BAC vol. 31
Libro 31
RÉPLICA A FAUSTO, EL MANIQUEO
Libro XXXI
Interpretación maniquea y católica de Tt 1,15
Moisés y los profetas poseyeron su mente y conciencia mancilladas
- Fausto: —Todo es puro para los puros, mas para los impuros y manchados nada es puro; antes bien están mancilladas su mente y conciencia1.
—Hay que considerar también si os conviene creer que esto lo dijo Pablo. Hasta ahora ha quedado claro que Moisés y los profetas no sólo estaban impulsados por los demonios cuando dictaron leyes tan importantes sobre la clasificación de los alimentos, sino que ellos mismos fueron también inmundos e mancillados en su conciencia, de suerte que se les puede aplicar con propiedad lo que sigue: Confiesan que conocen a Dios, pero lo niegan con sus hechos2. ¿A quién se ajusta esto más que a Moisés y a los profetas? Se demuestra que ellos vivieron de forma muy distinta a como se ajusta a los que conocen a Dios.
Hasta el presente, sólo había pensado en los adulterios, engaños y homicidios para probar que Moisés y los profetas tenían sus conciencias manchadas. Mas ahora este pasaje permite conocer que también tuvieron mancillada su mente, puesto que pensaron que había algo impuro. ¿Hasta qué punto seguís pensando aún vosotros que a unos hombres semejantes les acaeciera ver la divina Majestad, si está escrito que sólo pueden ver a Dios los puros de corazón?3 Aunque ellos se hubiesen mantenido alejados de las acciones ilícitas, sólo este abstenerse de ciertos alimentos, si es que contamina la mente, pudo haberles negado la contemplación de la divinidad.
Así, pues, se ha esfumado ya y se ha apagado simultáneamente el motivo de gloria de Daniel y de los tres niños. Hasta que llegó la enseñanza según la cual no hay nada inmundo, fueron considerados en el judaísmo como jóvenes de gran continencia y mente sana, porque, acordándose de las tradiciones de los padres, se habían mantenido incontaminados de los manjares de los gentiles y sobre todo de las carnes inmoladas4. Pero, al final, ha resultado que también ellos contaminaron su mente y su conciencia, precisamente cuando su boca se abstenía de la sangre y carne consagrada a los manes.
El que escribió Tt 1,15 no cuadra en ninguna religión
- Pero a éstos quizá los excuse su ignorancia. Como aún no había aparecido esta fe cristiana que enseña que todo es puro para los puros, ellos pensaron que algunas cosas no eran puras. Vosotros, en cambio, ¿a qué excusa podéis recurrir ahora? Pablo proclama que no hay nada que no sea puro5; sostiene que abstenerse de los alimentos es enseñanza de los demonios y considera que tiene mancillada su mente quien piense que hay algo manchado; vosotros, en cambio, no sólo os abstenéis, como dijimos, sino que incluso buscáis la gloria en ello y creéis que sois tanto más gratos a Cristo cuando más os abstengáis de los alimentos, esto es, —según esa sentencia—, cuanto más mancillados tengáis vuestra mente y más manchada vuestra conciencia. ¿Qué decís?
En el mundo hay tres religiones, que coinciden en poner la purificación de la mente en la abstinencia escrupulosa aunque con ceremoniales muy diversos. Me refiero a los judíos, a los cristianos y a los gentiles. ¿No puede descubrirse de cuál de esas religiones procede el discurso que enseña que no hay nada que no sea santo? Del judaísmo en ningún modo; dígase lo mismo del paganismo, puesto que también él clasifica los alimentos, con la única diferencia de que el pagano y el hebreo disienten respecto a algunos animales. Sólo queda la fe cristiana. Si juzgas que es propio de ella no considerar nada como impuro, has de confesar que entre vosotros no hay nadie que sea cristiano. Pues, para silenciar otras cosas, todos entre vosotros piensan que no es pequeña mancha comer carnes de animales muertos o sacrificados a los ídolos6. O, si vosotros lo hacéis por derecho de cristiandad, tampoco hay una determinación de esta religión que suprima absolutamente toda abstinencia de alimentos inmundos. ¿Cómo, pues, pudo decir Pablo algo que no se ajusta a ninguna religión? La conversión de Pablo del judaísmo al cristianismo fue un cambiar de ceremonial más que un despojarse de una religión. Pero a mí me parece que quien escribió este pasaje no se apoyaba en ninguna religión.
Lo que se objeta a los maniqueos, se vuelve contra los católicos
- Si investigando las Escrituras halláis algo que lesione nuestra fe, acordaos de objetárnoslo sólo cuando hayáis comprobado que no va contra vosotros. Es el caso de la escena de Pedro que soléis presentar, como si él hubiera visto alguna vez una bandeja que descendía del cielo, en la que había animales de toda especie y reptiles, y, ante su asombro y admiración, oyó una voz que le decía: Pedro, mata y come cuanto ves en la bandeja. A lo que él replicó: Señor, no tocaré nada que sea profano e impuro. De nuevo le dijo la voz: No llames impuro a lo que yo he santificado7. Aunque pareciera que mediante una alegoría significaba algo diferente y no que no hay distinción entre los alimentos, con todo, como a vosotros os agrada también esta interpretación, es de necesidad que comáis indistintamente de todas las bestias, culebras, hembras y machos, y de todas las demás clases de reptiles, ajustándoos a la visión de Pedro. En este punto probaréis que sois de verdad oyentes de la voz que se dice que oyó. Y, no obstante, habéis de recordar siempre que de aquí salen condenados Moisés y los profetas, quienes juzgaron que eran impuras muchas de las cosas que, conforme a dicha sentencia, ha santificado Dios.
Nada es puro para los maniqueos
- Agustín: Lo que dice el Apóstol: Todo es puro para los puros8, quiso que se entendiese de las naturalezas que Dios creó, de acuerdo con lo que escribió Moisés en el Génesis: Dios hizo todas las cosas y vio que todas eran buenas9, no de lo aquello de lo que eran signo, conforme a lo cual Dios, sirviéndose de Moisés, distinguió las cosas puras de las impuras10. Como ya he hablado mucho y en muchos lugares al respecto, baste ahora con haberlo advertido. El Apóstol llama impuros, porque piensan carnalmente, e infieles, porque no distinguen el tiempo de la gracia del de la ley a aquellos que, ya en la época del Nuevo Testamento, aún piensan que hay que observar aquellas sombras de realidades futuras, hasta el punto que pretenden que los gentiles no pueden recibir la salvación de Cristo sin ellas. Dice que nada es puro para ellos, porque no se servían ni santa ni justamente ni de lo que rechazaban ni de lo que tomaban, como todos los infieles, y sobre todo vosotros, maniqueos, para quienes nada absolutamente es puro. Ni siquiera el mismo alimento que tomáis, aunque lo separéis con gran esmero del contagio de la carne, es puro para vosotros, pues afirmáis que es producto del diablo. Sostenéis además que, comiéndolo, purificáis a vuestro Dios, encadenado a él y manchado. Al menos deberíais teneros por puros vosotros en cuyos vientres merece él ser purificado. Pretendéis asimismo que vuestros cuerpos son de la misma naturaleza y obra de la raza de las tinieblas y que vuestras almas están aún manchadas en vuestros cuerpos. ¿Qué hay, pues, puro para vosotros? Ni lo que tomáis, ni el lugar a donde enviáis lo que tomáis, ni vosotros mismos que purificáis lo que tomáis. Ya veis a quienes se refería el Apóstol con dicha sentencia. Sentencia que declara impuros a todos los infieles, pero que sobre todo os deja convictos de impureza a vosotros.
Así, pues, todo es puro para los puros según la naturaleza en que fueron creados, pero no todo era puro para el primitivo pueblo judío en razón de su simbolismo. Ni siquiera es todo apto para nosotros ya en atención a la salud del cuerpo, ya por la costumbre de la sociedad humana; mas como a cada cosa se le da lo suyo y mantiene el orden natural, todo es puro para los puros, mas para los impuros e infieles, como sois sobre todo vosotros, nada hay puro. Las palabras del Apóstol que siguen os las podéis aplicar a vosotros mismos saludablemente, si queréis sanar vuestra conciencia cauterizada. Continúa así: Antes bien, su mente y conciencia están mancilladas11.