella fue la que les impidió llegar a la fe. He aquí realmente las palabras de Juan: No podían creer según lo que también dijo Isaías: les cegó los ojos. Es inútil que pretendamos interpretar que fueron cegados para su conversión, dado que ésta era imposible sin creer, y no podían creer porque habían quedado ciegos. Parece razonable decir que era posible sanar a algunos judíos, pero la gran hinchazón de su soberbia les puso en el peligro de convencerse desde el principio de que la fe era innecesaria, y por eso quedaron ciegos: no entendían al Señor cuando hablaba en parábolas, y sin entenderlas era imposible creer en él; al no creer en él, lo crucificaron, uniéndose a los demás que estaban sin esperanza. Pero se convirtieron después de la resurrección, cuando el remordimiento de la muerte del Señor les humilló profundamente y comenzaron a amar ardientemente a quien tenían la alegría de saber que les había perdonado un crimen tan horrendo, y que su gran soberbia tuvo que ser abatida por tamaña humillación. Alguien podría pensar que esta opinión es un tanto irreflexiva, si no fuera que en los Hechos de los Apóstoles puede leer con toda evidencia que sucedió así38. Consiguientemente las palabras de Juan: No podían creer porque les cegó los ojos para que no vieran, no contradicen la interpretación que hemos dado de que su ceguera fue para su conversión39. Esto quiere decir que la doctrina del Señor les estuvo oculta en la oscuridad de las parábolas, a fin de que, una vez resucitado, recapacitasen con una penitencia más saludable. Ciegos como estaban, no comprendieron las palabras del Señor, y por eso mismo no creyeron, y al no creer, lo crucificaron. Pero asombrados luego por los milagros que se hacían en su nombre después de la resurrección, se sintieron más culpables de su crimen, se arrepintieron con humilde penitencia, recibieron el perdón, y, ya convertidos, se sometieron a la obediencia del Evangelio con ardentísimo amor.

  3. Hubo algunos a quienes la mencionada ceguera, que se producía en el lenguaje de las parábolas, no les fue provechosa para su conversión. De ellos habla ya un profeta, citado a su vez por Pablo, cuando trata sobre la oscuridad de las lenguas. Dice: En otras lenguas y por boca de otros hablaré a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor40. No diría y ni así me escucharán, si su intención no fuera de que al menos así prestasen atención, dando como fruto una humilde confesión, una inquieta búsqueda, una obediente conversión y un amor fervoroso. Es éste también el método seguido en la medicina corporal. De hecho gran cantidad de remedios causan primero dolor antes de curar. Los mismos colirios, para bien de los ojos, cuando hay que aplicarlos dentro del ojo, no surten efecto si antes no nublan y perturban la vista.

  4. No nos debe extrañar lo que el mismo profeta dice: Si no creéis, no llegaréis a entender41, que parece contradecir a lo que dice Juan: No podían creer porque les había cegado los ojos42, es decir, que las parábolas tenían un tal lenguaje que ellos no podían comprender. Y alguien podría replicar: Si para entender debían antes creer, ¿cómo es que no podían creer precisamente porque no entendían, o sea, porque les había cegado los ojos? Pero lo que afirma Isaías: Si no creéis, no llegaréis a entender, se refiere a la comprensión de las realidades inefables que poseeremos eternamente. Mas cuando se habla de que es necesario creer para entender, se refiere a las cosas que si no se entienden no es posible creerlas. Así pues, tratándose de cosas que se pueden expresar en palabras, hay que entenderlas antes para creerlas; pero si se trata de realidades que no es posible expresar, para llegar a entenderlas debemos creer en aquello que de ellas sí se puede decir.

Cuestión 14. [15.] [13,34].

Y sin parábolas no les hablaba.No se refiere a que no les hablase nada en lenguaje normal, sino a que no les explicaba casi ningún discurso sin utilizar en su explicación el simbolismo parabólico, aunque en él se encuentren algunas partes en lenguaje propio. De hecho encontramos con frecuencia todo el discurso del Señor explicado en parábolas, mientras ninguno hay totalmente en lenguaje propio. Me refiero a los discursos en que desde el principio hasta el final, y por alguna circunstancia oportuna, hablaba sobre un mismo tema, hasta que cambiaba a otra materia. Sobre este punto algún evangelista enlaza varios temas que, según otro, fueron pronunciados en tiempos diversos. Los evangelistas no ordenaron rigurosamente la narración de los hechos según fueron acaeciendo, sino según el recuerdo que cada uno guardaba del pasado.

Cuestión 15. [16.] [13,51-52].

¿Habéis entendido todo esto? Contestaron: Sí. Él les dijo: Por tanto todo escriba instruido en el reino de los cielos se parece a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas.Nos preguntamos si con esta conclusión ha querido expresar qué entendía por el tesoro escondido en el campo43, ya que con esa expresión se significa la Sagrada Escritura, compuesta del Nuevo y del Antiguo Testamento; algo parecido a lo que otro evangelista queriendo significar lo mismo emplea la expresión de una espada de doble filo44. Como les había hablado en parábolas y les preguntó si lo habían entendido, ellos respondieron que sí. Por eso es probable que en esta última imagen del padre de familia que saca de su arcón cosas nuevas y antiguas, quiso dar a entender que en la Iglesia debemos tener como sabio a aquel que comprende también las Escrituras antiguas expuestas por medio de parábolas, acatando las normas de vida derivadas de las nuevas explicaciones, ilustradas, además, por el Señor a través de parábolas. El mismo Cristo, por cierto, es el fin de todas ellas, o mejor, en él se cumplen las Antiguas Escrituras45. Y él, en quien todo quedaba cumplido y manifiesto, continuó hablando en parábolas hasta que su pasión rasgó el velo, para que nada quedase oculto sin ser revelado46; por eso, con mucha más razón debemos suponer que todo lo escrito en tiempos antiguos para manifestar el gran misterio de la salvación, quedó oculto bajo el velo de las parábolas. Así que los judíos, que todavía continúan interpretando literalmente las Escrituras, no han querido ser sabios en el reino de los cielos, ni pasarse a Cristo, para que se les retire el velo que les cubre los corazones47.

Cuestión 16. [17.] [13,55-56].

  1. Sus hermanos Santiago y José, Simón y Judas, y sus hermanas ¿no están todos entre nosotros? ¿De dónde le viene a éste todo eso? Y se escandalizaban de él.Con el término de «hermanos» suelen los judíos designar a sus parientes, cosa que se puede comprobar no sólo entre los emparentados con el mismo grado de afinidad, como son los hijos de hermanos y hermanas -a quienes también nosotros con mucha frecuencia llamamos hermanos-, sino incluso al tío y al hijo de su hermana, como lo eran entre sí Jacob y Labán. A todos éstos les solían llamar hermanos48. No nos extrañe, pues, que se lo llamasen a todos los emparentados con el linaje de su madre. Es más, se lo llamarían también a los parientes de José quienes pensasen que él era padre del Señor.

  2. Contra la justicia natural pecan: todo aquel que, movido por sus pasiones, quebranta las normas de la convivencia humana, como puede ser el hurto, la rapiña, el adulterio, el incesto y cosas parecidas; el que contraría la naturaleza, como son las afrentas, las matanzas, el homicidio, la sodomía o el bestialismo; y también el que se sobrepasa en lo que de por sí es lícito, como azotar a un siervo o a un hijo más de lo debido, excederse en el comer y beber, ir más allá de lo que conviene en el trato conyugal con la propia esposa, y otras cosas semejantes.

  3. Llegamos con facilidad a comprender por qué el Espíritu Santo les dio primero a los hombres el don de lenguas49. Éstas han ido surgiendo de los mismos hombres por pactos arbitrarios, y que luego van aprendiendo a base de escuchar repetidamente de los demás con los sentidos corporales. Así les mostró con qué gran facilidad podía hacerlos sabios sirviéndose de la sabiduría de Dios que reside en el interior del hombre.

  4. La voluntad del Verbo eterno es inmutable, porque todas las cosas las posee simultáneamente. Nuestra voluntad, en cambio, no es estable, porque no lo tiene todo al mismo tiempo: queremos una cosa ahora y luego otra distinta. Estaban, pues, en el Verbo todas las cosas creadas; incluso la misma encarnación humana ya era por él conocida. Es como un pintor que ha ideado pintar una casa completa, y ya conoce bien el lugar donde debe pintarse a sí mismo. Artísticamente ya lo posee todo, tanto en la preparación como en la voluntad, si bien irá plasmando cada cosa a su debido tiempo. Así sucede con cada criatura, y así sucedió con aquel hombre que, misteriosamente y por una asunción inefable, debía ser portador de la persona de la Sabiduría misma: estaba siempre presente en esta Sabiduría, como si se tratase del arte eterna de Dios, aunque luego fuera realizando cada cosa a su tiempo, ella que alcanza con vigor del uno al otro confín, y lo gobierna todo con suavidad, y que permaneciendo siempre la misma, todo lo renueva50.

  5. Supongamos el caso de uno que aspira a desear su muerte, y por fin lo ha conseguido: siente deseos de morir. Al que ya tiene una fe madura y sabe adónde debe llegar, le es beneficioso dejar con gusto la vida presente. Porque no es lo mismo conocer por dónde se llega a la meta, que amarla y desear hallarse ya en ella. Para que este sentimiento se dé realmente en alguien, es imprescindible que cuando le llegue la muerte, la acepte con agrado. Carece, pues, de sentido que algunos, que ya tienen una fe madura, digan que no quieren morir para poder seguir perfeccionándose, si es verdad que su perfección reside en la perfección de querer morir. Si han de ser sinceros, que no digan: «No quiero morir para seguir perfeccionándome», sino más bien: «No quiero morir porque he adelantado poco en la perfección». El que los fieles no quieran morir, no es por deseo de progresar, sino más bien es una señal de haber progresado poco. Consecuencia: los que no quieren morir con la excusa de perfeccionarse, que lo quieran, y comenzarán a ser perfectos.