BAC vol. 36-37
Libro 02
RÉPLICA A JULIANO (OBRA INACABADA) LIBRO II Jueces sabios e imparciales
- Juliano.- “Fácil nos sería sostener nuestra causa si se nos proporcionase ocasión de defender los intereses de la verdad ante jueces competentes; o, si esto no se nos concede, al menos que no seamos turbados en nuestra discusión por el griterío de los ignorantes”
Agustín.- Pides jueces instruidos que, para juzgar de tu doctrina, deben ser expertos y versados en las ciencias liberales y conocer lo que han pensado los filósofos de este mundo. Bien, pues tal es Ambrosio, y si tú lo aceptas por juez, no puedes dudar que con toda justicia has sido condenado. Dijo Ambrosio: “Todos los hombres nacen en pecado y su mismo nacimiento está viciado” 1; con estas palabras quiere probar que los niños tienen necesidad de Cristo Salvador, es decir, de Jesús; y como tú estás en contradicción con él, has de reconocer que, si pides jueces instruidos, no quieres jueces cristianos católicos.
La doctrina de los fieles es verdadera
- Jul.- Y pues soportamos los despojos del triunfo por la salvación de las Iglesias, y la prudencia de los procuradores contribuye a la buena causa con un brillante homenaje, que, al menos, la opinión del vulgo no contribuya a nuestra afrenta. De estas dos clases de hombres que dije, una nos sería de provecho, y la otra no nos haría mal alguno, si la primera tuviera autoridad y la segunda vergüenza. Pero como en esto reina gran confusión y el número de los necios es infinito, el gobierno de la Iglesia va a la deriva y el dogma de la plebe navega a velas desplegadas”.
Ag.- Si lo que enseñamos es creencia popular, no es dogma maniqueo que tú, con aviesa intención, atacas en la asamblea de los cristianos. Con razón censuras en algunos el error de los maniqueos; pero tú conservas tu demencia, e invocando contra nosotros el nombre de maniqueos, te esfuerzas por hacernos odiosos a esta plebe de la que rehúyes el juicio; como si este vulgo, engañado por tu charlatanería, pudiera llamar maniqueo a un Ambrosio o a un Cipriano, que, por la salvación de los niños, han enseñado la doctrina del pecado original. No introdujo Ambrosio esta doctrina en el pueblo, la encontró ya establecida; ni la inventó Cipriano, la encontró; tu mismo padre se encontró con ella establecida entre el pueblo católico dentro de la Iglesia, cuando, como se dice, aún niño, fuiste bautizado; y tú mismo la detectas en el seno del pueblo católico. Modérate; confieso que mi doctrina es la del pueblo; porque somos pueblo de aquel que se llama Jesús porque salvó a su pueblo de sus pecados; y al querer separar a los niños de este pueblo, los separados sois vosotros.
Los pelagianos, en minoría
- Jul.- “Así muy poco se permite a los sabios y todo está permitido al vulgo vil; por decreto de los sediciosos se excluye en la Iglesia el aprecio de las virtudes; y somos desacreditados ante los hombres vulgares, porque rehusamos asociarnos al error. Somos, en efecto, vilipendio para esta muchedumbre que juzga del valor de una doctrina por el éxito que obtiene, y juzga de la verdad por el número de sus adeptos”.
Ag.- ¿Acaso Manés agrada a muchos? ¿No son pocos en número, como lo son los parricidas y los hombres pésimos? No os gloriéis de vuestro número reducido; y, lo que es aún más vano, dejad de pregonar que nuestra doctrina agrada a la muchedumbre y, al mismo tiempo, objetamos el dogma detestable de una minoría.
Tulio no es autoridad en la materia
- Jul.- “Tulio, hablando de Epicuro, dice que es manifiesto argumento de que una doctrina carece de profundidad el que hombres de esta laya confiesen les agrada. Así estos nuestros adversarios, según su perversa costumbre, consideran los aplausos del vulgo como prueba de sabiduría”.
Ag.- Vence y convence a Tulio en esta materia aquel que dice: Alabad al Señor todas las naciones, alabadle todos los pueblos 2. Tú no intentas instruir en la verdad, sino con sutilezas seducir a unos cuantos para aumentar vuestro pequeño número, poniendo ante su vista las sutilezas de unos pocos filósofos paganos, reprochándonos a nosotros el no emplear su estilo elevado que tanto agrada a la gente. Sin embargo, más de una vez me has enrostrado que busco no hacerme comprender. ¿Cómo agrada lo que defiendo a la multitud, sino porque esta multitud es católica y siente un justo horror a vuestra herejía?
Alaba Juliano la libido
- Jul.- “Deleita a las almas viles infamar todo lo que en algún modo es santo y venerable, para que así los ejemplos de sus resplandecientes virtudes no estén en contradicción con sus obras”.
Ag.- Las almas rastreras corren detrás de ti, pues alabas la libido; mientras las almas castas prueban, al rechazarte, que son dignas de elogio al condenarte.
Naturaleza y vicio
- Jul.- “Les deleita y complace en exceso poner de relieve la debilidad de la naturaleza, decir que la carne está sujeta a un pecado ingénito, que la conversión no depende de la voluntad del hombre; y llaman crímenes a la función de los órganos; y aseguran que la fe católica consiste en defender el libre albedrío, pero al mismo tiempo afirman que el hombre se ve obligado a cometer el pecado y no puede querer el bien”.
Ag.- ¿Por qué te enojas contra nosotros, que con tanta mayor certeza deseamos el fruto de la conversión cuanto con mayor ahínco la pedimos al Señor? En vano, en tu orgullo, ahuecas la voz; nosotros no queremos, no, ser contados entre los que confían en su poder 3. Nuestra alma está sedienta de Dios y le dice: Señor, mi fortaleza, te amo 4. Puede el hombre querer el bien, pero Dios prepara su voluntad 5. En verdad, la naturaleza viciada con más facilidad se inclina al mal, y por eso ha de ser sanada.
Dios creó al hombre libre
- Jul.- “Vana y herética, según vosotros, es la doctrina de los que afirman que el Dios justo creó para el bien al hombre libre, y en poder de cada uno está evitar el mal y brillar en la práctica de las virtudes, para hacer penetrar el aguijón de la vigilancia y del temor en aquellos que hacen recaer los crímenes sobre la tiranía de la carne”.
Ag.- No decimos sea doctrina vana y herética la de aquellos que afirman que un Dios justo creó al hombre con libertad para el bien, pues así creó a Adán, en el que todos existimos; pero, al pecar, se perdió él y nos perdió a todos. Y ahora no está en poder de los hijos de los hombres ser librados del mal, a no ser que la gracia de Dios les dé el poder de ser hijos de Dios 6. Por eso el aguijón de la vigilancia y del temor nuestro no va por los que, como vosotros decís, vuelcan sus crímenes sobre la tiranía de la carne, sino por los que elevan a Dios sus plegarias para no caer en tentación pecaminosa ni consentir en vuestras discusiones, colmadas de orgullo e ingratitud con Dios.
Respuesta de Ambrosio a Juliano
- Jul.- “Por último, en las iglesias insignes y con publico numeroso se enseña que la fuerza del pecado es tal que, incluso antes de la formación de los miembros, antes de la creación del alma y su unión con el cuerpo, esta fuerza del pecado se mezcla a las semillas que revolotean y se introducen en el seno de la madre y hace culpables a los que van a nacer, y así la culpa procede de la naturaleza para ensuciar su mismo origen; y esta ley del pecado habita en los miembros del hombre, lo hace esclavo del pecado y digno, no del castigo por sus torpezas, sino de la misericordia. Y lo que nosotros llamamos vicios de una voluntad depravada, hombres y mujeres y célebres obispos lo llaman pecado original”.
Ag.- Te responde el gran obispo Ambrosio, alabado por el jefe de vuestra herejía, y dice: Tuvo Eva un mal parto, y este parto doloroso se transmitió, como herencia, a todas las mujeres; y así, todo el que es formado con el placer de la concupiscencia y ha sido engendrado mediante los órganos genitales, en sangre plasmado, envuelto en pañales, sufre el contagio del mal antes de respirar el aura vital. Es, pues, ¡oh Juliano!, necesario que la naturaleza humana sea sanada por la misericordia de Dios, y no alabada por tus vanas declamaciones.
Ambrosio no es maniqueo
- Jul.- “Con estos infames dogmas de los maniqueos halagan los oídos de los hombres impuros”.
Ag.- Acusa, si te atreves, de maniqueo al gran Ambrosio. Pon atención sobre quién recae lo que tú pareces dirigir contra mí solo; y si tienes un adarme de temor de Dios o simple pudor humano, enmudece. En compañía de estos personajes debo aceptar tus injurias, no sólo con paciencia, sino con alegría; mas al insultar a hombres tan célebres has de sentir vergüenza y temer los juicios divinos.
La picadura de la ortiga
- Jul.- “Esta urticaria excitó a nuestros enemigos de uno y otro sexo; vicio que, en otro tiempo, como consecuencia de un mal hábito, hacía sentir su picadura irritante; sin embargo, podía ser curada con el ungüento de saludables exhortaciones”.
Ag.- La picadura de la ortiga causa un molesto hormigueo, pero sólo al que alaba la libido. Si, como dices, es a causa de una mala costumbre, y por eso dice el hombre: No hago el bien que quiero; sino que hago el mal que no quiero 7, y vosotros, ciertamente, reconocéis que la voluntad humana en este hombre perdió la facultad de hacer el bien si la gracia divina no acude en su ayuda, ¿de qué sirve la elocuencia y un bello decir de no importa qué orador?
Dios endereza las voluntades torcidas
- Jul.- “Ahora que este vicio se ha comenzado a presentar como remedio y la autoridad da alientos al placer, y con el consenso casi universal, esta infame pasión somete el espíritu a los miembros de los que es reina; hoy que la lujuria puede hacer la guerra contra la honestidad e imponer victoriosamente a todas las almas su abominable yugo y entregarse a todas sus torpezas, la defensa de la verdad es para nosotros tanto más difícil cuanto más honesta. Porque contra los pueblos que se precipitan en el abismo y detestan todo remedio tiene escasa eficacia la palabra de un pequeño número que buscan su medicina en la oración.
¿Qué hacer? ¿A vista de todo esto debemos tocar a retirada y vengar nuestras injurias con el silencio y desde el puerto de nuestra conciencia alegrarnos del naufragio de los otros? Esto sería contrario, en primer lugar, a la caridad que debemos a todos los hombres; luego, a la fe y esperanza que tenemos en Dios, quien, con frecuencia, levanta de las ruinas más desoladoras al desvalido y ha prometido eterna recompensa a la constancia, pues quienes ejercitamos hasta la hora de la muerte, aunque en el tiempo presente quede sin eficacia”.
Ag.- ¿Cómo levanta Dios las ruinas de unas voluntades torcidas causa de ciertas calamidades temporales, si son justas, si no es haciendo bueno el querer en el corazón de los hombres? O, si pueden, que se levanten ellas mismas como demencialmente enseñáis, y así os despeñáis en una gran ruina. Por eso rogamos a Dios por vosotros y ojalá nos escuche ahora que lo hacemos por ti, como nos escuchó cuando pedimos por nuestro hermano Turbancio .
Falsa victoria la de Juliano
- Jul.- “Alegres con este consuelo de la fe, ponemos mano a la obra y continuamos la discusión prometida, sin dudar que nos encontramos ya con una parte de la recompensa por el mero hecho de estar ya dentro de la fortaleza de un dogma tan combatido por la envidia de muchos y el error de una gran muchedumbre, para que, disipadas todas las dudas, aparezca invencible con la posesión de la victoria”.
Ag.- Te atribuyes a ti mismo la palma de la victoria contra tantos obispos de Dios que se abrevaron y dieron de beber a otros de las aguas de Israel; y, antes que nosotros, aprendieron y enseñaron en la Iglesia de Cristo la doctrina que tú combates 8. Obrar así no es brillar con la posesión de la victoria, sino caer vergonzosamente en el albañal de una odiosa arrogancia. Tener fama es gozar del aprecio de otros, pero ¿cómo te puede honrar la posesión de la victoria si te esfuerzas por corromper el antiguo e invicto dogma católico?
Sin apoyo
- Jul.- “Si, como ya quedó más arriba patente y demostrará lo que vamos a decir, la razón, la erudición, la justicia, la piedad y el testimonio de las Escrituras vienen en apoyo del dogma que defendemos, nuestros enemigos, a pesar de sus esfuerzos, sólo consiguen probar su gran desvergüenza para con los sabios, su enorme contumacia para con los santos, su irreverencia suma con Dios”.
Ag.- Hablas falsedades, porque ni la razón, ni la santa doctrina, ni la justicia, ni la piedad, ni los textos inspirados apoyan vuestro dogma; al contrario, todo, en sentir de los que rectamente lo comprenden, destruye vuestra doctrina. La razón, entorpecida por una lentitud inherente a su naturaleza, apenas consigue tomar posesión de una parcela de la verdad; la erudición sufre la pena del trabajo proveniente de la misma torpeza natural; grita la justicia que no es obra suya el que los hijos de Adán se vean oprimidos por un pesado yugo desde el día en que salen del vientre de su madre, sin ningún mérito de pecados. Pide la piedad ayuda a Dios contra este mal, y las Sagradas Escrituras nos exhortan a implorar el auxilio divino.
Cipriano y Ambrosio condenan a Juliano
- Jul.- “Los escritos de estos traducianistas que nosotros combatimos demuestran en sus libros que no tienen razón sólida que oponer, y en los libelos dedicados a un hombre de armas, más ocupado, como él mismo confiesa, en otros estudios que en las ocupaciones literarias, invocan en favor suyo doctrinas del pueblo, alto y bajo, de los aldeanos y de gente de teatro, doctrinas que la historia no dice en qué concilio han sido promulgadas”.
Ag.- Contra vosotros no invocamos ineficaces ayudas; sino que, en favor vuestro, para poner freno a vuestra sacrílega audacia, alabamos la intervención cristiana. Pon atención y advierte que llamas aldeanos y gente de teatro a un Cipriano, a un Ambrosio, y a tantos otros eruditos escritores y compañeros suyos en el reino de Dios.
La carne lucha contra el espíritu
- Jul.- “Como he dicho, no podemos negar que con frecuencia las turbas, amigas del vicio, gustosas imputan a la naturaleza delitos de la voluntad, y justifican la corrupción de sus costumbres con el contagio seminal; y así no se creen obligados a corregir lo que creen ser obra de otro”.
Ag.- ¿Quién te ha dicho que uno sea autor de los pecados de otro? Porque el que dice: No soy yo el que obra, sino el pecado que habita en mí, añade a continuación: Sé que no habita en mí, es decir, en mi carne, el bien 9, y claramente demuestra que todo eso le pertenece, pues la carne es suya al estar formado de alma y carne. Sin embargo, no quieres admitir, con Ambrosio, que este mal, por el que la carne lucha contra el espíritu, se introdujo en nuestra naturaleza por la prevaricación del primer hombre. Tú mismo sueles decir que estas palabras del Apóstol expresan la violencia de una mala costumbre, pero ¿qué quieres dar a entender cuando dices: “para que nadie se vea obligado a corregir lo que sabe que es obra de otro?” En cambio, quieres que se corrija el que dice no soy yo el que obra, y además quieres que esta conversión sea fruto del esfuerzo de su propia voluntad, cuando constatas su debilidad en el que dice: No hago lo que quiero. Al menos a éste, por favor, permítele implorar el auxilio divino, pues ves que pecó por su libre querer.
Yugo pesado y justicia de Dios
- Jul.- “Sin embargo, una débil ayuda a una opinión sin fundamento aumenta los pecados, no los disminuye. El picor de gente miserable y enfermos voluntarios no tiene peso contra la razón. Pero como nuestros adversarios dicen apoyar el pecado de naturaleza en ciertos pasajes de la Escritura y, en particular, en textos del apóstol Pablo, cuya exposición diferí para este segundo libro, es ya hora de cumplir lo prometido. Para instrucción del lector distinguiré brevemente lo que hice y lo que me resta por hacer.
Queda ya probado que no se puede demostrar por las Escrituras lo que no se puede defender en justicia; porque si en la Ley de Dios reside la expresión de una perfecta justicia, el enemigo de la justicia, es decir, la injusticia, no puede encontrar apoyo en esta misma Ley. En consecuencia, la autoridad no puede destruir lo que la razón establece. Quedó probado que Dios nos es conocido por sus atributos; y su justicia ha de ser proclamada así como su omnipotencia; porque si admites un fallo en la primera, se bambolea toda la majestad divina; Dios es justicia, y si se pudiese probar que no es justo, se podía concluir que Dios no existe. Esta es, pues, nuestra conclusión: Veneramos a un Dios justísimo, en la Trinidad; de esto se sigue, de una manera irrefutable, que no se puede imputar a los niños un pecado ajeno”.
Ag.- ¿Por qué no admites que el todopoderoso, en justicia, no puede imponer sobre los hijos de los hombres un pesado yugo desde el día en que salen del vientre de sus madres sin que se les pueda imputar mérito alguno de pecado?
El pecado de Adán, voluntario
- Jul.- “Como examinamos la definición de justicia, así ahora escrutamos las condiciones del pecado, y vemos que el pecado es sólo mala voluntad, libre de abstenerse del mal al que su apetito le arrastra”.
Ag.- Este fue, en efecto, el pecado del primer hombre, del que arranca el origen del mal para todos los hombres. Adán era libre de abstenerse del mal al que se apegó, porque no existía aún vicio alguno por el que la carne luchase contra el espíritu. No podía aún decir: No hago lo que quiero; pues no tenía carne de pecado, ni necesitaba la ayuda de aquel que tomó una semejanza de carne de pecado.
¿De dónde viene este pesado yugo?
- Jul.- “Convencidos por este invicto testimonio, decimos que no hay pecado en los que nacen, porque no se puede descubrir en ellos uso de razón”.
Ag.- ¿De dónde viene el pesado yugo, sino porque, sin tener uso de razón, tienen, sin embargo, las ataduras de un origen culpable?
Se aleja Juliano de la verdad
- Jul.- “Queda, pues, probado por una argumentación luminosa que los defensores de la existencia de pecados naturales niegan la existencia del libre albedrío. Lo negó con certeza el cartaginés, no con argumentos, por encontrarlos de poca consistencia, sino con el testimonio del Evangelio, de más autoridad; pero nosotros, con nuestras explicaciones, hemos restablecido el valor de los textos evangélicos. Hemos también dado solución a las interpretaciones falsas y calumniosas que muchos adversarios dan a un texto del apóstol Pablo y hemos probado con la autoridad de un profeta, que nuestro Dios, alfarero de los vasos de elección, es el creador de todos los hombres”.
Ag.- A estos argumentos ya te respondí y he demostrado cuánto te alejas de la verdad.
A la espera
- Jul.- “Todos estos argumentos -con uno bastaba sobradamente para el triunfo dela verdad- quedan expuestos en el primer libro. Resta discutir, aunque no sea necesario, el texto del Doctor de los gentiles, en el que se afirma que por un hombre el pecado entró en el mundo 10. Y nos apoyaremos, cuando sea preciso, en las definiciones ya dadas, y demostraremos que la razón no miente, y que es criminal injusticia atribuir las inclinaciones de unos al nacimiento de otros.
En este libro y en el siguiente, con ayuda de los testimonios de la ley, probaremos, aunque nadie lo ponga en duda, que todo lo injusto desagrada a Dios y está en su ley prohibido. De ahí se sigue necesariamente lo que con toda justicia defendemos; esto es, que nadie nace en pecado, y Dios no puede juzgar culpables a los recién nacidos; y el libre albedrío está en nosotros tan íntegro como en el estado de naturaleza inocente antes de poder hacer uso de nuestra voluntad personal”.
Ag.- Habla y veamos si lo que vas a decir del texto del Apóstol es tan huero como lo que anteriormente has dicho.
El hombre contrae el pecado antes de respirar el aura vital
- Jul.- “Están los maniqueos en contradicción con la razón y la piedad, pues piensan que el pecado existe antes que la voluntad, lo que es contrario a la naturaleza de las cosas; lo mismo que cuando afirman que Dios existe, pero que es un Dios injusto; o cuando infaman las santas Escrituras, al servirse de sus textos para establecer la injusticia en la divinidad. Y como ninguna de estas tres cosas pueden, por la razón, demostrar, a saber: que sin voluntad no existe pecado; que en Dios no hay injusticia y que la ley no es perversa; prueban sólo su necesidad, su impudencia y su impiedad”.
Ag.- Enrojece; no fue maniqueo Ambrosio cuando dijo que el hombre contrae la mancha del pecado antes de respirar el aura vital. Pero estos delitos no existieron sino por una voluntad, y por eso no hay en Dios injusticia al imponer a los que nacen un pesado yugo; ni hay maldad en la ley al enseñar la verdad de esta doctrina; y esto lo podéis ver vosotros mismos si no padecéis de estrabismo.
Exégesis de Rm 5, 12
- Jul.- “Grabe bien esto en el alma el lector avisado: en todas las Escrituras santas no se contiene otra cosa sino lo que para gloria de Dios creen los católicos, como claramente lo prueba un manojo de textos; y si en algún pasaje una frase oscura da pie a una discusión, cierto que su autor nada contrario dice a la justicia. Se ha de interpretar, pues, conforme a la sana razón y a la luz de otros pasajes que no ofrezcan oscuridad alguna. Citemos ya las palabras de nuestro adversario.
En el capítulo donde dice que Dios hizo pecadores a los hombres, proposición que combatimos en el libro primero, dice de una manera discreta que el pecado entró en el mundo por un hombre, pero no se demoró en la explicación de este pasaje. Sin embargo, después de disputar con abundancia de palabras contra el extracto que dice le fue enviado, llega al lugar de mi libro que se propone atacar; mas al no obtener lo que prometió, pasa a este texto ya citado del Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo; y se afana por explicar el texto según su doctrina. Por eso, dejando en el arcén otras cosas, ciño mi estudio a este pasaje de su obra, con el fin de cumplir mi promesa de resolver en mi segundo libro esta cuestión y mostrar el valor de sus argumentos, para no dar la impresión de un fraude si doy mi interpretación, que es la católica, y omito la suya”.
Ag.- Di más bien que tu interpretación es pelagiana, no católica. La católica consiste en demostrar la justicia de Dios en los sufrimientos y torturas tan grandes de los niños; sufrimientos que no existirían en el paraíso si la naturaleza humana no hubiera sido viciada por el pecado y con toda justicia condenada.
Interpretación pelagiana en Juliano
- Jul.- “Refuté en mi primer libro la doctrina que formula ahí: En efecto, como el pecado es obra del diablo, ya lo contraigan los niños de una unión legítima o ilegítima; así el hombre es obra de Dios, ya nazca de una u otra unión 11. Reproduzco ahora el texto de mi razonar tal como se encuentra en mi libro, en gran parte escamoteado por mi adversario”.
Ag.- La doctrina que defiendes es tan verdadera como la mutilación que me atribuyes; el autor del extracto que me fue remitido transcribió de tu obra lo que quiso y como le plugo, con plena libertad y según su criterio.
La rendija y la puerta
- Jul.- “Yo te respondí: “Ciertamente, tú, salvo el respeto debido a tu magisterio, tergiversas; pero advierte que la verdad no te da licencia para divagar. Estamos de acuerdo, el pecado es obra de una mala voluntad o es obra del diablo; mas ¿cómo este pecado se instala en el niño? ¿Por su voluntad? No existe en él. ¿Por su ser físico? Es obra de Dios. ¿Por su unión con el alma? Esta no viene de un germen material, sino que es una nueva creación de Dios. ¿Por el uso del matrimonio? Es una acción de los padres, y tú has dicho que este acto no es en ellos culpable, y si éste no es tu verdadero pensamiento, como lo indica la continuación de tu razonar, se ha de condenar el matrimonio por ser causa de un mal.
Sin embargo, el acto matrimonial no tiene entidad propia; es un movimiento que realizan dos personas en su unión; por consiguiente, los padres que, con su cópula, fueron causa del pecado, son los culpables. Ya no se puede poner en duda que los esposos merezcan suplicio eterno, pues, por su medio, el diablo llega a ejercer su poder sobre los hombres. Y si admites esta conclusión, renuncias a todo lo que afirmado habías con anterioridad, es decir, que el hombre era obra de Dios. Porque, si los niños provienen de la unión carnal, si el pecado de la humanidad se deriva de nuestro origen y si este mal es causa del poder del diablo sobre las almas, es necesario que el diablo sea autor del hombre, pues de él nacemos”.
Y a continuación, por segunda vez, cité sus mismas palabras: “Como el pecado, de cualquier modo que se contraiga, es obra del diablo; así el hombre, cualquiera sea la causa de su origen, es obra de Dios”. Yo, al momento, me levanté contra él en estos términos: “Cuando pienso en estas palabras que el temor arranca de tus labios, en las que afirmas no es un mal el matrimonio, no puedo contener la risa al leer estos otros argumentos tuyos. Si de verdad crees en un Dios creador de los hombres y que los esposos son inocentes, piensa que es imposible derivar de ellos la existencia de un pecado original. Pues no peca ciertamente el niño que nace, ni peca el padre que engendra, ni peca el que crea; ¿por qué ocultas rendijas, en medio de tantos avales de inocencia, imaginas entró el pecado?""
Ag.- Es suficiente la respuesta que di a tus palabras, tal como en tu libro las leí. Juzgo, sin embargo, es mejor escuchar antes al Apóstol que a ti; él nos indica, no una oculta rendija, sino un portalón abierto, por el que entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres, porque todos pecaron 12. Cuando inicies el comentario a estas palabras en tu sentido, no en el del Apóstol, se verá cuál es la sana doctrina contra la que diriges tu zigzagueante verborrea.
Contesta Agustín
- Jul.- “Este pasaje, tomado de mi primer libro, lo cita mi adversario en su libro segundo, pero con interpolaciones 13. Porque omite, pienso que con intención, cuanto dije acerca de la formación del cuerpo, de su unión con el alma, creada en cada uno de nosotros por Dios, según la razón, la autoridad de la ley sagrada y de la Iglesia católica lo confirman”.
Ag.- El que haya leído mis seis libros, en los que refuto los cuatro tuyos, y que el compilador tomó de tu primer libro lo que quiso y como quiso, y al que respondí en la obra que ahora, con vana charlatanería, te empeñas en refutar; verá, repito, el lector cómo contesté en mi primer libro y que nada, con intención, he omitido, como tú afirmas. La omisión es del compilador de la obra y a ella respondo, y él no quiso transcribir este pasaje de tu obra, ora por abreviar, ora por no haberlo considerado de importancia para la causa que disputamos en dicho pasaje.
De nuevo, Rm 5, 12
- Jul.- “Sí cita lo restante de mis palabras, aunque con algunas variaciones. Y contra estas mis objeciones nada que pueda resolverlas aduce. La debilidad de sus argumentos prueba que estoy en posesión de la verdad. Te contentas con decir que el Apóstol da respuesta a todo esto cuando dice que, por un hombre, entró el pecado en el mundo. En este lugar, ¿qué hombre docto pensará tiene la cabeza en su sitio el que opta por silenciar lo que refutar no podía, o dé una respuesta cualquiera, apoyado en las palabras del Apóstol?”
Ag.- Las palabras del Apóstol tienen más fuerza que las mías para poder refutarlas; sin embargo, no cedes ni ante el Apóstol y prefieres corromper su sentido a corregirte.
Divagaciones de Juliano
- Jul.- “Con el fin de tener de mi parte a todos los hombre instruidos, he tratado con toda lógica de averiguar cómo el pecado que es obra de una voluntad mala y se llama obra del diablo, se puede encontrar en un niño. Si es por su voluntad, nuestro adversario confiesa no existir; si por el matrimonio, es entonces obra de los padres, y nadie opina que en el acto conyugal haya pecado; o bien, si a nuestro antagonista le pesa haber hecho esta concesión, como lo manifiesta en la continuación de su obra, debe declarar culpables a los padres cuya unión le pone en bandeja al diablo un poder tiránico sobre los niños, creados a imagen de Dios.
Luego, obligado por la lógica de la disputa, añadí que admitir la existencia del pecado original era proclamar al diablo autor de los cuerpos; porque si el mal en los hombres viene de su origen, y el pecado da al diablo un derecho sobre los hombres, es el diablo creador de los hombres, pues interviene ya en su nacimiento. Mas como nuestro adversario comprende que así los traducianistas se ven encerrados en el antro de los maniqueos, giré la llave, para dejar una escapada a los cautivos, y avisé a mi adversario que, si de veras cree en el Dios creador de los hombres, sencillamente confiese que los esposos son inocentes y entienda que de ellos no se puede derivar el pecado original. “Con toda certeza, dije, no peca el que nace, ni peca el que engendra, ni peca el Creador; ¿por qué ocultas rendijas, entre tantos baluartes de inocencia, imaginas entró el pecado?”
¿Qué se puede, por favor, encontrar más santo, verdadero, transparente, breve, firme, que el establecer, después de estos tres puntos que mi adversario concede, un cuarto en el que radica mi conclusión última? Porque después de una o dos conclusiones fluye de las dos primeras una tercera. ¿Qué puede impedirme que, después de estas tres premisas, pueda añadir una cuarta conclusión que fluye de las tres primeras? Y todo esto en la segunda discusión, porque en la primera me concede mi adversario cinco o seis proposiciones de las que se deduce una conclusión legítima e irrefutable”.
Ag.- Mira cómo divagas por muchas cuestiones por temor a que te condenen las palabras del Apóstol, si se escuchan sin prejuicios, como ya en juicio te condenó la Iglesia católica. Corre a donde quieras, detente donde te plazca, multiplica a capricho tus voluntades, porque cuando la nave de tus falacias arribe al puerto de la verdad, irás, sin duda, a pique.
Insiste Juliano en la rendija
- Jul.- “Dirijo ahora la palabra a mi adversario. Me concedes ser el pecado obra de la voluntad y, en buena lógica, puedo al momento argüir: no existe en los niños voluntad de pecar, luego no hay en los niños pecado. Mas, para oprimirte bajo el peso de muchos testimonios, dispuse escalonadas mis preguntas y averiguar cómo es posible encontrar en los niños pecado. ¿Acaso por un acto de su libre querer? No hay en ellos, tú lo admites, acto ninguno de su voluntad. Acto seguido te pregunté si acaso eran culpables por tener miembros deformes. Y convienes conmigo ser Dios el autor de estos miembros y, en consecuencia, son buenos. Insté, en tercer lugar, si pensabas que el pecado era consecuencia de la unión del alma con el cuerpo. Pero es cierto que el alma es una nueva creación y nada de común tiene con la semilla que da origen al cuerpo. Y como no encontrabas otros argumentos, te pregunté, por último, si el matrimonio, es decir, la unión de los cuerpos era obra del diablo. Y demostré -y tú lo reconoces- que esta unión era un deber de los esposos. Todos estos puntos ya resueltos, se concluye que los esposos, según tu doctrina traducianista, han de ser esclavos del diablo. Después de todo lo dicho te acusé nuevamente de creer que el diablo es el creador de los cuerpos, pues le atribuyes el acto de unión sin el que no pueden existir los cuerpos. Y esta discusión mostró de qué enfermedad padeces; la segunda reveló lo miserable que eres al sentir así, y cómo tus temores testimonian el triunfo de los católicos.
Me concedes, en efecto, ser los hombres criaturas de Dios; que los esposos son inocentes y que los niños no pueden actuar por sí mismos. Estas tres verdades concedidas, con lógica imbatible se concluye que el pecado, al no ser obra del que nace, ni del que lo engendra, ni del que lo crea, no queda grieta posible por donde pueda entrar el pecado. Y si estas conclusiones te desagradan, retracta lo que concediste y di que pecó el que engendró, o el que creó, o el que nació; de estas tres afirmaciones, la primera es insensata; la segunda, maniquea; la tercera, supermaniquea. Maniquea si acusas a los esposos, supermaniquea si piensas en Dios autor del pecado. Y si todas estas proposiciones son tan contrarias a la verdad que tú mismo temes enseñarlas, tú, el más mentecato de todos los mortales, ¿con qué impudencia persistes en negar nuestras conclusiones?”
Ag.- Cuando llegues a las palabras del Apóstol encontrarás, no una rendija, sino una puerta abierta de par en par, por la que entró el pecado en el mundo; puerta que tú te empeñas en cerrar; pero serás confundido con toda tu verborrea, por boca de lactantes y niños que prefieren a tus alabanzas un Cristo salvador y confiesan su evidente miseria, no con tortuosas disputas, sino con lágrimas silenciosas; miseria que no hubieran experimentado en el paraíso si el primer hombre hubiera permanecido en justicia y santidad.
Respuesta válida
- Jul.- “Entran aquí en juego cuatro personas: Dios creador, los dos padres que proporcionan la materia al Creador y el niño que nace. En este coro dices habitar el pecado. Pregunto: ¿De quién viene el pecado? ¿De Dios? Tú lo niegas. ¿Del padre? Niegas también. ¿De la madre? Igualmente lo niegas. ¿Del niño? Niegas aún. No quieres, empero, admitir como conclusión que no puede existir el pecado en estas cuatro personas, pues ninguna de estas cuatro lo puede cometer”.
Ag.- Di lo que quieras; alguna vez llegarás a las palabras del Apóstol, y todo el que las recuerde, al examinar los diferentes pasajes de tu argumentación, que no quiero constantemente repetir por temor a fatigar al lector, su mismo recuerdo será una respuesta a tus palabras.
Por todos murió Cristo
- Jul.- “¿Qué intentas persuadirnos, cuando relees las Escrituras, o nombras a los que comulgan con tu sentir, tú que ni siquiera puedes definir lo que sientes? ¿De qué te sirve enseñar que Adán pecó, verdad que no rechazo? Preguntamos cómo el pecado de Adán, muerto hace ya muchos siglos, por el que se transfiere al poder del diablo la imagen de Dios, puede encontrarse en los niños”.
Ag.- Y ¿por qué no admites tú en el reino de Dios al que, siendo creado a imagen de Dios, no tiene, según tú, pecado? ¿Por qué la sangre, derramada para el perdón de los pecados, en la semejanza de una carne de pecado, se da como bebida a los niños 14 para que tengan vida, si el pecado de origen no es para ellos causa de muerte? Y, si esto te desagrada, niega que Cristo se hizo niño, niega claramente haya muerto por los niños el que por todos murió, de donde se sigue lo que dice el Apóstol: Luego todos murieron y por todos murió Cristo 15.
Declara abiertamente que los niños no están muertos, pues no tienen pecado, ni tienen necesidad de la muerte de Cristo, en la que han sido bautizados. Di con toda claridad lo que piensas en tu corazón, aunque ya tu razonar nos lo da a entender; declara que los niños en vano se hacen cristianos, pero piensa si tú mismo te debes llamar cristiano.
La libido no viene del Padre
- Jul.- “Si el pecado es resultado de la unión de los padres, condena, en tu profesión de fe, el matrimonio, como en tu argumentación lo condenas, y ahórranos el trabajo de convencerte de que eres maniqueo. Si, por el contrario, no te atreves a enseñar esta doctrina y, sin tener en cuenta las reglas del razonar, te inclinas, contumaz, en favor de los que se entregan al placer de la carne, y pretendes, por un inaudito prodigio de tu argumentación, insinuar que la unión carnal es en sí una pasión diabólica, y cuando en hechos se traduce es para los padres fuente de un placer voluptuoso y para los niños principio de pecado, y así revelas tu locura y torpeza; pero, por favor, no pretendas creer que no tenemos libertad para defender la gloria de Dios y la inocencia de los niños, mientras a ti te es lícito y te place acusar a Dios y excusar el movimiento carnal de los lujuriosos, que llamas libido”.
Ag.- Cualquier inclinación que te lleve a tejer el elogio de la libido, es decir, de la concupiscencia de la carne, lo cierto es que el apóstol Juan dice que no viene del Padre, sino del mundo 16, y por eso el diablo es, con justo derecho, el príncipe de este mundo 17. Dios es el creador del mundo, lo sabemos. Y de este mal de la concupiscencia hace buen uso la castidad conyugal, y la regeneración espiritual borra la culpa que este mal causa en los niños. Mientras no pienses así, serás pelagiano, no católico; y estarás en contradicción con las Escrituras sagradas que te parece defender. Y cuantas veces combates esta doctrina me llamas maniqueo, sin temor a injuriar al que dice que por los órganos de la generación y el placer de la concupiscencia se contrae la mancha del pecado, aun antes de recibir el soplo de vida. Y este hombre es Ambrosio, ¡oh Juliano! En tu demencia llamas a Ambrosio maniqueo.
Ni se condena la carne ni se elogia la libido
- Jul.- “Al proclamar que la concupiscencia de la carne ha sido plantada en el hombre por el príncipe de las tinieblas y que es árbol del diablo, que produce, como fruto natural, el género humano, con toda evidencia declaras que el diablo, no Dios, es el creador del hombre; y con este dogma, colmo de la impiedad, se condena el comercio de los esposos, es decir, la unión de los sexos y toda carne”.
Ag.- No se condena la carne, pero tampoco se la elogia como si sana estuviera, sino que, como tú mismo confiesas, necesita ser sanada por su Creador y Salvador. Y aquellos en los que no es regenerada serán, sin duda, condenados.
Escritores que piensan como Agustín
- Jul.- “Mas cuando, según tus palabras sacrílegas, añades que el placer que experimentan los esposos en el acto de la generación es algo diabólico, y que el movimiento de los órganos genitales es obra del diablo; pero que los miembros que se excitan y los esposos que este placer experimentan no son culpables; mientras acusas a los nuevos hombres, es decir, a la masa informe, obra divina en los concebidos, no te diferencias de la impiedad maniquea, sino que, en un arrebato de furor, cedes a una cólera tan sin control, que necesitas más de un curandero que de un cirujano, si tu voluntad e intención no fueran atestiguadas, en este punto, por gran número de hombres y las numerosas citas que haces de la Escritura no hablasen claro de tu obstinación”.
Ag.- Oigo, sin indignación, tus injurias, pues las comparto con doctores de la Iglesia cuando enseñan que el pecado entró en el mundo por un hombre, y en este sentido, y no en el falsísimo de Juliano, entienden el texto del Apóstol. Se llaman, omito a otros muchos, Cipriano de África, Hilario de Francia, Ambrosio de Italia y Gregorio de Grecia. Y vuestra herejía fue condenada ya antes de nacer por estos jueces, de sabiduría y prudencia consumadas, en los que, sin vana presunción, puedes encontrar todas las cualidades deseadas.
Juzgue el lector quién tiene razón
- Jul.- “Lee, sobre este tema, el cuarto libro de mi obra y comprenderás que, so pretexto de combatirlo, defiendes la causa del diablo, tu padre, y de la libido, tu madre”.
Ag.- Leí tu cuarto libro y a todo contesté en el sexto mío. Cuál de los dos sea el vencedor, júzguelo el piadoso lector de ambos.
Generación, no imitación, en Rm 5, 12
- Jul.- “Veamos ya las palabras del Apóstol, que, según tú, responden a todas las dificultades que propuse. “El Apóstol, dices, ha contestado a todas las cuestiones; porque no acusa la voluntad personal de los niños, voluntad que no es capaz de pecar; ni condena el matrimonio en cuanto matrimonio, instituido y bendecido por Dios; ni acusa a los padres cuando de una manera lícita y legítima se unen para la procreación de los hijos; sino que dice que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así pasa por todos los hombres en el que todos pecaron 18. Si nuestros adversarios escuchasen con oídos y espíritu católico estas palabras, no se rebelarían contra la fe y la gracia de Jesucristo; ni tampoco, en vano esfuerzo, se agotarían por interpretar, violentando palabras tan claras y trasparentes en sí mismas, en sentido favorable a su herética doctrina: ni enseñarían que el Apóstol quiso decir en este pasaje que Adán fue el primero en pecar y que todo hombre que quiere pecar, halla en él ejemplo que imitar, y que el pecado, evidentemente, pasa de uno a todos, no por generación, sino por imitación. Cierto es que si el Apóstol hablara de un pecado de imitación no habría dicho que el pecado entró en el mundo por un hombre, sino por el diablo; y que el pecado pasó a todos los hombres. Pues del diablo está escrito: Le imitan sus partidarios 19. Pero dijo: Por un hombre, del que arranca la descendencia de los hombres para enseñar que por generación venía a todos el pecado original"".
Ag.- Has citado palabras de mi libro; di ahora en qué sentido hay que interpretar las palabras del Apóstol en mi pasaje aducidas, y esto para que se manifieste, con mayor claridad, que eres un hereje cuando, al tejer el elogio de los niños, les privas de un Salvador.
La dialéctica en materias de fe no sirve
- Jul.- “El lector erudito de nuestras obras, sea el que sea, comprende que abusas de la ignorancia de tus secuaces y con palabras ambiguas disimulas tu pensamiento. En cuanto al resto del vulgo, del que dice el profeta dirigiéndose a Dios: Tratas a los hombres como a los peces del mar 20, todo parece conspirar contra ellos para dejarse engañar, e incapaces de un sano discernimiento, piensan que existe verdadera afinidad en las cosas cuyos nombres se aproximan. Para determinar lo que es consecuente, lo que es contradictorio, lo que las reglas venerables e inflexibles de la lógica permiten deducir de las premisas concedidas, es preciso gran atención y caudal de ciencia”.
Ag.- Aún sigues dando vueltas en busca de dialécticos y evitando los jueces eclesiásticos. Dinos de una vez cómo hay que entender las palabras del Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo. Quizá tú las entiendas mejor que aquel que dijo: “Todos mueren en Adán, porque por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres en el que todos pecaron 21. La culpa de uno es muerte de todos” 22. Y el mismo autor en otro lugar: “Existió Adán y en él todos existimos, pereció Adán y en él todos perecimos” 23. Es Ambrosio el que habla, no uno cualquiera del vulgo, de esa muchedumbre ignorante que tú, con la cerviz erguida e impúdico orgullo, desprecias con el pretexto de que no es capaz de juzgar de tu doctrina. Ambrosio es, repito, al que en ningún sentido te puedes comparar en literatura profana, de la que mucho alardeas; y en letras sagradas escucha o lee a Pelagio, tu maestro, y él te dirá quién es, y no te aferres a una opinión contraria a la de un doctor tan egregio.
Explique Juliano Rm 5, 12
- Jul.- “El motivo que nos impulsa, sintiendo pena por la ruina de las Iglesias, a provocar un examen de hombres ilustres por su prudencia, para poder conocer, no lo que se dice, sino lo que se dice con lógica, es porque, si se discutiese ante una asamblea de este género, no se te permitiría sostener lo que antes habías negado, o negar lo que habías afirmado; pues en tu libro, en el que no respetas ninguna regla de pudor, haces un conglomerado con las enseñanzas de católicos y maniqueos, contento con que se diga que has respondido; y consideras como ocupación sin sentido valorar el peso de tus discursos y su consistencia”.
Ag.- Di ya, por favor, cómo se han de entender estas palabras: Por un hombre entró el pecado en el mundo. ¿Porqué esas calumnias, esas injurias, esas tergiversaciones? Si en una asamblea cuya sentencia pareces desear tomasen asiento Cipriano, Hilario, Ambrosio, Gregorio, Basilio, Juan de Constantinopla, por no citar otros, ¿te atreverías a pedir jueces más sabios, prudentes y veraces? Pues bien, todos estos claman contra vuestros dogmas y condenan en sus escritos los vuestros. ¿Qué más deseas? Todo esto queda suficientemente probado en mis libros primero y segundo que contra los cuatro tuyos publiqué; pero aún estoy dispuesto a escucharte. Dime ya cómo se han de entender estas palabras del Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo 24.
Pecado y castigo
- Jul.- “Por último, sin vacilación me concedes lo que te pedí y pesando las conclusiones confiesas tu impotencia para atacar mis posiciones y declaras que el apóstol Pablo ya refutó cuanto dijimos, e introduces al Apóstol confirmando tus doctrinas. Dices: “No acusa el Apóstol la voluntad del niño, pues en él no existe voluntad de pecado” 25. Si esto concedes, queda bien sentado que no puede haber en el niño ningún pecado, pues la esencia del pecado, a tenor de tu definición, consiste en que la voluntad consiente en algo prohibido por la justicia y de lo que uno es libre de abstenerse”.
Ag.- Es esta una definición de pecado que no sea al mismo tiempo castigo de un pecado. Vosotros mismos reconocéis que existen realmente malas costumbres, y así destruís vuestra propia doctrina. Di, si te atreves, cómo puede ser libre la voluntad de abstenerse del mal cuando oyes decir: No hago lo que quiero; o niega ser mal verdadero cuando lees: No hago el bien que quiero, sino que hago el mal que no quiero 26. Pero, cierto, reconozcamos que este pecado es castigo de otro pecado, y en consecuencia se ha de distinguir de la definición de pecado que consiste en un consentimiento de la voluntad con libertad para abstenerse. Comprende bien esto que digo, y declara, te lo ruego, cómo se han de entender estas palabras: Por un hombre entró el pecado en el mundo 27.
Concupiscencia en el Edén y en el ahora
- Jul.- “En consecuencia, si no acusa el Apóstol la voluntad personal, que reconoce no puede existir, declara que no aparece en el niño signo alguno de culpabilidad, sobre todo en presencia de la justicia, que no imputa a pecado si uno no es libre de evitarlo.
Y no contento con haberme concedido esto antes, añades: “No condena el Apóstol el matrimonio en cuanto matrimonio, pues ha recibido de Dios, no sólo la institución, sino también la bendición” 28. Estas palabras son suficientes para refutar la doctrina de un pecado natural; porque si el Apóstol sabe -y lo sabe- que el matrimonio no puede ser condenado, pues la unión de los sexos, con su inevitable placer, fue instituida y bendecida por Dios, como clima e instrumento de armonía; es imposible que tenga el diablo poder sobre el fruto de esta unión, es decir, sobre los niños inocentes, sobre todo en presencia de una justicia que no puede imputar pecado alguno si no hay libertad para evitarlo”.
Ag.- No sospeches, por favor, tal placer en la unión de los esposos en el Edén, como el que ahora causa la libido, cuyos movimientos no puede la voluntad apenas dominar, y que solicita incluso a los santos; porque si es cierto que la frenan, no pueden evitar ser tentados. Dios no permita que fieles prudentes crean existió en la paz y felicidad del Edén una voluptuosidad de esta especie.
Matrimonio y lascivia
- Jul.- “Examinemos el tercer punto, que nos prueba tu condescendencia y facilidad en hacer concesiones. “Ni el Apóstol, dices, condena a los padres en cuanto padres, pues se unen lícita y legítimamente con el fin de procrear” 29. Medita tus palabras. No condena el Apóstol a los padres en cuanto padres; declara, pues, que los padres, en cuanto padres, no pueden fructificar para el diablo; en su cualidad de padres, nada de lo que de ellos viene pertenece al diablo; los hijos pertenecen a los padres en cuanto padres, luego ni son culpables, ni están sujetos al poder del diablo ni pueden ser por él acusados.
Y para que se comprenda bien lo que ha dicho, repito: la unión sexual no interviene en la generación de los hijos sino en cuanto los esposos se convierten en padres; pero si los padres obran por sola pasión, o se desvían por caminos de adulterio, esto no puede perjudicar al niño, que nace de la fuerza vital del semen, no de los fangales del vicio”.
Ag.- ¿Confiesas ya que entre los esposos puede existir una culpable lascivia? Mira la conducta de esta tu bella protegida, de la que constituyes panegirista; porque estos excesos únicamente se producen cuando se cede a sus movimientos libidinosos, que reprendes en los esposos cuando se unen sin intención de engendrar hijos y se entregan a actos innecesarios para la procreación. De esta tu protegida tejes el elogio en un tono que nadie puede creer te atrevas ahora a condenarla, pues no enrojeciste al ponderar sus excelencias, pues hasta la colocaste en el paraíso de delicias.
La semilla, Dios la creó
- Jul.- “Son los gérmenes creadores, no los vicios, los que se transmiten a los que nacen. La fuerza seminal la da Dios, pues, según tú mismo confiesas, la bendice”.
Ag.- La semilla Dios la creó, pero los que saben distinguir en la naturaleza viciada el bien y el mal, no consideran un mal la naturaleza, ni el vicio, naturaleza; estos pueden discernir perfectamente entre naturaleza y vicio, y conocen lo que Dios crea y sana. Vosotros sois incapaces de distinguir esto, pues sois pelagianos, no católicos. Di ya, por favor, di en qué sentido se han de interpretar estas palabras: Por un hombre entró el pecado en el mundo 30.
Ni el engendrar ni el nacer es pecado
- Jul.- “Los hijos no son culpables, aunque al engendrarlos pequen sus padres, pues los padres sólo lo son en relación con sus hijos, como los hijos sólo lo son en relación con sus padres. El que engendra, consta, comunica a los hijos la naturaleza, y en la naturaleza no hay culpa, Y si declaras que el Apóstol confirma lo que la razón demuestra, nosotros, con todo derecho y de acuerdo con el Apóstol, sostenemos que el pecado de los padres no se transmite a los hijos; pues el Apóstol, iluminado por el Espíritu Santo, y nosotros, guiados por la razón, y tú mismo, aplastado por la verdad que atacas, reconocemos que los padres, en cuanto padres, no son culpables; y los hijos, en cuanto hijos, es decir, antes de tener voluntad libre para actuar, no pueden ser culpables”.
Ag.- Los padres, es cierto, al engendrar, son padres, y los hijos, al nacer, son hijos. Ni el engendrar es un mal ni lo es el nacer, pues es consecuencia de la acción creadora de Dios, y ambas cosas pudieron existir en el paraíso si nadie hubiera pecado. Porque la libido de la que nos avergonzamos, no sería libido de no nacer del pecado, o ser por el pecado viciada; o incluso, sin ella, los órganos genitales estarían al servicio de los padres, como están las manos al servicio de la acción manual; o estaría tan sometida a la voluntad que nunca pudiera solicitar al que no quiera. Y que no existiría, tal como hoy es, lo prueba la castidad que ha de combatir contra estos movimientos desordenados, incluso en los casados, ora para que no se entreguen mutuamente a lascivia, ora para no resbalar hacia el adulterio; y, en los castos, para no hundirse en el consentimiento. De esta concupiscencia viene el pecado original, y he aquí por qué no quiso nacer de ella aquel que vino a quitar nuestro pecado, no a sobrellevar el suyo.
Edificio en ruinas el de Juliano
- Jul.- “Dejemos a nuestro adversario agotar los recursos de su ingenio a la búsqueda de argumentos en favor de su doctrina maniquea; emplee todo el tiempo que quiera en esta penosa tarea; le prometo, no por orgullo, sino por religiosa convicción, que no conseguirá destruir este edificio por mí levantado”.
Ag.- Lo que llamas edificio es un montón de escombros, que de tal manera te aprisionan que te ves forzado a elogiar lo que combates, si es que aún tienes un átomo de pureza que te haga combatir lo que alabas.
Se repite Juliano para no decir nada
- Jul.- “¿Con qué descaro añades: Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así pasó por todos los hombres en el que todos pecaron? Palabras que interpretas como si el Apóstol enseñase que este hombre transmite el pecado por generación a todos los mortales. Pero antes habías dicho que el Doctor de los gentiles no condenaba el matrimonio, bendecido por Dios; que en el niño no existe querer para el pecado; que los padres, en cuanto padres, lícita y legítimamente se unen para engendrar hijos -y al momento, como si todo esto lo dijeses dormido-, añades que el crimen se transmite por generación, aunque la unión sea querida y bendecida por Dios: ¿Con qué descaro, con qué derecho, con qué palabras te atreves a enseñar que la generación es causa de culpa, fuente de crímenes, instrumento del diablo?”.
Ag.- Ya no recuerdo cuántas veces has dicho estas mismas cosas y las veces que te he contestado. La multitud de tus palabras son como una nube que no te permite distinguir entre la malicia del mal y el bien de la naturaleza, y repites hasta la saciedad odiosa las mismas cosas y con las mismas palabras; pero no dices cómo han de entenderse que por un hombre el pecado haya entrado en el mundo.
Dios bendice el matrimonio, no la libido
- Jul.- “La unión no merece reproche del Apóstol, y es posesión del diablo; Dios la instituye, y es surtidor de crímenes; por último, es bendecida por Dios, como confiesas, y la condenas como fruto diabólico”.
Ag.- Dios bendijo el matrimonio, no la concupiscencia de la carne, que codicia contra el espíritu, pues no existía antes del pecado. No bendijo Dios el pecado ni la concupiscencia que lucha contra el espíritu. Si no hubiera existido el pecado, ni la naturaleza viciada por él, los esposos, cuya unión Dios bendice, harían de los órganos genitales un uso parecido al que nosotros hacemos de los restantes miembros del cuerpo, sin movimiento pasional alguno, dóciles a la voluntad; ni existiría entonces la torpe libido, pues no ofrecería resistencia al mandato de la voluntad, como ahora lo hace, y como lo sientes tú mismo cuando rehúsas consentir a sus caricias y atractivos. Es hoy el matrimonio digno de elogio, porque no instalan este mal los hombres, lo encuentran; y los esposos hacen buen uso de este mal cuando se aparean para engendrar hijos, aunque éstos contraigan el pecado de origen, y por eso necesitan ser regenerados.
Pruebe Juliano su aserto
- Jul.- “La enseñanza de todas las letras testimonia que nada puedes contra mí, y la misma oposición que reina entre tus sentencias es una prueba de tus esfuerzos en contra del Apóstol, y de tus insensatos ataques contra Dios. Probado ya que no se puede casar lo que la naturaleza descasa, interroguemos al mismo Apóstol para que nadie piense que son doctrina suya las bárbaras teorías que tú enseñas”.
Ag.- Di ahora, al menos, lo que con tantos rodeos vienes difiriendo.
Nada dice Juliano
- Jul.- “Oigo a Pablo decir: Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, y así pasó por todos los hombres en el que todos pecaron 31. Afirmas tú que esto fue dicho, no a causa de un pecado de imitación, sino de generación; y nos llamas herejes, porque lo entendemos de un ejemplo pecaminoso, y te sirves del argumento siguiente: “En verdad, dices, si el Apóstol hubiera querido dar a entender aquí un pecado de imitación, no habría dicho que por un hombre, sino que por el diablo entró el pecado en el mundo y se ha transmitido a todos los hombres. Pues del diablo se ha escrito: Son sus imitadores los que son de su partido 32. Dijo, por un hombre, evidentemente por el que ha tenido origen el género humano, para enseñar que por generación se propaga el pecado original a todos los hombres”. Pero no veo que el Apóstol haya dicho nada que sea en desdoro de la naturaleza humana, nada que suene a condena de la inocencia natural, nada que sea un ataque a la obra de Dios”.
Ag.- Muchas veces dices: Nada, y cuando cesas de repetir esta palabra, no has dicho nada. ¿Quién no va a sonreír al constatar tu empeño en persuadirnos que no se refiere a la generación el Apóstol cuando dice: Por un hombre entró el pecado en el mundo, pues este hombre, del que todos descienden por generación, no fue engendrado; sino que se aplica al ejemplo dado por el primer hombre, es decir, que el ejemplo de su pecado es imitado por sus descendientes, y así no ha podido entrar en el mundo más que por aquel que, sin imitar a nadie, pecó? Ningún cristiano ignora que el primero en pecar no fue Adán, sino el diablo. ¿Por qué te agrada hablar, para no decir nada?
Sigue sin decir nada
- Jul.- “Por último, con tu hábil argumentación, te esfuerzas en sacar de las palabras del Apóstol conclusiones que no contienen. Si el Apóstol, añades, hablara de un pecado de imitación, debiera nombrar al diablo; pero como quería se entendiese el pecado que por generación se transmite, prefiere mencionar al hombre, no al demonio.
Te pregunto ahora ¿quién o qué te pudo sugerir semejante opinión? ¿Es que niegas que los hombres puedan pecar imitando a otros? Y aunque verdad tan clara no necesita ser confirmada con textos de la Escritura, oye, sin embargo, a David: No imites a los malvados ni tengas celos del que en sus caminos prospera 33. Y todo el Antiguo Testamento amonesta a Israel no imite el rito de los gentiles. ¿Qué necesidad tenía, pues, el Apóstol, si quería hablar de un pecado de ejemplo, nombrar al diablo y no al hombre, si sabía que se peca imitando al diablo y al hombre? O prueba que no se puede pecar imitando a los hombres, o que en ningún pasaje de la Escritura se menciona ejemplo alguno, y así asigna a tus conjeturas el lugar que merecen; o bien, si es cierto que nada contribuye tanto a multiplicar los pecados de los hombres como la imitación del vicio, has dado pruebas de una gran ignorancia cuando afirmas que, si se tratara de un pecado de imitación, el Apóstol habría nombrado al diablo”.
Ag.- ¿No dije antes que nada dirías, hombre que hablas sin parar para no decir nada? Existen pecados de imitación en el mundo, siempre que los hombres siguen el ejemplo de los pecadores; pero no es por estos hombres que imitan a otros al pecar por los que el pecado entró en el mundo, sino por el primero que pecó sin imitar a nadie; y éste es el diablo, cuyo ejemplo imitan todos cuantos siguen su estandarte. Pero el pecado que no es cometido por imitación, sino que se contrae al nacer, entró en el mundo por el primero que engendró a un hombre. De esto nada has dicho, y si no guardas silencio es para engañar a unos o fatigar a otros.
¿Por qué pecado entró el pecado en el mundo?
- Jul.- “Y pues es claro que las palabras del Apóstol se entienden de un pecado de imitación en virtud de la lógica y de una manera necesitante, tus argumentos quedan sin valor. Añades se ha escrito del diablo: Le imitan sus partidarios. Reconozco que esta máxima es también inspirada por el autor del libro, cualquiera que sea; pero de nada te sirve afirmar que algunos hombres pecan imitando al diablo, a no ser que pruebes que no se puede pecar imitando a los hombres”.
Ag.- No se trata de saber ahora si se peca imitando a los hombres; ¿quién ignora se peca también imitando a los hombres? La cuestión estriba en saber qué especie de pecado entró en el mundo por un hombre. ¿Se trata de un pecado que se comete por imitación, o de un pecado que, al nacer, contraemos? El primer pecado, es decir, el que se comete por imitación, entró en el mundo sólo por aquel que primero, y sin imitar a nadie, dio a cuantos le imitan ejemplo de pecado; es decir, por el diablo; el segundo pecado, es decir, el pecado que al nacer se contrae, entró en el mundo por el primer hombre, que, sin haber sido engendrado, comunicó, por generación, el pecado; éste es Adán. Comprende no pertenecer a esta cuestión el pecado de imitación, ora de los hombres, ora de los ángeles, pero no quieres sellar tus labios.
Nuestra disputa no tiene por objeto encontrar un pecador cualquiera por el que se cometió en el mundo el primer pecado en cualquier época; se trata, sí, de aquel por el que entró en el mundo el pecado; porque si se busca al primero que dio un mal ejemplo a imitar, fue el diablo; si aquel que envenenó las fuentes de la vida, fue Adán. Por eso dijo Pablo: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y quiso dar a entender que el pecado se transmite por generación; porque el pecado que se comete por imitación no entró en el mundo sino por el diablo.
Dos muertes
- Jul.- “Ambas cosas autoriza el uso decir el que imita al diablo en su envidia, o el que marcha con celoso ardor en pos de un hombre y se enfanga en la envidia o en un crimen cualquiera; la palabra imitación se puede entender del hombre o del diablo; pero tú pretendes de una manera absurda y muy ridícula que el pecado no haya entrado en el mundo por imitación de Adán, sino por generación”.
Ag.- Acaso entró en el mundo el pecado por un hombre cualquiera que imita el pecado de otro hombre. Di, si puedes, qué significa: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres; ora sea la muerte, ora el pecado, o con el pecado la muerte. Porque el pecado que se imita siempre que de nuevo se peca, entró en el mundo sólo por el diablo, el primero que, sin imitar a nadie, hizo que le imiten todos los que pecan después.
Homónimos y equívocos
- Jul. “La discusión nos apremia para examinar otras cuestiones; pero aún hay espacio para insistir, con sucintas definiciones, para que con más claridad comprenda el lector y grabe en su memoria la verdad de cuanto acabamos de sugerir. Porque en todas estas materias que vamos a tratar se encuentran homónimos o equívocos”.
Ag.- Prometiste al lector hacer inteligible tu doctrina y hablas de homónimos y equívocos; ¿cómo te van a entender los mismos pelagianos si antes no los envías a una escuela de dialécticos, en cualquier parte del mundo que la encuentren, para facilitarles la inteligencia de estas cosas? ¿O es que, antes de que puedan leer tus escritos, entra en tu designio explicarles tú mismo las categorías de Aristóteles? ¿Por qué, hombre de rara perspicacia, no lo haces, pues los infelices que engañas pueden servir para llenar tus horas de ocio?
Generación, no imitación
- Jul.- “Mas, para ceñirnos ahora a la presente cuestión, la generación es obra de los órganos sexuales; la imitación, obra del alma. Esta inclinación del alma a imitar, dentro de sus límites, lo que quiera, es para el hombre causa de condena o timbre de gloria. Se dice, por ejemplo, que el hombre imita en el bien a Dios, a los ángeles y a los apóstoles. A Dios: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto 34; a los ángeles: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo 35; a los apóstoles: Sed mis imitadores, como yo lo soy de Cristo 36. Y en el mal imitan al diablo, como está escrito: Le imitan sus partidarios 37; imitan a los hombres: No estéis tristes como los hipócritas, que desfiguran su cara 38; imitan a los animales, pues se nos ordena: No seáis como el caballo o el mulo, que no tienen inteligencia 39. Estas palabras, tanto las que exhortan como las que amenazan, muestran nuestra inclinación a imitar, porque, de no existir, no se nos exhortaría a estar en guardia”.
Ag.- El pecado de imitación, es decir, el que se comete por imitación, no entró en el mundo sino por aquel que, para dar ejemplo de pecado, pecó él mismo, sin tener a quien imitar; pero éste, con toda certeza, no fue Adán, sino el diablo. El que dijo: entró en el mundo el pecado señaló el inicio del pecado; pecado que no tuvo principio en el hombre, sino en el diablo, si es que nosotros queremos designar el pecado que imitan todos los pecadores.
Resta, pues, hablar del pecado que entró en el mundo por un hombre y no por imitación, sino por generación.
Damos gracias a Dios porque, iluminado un momento por la luz de la verdad y hablando contra vuestro error, has confesado que la buena voluntad de imitar a los buenos no se debe atribuir a los esfuerzos de nuestro libre albedrío, sino a la gracia de Dios; pues has demostrado que no debemos confiar en nosotros mismos para poder imitar a los ángeles, sino que debemos pedir esta gracia a Dios, y en este sentido interpretas las palabras de la oración dominical: Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo 40.
Fue el diablo el primero en pecar
- Jul.- “Y así como la palabra imitación es evidente que en lenguaje corriente significa cosas diversas, lo mismo el vocablo generación, en sentido propio y verdadero, significa el semen fecundante; en sentido abusivo y metafórico se aplica a otras aficiones. No obstante, por ser ya costumbre, se sabe qué significa el vocablo sin perder nada del significado que le es propio. Así, conforme a lo dicho por el Señor en el Evangelio, se dice que el diablo engendra pecadores: Vuestro padre es el diablo 41. Al expresarse así indica el Señor que los pecadores, a los que se dirige este reproche, tienen por padre al diablo, pues imitan su maldad; sin embargo, en sentido propio, el nombre padre no significa que el diablo tenga poder de engendrar físicamente, y así declara el Apóstol que el hombre puede ser imitado, si es que no queremos acusar al Apóstol de enseñar algo contrario a la sana razón”.
Ag.- ¿Fue acaso Adán el primer modelo en el pecado, para que se pueda decir que por él entró el pecado en el mundo? ¿No fue el diablo el primero en darnos ejemplo de pecado? En consecuencia, hubiera dicho el Apóstol que por el diablo entró el pecado en el mundo, si en este pasaje quisiera dar a entender que habla de un pecado que otros imitarían al pecar.
Adán y Cristo
- Jul.- “Si censurar no se puede las expresiones metafóricas del Evangelio, con mayor razón vemos que nada haya dicho el apóstol Pablo que pueda ser causa de error al decir que el primer hombre pecador fue para los demás ejemplo de pecado, pues no empleó una expresión impropia”.
Ag.- Entonces no debió proponer a estos dos, Adán y Cristo, a uno como modelo de pecado, y al otro de justicia. Si cita a Adán como primer pecador, a causa de su pecado que imitan todos los pecadores, debía necesariamente citar como primer ejemplo, no a Cristo, sino a Abel; porque fue Abel el primer justo que no imitó a ningún hombre y a quien todos deben imitar. Sabiendo el Apóstol lo que se decía, puso como modelo de pecado a Adán, y de justicia a Cristo; porque sabía que el primero fue el autor de la generación, y de la regeneración el segundo.
Queda en pie el edificio del pecado original
- Jul.- “Razonas, pues, de una manera estúpida cuando dices que, si el apóstol Pablo hubiera querido dar a entender que el pecado se transmite por imitación, debía haber nombrado al diablo, no a Adán; porque es evidente que el mal viene del diablo, mientras que lo que del hombre viene, sólo por generación puede transmitirse. Arrasado ya por manos de la razón, no por las mías, el edificio por ti construido, pon ahora atención a cuanto vamos a decir”.
Ag.- Los que lean nuestros escritos podrán comprobar que nada has arrasado por manos de la recta razón de lo construido por mí, pero en vano lo has intentado hacer con tu huera opinión.
Eva, en escena
- Jul.- “Hace ver el Apóstol que sus palabras no significan que el pecado se transmita por generación cuando, al nombrar al hombre, añade: “uno”, porque uno es el primero de los numerales. Al explicar por quién entró en el mundo el pecado, no sólo lo nombra, sino que también lo numera. Por un hombre, dijo, entró en este mundo el pecado. Uno sólo es suficiente para dar un mal ejemplo a imitar, pero no basta para el acto de la generación. El pecado se transmite por uno. Luego es evidente que se trata en este lugar de un pecado de imitación, no de generación, pues ésta sólo por dos puede realizarse. O prueba que pudo la generación realizarse por Adán solo, sin la mujer, aunque esta salida no repugna a la elegancia de tu espíritu, o bien has de reconocer la evidencia, la generación sólo entre dos puede realizarse, y reconoce, aunque tarde, que el número uno no se emplea para condenar lo que es obra de Dios. Por un hombre entró en el mundo el pecado.
Al decir por “uno”, compréndelo, no ha querido decir por “dos”. Y ¿por qué, te lo ruego, este número entra en estos dogmas, y por qué, con sumo cuidado nombra el Apóstol un solo hombre y no al hombre? Se revela una profunda sabiduría en estas palabras inspiradas por el Espíritu Santo, para prevenir y desarmar actuales errores; para evitar todo pretexto de enseñar que es una palabra contraria al matrimonio instituido por Dios y la fecundidad bendecida por él. Para dar a conocer la causa y explicar el origen del pecado emplea, al hablar de la transmisión del pecado, una expresión numérica, incompatible con la idea de generación. Pecaron, cierto, los dos primeros hombres, y a los dos se incrimina haber dado un ejemplo de pecado a su posteridad. ¿Por qué no dice el Apóstol que el pecado se transmitió por dos? ¿No hubiera sido más conforme con la verdad histórica? Pero el Apóstol no pudo expresarse con mayor prudencia que lo ha hecho; si nombra a las dos personas que fueron las primeras en dar mal ejemplo, y declara que por ellas entró el pecado, abría una puerta al error, pues pudiera pensarse que con los dos nombres condenaba la unión conyugal y su fecundidad. Por eso ha preferido el Apóstol, en su profunda sabiduría, nombrar uno solo, que, siendo insuficiente para el acto de la generación, prueba sobreabundantemente se trata de ejemplo. Es, pues, este ejemplo blanco de su acusación, y el número no condena la fecundidad.
Para resumir cuanto hemos dicho con toda brevedad digamos: la fecundidad instituida por Dios ha de ser realizada entre dos personas; pero el pecado, testigo el Apóstol, entró en el mundo por un solo hombre”.
Ag.- Lo había predicho, nada ibas a decir, y el menos inteligente ve que es así. ¿Acaso no imitan los pecadores a Eva; y no es más bien por ella por quien tuvo origen el pecado del género humano? Por la mujer fue el comienzo del pecado, y por causa de ella, como está escrito, todos morimos 42. ¿Por qué no quieres ver que es precisamente por ella, por lo que habla el Apóstol de un solo hombre, por el que entró en el mundo el pecado, sino porque quería dar a entender que el pecado se transmite, no por imitación, sino por generación? El comienzo del pecado fue por la mujer; el comienzo de la generación, por el hombre; antes que dé a luz la mujer, siembra el varón; por un hombre, pues, entró en el mundo el pecado, porque entró por el camino de la semilla fecundante que, al recibirla, concibe la mujer; sólo el que nació de una mujer sin pecado no quiso nacer de esta manera.
El vicio engendra vicio
- Jul.- “Queda irrefutablemente establecido que el Apóstol atribuye, no a las semillas germinales, sino a la conducta personal, la transmisión a la posteridad de este pecado. Pondera cuánta falsedad salió de tu boca: Por un hombre, dijo el Apóstol, entró el pecado, por el cual dio comienzo la generación, para enseñarnos que la generación es causa de la transmisión del pecado original a todos los hombres; siendo así que el Apóstol dijo por un hombre, para que no se piense que el pecado original se transmite a todos los hombres. Apenas puedo contener la carcajada cuando te oigo decir a los ignorantes que la generación empezó por un hombre, cuando consta por la existencia universal de los sexos y por la Escritura Sagrada que el acto de la generación no se puede realizar si antes no hubieran existido dos personas, el hombre y la mujer”.
Ag.- Relean los lectores mi respuesta anterior; y si la recuerdan bien, rían ante estos delirios. Aunque se pueda también decir que, según el Apóstol, el pecado entró en el mundo por un hombre, pues está escrito: Serán dos en una carne 43; por eso dice el Señor: Ya no serán dos, sino una carne 44; y de una manera especial cuando el hombre y la mujer se unen y se inicia el amor. De esta unión nace el niño, que contrae el pecado original, porque el vicio engendra vicio, al mismo tiempo que Dios crea la naturaleza. Naturaleza que los esposos no pueden engendrar sin vicio; vicio que, aunque no quiera Juliano, es en los niños borrado por el que nació sin pecado.
Vomita obscenidades Juliano
- Jul.- “O bien responderás -pues de otra manera no se mantiene en pie tu doctrina- que Adán concibió y parió un niño; pero nadie duda que éste no es el sentido del Apóstol, pero tú habrás mostrado lo que hubieras querido sucediese a tu sexo”.
Ag.- ¿No te estremeces al escuchar lo que está escrito: Los maldicientes no poseerán el reino de los cielos? 45 Vomitas tan asquerosos ultrajes, que de nada te sirven, por el placer de ofender.
Dos en una carne
- Jul.- “Dejemos ya estas cosas y desmantelemos, con las fuerzas de la razón, la respuesta que, según tú, se puede dar a este texto. Dices se puede entender de aquella unión de la que está escrito: serán dos en una carne, y en este sentido dijo el Apóstol: Por un hombre, para dar a entender la unión íntima de los que engendran. Pero esta interpretación es contra tu impía doctrina. La Escritura no dice: Serán dos hombres en un hombre; sino: Serán dos en una carne; con esta expresión se designa el placer de la unión, pues la libido, al excitar los miembros genitales, lleva hasta el orgasmo, que, según la frase de Pablo, forman una sola carne, por la libido injertada por Dios en los cuerpos antes del pecado”.
Ag.- Si para que fueran dos en una carne era la libido necesaria -ésta es tu protegida, que alabas y atacas, cuya torpeza admites, y que, sin enrojecer, tanto amas que te atreves a introducir en el Edén-, no se pueden entender estas palabras serán dos en una carne de Cristo y la Iglesia; pero no estás muy alejado del camino de la verdad, pues osas atribuir esta libido a la unión de Cristo y la Iglesia. En verdad, si Cristo y la Iglesia pueden ser, sin esta pasión, dos en una carne, pudieran también, si nadie pecara, ser dos en una carne el varón y la mujer, con el fin de procrear, y esto sin intervenir esta torpe libido, de la que se avergüenza el mismo que teje su elogio, sino unidos por un amor casto y puro. Así, cuando dice el Señor: Ya no serán dos, sino una carne, no dice: no son dos carnes, sino una sola carne. ¿Qué no son dos? Dos hombres, como Cristo y la Iglesia no son dos Cristos, sino un Cristo. Por eso se nos dice: Sois descendencia de Abrahán; y le fue dicho: Y a tu descendencia, que es Cristo 46.
Pudor
- Jul.- “Por consiguiente, no puede el diablo atribuirse ni el placer ni el pudor de esta pasión”.
Ag.- ¿Por qué hablas de pudor? ¿Te confunde hablar de confusión? Con todo, dices existió esta pasión vergonzosa antes del pecado en aquellos de quienes dice la Escritura: Estaban desnudos y no sentían sonrojo 47.
Figura retórica
- Jul.- “Si hubiera tenido el Apóstol semejante pensamiento, hubiera dicho que el pecado entró en el mundo por una carne, no por un hombre. En la generación se comunica al niño la naturaleza de la carne; porque la carne viene de la carne, pero el alma no viene del alma; y por “hombre” entendemos alma y cuerpo; por consiguiente, al decir el Apóstol un hombre, nada dice de la generación, por la que sólo se comunica la sustancia carne; y al usar el vocablo uno, no quiere hablar de dos, para dar a entender que el pecado se transmite por imitación, no por generación”.
Ag.- ¿Qué significa entonces: Ya no son dos, sino una carne; es decir: ¿no son dos hombres, porque sólo tienen una carne?; aunque si se toma la parte por el todo, se puede también decir carne por hombre. Un ejemplo: La Palabra se hizo carne 48. Dice el Apóstol: El hombre exterior se corrompe 49; pienso que es la carne lo que quiso dar a entender. Por esta razón con palabra exacta decimos: “el sepulcro del hombre”, aunque es sólo la carne la que allí descansa. Ni se equivoca la que dijo: Han robado a mi Señor del sepulcro 50, aunque sólo el cuerpo fue depositado en la tumba. Y sin rozar la cuestión oscurísima del alma, pudo decir el Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo, aunque la carne sola se propague. Medita en estas cosas y te convencerás de que nada has dicho.
El primer justo fue Abel
- Jul.- “Si bien la verdad se ha ya, en parte, abierto camino, ruego al lector preste atención. En el transcurso de esta disputa he cedido de mis derechos y he seguido a mi adversario allí adonde me provocó su temeridad, y he defendido los principios de la fe verdadera con tal vigor, que aunque las palabras del Doctor de los gentiles no existieran -palabras que nuestro traducianista aduce en su favor-, es claro que nada quiso decir de un pecado de naturaleza, porque al decir un hombre, no culpa la generación de los hombres, sino sus ejemplos”.
Ag.- Das ahora de ti mismo ejemplo, pero de vanidad; porque si el Apóstol atribuye el ejemplo del pecado al primer pecador, Adán, debía poner por modelo de justicia al primer justo, Abel.
Crimen y castigo
- Jul.- “Consta que la frase del Apóstol no tiene el sentido que nuestro enemigo piensa. Razona así: “Si hubiera querido el Apóstol hablar de un pecado de imitación, habría dicho que el pecado entró en el mundo, no ‘por un hombre’, sino por el diablo; y que este pecado pasó por todos los hombres, pues está escrito del diablo: Le imitan los que son de su partido 51; pero dijo ‘por un hombre’ del que las generaciones humanas traen su origen, para enseñarnos que el pecado original pasó, por generación, a todos los hombres”.
Miente mi adversario al afirmar que San Pablo enseña en este pasaje que por un hombre entró el pecado en el mundo y pasó por todos los hombres; esto no se lee en los escritos del Doctor de los gentiles; no dice que el pecado pasó a todos los hombres, sino la muerte. El orden de las palabras es: Como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres, en el que todos pecaron. Pesa el sublime doctor de la Iglesia sus palabras. Por un hombre, dijo, entró en el mundo el pecado y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres. Menciona Pablo la muerte y el pecado. ¿Qué necesidad tenía de separar la muerte del pecado, al hablar de lo que nos había sido transmitido, si no es para demostrar que el pecado entró por un hombre en el mundo y por el pecado la muerte; y así, no el pecado, sino la muerte pasó por todos los hombres como un castigo de la justicia vengadora de una prevaricación, castigo, no de la fecundidad corporal, sino de la corrupción de las costumbres; qué necesidad, repito, tenía el Apóstol de expresarse así, sino para ponernos en guardia y avisarnos y no creer que favorece en un adarme vuestra doctrina?”
Ag.- Se dice en este pasaje: Por un hombre entró en el mundo el pecado y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres, en el que todos pecaron. Parece dudoso si es el pecado, o la muerte, o los dos, los que pasaron por todos los hombres. Pero la respuesta a esta duda viene claramente dada por la naturaleza misma de las cosas. Si no es el pecado el que pasó, no nacería el hombre bajo una ley de pecado que está en sus miembros; si la muerte no pasa, no morirían todos los hombres, al menos en cuanto a la condición presente de los mortales. Al decir el Apóstol, en el que todos pecaron, este “en el que” se entiende sólo de Adán, en el que, según Pablo, todos morimos, pues no era justo pasara el castigo sin el crimen. De cualquier lado te vuelvas, no podrás socavar los cimientos de la fe católica; sobre todo cuando tú mismo te contradices, al afirmar ahora que no pasó el pecado, sino la muerte, y antes habías dicho que el Apóstol, al hablar de un hombre solo, no de dos, quiso enseñar que el pecado pasa por imitación, no por generación. Luego el pecado ha sido transmitido con la muerte. ¿Por qué dices ahora que no pasó el pecado, sino la muerte?
Evita Agustín repetirse
- Jul.- “Pon atención y verás la distancia que hay entre ti y Pablo. Este dice: Por un hombre; tú dices: por dos hombres, esto es, por generación. Él declara: en el primer hombre existió el pecado y la muerte, pero sólo la muerte pasó a sus descendientes; tú, al contrario, afirmas: el pecado y la muerte han sido transmitidos a todos los hombres”.
Ag.- He dado ya respuesta; los que quieran pueden releer cuando dijimos, para no repetir una y otra vez las mismas cosas.
Sostiene Juliano la misma doctrina que Pelagio
- Jul.- “A la sombra del Apóstol te escondes con descaro; pues entre tu doctrina y la suya hay diferencia y contradicción manifiestas. Él condena la obra de los hombres; tú, la de Dios; él, las pasiones de los pecadores; tú, la vida inocente de los que nacen; él, la voluntad de los hombres; tú, la naturaleza”.
Ag.- Contesté ya a todas estas dificultades. El que recuerde mis respuestas se reirá de ti; el que no las recuerde, las lea de nuevo y se reirá de tu fatuidad y te compadecerá.
Muerte y muertes
- Jul.- “Entró, según el Apóstol, en el mundo el pecado, y por el pecado la muerte, porque el mundo consideró culpable a Adán, destinado a la condenación de una muerte eterna. Pasó por todos los hombres, porque idéntica sentencia se aplica a todos los prevaricadores, incluso en edades futuras; sin embargo, esta muerte no tiene permiso para enseñorearse de los santos e inocentes, pero contagia a cuantos imitan la prevaricación primera”.
Ag.- Enseñas la misma doctrina que se le objetó a vuestro heresiarca Pelagio en una asamblea de obispos en Palestina; es decir, que Adán, pecara o no pecara, fue creado mortal. Tú no quieres admitir que esta muerte, común a todos, de la que se dijo: Por una mujer fue el principio del pecado, y por causa de ella todos morimos 52, haya sido transmitida desde el principio como una consecuencia del pecado, para no verte obligado a confesar que, con la muerte, se transmitió el pecado. Comprendes no es justo se transmita el castigo sin el demérito. La doctrina que impugnas es tan católica que, al reprochársele, como dije, a Pelagio, lo que tú mismo enseñas, lo condenó en el sínodo, para no ser él condenado. Así esta muerte, separación del alma del cuerpo, y la llamada muerte segunda, en la que el alma será atormentada junto con el cuerpo si la merecen los hombres, ha pasado por todos los hombres; pero la gracia de Dios nos llega por el que vino a destruir, con su muerte, el reino de la muerte, por su resurrección ejemplar, y no permite a la muerte reinar. Esta es la fe católica, fe que profesaban los jueces a los que Pelagio temió, no la de los herejes, de los que Pelagio es el padre.
Yugo pesado
- Jul.- “Aunque esta prevaricación no sea parte de la naturaleza, es, sin embargo, un ejemplo de pecado para los hombres; por tanto, aunque no pesa sobre los niños, es acusación contra los imitadores”.
Ag.- Si has olvidado el duro yugo que pesa sobre los niños, por mi parte no ceso de recordártelo.
Todos son todos
- Jul.- “Fue dictada sentencia de muerte contra aquel en el que todos pecaron, pero por libre querer; el vocablo todos, según el uso de las Escrituras, significa muchedumbre, no universalidad”.
Ag.- Te empeñas en vano en torcer expresiones sencillas y oscurecer la misma claridad. Todos mueren en Adán en el que todos pecaron. Y si en Adán no mueren los niños, tampoco son vivificados en Cristo; pero en Adán todos han muerto, luego en Cristo todos serán vivificados 53. Todos los que adulteran el sentido de estas palabras, se perjudican a sí mismos, no a las enseñanzas del Apóstol.
Vaciedades de Juliano
- Jul.- “Pasemos ya a otras cuestiones para ver -aunque el texto en gran parte está claro- cuál de las dos enseñanzas se armoniza con las del Apóstol. ¿Qué significan las palabras siguientes del Apóstol? Habiendo dicho lo anterior, añade: Hasta la ley el pecado reinó en el mundo 54. Es decir, la ley no pudo suprimir el pecado: El pecado no se imputaba, pues no existía la ley. Existía, sí, pero no se imputaba porque no se conocía lo que se debía imputar, como dice en otro lugar: Por la ley, el conocimiento del pecado 55. Pero reinó, dice, la muerte desde Adán hasta Moisés, que es lo que antes dice hasta la ley; no hasta Moisés porque el pecado dejó de reinar a partir de Moisés; pues la ley fue dada por Moisés, no para destruir el reino de la muerte, que subsiste por el pecado. Su reino tiende a precipitar al hombre mortal en una segunda muerte, la eterna. Reinó. ¿Sobre quiénes? Sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir 56. ¿Quién había de venir si no es Cristo? ¿Y cómo era Adán figura de Cristo, si no es por oposición? Se dice en otro lugar: Como en Adán todos mueren, así en Cristo todos son vivificados 57. La muerte por uno; la vida por otro; ésta es la figura. Figura no en todo conforme; por eso añade el Apóstol: Pero no como el delito así el don. Si por el delito de uno murieron todos, ¡cuánto más la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se desbordará sobre todos! 58 ¿Qué significa desbordará? Porque todos los que son librados por Cristo, por Adán mueren temporalmente, pero por Cristo reinarán en la eternidad 59. Dijiste que en las palabras del Apóstol que seguían se enseñaba la existencia del pecado original; nosotros hemos probado, desde el mismo exordio, que nada de eso prueba; declara, sí, que el pecado se transmite por uno, no por dos”.
Ag.- Ya te contesté y aún hablas vaciedades; mas no es para asombrarse si aún no sabes qué responder; tu impudencia será mayor si, cuando tengas conocimiento de la verdad, no la quieres abrazar ni abandonas tus vaciedades.
Verdad
- Jul.- Examinemos si lo que silencié lo trata ahora. Hasta la ley, dice, el pecado reinaba en el mundo. Tú afirmas que habla el Apóstol de un pecado natural. Te pregunto, si existió hasta la ley, ¿por qué dejó de existir después de la ley? No admito que las palabras hasta la ley signifiquen el principio de la ley y no hasta el fin. La propiedad de la palabra está a mi favor; si se dice que el pecado existió hasta la ley, es claro que no existió después de la ley; ahora bien, todo cuanto deja de existir en un momento dado, no es natural. Todo lo que por la ley ha sido debilitado hasta su desaparición, es un pecado contraído por imitación, no por generación”.
Ag.- ¡Oh inteligencia herética! No puedo decir otra cosa. Si por la ley se perdonó el pecado, y así entiendes tú las palabras hasta la ley, luego, por la ley, la justificación; y si por la ley la justificación, luego Cristo murió en vano 60. La ley, pues, no ha podido destruir el pecado, verdad que tú mismo admites y luego te arrepientes; pero la ley debilitó el pecado, como en seguida corriges, y, en gran parte, lo hizo desaparecer; pero entonces mintió el que dice: Entró la ley para que aumentara el delito 61. Pero como el Apóstol dice verdad, tú nada has dicho, y sin decir nada, con herética pertinacia, persistes en tu contradicción.
El sacramento de la regeneración
- Jul.- “Mas para no dar la impresión de obrar con rigor contigo, concedo que las palabras hasta la ley se pueden entender: “hasta Cristo”. ¿Admites que haya dejado de existir el pecado que tú llamas original? ¿Por qué entonces afirmas que la obra del diablo, el fruto de los poderes enemigos, la ley del pecado, permanece, subsiste, pervive en los miembros de los apóstoles y en todos los bautizados, y esto hasta hoy, a tantos siglos de la venida de Cristo?”
Ag.- Tú nada dices, yo no digo esto. Una cosa es el pecado, otra la concupiscencia del pecado, en la que no consiente el que, por la gracia de Dios, no comete pecado, aunque la concupiscencia del pecado se llama pecado, porque del pecado viene; así como una escritura cualquiera se llama mano, porque la mano la escribe. Pero aquel del que se dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo 62, borró, por el sacramento de la regeneración, el pecado por la generación contraído; él mismo, al darnos su Espíritu, hace que no reine el pecado en nuestro cuerpo mortal para obedecer a sus apetencias; él mismo, por su cotidiana misericordia, nos hace decir todos los días: Perdónanos nuestras deudas 63, y nos perdona misericordiosamente las faltas que nuestra inclinación al mal nos puede hacer cometer; y esto a pesar de nuestras resistencias y nuestras auténticas luchas; él levanta a los pecadores si se arrepienten, triturados por el peso de una gran ruina; él nos introduce y nos revestirá de su realeza en un lugar donde es imposible pecar; y es entonces cuando podremos decir: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado 64. He aquí cómo el Cordero de Dios quitó el pecado del mundo, que la ley no pudo borrar.
Letra y espíritu
- Jul.- “Veamos lo que sigue: El pecado, dice el Apóstol, no se imputaba, pues no existía la ley 65. Y añades por tu cuenta: Existía, sí, pero no se imputaba, como dice en otro lugar: Por la ley, el conocimiento del pecado 66. Si por la ley el conocimiento del pecado, y el pecado contraído no se imputaba antes de la ley, prueba que se imputaba bajo la ley. Porque si el conocimiento del pecado viene por la ley, antes de la ley existía la ignorancia del pecado; luego no se puede dudar que la promulgación de la ley tuvo por objeto dar a conocer y evitar lo que antes estaba encubierto”.
Ag.- Dices verdad, para darlo a conocer basta la ley; ésta es nuestra doctrina también; pero no es la ley, sino la gracia; no la letra, sino el espíritu, lo que hace evitar el pecado. Intervino la ley para que abundara el pecado, no para evitarlo; sobreabundó la gracia para borrar el pecado cometido y evitar se cometa de nuevo.
Circuncisión y bautismo
- Jul.- “En resumen, ésta es nuestra controversia: prueba que, bajo la ley, se imputa a cualquiera el pecado original y prueba que fue conocido, y te concederé que el Apóstol habla de este pecado”.
Ag.- Pruebo, en efecto, lo que me pides probar; pero ¡si cierras los ojos ante las cosas que no quieres ver y levantas una polvareda con tus discusiones para que otros tampoco vean! La circuncisión de la carne es un precepto de la ley 67, y es la mejor manera de significar que Cristo, autor de la regeneración, quita el pecado original. Todo hombre nace con prepucio, como nace con el pecado original; la ley manda circuncidar la carne al octavo día, porque Cristo resucitó un domingo, que es el octavo día después del séptimo, que es el sábado; y el circunciso engendra incircuncisos, transmitiendo lo que él ya no tiene; y el bautizado transmite al hijo que engendra, según la carne, el pecado de origen, que él ya no tiene. Por último, de la ley se dice en un salmo: En iniquidades he sido concebido y en pecados me concibió mi madre 68. Comprenderías con certeza estas palabras y no osarías aventurar dificultad alguna si las lees con los ojos de la fe como un Cipriano, un Ambrosio y otros doctores de la Iglesia.
Cristo quita el pecado
- Jul.- “O bien, si no es posible encontrar en la ley ni un testimonio, reconoce, a pesar de tu extremada impudencia, que el Apóstol habla de un pecado que se transmite por imitación, se comete por una opción del libre querer que la razón condena, denuncia la ley y su castigo es un acto de justicia”.
Ag.- De todo pecado que por Cristo se borra está escrito. Hasta la ley el pecado existió en el mundo, porque la ley no quita el pecado original ni los que añaden los hombres. Ni el pecado, tal cual antes de la ley existió, ni el pecado que abundó al venir la ley. Dices que habla el Apóstol de un pecado que la justicia castiga. Espabila, pues, y mira si se trata del pecado original, porque, de otro modo no impondría la justicia de Dios un pesado yugo sobre los niños desde el mismo alborear de su existencia; yugo del que con frecuencia hablamos para romper tu cerviz si no la inclinas. Probé ya que este pecado aparece en el precepto legal de la circuncisión. Y si lo niegas, di en virtud de qué pecado personal sería borrada la vida del niño de su pueblo si no era circuncidado 69. No lo probarás, lo sé; pero deseas cansarnos y no callas.
Lea Juliano
- Jul.- “Además, el pecado original, ficción vuestra, no puede ser transmitido por uno, porque la generación es un acto de dos”.
Ag.- Ya he contestado. Lee lo que dije y comprenderás que has dicho vaciedades.
Muerte y pecado
- Jul.- “Pudo no existir alguna vez lo que puede dejar de existir algún día; pues las esencias naturales de un ser permanecen desde el principio hasta el fin”.
Ag.- Otro tanto puedes decir de la muerte, pues nacemos con ella. El cuerpo está muerto a causa del pecado 70. Porque si, como neciamente decís, no es efecto de un pecado, no es menos cierto que nacemos sujetos a la muerte; sin embargo, ni la muerte ni la mortalidad tendrán lugar en una vida inmortal. En consecuencia, así como la muerte, a la que estamos sujetos desde nuestro origen, ha podido existir y puede no existir cuando nuestra naturaleza pase a una condición mejor, lo mismo el pecado original pudo existir, contraído por generación, y puede no existir, al ser borrado por la regeneración.
Job testifica
- Jul.- “La ley no enseña ni puede enseñar la existencia del pecado original; pues nunca un legislador puede llegar a tamaña insensatez que prohíba a nadie nacer de esta o de otra manera; y, con justicia, no se puede castigar lo que, con advertencia, no se puede corregir”.
Ag.- No se preceptúa al hombre la manera de nacer; pero sí se le ordenó cómo tenía que vivir, y violó dicho precepto; y de este primer padre se deriva el pecado original. Se manda circuncidar a un niño y, si no es circuncidado, se le condena; y eso que no se le manda ninguna otra cosa, y ni siquiera circuncidarse. Por consiguiente, no se manda al hombre cómo ha de nacer; pero no está limpio de pecado ni el niño cuya vida sobre la tierra es de un solo día 71. Lee las palabras del santo Job y verás que eres un mentiroso ante el lenguaje que Dios declara verídico.
No existe culpa si se perdona el pecado
- Jul.- “Lo que existe hasta la ley se prueba que no existe después de la ley; y, por último, se manifiesta no existir después de Cristo”.
Ag.- Y así se prueba no existir la culpa del pecado, perdonado el pecado; como la muerte no existe después de la resurrección de la carne.
Juliano dice falsedades
- Jul.- “Según tu manera de argüir, vendrá un tiempo en que no exista (el pecado original); pero, según el testimonio de la verdad, nunca existió”.
Ag.- Ojalá no existierais vosotros, que, contra el testimonio de la verdad, escribís falsedades.
Define el pecado, no el castigo del pecado
- Jul.- “Para grabar en la memoria del lector cuanto hemos dicho, recordamos la estupenda definición que del pecado has en otro tiempo dado; no es otra cosa, dijiste, que “el consentimiento de la voluntad en lo que la justicia prohíbe, con libertad para abstenerse"".
Ag.- Ya respondí. Esa es una definición de pecado, no de pena-pecado.
¿Por qué el castigo de los niños?
- Jul.- “Esta definición nos abre el camino para comprender la justicia de Dios y para convencernos de que los juicios de Dios serían contrarios a la equidad si imputase a pecado una acción que él sabe no existió en el castigado libertad para evitarla”.
Ag.- ¿Por qué son castigados los niños, si no tienen pecado alguno? ¿No puede un Dios justo y todopoderoso evitar a tantos inocentes castigos tan crueles?
Divaga Juliano y dice vaciedades
- Jul.- “Hemos oído al Doctor de los gentiles, con todo el peso de su autoridad, declarar que el pecado entró en el mundo por un hombre, y esta expresión aleja la idea de toda unión conyugal, sólo posible entre dos; y nombra a uno solo para no dar pretexto a nadie para pensar en dos personas”.
Ag.- Ya he contestado. Te deleita vocear vaciedades.
Se repite Juliano
- Jul.- “Afirmo ser uno sólo cuando el Apóstol habla de uno, y enseño se trata de un acto de imitación, no de generación, y, al afirmar esto, soy más consecuente que mi adversario traducianista al declarar que este uno fue como el vestíbulo del pecado y atribuye al semen lo que es fruto de la voluntad; afirmación que la misma naturaleza rechaza”.
Ag.- Cesa de repetir lo ya refutado. ¿Por qué nos obligas a repetir una y otra vez y en los mismos términos el razonamiento de tu sabiduría transcendente, al declarar no se trata de generación cuando dice el Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo, si la generación obra es de dos, no de uno; como si este pecado que vosotros no queréis se transmita por generación, sino por imitación, hubiese sido cometido por uno solo? En consecuencia, como este primer pecado fue cometido por dos personas, ¿por qué dice el Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo, si no es porque el principio de la generación es obra del hombre, sembrador de la semilla, y no de la mujer, que recibe el semen, concibe y da a luz; o porque por el ayuntamiento no son dos, sino una carne?
Cristo quitó también el pecado de origen
- Jul.- “Hemos hablado luego de la ley, tiempo hasta el cual declara el Apóstol que no reinó el pecado. Tú has ensayado prolongar este tiempo hasta el fin de la ley, sin entender que no dices nada en tu argumento; pues nosotros te pusimos en esta alternativa: o este pecado, del que falsamente afirmas haya hablado Pablo y declaras haber reinado hasta el cese del Antiguo Testamento, se imputó o pudo ser imputado bajo la ley; o bien has de concedernos que no reinó después de la venida de Cristo, para que la frase del Apóstol, violentamente extorsionada por tu exégesis, armonice con tu doctrina.
Ninguna de estas dos alternativas puedes probar. La pureza, pues, de nuestra fe descansa sobre sólidos fundamentos, pues rima con la razón, con la santidad de la justicia y con todas las enseñanzas del Apóstol”.
Ag.- Tú mismo y mi respuesta prueban que no has dicho nada. Dice el Apóstol: Hasta la ley reinó el pecado en el mundo, y ha querido hablar no sólo del pecado original, sino de todo pecado. Hasta la ley, se dice, y en esta expresión está incluida la ley; como se dice en el Evangelio. Todas las generaciones desde Abrahán hasta David, catorce generaciones 72. Y para que sean catorce es preciso incluir en el cómputo a David, no excluirlo. Lo mismo que, cuando oímos hablar de catorce generaciones hasta David, no exceptuamos a David, sino que lo incluimos, lo mismo cuando oímos: Hasta la ley reinó el pecado en el mundo, no hemos de exceptuar la ley, sino computarla. Así no queda David fuera del número catorce, cuando se dice “hasta David”; ni deja de subsistir el pecado bajo la ley aunque se diga hasta la ley. Por consiguiente, nadie puede quitar el pecado; ni la ley, aunque es santa, justa y buena, puede quitarlo; sólo aquel de quien se dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quitó los pecados del mundo 73. Los quitó al perdonar los pecados cometidos, incluyendo el original, y ayuda para que no se cometan, y nos conduce a una vida en la que es imposible el pecado.
Sobreabundó la gracia
- Jul.- “Veamos ya lo que sigue. Después de haber dicho que Adán no fue figura plena de Cristo, añades: “Por esto las palabras del Apóstol: No como el delito así fue el don. Si por el delito de uno murieron muchos, ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundará en muchos!” 74 Esta perícopa la expones así: “¿Qué significa mucho más abundó, sino porque todos los libertados por Cristo mueren temporalmente por causa de Adán, pero triunfarán eternamente por Cristo?”
El Apóstol, cuya doctrina es objeto de este debate, en verdad, declara que la gracia del Salvador actúa de una manera más eficaz para conferirnos la salud que el pecado de Adán para perderla; y así demuestra que la gracia, para servirme de tu expresión, abundó en muchos más que perjudicó el pecado, más que perjudicó la prevaricación del primer hombre, que, según tú, enturbió, con su pecado, los orígenes de la vida”.
Ag.- Dijo el Apóstol: Abundó mucho más, no “en muchos más”; es decir, no en muchos. ¿Quién, en efecto, no ve que existen en el género humano muchos en los que no abundó; y la suerte de éstos muestra a las claras cuál debía ser en justicia el destino reservado a toda la masa, si el Espíritu no soplara donde quiere, y Dios no se dignara llamar a los que hace este favor y les inspirara sentimientos de piedad? 75
Lea Juliano Rm 5, 16. Basta
- Jul.- “Prueba que la sentencia del Apóstol rima con vuestros dogmas”.
Ag.- Léanse las palabras del Apóstol sin vuestra perversa intención, y no habrá necesidad de otra prueba.
Actúa el diablo en la obra de Dios
- Jul.- “Si, como dices, el pecado de Adán emponzoñó las fuentes de la vida y mereció para todos la condenación y transmitió un virus a toda su descendencia de manera que corrompió la economía divina de la creación en lo relacionado con la naturaleza humana…”
Ag.- Cuando un espíritu inmundo atormenta a un niño, tortura su cuerpo y a su alma, y pervierte en él el sentimiento y la razón, ¿no está la naturaleza humana, obra de Dios, en todas sus partes turbada? Y no sois capaces de encontrar el origen de este mal, al negar la existencia de un pecado de origen. ¿Por qué no adviertes que, por la acción diabólica, toda la creación de Dios queda infestada por el veneno del diablo, así como la naturaleza del hombre? Di cuál es la causa. cuáles los méritos y culpabilidad de este niño, víctima, a los pocos momentos de su nacimiento, de tantos males, pues no quieres interpretar las palabras del Apóstol en el sentido que las entendió la Iglesia desde su fundación, y lo reconoce la misma naturaleza. Pero, si bien lo meditamos, no quedan en manera alguna frustrados los planes de Dios, porque, conocedor del futuro, al establecer las leyes del universo, no castiga ahora a su criatura según merece su apostasía, y sabe disponer todas las cosas con peso, número y medida; y a nadie deja sufrir un mal inmerecido; pero cada uno personalmente no sufre lo que toda la masa merece.
Matrimonio y libido
- Jul.- “Que el matrimonio instituido por Dios no puede subsistir sin la acción del diablo, autor, según tú, de las apetencias sexuales; o más bien, que el acto conyugal, perdido cuanto de honroso tenía en el momento de su institución primitiva, sea, en las condiciones en las que actualmente se realiza, mediante los movimientos pasionales de la carne, con pudor de los esposos, el calor y orgasmo de los genitales, el placer de los sentidos y la maldad de los nacidos; que el matrimonio, repito, no sea obra de Dios, sino del diablo…”
Ag.- Si distingues entre el mal de los vicios, que solo en un bien puede existir, y la bondad de la naturaleza, no justificarías al diablo, ni acusarías a Dios, ni excusarías el mal de la concupiscencia carnal, ni inculparías el bien del matrimonio.
Ausencia de males en la vida futura
- Jul.- “Por último, perecerá el libre albedrío a impulsos de este único pecado; y nadie tiene ya la facultad de purificarse de sus faltas antiguas, sino que todos se ven arrastrados por uno al torrente de una humanidad perdida”.
Ag.- ¿Por qué no te admiras de la gran miseria que pesa sobre todo el género humano desde el primer instante de su nacimiento, y que nadie pueda ser fiel sin pasar por el sufrimiento, y que la ausencia absoluta de todos los males sólo se concede después de la vida presente a los que Dios les otorga la gracia de carecer de todo mal? Y si esto admiras, te corregirás y entonces comprenderás que, si estos males no pesan injustamente sobre la humanidad, sino que es por un justo juicio de Dios, es porque el pecado entró en el mundo por un hombre.
Nadie ha sido consejero de Dios
- Jul.- “Si el pecado del primer hombre acarreó todos estos males sobre la imagen de Dios, es manifiesto que la gracia de Cristo, con todos sus dones, es importante al no encontrar remedio a tantos y tan profundos males; y si lo encuentra, danos la prueba. Comparemos uno y otro. Si Adán, al margen de los pecados de nuestra voluntad, arruinó la economía de la naturaleza humana, Cristo debió, desde un principio, reparar todas las ruinas causadas por el primer hombre y restablecer cada cosa en su estado primitivo”.
Ag.- Y esto hizo, pero no como tú quieres; porque ¿quién conoció los pensamientos del Señor, o quién fue su consejero 76?
Pecado y gracia. Permanece la libido
- Jul.- “En otras palabras, los bautizados no debieran sentir los efectos de la concupiscencia en el acto conyugal; ni estar sometidos, como las otras gentes, a los movimientos de la carne”.
Ag.- Ni las mujeres bautizadas debían parir con dolor, porque el dolor, no lo puedes negar, castigo es de una mujer pecadora.
Ausencia de torpezas en el paraíso
- Jul.- “Después del don de la gracia, el sentimiento del pudor no existiría en el acto de unión sexual; los miembros no debieran caer en seguida en un estado de quietud parecido al que se encuentra durante el sueño, ni los sentidos se volverían perezosos por la intensidad del placer; debiera el libre albedrío ser restituido a los que han recibido el bautismo; de suerte que, por el restablecimiento de la naturaleza en su estado primitivo, la ley del pecado abolida, fuera a los hombres posible brillar por el esplendor de las virtudes; e incluso los que participan de los sacramentos no debieran ser mortales”.
Ag.- Sin embargo, ¡oh Juliano!, no te avergüenzas al admitir en el paraíso uniones de las que hoy se sonrojan los esposos, según tú confiesas. ¿Podía existir algo vergonzoso allí donde el Creador, digno de toda alabanza, no instituyó nada que no fuera loable? Mas ¿quién puede pensar y hablar así, si no es el que no se sonroja al tejer el elogio de cosas vergonzosas?
En la vida feliz no hay desorden
- Jul.- “Si el remedio cura la herida y el pecado causa la muerte, la destrucción del pecado debe abocar a la destrucción de la muerte”.
Ag.- Sostienes aún que Adán, inocente o culpable, por naturaleza debía morir. Y al decir esto, Pelagio, tu maestro, te condenó en un sínodo de obispos palestinos, precisamente por esta misma doctrina tuya, pero se condenó a sí mismo al no renunciar a su opinión. En esta vida de miseria, Dios no otorga a los suyos la bienaventuranza, aunque les perdone los pecados y les infunda el don del espíritu de gracia. Por eso, a los que rehúsan tomar parte en el festín de los placeres de este siglo, o saben hacer buen uso de ellos, como de los dolores y sufrimientos, les promete la vida futura, donde no sufrirán mal alguno. En esa vida, la unión de los sexos sería tal como pudo existir en el paraíso si nadie hubiera pecado y donde nada causaría vergüenza; pero en esa vida no habría matrimonios, pues, completo el número de elegidos, no sería necesaria la unión conyugal, ni la generación tendría lugar.
Vive de esperanza el bautizado
- Jul.- “Consta, pues, que los bautizados no experimentan en sus cuerpos ninguno de los beneficios enumerados; por otra parte, es una verdad más radiante que el sol, que la curación no pudo, es decir, no debió suceder de otra manera; confiesa, o que los males mencionados no son obra del pecado y, por tanto, la naturaleza no fue herida, y entonces constará cuál es la esencia de la gracia, pues es evidente que no ha causado ningún cambio en la naturaleza; o bien confesarás no existe virtud curativa en los misterios de Cristo, pues de tantas enfermedades como enumeras, no pudo curar ni una sola”.
Ag.- Por el contrario, si aún te queda una chispa de inteligencia, deberías reconocer la enormidad de aquel pecado que por un hombre entró en el mundo y con la muerte pasó por todos los hombres; porque los mismos bautizados, perdonada la culpa, no se ven libres, si no es después de esta vida, de los males de este siglo con los que nacen todos los hombres; aquí nos conviene ser probados por los males, aunque nos hayan prometido bienes. Porque si la recompensa de la fe nos fuese dada ahora, la fe no sería fe; pues ésta consiste en soportar piadosamente los males presentes, y aunque no ve los bienes prometidos, con fidelidad y paciencia los espera.
Los males son temporales; el beneficio de la gracia, eterno
- Jul.- “Hasta el presente he razonado como si el Apóstol estableciese una ecuación perfecta, aunque de signo contrario, entre la intensidad del mal y la eficacia del remedio; sin duda aparece más sublime la sana fe que defendemos si se considera que Pablo, lejos de poner la gravedad del mal causada por el pecado, sobre los remedios de la gracia, declara ser los beneficios más copiosos que los males”.
Ag.- Verdad es; porque los males de los regenerados son temporales; los beneficios, eternos; pero decid, por qué, si no existe ningún pecado, un Dios justísimo y todopoderoso irroga dichos males, cuya existencia atestiguan con sus lágrimas los que nacen.
Mucho más, no más
- Jul.- “Que el lector avisado saque las conclusiones de esta disputa. Sentencia es del Apóstol, los dones de salvación concedidos por Cristo abundan en mayor número comparados con los males causados por Adán”.
Ag.- No dice esto el Apóstol, sino mucho más la gracia abundó en muchos 77; esto es, abundó mucho más, no en número mayor, es decir, en una multitud mayor; como ya respondí.
La gracia perdona y da vigor
- Jul.- “Pretendes ser los males infligidos a la naturaleza, ha poco mencionados, efecto de una culpa; por otra parte, es cierto que los hombres que reciben el sacramento de Cristo no son curados ni de uno solo de estos males; en consecuencia, según tú, la iniquidad del primer hombre tiene mayor eficacia para causar males que la gracia de Cristo para sanar. Esta conclusión nos hace ver que entre tu doctrina y la del Apóstol existe una contradicción tan palmaria como la que existe entre católicos y maniqueos”.
Ag.- La gracia de Cristo borra el pecado original, pero lo invisible sólo invisiblemente se borra; borra todos los pecados, incluidos los que el hombre comete con su mal vivir. La sentencia, partiendo de uno, lleva a la condenación; porque este único pecado que los niños contraen les arrastra a una condenación eterna si no se les perdona; pero no perdona éste sólo, porque así no sería más eficaz que el pecado primero; con él se perdonan todos los demás; luego la gracia es más eficaz, y por eso se dijo: Porque el juicio, partiendo de uno, lleva a la condenación; la gracia, partiendo de muchos delitos, para justificación 78.
La gracia da al espíritu fuerzas para luchar contra la concupiscencia de la carne; y si, por debilidad, el hombre piadoso peca venialmente en este combate, la deuda la perdona la oración; y si es culpable de pecado grave, le inspira un arrepentimiento más humilde, para en seguida otorgarle el perdón. Por último, da la vida eterna al cuerpo y al alma, y ¿quién puede imaginar cuántos y cuáles son sus bienes en la vida feliz? ¿Cómo puede afirmarse que nos perjudicó más la iniquidad del primer hombre, que nos ha beneficiado la gracia del segundo hombre, Cristo; pues el daño que nos causó el primero fue temporal, y Cristo ayuda en el tiempo, libra y beatifica por toda una eternidad? Esto sentado, nuestra doctrina es católica, no maniquea; ni pelagiana, por ser católica.
Se transmite la muerte y el pecado
- Jul.- “Tengo perfecto derecho a despreciar el frívolo comentario que haces a este texto y podía dejarlo pasar sin impugnarlo, como cosa sin valor para una persona instruida, si no temiera que se da más crédito a tus falacias que a mi insistencia. Estas son tus palabras: ¿Qué significa mucho más abundó, sino que todos los redimidos por Cristo mueren temporalmente por causa de Adán, mas, por Cristo, triunfarán por toda la eternidad? Estas palabras, si tienen carga lógica, arrasarían, confiésalo, todos tus castillos; es decir, la transmisión del pecado. Dices: “Mucho más abundó la gracia de Cristo, pues por ella se nos da la vida eterna, mientras que por el pecado de Adán sufrimos sólo muerte temporal”. Si, exceptuada la muerte, ningún otro mal se nos transmitió por Adán, en cambio Cristo, por un beneficio mayor, nos da la vida sin ocaso, es evidente que es la muerte, y no el pecado de Adán, la que se transmite a todos sus descendientes”.
Ag.- Veo has tomado mis palabras como motivo de irrisión; o mejor, finges ridiculizarlas para dar la sensación a los que nada entienden, de decir algo, cuando en realidad nada dices. Dije, sí, en primer lugar, que Adán perjudicó con muerte temporal a los que Cristo libra con su gracia; y a los que, por secreto y verdadero juicio de Dios, no libra, aunque mueran en edad infantil, castiga con muerte eterna. ¿Cómo puedes tú deducir que es la muerte y no el pecado de Adán lo que se transmite a sus descendientes, si no es porque quieres se acepte el ruido de tus palabras y no lo que se deduce de las mías?
Decimos que se transmiten la muerte y el pecado, y de los dos hemos sido rescatados por Cristo; de la culpa mediante el perdón de todos los pecados; de la muerte mediante la resurrección feliz de todos los santos. Pero esto no sucede en el instante mismo de la regeneración, para ejercicio de la fe, pues lo que se espera no se ve. Merecen los fieles este nombre cuando para ellos y sus hijos esperan este bien.
Esto es lo que enseñamos, esta es la verdad católica que vosotros impugnáis. Todo lo que en vuestras heterodoxas discusiones decís es contra vosotros mismos, no contra la verdad.
Lucha el hombre contra la muerte
- Jul.- “Constará, con toda consecuencia, que la muerte perpetua, es decir, la pena eterna no se transmite y, en consecuencia, no se puede transmitir el pecado. Unas breves palabras harán ver lo que es preciso admitir. Da el Apóstol la primacía a los dones de Cristo sobre el pecado del primer hombre; tú, con este tu pecado, es decir, por la transmisión del pecado, ¿hablas de la transmisión de dos muertes o de una sola? Si de una, la corporal, como confiesas, cierto que la gracia de Cristo es más eficaz que el pecado del primer hombre, y entonces nadie nace pecador, porque, según más arriba dijiste, el reino del pecado consiste en precipitar al hombre en la muerte segunda; esto es, en la pena eterna, mientras afirmas que es la muerte del cuerpo la que Adán nos transmite. Luego ni el pecado de Adán ni la muerte eterna han sido transmitidas por Adán a su descendencia”.
Ag.- Ya he contestado. Nada has dicho. El reino del pecado precipita en la muerte eterna si, por la gracia de Cristo, no se perdona la culpa. Sin embargo, no existiría la muerte temporal si Adán, por su pecado, no hubiera perdido la posibilidad de no morir. Esta muerte fue por Dios intimada al pecador cuando sentenció: Eres tierra e irás a la tierra 79. Cristo, sin tener pecado, se dignó someterse a esta sentencia; bajó a la tierra al morir y elevó la tierra al resucitar; y así, destruida la muerte eterna, no libra a los fieles de la muerte temporal, para que, en el combate de la vida presente, por la fe en la resurrección, luche contra la muerte.
Muerte y resurrección
- Jul.- “Mas si dijeres que, por el pecado de Adán, entró el pecado en la naturaleza y es causa de dos muertes, eterna una, temporal la otra; y por la gracia de Cristo, la persona, no la naturaleza, es de la muerte eterna librada, mientras permanece la temporal, convencerías de falsedad al Apóstol, pues ha dicho que más nos beneficia la gracia que nos perjudicó el pecado; y como es imposible argüir de mentira al Apóstol, con derecho mereces ser reprobado”.
Ag.- He dicho que, en la resurrección de los santos, desaparecen las dos muertes; una para que el alma no esté sin el cuerpo; la otra para que el alma, unida al cuerpo, no se hunda en la aflicción y en la angustia. Si los fieles, durante cierto tiempo, están sujetos a la primera, es en ayuda de la fe; si luego los culpables no se ven libres, es para aumento de su miseria. A los regenerados en Cristo, si de este siglo salen como elegidos, es manifiesto que les beneficia más la gracia que les perjudicó el pecado que entró por un hombre en el mundo, y con la muerte pasó por todos los hombres. No puede ser reprendido el Apóstol, pues dijo verdad; pero tú, o no comprendes ni entiendes sus palabras, o, contra lo que comprendes, con herética obstinación, te empeñas en establecer lo que es falso.
Adán y Cristo. Generación y regeneración
- Jul.- “Dijo el Apóstol que la gracia de Cristo es más abundante que la culpa de Adán; no acusa la naturaleza, la generación, la fecundidad, sino que culpa la voluntad, la opción del mal, la perversión de costumbres”.
Ag.- Si no causó mal la generación, la regeneración no causa ningún bien; si la naturaleza no está viciada, Cristo no ha salvado a los niños; si es por la voluntad personal por lo que se merece el premio o el castigo, ¿cómo han merecido los niños que Cristo les confiera la posesión del reino de Dios, cuando su voluntad carece de libertad para el bien o el mal? Por último, dos ejemplos pone el Apóstol, uno del pecado en la persona de Adán, no del diablo; otro de justicia en la persona de Cristo, no de Abel, para dar a entender que no habla de imitación, sino de generación y regeneración; si Adán no transmite el pecado a sus descendientes, tampoco otorga Cristo la regeneración a los niños; tanto los niños regenerados como los que únicamente han sido engendrados, no tienen aún uso de propia libertad. Id ahora, si os place, y clamad, si os atrevéis, y decid a los niños que no se les otorga la justicia; ni la tendrán cuando habiten en el reino donde habrá cielos nuevos y nueva tierra, y donde reinará la justicia; o bien, emborrachados y delirantes por el eléboro de vuestro dogma, decid que los niños tendrán, sí, la justicia, pero adquirida por sus méritos personales, no por largueza de la gracia divina. Y si no os atrevéis a usar este lenguaje, pues reconocéis que es aquí donde se adquieren los méritos y en la eternidad se recibe la recompensa, ¿por qué vaciláis o no queréis reconocer que los niños pueden contraer el pecado de Adán sin ningún acto malo de su querer personal, así como reciben por Cristo la justicia sin los méritos precedentes de su buena voluntad?
Pablo y Manés
- Jul.- “Y por esto mismo, si la verdad no ha perdido aún su derecho en los asuntos humanos; si el mundo no ha quedado ensordecido por el estrépito de la maldad, hemos de reconocer que la razón, la disputa, la fe del Apóstol y el testimonio de las Escrituras demostrarán claramente que entre traducianistas y católicos existe un abismo igual al que existe entre Pablo y Manés; entre la sabiduría y la estupidez; entre la razón y la locura, entre la constancia en la doctrina y la veleidad, cuyo dechado eres tú, pues niegas, por decirlo así, en una misma línea, lo que acabas de afirmar; y afirmas lo que acabas de negar”.
Ag.- He contestado ya. Por favor, si no tienes nada más que decir, calla, si puedes; pero lo peor es que ni callar puedes.
Haz el bien
- Jul.- “Y no, como por un pecador, así es el don; porque la sentencia por uno para condenación; pero la gracia, partiendo de muchos delitos, para justificación 80. A estas palabras del Apóstol añades tu comentario; suena así: ¿Qué viene de uno solo, si no es el pecado? Porque sigue: La gracia nos libra de muchos delitos. Que nos digan nuestros adversarios cómo esta condenación es fruto de un solo pecado, si no es por el pecado original, que pasó por todos los hombres y es suficiente para la condenación. Mientras la gracia nos libra de multitud de pecados para justificación; no sólo perdona el pecado original, sino también todos los pecados que cada uno personalmente, por su libre voluntad, ha cometido. Si por el delito de uno la muerte reinó por uno, mucho más los que reciben en abundancia la gracia y la justicia reinarán por uno, Jesucristo, en la vida. Así como el delito de uno solo es para todos condenación; así la justicia de uno es para todos los hombres justificación 81.
Después de estas palabras del Apóstol te diriges a nosotros con insultos, como si hubieras probado algo. Permanecen aún, dices, en la vanidad de sus pensamientos y continúan enseñando que este hombre, único, no ha transmitido su pecado por generación, sino que sólo nos dio ejemplo de pecado. ¿Cómo todos los hombres por el pecado de uno incurren en condenación, y no a causa de numerosos pecados de cada uno, si no es porque este único pecado es suficiente para arrastrar a la condenación, sin que se le añadan otros, como sucede con los nacidos de Adán si no son regenerados en Cristo? ¿Qué pretende de nosotros éste que no quiere escuchar al Apóstol y pregunta en qué es culpable el niño, si por su propio querer, por el matrimonio, o por los padres? Escuche el porqué, oiga y calle y sabrá por qué el pecado se encuentra en el niño: Por el delito de uno en todos los hombres para condenación. Sabemos que nada temes más que las preguntas aptas para revelar tus dogmas; por eso intentáis, por todos los medios, conseguir del poder temporal no sea discutida la presente cuestión, pues comprendéis es necesaria la fuerza cuando la ayuda de la razón es nula”.
Ag.- ¿Quieres no tener miedo al poder? Haz el bien. No es bueno afirmar y defender una sentencia herética contra el sentido del Apóstol. Por qué pides un nuevo examen si ya tuvo lugar ante la Sede Apostólica; y, antes, se pronunció sentencia judicial en un sínodo palestinense, en el que Pelagio, autor de vuestro error, sin duda hubiera sido condenado si él no condena esta misma doctrina que tú enseñas. Condenada vuestra herejía, no ha de condenarse de nuevo; sí reprimirla por las autoridades cristianas.
No abandona Agustín la lucha
- Jul.- “Ante hombres prudentes no prevalecerá tu opinión, ni te permitirá a ti “jefe y autor de estos males”, retirarte de la contienda y atrincherarte detrás del Apóstol, de manera que sea él quien reciba las heridas en tu lugar, él que es nuestro maestro principal y nuestro jefe en la lucha que contra vosotros sostenemos. Piensa cuanto voy a decirte. Si no existiera entre nosotros ninguna discusión y el Apóstol enseñase la doctrina de un pecado natural como los maniqueos, entonces lo podías oponer a mis ataques; mas, como la autoridad del Doctor de los gentiles permanece inviolable en mi espíritu, no permitiré alterar el significado de sus palabras con tus explicaciones; sobre todo cuando demuestra conforme a las reglas de una sana lógica, ya mencionada y que es opuesta a este dogma absurdo, impuro e impío; y cuando pruebo que el Apóstol no ha dicho ni palabra de la existencia de un pecado natural, y aún tienes la osadía de hacer me conteste en tu nombre sin ser interrogado, pues de su sabiduría no hay duda. Me gritas porque no quiero escuchar al Apóstol, lo que en ti detesto, dándome el Apóstol una sana inteligencia”.
Ag.- ¿Acaso no debes guardar silencio, después de las palabras del Apóstol que cité? Sin embargo, no pudiendo decir nada contra estas palabras, ni darles sentido alguno, no callas contra mí; como si yo fuera el primero en creer y defender la existencia del pecado original. ¿Crees que tus futuros lectores son tan ignorantes que no sepan cuántos esclarecidos doctores de la Iglesia, antes que nosotros, han creído y comentado las palabras del Apóstol, como lo entendió y creyó desde sus orígenes toda la Iglesia católica; y si la enseñanza de estos doctores es errada, como vosotros no teméis afirmar, por favor, cómo puedo ser yo jefe y causa de estos males, si no es porque tú eres el cabecilla y autor de estas calumnias que contra mí rabiosamente vomitas?
Porque si con sano juicio consideras las miserias de esta vida, desde los primeros vagidos de los niños hasta los ayes de los moribundos, verías que ni tú ni yo, sino Adán, fue el jefe y la causa de estos males; tú no lo quieres ver y, cerrados los ojos, clamas que los juicios de Dios son justos y que no existe el pecado original. Verías, sin duda, que estas dos afirmaciones son contrarias, si no fueras, no digo autor de estos males, pues no lo eres; pero si tienes la cabeza en su puesto, y la puedes tener, no tendrías a Pelagio. como caudillo y acatarías las enseñanzas de los doctores católicos.
Verdad católica la del pecado original
- Jul.- “Exprimamos el jugo de tus argumentos. Después de afirmar Pablo que había abundado más la gracia del Salvador para sanarnos que la prevaricación del primer hombre para dañarnos, continúa: Y no como por el pecado así el don; porque el juicio de condenación vino por uno, pero la gracia de la justificación libra de gran número de pecados; tú quieres que este pecado único, suficiente para la condenación, sea el pecado original que pasa por todos los hombres; y que la gracia de la justificación libra de muchos delitos, pues no sólo destruye el pecado de origen, sino todos los que el hombre comete por propia voluntad 82. Para confirmar esta interpretación, arguyes poco después: “Si pensara el Apóstol en un pecado transmitido por imitación, suficiente para la condenación, debió añadir que todos los hombres incurren en sentencia de condenación, no por un solo pecado, sino por muchos otros cometidos por propia voluntad”. Reclamo aquí la atención del lector para deslindar las palabras del Apóstol de la interpretación de los maniqueos. Dices que, según nuestra exégesis, afirmamos que la culpa primera abrió camino a los pecadores, y el Apóstol debió decir: así como la gracia obra la justificación de muchos delitos, lo mismo debió decir que la muerte reina por muchos pecados. Pero este argumento tiene sólo valor contra ti.
Quedas convencido; pues conforme a tu doctrina no sería lógico dijese el Apóstol: La gracia para justificación de muchos delitos, pues antes había dicho: Por un pecado, sentencia de condenación. Salgamos de nuestro territorio e internémonos en vuestros dominios. Si quedó el libre albedrío destruido por el primer pecado, y luego dejó de existir en todo el género humano, de manera que sólo puede hacer el mal, sin tener otra opción; en otros términos, que no puede evitar el mal y hacer el bien; sino que, como forzado por una necesidad malvada, se ve impulsado a obedecer a sus apetencias criminales; si, violada toda norma de justicia, se convierte en natural lo que era voluntario; si la ley del pecado habita en los miembros, por los que, en virtud del pudor y del placer del acto conyugal ejerce una verdadera tiranía sobre la criatura, imagen de Dios; si el árbol del diablo hunde sus raíces, antes de la creación del alma, en el seno materno, para brotar y crecer al paso del tiempo y extender sus ramas y producir frutos envenenados; si todos estos males, repito, son fruto, como decís, de una falta del primer hombre; parece más lógico decir que el género humano sufre condena por el pecado de uno solo, y no que la gracia libra de muchos pecados; pues es más exacto decir que esta gracia libra de un pecado a los que libra. Porque ningún otro pecado puede ser añadido por una decisión personal de nuestro libre querer si, destruido el libre albedrío, los deseos honestos ya no son posibles, si la culpa de nuestro primer padre, transmitida por un germen emponzoñado, es la causa de todos los males”.
Ag.- ¿Cómo es posible que un hombre, empeñado en desnaturalizar las palabras del Apóstol, pueda hablar un lenguaje razonable y no perverso? Cierto, cuando el uso de la voluntad -que los niños no tienen- viene a sumar al pecado heredado en el momento de la generación otras faltas, el árbol del pecado se cuaja de multitud de frutos, es decir, de pecados; frutos de variadas apetencias de la carne; pero antes que esto se realice, un solo pecado arrastra a la condenación, si antes del uso de la razón muere el niño. Porque si un pecado más enorme e inveterado merece castigo más fuerte, no se sigue que un mal menor y único no merezca castigo ninguno. ¿Cómo, pues, la regeneración, que borra culpas multiplicadas por el libre querer, nos beneficia más que el mal causado por la generación, porque el mal pernicioso del que es fuente no puede ser aumentado, ni multiplicado, pues permanece solitario sin desarrollo alguno si el libre albedrío no lo aumenta y multiplica?
Cuanto a la potencia volitiva, antes de recobrar, por la gracia de Dios, su libertad para dar cumplimiento a la justicia verdadera, amén del vicio de origen, puede moverse o no a pecar; de ahí que los mismos impíos que no han recibido, o nunca recibirán la gracia de la justificación unos cometen más, otros menos pecados. El juicio de condenación viene de uno sólo, pues también se condenan los que por generación han contraído un solo pecado; pero la gracia de la justificación libra de muchos delitos al borrar no sólo el pecado que el hombre trae al nacer, sino cualquier otro que añade, por el mal uso, la voluntad. Esta es la verdad católica que se desprende de las palabras del Apóstol y que no puedes alterar con tu locuacidad herética, aunque ejercites nuestra paciencia con tu verborrea vacía y tus prolijos discursos.
Socorro y victoria
- Jul.- “Por esto mismo, si el pecado natural es causa única de tantos males, la gracia de Cristo no justifica perdonando muchedumbre de pecados; y realiza su obra de misericordia perdonando un solo pecado; para cumplir su promesa sería preciso sanase todas las heridas causadas por el pecado; por lo demás, si después de los remedios que nos proporciona, las diversas enfermedades, causadas por el diablo, subsisten aún, se debe perdonar su presunción y gratificar su deseo; porque no es la voluntad buena lo que le faltó, sino las fuerzas para sanar lacras naturales”.
Ag.- Ya he contestado. Comprende y calla. Una cosa es el socorro de la gracia cuando combatimos, y otra la victoria que nos está reservada en la paz eterna, al abrigo de enemigos externos e internos; el combate penoso ha lugar en la vida presente; el descanso feliz, en la vida futura. Si en tu interior no sostienes combates contra tus apetencias carnales, avergüénzate; si luchas, enmudece.
Condenación de Pelagio
- Jul.- “¿Adónde hemos llegado en esta discusión? A que tu doctrina no armoniza con la del Apóstol. Dice el Apóstol: Por la sobreabundancia de gracia se perdonan multitud de pecados; pero tu dogma afirma: por un solo pecado natural -que tú llamas ley de pecado- brotan en todos los hombres deseos culpables. En resumen, tú condenas la naturaleza, obra de Dios, y el Apóstol culpa la voluntad. Y por cierto que no debió de usar distinto lenguaje del que emplea; es decir, la condenación puede ser consecuencia de un pecado, porque, el primer hombre, por un solo pecado, dio ejemplo de pecado; y así como para él una sola prevaricación fue causa de condenación, así para los demás hombres, una sola falta es suficiente para hacerlos culpables. Por eso dice el Eclesiastés: Un solo pecado echa a perder muchos bienes 83. Y Santiago: El que observa toda la ley, pero falta en un precepto, se hace reo de todos” 84.
Ag.- ¿Luego el pecado de Adán le perjudicó a él sólo y no al género humano? No serás tan insensato que afirmes que un pecado puede perjudicar a hombres ignorantes o que no creen haya nunca existido, porque, aun sin saberlo, los hombres imitan algo y sería insensatez suma afirmar que son pecados y heridas causadas por un pecado que ellos ignoran haberse cometido hace miles de años; a no ser que reconozcas que ha sido transmitido a todos los hombres por generación. Y si no hubiera condenado Pelagio a los que dicen que el pecado de Adán a él sólo perjudicó, no al género humano, hubiera sido condenado por jueces que ciertamente no eran maniqueos 85.
El Jesús de los niños
- Jul.- “Mas la gracia de Jesucristo, el Señor, no se concede de manera que se aplique a cada pecado, como si a cada herida se aplicase el remedio del perdón y un bautismo según la diversidad de los pecados que borra; sino que, merced a la eficacia potentísima del remedio aplicado a los crímenes, es decir, a las obras de una mala voluntad, su acción es general y borra todas las diferentes especies de pecados con la fuerza de una sola consagración”.
Ag.- De cualquier modo se haya dado la gracia de Jesucristo, el Señor, excluyes de sus beneficios a los niños, al negar que por ella puedan ser salvados; pues divides a capricho el vocablo, de modo que Cristo se aplica a los niños a causa del reino de los cielos, al que no tienen acceso, según vosotros, los no bautizados; pero Jesús es a ellos extraño, porque no actúa en ellos, aunque es lo que significa su nombre. Escrito está: Le llamarás Jesús, y a continuación declara por qué se llama Jesús: Él salvará a su pueblo de sus pecados 86. Al negar se aplique a los niños, los separáis del nombre de Jesús y de su pueblo. ¿Y osáis indignaros, siendo vosotros los que los excluís de su pueblo?
Por lo que se refiere a los delitos voluntarios, una misma justificación nos libra de una muchedumbre de prevaricaciones. ¿Por qué se dijo: Por uno la sentencia de condenación, pero la gracia para justificación de muchos delitos, si no es porque, en este pasaje, no se opone voluntad a voluntad, imitación a imitación, sino generación a regeneración? Así como la generación nos pone bajo sentencia de condenación por uno; así la regeneración nos da la gracia para justificación de muchos delitos. El pensamiento del Apóstol es transparente, y si abrieras los oídos para oír, sellarías tu boca contestataria.
Por Adán, el pecado; por Cristo, la regeneración
- Jul.- “Con gran cautela, al hablar Pablo de Adán, menciona un solo pecado, queriendo dar a entender que fue un mal ejemplo de prevaricación. Por eso, repito, mencionó un pecado, no muchos; pues sabía que en toda la historia de la ley se hace mención de un solo pecado de Adán; pero proclama la gracia de la justificación liberadora de muchos delitos en los que penetra esta gracia, para que nadie sospeche pobreza en el don; porque, si hubiera dicho: la gracia justifica de un solo pecado, daría la sensación de perdonar aisladamente un pecado, no todos. Al hablar el Apóstol de un pecado, es fiel a la historia; y al hablar de la gracia, que justifica de muchos, revela la munificencia y abundancia del misterio”.
Ag.- ¿Por qué habla de Adán cuando exalta la obra de Cristo, si no es porque por aquél la generación, y por éste la regeneración?
Ayuda de Juliano a los maniqueos
- Jul.- “Mi exégesis rima con la razón, y a vosotros os desarbola. Es, pues, necesario admitas que en todas las palabras del Apóstol, arriba mencionadas, no habla de la transmisión maniquea del pecado cuando, al hablar de la gracia, nos dice absolvemos de muchos pecados”.
Ag.- Ayudas, sin duda, a los maniqueos al brindarles oportunidad de introducir una naturaleza mala, al negar ser el pecado original causa de tantas calamidades infantiles; miseria que en el paraíso no tendrían si nacieran en santidad y rectitud de justicia.
Uno incluido en muchos
- Jul.- “Este único pecado demuestra el Apóstol ser del mismo género que los numerosos pecados mencionados arriba y borrados por la gracia. Tú lo reconoces y ves que estos numerosos pecados los comete el hombre por su propia voluntad; luego aquel uno es de la misma especie”.
Ag.- Este uno, lo afirmo, está incluido en aquellos muchos, no excluido. Se puede decir también con verdad que es de la misma especie que los otros, si se refiere al origen; porque brotó de la voluntad del primer hombre, cuando el pecado entró en el mundo y pasó por todos los hombres.
En la muchedumbre, el pecado original
- Jul.- “Se puede considerar el pecado como cometido por cada uno, resultado de una opción de la propia voluntad. Y no se culpa la fecundidad de la semilla, sino la perversidad del querer. Además, si hubiera querido el Apóstol hablar de un pecado de origen, no hablaría a continuación de muchos pecados, que él atestigua se perdonan por gracia”.
Ag.- ¿Por qué no decirlo, si no es porque lo quieren los pelagianos? Pero no lo quiere la verdad, por la que se evidencia la novedad pelagiana y es vencida su vanidad. La multitud de pecados que borra la justificación con aquel uno son muchos; y este uno, aunque no se sumen otros, puede sentenciar a la condenación. Pudo Adán transmitir a sus descendientes ese pecado único, y Cristo perdonar a los regenerados muchedumbre; porque está demostrado que los beneficios del segundo son más eficaces y están más extendidos que el mal causado por el primero.
Nacemos en pecado
- Jul.- “Y aunque lo dicho sea suficiente para defensa de la verdad, no obstante pido preste atención el lector a lo que vamos a decir, y se verá con meridiana claridad que en estos pasajes no habla Pablo, el Apóstol, de la naturaleza, sino de la conducta de los mortales. Pone ante nuestros ojos la eficacia de la gracia de Cristo, y, a contra luz, el primer pecado, y compara los efectos de cada uno y se esfuerza en demostrar que nos beneficia más el misterio de Cristo que lo que nos perjudicó el pecado del primer hombre. Y probamos que no se puede entender esto en el sentido de una transmisión del pecado. Hace luego el Apóstol un elogio encendido de la gracia, enumerando sus grandes beneficios, en especial con estas palabras: La sentencia por uno para condenación, la gracia nos libra de muchos pecados para justificación de vida.
Palabras que explica así el defensor del mal natural: el juicio para condenación viene de uno solo, porque este solo pecado, que viene de nuestro origen, es suficiente para arrastrar a la condenación, como, en efecto, lo es para los niños nacidos de Adán y no regenerados por Cristo, aunque no tengan ningún otro pecado. Pero la gracia para justificación de muchos delitos; porque no sólo perdona el original, sino que perdona también todos los que cada uno ha cometido por su propio querer 87. Enseñas, pues, con maniquea impiedad que existe un pecado natural y, por él, todos los nacidos han de ser condenados”.
Ag.- El que dijo: “Todos nacemos en pecado” 88, no era maniqueo. ¿Qué sois, pues, vosotros, responde, pues sin ningún mérito de pecado excluís del reino de los cielos a tantas imágenes de Dios y negáis sean condenados en el juicio de Dios y fingís dos eternidades felices, una en el reino de Dios, otra fuera del reino de Dios? Decidme, por favor, en esta felicidad fuera de las fronteras del reino de Dios, ¿reinará alguien, o no? Si nadie reina, la libertad será sin duda omnímoda; y si alguien reina, ¿quién será el rey de estas imágenes de Dios que no sea Dios? Y si es un Dios, vosotros introducís otro dios, y ¿me llamas aún maniqueo? Y si es el Dios único el que reina, es aquel a cuya semejanza fueron las almas creadas y gozarán de una eterna felicidad en el reino del Dios verdadero. Y entonces, ¿cómo interpretar aquél si no renaciereis del agua y del Espíritu, no podéis entrar en el reino de los cielos? 89 ¿O es que, por fin, admitís que, fuera del reino de Dios, los niños no regenerados no serán felices? Hombre discutidor y charlatán, di cuál es la causa de esta infelicidad si niegas la existencia del pecado original.
Este uno incluido en los muchos
- Jul.- “Prueba, pues, que el efecto atribuido a la gracia por el apóstol Pablo ha lugar en los niños; esto es, que la gracia los justifica de muchos delitos; o, en otras palabras, que les da la justicia y les perdona a la vez sus muchos pecados; o bien prueba que los niños son reos de muchos pecados, para que puedas probar, con palabras del Apóstol, que exalta la munificencia de Cristo, que también a ellos se aplica y que son librados de muchos crímenes; o, por último, reconoce que Pablo, en estos pasajes, no habla de los niños ni de la naturaleza humana cuando enseña que la liberalidad de la gracia -con tu permiso- perdona todo lo que no puede encontrar en los niños”.
Ag.- ¿Qué dices? ¿Por qué mete tanto ruido tu locuacísima vanidad, que impide a la verdad manifiesta penetrar en tus oídos? Si Jesús salva a su pueblo de multitud de pecados, no olvida el pecado original de cada niño; este pecado queda incluido en la muchedumbre de pecados.
Por un solo pecado
- Jul.- “La gracia justifica de muchos delitos. Tú afirmas que los niños son reos de un solo pecado. Ves, pues cómo el elogio de la gracia cojea en la persona de los niños, al no encontrar muchedumbre de pecados cuyo perdón pueda elogiarse. La gracia justifica de muchos pecados. Esta frase paulina se revela falsa en el caso de los niños. ¿Cómo podrás evadirte de este cerco? Dirás sin duda -tus anteriores palabras muestran ser este tu sentir-, dirás que estas palabras del Apóstol: la gracia para justificación de muchos delitos, tiene cumplimiento en los adultos, reos de muchos delitos, por un movimiento de la propia voluntad; a los niños los justifica, no de muchos, sino de un solo pecado”.
Ag.- No es difícil comprender eres tú el que privas a los niños de esta justificación que el Salvador concede a los suyos, por el perdón de muchos pecados; te empeñas en decir que no se les perdona pecado alguno. No somos, pues, nosotros a quienes se nos puede acusar de privar a los niños de esta justificación, pues enseñamos que todos, sin excepción de edad, por un solo pecado se pueden condenar, e incluso los hombres de edad avanzada son reos de este pecado; y lo mismo cuando afirmamos que la gracia justifica de muchos delitos, no hacemos excepción de edad alguna; pues el que perdona muchos pecados -por muchos entiende todos- no deja sin perdonar alguno; es decir, ni los muchos de los más perversos, ni los pocos de algunos, ni el único de los niños.
No es difícil, repito, comprender esta verdad si no hubieras querido privar a los niños de su médico, Jesucristo, y así, con horrible impiedad, ceguera asombrosa y blasfema locuacidad, no queréis sea para los niños Jesús. ¿Hay algo más insensato que pretender que la gracia de Cristo se aplique sólo a los que tienen multitud de pecados?
Por esta razón, o mejor, por esta ceguera mental, no sólo excluís a los niños de los beneficios de esta gracia, pues piensas no contraen pecado original, sino incluso a los que no tienen multitud de pecados; y así pensáis deben entenderse las palabras del Apóstol: la gracia justifica de muchos delitos 90. De suerte que sólo se benefician de esta gracia aquellos a quienes se les perdonan muchos pecados. Por consiguiente, como los niños, decís, no tienen ningún pecado, al crecer y empezar a cometer pecados, no digo pocos, sino tan sólo uno, y se acercan al bautismo de Cristo, no participan de los beneficios de esta gracia; porque no serán justificados de muchos pecados, sino de uno. Creo no esté vuestro corazón tan endurecido como para no sentir sonrojo de tamaño absurdo.
En consecuencia, si participa de esta gracia aquel a quien se le perdona un solo pecado, las palabras del Apóstol: la gracia justifica de muchos delitos quiere se entiendan de los pecados de todo el pueblo, justificado por esta gracia; pecados, en unos, muchos; pocos, en otros; uno, en algunos; pero que en conjunto forman multitud de pecados.
Lágrimas como testimonio
- Jul.- “Mas con tal explicación no consigues corromper el sentido ni escapar a la verdad; pero sirve para arrumbar el prestigio de tus falacias y disipar los fantasmas del odio que tratas de azuzar contra nosotros. Nos acusas haber gravemente atentado contra la fe, porque enseñamos que la gracia de Cristo se reparte con gran uniformidad y que no se han de atacar ni las palabras ni las instituciones del Señor; y que la gracia otorga igualmente a todos cuantos la reciben los dones de adopción, santificación y elevación; pero que no encuentra en todos los que la reciben el mismo grado de culpabilidad, sin cuya cooperación, imposible exista el pecado; gracia que hace buenos a los malos, y en cuanto a los inocentes que han conservado incontaminada la felicidad en su edad primera, no les imputa ninguna mala acción, pues sabe no pueden aún hacer uso de su querer”.
Ag.- ¡Oh locura singular! ¿Esto es discutir o enloquecer? Los niños, con sus lágrimas testimonian nacer en la miseria, y tú no quieres sea Cristo para ellos Jesús. Son felices, afirmas, pero los excluyes del reino, reino que, si tú lo amases con cristiano corazón, considerarías una inmensa desgracia ser de él excluido.
No puede explicar Juliano por qué sufren los niños
- Jul.- “Jesús mejora a los buenos y eleva a la cumbre de la santidad a todos sus hijos adoptivos, pero no encuentra a todos en la misma charca viciosa; porque a unos los encuentra inocentes, a otros entregados al crimen. Y por enseñar esta doctrina asentada en la fe auténtica, afianzada en la razón y en la recta inteligencia de las Escrituras, y proclamar, con todo derecho, la grandeza de la gracia de Cristo, sin imputar a Dios injusticia ninguna, dices que hacemos vacilar la eficacia del sacramento y, con sutileza más roma que mano de almirez, afirmas que el poder de la gracia queda arrasado si no se le atribuye el odioso privilegio de imputar a los inocentes un pecado del que no son autores; esto es pervertir los principios de toda justicia y hacer culpables a los que no tienen uso de razón de un pecado por otro cometido. Declaras, por fin, ineficaz la gracia si no actúa de manera uniforme en todos los hombres”.
Ag.- ¿Por qué comparas a la mano de almirez una agudeza, que no es mía personal, sino patrimonio de todos los controversistas católicos, pues en su compañía defiendo como indiscutible lo que intentas en vano destruir? ¿Es que has empezado a comprender que esta sutileza destruye vuestra frágil construcción? Sin embargo, tú, bajo el pretexto de tutelar la justicia de Dios, destruyes la creencia de la Iglesia universal en Cristo, acerca de la condenación de los niños no regenerados, y no podrás explicar nunca cómo es justo el yugo que pesa sobre los niños si no contraen pecado original. Y no caes en la cuenta de que eres tú el destructor de las leyes de la justicia y de la misma justicia de Dios todopoderoso, pues enseñas que él, por su voluntad, irroga un castigo inmerecido a innumerables millares de hombres; es decir, de criaturas formadas a su imagen, desde el día que salen del vientre de su madre.
Por último, nunca podrás explicar cómo puede ser justo que los niños, exentos de toda falta personal, sin culpa de los suyos muertos sin el bautismo, queden separados de sus padres y de sus parientes cristianos, y no sean admitidos en el reino de Dios, ni sean vasos de honor, como lo son los niños bautizados, sino que son vasos de ignominia -pues no hay una tercera especie de vasos-, sin ningún mérito malo. Repugna a vuestra herética prudencia admitir las enseñanzas de la fe católica; es decir, que después que todos los hombres incurrieron en condenación por el pecado de uno solo, algunos reciben la misericordia de gracia, mientras otros experimentan un juicio de verdad con todo rigor, según los caminos irrastreables del Señor, que son misericordia y verdad.
Gracia medicinal
- Jul.- “Es evidente, tu misma explicación destruye la totalidad de tu doctrina, con la que engañas a espíritus incapaces de razonar”.
Ag.- Eres tú el que has quedado al descubierto, pues no quieres ver, ni reconocer que el perdón de los pecados se concede también a los que tienen un solo pecado. Si los niños están limpios de toda mancha, no necesitan de los remedios de la gracia medicinal; y tú, al negarles un Salvador, con impía crueldad los matas.
Se repite Juliano con las mismas palabras
- Jul.- “Cuando declara el Apóstol: La gracia justifica de muchos delitos, según tú, estas palabras no se pueden aplicar a los niños, sino sólo a los que ya han llegado a una edad adulta, por haber añadido al uno aquel otros muchos por su propia voluntad; y sin duda reconoces que ha de ser diversa la actuación de la gracia según la diversidad de los que la reciben. Porque en aquellos que hacen uso de su propia voluntad, les proporciona elementos de gloria, porque a los que adopta los arranca de sus muchos crímenes para justificación; en los niños -es tu sentir- es más exigua, más medida, más tenue; despliega su eficacia en tono menor, y el remedio no es tan idóneo, pierde parte de su belleza y del respeto debido a su pudor; comprometida a perdonar sólo un pecado que no tiene derecho a imputar, y a los que libra de este uno es por lavarlos de esta mancha y llevarlos a la justificación”.
Ag.- Ya respondí. Repites sin cesar las mismas cosas, sin encontrar qué decir. Cuando afirmas que no se puede imputar a los niños ningún pecado, haces a Dios injusto, porque les impone un duro yugo desde el día que salieron del vientre de su madre. Y aunque no lo dijese la Escritura, ¿quién hay tan ciego de inteligencia que no vea que la miseria del género humano empieza con el llanto de los niños? También tachas de injusta la ley del Señor cuando condena al niño si no es circuncidado al octavo día 91. Consideras inútil el precepto de ofrecer un sacrificio de propiciación por un niño recién nacido 92. Este pecado original se manifiesta por sí mismo y lo atestiguan las santas Escrituras; pecado que se cuenta en aquellos muchos que justifica la gracia y libra a los niños de tanta miseria para hacerlos felices. Pero esto no en el presente siglo, tiempo de castigo querido por Dios desde la hora en que nuestros primeros padres fueron arrojados del paraíso feliz; sino en un eterno futuro, donde Cristo ahora reparte sobre sus miembros los dones del Espíritu santo como prenda de su misericordia.
Efectos de una misma gracia
- Jul.- “Actúa la gracia -lo reconoces- de una manera en los adultos, de otra en los niños. No crees, sin embargo, poder responder diciendo que esta diferencia es, sí, grande, pero sólo en lo que se refiere al número de pecados a perdonar, y que la gracia, al perdonar uno, cumple su cometido. Con este argumento nada pruebas y no importa de qué manera explicas los diferentes efectos de la gracia, si admites diferencia en los efectos”.
Ag.- Una cosa es admitir en la gracia diversos efectos, pues habla la Sagrada Escritura de gracias diversas 93; y otra negar a los niños la gracia que perdona pecados y pretender que, en la Iglesia de la verdad, no son arrancados del poder de las tinieblas cuando sobre ellos se hacen exorcismos e insuflaciones, con gran injuria del Creador si no necesitan del auxilio del Salvador para ser rescatados del poder del espíritu de la mentira.
Sobreabunda la gracia aun cuando perdone un solo pecado
- Jul.- “Con lo que acabas de conceder estoy ya contento, te has visto obligado a concederme que las palabras del Apóstol referentes a la abundancia de gracia, no se pueden aplicar por igual a todas las edades; cierto que intentas probar se concede un perdón real a los niños recién nacidos; pero no puedes evitar la conclusión que fluye natural de los principios por ti establecidos, pues no se puede cumplir en los niños el elogio que hace el Apóstol de la gracia de Cristo. Porque cuando enseña el Apóstol que los misteriosos remedios de la gracia cristiana tienen una eficacia y extensión mayor que el pecado del primer hombre -modelo de los que habían de venir después de él- dice: La sentencia de condenación vino por un delito, pero la gracia justifica de muchos delitos. Luego la gloria de la gracia, liberadora de muchos pecados, no se puede encontrar, según tú, en los niños. En consecuencia, a pesar de tus esfuerzos, te ves obligado a reconocer que la gracia no actúa de una manera uniforme en distintas edades”.
Ag.- Está ya contestado; dices vaciedades. Gloriosa es la gracia de Dios incluso cuando perdona un solo pecado a quienquiera que sea; porque ese uno pertenece a la multitud de pecados de los que justifica la gracia de aquel que libra a su pueblo de sus pecados. Vosotros no formáis dignamente parte de ese pueblo, y es justo, pues queréis excluir de él a los niños.
Alaba Juliano a la libido
- Jul.- “Si admites esto, no hay necesidad alguna de calumniar la naturaleza humana, para llegar únicamente a la conclusión de que la gracia del bautismo no produce diferentes efectos según la diversidad de edades. Disipada esta apariencia de argumento, si hay en ti una chispa de ingenio, una brizna de fortaleza, esfuérzate en probar la existencia de un pecado natural, que la razón, la autoridad y la justicia rechazan. ¿Qué ilusión óptica te ofusca para llamar a la unión de los cuerpos obra del diablo, siendo institución de Dios, como lo es el placer de los órganos que aseguran esta cópula, con existencia en hombres y animales, y pregonan que tienen por autor al creador de los cuerpos?”
Ag.- Avergüénzate, pues eres el cantor de la libido. Enrojece, repito; esta libido, tan de tu agrado y contra la que ha de luchar el que no quiera pecar, al consentir en sus incitaciones, no existiría en el Edén antes del pecado. O no existía, o no prevenía o dominaba el querer del alma. Pero ahora no es así; todo hombre lo experimenta en sí mismo; y tú eres hombre. Reprime ese prurito de contradicción y reconocerás el vicio de donde viene el pecado original. No crea el matrimonio esta pasión, la encuentra en los descendientes de Adán; y al usar, por necesidad, de este mal, hace buen uso la castidad, y, por consiguiente, no se le puede con razón culpar. Esta pasión no es un mal en los animales, porque en ellos la carne no lucha contra el espíritu. Pero en los hombres, este mal ha de ser curado por la bondad divina y nunca alabada por la vanidad humana.
Idéntica canción
- Jul.- “¿Qué razón aduces tú para herir primero la inocencia con un crimen ajeno, y luego imputar a la semilla lo que es fruto de la voluntad?”
Ag.- Idéntica canción con la misma música; todo cuanto dices no tiene valor. Por naturaleza, buena es la semilla, pero se vicia también la semilla, y viciada, se propagan los vicios. Que te adoctrine la belleza de los cuerpos. Su autor, sumamente bueno, está al abrigo de todo soborno; no obstante, muchos seres nacen deformes, y de no existir alguna culpa, nadie en el paraíso naciera tarado.
Un yugo que oprime a Juliano
- Jul.- “¿Fue para privar al bautismo de la verdad de una acción que le es propia? ¿Fue para atribuir a Dios, que es la misma justicia, el crimen de una evidente iniquidad, pues dejaría de ser Dios si dejara de ser justo?”
Ag.- Sois más bien vosotros los que esto hacéis, porque si los niños, sin demérito alguno de pecado, sufren un duro yugo, Dios es injusto; pero como no es inicuo, tú eres un calumniador y un ciego.
La circuncisión o el ser borrado de su pueblo
- Jul.- ”… y de una injusticia tan manifiesta, que hasta la autoridad de la ley la condena, y tú falsamente la atribuyes a sus juicios”.
Ag.- Está escrito en la ley: El niño, si al octavo día no fuere circuncidado, será borrado de su pueblo. ¿Por qué motivo? Dilo, si puedes. Pero te es imposible, y, sin embargo, no cesas de negar la existencia del pecado original.
Uno en muchos, repite Agustín
- Jul.- ¿Qué necesidad tenías de proferir tantas blasfemias, si la que te sirve de base no existe? En sí no tenía ninguna importancia, pero te agarras a ella como a una tabla en medio del naufragio, aunque agotado la abandonaste, si bien un poco tarde. Para que con la repetición se clarifique el problema, algunos ignorantes te toleran, si bien te consideren maniqueo, por temor de que la gracia de Cristo no tenga en todos la misma eficacia; pero tú mismo, sin nuestro empujón, has venido, en el transcurso de la disputa, a conceder esta verdad cuando dices que las palabras del Apóstol: la gracia para justificación de muchos delitos tienen plena realización en el hombre de edad adulta, no en los niños, porque en éstos la gracia es más pobre, menguada, medida; y, aunque tú así lo piensas, reconoces no fue nunca formulada por el Apóstol”.
Ag.- Reléase mi respuesta y se verá que nada dices, y como hombre parlanchín no puedes callar. La gracia justifica de muchos delitos, pues Jesús salvó a su pueblo de todos sus pecados. En esos muchos se incluye el uno de los niños; y aunque el pecado original no existiera en esos muchos, el primer pecado y el único de los jóvenes estaría comprendido en esta multitud de pecados; y a los que pidieran ser bautizados en el bautismo de Cristo no se les puede decir: “Ahora no podéis ser bautizados, porque aún no tenéis muchos delitos”, pues la gracia para justificación es de muchos delitos. Con verdad podían ellos responder: En esa muchedumbre de pecados, de los que justifica la gracia, se incluyen los pecados de cada uno, en unos más, en otros menos, pero todos juntos forman multitud.
¿Moderación en la opulencia?
- Jul.- “Según tú, la gracia de adopción produce el mismo efecto en todas las edades; pero, si se trata del perdón de los pecados, no se aplica la misma medida. Hasta ahora todo lo he dicho con gran mesura y paciencia”.
Ag.- Si llamas mesura la cantidad de palabras vertidas en tus ocho libros, escritos contra uno mío, y no completo, tu mesura es demasiado opulenta. Si hasta el momento has obrado con mesura, ¿por qué en tus muchos reclamos contra la verdad no has perdonado a tu alma?
El razonar de Juliano, puro delirio
- Jul.- “En mi precedente discusión me contenté con probar que tú mismo, aunque promovías contra nosotros, en este punto, un gran tumulto, enseñas que el perdón de los pecados no se efectúa en todos de una manera idéntica; de suerte que, aunque pudieras probar la existencia de este pecado natural único, era preciso decir que la disposición de los que se acercan a la gracia no siempre es la misma; y, en consecuencia, la expresión del Apóstol para justificación de muchos delitos tiene sentido pleno en los adultos, no en los de tierna edad”.
Ag.- A tenor de tus vanos discursos, ni en los adultos halla cumplida realización; pues muchos adultos, cuando reciben el bautismo, son incipientes en el pecar y sólo son culpables de un pecado, incluso -es vuestra doctrina- los exentos del pecado original. Otros tendrán pocos, no muchos, y no pueden tener parte en la gracia de Cristo, porque ésta justifica de gran número de crímenes, y éstos no tienen muchos.
Razonar así es, de una manera inefable, delirar. Reconoce al Cristo que justifica y salva a su pueblo; y en estos muchos computa los pocos o el uno en algunos, y no separes de este pueblo la suerte de los niños. Cree que Jesús les es necesario, pues lleva este nombre porque salva a su pueblo de sus pecados, y en él hay niños también.
Canta Agustín el poder de la gracia
- Jul.- “En consecuencia, afirmo que el Apóstol no tuvo la menor sospecha de la transmisión maniquea; muestra, sí, que se haría grave injuria a los misterios de Cristo si se les compara en eficacia con los pecados, es decir, si no creemos produce más beneficios la gracia que males ha causado el pecado. Hace consistir el Doctor de los gentiles la sublime dignidad de la fe cristiana en afirmar que el poder de la gracia es superior al poder del pecado; por eso tiene cuidado en hacer resaltar el efecto de la medicina sobre males inveterados”.
Ag.- Vosotros negáis esta medicina a los niños, y los pretendéis salvar con una falsa y contraindicada defensa. Pero el Dios de los niños, por boca de los lactantes y de los pequeños, canta la alabanza de su medicina, y os confunde a vosotros, que empleáis en su favor una defensa hostil, pues destruye al enemigo y al defensor.
Gracia sanante
- Jul.- “Prueba luego es laudable la gracia si se le pueden aplicar en todo estas palabras: El juicio por uno para condenación, la gracia para justificación de muchos delitos. ¿Con qué permiso privas de esta alabanza a la gracia de Cristo, que el Apóstol quiso poner de relieve? ¿Cómo puedes suprimir este elogio glorioso, con el cual este vaso de elección nos ha querido mostrar la excelencia de la gracia?”
Ag.- Esta gracia no alcanza a los niños si, en vuestra opinión, no tienen ataduras de pecado; pero como en realidad tienen pecado, la gracia que justifica de muchos delitos a multitud de fieles, sana también de este único pecado, y así por boca de los niños confunde el lenguaje de enemigos y defensores falaces.
Absurdo exegético el de Juliano
- Jul.- “Al decir Pablo: La gracia para justificación de muchos delitos, antepone la eficacia del remedio a la abundancia del pecado; sentido este que rima con la doctrina de los católicos, pues enseña que el perdón de los pecados tiene pleno cumplimiento en hombres que han cometido muchos pecados por opción de su propia voluntad; en los que no existe esta opción personal de su querer, es decir, en los niños, ni hay un solo pecado ni abundancia”.
Ag.- Quedan, pues, excluidos de la medicina del Salvador, y Cristo no es para ellos Jesús. ¡Esto dices y osas llamarte cristiano! Además, si, como declaras, el perdón de los pecados ha lugar en aquellos que han cometido multitud de delitos, y así entiendes las palabras del Apóstol: la gracia justifica de muchos delitos, no hay perdón de pecados para aquellos que, en tu sentir, exentos del pecado original, se presentan al sacramento de la regeneración con un solo pecado, o con muy pocos. Pensad en lo que decís. ¿No os sonrojáis, no teméis, no calláis? Pero si los hombres, aprendices en el pecado, sin tener muchos delitos, pueden recibir la gracia que justifica de muchos pecados, ¿por qué en esos muchos no queréis contar el uno de algunos, si no es con la intención de excluir, sin piedad, a los niños de la gracia? ¿Por qué echar sobre vosotros la carga ruinosa de una pésima injusticia, declarando extraños a la gracia adultos que han dado los primeros pasos en el pecado y, exentos de faltas numerosas, sólo pueden acusarse de un solo pecado, o de muy pocos?
Perdona Cristo un solo pecado en los niños
- Jul.- “Al ensalzar el Apóstol la gracia sobre el pecado consolida nuestro dogma”.
Ag.- Al contrario, destruye vuestro dogma, porque esta gracia que antepone al pecado justifica de muchos delitos, y es, por lo mismo, necesaria a pequeños y adultos; y el que perdona todos los pecados de todos los suyos, no rehúsa el perdón a ninguno de los pequeños.
Todos los pecados del mundo son multitud
- Jul.- “Señala ahora dónde iguala el Apóstol gracia y pecado, para que, si no admite tu fe que los remedios aventajan a las heridas, admita al menos no ser uno inferior a la otra; y aunque no lo encuentres escrito en ninguna parte, no es menos cierto que Pablo aborrece esta doctrina y da a conocer su pensamiento cuando dice en resumen: La gracia para justificación de muchos delitos. Ni en tu sentir tienen los niños muchos delitos, y en el del Apóstol, ninguno”.
Ag.- Ni, en tu opinión, tienen muchos delitos los que cometen su primer pecado; sin embargo, no puedes negar que, cuando vienen al bautismo, participan de la gracia que justifica de muchos delitos. Muchos son los delitos de todo el pueblo, entre los que se cuentan los niños; y cuando la gracia justificadora de muchos pecados llega a este pueblo de la ciudad de Dios, en unos encuentra muchos pecados, pocos en otros y uno solo en los niños; y todos sumados son multitud, y con su elevado número confunden tus muchas y vacías palabras. Si, en tu sentir, el Apóstol enseña que los niños no tienen pecado, ¿por qué, en sentencia del Apóstol, están muertos? Porque tú admites también que por ellos murió Cristo: Uno murió por todos; luego todos estábamos muertos; y por todos murió 94. ¡Oh Juliano!, esto lo dijo el Apóstol, no Agustín; o mejor, el mismo Cristo por boca del Apóstol. ¡Frena tu fanfarronería, inclina ante Dios tu frente!
Todos murieron
- Jul.- “En este pasaje consta no habla el Doctor de los gentiles de los niños, sino de los que ya tienen uso de razón”.
Ag.- Digiere la borrachera de tus discusiones, espabila y reconoce que del pecado de uno y único se dijo: Por el delito de uno solo murieron muchos 95. Estos muchos son todos, de los que, en otro lugar, se dice: En Adán todos murieron 96. Verás ahora que los niños están incluidos en estas palabras, pues Cristo -tú lo reconoces- murió por todos, porque al decir el Apóstol: uno murió por todos, como si fuera una consecuencia necesaria, añade: Luego todos murieron y por todos murió.
Todos y todos
- Jul.- “Estas palabras del Apóstol: Como por el delito de uno, la condenación para todos; así por la justicia de uno, la justificación para todos los hombres 97, confirman nuestra doctrina y convierte en ruinas tu dogma. La palabra todos la emplea Pablo en proposiciones contrarias entre las que no puede existir lazo de unión, y nos sitúa en un modo de hablar de la Escritura, para que entendamos todos por muchos. A primera vista, este lenguaje es de una gran absurdez pues, ¿cómo reciben todos la justificación, si todos caminan a la condenación? Y ¿cómo son todos castigados, si todos son arrebatados a la gloria? La universalidad de una de las afirmaciones no deja lugar para la otra”.
Ag.- Por consiguiente, ¿donde se lee: en el que todos pecaron 98, se ha de entender muchos, pero no todos? Si así es, te ves obligado a decir que no todos los pecadores delinquen imitando al primer hombre, sino muchos. Ahora bien, si afirmas que no todos, sino muchos han pecado a ejemplo suyo, porque fueron muchos, no todos los que pecaron, queriendo designar a los niños entre los que no han pecado, se te puede contestar que tampoco murieron en él los niños, y, en consecuencia, Cristo no murió por ellos, porque sólo murió por los muertos, como lo proclama el Apóstol; y así golpeas contra tu pared, pues separas de la gracia de Cristo a los niños por los que has de afirmar que no murió. Y, por consiguiente, negarás que han de ser bautizados en Cristo. Pero, en otro lugar, dice el mismo Apóstol: Todos los que hemos sido bautizados en Cristo, fuimos bautizados en su muerte 99; y son bautizados en la muerte de Cristo aquellos por quienes Cristo murió. No puedes de ningún modo excluir a los niños del pecado original si no los quieres también excluir de la gracia del bautismo de Cristo.
Cuanto a la contradicción que crees detectar en estas palabras: todos caminan a la condenación por Adán, todos por Cristo a la justificación, te equivocas. Nadie, si no es por Adán, está sujeto a condenación, de la que se libran los hombres por las aguas de la regeneración; y ningún hombre es librado de esta condena si no es por Cristo; en los dos términos de esta proposición se emplea el vocablo todos; porque nadie incurre en sentencia de muerte, secuela de la generación, si no es por Adán; y nadie recibe la vida de la regeneración sino por Cristo. En consecuencia, la universalidad de una premisa no excluye la otra; porque de todos los muertos en Adán vivifica Cristo a los que quiere. No te parezcan contradictorias estas dos proposiciones si no quieres estar en contradicción contigo mismo.
Cristo redime a los que quiere
- Jul.- “Si quieres comprobar la solidez de nuestros argumentos, juzga por la herida la naturaleza del remedio. Si Cristo a todos salvó, a todos Adán perjudicó”.
Ag.- ¿No van acaso todos a la condenación por Adán, porque libre Cristo de esta condena a los que quiere? Libera a todos los hombres, porque nadie, si no es él, salva; como se dice que ilumina a todo hombre porque nadie, si no es él, ilumina.
Engendra Adán, regenera Cristo
- Jul.- “Si trocó Cristo el uso de los órganos de la generación, es preciso creer que los pervirtió Adán; y si Cristo reformó algo en los sentidos de la carne, pensemos los deformó la culpa de Adán; si la medicina de Cristo se transmite por generación, dígase que Adán por generación transmitió el delito”.
Ag.- Ya se dio a esto respuesta; pero escucha ahora unas breves palabras. Si fueras cristiano católico, te darías cuenta de que, si Adán transmitió el pecado por generación, Cristo borra el pecado por el sacramento de la regeneración. Engendra Adán de una manera carnal, espiritualmente regenera Cristo. No busques en ambos casos una propagación carnal; porque, si estás de buena fe, has de reconocer que la generación nada de común tiene con la regeneración. Contra la debilidad de la carne lucha ahora la gracia de Cristo, para restaurar la salud perdida; y como garantía de esta curación futura y estable nos da ahora el Espíritu Santo, que derrama la caridad en nuestros corazones, para que en la lucha que en este entretiempo hemos de sostener, no salga la debilidad de la carne victoriosa.
Imposible negar el pecado original
- Jul.- “Y si todos estos órganos permanecen intactos tal como los recibieron de la naturaleza; si la voluntad es atraída a la fe con exhortaciones, milagros, ejemplos, promesas, dádivas o castigos y sin pagar tributo a necesidad alguna; si esta misma voluntad, después de esperar su curación un tiempo, la recibe mediante instituciones, misterios y dones, sin ser forzada, pero sí atraída dulcemente y en la plenitud de su libertad, es evidente, aunque el mundo entero ruja de rabia; es evidente, repito, que la voluntad de cada uno, no su nacimiento, es la que ha sido manchada por la imitación del pecado”.
Ag.- De cualquier lado te vuelvas, no podrás excluir del pecado original a los niños, a no ser niegues han muerto; y si esto niegas, has de negar, en consecuencia, que Cristo haya muerto por ellos; y si, para no negar esta verdad, admites la muerte de los niños, no negarás hayan muerto en Adán; pues si no murieron en él, di cómo murieron.
Si sufren los niños, reconozca Juliano la justicia de Cristo
- Jul.- “Hasta el momento he usado de gran indulgencia; porque aunque fuera verdad que Cristo, desde el tiempo de su venida, cerró a todos los hombres el camino de la muerte y les da vida eterna, de modo que nadie, desde el día en que la Palabra se hizo carne, ni cometiera pecado, ni recibiera castigo por el pecado, no es consecuente nos haya librado, por un exceso de su liberalidad, de las consecuencias de la iniquidad primera; porque Dios puede y suele, para gloria de su bondad, remediar al que no lo merece; pero no puede, sin desquiciar la justicia, castigar al que no tiene pecado”.
Ag.- Y como los niños, desde la salida del vientre de su madre, sufren castigo, reconoce la justicia del juez y admite la existencia del pecado original. Pues no puede Dios, sin destruir la justicia, como tú mismo confiesas, castigar a los que no tienen pecado.
Lucha en esta vida, paz en la eterna
- Jul.- “Pon atención a las conclusiones de este debate. Si la gracia de Cristo y la culpa de Adán se pudieran comparar en sus diversos efectos, de suerte que hubiera igualdad numérica en sus operaciones, aunque el género de estas operaciones fuera distinto, habría que decir que la gracia a tantos aprovechó como la culpa perdió, para que, de una y otra parte, el peso de la culpa y de la gracia fuera en la romana el mismo. Y en esta hipótesis, la medicina debía ser aplicada en aquellos lugares y partes en los que la enfermedad fijó sus reales; en otros términos, si el crimen antiguo ejerció su influencia en los movimientos de la carne, en la sensación deleitosa de la unión, en la obscenidad de los miembros, en las desgracias de los nacidos, por esta transformación, de la que hemos hablado, la medicina obraría un efecto muy diferente. Es, pues, una gran prueba de la inutilidad e ineficacia de esta gracia, pues ni descubre la parte afectada por la enfermedad, ya que, en un estado de languidez y abatimiento naturales, sólo puede aplicar fomentos inoperantes a la voluntad”.
Ag.- Ya contesté a todo esto cuando hice mención de la diferencia existente entre el siglo actual y el futuro. Recibimos ahora, por el don del Espíritu, fuerza para luchar y vencer; allí, sin enemigo interno o externo, gozaremos de una paz inefable y eterna. Todo el que quiera tener aquí lo que ha de poseer allí, prueba no tener fe.
El yugo y la justicia
- Jul.- “Entre estos extremos, la verdad nos muestra que, aunque la medicina otorgada sirviese en general a todos los mortales, incluso a los que, por el esfuerzo o el deseo, no la merecieran, no se seguiría que perjudicara a los niños la culpa, incapaces de arrepentimiento. Y así, aunque la tasación de pecado y gracia fuera igual, es claro que esta manera de pensar no puede llegar a ser prueba de que nacemos culpables”.
Ag.- Con ese pesado yugo que oprime a los niños, ¿cómo Dios es justo, si nadie nace culpable?
Número de los que se condenan y de los que se salvan
- Jul.- “Ahora bien, como no ha pospuesto el Apóstol la gracia a la culpa, sino que le da primacía al decir que el beneficio de la gracia abundó más que la invasión del mal; mientras en opinión de los transmisores del pecado perjudica más el pecado que beneficia la gracia, se prueba, pues, de una manera irrefutable que el apóstol Pablo ni pensó en la transmisión, y, por ende, su doctrina destruye la sentencia de traducianistas y maniqueos, tus maestros”.
Ag.- No dice el Apóstol que “el número de los participantes en los beneficios de la gracia superen a los que han probado los frutos del pecado”. No dice eso el Apóstol, o te engañas, o quieres engañar. Dice, sí, que abundó más la gracia en muchos; no, en un número mayor; era más abundante. En comparación con el número de los que se condenan, son pocos los que se salvan; si no los comparamos con los que perecen, son muchos ¿Por qué más aquéllos que éstos? Es un secreto de Dios que muchos quisieran conocer; pero el conocerlo es de muy pocos o, por mejor decir, de ninguno. Pudo el Omnipotente no crear, pues el conocedor del futuro sabía bien los que habían de ser malos; pero siendo él bondad infinita sabe hacer un uso óptimo de gran número de malos; de ahí que algo nos enseña el Apóstol, es decir, quiso manifestar su cólera y dar a conocer su poder; soporta con inmensa paciencia los vasos de ira, para dar a conocer las riquezas de su gloria en los vasos de misericordia 100. Pero los pelagianos no quieren creer que en un solo hombre esté corrompida toda la masa; de ese vicio y de esa condenación sólo la gracia sana y libera.
¿Por qué apenas se salvará un justo 101? ¿Es acaso trabajo para Dios salvar a un justo? ¡Ni pensarlo! Mas para manifestar que la naturaleza humana justamente ha sido condenada por Dios, a pesar de su omnipotencia no quiere librarla con facilidad de tan gran mal; por eso somos inclinados al pecado y nos resulta laboriosa la justicia si no amamos. Mas la caridad que alumbra este amor viene de Dios 102.
Imposible la brevedad en Juliano
- Jul.- “Como aquí he sido extenso, paso a otra cosa…”
Ag.- Dices esto como si en otra parte fueras a ser más breve, cuando tratas de oscurecer las palabras transparentes del Apóstol con la neblina de tu vanidad.
Justicia de Dios en el dolor de los niños
- Jul.- “Todos, dice el Apóstol, han sido condenados por Adán, y todos justificados por Cristo; sin embargo, no a todos los que mueren en Adán los llama Cristo a la vida; pero dice todos y todos, porque sin Adán nadie muere, y sin Cristo nadie vive. Decimos de un maestro de primeras letras, único en la ciudad: “Este enseña a todos las letras”; no porque todos las aprendan, sino porque nadie las aprende si no es por él. Estos todos son luego muchos; estas palabras todos y muchos se aplican a las mismas personas. Así como por la desobediencia de uno muchos fueron constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos 103. Si nuestro adversario pregunta aún cómo un niño puede ser culpable de pecado, le responderán los libros santos: Por un hombre entró el pecado en el mundo 104. Reconocemos como santos los escritos del Apóstol, no por otro motivo sino porque están en armonía con la razón, la fe, la piedad y nos enseñan a creer en la justicia inviolable de Dios, a defender la bondad y honestidad de sus obras y a proclamar que sus leyes han sido dictadas por la templanza, la justicia y la prudencia”.
Ag.- La misma justicia de Dios te confunde en los niños; porque sería una gran injusticia imponer un pesado yugo a los niños sin estar éstos encadenados al pecado sin haberlo merecido.
Todos pueden ser muchos o pocos
- Jul.- “Por consiguiente, debemos negar que nadie puede ser condenado por un pecado ajeno, negar que ningún pecado puede ser transmitido a los descendientes vía naturaleza; creer y afirmar que el hombre, engendrado en virtud de la fecundidad instituida por Dios, encuentra en su libre albedrío las normas justas para evitar todo mal y practicar el bien; mientras, según vosotros, ha de atribuirse el amor y la necesidad del pecado a un principio sustancial, es decir, a un germen de vida. En consecuencia, no se debe creer en una doctrina tan absurda, insensata, impía, injuriosa a la naturaleza, a la sana razón y a Dios; ni se puede encontrar en los escritos del Apóstol, aunque éste diga que por un hombre entró el pecado en el mundo y la muerte pasó por todos los hombres; pues, para no permitirnos ser ciegos, añade que el vocablo todos quiere decir muchos, y pecan por imitación, no por generación”.
Ag.- ¿Puedes acaso decir también que no todas las naciones fueron prometidas en herencia a Abrahán cuando se le dijo: En tu descendencia serán bendecidas todas las naciones 105, porque en otro lugar dice: Te he constituido padre de muchos pueblos? 106 ¿Puedes, repito, decir esto y con tu vana locuacidad contradecir este pasaje de la Escritura que vemos cumplido por los acontecimientos, y prohibirnos interpretar que todas las naciones le han sido prometidas cuando se le dice todas las naciones? Según tu dialéctica, todas no son todas; porque todas son muchas, no todas.
Cuando se dice muchos se puede entender no todos; sin embargo, si se dice todos y la expresión es exacta, se puede entender muchos, con el temor de que todos sean pocos. Un ejemplo, todos los jóvenes a los que el fuego no tocó, alababan a Dios entre llamas inofensivas; sin embargo, estos todos eran pocos, sólo tres. ¿Cuál es, pues, el valor de tus argumentos en virtud de los cuales no quieres que todos sean todos, porque en otro lugar son muchos? Así, los que son en verdad todos, se llaman a veces muchos, para distinguirlos de los que, siendo todos, en realidad son pocos. Todos los cabellos del hombre son muchos; todos los dedos de una mano son pocos.
Generación, no imitación
- Jul.- “Por último, cuanto dijo el Apóstol queda claro en estas palabras: Así como por la desobediencia de un solo hombre muchos han sido constituidos pecadores; así por la obediencia de uno, muchos son constituidos justos 107; así como nadie obtiene el premio de la virtud sino el que, después de la encarnación de Cristo, se esfuerza por merecerlo, imitando la santidad de Cristo, así nadie es prevaricador en Adán sino el que peca imitando al primer hombre en la transgresión de la ley, que nos dio el conocimiento del pecado”.
Ag.- Este es el oculto y horrible veneno de vuestra herejía: queréis consista la gracia de Cristo en imitarle, no en su don, afirmando que uno se hace justo por la imitación, no por la asistencia del Espíritu Santo, derramado en abundancia sobre todos los suyos; y añadís cautelosamente “después de la encarnación”, a causa de los antiguos, que afirmáis fueron justos sin la gracia, al no tener ejemplo a imitar. ¿Qué diríais si, después de la encarnación de Cristo, algunos, sin haber oído hablar del Evangelio, se esforzaron por imitar los ejemplos de los antiguos justos, y vivir, como ellos, en la justicia?
¿Qué pensar de vuestra argumentación? ¿Dónde os encontráis? ¿Es que éstos no merecen el premio de la virtud? Si la gracia se otorga por la imitación de los justos, Cristo murió en vano 108, pues antes que él existieron justos que pueden imitar cuantos quieren ser justos. Por qué no dice el Apóstol: Sed imitadores, como yo lo soy; sino que dice: Sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo 109. ¿Es que quiere el Apóstol sustituir a Cristo? Veis en qué precipicios os arrojáis, poniendo como modelos a Adán y a Cristo, ¿y queréis oponer la imitación de uno a la imitación del otro, y no la generación a la regeneración?
No hay contradicción entre todos y muchos
- Jul.- “La gracia de Cristo se comunica a los inocentes que no han participado de la culpa de Adán, y es lo que con diligencia inculca el Apóstol: Mucho más la gracia de Dios y el don de un hombre, Jesucristo, abundó sobre todos 110, de suerte que la paridad establecida más arriba imputa a los que ya tienen uso de razón la imitación de los malos hábitos; mientras que la primacía de la gracia copiosa consagra y hace más perfectas las almas inocentes. Esto sentado, has de reconocer que el Apóstol combate tu doctrina, no la mía; sus armas, compréndelo, se dirigen contra ti sólo, pues tu doctrina es la de tu maestro Fausto, del que recibiste las primeras lecciones de tu ciencia herética, doctrina que, aunque no existieran otros textos, puede ser, con firmeza, refutada por este único pasaje donde declara que por la desobediencia de uno solo muchos hombres, no todos, fueron constituidos pecadores, y por la obediencia de uno sólo, muchos, no todos, fueron constituidos justos. Para clarificar más a los ojos de un lector la contradicción existente entre tu doctrina y la suya, sentencia el Apóstol que no todos fueron constituidos pecadores por Adán; tú afirmas que todos en absoluto por Adán, a causa del pecado natural, pertenecen al poder del diablo; no hay duda, entre ti y el Apóstol existe gran contradicción”
Ag.- Al hablar de las mismas personas dice Pablo todos y muchos. Muchos a veces son todos, de otra suerte se contradiría a sí mismo, como vuestra perversidad trata de engañar, o bien os engaña vuestra ceguera. Y como emplea el Apóstol dos vocablos, todos y muchos, demuestra no hay oposición entre los dos. Por todos se pueden entender muchos, porque todos pueden alguna ver ser pocos. Tú, al no decir todos cuando dice el Apóstol todos, quedas, sin duda, convencido de contradecir al Apóstol.
Armonía entre todos y todos
- Jul.- “Tú y Manés decís: Todos naturalmente son pecadores; el Apóstol dice: Muchos, no todos, son pecadores; descarta así de las semillas una acusación imputable sólo a nuestra conducta, y destruye la doctrina de un pecado original. Insistimos en lo dicho; nos manda el Apóstol entender que muchos, por la desobediencia de Adán, fueron constituidos pecadores, y muchos, por la obediencia de Cristo, fueron constituidos justos; evidente, los justos no son los culpables. ¿Cuál es tu impudencia de querer demostrar por estas palabras la existencia de un pecado natural? Afirmas nacer todos culpables en Adán, pero luego dices que Cristo libra a unos pocos. No sientes como el Apóstol, pues él dice muchos, no todos, fueron constituidos, por Adán, pecadores”.
Ag.- No hay contradicción como he dicho; los muchos pueden ser todos; por eso, los que el Apóstol dice son muchos, son todos; que no sean todos no lo dice el Apóstol, lo dices tú, y así estás en contradicción con el Apóstol. Lo que dice el Apóstol es verdad, luego es falso lo que tú afirmas. Y cuando antes dijiste: “con cautela inculcó el Apóstol que la gracia de Dios y el don de un solo hombre, Jesucristo, sobreabundó en muchos, quiere dar a entender que hace mención de un gran número, porque la gracia llega a todos los que aún son capaces de imitar al primer hombre y, o tú te engañas, o el códice es defectuoso; o mientes o has sido víctima de un engañado o engañador, o te falla la memoria.
No dice el Apóstol “un número mayor”, sino muchos. Lee el texto griego y encontrarás B @ 8 8 @ b H , no B 8 g \ F J @ L H . Muchos, no un número muy grande. Afirmó, pues, que la gracia fue mucho más abundante en muchos, no en número mayor, como queda ya demostrado; porque si hubiera dicho, sobre un número mayor, a causa de los niños que participan de la gracia y no del pecado, a imitación del primer hombre, habría dicho algo contrario a la verdad, y sería como uno de vosotros. Si todos los imitadores de Cristo, contados los niños regenerados después de la encarnación, los comparáis a los pecadores que son, en vuestra opinión, todos los imitadores del primer hombre, y que, por el uso del libre albedrío, pecan voluntariamente, desde Adán hasta el fin de los siglos, con claridad se ve de qué lado cae el número mayor, y vosotros caéis vencidos por vuestro error.
Posiciones encontradas
- Jul.- “Si tuviera el pensamiento del Apóstol algún parecido con el tuyo, debió decir: Por la desobediencia de uno todos han sido constituidos pecadores, pero por la obediencia de Cristo algunos retornan al camino de la justicia. Este debiera ser su lenguaje si su pensamiento fuera el que tú imaginas. No obstante, al lado de esta expresión no podía adosar la otra y enseñar que la gracia de Cristo ha sido más beneficiosa que perjudicial nos fuera la iniquidad de Adán; y aunque ignoremos en virtud de qué costumbre se dice que por la desobediencia de un solo hombre muchos han sido constituidos pecadores, es, sin embargo, incuestionable que las palabras del Apóstol no se refieren al pecado original, puesto que el Apóstol imputa este pecado a muchos, pero no a todos”.
Ag.- Sobre los muchos y todos ya respondí. Pero es de admirar no haya hablado el Apóstol como dices debía hacerlo, si quisiera decir lo que nosotros decimos. Porque aunque hubiera dicho, en sentir vuestro, que por el pecado de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, de suerte que el vocablo muchos no se pueda aplicar a todos, sino sólo a los que han pecado por su propia voluntad, imitando al primer hombre, y no dijo que, por la obediencia de Cristo, algunos de entre ellos han sido justificados, proposición que es verdadera, ¿cómo puedes decir que, si el pensamiento del Apóstol rimara con el nuestro, debiera haber dicho: “Por la desobediencia de uno todos han sido constituidos pecadores, pero, por la obediencia de Cristo, algunos han regresado a la justicia?” Como si negarais que entre los transgresores de la ley, que declaráis ser los únicos pecadores por imitar la prevaricación de Adán, algunos, por la obediencia de Cristo, se hayan convertido a la justicia.
Por nuestra parte también nosotros podemos deciros: Si el pensamiento del Apóstol fuera como vosotros pensáis, debió decir: Por la desobediencia de uno, muchos fueron constituidos pecadores, pero por la obediencia de Cristo, algunos se convirtieron a la justicia; o con más claridad, si tal hubiera sido su sentir, debía expresarse así: Muchos judíos, por la desobediencia de un hombre, fueron constituidos pecadores, pues, recibida la ley, pecaron imitando la prevaricación de Adán; pero algunos de ellos fueron justificados por la obediencia de Cristo. Y si no te perjudica al hablar como he dicho debió hacerlo, si su pensamiento fuera semejante al vuestro, ni me debe perjudicar a mí si no habla como tú dices debió hablar, si su pensamiento coincidiera con el mío. Pero el Apóstol habló como juzgó conveniente hacerlo; veamos cuál de nosotros dos rima con su pensamiento: o yo al afirmar es verdad lo que dice: Por el delito de uno para condenación de todos los hombres, y verdad también que por la desobediencia de uno todos fueron constituidos pecadores 111, pues no es contradictorio que muchos sean todos, y todos, muchos; o será verdad lo que dices tú y cuando dice el Apóstol muchos, son muchos, y cuando dice todos, no son todos.
Contagiado de pelagianismo
- Jul.- “Puesta de manifiesto tu ignorancia o desvergüenza, que te imposibilita para querer o poder explicar las palabras del Apóstol, después de haber demostrado a la luz de la verdad, que es Cristo, como él mismo lo afirma 112; después de haber demostrado, repito, que no hay en las palabras de Pablo nada que sirva de apoyo a la locura de los maniqueos, es decir, la vuestra, nos aplicaremos ahora a explicar cómo no se debe ni puede entender; y luego sentar con firmeza y claridad cómo se debe y puede entender Pablo”.
Ag.- Tan abandonado estás de la verdad y tan impotente te ves para decir algo contra las transparentes palabras del Apóstol, que llamas doctrina maniquea la de tantos santos e ilustres doctores, que la aprendieron y enseñaron en el seno de la Iglesia católica, dotados de un sano sentido, y que no podían comprender de otra manera palabras tan claras. Tú, aunque contagiado con el veneno de la peste pelagiana, te ves forzado a confesar que estos doctores no eran maniqueos.
Ni entiende ni quiere entender Juliano la doctrina de la fe
- Jul.- “Escribe Pablo a los Romanos en un tiempo en que los judíos empezaban a mezclarse con los gentiles, y, por consiguiente, las Iglesias se componían de gentiles y judíos, y trata de acallar los tumultos que estallaban en los dos pueblos. Declara que los gentiles no pueden alegar ignorancia de la ley para excusar su impiedad y rendir el culto debido al Dios único a estatuas que representaban hombres, aves, animales y serpientes, porque, sin otras luces que las de la razón natural, pudieron ellos conocer por la creación, sin los ritos y ceremonias judaicas, la existencia de un Dios que se revela en los seres que su omnipotencia creó, aunque su esencia sea impenetrable misterio. Además, la conciencia personal de cada uno da a conocer los preceptos de la ley relativos a la honestidad de vida: por ejemplo, no hacer al prójimo lo que no quieres sufrir; apoyándose, pues, en este principio estable, puede el Apóstol sentar de una manera irrefutable que la impiedad de los gentiles puede con justicia ser condenada, si no es por la ley, sí por esa justicia primaria que ha dictado la ley; y ante su tribunal, los que han vivido sin ley serán juzgados sin la ley.
Pero le importaba más al Apóstol reprimir el orgullo de los judíos, despreciadores de los gentiles, pues confiados en las purificaciones legales, pensaban que la gracia que perdona los pecados les era menos útil que a los gentiles, porque, en virtud de los preceptos de la ley, ellos habían evitado el pecado; y el Apóstol tritura con fuerza este argumento, demostrando que el perdón les fue otorgado con una gran indulgencia, porque, a pesar de las advertencias de la ley, pecaron con pleno conocimiento. Y les prueba que son más culpables y debían ser más severamente castigados en el tribunal de la justicia, ante el cual los que pecaron por la ley, serán juzgados por la ley; pues no son justos delante de Dios los que oyen la ley, pero los que la cumplen serán justificados 113. Establecido este principio, emplea el Apóstol toda su carta en reprimir el orgullo de los judíos y rechazar las vanas excusas de los gentiles, para concluir que la medicina de Cristo es igualmente útil a los dos pueblos”.
Ag.- Negáis esta medicina a los niños, a los que la misma ley manda circuncidar al octavo día, símbolo prefigurativo de la gracia, pues el día octavo, después del sábado, que es el séptimo, nos recuerda la resurrección. Y ni podéis ni queréis entender que un niño, muerto sin la gracia de Cristo, perecerá sin remedio, como fue dicho del niño; pues, si no fuera circuncidado, sería borrado de su pueblo 114; castigo al que es imposible encontréis razón al negar nazcan los niños en pecado original.
En Rm 2, 13 no habla Pablo de la circuncisión
- Jul.- “Perdonó Cristo los crímenes voluntarios, de los que libremente se podían abstener, y se dignó conceder la gloria de una eternidad feliz a cuantos conforman su conducta al ejemplo de su vida, norma y dechado de todas las virtudes. Se dirige Pablo a los dos pueblos, y adapta su argumentación a las exigencias del tiempo y del derecho; y en los pasajes aquí mencionados ataca el Apóstol a los israelitas, que despreciaban a los venidos de la incircuncisión, hasta el punto de pretender que, incluso con la ayuda de la fe, no podían gozar de su compañía.
Para abatir este orgullo, se remonta el Apóstol a los orígenes de la nación judía y les demuestra que, en el principio mismo de la circuncisión, no tenía el prepucio una importancia tal que con él fueran injustos y, mutilado, les confiriese la justicia”.
Ag.- Cuando esto decía el Apóstol no hablaba de la circuncisión ni del prepucio, sino de los preceptos de la ley, entre los que está: No codiciarás 115, como él mismo lo recordó. ¿A qué vienen, pues, vuestras tergiversaciones? Queriendo cegar a los ignorantes, sois los primeros en perecer.
Cumple Dios sus promesas
- Jul.- “No por la ley, sino por la justicia de la fe fue hecha a Abrahán la promesa de ser heredero del mundo. Porque si son herederos los de la ley, la fe carece de objeto y la promesa queda abolida; porque la ley produce la cólera; donde no hay ley no existe prevaricación. Por eso depende de la fe, para que sea favor de gracia, a fin de que la Promesa quede asegurada para toda la posteridad, no tan sólo para los de la ley, sino también para los de la fe de Abrahán, padre de todos nosotros, como está escrito: “Te he constituido padre de muchos pueblos”, padre ante aquel a quien creyó de Dios que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean. Creyó en la esperanza contra toda esperanza y fue hecho padre de muchas naciones, según se le había dicho: “Así será tu descendencia”. No vaciló su fe al ver su cuerpo sin vigor -tenía unos cien años-, y el seno de Sara era igualmente estéril; en presencia de la promesa divina, no vaciló en su fe; antes bien, su fe le llenó de fortaleza, y dio gloria a Dios, sabiendo con toda certeza que poderoso es Dios para cumplir lo que prometió. Por eso le fue reputado como justicia” 116.
Ag.- ¿No te da vergüenza citar esta perícopa, tú que impugnas la gracia, que hizo posible estas promesas? Blasfemas contra Dios cuando dices: Nosotros hicimos lo que él prometió hacer. Isaac, hijo de la promesa hecha a Abrahán, era imagen de cuantos habían de ser justos, no por sí mismos, sino por el querer de Dios. Por eso dice por boca del profeta a toda la Iglesia: Yo, el Señor, te formé 117. Por eso se les llama “hijos de la promesa”, según el pasaje clarísimo del Apóstol: No falla la palabra de Dios; no todos los que son de Israel, son Israel; ni porque sean descendientes de Abrahán, son hijos; es decir, no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendientes 118. Dios cumple lo que promete; así todo esto es un apoyo para los que ponen su confianza en Dios; y confunde a cuantos ponen su esperanza en su poder; y así como edifica la fe católica, destruye el error pelagiano.
Inflacionismo de Juliano
- Jul.- “Este pasaje es en su totalidad contrario a vuestra doctrina, como en el primer volumen queda probado; y si fuera oportuno volver a discutirlo, lo haríamos. Por el momento hacemos resaltar que la promesa hecha a Abrahán es recompensa de su fe; por ella se le anuncia será padre de naciones numerosas, número que no será restringido al hacerlo padre de un pueblo; pues no se excluye sea también padre de muchos pueblos, como recompensa a la prontitud de su fe. No dice la Escritura que le fue reputado por él, sino también por nosotros, a quienes ha de ser imputada la fe; a nosotros que creemos en aquel que resucitó de entre los muertos a Jesucristo, nuestro Señor, que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación” 119.
Ag.- Decidnos, ¡oh vanos y pomposos inflacionistas, no defensores, del libre albedrío!, que, ignorando la justicia de Dios y empeñados en establecer la vuestra propia, no os sometéis a la justicia de Dios; decidnos, repito: si los gentiles hubieran rehusado creer y vivir conforme a la justicia, ¿no habría surtido efecto la promesa hecha a Abrahán? No, dirás. Para que, en recompensa de su fe, se multiplicara la descendencia de Abrahán, fue preparada la voluntad de las naciones por Dios, y aquel que tiene poder para cumplir sus promesas hizo que quisieran los que podían no querer.
La ayuda viene de Dios
- Jul.- “Y como nos propone como modelo de fe al aún incircunciso Abrahán y en virtud de esta fe obtiene una gran descendencia, ¿en virtud de qué norma, tú, judío, no admites a participar de la justicia a los gentiles, quienes, por su fe en el poder de Dios, son los verdaderos imitadores de la fe de Abrahán?”
Ag.- ¡Qué bien hablas contra ti! Porque si ellos creen en el poder de Dios, no confían, como vosotros, en su poder para ser justificados; es decir, para llegar a ser justos, sino en aquel que justifica al impío.
No se puede hacer a Dios mentiroso
- Jul.- “¿Por qué crees tú, dice el Apóstol, que, sin las consagraciones legales, pueden las naciones pertenecer al árbol genealógico de Abrahán, cuando consta que la promesa hecha a Abrahán es anterior a la ley y no se atribuye a las abluciones, sino a las costumbres?”
Ag.- Estas costumbres, que sin duda se entiende son buenas, si como piensas son obra del hombre, debieran ser obras de la divina predicción, no de una promesa, para que no se pudiera decir: Poderoso es Dios para cumplir su promesa 120; sino que debió decir: El que tiene poder para preanunciar lo que ha previsto; o también: Es poderoso para revelarlo. Cuando dicen los hombres: Lo que Dios promete nosotros lo cumplimos, se empeñan en hacerse poderosos y por orgullo hacen a Dios mentiroso.
Dios nos da el querer
- Jul.- “Si son herederos por la ley, la fe carece de objeto y queda abolida la promesa 121. Si no se entienden bien estas palabras, presentan una cuestión interesante; porque, sin duda, estos que el Apóstol llama hijos de la ley, antes los llama hijos de la circuncisión, y conoce su orgullo, pues creían que nadie, excepto ellos, podía llegar a la dignidad de hijos de Abrahán; y sienta como conclusión el Apóstol que no sólo los circuncisos, sino también los incircuncisos pueden ser imitadores de la fe de Abrahán y han de ser tenidos, con toda justicia, como hijos de Abrahán”.
Ag.- ¿Y si no quisieran los incircuncisos, quedaría anulada la promesa? Te ruego pongas atención en comprender de qué gracia sois enemigos al negar la acción interior de Dios en la voluntad de los hombres, acción que nos hace creyentes, no a pesar nuestro, esto sería un absurdo mayúsculo, sino que nos da la voluntad de creer cuando aún no teníamos voluntad. Y no a la manera de un doctor que enseña, exhorta, amenaza y promete. Todo esto de nada serviría si Dios, cuyos caminos son irrastreables, no obrara internamente el querer. Cuando con sus palabras planta y riega un doctor, podemos decir: Quizá crea el discípulo, quizá no crea, pero si Dios da el crecimiento, sin duda cree y crece. Esta es la diferencia entre ley y promesa, letra y espíritu.
La justicia, don de Dios
- Jul.- “Después de hacernos anteriormente ver que no pueden los gentiles ser excluidos de la participación de la justicia, sino que, por la misma fe, son contados con los circuncisos como hijos de Abrahán, añade el Apóstol: ninguno de la circuncisión tiene parte en la promesa hecha a Abrahán. Estas dos proposiciones, de no entenderse correctamente, son contradictorias. Cuando dice Pablo: Si son herederos los de la ley, la fe carece de objeto y queda la promesa abolida, no dice, ningún judío puede, por la fe, ser considerado heredero de la antigua promesa, pero falta el vocablo, cuya laguna suple la inteligencia, y es que, hijos de la ley, no son ellos solos los herederos; como si dijera; si los de la ley son los únicos herederos, la fe carece de objeto. Y parecerían excluidos los incircuncisos si la herencia de la bendición sólo perteneciera a los circuncisos. Hay que tener en cuenta que, en el lenguaje de la Escritura, no afirmar una cosa no equivale a negarla y suele dejar a la inteligencia del lector suplir las palabras que no se expresan”.
Ag.- Así lo entienden los que no entienden. Por favor, ¿por qué no advertís que no son herederos por la ley, porque la ley produce cólera, y donde no hay ley no hay transgresión? 122 Los que han recibido la ley son herederos en virtud de la promesa, porque Dios cumple lo que promete. El creyente que cree que puede cumplir los preceptos de la ley por su libre albedrío, sin la inspiración de la gracia, quiere establecer su propia justicia, no recibir la justicia de Dios. Por qué lo dice el mismo Apóstol: Y se halló en él, no con la justicia mía, la que viene de la ley, sino por la que viene de la fe, la justicia que viene de Dios 123. ¿Por qué llama justicia suya a la que viene de la ley, y la rechaza; y no suya a la justicia que viene de Dios, y es justicia de fe? ¿Acaso la ley no viene de Dios? ¿Quién, sino un infiel, lo puede afirmar? Pero llama justicia suya la que viene de la ley, porque por ella, teniendo demasiada confianza en sus propias fuerzas, se imagina le basta la ley para cumplir los mandamientos de Dios.
Por la fe la justicia, se dice, viene de Dios, porque da a cada uno según la medida de su fe 124; y a la fe pertenece creer que Dios obra en nosotros el querer y el obrar 125, como actuó en aquella vendedora de púrpura a quien el Señor abrió el corazón para que comprendiese las enseñanzas de Pablo 126. Por consiguiente, los judíos que creyeron en Cristo, en cuyo número se cuenta Pablo, no son herederos en virtud de la ley, sino de la promesa. Por eso dijo: Tu descendencia será la de Isaac, porque no son hijos de Dios los hijos de la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendencia 127.
Como mano de almirez
- Jul.- “Resume así su argumentación el Apóstol: Si sólo son herederos de la bendición los hijos de la ley, entonces quedan excluidos los incircuncisos, mientras ningún hijo de la ley quedaría fuera de la bendición; es decir, si la circuncisión tiene tal virtud que, sin ella, la fe no tiene eficacia alguna, como los gentiles serían también, evidentemente, reprobados, así quedaría probado que ningún judío podía ir jamás por el camino de la perdición”.
Ag.- ¿Dónde ves tú la consecuencia, ¡oh dialéctico mediocre? ¿Es consecuente que, si los hijos de la ley son los únicos herederos de la bendición, ninguno de los que han recibido la ley sea privado de la bendición? ¿Acaso porque nadie pueda ser heredero si no se bautiza, se sigue sean herederos todos los bautizados? Digo esto, no porque esta sea la cuestión a ventilar entre nosotros, sino para probar tu sutileza, pues la mía, dices, es más roma que mano de almirez.
Renacimiento del agua y del Espíritu Santo
- Jul.- “Como reconocéis, los transgresores de la ley no son herederos de la bendición porque la ley produce en ellos la cólera; consta, pues, no depender esta promesa de la circuncisión, sino de la fe. La promesa quedaría sin efecto si, al margen de la ley, nadie fuera justo; porque la ley fue promulgada 430 años después de la promesa. Y si fuera de la ley no se hubiera cumplido la promesa, sería necesario decir que Abrahán, Isaac y Jacob, y todos los santos que han vivido en este intervalo de tiempo, habrían estado privados de la bendición”.
Ag.- Más bien la promesa quedaría sin efecto si alguien se hiciera justo por la ley. Si son herederos los de la ley, la fe carece de objeto, y la promesa queda abolida; la ley produce la cólera 128; para escapar de la ira se requiere la gracia de Dios.
Juliano priva a los niños de la gracia
- Jul.- “Esta doctrina es manifiestamente contraria a la verdad; porque, bajo la ley, los pecadores eran castigados y, antes de la ley, la justicia y la fe no se vieron privadas de su merecida recompensa; consta, pues, que la gloria de esta promesa pertenece, no a los cuerpos mutilados por el hierro, sino a las almas distinguidas por una perfecta integridad de costumbres. Continúa en Pablo una sentencia que fulmina la teoría de la transmisión del pecado. La ley produce la cólera; donde no hay ley no hay transgresión. Prueba, pues, que ha sido dada la ley a los niños aún en el seno de sus madres; que la ley les puede ser intimada al nacer, y así pueden ser acusados y convencidos de transgresión. Con el Apóstol creemos y defendemos que esta doctrina nada tiene de irrazonable; creemos imposible ser transgresor en una edad en que no se puede ser sujeto de la ley; porque donde no hay ley, no hay transgresión. Y si produce ira esta ley, no es culpa suya, sino de la iniquidad de los que anteponen sus pecados a las virtudes”.
Ag.- ¿No es ley de Cristo ésta: El que no renazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios? 129 Ley que ves se aplica también a los niños. Pero dime, el niño cuya vida sería exterminada de en medio de su pueblo si no era circuncidado al octavo día 130, ¿de qué transgresión era culpable para ser con tal suplicio castigado? Sin haber cometido culpa alguna personal era considerado culpable por la semejanza de la prevaricación de Adán en el que todos pecaron 131. Torcer palabras tan rectas, oscurecer sentencia tan clara es obra ingente y trabajo vano de tus intentos.
La gracia es necesaria
- Jul.- “Probó el Apóstol que las palabras le fue imputado a justicia no fueron escritas sólo por Abrahán, sino también por nosotros, a quienes se nos imputa si creemos en Dios, que resucitó a Jesucristo de entre los muertos; fue entregado por nuestros delitos y resucitó para nuestra justificación” 132.
Ag.- Vosotros priváis de la gracia a los niños al sostener que no han contraído pecado original; de donde se deduce que no tienen parte en los beneficios que Cristo nos otorgó al entregarse por nuestros delitos… Y pensando y enseñando estas cosas, ¿os atrevéis a llamaros cristianos católicos?
Cristo murió por los niños
- Jul.- “¡Con qué energía inculca el Apóstol que un Dios justo no puede castigar a unos por los pecados de otros! Y queriendo hacernos comprender el valor de la muerte de Cristo, elige con cuidado la palabra, y nos dice que murió a causa de nuestros delitos, que eran muchos y eran nuestros, y no por un pecado cometido por otro, muerto hacía siglos”.
Ag.- No es un absurdo se llame la desobediencia de un hombre delito ajeno, porque, aún no nacidos, éramos incapaces de un acto personal, ni bueno ni malo. Mas todos estábamos en Adán pecador cuando pecó, y por la naturaleza y gravedad de este pecado toda la naturaleza humana quedó viciada, como lo demuestra el estado de miseria de todo el género humano; y este pecado ajeno se hace nuestro mediante una funesta sucesión. De ahí las palabras de un doctor católico que comprendió a la perfección el pensamiento del Apóstol: “Todos nacemos bajo el pecado, y nuestro mismo origen está viciado” 133.
Si queréis admitir la interpretación dada por éste y otros doctores en la verdad católica, no os veréis obligados a negar a los niños el beneficio de la muerte de aquel que fue entregado por nuestros delitos; pues uno murió por todos. Luego añade: Todos hemos muerto; y por todos murió 134. Vosotros reclamáis contra estas palabras y decís: “Los niños no están muertos”, pero clamad entonces y añadid: “Luego Cristo no murió por ellos”. Y ved ahora si no sois los muertos vosotros, pues rehusáis a los que lo están los beneficios de la muerte de Cristo, por temor a que vivan. Porque, en vuestra opinión, el pecado de un muerto hace mucho tiempo, no debe serles imputado. Y no pensáis en que, si el primer hombre, Adán, murió hace ya mucho tiempo, Cristo es el segundo hombre después de Adán, y entre uno y otro han nacido millares de hombres. Es, pues, evidente que todo hombre nace del primero, por sucesivas generaciones, y pertenece a Cristo todo el que, por beneficio de la gracia, renace; de ahí que todo el género humano son, en cierto sentido, dos hombres: el primero y el segundo.
Uno en los muchos
- Jul.- “El que habla de muchos delitos, ni sospechó siquiera del único pecado de los maniqueos, partidarios de la transmisión”.
Ag.- Sin embargo, hombre discutidor, si una multitud de pecadores se acercase a las aguas purificadoras de la regeneración, y cada uno hubiera cometido un solo pecado desde el día en que voluntariamente pecó, todos estos pecados reunidos se podían calificar de muchos; pero por esta tu sinrazón, privarías de la gracia que justifica de muchos delitos a todos estos, porque, según vosotros, todo hombre que haya cometido un solo pecado no puede participar del beneficio de la gracia.
¿Cuánto más numerosos serán estos pecados si se les suma a todos los que en mayor o menor número se cometen por voluntad personal de cada uno? Y de todos libera esta gracia, de la que está escrito: Para justificación de muchos delitos 135. “Existió Adán, y en él existimos todos; pecó Adán, y en él todos perecieron” 136. Son palabras de Ambrosio, que, a pesar de tus calumnias, no era maniqueo. Enseña Cipriano que los niños contraen el contagio de la muerte eterna en su nacimiento 137, y no era, como tú le calumnias, maniqueo. Todos pecaron en Adán, dice Hilario 138 al que calumnias como maniqueo. Y porque era y persevera católica la Iglesia no pudo soportaros en su seno, porque vuestros sentimientos y enseñanzas son contrarios a su doctrina. Y porque quiere permanecer católica protege la debilidad de sus niños con vuestra condena.
Dios justifica perdonando y derramando amor en los corazones
- Jul.- “Justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos acceso a esta gracia, en la que nos hallamos y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios 139. Vosotros, los que veis que la justificación os fue conferida por el perdón de los pecados, conservad entre vosotros una concordia inalterable, y animados de los mejores sentimientos, alabad, con un solo corazón los dones del Mediador, cuya liberalidad para con nosotros nos permite tener acceso a esta gracia; de este Mediador que hizo libres a los que su justicia tenía por culpables y que, efectivamente, lo eran, y libró del castigo, no por un efecto de la naturaleza, sino de la voluntad, y nos ha concedido a nosotros, que esperábamos eternos suplicios, nos gloriemos en la esperanza de la gloria de Dios”.
Ag.- Sólo vosotros sostenéis que esta justificación consiste sólo en el perdón de los pecados. Justifica Dios al impío no sólo perdonando los pecados cometidos, sino donando la caridad para que evite el mal y haga el bien, ayudados por el Espíritu Santo, cuyo socorro incesante imploraba el Apóstol para aquellos a quienes escribe: Pedimos a Dios no hagáis nada malo 140. Y a esta gracia declaráis la guerra, y no para defender el libre albedrío, sino para destruirlo con vuestra presunción.
No pecar es ya gracia
- Jul.- “Para una mejor comprensión de la virtud y seguridad de esta doctrina, habla el Apóstol de los beneficios que la filosofía cristiana confiere a los fieles, y dice: Y no sólo esto, sino que nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra paciencia; la paciencia, prueba; la prueba, esperanza, y la esperanza no se avergüenza, porque la caridad de Dios ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado 141. Esto es: No sólo estos beneficios nos han permitido encontrar nuestro gozo en la generosidad de los dones recibidos; pero ahora, en medio de las angustias que nos oprimen, experimentamos una nueva alegría en la posesión de la virtud, y nos reímos del furor de los perseguidores y de la crueldad de los impíos, pues lo juzgamos como una lección de paciencia, no un obstáculo para la felicidad, de manera que evitamos el pecado, no sólo por la recompensa, sino porque el no pecar lo consideramos ya un premio”.
Ag.- Si el no pecar es ya un premio, ¿quién otorga este premio? Espero no digas: El hombre mismo; aunque, en virtud de tu detestable herejía, te ves forzado a decirlo. Y si es Dios el que da al hombre el premio por no pecar, me parece que más que una recompensa es un don, para que no se piense en méritos humanos precedentes. A los que sostienen que la gracia de Dios se da según nuestros méritos, los condenó el mismo Pelagio 142. Cómo se concede este don de no pecar, tú mismo lo dijiste antes, al recordar estas palabras del Apóstol: Porque la caridad de Dios se derramó en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Por eso, según la filosofía cristiana, el gloriarse en las tribulaciones no es nuestro, pues lo hemos recibido; por eso se le dice al hombre que no debe gloriarse en sí mismo: ¿Que tienes que no lo hayas recibido? 143 Sin embargo, nos gloriamos, pero no como si no lo hubiéramos recibido; nos gloriamos en aquel que nos lo dio para que el que se gloría se gloríe en el Señor 144. Esta es la gracia que enseña la fe católica. ¿Por qué, por favor, vuestro error la combate, cuando os convence con vuestras mismas palabras?
Don de Dios
- Jul.- “Cuando en los dos Testamentos vemos la realización de las promesas hechas a los hombres, contamos, entre las vanidades, los bienes y males de la vida presente, y juzgamos por la grandeza de la caridad de Dios para con nosotros de la fidelidad de sus promesas. Y en nuestra esperanza no seremos confundidos por la privación de los bienes eternos, pues como garantía de dicha eterna tenemos la caridad de Dios, que ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado; es decir, por los dones del Espíritu Santo, Dios ha probado su amor al género humano”.
Ag.- Tú no quieres comprender que entre estos dones está el no pecar; y, confiando en tus fuerzas, pretendes hacerte a ti mismo este don. Por favor, no te enfurezcas: maldito todo el que pone su confianza en el hombre 145.
La gracia de ser fieles
- Jul.- “Otorgará fielmente a sus fieles lo que les ha prometido”.
Ag.- Sí, les concederá la gracia de ser fieles, porque prometió a Abrahán la fe de los gentiles; así lo proclama un fiel insigne: He obtenido del Señor la gracia de ser fiel 146.
Cita Juliano textos contra su error
- Jul.- “El que no perdonó a su Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros 147 -y por el que nos consagró por la operación del Espíritu Santo, sin duda- nos ha dado ciertamente todo con Él. En efecto, cuando aún estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos” 148.
Ag.- Citas textos inspirados que destruyen vuestro error. No dice: Cristo murió también por los impíos, sino por los impíos. Y como, en otro lugar, confiesas que también por los niños murió 149; sin embargo, no sé con qué cara niegas que la impiedad del primer hombre se les transmita por generación. ¿Cómo pueden pertenecer a aquel que murió por los impíos?
Necesitan los niños de Jesús
- “Apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir. Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros aún pecadores, murió por nosotros. Con más razón, justificados ahora por su sangre, seremos por Él salvos de la ira. Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados por Dios, por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación 150. Nos demuestra Pablo con qué amor hizo Cristo todas las cosas, al dignarse morir por quienes ningún bien merecíamos”.
Ag.- Tan matizadas están tus palabras, que dan la impresión de poderse aplicar también a los niños, pues concedes que nada bueno han hecho; pero este lenguaje no es el del Apóstol cuando dice: Cristo murió por los impíos y pecadores. En vano pretendes tú limitar la gran misericordia de Cristo, pues murió por los culpables, y vosotros queréis privar a los niños de tan gran beneficio del Salvador, enseñando que se salvan sin Él, cuando afirma: Los sanos no necesitan de médico 151; no necesitan de médico los niños, pues para ellos, según vosotros, no es Jesús; pero con toda certeza es Jesús para ellos, pues necesitan de su ayuda. ¡Apartaos de nosotros, malvados! Los niños necesitan de Jesús; él los libra de sus pecados y por eso se llama Jesús; testigo el ángel: Le impondrás el nombre de Jesús, pues librará a su pueblo de sus pecados 152.
Por ellos Cristo murió
- Jul.- “Cuantos pisotearon por amores culpables la ley y la razón y se fueron tras sus apetencias, sufrieron el castigo de su propia conciencia, cuya voz es potente. Pero como consta que con frecuencia los profetas se distinguieron por su desprecio a la suerte por causa de la justicia, y muchos otros, por poderosos motivos o por la gloria rutilante de la fama, han corrido a la muerte con ánimo sereno; para que la perfección singular de la virtud de Cristo no palidezca en comparación de aquellos excelsos varones, quiere el Apóstol probar que la caridad y fortaleza de Cristo rayan a una altura inalcanzable.
Reconozco, aunque sea un caso raro y excepcional, que unos pocos han elegido morir por causas justas y buenas; pero en ellos la excelencia de la causa, es decir, la sublimidad de la causa que defendían, mitigaba el dolor de los tormentos; Cristo, por el contrario, nada amable encontró en la conducta de los impíos, y, sin embargo, no rehusó sacrificarse por aquellos que se habían envilecido por su propia voluntad. Es, pues, evidente que la virtud de Cristo es superior a las virtudes de todos los hombres; porque si unos pocos lo igualaron en el sufrimiento, en él la causa no tiene igual. No desesperemos, pues, de su liberalidad; porque, si por nosotros murió siendo aún pecadores, mucho más, justificados ahora por su sangre, seremos salvos de la cólera por él”.
Ag.- No excluyáis a los niños del número de los pecadores; porque también por ellos confesáis murió Cristo.
Cristo mediador
- Jul.- “Y después de la reconciliación que hemos merecido por obra del Mediador, debemos nutrir el alma con los gozos eternos, y esperar, no sólo la salvación, sino también la gloria”.
Ag.- Pon atención, te lo ruego, en lo que dice el Apóstol, y por qué motivo fue el hablar del primer hombre; trataba, sí, de la reconciliación que tenemos con Dios, y tú mismo reconoces ser obra del Mediador, Cristo. Escucha las palabras del Apóstol: Justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo. Y poco después: Si cuando aún estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, murió por los impíos. Y de nuevo: La prueba de que Dios nos ama es que, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros; con mayor razón, justificados ahora por su sangre, seremos salvos de la ira por él. Escucha aún: Si cuando éramos enemigos hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, reconciliados ya, seremos salvos en su vida. Después de hablar muchas veces de esta reconciliación, la recomienda una vez más diciendo: Por el que ahora recibimos la reconciliación; y concluye: Por eso, así como por un hombre entró el pecado en el mundo… 153
Como por uno las enemistades, por uno, Cristo, la reconciliación. Y todo el que dice que los niños están libres de pecado, fuente de enemistades, les niega tener parte en esta reconciliación, por la cual Cristo es el Mediador; en consecuencia, los excluye de la justificación, que ha lugar por la sangre de Cristo; sangre que fue derramada, como dice cuando invita a los hombres a beber, para el perdón de los pecados. Por consiguiente, a los niños, si no tienen pecados, la muerte de Cristo en nada les beneficia; pues por ella somos reconciliados con Dios cuando éramos enemigos; y los niños, según vosotros, no lo fueron. Porque para morir al pecado, causa de nuestras enemistades, y llegar a la reconciliación, nos dice el mismo Apóstol: Todos los que hemos sido bautizados en Cristo, hemos sido bautizados en su muerte. Antes de llegar a estas palabras había dicho: Si estamos muertos al pecado, ¿cómo viviremos en él? Y, al momento, para demostrar que estamos muertos al pecado, dice: ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo, fuimos bautizados en su muerte? 154 ¿Dónde está la libertad y fortaleza de vuestro ánimo? ¿Por qué teméis confesar lo que no teméis creer, esto es, que no es necesario bautizar a los niños en Cristo, pues afirmáis no tienen pecado al que morir?
Exégesis de Rm 5, 12
- Jul.- “Como por un hombre entró en el mundo el pecado y por el pecado la muerte, así la muerte pasó por todos los hombres, en el que todos pecaron 155. Para doblegar el orgullo de los judíos, que reivindicaban para los de su raza la santidad como privilegio de la ley, creían que el perdón de los pecados no les era tan necesario como a los gentiles; y el Apóstol ataca la conducta morbosa del hombre y arremete contra una multitud de pecadores, para que el testimonio de un mal antiguo haga comprender cuán extenso era el dominio de la iniquidad en el mundo, y mostrar la multitud de crímenes inveterados, transmitidos por la corrupción de los padres por caminos de mutua imitación, y que han sido borrados por la gracia de Cristo. Por esto hace mención del primer hombre, que no fue el primero en cometer pecado, pues consta que antes había pecado la mujer; pero por privilegio del sexo asumió la responsabilidad de la culpa; y por este hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, sin duda la que se promete a los pecadores, es decir, la eterna; y así la muerte pasó por todos los hombres, en el que todos pecaron. Indica, pues, con claridad qué muerte pasó a la posteridad por imitación, no por generación”.
Ag.- Te respondí ya por qué no mencionó a la mujer, de la que tomó origen el pecado, sino al hombre solo; y es o porque está incluida en el varón con el que forma una sola carne, o porque la generación tiene en el hombre su origen, y por ella quiere dar a entender que entró en el mundo el pecado. Mas vosotros, hombres que sostenéis que la muerte, secuela del pecado, ha sido transmitida a la posteridad por imitación, no por generación, ¿por qué no afirmáis con claridad que los niños no deben ser bautizados en Cristo? Y si han de ser bautizados en Cristo, como todos los bautizados en Cristo son en su muerte bautizados, y sin duda mueren por el pecado; por esto dice el Apóstol que estamos muertos por el pecado, porque hemos sido bautizados en la muerte de Cristo. Primero dijo: Si estamos muertos por el pecado, ¿cómo viviremos en él? Luego, para probar que estamos muertos por el pecado, dice: ¿Ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
En consecuencia, el que no tiene pecado no puede morir al pecado en el bautismo; y todo el que va a ser bautizado, no muere al pecado ni es bautizado en la muerte de Cristo, y, por consiguiente, no es bautizado. ¿Por qué tergiversáis? Abrid libremente los portones de vuestro infierno, para que con entera libertad entren a vosotros cuantos no quieren que sus niños, muertos por el pecado, sean vivificados en el bautismo.
Comentan Juliano y Agustín
- Jul.- “Después de haber dicho; pasó por todos los hombres, añade el Apóstol en seguida: en el que todos pecaron. Estas palabras en el que todos pecaron significan sólo porque todos pecaron, según aquello de David: ¿En qué corregirá el joven sus caminos?; es decir, ¿cómo rectificará su camino? Cumpliendo tus palabras 156. Así, en lo que se rectifica, se corrige. Lo mismo cuando el Apóstol dice que la muerte pasó por todos, porque todos, al pecar, imitan al primer pecador por su propia voluntad; y nunca pensó en aplicar al pecado ni a Adán las palabras en el que, sino que con ellas quiso expresar a todos los pecadores”.
Ag.- Abre los ojos: todos mueren en Adán; y si los niños no mueren en él, no pueden renacer en Cristo. ¿Por qué recurrir a una culpable hipocresía y los presentáis al bautismo del vivificador y salvador, si los proclamáis sanos y salvos y no queréis sean vivificados y curados?
Se repite Juliano. Todos y muchos
- Jul.- “El vocablo todos significa también muchos, como lo declaran innumerables pasajes de la Escritura. Por ejemplo: Todos andan descaminados y se hicieron inútiles; y poco después: que devoran a mi pueblo como pan 157, indicando así ser este pueblo diferente de todos los que había señalado como obradores de maldad. Y en el Evangelio se lee: Todo el pueblo clamó: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! 158; sin embargo, en la universalidad de esta expresión no vamos a incluir a los Apóstoles, a Nicodemus, ni a las santas mujeres. Y en este mismo pasaje en el que ahora dice todos, antes dijo Pablo muchos”.
Ag.- A esto ya respondí. Todos y muchos no se contradicen, porque todos no son pocos, sino muchos. Las palabras del salmo: Todos se desviaron y se hicieron inútiles, son verdad, pues distingue a los hijos de los hombres, descarriados todos, de los hijos de Dios, no descarriados y que eran devorados; Dios miró desde el cielo a los hijos de los hombres, todos fuera de camino, exceptuados los hijos de Dios. A esta totalidad descarriada de los hijos de los hombres pertenece aquel pueblo que gritó: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Y a este pueblo no podían pertenecer los creyentes en Cristo.
Explica, si puedes, el sentido de esta frase: Uno murió por todos, y atrévete a decir que Cristo no murió por todos los muertos; al momento te trituraría el Apóstol y reprimiría tu audaz insolencia con su conclusión lógica: Luego todos estamos muertos. No alabes al Apóstol, no lo interpretes si no quieres oírle decir: Si uno murió por todos, luego todos murieron 159. Por todos estos pasó el pecado, y en todos murieron se encuentran incluidos los niños, por los que también murió Cristo; por todos murió, pues todos pecaron. Argumenta como quieras, tergiversa a placer las palabras del Apóstol hasta adulterar su sentido; no conseguirás demostrar que los niños están inmunes de la muerte que viene por el pecado; porque no te atreves a negar que por ellos murió Cristo.
El mismo texto paulino
- Jul.- “Se ve a dónde hemos llegado: todos son muchos en el Apóstol; y estos muchos son reos de muerte porque pecaron por voluntad propia. No les acusa de pecado original, sino de crimen voluntario. Y estas palabras, si las examinamos en sentido propio y natural, esto sólo significan. Si creyera existía un pecado transmitido a la posteridad por generación, es decir, a los que aún no existían, hubiera faltado a la verdad si dijera que todos pecaron”.
Ag.- Pudiera replicarte: ¿Cómo pudieron seguir los descendientes de Adán su ejemplo si aún no existían, ni le vieron pecar, ni oyeron sus palabras, ni creyeron? Pero no digo esto. “Existió Adán y en él existimos todos; pereció Adán y en él todos perecieron”, y, por eso, en él mueren todos 160. Escucha las palabras clarísimas del Apóstol, no tu torcidísima y gárrula locuacidad.
Enfermedades contagiosas
- Jul.- “Cuando un hombre solo comete una acción, aunque éste sea un jefe, no es verdad que todos la cometen; por consiguiente, o el pecado del primer hombre pasó a su descendencia sin que ésta pecara; o bien pecó realmente y la palabra expresa el cumplimiento de una acción pecaminosa, y el pecado de Adán no puede ser transmitido a su posteridad si no es sólo por imitación”.
Ag.- Si, por intemperancia, uno contrae el mal de gota y lo transmite a sus hijos, como con frecuencia sucede, ¿no se puede decir con verdad que dicho mal ha sido transmitido por el padre? ¿Y que ellos mismos han cometido un exceso en la persona del padre, porque cuando lo cometió todos estaban en él, pues era uno solo? Cometieron, pues, un grave exceso, no por acción de los hombres, sino a causa de la semilla. Y lo que con frecuencia acaece en las enfermedades del cuerpo, pudo también suceder en aquel gran pecado antiguo de nuestro primer padre, en el que toda la naturaleza humana quedó viciada. Y es lo que afirma el Apóstol con una transparencia que vosotros os empeñáis en oscurecer: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así pasó por todos los hombres, en el que todos pecaron 161. Quiere ponderar la gracia de Cristo oponiéndola al pecado, y enfrenta al autor de la generación el autor de la regeneración.
La parte por el todo
- Jul.- “Cuanto a la dificultad que creíste poder oponerme en este libro, al que ahora contesto, o en los escritos a Marcelino, afirmando ser transmitido el pecado “cuando todos los hombres -para servirme de tus palabras- eran un solo hombre” sin embarazo alguno la verdad la destruye y expone a la irrisión de cualquier hombre instruido. Tu argumento, a excepción de tu impiedad, nada prueba. Impiedad ya condenada en Tertuliano y en Manés, pues crees, con esta sacrílega opinión, que existe un transvase de almas, así como existe una transmisión de los cuerpos. Doctrina esta tan abominable que, en la carta que envié a Oriente, os reproché, y en los libros que ha poco enviaste a Bonifacio te has esforzado en rechazar como no tuya. “Pretendes, dices, que nosotros enseñamos la transmisión de las almas; ignoro en qué libro lo has leído”. Con estas palabras das a entender que nada de esto has enseñado.
Para que tu falsedad quede manifiesta, comparo tus mismas palabras. ¿Cómo puedes afirmar que la transmisión de las almas, opinión en verdad sacrílega, no es conforme a tu doctrina, si confiesas que todos los hombres fueron un hombre? Y si no crees que una partecica del alma está en el germen oculta, ¿con qué cara escribes que todos los hombres fueron un Adán, pues el hombre no puede existir sin que alma y cuerpo coexistan?
Ag.- Piensas no puede el cuerpo solo del hombre llamarse hombre, cuando sabes que el mismo hijo único de Dios, nuestro Señor Jesucristo, fue crucificado en tiempo de Poncio Pilato y sepultado, como confiesa toda la Iglesia y varias sectas heréticas, incluida la vuestra; y, sin embargo, sólo el cuerpo de Cristo fue sepultado. Según tú, el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, no se debía decir que fue sepultado, porque Cristo, unigénito de Dios, nuestro Señor, no consta sólo de cuerpo, sino de Palabra de Dios, alma racional y cuerpo; y así, cuando el credo llega a las palabras: “crucificado en tiempo de Poncio Pilato”, debió añadir: “y su cuerpo fue sepultado”. No; la Escritura, al hablar de la creación del primer hombre, tampoco debió decir: formó al hombre con polvo de la tierra 162, porque sólo el cuerpo del hombre fue de la tierra formado. Y hasta el mismo Señor habría errado al decir: Tierra eres y a la tierra irás 163, cuando, según tu doctrina, lo correcto sería decir: Tierra es tu cuerpo y a la tierra irá. Pero existió Adán, y en él todos existimos, como aprendieron y enseñaron en la santa Iglesia antes de nosotros los doctores católicos, y por eso dije: “Todos fueron uno”, porque aquellos dos, varón y mujer, ya no eran dos, sino una sola carne 164. Y lo dije por todos los engendrados en Adán; cuando fue cometido el pecado, todos fuimos ese hombre, porque entonces nadie había sido concebido en el seno de madre alguna por seminación, pues los hombres son engendrados en las mujeres por los varones.
De qué manera y en qué medida todos los nacidos de Adán fuimos ese hombre único, ora sea en cuanto al cuerpo solo, ya según las dos partes del hombre, alma y cuerpo, confieso no lo sé; y no me avergüenzo, como vosotros, de confesar mi ignorancia sobre lo que no sé; sin embargo, no ignoro que de todo hombre está escrito: El hombre se hizo semejante a la vanidad, sus días son como una sombra 165. Y en otro lugar dice la misma santa Escritura: Todo hombre viviente es un soplo de vanidad 166, lo que no sería conforme a la justicia de un Dios creador de no existir el pecado original.
Decimados en Abrahán
- Jul.- “Además, aunque esto lo refieras a la carne sola, ni en este sentido se puede excusar tu simpleza, pues dices: “Todos fueron aquel uno”, pues cuando pecó Adán, ya eran dos hombres, no uno; es decir, él y su mujer; y de su sustancia, no de la culpa, se multiplicó el género humano, por institución divina”.
Ag.- Lo dije y lo repito: Todos, y me refiero a los que Adán debía sembrar, esto es, engendrar. Y de este uno, progenitor, contraen principalmente el pecado original los niños. Aquella a la que se unió, y eran dos, concibió lo que recibió, y después parió, aunque fue la primera en pecar. Por eso dice la santa Escritura de los hijos de Leví, cuando estaban en las entrañas de su padre Abrahán, que el sacerdote Melquisedec percibió los diezmos. Lee la carta a los Hebreos y corrige tu lengua.
La muerte pasó con el pecado
- Jul.- “Por último, la santidad de Abel, celebrada en toda la Escritura, da testimonio de que en nada perjudica a los hijos el pecado de los padres”.
Ag.- Por qué entonces no lo propuso el Apóstol como modelo a imitar, siendo el primer justo; y por qué al hablar de dos hombres, uno para nuestra condenación, otro para nuestra justificación, menciona a Cristo y a Adán? Si no tenía Abel en sus miembros ley alguna en lucha contra la ley de su espíritu 167, contra la que mantenía, como justo, guerra civil, y si su carne no tenía apetencias contrarias al espíritu 168, en nada le perjudicó el pecado de sus padres. Pero quienquiera que pretenda que tal fue la condición de Abel, diga también que su carne no era carne de pecado, y, sin duda, Cristo, el Señor, no hubiera tenido semejanza de carne de pecado si la carne de todos los hombres restantes no fuera carne de pecado.
El crimen de Caín
- Jul.- “Caín, por el contrario, envidioso, parricida, engendrado de la misma naturaleza que Abel, pero no dotado de una voluntad semejante, tuvo turbada su alma por crueles terrores. Luego el pecado, dice el Apóstol, entró en este mundo por uno, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó por todos los que pecaron. Esta sentencia, conforme al dogma católico, no os sirve de ayuda”.
Ag.- La muerte pasa con el pecado, como lo demuestra el Apóstol al decir: Y así pasó por todos los hombres. Por eso en su bautismo los niños son arrancados del poder de las tinieblas; de otra suerte, como ya dijimos y repetiremos cien veces, sería una gran injuria a Dios exorcizar e insuflar la imagen de Dios si estos exorcismos e insuflaciones no tuvieran por objeto arrojar fuera al príncipe del mundo y convertirla en morada del Espíritu Santo. El crimen de Caín no roza para nada el pecado de origen, pues fue cometido por una voluntad personal.
Abel y no Cristo
- Jul.- “Se formula esta sentencia en palabras que indican un ejemplo precedente y voluntad de imitar dicho ejemplo”.
Ag.- Te lo he dicho ya: es Abel, no Cristo, el que debiera ponerse en la parte contraria a Adán.
Palabras, palabras…
- Jul.- “Además, si hubiera querido el Apóstol señalarnos la generación infectada o expuesta al pecado, no habría dicho que entró en el mundo el pecado por un hombre, sino por dos”.
Ag.- Te contesté ya. Nada dices y, sin embargo, charlas y charlas sin encontrar algo razonable que decir.
Se repite Juliano
- Jul.- “Ni hubiera dicho: Pasó la muerte por aquel en el que todos pecaron, sino: Por el que todos provienen mediante el placer diabólico y la carne del primer hombre y de la primera mujer; pero si así se hubiera expresado el Apóstol, hubiera echado por los suelos toda su doctrina. Acusa Pablo la voluntad de los pecadores y el ejemplo del pecado. En consecuencia, Pablo y la razón os combaten”.
Ag.- Luego debió citar como ejemplo de justificación al primer justo, Abel, lo mismo que, según vosotros, citó a Adán, primer pecador, como ejemplo de pecado. ¿Por qué sentir pereza en repetir siempre lo mismo, si a ti no te da sonrojo repetir tantas veces en vano las mismas cosas?
Tapadas las salidas a la raposilla
- Jul.- “Hasta la ley existía pecado en el mundo, pero donde no hay ley no se imputa el pecado; pero reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que había de venir 169. Distingue el Apóstol diferentes especies de pecado, para demostrar que una cosa es el pecado, otra la transgresión, y en este pasaje hace tan sólo ver que esta transgresión es pecado, pero no todo pecado es transgresión. Quiere Pablo hacer más odioso el pecado con el vocablo transgresión; demuestra que los transgresores de los mandamientos son más culpables que los que han pecado sin haber recibido los avisos de la ley, cerrando, así, los ojos a la luz de la razón natural. Antes de la ley, promulgada por Moisés y consignada por escrito, y cuyas prescripciones debieran servir de regla de conducta que el pueblo no podía ignorar, pues vivía bajo ella en el tiempo que transcurre entre Adán y Moisés, acusa el Apóstol de pecado, no de transgresión, a los hombres enlodados al abandonarse a diversas pasiones culpables”.
Ag.- ¿Qué significa: Reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán? Interpretadlo como os plazca, pero el Apóstol habla contra vosotros. Porque, si separáis estas palabras: reinó la muerte aun sobre aquellos que no pecaron, ¿sería esto justo a no ser por un pecado de origen? Y como si buscase el Apóstol la causa de este reinado de la muerte incluso sobre aquellos que no habían pecado, les da esta respuesta: a semejanza de la transgresión de Adán; es decir, no a causa de sus pecados personales, sino porque Adán pecador engendró hijos semejantes a él; así interpretaron, antes que nosotros, estas palabras doctores católicos.
Y aquel pecado, primero y único, entró en el mundo por un solo hombre y nos es a todos común; por esta razón añade: en el que todos pecaron; sin embargo, no tienen los niños pecados personales, y, por consiguiente, también de ellos se puede decir con verdad que no pecaron; pero la muerte reinó sobre ellos, como está escrito: a semejanza de la transgresión de Adán. Pero si la muerte reinó desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron a semejanza de la transgresión de Adán, es decir, sobre los que pecaron, sí, pero no a ejemplo de la transgresión de Adán, nadie, según vosotros, encontraréis en este caso, porque todos los que han pecado es a imitación de Adán, a saber, en vuestra opinión, imitando su ejemplo. La madriguera de la raposilla queda tapada en sus dos salidas; no tiene por donde entrar y esconderse; y si está encovada, no puede salir y evadirse.
Las dos muertes, pena del pecado
- Jul.- “A quienes no fue dada la ley, no se les considera transgresores de los preceptos, pero sí son convencidos de culpa, porque, sin escuchar la voz de la razón que habla en el fondo de la conciencia de cada uno, violaron los derechos de la sociedad humana, o de la virtud; y así pecaron por mutua reciprocidad, no por una transgresión de la Ley, que aún no había sido dada. Hasta la ley existió el pecado, no la transgresión; después de la ley existió el pecado y la transgresión. En cuanto a la muerte eterna, sí reinó, pues Dios había prometido su aplicación a Adán si pecaba. En consecuencia, esta muerte, debida al pecado, es una muerte penal, y reinó antes de la ley en todos aquellos que pecaron, como sobre los sodomitas y sobre aquellos que en tiempo del diluvio, o en otras épocas, perecieron en castigo de sus delitos voluntariamente cometidos. Después de la ley reina sobre todos los culpables de transgresión”.
Ag.- Tú sólo consideras castigo la muerte eterna; y si la muerte, separación de alma y cuerpo, no es un castigo, ¿por qué la teme la naturaleza, de la que tú tejes el elogio, y afirmas que no fue viciada? ¿Por qué teme el infante ser muerto cuando empieza a salir de su niñez? ¿Por qué nuestro sentir no se inclina a la muerte como al sueño? ¿Por qué se consideran héroes los que no temen morir, y son tan contados? ¿Por qué, incluso aquel que dijo deseaba con ardor morir para estar con Cristo 170, no quiere, sin embargo, ser desnudado, sino cubierto con nueva vestidura, para que lo mortal sea absorbido por la vida 171? ¿Por qué dijo a Pedro el Señor, aludiendo a su fin glorioso: Otro te ceñirá y llevará a donde tú no quieras? 172 Si vano es el temor a la muere, este mismo temor es un castigo; si el alma naturalmente no quiere ser del cuerpo separada, la misma muerte es un castigo, aunque la gracia divina la convierta en ganancia.
La muerte no ha estado en suspenso
- Jul.- “En el tribunal de esta justicia no se imputa pecado alguno si uno no es libre de abstenerse. Los que sin ley pecaron, sin ley serán juzgados, y los que pecaron bajo la ley, por la ley serán juzgados 173. Las palabras del Apóstol: Reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron a semejanza de la transgresión de Adán, dejan transparentarse el pensamiento del Apóstol; es como decir: los judíos que han pecado bajo la ley, son culpables de una transgresión semejante a la de Adán; porque el primer hombre había recibido una ley oral, no escrita, la de no gustar del fruto del árbol, como una prueba que Dios quería hacer de su obediencia; mas, al comer contra el precepto de Dios, incurrió en crimen de transgresión.
Después de la ley, dada por ministerio de Moisés, el pueblo pecador es convencido de una culpa de transgresión semejante a la de Adán; porque, como él, peca transgrediendo la ley. Pero en el intermedio de las dos leyes, la primera oral, no escrita; la segunda intimada y escrita, los que pecaron no están exentos de culpa, pero no son reos de una transgresión como la de Adán, porque aún no habían recibido la ley”.
Ag.- Al negar exista una semejanza con la transgresión de Adán, pruebas, contra ti mismo que cuantos han pecado sin ley no son culpables de seguir el ejemplo del primer hombre; no hay, pues, imitación, sino generación; y por ella la muerte, efecto del pecado, pasó por todos los hombres. Porque si en este tan largo espacio de tiempo, la muerte que entró en el mundo por el pecado del primer hombre, había estado como suspendida, y volvió a reinar por los judíos que se hicieron transgresores de la ley, a semejanza de la transgresión de Adán, no se podría decir de la muerte que entró por un hombre y pasó por todos los hombres.
Pero ¿a quién, no digo mentecato, sino inepto vais a persuadir de que la muerte entró en el mundo por un hombre y pasó por todos los hombres, si decís estuvo en suspenso durante muchos siglos para una multitud de gentes, hasta llegar a los que recibieron la ley, sin rozar a los demás; cuando decís que reinó la muerte aun sobre aquellos que no pecaron a semejanza de la transgresión de Adán, pero que pecaron sin transgresión alguna, al pecar sin ley? En efecto, no podéis corregir vuestro yerro si no es volviendo a la fe católica, que al primer hombre, autor de la generación, opone el segundo hombre, autor de la regeneración.
Cristo no murió en vano
- Jul.- “Es Adán figura del que ha de venir, esto es, de Cristo; figura en sentido opuesto: Adán, del pecado; Cristo, de la justicia. Fue la encarnación de Cristo modelo de justicia, no el primero, pero sí el más perfecto; porque antes de que la Palabra se hiciera carne, fue en virtud de la fe que tenían en Dios los profetas y todos los santos, por lo que brillaron en virtud, llegada la plenitud de los tiempos, la regla exacta de la virtud resplandece en Cristo, y el que había sido profetizado como padre del siglo futuro aparece como remunerador tanto de los santos que le precedieron como de los que le seguirán”.
Ag.- Conocemos vuestra herejía; como enseñó Pelagio, los justos antiguos no vivieron por la fe en la encarnación de Cristo, porque Cristo aún no había venido en carne, pues no lo habrían preanunciado futuro si primero ellos no hubieran creído en él. Y caéis en un absurdo, al sostener pueda existir la justicia en virtud de la naturaleza y de la ley; si ambas afirmaciones son ciertas, Cristo murió en vano.
Condición penal en que nace todo hombre
- Jul.- “Del mismo modo, en sentido contrario, se llama Adán, no la primera, pero sí la más acabada figura del pecado”.
Ag.- Por qué no la primera, pero sí la más acabada? No vas a negar que, en relación con el origen del género humano, fue Adán el primero, y no tienes razón para decir que fue la figura más acabada, a no ser que confieses que su pecado fue el más grave por ser menos las ocasiones de pecar y la naturaleza aún no estaba viciada, ni la ley de los miembros luchaba contra la ley del espíritu; en esta condición penal nace todo hombre para luego perecer eternamente, si no es regenerado; y perdido, si buscado por el que vino a buscar lo que estaba extraviado, no fuere encontrado 174.
Generación y regeneración
- Jul.- “Adán, digo, fue el modelo más acabado, sin ignorar que el diablo fue aún más culpable, pero como se trataba del origen del pecado, juzgó el Apóstol más conveniente mencionar al hombre, sobre el cual las generaciones futuras fijarían su mirada, y no hacer mención de los seres aéreos. Sin embargo, consta que, en la humanidad, fue la mujer la primera en pecar; mas como la autoridad de los padres es universal y eficaz, lo cita Pablo como modelo de pecado, no porque por él haya comenzado el delito, sino porque perteneciendo al sexo viril, su influencia es mayor. Ves ahora cómo la lógica de esta explicación testimonia conforme a verdad”.
Ag.- La misma figura de Cristo, que opone al primer hombre el segundo, demuestra que no opone el Apóstol imitación a imitación, sino generación a regeneración. En consecuencia, si los regenerados no participan de la justicia de Cristo, los que nacen no participan del pecado de Adán y Cristo no es un modelo opuesto al primer hombre; pero Cristo es la figura descrita por el Apóstol, y lo mismo que los regenerados, niños incluidos, aunque no sean capaces de obrar según justicia, participan de la justicia de Cristo. Pero estos mismos niños, incapaces de cometer pecado personal, nacieron y nacen en pecado de origen. Reconoce, pues, a Cristo modelo, y no quieras, por tu contradicción, ser un modelo deforme.
Los que nacen se visten de Adán; los que renacen, de Cristo
- Jul.- “Considera ahora cuán lejos están de tu comentario las restantes palabras de esta perícopa, en las que declara el Apóstol: reinó la muerte aun sobre aquellos que no pecaron a semejanza de Adán, que es figura del que ha de venir 175. Si se tratara de un pecado natural, del que, en tu opinión, se dijo en el que todos pecaron, ¿quiénes serán éstos, de los que a renglón seguido afirma no estar comprendidos en la transgresión de Adán, y ni siquiera los encuentra culpables a semejanza de la primera transgresión?”
Ag.- Al entenderlo así, no lo entiendes; explica el Apóstol por qué reinó la muerte sobre aquellos que no pecaron, al añadir a semejanza de la transgresión de Adán; es decir, reina la muerte sobre los que no han pecado, aunque tienen una semejanza con la transgresión de Adán. En efecto, los que nacen se visten de Adán; los que renacen, de Cristo.
Generación y regeneración se oponen
- Jul.- “Reinó la muerte aun sobre aquellos que no pecaron a semejanza de la transgresión de Adán. Ves cómo distingue el Apóstol con claridad entre los que pecaron como Adán, y los que lo hacen de una manera diferente”.
Ag.- Si de una manera diferente pecan, ¿dónde está la imitación del modelo? Opón regeneración a generación, no modelo a modelo, y encontrarás el modelo que el Apóstol de la verdad nos propone, no el que Pelagio, autor de vuestro error, imagina.
Adán y Cristo. Pecado y gracia
- Jul.- “Esta división no puede rimar con un pecado natural; pues si rimara, todos los hombres contraerían igual mancha; nadie estaría exento de este mal, y no se encontraría un solo hombre del que se pudiera afirmar que no había cometido pecado a semejanza de Adán, porque en verdad todos habrían pecado”.
Ag.- Verdad es lo que, a tu pesar, proclamas y es una prueba contra vosotros. El pecado original abarca a todos los hombres sin excepción y por igual; nadie estaría libre de este mal si la gracia divina, por Cristo, no viene en su ayuda. Reinó la muerte sobre aquellos que no pecaron, es decir, no cometieron pecados personales; pero la muerte reina sobre ellos en virtud de la semejanza con la transgresión de Adán, figura del que había de venir, es decir, de Cristo. Pues así como los que nacen se visten de Adán, lo mismo los que renacen, se revisten de Cristo.
Vuelve Juliano a repetirse
- Jul.- “Resume el Apóstol y declara que unos han pecado como Adán y a otros ni los roció la semejanza de la antigua transgresión. Es, pues, evidente que el pecado viene de las acciones, no del nacimiento. Para, en dos palabras, repetir lo dicho, dice el Apóstol que por un hombre entró el pecado. Como la razón lo demuestra, estas palabras se aplican al pecado de imitación, no de generación, obra de dos personas”.
Ag.- Mil veces repites las mismas cosas sin decir nada; y no reparas que, si el pecado de imitación que se introdujo en el género humano fuese señalado en este texto, se diría que entró por una, no por uno, pues la mujer fue la primera en pecar y el varón la imitó; pero como quería dar a entender que es la generación, no la imitación de la que habla, dice: Por un hombre entró el pecado en el mundo, incluyendo los dos sexos en singular, pues fue dicho; Ya no son dos 176, y menciona al que es principio de la generación, al preceder la siembra a la concepción. Con frecuencia he dicho esto mismo, pero a tus repeticiones oponemos, sin ceder, las nuestras más moderadas.
Pasó, es decir, entró
- Jul.- “Continúa el Apóstol: Y así la muerte pasó por todos los hombres”.
Ag.- ¿Qué significa así pasó, si no es como entró, es decir, con el pecado, o por el pecado?
Adán, figura de Cristo
- Jul.- “Establece el Apóstol esta distinción para que nadie piense que el pecado pasa como la muerte, que previene el juicio de la justicia y viene después de los castigos que merecen las costumbres perversas, parto de la voluntad de cada pecador. Luego demuestra que se ha de culpar la conducta, no la naturaleza”.
Ag.- Inútilmente te vuelves y revuelves. Mira a Adán y a Cristo; aquél es figura del que ha de venir; Cristo transmite a los niños regenerados su justicia; y no sería un modelo opuesto al primer hombre si éste no transmitiera a les nacidos su pecado.
¡Si supiera Juliano callar!
- Jul.- “Añadió; reinó la muerte en el que todos pecaron. Con estas palabras no expresa la ruina del que nace, sino las acciones del que actúa. Demuestra atacar la maldad sin herir la inocencia”.
Ag.- En el que todos pecaron, todos mueren; y su figura contraria, en la que todos somos vivificados. Así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos reciben la vida 177. Y esto se dice porque nadie se dobla hacia la muerte si no es por Adán; y nadie resucita a la vida si no es por Cristo. Tú, hombre que nada puedes decir, ¡si, al menos, supieras callar!
Remo y vela
- Jul.- “Después añadió: hasta la ley reinó el pecado, indicando así que el reino del pecado, promulgada la ley, quedó destruido”.
Ag.- Si, promulgada la ley, desapareció el reino del pecado, luego por la ley vino la justicia. Y si por la ley la justificación, en vano Cristo murió 178. Esta es sentencia del Apóstol, no mía. Salid, pues, a campo abierto, ¡enemigos de la cruz de Cristo! Decid claramente: podemos ser justificados por la naturaleza y justificados por la ley; Cristo murió en vano. Pero temiendo el juicio de este pueblo cristiano, tan numeroso, empleáis una terminología pelagiana; y si os preguntamos por qué murió Cristo si la naturaleza o la ley justifican, respondéis: para que esta misma justificación sea más fácil como si pudiese, aunque con mayor dificultad, justificar la naturaleza o la ley. Cristo, responde, vence, convence, grita: Sin mi nada podéis hacer 179; para que guarden silencio los que claman: aunque sea más difícil, podemos actuar sin ti; o si callar no pueden, que se oculten en la espesura de las tinieblas y no seduzcan a otros. ¿Por qué dice el Apóstol: Hasta la ley existió el pecado en el mundo, si no es porque, ni promulgada la ley pudo quitar el pecado; sólo aquel de quien se dijo: Este es el cordero de Dios, éste es el que quita los pecados del mundo? 180
Cristo, Cordero de Dios
- Jul.- “La generación principió con Adán y permanece después de la ley. Si fuera manantial de pecados, rizoma del diablo, como tú pretendes, subsistiría este crimen antes de la ley, después de la ley y después de Cristo. El pecado del que habla el Apóstol existió, pues, hasta la ley, y no pudo existir después de la ley, por ser un pecado de acción, no de nacimiento”.
Ag.- Abiertamente lo afirmas: dijo el Apóstol: el pecado reinó en el mundo hasta la ley; no porque la ley pueda quitar el pecado, sino porque el pecado pudo subsistir después de la ley. ¿No te aterra la voz de Dios, que, señalando a Cristo, grita por boca de un hombre de Dios: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo? ¿Por qué tonteas? ¿Por qué has perdido el buen sentido? No la naturaleza, no la ley: Este es el que quita el pecado del mundo. ¿Te atreves aún a decir que el reino del pecado, promulgada la ley, quedó destruido, y que después de la ley no puede subsistir el pecado? Dice el Apóstol: Si la justificación viene por la ley, Cristo murió en vano. Dice el Apóstol: Por la ley nadie queda justificado 181. Dice el Apóstol: Se introdujo la ley para que abundara el pecado 182. Cuando dice el Apóstol: Si se nos hubiera dado una ley que pudiera vivificar, en ese caso la justicia vendría de la ley. De hecho, la Escritura lo encerró todo bajo pecado para que la Promesa se otorgase a los creyentes mediante la fe en Jesucristo 183.
Si tenéis oídos, cerrad la boca; si queréis abrir sabiamente vuestros labios, abrid antes los oídos a la Palabra de Dios. Dijiste, recuérdalo: la generación principió con Adán, pero sueles decir que la generación tiene su principio en dos, y por eso el Apóstol no ha querido dar a entender que esta generación interviene en aquel pecado que entró en el mundo por un hombre. ¿Quién va a creer que has olvidado lo que tantas veces afirmaste contra verdad? Y, sin embargo, lo has olvidado y por una vez has hablado conforme a verdad. Despierta, escúchate a ti mismo: por Adán dio principio la generación, y por esta generación entró el pecado, pues por un hombre entró en el mundo.
Has dicho: “La generación tuvo principio en Adán y subsiste después de la ley”. Tiene razón el Apóstol en nombrar un solo hombre por el cual entró en el mundo el pecado y se transmite por generación; y no el diablo, por el cual entró en el mundo el pecado, al que sigue la imitación.
Sin ley perecerán
- Jul.- “El pecado no se imputaba, pues no existía aún la ley 184. Este pasaje yugula tu teoría traducianista y toda tu doctrina”.
Ag.- Cierto, no existiendo la ley, no se imputa el pecado; pero esto no se aplica a los hombres que ignoraban los inescrutables juicios de Dios. Porque si Dios, cuando no existía la ley, no imputa el pecado, ¿qué es de la justicia de Dios cuando los que sin ley pecaron, sin ley perecerán? 185
Sacrificio expiatorio
- Jul.- “Si la transmisión del pecado no se imputaba antes de la ley, y después de la ley no existió, nunca pudo perjudicar este virus al género humano. Antes de la ley no se imputaba el pecado natural; bajo la ley no existía, pues en ningún lugar de la ley aparece como imputado o existente. Es evidente que condena el Apóstol que, antes de la ley, el pecado es efecto de una voluntad libre, y después de ley, la transgresión es libre y voluntaria”.
Ag.- Si en la ley no aparece el pecado original, ¿por qué se dice que el alma del niño será exterminada de su pueblo si no es circuncidado al octavo día 186? ¿Por qué, al nacer un niño, se ofrecía un sacrificio por el pecado 187? Calla, por favor; mira a un niño e imita su silencio.
Juliano, en contradicción con la Escritura
- Jul.- “Por consiguiente, consta que nada ha dicho el Apóstol sobre la transmisión del pecado; y aunque esto sea de por sí suficiente para probar que no es partidario de un pecado natural, pues sólo en la imaginación de los maniqueos pudo existir, hace además una distinción el Apóstol diciendo que no todos han sido enlodados por la transgresión de Adán; porque entre los mismos sobre los cuales reina la muerte en castigo de sus crímenes, se encuentran muchos ajenos a la prevaricación de Adán”.
Ag.- ¡Calumniador y deslenguado!, el que dijo: “Todos los hombres nacemos bajo el pecado, y nuestro mismo origen está viciado” 188, no es maniqueo, y, alabado por boca de vuestro doctor, brilla como flor de belleza entre los escritores de la Iglesia. ¿Cómo dices que no todos han sido contaminados por la transgresión de Adán, y, lo que es peor, imputas al Apóstol tus absurdas doctrinas? Él dice: Reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun sobre aquellos que no pecaron, señalando a los niños, limpios de pecados personales, y añade: a semejanza de la transgresión de Adán 189, para indicar la razón por la cual reinó la muerte. Sobre esto ya disertarnos lo suficiente más arriba.
¿Cómo entró por un hombre el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, si la muerte ha reinado también sobre algunos que no habían participado del pecado de Adán? Porque aquellos sobre los cuales reinó la muerte participaron del pecado por el que entró la muerte; pero en los que no participaron del pecado por el que entró la muerte, ¿en virtud de qué justo juicio participan de la muerte? No pertenecen al pecado que entró en el mundo por un hombre, dado que no han pecado a semejanza de aquella transgresión de la que hablas; luego en ellos no reina la muerte. ¿Qué significa entonces reinó la muerte aun sobre aquellos que no pecaron a semejanza de la transgresión de Adán si no es porque la muerte reinó también sobre los que no pecaron, pues no habían cometido pecado personal alguno? Reinó, sí, a semejanza de la transgresión de Adán, pues aunque no cometieron pecados personales, pertenecen al pecado por el que entró en el mundo la muerte, heredando la semejanza de la transgresión, pero no cometiendo transgresión ninguna por pecado personal, sino que por nacer del primer prevaricador, toda la naturaleza humana quedó viciada.
Cristo da vida, muerte Adán
- Jul.- “Mira si puedes dudar aún de la verdad de nuestras palabras cuando afirmamos no pecar en Adán los inocentes, obra primaria de Dios, antes de tener uso de libre voluntad, cuando, según testimonio del Apóstol, entre los culpables se encuentra un gran número que no han pecado a semejanza de la prevaricación de Adán”.
Ag.- Respondí ya. Te conviene callar, pues sólo necedades puedes decir al empeñarte en corromper las palabras del Apóstol. Enseña él que reinó la muerte a semejanza de la transgresión de Adán, figura del que había de venir, incluso en los que no pecaron, es decir, en los niños incapaces de tener pecados personales; porque si Cristo les injertó su justicia, Adán les transmitió su pecado; Cristo, la vida, Adán la muerte; de otro modo, serían ajenos al modelo, Cristo, y no serían cristianos; este es vuestro sentir, aunque teméis declararlo abiertamente.
Sobreabunda la gracia
- Jul.- “Examinemos otros pasajes. Pero no como el delito, así la gracia; si por el delito de uno murieron muchos, ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundará en muchos! 190 La abundancia, afirma, de gracia supera el mal del delito, y el número de los que se salvan rebasa el número de los que por la transgresión perecieron”.
Ag.- Lo hemos dicho con frecuencia. No dice más, sino muchos; ni dice que la gracia se derramó sobre un número mayor, sino que sobreabundó; porque aquellos que han recibido la vida de Cristo triunfarán por toda una eternidad, mientras que la muerte que les ha sido transmitida por Adán es temporal; por eso abundó más en ellos la gracia que el pecado.
Pocos los que se salvan
- Jul.- “Si defiendes la verdad en las palabras del Apóstol y crees que no miente descaradamente, demuestra cómo esta frase no inflige al que enseña la existencia de un pecado natural, la afrenta de una mentira patente. De existir el pecado original, en virtud del cual toda la naturaleza humana sería propiedad del diablo, ¿por qué establecer una comparación numérica entre los que se salvan y los que perecen? En el Evangelio, al afirmar el Señor que son pocos los bienaventurados, dice: ¡Qué estrecho y angosto es el camino que lleva a la Vida! ¡Y qué pocos lo encuentran! ¡Qué ancho y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por él!” 191
Ag.- Esto echa por tierra vuestra doctrina; precisamente esta afirmación: son pocos los que se salvan en comparación de los que perecen; porque, si prescindimos de comparaciones, los que se salvan son muchos, el Apocalipsis nos habla de una muchedumbre inmensa, que nadie puede contar. Por eso Pablo para designarlos no emplea el vocablo plures = más en número; sino multi = muchos, sin comparar. La palabra plures la suponéis vosotros, pero no la emplea el Apóstol. Con todo, aun en esta hipótesis, vuestro argumento no sería más sólido, porque a tenor de vuestra doctrina de la imitación -que os parece un hallazgo feliz, aunque esté en palmaria contradicción con la verdad de las palabras del Apóstol- y que consiste en sostener que todos los pecadores participan del pecado del primer hombre, no porque hayan sido engendrados por él, sino porque han imitado su conducta; a tenor de esta doctrina, repito, el número de los que perecen por el delito de uno solo, o a causa del pecado de uno, es muy superior al número de los que son librados por la gracia de uno, Jesucristo.
¿Quién, en efecto, no ve que hay más pecadores que justos? ¿Y que los pecadores, que no son pocos, sino todos, participan, en vuestra opinión, del pecado de uno solo y no por generación, sino por imitación? Pero, incluso, aunque digáis no son todos pecadores, sino tan sólo los transgresores de la ley, los que están vinculados por un pecado de imitación al pecado del primer hombre, aun así, después de anunciada la ley de Dios a todas las naciones, el camino que lleva a la perdición es ancho y espacioso, y muchos -transgresores- entran por él. ¡Y qué estrecho y angosto es el camino que lleva a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran! En comparación de la muchedumbre de los que perecen, aun sumados los bautizados, pocos son los que se salvan. ¿Cómo pudo decir el Apóstol: la gracia de Dios abundó sobre un número mayor? Vosotros lo decís, él no lo dijo. Sus palabras son: cuánto mas la gracia abundó sobre muchos; porque los que se salvan, en comparación de los que se condenan, son, como dije, pocos; si prescindimos de toda comparación, son tantos que nadie los puede contar. La gracia es, pues, en ellos más abundante; por Adán viven una vida temporal, mísera, perecedera; por Cristo, una vida feliz y sin ocasos. Queda, pues, desconcertada vuestra trama; rectificad vuestra intención.
Muchos, dice Pablo; no más
- Jul.- “Los vocablos que usáis: pocos, muchos designan una cantidad indeterminada. Cuando existe mutua comparación, existe lo poco o lo mucho. Por eso, al comparar el Señor la muchedumbre de los que se condenan con los que se salvan, éstos son pocos; y comparando el Apóstol los que se salvan por la gracia de Cristo con los que, como Adán, han pecado, declara que éstos son más”.
Ag.- No dice el Apóstol más, sino muchos. Habla en griego y escribe B @ 8 8 @ b H , noB 8 g \ F J @ L H . Lee y calla.
Los doctores católicos, en favor del pecado original
- Jul.- “Afirma, pues, que esto significa estar de acuerdo con la doctrina maniquea acerca de la transmisión del pecado”.
Ag.- Son doctores católicos, no engañabobos maniqueos los que enseñan que todos los hombres han pecado en Adán. Y afirman esto porque comprendieron muy bien el sentido del Apóstol, que vosotros, contra el mismo Apóstol, negáis. Luego los impostores sois vosotros, pues defendéis estas doctrinas insensatas de los maniqueos aunque sea vuestra enfermedad diferente.
Vuelve Juliano a repetir
- Jul.- “Si el pecado natural sometió al reino del diablo la universalidad de los que han sido engendrados por fecundidad humana; y, por otra parte, hemos de creer que al final de los tiempos, algunos son liberados por los méritos de Cristo, ¿cómo va a decir verdad, o cuál puede ser la autoridad de este maestro, que, contrariamente al testimonio del mundo entero, enseña que abundó la justicia sobre un número mayor que la culpa? ¿Por qué dar fe a este maestro cuando razona dogmas profundos, si en cosas tan evidentes miente? Pero pensar así sería un sacrilegio, mas ésta es la conclusión que se desprende de tu doctrina. ¡La vileza de los maniqueos sea triturada por la gloria del Apóstol!”
Ag.- Sois más bien vosotros los que os empeñáis en oscurecer verdades tan claras como la luz; y no sólo no comprendéis lo que dijo el Apóstol, sino que cambiáis y suponéis lo que no dijo. No dijo más, sino muchos; pero estos muchos son pocos en comparación con los que perecen. ¡Calumniador, desvergonzado, discutidor! Lo que dice el Apóstol es lo que Ambrosio, que no es maniqueo, entendió y enseñó: “Todos los hombres nacemos en pecado, y nuestro mismo origen ha sido viciado” 192. Escucha a esta bella flor -elogio de tu maestro- y arranca de tu corazón la deformidad de tus espinas; esto es, las envenenadas saetas de tus perversas discusiones.
Un ejemplo lo aclara
- Jul.- “No miente el Apóstol; luego la gracia de Cristo extiende su abundancia sobre un número mayor que la culpa de Adán, cuyo ejemplo han imitado cuantos, bajo la ley, han pecado; después de la ley hasta Cristo, sólo los judíos han pecado bajo la ley. Compara, pues, la nación judía y a sus adultos que han vivido bajo la ley, que pecaron a semejanza de Adán prevaricador, recibida la ley; compara todos éstos con los millones de hombres que se han salvado por liberalidad de la gracia entre la muchedumbre de gentiles llamados a la fe por la predicación del Evangelio, y comprenderás con cuánta verdad enseña el Apóstol que la gracia de Dios y el don de Jesucristo abarca un número mayor que el integrado por los que han participado de la antigua transgresión”.
Ag.- Como el Apóstol dijo muchos, no un número mayor, queda rota la urdimbre de tus argumentos; pues no son únicamente los judíos los transgresores, como dices, porque aún son más culpables los que violan la ley promulgada por el Evangelio; el mundo está hoy tan repleto de prevaricadores, judíos y no judíos, que, en comparación de su número incontable, el número de los que se salvan, incluidos niños bautizados, son muy pocos, como antes he dicho.
Contra vuestra doctrina clama evidentemente el Doctor de los gentiles: Como todos mueren en Adán, así en Cristo todos son vivificados. Y estos todos son muchos, no pocos. Por consiguiente, muchos mueren en Adán, muchos son vivificados en Cristo; pero son más los que mueren en Adán que los vivificados en Cristo; más los que participan de la muerte, menos, en comparación de aquéllos, los que participan de la vida; pero en sí es muchedumbre inmensa. ¿Qué significa: Todos serán vivificados en Cristo, si no es que nadie es vivificado sino por él? Y aduje el ejemplo de un maestro de primeras letras; si sólo hay uno en una ciudad, enseña a leer a todos, no porque todos aprendan, sino porque nadie aprende si él no le enseña. Tú no has intentado refutar este símil, pues ves es impecable y de todos conocido.
Rectifique Juliano su singladura
- Jul.- “Puesta en claro la abundancia de la gracia en el número de hombres salvados, compara el Apóstol el don y el pecado; y, para hacer resaltar la excelencia del don, con gran sabiduría hace ver cómo el remedio sana multitud de heridas: No como por un pecado, así el don” 193.
Ag.- Por el pecado de uno, dijo; no, por un pecado; lo que luego añade: El juicio, por un delito, lleva a la condenación, sólo se puede entender del crimen de un pecado único, y vosotros no lo queréis admitir. ¿Qué haréis si éste es, aunque os pese, el lenguaje del Apóstol? Corregíos; no podéis hacer aquí otra cosa.
¿Por qué graves?
- Jul.- “Porque el juicio por uno para condenación; la gracia para justificación de muchos delitos 194. Es decir, los pecados graves, aunque sea uno, basta para acusar y condenar a los culpables”.
Ag.- ¿Por qué dices graves, si no lo dice el Apóstol, a no ser porque te has dado cuenta de que un pecado leve no es causa suficiente de condenación de la que habla el Apóstol? En efecto, este juicio no viene de un pecado cualquiera cometido por un pecador cualquiera; el juicio para condenación viene de un solo delito cometido por un pecador, Adán. ¿Queréis vosotros pervertir el sano sentido del Apóstol para no rectificar vuestro perverso lenguaje?
Palabras de Pablo
- Jul.- “La gracia no se otorga de modo uniforme, de suerte que el remedio se aplique sucesivamente a cada uno de nuestros pecados y se repite gran número de veces. Basta se infunda una vez la gracia para que, en virtud de su eficacia, al primer esfuerzo, purifique el alma de multitud de pecados de diversa naturaleza. Por eso dijo: Para justificación de muchos delitos. En otros términos, libres ya los hombres de muchos delitos, los conduce a la gloria de la justificación otorgada. No habla aquí el Apóstol, como conjeturas, del pecado de Adán; opone, sí, la palabra “uno” al vocablo “multitud”, pero es para dar más realce al mérito de la gracia, en el sentido de que el remedio no es menester aplicarlo tan pronto como el mortal cometa pecado, como si el bautismo pudiera sólo perdonar un pecado”.
Ag.- Hablas como si hubiera dicho el Apóstol: La gracia justifica una sola vez de muchos delitos. No dijo esto. Pon atención a lo que dijo y corrige tus palabras. La gracia, dice, para justificación de muchos delitos. ¿A qué viene, si en el bautismo se perdonan a cada uno todos sus pecados al mismo tiempo -simul, y de un vez- semel? ¿Acaso, en el último juicio, no tendrá sin duda lugar la sentencia una sola vez para todos los pecados no perdonados? La condena, como el perdón por la gracia de Cristo, ha lugar una sola vez. Porque si uno, después del bautismo, peca, no son los mismos pecados, pero se perdonan por la misma gracia; y no una vez sola, sino siete veces y setenta veces siete 195.
Esta misma gracia perdona cada día los pecados cotidianos a los que oran diciendo: Perdónanos nuestras deudas, si añaden sinceramente, como nosotros perdonamos a nuestros deudores 196. La gracia, pues, justifica de multitud de pecados a los que libra de la condenación ora encuentre en cada uno un solo pecado, o pocos en algunos, muchos en otros, ora los hayan cometido antes o después del bautismo. Por la penitencia, la oración y la limosna los sana la gracia y los justifica; todos estos pecados son número, pero de estos muchos libra la gracia. Si ésta no viene en nuestra ayuda, un solo pecado, no el que personalmente uno puede cometer, pues en este texto el Apóstol habla sólo del que entró en el mundo por un pecador, es suficiente para ir al infierno. Esto es lo que enseña el Apóstol con toda evidencia. No dice, como tú: No por un pecado, como queriendo dar a entender que habla del pecado de cada uno, sino que dijo: No como por un solo pecador. Abre los ojos y lee. No nos des, como a ciegos, una cosa por otra.
Por uno, dice el Apóstol
- Jul.- “Quiso el Apóstol decir: Cada pecado infiere una herida mortal en los culpables, y a los hombres, cosidos por innumerables heridas, salva esta gracia de singular eficacia una sola vez aplicada”.
Ag.- Por un pecador, dijo, y este pecador fue Adán; no, como tú afirmas, por un pecado, para dar a entender, por esta sustitución o interpolación, los pecados personales de cada uno.
Herencia maldita
- Jul.- “Si por el delito de uno solo reinó la muerte por un hombre, mucho más los que reciben abundancia de gracia y el don de la justicia reinarán en la vida por uno solo, Jesucristo 197. Deduce la consecuencia de sus premisas. Propone dos sentencias, a ellas se refiere la conclusión. La muerte, declara, en efecto, reina por uno solo, ejemplo de pecado, y a su imitación se hacen culpables los transgresores que pecan bajo la ley; y por uno solo reinan en la vida los que reciben abundancia de gracia; gracia que beneficia a los que imitan la virtud. No es, pues, cuestión de pecado único, por eso añade que reinarán en la vida los que recibieron abundancia de gracia; de manera que nadie se vea sometido a la muerte, a no ser los que aman seguir el ejemplo de un pecador”.
Ag.- ¿De qué pecador aman imitar el ejemplo? Sin duda del primer hombre. Este, dices, ejemplo es de pecado, no por generación, sino por imitación; añades luego: “nadie se ve sometido a la muerte, sólo los que aman imitar el ejemplo de este pecador”; no están sujetos a la muerte, piensas, los que no pecaron a semejanza de su transgresión. ¿Cómo dices, pues, que la muerte reinó en aquellos que pecaron por libre voluntad, si no fue a semejanza de la prevaricación de Adán, al pecar, sin ley? No pecaron imitando su ejemplo, porque al no pecar a semejanza de su transgresión, no amaron seguir el ejemplo del pecador; están, pues, muy lejos de asemejarse a este pecador, al abstenerse de imitar su ejemplo. Pero es cierto que sobre ellos también reinó la muerte, porque entonces afirmas que sólo se ve sometido a la muerte el que ama imitar el ejemplo de un pecador; es decir, de aquel que tú quieres constituirlo modelo de pecado por imitación. No amaron seguir el ejemplo del pecador cuantos no pecaron a semejanza de su transgresión; sin embargo, también sobre ellos reinó la muerte.
¿Quieres acaso retornar a la verdad católica y confesar que también reina la muerte sobre aquellos que no pecaron, cometiendo pecados personales a semejanza de la transgresión primera; y, sin embargo, sobre ellos reina la muerte, porque su primer padre les transmitió, como herencia maldita, la semejanza de la prevaricación de la que él mismo se hizo culpable? Tal es, en efecto, la interpretación dada a las palabras del Apóstol por los Doctores de la Iglesia; pues comprendieron no las podían interpretar en su verdadero sentido si no se ve en ellas la transgresión de un pecado de origen, a título de herencia maldita; por eso dijeron que los niños, por el hecho de nacer de Adán, contraen, en su nacimiento, el contagio de la muerte antigua 198. Y estos doctores no eran maniqueos; pero el espíritu de Dios que habló por su boca, os condenó como pelagianos.
Fueron y serán, dice Pablo
- Jul.- “Eterna es la vida en el reino de los santos; luego créase que es eterna la muerte, efecto de un crimen voluntario. Así, pues, como por el delito de uno vino la condenación a todos los hombres, así también la obra de justicia de uno vino a todos los hombres, la justificación de vida. Así como por la desobediencia de uno muchos son constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno, muchos son constituidos justos 199. ¡Queda toda oscuridad disipada! Sólo un sinvergüenza puede calumniar la totalidad del género humano y un inepto buscar dificultades donde no las hay.
Son muchos, declara el Apóstol, no todos, los que aprendieron el camino del pecado por la desobediencia de uno; y muchos, no todos, los que consiguieron la justicia por la obediencia de uno. No se trata aquí del origen de la humanidad, se trata de costumbres y gustos diversos. Desobediencia y obediencia indican un acto de la voluntad, no de la generación. Si fuera el Apóstol de tu opinión, ¿qué mejor oportunidad podía encontrar para enseñar que todos van a la condenación por ley de nacimiento, y sólo unos pocos a la vida por la fe, pues en este pasaje es donde debía sentar las conclusiones de toda la discusión? Debió, pues, decir: Así como por la desobediencia de un hombre todos fueron constituidos pecadores; o mejor, no por la desobediencia, sino por la generación del primer hombre todos nacieron pecadores, así, por la obediencia de uno, muchos serán constituidos justos”.
Ag.- Más bien debió decir: Así como por su desobediencia muchos fueron constituidos pecadores, así, por su obediencia, muchos serán constituidos justos; o bien, si el Apóstol hubiera querido hablar de imitación, que es vuestra gran angustia, y por decirlo así, acosados por la verdad que os cerca, creéis haber encontrado una vía de escape, debía haber escrito en este lugar: Así como por la imitación de la desobediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores; así por la imitación de la obediencia de un hombre muchos serán constituidos justos. Es, digo, como debió hablar el Apóstol si hubiera querido expresar lo que vosotros decís. No creas es difícil construir la frase según vuestra voluntad.
Dijo, por la desobediencia de un hombre, que sabía era principio de la generación, muchos fueron constituidos pecadores, porque dicha desobediencia enlodó la naturaleza humana; así como por la obediencia de un hombre, príncipe de los regenerados, muchos serán constituidos justos, pues por su obediencia es sanada la naturaleza humana, pues se hizo obediente hasta la muerte de cruz 200, para que sean constituidos justos por su gracia, otorgada incluso a los que no han practicado la justicia aquí en la tierra, por ejemplo, los que mueren nada más recibir el bautismo de la regeneración, ya sean adultos, ya niños. De ahí que prefiera poner el verbo en futuro, serán constituidos, y no, son constituidos, porque los justos, en virtud de esta justicia, limpiados de todo pecado, reinarán en la eternidad del siglo futuro. Mientras de los pecadores no dijo: serán constituidos, sino fueron constituidos. Emplea el pretérito para expresar un tiempo presente que pasa, y en el que la naturaleza humana se encuentra tarada. Donde el Apóstol dijo todos, lo contradices y escribes no todos. De no preferir la doctrina pelagiana al sentir católico, nada te hubiera obligado a elegir esta expresión. Todos son muchos, para distinguirlos de los que, siendo todos, sin embargo, son pocos.
Germen espiritual y semilla carnal
- Jul.- “Si se hubiese el Apóstol expresado en estos términos, la impiedad e ineptitud de su doctrina serían manifiestas; establecer comparación entre dos personas de signo opuesto es una estolidez mayúscula, pues la comparación sería entre dos objetos que no tienen entre sí afinidad ninguna, como naturaleza y voluntad; de parte del mal existiría una necesidad inherente a la semilla; de parte del bien sólo la libertad del querer; o mejor, no libertad; pues ésta no existe ante la presencia de un pecado natural; el hombre no conserva la facultad de evitar el mal y elegir el bien. El Apóstol, sabio e insigne doctor de la Iglesia, enseña que existe, sí, un pecado transmitido por una desobediencia, y una justicia que se multiplica por un acto de obediencia”.
Ag.- ¿Qué se ha hecho de lo que dijiste con anterioridad; a saber, que pasó la muerte, no el pecado? Ahora dices: por la desobediencia, ya citada, de un hombre, existe el pecado y se transmite. ¿Has acaso olvidado lo que anteriormente afirmabas? ¡Enhorabuena por tu olvido, pues te permite llegar a la verdad! Opinas no se deben confrontar entre sí cosas opuestas, ni parangonar necesidad generativa y acto volitivo; pero encontrarás este modo de hablar absurdo si comprendes que aquellos que, sin un acto de su voluntad, han sido alineados al lado del mal con el primer hombre, contraen mancha de pecado, vía generación; como los niños que pertenecen al segundo hombre participan de la justicia, vía regeneración en la paz, sin acto alguno de su querer.
Si te place oponer germen a germen, la semilla espiritual vive por Cristo; la semilla carnal fue viciada por Adán. Germen insinuado por Juan, el apóstol, al decir: Y no puede pecar, porque el germen de Dios permanece en él 201. Esta verdad se hará luz en la bienandanza del siglo venidero, cuyos moradores ya no podrán pecar. Pero en este siglo maligno, los mismos que pertenecen al siglo venidero, donde el pecado no reina, deben pedir todos los días al Padre perdón de sus pecados.
Gracia y pecado, generación y regeneración
- Jul.- “Por esto mismo destruye Pablo la teoría de un pecado natural y enseña que son unas las causas de la sustancia; otras, las de la voluntad. Y para que esta distinción no se atribuya a la sutileza de mi ingenio y no a la doctrina del Apóstol, escuchemos su palabra en este pasaje: La ley se introdujo para que abundase el delito; pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia; lo mismo que reinó el pecado para muerte, así reina también la gracia por la justicia, para vida eterna, por Jesucristo, Señor nuestro 202. Prueba cómo tu pecado, es decir, el de la transmisión, principió a multiplicarse después de la ley, que recibió incremento después del ministerio de Moisés”.
Ag.- Prueba tú, según antes dijiste, que el reino del pecado, promulgada la ley, quedó destruido; pues el Apóstol enseña que, dada la ley, abundó el pecado. Confirmo lo dicho, pues aunque no lo diga, está claro. Antes de la ley existió el pecado original: por un hombre entró el pecado en el mundo, y con él pasó la muerte por todos los hombres 203. Era un pecado voluntario: Porque los que pecaron sin ley, sin ley perecerán 204. Y así: Se introdujo la ley para que abundara el pecado 205; porque a estas especies de pecados, ya existentes antes de la ley, se suma el que se llama transgresión, pues donde no hay ley no existe transgresión 206. Y donde abundaron todas estas especies de pecados, sobreabundó la gracia 207, porque a los que participan de su abundancia se les perdonan todos los pecados, y además se les otorga vencer el placer del pecado por el deleite de la gracia, y, finalmente, llegar a la vida en la que no hay pecado.
¿Por qué, pues, no va a estar permitido comparar cosas que no tienen entre sí ninguna semejanza, como poco ha dijiste, si esta confrontación establece una oposición real entre generación y regeneración; entre el reino de muerte y de vida; entre abundancia de gracia y perdón de pecados; entre el placer del pecado que, por corrupción de la naturaleza, se convierte en hábito malo, y la lucha contra la concupiscencia de la carne que, con la ayuda del Espíritu Santo, conduce a la paz de la victoria y nos libra de nuestros enemigos interiores y exteriores? Retén bien esto en tu memoria si aprecias tu salvación, y deja de atacar neciamente los principios de una sana doctrina.
Libido
- Jul.- “Sostienes que en estos pasajes habla el Apóstol de un pecado natural. Había dicho antes que este pecado existió hasta la ley, para darnos a entender que dejó de existir después de la ley; dice también que principió a crecer y multiplicarse después de la ley. Ambas afirmaciones, lo hemos demostrado, se pueden armonizar en sentido católico, el nuestro; pero en tu doctrina, ¿cómo puedes sostener, sin descaro, que este único e idéntico pecado desapareció con la promulgación de la ley, e intimada ésta se multiplicó a gran escala? ¿Cómo, después de la ley, se multiplicó en abundancia el pecado natural? ¿Es acaso que los movimientos de la carne son ahora más violentos, y tu pecado debe considerarse que ha podido adquirir un considerable desarrollo debido a la fuerza y novedad de sus movimientos? ¿O fue dada a los niños una ley y, después de engendrados, a impulsos de esta concupiscencia, que tú llamas diabólica, raíz y fruto de pecado, recibirán mandato de purificar una naturaleza a la que fueron extraños, para hacer honesto el acto de los padres al engendrarlos? ¿Estaría la naturaleza corrompida y serían ellos culpables de un crimen de rebeldía precisamente por haberse negado a tal mandato? Esto no podía ser ordenado ni por un ignorante, y está muy lejos de poder proceder de una ley dada por Dios”.
Ag.- Hemos dicho acaso en algún lugar que el pecado original se multiplicó después de la ley? ¿O interpreté en este sentido estas palabras del Apóstol: La ley se introdujo para que abundara el delito? Abundó, no porque esta especie de pecado, ya existente, haya aumentado, sino porque sobrevino otra especie de pecado, que no existía antes de la ley; es decir, la transgresión, como, poco ha, hemos demostrado. Existe concupiscencia en la carne, y pasión ardiente en los órganos genitales, contra las que lucha la castidad de los santos. Te deleita mucho esta pasión, pues a pesar de la repugnancia que inspira al pudor conyugal, al hacer buen uso de ella en la generación de los hijos, tú te esfuerzas por darle entrada, con todas sus luchas, de las que es surtidor, hasta en la paz del Edén; condenándote a ti mismo a ser excluido de esta morada de felicidad.
Pero cualquiera que sea tu empeño en su defensa, y cualquiera que sea tu elogio, o es un vicio, o está viciada; por eso es odiosa a los soldados de Cristo que la combaten, pero tú juegas con ella, pues la combates y no te avergüenza alabarla. Todo hombre debe su existencia a esta concupiscencia, carne de pecado 208; por esta razón, el que se vistió de una carne a semejanza de la carne de pecado, no quiso, en su concepción, nacer de ella; y aunque nació en carne verdadera, no nació en carne de pecado. Es por efecto de esta concupiscencia, tu protegida, bella a tus ojos, odiosa a todos los santos, el que los niños, en el momento de ser engendrados, contraen un pecado de origen, cuya mancha sólo quita la regeneración; el pecado es obra de Adán; la regeneración, de Cristo; por Adán entró el pecado en el mundo; por Cristo se perdona el pecado del mundo. Tal es la idea que se forma de Adán y de Cristo todo el que pasa de Adán a Cristo.
Sacrificio por el pecado
- Jul.- “¿Qué se añade al pecado natural después de la ley, cuando en la ley no se encuentra una prohibición, una condena relativa al pecado, ni una palabra de rechazo?”
Ag.- La existencia de este pecado presente está en la ley; pero es necesario arrancaros el velo 209. ¿Qué otra cosa significa la condena de un alma si el niño no es circuncidado al octavo día 210? ¿Qué otra cosa significa el sacrificio expiatorio que se manda ofrecer por el pecado cuando nace un niño 211? Pero de todo esto ya hemos hablado.
Placer de lo prohibido
- Jul.- “Con certeza no has perdido el sentido hasta decir que la transmisión del pecado, después de la circuncisión, es mayor. ¿Cómo entonces abundó después de la ley, si ni se condena ni se menciona en la ley? Ves cómo, en armonía con la sana razón, haces consistir el pecado en la voluntad del pecador. Hasta la ley, dice el Apóstol, reinó el pecado 212, para dar a entender que después de la ley existe la transgresión al violar los preceptos promulgados; de esta forma fue más abundante el pecado por la promulgación de la ley; con la transgresión, la culpa se hace más odiosa, pues los actos de una voluntad perversa, si antes de la ley eran pecado, después de la ley son transgresión; aunque Dios no dio su ley para que los hombres se hicieran peores por el castigo.
En sí, la ley no es pecado ni causa de pecado, sino mandato santo, justo y bueno 213. Mas como la maldad de los delincuentes se hirió con el hierro que debía sanarlos y resistió a la voluntad de Dios, encontraron su pérdida en lo que debía ser su ganancia. Contempla el Apóstol las cosas en sus efectos y dice que la voluntad de Dios al darnos la ley ha sido contrariada. Y como los hombres no se han mejorado, intento del legislador, y en muchos casos sucedió lo contrario, dice Pablo que la prevaricación de los pecadores hace que la ley parezca haber sido dada para que se hagan más perversos los malvados y al pecado se sume la transgresión”.
Ag.- Dices estas cosas y desconoces cuál fue la intención de Dios al intimar la ley y que pone en claro Pablo el apóstol; y avanzas tu blasfemia hasta decir que la voluntad de Dios al dar la ley ha sido contrariada; como si pudiera suceder algo fuera de lo que Dios ha previsto; dices también que la ley ha producido efectos contrarios a las intenciones del divino legislador. Según tu sabiduría, Dios, conocedor del futuro, se equivocó en su intención. No pones mientes en lo que está escrito: Muchos proyectos en el corazón del hombre, pero el consejo del Señor permanece eternamente 214. Si quieres conocer, en cuanto es permitido al hombre, el plan de Dios todopoderoso y omnisciente al dar la ley, medita estas palabras del Apóstol: Si se hubiera dado una ley capaz le vivificar, la justicia vendría de la ley.
Y como si preguntásemos: ¿para qué fue dada la ley?, continúa: Pero de hecho, la Escritura todo lo encerró bajo pecado, a fin de que la promesa fuera otorgada a los creyentes mediante la fe en Jesucristo 215. He aquí el designio de la ley promulgada. Además, ¿quién ignora, no es a la ley, sino al vicio de los hombres, a quienes hay que atribuir la abundancia de maldad que sobrevino dada la ley? Pero esta corrupción encuentra mayor placer en lo prohibido, y por la ley adquiere nueva fuerza el pecado 216; sólo puede ser sanada por el espíritu que vivifica, no por la letra que mata; letra que, sin embargo, fue útil; porque al dar muerte, por transgresión, el deseo pecaminoso se inflama ante la prohibición de que es objeto; esta letra obliga a los pecadores a recurrir al Espíritu vivificador, y el hombre, que confiaba fatalmente en sus fuerzas, se ve forzado a invocar la ayuda de la gracia de Dios mientras que, bajo la ley, aunque santa, justa y buena, el hombre yacía sin vigor, impotente, incapaz de realizar por sí mismo obras santas, justas y buenas.
Vuelve Juliano a contradecir al Apóstol
- Jul.- “Con razón se puede decir que antes y después de la ley abundó el delito que cada uno comete por propia voluntad; pero antes de la ley era una voluntad pecadora: después de la ley es prevaricadora. Una cosa crece y abunda cuando toma incremento en su especie; así, después de Moisés, al pecado cometido por un libre querer vino a sumarse la circunstancia agravante de una transgresión; no cambia la especie en tiempos diversos, es la misma, pues es fuente una voluntad perversa, y antes de la ley y después de la ley ha pecado, no en virtud de una fuerza irresistible, sino a causa de una vituperable debilidad.
Siendo esto así, no puedes apoyar tus doctrinas en palabras del Apóstol. En efecto, no enseña que al introducir la ley el pecado de transmisión sea más abundante o más grave; no se puede tampoco decir hayan sido los pecados voluntarios más numerosos, pues se evidencia no pueden relacionarse con la voluntad de los niños. No puede abundar después de la ley lo que la ley no puede prohibir ni castigar. Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, y así como reinó el pecado para muerte, así también reinó la gracia por la justicia para vida eterna”.
Ag.- Ciertamente, el pecado original no aumentó después de la ley, lo encontró ya en acción, y estaba simbolizada su limpieza en la circuncisión de los niños; como también encontró pecados de ignorancia, que no aumentaron promulgada la ley, pues la misma ignorancia disminuye con el conocimiento de la ley. Pero el pecado, sin el cual nadie nace, creció con el mal uso de la voluntad, al solicitar la concupiscencia original el consentimiento del pecador. Abundó, pues, el pecado, es decir, creció en demasía, después de existir el conocimiento del pecado 217, por la ley, y comenzó a pecar transgrediendo la ley.
Si queréis examinar los textos con atención e inclinaros ante la verdad, no os veréis forzados a entrar en contradicción con el Apóstol, que clama: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres 218. Dice él: Pasó por todos los hombres; vosotros decís: No pasó por todos los hombres. ¿Qué otra cosa hacéis, si no es contradecir al Apóstol? Y si al Apóstol, también a Cristo. ¿Por qué asombraros os aborrezca la Iglesia de Cristo, por vuestras disolventes doctrinas, cuando tratáis de excluir de los remedios salutíferos de Cristo a los niños?
El Jesús de los niños
- Jul.- “Más claramente abre el Apóstol el proceso de su razonar y enseña que, cuando se aleja el hombre del camino de la salvación, Dios, en su misericordia infinita, a situaciones desesperadas aplica remedios más eficaces, para obligarnos con sus beneficios si no nos puede doblegar con sus preceptos; y es tal el deseo de ganar el afecto de los hombres en el futuro, que no les imputa sus faltas pasadas, para que ellos mismos trabajen en guardar la justicia, que, en recompensa de su fe, habían obtenido. La abundancia de los pecados pretéritos exige la ayuda de una gracia sobreabundante, porque si el remedio de la gracia no fuera tan potente, imposible medicinar males de tamaña gravedad.
Sin embargo, en este elogio del beneficio divino vio el Apóstol abierta la puerta a una objeción, pues se puede argüir: si juzgamos de la importancia de las causas por sus efectos, y si la abundancia de nuestros pecados nos proporciona una sobreabundancia de gracia divina, debemos aumentar el número de nuestros pecados para no dejar secarse la fuente de la gracia. A esta objeción sale al paso y añade el Apóstol: ¿Qué diremos, pues? ¿Perseveraremos en el pecado, para que abunde la gracia? En modo alguno. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque hemos sido bautizados juntamente con él para muerte en el bautismo, a fin de que, como Cristo resucitó de entre los muertos para la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva”.
Ag.- No os asfixian estas palabras del Apóstol, pues las recordáis para que no olvidemos cuán firmes son los cimientos de la casa de Dios, que vosotros os empeñáis en destruir? Necio, después que dijo el Apóstol: Si estamos muertos al pecado, ¿cómo podemos vivir aún en él?, añade: ¿Ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, para demostrar que los bautizados en Cristo estaban muertos al pecado.
¿Tan sordo eres para no oír esto? ¿Tan ciego estás que esto no ves? Confiesa, pues, que los niños bautizados han muerto al pecado, reconoce la existencia del pecado original, pues los niños no pueden morir a otro pecado; o canta la palinodia y di que no conviene bautizar a los niños, pues cuando son bautizados no lo son en Cristo Jesús, o no son bautizados en su muerte; y borra; si puedes, las palabras de Pablo: Todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte. Y si no puedes borrar estas palabras, y no lo puedes, cuando oyes todos, no quieras excluir a los niños; permite a Cristo ser el Jesús de los niños; porque si los exceptúas, ya no salva a su pueblo con sus niños de sus pecados, y es precisamente por esto por lo que dice el ángel: Le llamarás Jesús 219.
Cuerpo de pecado
- Jul.- “Estamos muertos al pecado, dice el Apóstol, en un tiempo en el que, para obtener el beneficio del perdón, prometimos renunciar al mundo y a todos sus pecados; y como memorial de este don debemos llevar una vida que muestre hemos sido sepultados con Cristo y nuestra santidad visible sea imagen de su resurrección; y así con él, resucitado de entre los muertos, ya no habrá enfermedades ni epidemias corporales, seremos invulnerables a todo pecado e inaccesibles al vicio. Porque si fuimos juntamente con él plantados en la semejanza de su muerte, asimismo lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro hombre viejo fue crucificado juntamente con él en la cruz, para que el cuerpo del pecado sea destruido, no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado 220.
Con un razonamiento transparente cerca el Apóstol a sus fieles. Si queréis, les dice, ser partícipes de la resurrección, imitad la virtud de su muerte, a fin de que, muertos al vicio, viváis en la virtud, y seréis compañeros en su felicidad si ahora lleváis la imagen de su muerte muriendo al pecado. Nuestro hombre viejo debe ser clavado en la cruz para destruir el cuerpo del pecado con la fortaleza de su pasión. Llama el Apóstol, según su costumbre, cuerpo de pecado los vicios y no la sustancia de la carne. Continúa: Para que sea destruido el cuerpo de pecado y no sirvamos ya más al pecado. Porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado”.
Ag.- Interpreta como quieras este cuerpo de pecado, pero no negarás que los niños bautizados en Cristo Jesús están muertos al pecado, si no quieres abiertamente negar que han sido bautizados en la muerte de Cristo; y, en consecuencia, negar que han sido bautizados en Cristo Jesús. Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Di ¿a qué pecado mueren los niños bautizados en Cristo Jesús? No encontrarás respuesta si no dices con toda la Iglesia de Cristo: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte; y así pasó por todos los hombres, en el que todos pecaron.
A este pecado mueren los niños bautizados en la muerte de Cristo Jesús. No queráis, por favor, ser como el caballo y el mulo, que no tienen inteligencia. Escuchad: Si estamos muertos al pecado, ¿cómo viviremos en él? ¿Ignoráis que todos los que estamos bautizados en Cristo Jesús, estamos muertos al pecado? Luego todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, estamos muertos al pecado, pues hemos sido bautizados en su muerte.
Escuchad: Todos los que hemos sido bautizados; no dice: no los adultos y sí los niños; o no los niños y sí los adultos, sino todos; niños y adultos, pues los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte y, en consecuencia, muertos al pecado. O decid con toda claridad que los niños no son bautizados en Cristo Jesús o que el bautismo de Cristo no es necesario a los niños; o decid que los niños bautizados en Cristo Jesús mueren a un pecado que no han cometido; o, si no podéis encontrar ningún otro pecado, reconoced por fin la existencia del pecado original.
Por sus padrinos, los niños renuncian y creen
- Jul.- “Habla Pablo a los vivos y les dice que la justicia se da por medio de los sacramentos. ¿Cómo dice que el justificado está muerto, sino porque, al expresarse así, nos muestra, sin ambigüedad alguna, que, en su pensamiento, el vocablo muerte significa renuncia, y escogió esta palabra para dar a entender que los fieles deben abstenerse de todo pecado como se abstienen los muertos de toda acción?”
Ag.- ¡Hombre discutidor! Si en este pasaje del Apóstol muerte significa renuncia, de suerte que el que renuncia al pecado muere al pecado, recuerda el rito que la Iglesia de Cristo, en la que has sido bautizado, observa en la administración del sacramento del bautismo, y verás que los niños, por boca de sus portadores, renuncian y creen; rito que es posible ya no se observe entre vosotros, porque habéis hecho tales progresos en el mal, que erráis e inducís a otros a error diciendo que el niño bautizado no ha de renunciar al pecado porque no tiene pecado original; y si debe renunciar al pecado, decid a qué pecado y corregid de una vez vuestro error.
Los bautizados mueren al pecado
- Jul.- “Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con Cristo, sabiendo que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea ya más de él; porque cuando murió al pecado, murió una sola vez; en cuanto vive, vive para Dios. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús 221. Como Cristo, dijo, murió una sola vez al pecado, es decir, murió una vez sola por nuestros pecados y ya no muere más, sino que vive para gloria de Dios; así vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para servir en la práctica de las virtudes”.
Ag.- ¡Oh admirable explicación! Cristo murió, dice el Apóstol, al pecado; tú dices que esto significa que murió por nuestros pecados. Luego cuando dice: Así también vosotros consideraos muertos al pecado, ¿es preciso entender consideraos muertos por vuestros pecados? No es precisamente lo que en este pasaje dice; tú mismo no lo entiendes así, pues reconoces que los muertos al pecado no viven para el pecado. Prueba, pues, que Cristo murió al pecado, para no creer haya inconsideradamente dicho el Apóstol: Así vosotros. Murió, sí, al pecado, pero para borrar nuestros pecados. No teniendo Cristo pecado alguno, ni original ni personal, ¿cómo pudo morir al pecado, sino porque la semejanza tomó el nombre de la realidad a la que se asemejaba? Cristo vino, lo sabemos, en semejanza de carne de pecado; vino en carne verdadera, pero no como los demás hombres, en carne de pecado; y murió en la semejanza de pecado que lleva en carne mortal; y realizó así el misterio de nuestra redención para que nosotros muramos al pecado, cuya semejanza él vistió; por eso somos bautizados en su muerte; porque así como él murió de verdad, así nosotros recibimos de verdad el perdón de nuestros pecados. Pero se incluyen entre éstos los niños. Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. No somos bautizados en Cristo, de manera que algunos sean bautizados en su muerte, y otros no son bautizados en su muerte; sino que, como dice aquel por cuya boca hablaba el mismo Cristo: Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Consecuencia, todos los bautizados en Cristo Jesús mueren al pecado. Si todos, también los niños. Pero ¿a qué pecado mueren los niños? Confiesa la generación para no negar la regeneración. Reconoce en los niños una carne de pecado, para no negar que murió por ellos la carne a semejanza de carne de pecado.
Concupiscencia, pecado
- Jul.- “¿Dónde encuentras tú aquí una acusación contra la naturaleza? ¿Dónde se habla de una culpa original de la naturaleza humana? ¿Dónde se condenan los actos inherentes a la generación? Es más claro que la luz que el Maestro de los gentiles se dirige siempre a la voluntad del hombre para que no se deje envolver por pasiones secretas y viciosas 222, y progrese hacia una vida mejor mediante la rectitud de sus actos. Resumamos ya los diversos temas de nuestra exposición y dejemos ahora el comentario a las palabras del Apóstol en estos pasajes. Oigámosle explicar su pensamiento. Al final de su discusión se verá que armoniza con la fe o dogma. Nosotros decimos: que habla el Apóstol de un pecado voluntario, cometido por cada uno; tú quieres, al contrario, basado en la autoridad de Fausto, se trate de un pecado transmitido por generación y heredado por todos sin su consentimiento.
Hagamos, si te place, un alto en nuestra discusiones; por mi parte, para discurrir con moderación, olvidaré por un instante la autoridad del Apóstol, autoridad que por sí sería suficiente para probar que, aunque las palabras estuvieran de acuerdo con vosotros, no pueden albergar ideas tan contrarias a la razón. Hay, sí, cierta ambigüedad en sus palabras, pero ninguna perversidad en su doctrina. Concedamos, en este momento, que una inteligencia tan serena y lúcida comprende mejor que tú lo que escribe. No reine, dice, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que le obedezcáis 223.
Podía decir ya, por el testimonio de esta exhortación, que habla el Apóstol de pecados voluntarios, porque si estos males fueran naturales, no podían ser con justicia castigados; o, en última instancia, se nos podía exhortar a implorar el perdón con lágrimas, pero no a evitarlos. Todo el que este mal natural quiera evitar, si existe, caería en una locura mayor que cualquier mal. No sanciona el Apóstol lo que la razón rechaza. Luego es el pecado voluntario el que se nos inculca evitar”.
Ag.- ¿Quién ignora que el Apóstol no habla a los niños, sino a los que pueden comprender sus palabras, y, con la ayuda de la gracia de Dios, observar sus preceptos? Sin embargo, los padres pueden actuar en sus hijos de manera que al crecer, con el uso de la razón, produzcan frutos de obediencia y no reciban en vano la gracia de Dios que recibieron 224, sin saberlo, cuando fueron regenerados. Mas tu bella protegida, odiosa a cuantos la combaten -me refiero a la concupiscencia de la carne por y con la que nace todo hombre-, esta concupiscencia de la carne, digo, nos manda el Apóstol cohibirla y no permite reine en nuestros miembros, y la designa con el nombre de pecado, porque del pecado del primer hombre trae su origen, y todo aquel que consienta en sus movimientos desordenados peca; sólo cuando nuestro cuerpo sea inmortal dejará de existir en nosotros. Por eso cuando dice: No reine el pecado en vuestro cuerpo, ¿por qué añade un vocablo y dice: en vuestro cuerpo mortal, sino para alentar nuestra esperanza de que, cuando no tengamos ya cuerpo mortal, nos desembarazaremos de esta concupiscencia que llama pecado?
Dinos por qué no dijo: No haya pecado en vuestro cuerpo mortal, sino que dice: No reine, sin duda, porque esta concupiscencia, que sólo puede existir en un cuerpo mortal, reina en aquellos que consienten en sus apetencias y obran el mal; y son arrastrados como esclavos por ella por doquier, con fuerza cada vez mayor, hasta hacerlos transgresores de la ley, si la gracia no viene en su ayuda; pero en aquellos que, con el auxilio de Dios, cumplen los preceptos y no obedecen ni a los movimientos ni a los atractivos de la pasión, ni les prestan sus miembros como armas, esta concupiscencia existe, pero no reina en ellos. Prueba su existencia cuando apetecemos el mal; prueba que no reina cuando, por amor a la justicia, no consentimos. ¿Por qué se nos manda desobedecerla, sino porque presiona y trata de persuadirnos? ¿Cómo puede actuar si no está en nosotros?
La gracia perdona y ayuda
- Jul.- “No prestéis vuestros miembros como armas de iniquidad al pecado, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. No domine en vosotros el pecado; no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia 225. Debéis, dice, servir a Dios con mayor fidelidad, porque ha sido con vosotros muy liberal; dominaba en vosotros el pecado cuando se cernía sobre las culpas la amenaza, pero después que, por gracia, habéis obtenido los beneficios de Dios y respiráis libres del peso de vuestros pecados, debéis, por pudor natural, dar gracias al que os sanó”.
Ag.- Según tu costumbre, hija de vuestro error, sólo admites la gracia que perdona los pecados; en lo demás, el hombre, por su libre querer, se fabrica su propia justicia. No es esto lo que enseña toda la Iglesia; ella proclama lo que aprendió de su Maestro y ora: No nos metas en tentación 226. No enseña esto el que dice: Pedro, rogué por ti, para que no falte tu fe 227. Y así la gracia hace que no sólo borre nuestros pecados; aunque, a decir verdad, ayuda de dos maneras: perdona el mal que hemos hecho y nos ayuda a evitar el mal y a obrar el bien.
Nacimiento contaminado
- Jul.- “Y como si hubiera presentado la misma dificultad anteriormente resuelta; es decir, como si se le pudiese objetar que los liberados de la ley a los que amenazaba la cólera, pudieran pecar seguros bajo la benevolencia de la gracia divina, añade Pablo en seguida: ¡Pues qué! ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? De ninguna manera. ¿Ignoráis que, si os sometéis a alguien, como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea al pecado para muerte, sea a la obediencia para justicia? 228 ¿Prestaremos fe a cuanto nos ha dicho sobre la naturaleza del pecado, de la que habló hasta este momento? Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois sus esclavos, ora del pecado, o bien de la justicia. En estas palabras del Apóstol, ¿dónde menciona ese pecado que antes del uso de la voluntad, antes de opción alguna de la obediencia, antes de la edad del crecimiento y de la concienciación, se ha introducido en ellos planeando sobre las semillas genéticas? Ciertamente, a no ser en los libros de los maniqueos, imposible encontrar esta doctrina”.
Ag.- No es en libros maniqueos donde se lee: Éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás 229. Esto lo consideráis una innovación, y con descarada impudencia traducís, como si el Apóstol no hubiera escrito naturaleza, sino totalmente hijos de ira. Quizá os atrevéis a corregir esto en vuestros códices, porque no queréis reconocer que esta fe, cuanto más verdadera es, tanto más antigua, como si no se encontrase en todos los códices latinos. Y precisamente por esto nos aconseja el Apóstol obedecer a la justicia, no al pecado, porque “todos nacemos en pecado y nuestro nacimiento está contaminado” 230.
Borrado este pecado contraído por generación, por la gracia de la regeneración, debemos obedecer al espíritu de justicia y no obedecer a las apetencias de la carne, contra la que hemos de luchar; y recordando que esta misma piadosa obediencia es un don de Dios, prometido por el profeta cuando dice: Les daré un corazón para que me conozcan y oídos para que me escuchen 231, ¿qué otra cosa quiere decir, sino que seamos obedientes?
Como viento
- Jul.- “Además, si en nuestros días prestamos fe a las palabras del Apóstol, nos dice que son esclavos del pecado solamente los que, por voluntad propia, obedecen al pecado, voluntad que pueden cambiar para comenzar a servir a la justicia. Pone Pablo de relieve el papel de la obediencia, a la que imputa todos los pecados de la vida pasada y todas las virtudes que practique”.
Ag.- Como viento se desvanecerán cuantos confían en sus fuerzas 232 como vosotros, y como vosotros serán destruidos.
Don de la obediencia
- Jul.- “Pero, gracias a Dios, aunque fuisteis esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” 233.
Ag.- Escucha, sordo, al Apóstol dar gracias a Dios porque su doctrina ha sido obedecida de corazón. Y no dice: Gracias sean dadas a Dios porque su doctrina ha sido anunciada, sino porque la habéis obedecido. No todos obedecen al Evangelio, sino sólo aquellos que han recibido el don de la obediencia. A vosotros os ha sido dado conocer el misterio del reino de los cielos, dice el Señor; a ellos no les ha sido dado 234. Ellos no obedecieron de corazón, es decir, voluntariamente, si la voluntad no es preparada por el Señor; pues de otra suerte mentiría el Apóstol al dar gracias a Dios por algo que uno puede conseguir por sí mismo.
El cambio, obra de Dios
- Jul.- “El cambio de corazón en la obediencia os ha liberado del pecado y os ha hecho adheriros a la santidad”.
Ag.- Pero este cambio es obra de la diestra del muy Alto. Escucha a un hombre de Dios proclamar esta gracia en un salmo y aprende quién es el que cambia las voluntades: Y dije: ahora empiezo. Este cambio ha sido obra de la diestra del Altísimo 235.
Don de Dios la buena voluntad
- Jul.- “Hablo como humano, en atención a la flaqueza de vuestra carne, pues así como ofrecisteis vuestros miembros a la iniquidad para servir a la inmundicia y al desorden, así ahora ofreced vuestros miembros para servir a la justicia para santificación 236. ¡Oh maestro, lleno del espíritu de Dios! ¡Oh vaso de oro, trompeta en armonía constante y perfecta! La humanidad de estas exhortaciones dan autoridad a su palabra”.
Ag.- ¡Oh mentiroso, lleno de espíritu herético! Todo lo atribuyes a la voluntad del hombre contra la sentencia del Apóstol: ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? 237 ¡Oh pelagiano! Al que planta y riega dice esto el Apóstol, pues sabe bien que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento 238. Y no sólo da estos preceptos, sino que ora a Dios para que aquellos a quienes dirige la palabra no hagan nada malo. Con toda claridad dice en otro lugar: Pedimos a Dios no hagáis mal alguno 239.
Lucha contra la concupiscencia
- Jul.- “Y para no dar la sensación de imponer al hombre cosas arduas e inaccesibles, emplea un lenguaje familiar, humano, es decir, fácil de practicar, suave en comparación de las causas. No os pido, dice, esfuerzos a las cosas sublimes, ni a las grandes obras virtuosas; preceptos os doy para poder alcanzarlas; no os intimo una ley bárbara, ni os impongo un yugo que apenas se pueda llevar; porque si os mandara algo a nivel del esplendor de la justicia, os excusaríais, por la debilidad de la carne, de no poder con el esfuerzo. Pero ahora vengo a vosotros con moderación y os pido aplicar a la virtud el esfuerzo que antes empleabais en hacer el mal, y aunque sea una injuria comparar virtudes y vicios, sin embargo, es suficiente, en el estado de obediencia en el que os encontráis, buscar la justicia con el mismo afán que antes poníais en servir a la inmundicia y a la iniquidad”.
Ag.- Esto sólo es posible a condición de combatir con todo el impulso del amor a tu bella favorita, la concupiscencia de la carne; contra esta ley de los miembros, con la que nace todo hombre, combate la ley del espíritu; ley que encadena al pecado si no se renace en Cristo. No podrían triunfar los hombres en esta lid si no son guiados por el Espíritu de Dios. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios 240. Id y, en contradicción con esta verdad cristiana y apostólica, destruid con vuestros elogios el libre albedrío. Confiad en vuestra fuerza para caer, no para poneros en pie.
Reforma interior con ayuda de la gracia
- Jul.- “Creamos al maestro de los gentiles y rindamos honor a la verdad de su palabra. Lo que manda es, como él dice, ciertamente humano, y así reforme la voluntad los vicios de esta misma voluntad”.
Ag.- Pero esta reforma humana no se puede llevar a término sin la ayuda de Dios. ¿Quién puede rectificar su querer, sino aquel a quien se implora: Dios de las virtudes, conviértenos 241, y ¡Oh Dios de salvación!, restáuranos? 242 El Señor ordena los pasos del hombre y ordena su camino 243. Si Dios no lo encamina, el hombre no ama los caminos de Dios, aunque la ley preceptúa amarlos.
La libido se enciende en la juventud
- Jul.- “Este lenguaje del Apóstol es humano, pero el otro, el tuyo, es no sólo inhumano y bárbaro, sino injusto; y no sólo injusto, sino también insensato, pues achaca a hombres de su tiempo vicios de una generación antigua, aun sabiendo es un pecado inaccesible; como también el recomendar la abstención de algo que considera inherente a la naturaleza humana, y el intimarme con amenaza renunciar a lo que comenzaría a tener antes que el alma entre en mi cuerpo y que mi cuerpo entrase en este mundo”.
Ag.- Luego la concupiscencia de la carne no es innata, o no manda abstenerse de ella el que dice: Sé continente 244, y Huye de las pasiones juveniles 245. ¿Por qué no dijo: Huye de los deseos voluntarios? Juventud es nombre de una edad determinada; las edades dependen de la naturaleza, no de la voluntad; y esta concupiscencia se enciende al máximo en la juventud; su virulencia está en los niños adormecida, como la razón y la misma voluntad. Pero la mirada cristiana, no pelagiana, distingue entre lo que recibe la naturaleza de la obra del Creador y lo que toma o contrae de la contaminación del vicio; atribuye lo bueno al Creador, e implora el auxilio de un Salvador contra el mal que vivió la naturaleza; por lo que se refiere al pecado con el que nace el hombre, sólo se le preceptúa que renazca.
Triunfo de la fe sobre la impiedad de Juliano
- Jul.- “Sería más justo fuese advertido el Apóstol por los que quería reformar, y meditar sobre lo que les imponía; sabiendo que la primera condición de un buen consejo es guardar una cierta medida. Está desautorizada toda doctrina que no observa el fiel de la justicia. Es cierto que el venerable legislador de la Iglesia, como lo justifica su autoridad, prudencia, equidad y humanidad, no pensó nunca en un pecado natural; sí enseñó, conforme a verdad, que nos hacemos esclavos de los vicios por propia voluntad, y por esta misma voluntad, bien guiada, podemos servir a la justicia. Como hasta el presente me he ocupado en comentar este pasaje para demostrar que la doctrina de los maniqueos no se puede defender por las palabras del apóstol Pablo, y la verdad de su doctrina quedó probada por el contexto a lo largo de todas sus sentencias, ponemos fin a este segundo libro. Juzgamos, no obstante, necesario advertir que a los traducianistas les queda sólo su impudencia; pues reconocen no les es favorable la razón, y buscan consuelo en las palabras del Apóstol ya explicadas; y como es evidente que en estas palabras nada hay reprensible, nada contrario a la santidad y a la razón, es claro que esta doctrina de la transmisión queda arrasada por la razón, la autoridad de numerosos textos de la Escritura y por la religión católica, radicada en Dios, y no puede apoyarse en la doctrina de esta perícopa”.
Ag.- Es manifiesto a todos cuantos tienen la cabeza en su sitio y leen estas páginas con inteligencia, que la multitud de tus palabras van contra las sentencias del Apóstol más que contra las mías; pero nada razonable encontraste que decir y has empleado todos los resortes de un charlatán para dar la sensación a los ignorantes de que has dicho algo sensato. Queráis o no: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así pasó por todos los hombres 246. ¿Qué significa este así? Por un pecado, o no sin pecado. No pasa la muerte si no es guiada por el pecado; la muerte sigue, no precede al pecado.
De esta raíz brotan todas las miserias de los mortales desde el día, como está escrito, de la salida del vientre de sus madres 247. Miserias que sin culpa hacéis caer sobre los niños, lo que es una verdadera injuria al Dios justo; y servís horriblemente a los maniqueos; éstos, para no acusar a Dios de injusticia, atribuyen las miserias que llueven sobre todos los hombres después de su nacimiento, a una naturaleza inmutable del mal, sustancia tenebrosa que emana de otro principio. La fe católica triunfa de esta impiedad y de la vuestra al atribuir estos males al pecado que entró en el mundo, por voluntad del primer hombre; al pecado siguió la muerte cuando el alma huye y el cuerpo muere; muerte que vosotros creéis natural, aunque el hombre no hubiera pecado.
De donde se deduce que no sólo la dominante concupiscencia, que hace vuestras delicias, sino incluso la fiebre molesta y otras innumerables enfermedades de las que vemos morir a los niños, existirían, en vuestra opinión, en el paraíso aunque no existiera el pecado; pues sin mérito de pecado afirmáis que sufren los niños. Templad, por favor, vuestros falsos y perniciosos elogios; excluid a los niños y lactantes de los males que vuestro sádico error alaba como si no tuvieran mal alguno; permitid a los niños que han de ser liberados venir a Cristo Salvador; y, vencidos y corregidos, permitid que la naturaleza, enlodada por el primer hombre, sea por un segundo hombre sanada.