BAC vol. 28
Libro 03
CUESTIONES SOBRE EL HEPTATEUCO LIBRO III
Cuestiones sobre el Levítico
1 (Lv 5,1). Si una persona peca y oye la voz del juramento y ella es testigo, o lo ve, o lo sabe, si no lo declara y se carga con el pecado, es decir, si no lo declara, se carga con el pecado. La añadidura de «y» es un modo habitual de expresarse de la Escritura. Pero como el sentido es oscuro, hay que exponerlo. Parece que el texto quiere decir que un hombre comete un pecado si, oyendo que alguien jura en falso y sabiendo que jura en falso, se calla. Lo sabe, si ha sido testigo de la cosa acerca de la cual se hace el juramento o si la vio o la supo, es decir, si la conoció de algún modo, o viéndola con sus propios ojos o si se lo dijo el mismo que hizo el juramento. Pues pudo saber la cosa de ese modo. Ahora bien, entre el temor de este pecado y el temor a descubrir a los demás existe muchas veces una prueba no pequeña. Porque podemos evitar que el que está dispuesto a perjurar cometa un pecado tan grande, o bien reprendiéndole o bien prohibiéndoselo. Si no nos hace caso, y jura en falso ante nosotros acerca de algo que nosotros sabemos, es cuestión dificilísima de saber si tenemos que delatarle, si por delatarle incurre además en peligro de muerte. Como el texto no dice aquí a quién hay que decírselo, si es a aquel a quien se jura o al sacerdote o a cualquier persona que no sólo no pueda perseguirlo irrogándole el suplicio, sino que pueda incluso orar por él, a mí me parece que la persona se ve libre incluso del vínculo del pecado si se lo dice a aquellos que pueden aprovechar más que dañar al perjuro, o para Corregirle o para aplacar a Dios por él, si él mismo utiliza la medicina de la confesión.
2 (Lv 5,2-3). Después de mencionar este género de pecado, consistente en no denunciar el perjurio de una persona, la Escritura no manda ofrecer sacrificio alguno por ese pecado. Y luego añade: Quienquiera que toque cualquier cosa impura, ya sea de un cadáver, ya de un animal impuro capturado por una fiera, ya de las cosas que han muerto de las abominaciones impuras, el cadáver de los jumentos impuros, o toque cualquier cosa de las impurezas humanas, de cualquier impureza del hombre con la que se mancha, si la toca, y no se da cuenta, pero después se da cuenta y se hace culpable. Tampoco aquí se menciona el sacrificio que había que hacer por este género de pecado, sino que el texto añade aún lo siguiente: Quienquiera que haga un juramento distinguiendo con sus labios el hacer mal o el hacer bien según todas las cosas que el hombre distingue al jurar, y no se dé cuenta y lo sepa y cometa uno de estos pecados, y confiese el pecado con el que pecó contra él1. Unidas y explicadas todas estas cosas sin mención alguna del sacrificio, el texto añade lo siguiente: Y ofrecerá al Señor por estos pecados que hizo, por el pecado que cometió, una hembra, una oveja de las ovejas o una cabra de las cabras por el pecado. El sacerdote hará la expiación por él, por su pecado, y se le perdonará el pecado2.
¿Qué significa que por un perjurio oculto de una persona y por tocar un cadáver o algo impuro, la Escritura no mencione ningún sacrificio y, en cambio, por el pecado de hacer un juramento falso involuntariamente mande ofrecer en sacrificio una oveja o una cabra? ¿Hay que pensar que este sacrificio debe ofrecerse por todos los pecados mencionados anteriormente? En efecto, el autor prefirió enumerar antes todos los pecados y decir luego con qué sacrificio había que expiarlos. Pero en todos los géneros de pecados mencionados antes hay algo expresado de manera bastante oscura, debido a las expresiones que utiliza la Escritura, como, por ejemplo, cuando dice: el cadáver de los jumentos. Los griegos llaman kténe a lo que muchos de nuestros traductores llaman iumenta (jumentos). Ahora bien, esta palabra en el uso latino habitual designa a aquellos animales que suelen emplearse sobre todo como animales de carga, como son los caballos, asnos, mulos, camellos, y otros animales por el estilo. En cambio, lo que los griegos llaman kténe tiene un sentido tan amplio, que puede comprenderse bajo este nombre a todos o casi todos los ganados. Y por eso, en el texto griego se añadió con un nuevo género de expresión, a manera de pleonasmo, la palabra impuros, al mencionar a los jumentos, porque hay también ganados puros, que reciben el nombre de kténe. En cambio, los animales que la lengua latina habitual denomina jumentos, según la distinción que hace la ley, sólo son impuros.
3 (Lv 5,4). En relación al texto citado antes: Quienquiera que haga un juramento distinguiendo con sus labios el hacer mal o el hacer bien, puede uno preguntarse qué significa distinguiendo (distinguens), porque esta palabra aparece muchas veces en la Escritura. Así, por ejemplo: Cumpliré mis votos, que distinguieron mis labios3. En Ezequiel se dice también: Si yo digo al inicuo: «morirás sin remedio», y tú no distinguiste ni hablaste 4. Y en otro lugar se dice: Si una mujer, estando en casa de su padre, hiciera un voto, distinguiendo con sus labios contra su alma5. Esta distinción parece ser como una definición por la que se separa una cosa de las demás, las cuales no se sostienen por la sola palabra. Aquellas palabras hay que entenderlas como si se hubiera dicho: La persona que haga un juramento, definiendo con sus labios el hacer mal o el hacer bien según todas las cosas que define el hombre al jurar y no se dé cuenta —es decir, si jura hacer una cosa sin saber que hay que hacerla o no hay que hacerla— y lo sepa y cometa uno de estos pecados —o porque juró antes de saberlo o porque hizo lo que juró y supo después que no había que hacerlo ni había que haber jurado— y confiese el pecado con el que pecó —es decir, el pecado que cometió, pues se trata de una locución de la Escritura.
Lo que se dice a continuación: contra él, ¿qué significa sino que confesó el pecado contra sí mismo, es decir, confesando el pecado se acusó a sí mismo? Y ofrecerá al Señor por estos pecados que hizo, por el pecado que cometió, una hembra, oveja de las ovejas —utiliza la expresión habitual oveja hembra, como si pudiera existir una oveja no hembra— o una cabra de las cabras. Como dice una oveja de las ovejas, dice también una cabra de las cabras, como si pudiera existir una oveja que no fuera de las ovejas o una cabra que no fuera de las cabras. Plantean algún problema, un problema incluso no pequeño, las palabras que el texto repite con frecuencia: después de esto lo advierte y delinque, como si quisiera decir que el pecado se comete cuando se conoce. ¿No se trata más bien de que, si no se conoce, no se puede ofrecer la satisfacción? Pero el texto no dice: después de esto lo advierte y se arrepiente. ¿Qué significa, por tanto, después de esto lo advierte j delinque? ¿Se trata de que delinque después de advertirlo? De modo que se aplicaría la purificación por el delito si el hombre hubiera hecho a sabiendas lo que no debería haber hecho. Pero antes no dijo esto. Y así parece que el Señor castiga los pecados que cometen los que no se dan cuenta y, por ende, los que no quieren pecar. La Escritura ha utilizado quizá la palabra delinque para querer decir «supiera que es delito». ¿O se ha dicho en orden inverso —puesto que la Escritura emplea esta clase de expresiones— lo que se decía en orden Correcto en otros lugares parecidos? Porque, estando escrito tantas veces en otros lugares de este modo: Y delinque y lo advierte, sólo aquí, como dije antes, se dice primero, en orden inverso, lo advierte, y después se dice y delinque. Siguiendo su orden, sólo podría decirse así: Quienquiera que toque cualquier cosa impura, ya sea de un cadáver, ya de un cadáver impuro capturado por una fiera, ya de las cosas que han muerto de las abominaciones impuras, el cadáver de los jumentos impuros o toque cualquier cosa de las impurezas humanas, de cualquier impureza del hombre con la que se mancha, si la toca, y no se da cuenta y delinque, pero después se da cuenta6.
4 (Lv 5,7). Pero si su mano no tiene lo suficiente para dar una oveja, ofrecerá al Señor por el pecado que cometió dos tórtolas o dos pichones de paloma, uno por el pecado, y otro como holocausto. Aquí se aclara la cuestión acerca de la cual teníamos dudas anteriormente. Parece que se dice: Uno por el pecado y otro en holocausto, precisamente porque no se ofrecía un sacrificio por el pecado si no se hacía con un holocausto. Además, al hablar antes en particular de los holocaustos, el texto menciona tórtolas, pero no dice que se ofrecieran dos7. Ahora, en cambio, dice que se ofrezcan dos justamente, porque el sacrificio por el pecado no se ofrecía sin el holocausto. Por tanto, en relación con lo que antes se decía: Y lo pondrá sobre el holocausto8, no hay duda de que primero se hacía el holocausto, después se ponía encima aquello. Pero ahora se dice de distinta manera acerca de las aves: primero hay que ofrecer un ave por el pecado y después otra como holocausto.
5 (Lv 5,15). Una persona si se le oculta por olvido. Este texto hay que entenderlo así: si se hiciera algo por olvido de modo que se le ocultara a él, refiriéndose al hombre (eum), o a ella, refiriéndose a la persona. Anima (alma) significa aquí «hombre» (o «persona»).
6 (Lv 5,15.16). Y peca sin quererlo contra las cosas santas del Señor. Esta clase de pecado parece que se pone aquí de manera oscura. Pero se explica a continuación, cuando el texto dice, después de haber aludido al sacrificio de un carnero: Restituirá lo defraudado y añadirá un quinto más9. Por tanto, pecado por olvido contra las cosas santas significa allí «usurpar por olvido algo» que se debe a las cosas santas, ya sea a los sacerdotes, ya a las oblaciones de las primicias o de algo parecido.
7 (Lv 5,17-19). Quienquiera que peque y haga algo que no debe hacerse contra cualquier precepto del Señor y no se dé cuenta y se haga culpable y acepte su pecado, y ofrecerá un carnero del rebaño, sin defecto, según el precio del dinero, como sacrificio por el delito al sacerdote; y el sacerdote hará la expiación por él a causa del error que cometió sin darse cuenta y se le perdonará, pues, efectivamente, cometió un delito ante el Señor. Exceptuando la densidad inusitada de las expresiones, que ya deben ser totalmente familiares por la continua repetición de las mismas, todo el sentido de este pasaje es oscuro, porque podemos preguntar cómo se distingue esta clase de pecado de aquellos que el autor mencionó antes de una manera general. El sentido parece exigir que para cierta clase de pecados hay que emplear cierta clase de sacrificios para expiarlos. Pero esto que acabo de decir no expresa específicamente el pecado, sino que parece quedarse en aquella generalidad, según la cual, al hablar antes del tema, el Señor estableció que se ofreciera un novillo como sacrificio por el sacerdote, y un novillo también por toda la asamblea, un macho cabrío por el jefe, y una cabra o, si lo prefiere, una oveja, ganado de género femenino, por cualquier alma, es decir, por cualquier hombre10. Después se comenzó a exceptuar algunas clases de pecados y a decir expresamente qué sacrificio había que ofrecer por cada uno de los pecados, como, por ejemplo, el perjurio, oído y oculto, de alguien; el tocar un cadáver o una cosa impura; el juramento falso por inadvertencia, por los cuales había que ofrecer una oveja de las ovejas, o una cabra de las cabras, o un par de tórtolas, o un par de pichones de paloma, o la décima parte de una medida de flor de harina11. Por el que había pecado, usurpando por olvido algo de las cosas santas, el Señor mandó ofrecer un carnero y la restitución de la cosa, añadiéndole un quinto más. Ahora, sin decir expresamente la clase de pecado, se añade de una manera general: Quienquiera que peque y haga algo que no debe hacerse contra cualquier precepto del Señor —en aquella afirmación general decía así: Algo que no se hará contra los preceptos del Señor—y no se dé cuenta y se haga culpable, es decir, peque por ignorancia sin querer, manda ofrecer un carnero, no una cabra o una hembra de las ovejas, como antes había ordenado, al hablar de los pecados de aquella manera general. ¿Qué significa entonces esta mezcla? Al decir aquí: Pues cometió un delito ante el Señor, la expresión ante el Señor quizá signifique el pecado que se comete en las cosas que se hacen ante el Señor, esto es, en las cosas mediante las cuales se da culto al Señor en el tabernáculo. Acerca de esto ya se había dicho algo antes, al afirmar: Pecó contra las cosas santas12, y nosotros lo interpretamos en el sentido de que «usurpó algo de las cosas santas», puesto que el Señor había mandado también restituirlo. Por lo cual, en estas cosas no puede pecarse sólo de este modo, usurpando algo por olvido, sino que puede uno pecar además de otras muchas maneras, por ignorancia en las cosas que se emplean en el servicio de Dios. El autor quiso mencionar después esta clase de pecados de una manera general, y por eso, tanto allí como aquí, el Señor mandó ofrecer un carnero. Las Escrituras están repletas de expresiones como ésta: ante el Señor, y no significan más que lo que se ofrece al Señor, como el sacrificio o las primicias o algún servicio en las cosas sagradas.
8 (Lv 5,7). Se presenta también la cuestión de saber si las siguientes palabras: Si su mano no tiene lo suficiente para ofrecer una oveja, se han de tomar siempre en el sentido de que la persona debe ofrecer un par de tórtolas o un par de pichones de paloma, y, si ni siquiera pudiera hacer esto, que ofreciera una cierta cantidad de flor de harina. Porque, si se entiende que siempre es lícito hacer esto, no puede decirse en modo alguno que el sacerdote no tiene un novillo o que toda la asamblea o el jefe no tienen un macho cabrío o una oveja. Y si es así, ¿qué necesidad había de decir después que el perjurio oculto de una persona o el hecho de tocar algo impuro, y el perjurio hecho por ignorancia, se expiaban con el sacrificio de una oveja y de una cabra, siendo así que esos mismos sacrificios están preceptuados también en aquella indicación general del pecado a la cual pudieron pertenecer también estos pecados? Pero si aquí se distinguen estos pecados, porque era lícito ofrecer por ellos tórtolas o palomas, o incluso flor de harina si uno no tenía esas otras cosas, y allí, en donde nada se dice, no era lícito, entonces no parece que se haya ayudado a los pobres, porque podría haber muchos pecados no indicados explícitamente que se referirían a aquella indicación general, según la cual los pobres se verían abrumados si sólo fuera lícito ofrecer una cabra de las cabras y una oveja de las ovejas y aquellas aves y la flor de harina.
A no ser que uno diga que estos pecados exceptuados y expresamente mencionados se distinguen de aquellos que se mencionaron de manera general precisamente porque aquí se habla de una Codera y allí de una oveja, de modo que la edad de los animales presente alguna diferencia, con tal de que se entienda que a los pobres se les ha ayudado con total equidad, puesto que, si no tenían ningún animal cuadrúpedo, podían ofrecer las aves mencionadas o la flor de harina por los pecados cometidos por ignorancia. Pero si se plantea el problema de saber por qué, si antes englobó de manera general todos los pecados de ignorancia y no distinguió los sacrificios por la diferencia de los pecados, cosa que no se estableció, sino por la diferencia de las personas, después habría querido distinguir también los pecados y mandar los distintos sacrificios de acuerdo con su diferencia, como si no todos quedaran englobados en aquella generalización, debo decir que es preciso entender que la distinción se realizó después. Y así los pecados que quedaran, exceptuados los que el Señor mencionó expresa y nominalmente, debemos pensar que se hallan comprendidos en aquella generalización.
Este modo de expresión no se encuentra en ningún otro sitio. Pero en las Sagradas Escrituras se halla algo parecido, cuando el Apóstol dice: Todo pecado que comete el hombre está fuera de su cuerpo. Da la impresión de que aquí no se ha omitido ningún pecado, pues se dice: Todo pecado que comete el hombre. Pero después exceptuó la fornicación, cuando añadió: Pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo13. Esto, según nuestro modo de hablar, habría que expresarlo así: Todo pecado que comete el hombre, excepto la fornicación, queda fuera de su cuerpo; pero quien fornica, peca contra su propio cuerpo. Lo mismo sucede aquí: El autor habló primero de modo general, refiriéndose a todos los pecados de ignorancia y mencionando los sacrificios con los que deberían expiarse; después exceptuó aquellos pecados que, mencionados de manera expresa y distinta, necesitaban sacrificios especiales para ser expiados. Y así, exceptuando estos pecados, todos los demás que hubiera, entrarían en aquella generalización.
9 (Lv 6,6). Ofrecerá un carnero del rebaño, sin defecto, según su precio, por lo que pecó. No hay que separar la frase así: según el precio en el que pecó, como si significara: «en el precio que pecó», sino: «si ofrece un carnero, lo ofrecerá por un precio», es decir, será comprado. Parece que el Señor también quiso que esto tuviera algún significado misterioso, porque no definió el precio. Si lo hubiera establecido, podría parecer que mandó que no se ofreciera en sacrificio un animal de poco valor, de modo que, aunque el que lo ofreciera no lo comprara, ofrecería una cosa que tendría un valor. Pero, al añadir, no sólo el precio, de modo que se ofreciera un carnero comprado, sino al mencionar también los siclos, el siclo santo —pues el texto dice: Según el precio de siclos de plata, del siclo santo14—, el Señor quiso que el carnero se comprara por algunos siclos, no por uno solo. Con respecto a lo que significa «el siclo santo», ya lo he explicado en el sitio en que pareció oportuno. El texto dice: Y a causa de su delito ofrecerá al Señor un carnero del rebaño, sin defecto, por un precio. Y luego añade: Por lo que delinquió. Esto quiere decir que «lo ofrecerá por lo que delinquió», por aquella cosa, a causa de aquella cosa. Y retirará el holocarpoma a que haya reducido el fuego aquel holocausto de junto al altar15. ¿Qué retirará, si ha sido consumido? El Señor ordena que el sacerdote retire el holocarpoma, el holocausto que el fuego consumió, después de arder toda la noche. Y ¿qué significa aquella palabra: el holocausto, si holocarpoma significa lo mismo que holocausto? Quizá sea verdad lo que se encuentra en un texto griego, en el cual no se dice: quitará el holocarposis (el holocausto), sino: quitará el catacarposis (las cenizas del holocausto), es decir, los restos del holocausto que consumió el fuego. A estos restos, como son las cenizas y el carbón, el texto los llama holocaustosis (holocausto), utilizando el nombre de la cosa que ha sido consumida, llamándole restos de dicha consunción.
10 (Lv 6,9). El texto dice un poco antes: Esta es la ley del holocausto. Y luego, exponiendo en qué consiste esta ley, añade: Este es el holocausto que estará sobre el fuego encendido, sobre el altar, toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá sobre él; no se apagará. Este pasaje estaría más claro, según nuestro modo de hablar, si no tuviera la «y», porque, quitando esta conjunción, el sentido sería: Este es el holocausto que estará sobre el fuego encendido, sobre el altar; toda la noche hasta la mañana el fuego del altar arderá sobre él, sobre el altar. Luego, para completar el sentido de la frase, añade: No se apagará. Aunque esto ya se había dicho con las palabras: toda la noche.
11 (Lv 6,11). Y se pondrá otra vestidura y llevará el holocarpoma (las cenizas) fuera del campamento a un lugar puro. Llama holocarpoma a lo que está consumido por el fuego. El texto griego dice katakárposis. Algunos textos latinos añaden: lo que está consumido por el fuego, y traducen así el pasaje: Llevará el holocarpoma, lo que está consumido por el fuego, fuera del campamento, a un lugar puro.
12 (Lv 6,12). Y el fuego arderá sobre el altar a partir de él y no se apagará. Esto quiere decir que arderá a partir de aquel fuego en el que se quemó el holocausto hasta la mañana. El Señor no quiere que el fuego se apague en ningún caso. El fuego no debía apagarse ni siquiera después de quemarse el holocausto hasta la mañana, una vez quitados de allí los restos de la cremación. Había que renovarlo de nuevo de aquellas cenizas para que así se quemaran las demás cosas que se ponían encima.
13 (Lv 6,12-13). Y luego el texto continúa: El sacerdote quemará sobre él leña de mañana y colocará encima el holocausto, y pondrá sobre él la grasa del sacrificio salvador; y el fuego arderá siempre sobre el altar, sin apagarse. Hay que investigar si de mañana significa diariamente, de modo que no pudiera pasar ningún día sin que se encontrara allí presente el holocausto y la grasa salvadora, o bien de mañana significa que en cualquier día en que se pusiera el fuego sólo debería ponerse por la mañana. Si lo entendiéramos como que significa «diariamente», ¿qué sucedería si nadie aportaba con qué? Pero si los sacerdotes procuraban los holocaustos diarios, trayéndolos o bien de los bienes públicos o bien de sus propios bienes, sobre ellos se colocaban las cosas que el Señor mandó poner sobre los holocaustos ofrecidos por el pueblo por sus pecados, y no había necesidad de que el que ofrecía sacrificios por el pecado ofreciera también el holocausto sobre el cual se colocara aquello, a no ser cuando se ofrecían un par de tórtolas o dos pichones de paloma. Porque allí se dice de manera absolutamente clara que es preciso ofrecer un sacrificio por el pecado y otro como holocausto, y primero hay que ofrecer el sacrificio por el pecado y luego el sacrificio como holocausto16. Podemos preguntar, además, si el holocausto que se mandó ofrecer de mañana debía arder también durante toda la noche hasta la mañana siguiente, o si el holocausto aquel que se dice que debe arder durante toda la noche es el holocausto vespertino y a partir de allí se comienza a hablar de la ley del holocausto, de modo que se comenzara a partir del holocausto vespertino, cosa que sería llamativo que se omitiera y no se dijera que esos holocaustos debían ofrecerse por la tarde.
14 (Lv 6,19-20). Y el Señor habló a Moisés diciendo: «Esta es la ofrenda que ofrecerán al Señor Aarón y sus hijos en el día que lo unjas». Una cosa son los sacrificios que se mencionan en el Éxodo, por medio de los cuales se consagran los sacerdotes durante siete días para que comiencen a desempeñar sus funciones sacerdotales, y otra cosa es lo que ahora se recuerda sobre lo que tiene que ofrecer el sumo sacerdote cuando es ordenado, es decir, cuando se le unge17. Por eso el texto dice: En el día que lo unjas. No dice: cuando los unjas, puesto que también manda ungir a los sacerdotes de segundo rango. Después el texto recuerda el sacrificio que deben ofrecer: La décima parte de una medida de flor de harina como sacrificio sempiterno. Podemos preguntar cómo puede ser sempiterno un sacrificio que se ofrece el día en que es ungido el sumo sacerdote y lo ofrece el mismo que es ungido. La explicación es que debe ofrecerse siempre el día en que es ungido el sumo sacerdote, es decir, durante las sucesiones de los sacerdotes. Aunque también podría entenderse sempiterno de aquel modo, no esto, sino lo que significa.
15 (Lv 6,20-21). El texto sigue diciendo: La mitad de ella por la mañana y la otra mitad por la tarde. El griego tiene deilinón. Y continúa: Será preparada con aceite en la sartén. La ofrecerá partida en trozos, hecha pedacitos, la flor de harina. El texto dice fresa (hecha pedacitos), si es que esta palabra está bien traducida del término griego eriktà, que está en plural y en género neutro. Pues el traductor latino no dice que esa flor de harina está molida, como antes había dicho que estaba partida en trozos. El término fresa alude a un sacrificio hecho de pedacitos. Pero no está claro si el autor llama fresa a los propios pedacitos, a los trozos, o a los granos de la flor de harina.
16 (Lv 6,21-22). Luego continúa: Como sacrificio de olor agradable al Señor. Lo hará el sacerdote ungido que le suceda de entre sus hijos. Quizá por esto se había dicho antes que el sacrificio sería sempiterno, es decir, que debería hacerlo todo sumo sacerdote cuando sucedía al que había muerto en el día en que fuera ungido. El texto añade: Es ley eterna. Pudiendo entenderse, a su vez, eterno según lo que significa esta palabra.
17 (Lv 6,23). Y luego continúa: Será quemado totalmente. El griego tiene epiteleszésetai. Algunos traductores han traducido: será puesto todo. El traductor quiere decir que se trata del holocausto, porque no quedará nada de él. Finalmente añade: Y todo sacrificio de sacerdote será holocausto y no se comerá18. Antes se había dicho: Será quemado totalmente.
18 (Lv 6,26). Acerca del sacrificio por el pecado el texto dice: El sacerdote que lo ofrece, lo comerá. No comerá lo que ofrece —porque esto será consumido por el fuego—, sino lo que quede, pues no se trata de un holocausto, que debía arder todo en el altar. Después dice: No se comerá ninguna de las víctimas ofrecidas por el pecado, cuya sangre haya sido llevada al tabernáculo del testimonio para la oración en el santo, sino que será consumida por el fuego19. Entonces, ¿cómo pertenecen a los sacerdotes las cosas que se pueden comer, que quedan de los sacrificios por los pecados? Esto hay que entenderlo en el sentido de que quedan excluidas las víctimas con cuya sangre se toca el altar del incienso, situado en el tabernáculo del testimonio. Pues la Escritura ordenó anteriormente que se hiciera así con el novillo que el sacerdote ofrecería por su pecado, y del novillo que se ofrecería por el pecado de toda la asamblea, de modo que las carnes que sobraran deberían quemarse en la parte exterior, fuera del campamento20. También esto se recuerda ahora brevemente.
19 (Lv 7,1). Esta es la ley del carnero que se ofrece por el delito: son cosas santísimas, por eso, son los sacerdotes los que pueden comerlas.
20 (Lv 7,7). Cuando la Escritura expone y habla de la ley del sacrificio del carnero ofrecido por el delito, ¿qué significa lo que dice a continuación: Como es el sacrificio por el pecado, así es también el sacrificio por el delito: su ley es la misma. Surge la pregunta de saber qué diferencia hay entre el pecado y el delito, porque si no hubiera ninguna diferencia, no se diría: Como es el sacrificio por el pecado, así es también el sacrificio por el delito. Pues, aunque la ley y su sacrificio no difieran en nada, ya que para ambos rige una misma ley, no obstante, estas dos cosas que tienen un mismo sacrificio, el pecado y el delito, si no se diferenciaran en nada y fueran dos nombres para una misma cosa, la Escritura no se preocuparía tanto de decir que el sacrificio de ambos es el mismo.
Pues bien, el pecado quizá sea la ejecución del mal, y el delito, el abandono del bien. Y como en una vida digna de alabanza una cosa es apartarse del mal y otra hacer el bien, cosa que nos recomienda la Escritura con estas palabras: Apártate del mal y obra el bien21, así también, en una vida digna de vituperio, una cosa es apartarse del bien y otra hacer el mal, y aquello sería el delito, y esto sería el pecado. Por lo demás, si discutimos el propio vocablo, ¿qué otra cosa suena delictum (delito) sino derelictum (dejado)? ¿Y qué deja el que delinque sino el bien? Los griegos han puesto también dos palabras usuales para designar esta peste. Porque delictum (delito), en griego, corresponde a paráptoma y a plemméleia. En este pasaje del Levítico aparece plemméleia. Cuando el Apóstol dice: Si alguno incurriera en algún delito22, en el griego aparece paráptomati. Ahora bien, si analizamos el origen de estos términos, vemos que en paraptomate se entiende como que cae quien delinque, de donde viene cadáver, palabra que los latinos derivaron de cadendo (caer), y en griego ptoma viene de apò tou píptein, es decir, de caer. Por eso, quien hace el mal pecando, antes cae del bien delinquiendo. Por otra parte, plemméleia es un término que designa algo semejante a la negligencia. Porque negligencia se dice en griego améleia, ya que a uno le tiene sin cuidado aquello hacia lo que se muestra negligente. Por eso en griego se dice: ou méléi moi: «no me importa». Y la partícula plén, que se añade para formar plemméleia, significa «fuera de». Y así améleia, que significa «negligencia», parece como que equivale a «sin cuidado», y plemméleia «fuera de cuidado», que es casi lo mismo. Por eso, algunos de nuestros traductores prefirieron traducir plemméleian por negligencia y no por delito. Y en la lengua latina, ¿qué otra cosa es negligitur (se mira con negligencia) sino lo que non legitur (no se elige), es decir, non eligitur (no se elige)? Por eso también los autores latinos han dicho que la ley (legem) viene de legendo (eligiendo), es decir, eligendo (eligiendo). A través de estas pistas se deduce en cierto modo que delinque (delinquit) quien deja (derelinquit) el bien y dejándolo cae del bien, porque se muestra negligente (neglegit), es decir, no elige (non eligit). Con respecto a la palabra pecado, que en griego se dice amartía, no se me ocurre de momento, en ninguna de estas dos lenguas, de dónde viene.
Puede parecer también que delito es lo que se hace imprudentemente, por ignorancia, y pecado, lo que se hace conscientemente. Esta diferencia parece apoyada por los siguientes textos de la Escritura: ¿Quién conoce sus delitos?23 Y este otro: Pues tú conociste mi imprudencia. Y el autor añade inmediatamente: Y mis delitos no te son desconocidos24, como repitiendo de otro modo la misma idea. Y no está en desacuerdo con esto la sentencia del Apóstol mencionada antes: Si alguno incurriera en algún delito. Al hablar aquí de que «si alguno incurre», quiere decir que ha caído imprudentemente. Que el pecado pertenezca a la esfera de la consciencia lo dice el apóstol Santiago, dando una especie de definición del mismo: El que sabe hacer el bien y no lo hace, comete un pecado25. Pues bien, sea aquella o sea esta o sea cualquiera otra la diferencia entre el pecado y el delito, si no hubiera entre ellos ninguna diferencia, la Escritura no diría lo que dice: Como es el sacrificio por el pecado, así es también el sacrificio por el delito: su ley es la misma26.
A pesar de lo dicho, esas dos palabras se emplean muchas veces indistintamente, de forma que al pecado se le llama delito, y al delito, pecado. Así, cuando se dice que en el bautismo se perdonan los pecados, no hay que entender que no se perdonan también los delitos. Y a pesar de todo no se utilizan las dos palabras, porque en el término pecado están comprendidos ambos conceptos. En este mismo sentido, el Señor dice que su sangre será derramada por muchos para el perdón de los pecados27. Como no menciona los delitos, ¿hay alguien que se atreva a decir que por su sangre no se perdonan los delitos? Hay que decir lo mismo del texto del Apóstol cuando dice: Porque el juicio, partiendo de uno solo, lleva a la condenación; pero la gracia, partiendo de muchos delitos, conduce a la justificación28. Evidentemente, bajo la denominación de delitos se comprenden también los pecados.
En el propio texto del Levítico, en el que nos vemos obligados a encontrar o a ver alguna diferencia entre delito y pecado, se lee lo siguiente, cuando Dios habla de los sacrificios que hay que ofrecer por los pecados: Pero si toda la asamblea de los hijos de Israel peca por ignorancia y queda el hecho oculto a los ojos de la asamblea y hace algo que no debe hacerse contra cualquier precepto del Señor y delinque y les fuera conocido el pecado que cometieron29. Cuando aquí dice: y delinque, inmediatamente añade: el pecado que cometieron, es decir, el mismo pecado que antes se llamaba delito.
Luego continúa: Pero si peca un jefe y hace sin quererlo algo que no debe hacerse contra cualquier precepto del Señor su Dios y delinque30. Y lo mismo a continuación: Pero si una persona cualquiera del pueblo de la tierra pecara sin quererlo, haciendo algo que no debe hacer contra cualquier precepto del Señor y delinque y advierte el pecado que cometió31. Lo mismo en otro pasaje: Quienquiera que haga un juramento distinguiendo con sus labios el hacer mal o el hacer bien según todas las cosas que el hombre distingue al jurar y no se dé cuenta y lo sepa y cometa uno de estos pecados y confiese el pecado con el que pecó contra él, y ofrecerá un sacrificio por las cosas que delinquió contra el Señor, por el pecado que cometió32. Y poco después añade: Y el Señor habló a Moisés diciendo: Si una persona defrauda por olvido y peca sin quererlo contra las cosas santas del Señor, y a causa de su delito ofrecerá al Señor un carnero del rebaño, sin defecto, por un precio, según el precio de siclos de plata, del siclo santo, por el delito que cometió, y por el pecado que cometió contra las cosas santas, restituirá lo defraudado y añadirá un quinto más, y lo dará al sacerdote; y el sacerdote hará la expiación por él con el carnero del delito y se le perdonará33. El texto sigue diciendo: Quienquiera que peque y haga algo que no debe hacerse contra cualquier precepto del Señor y no se dé cuenta y se haga culpable y acepte su pecado, y ofrecerá un carnero del rebaño, sin defecto, según el precio del dinero, como sacrificio por el delito al sacerdote; y el sacerdote hará la expiación por él a causa del error que cometió sin darse cuenta, y se le perdonará, pues efectivamente cometió un delito ante el Señor34. Y continúa diciendo: Y el Señor habló a Moisés diciendo: «Quienquiera que peque y desprecie con desdén los preceptos del Señor y mienta en relación a lo que se refiere al prójimo acerca de algo encomendado o depositado o robado, o haga alguna injuria al prójimo o encuentre algo perdido y mienta acerca de ello y jure injustamente acerca de cualquier cosa que el hombre suele hacer, pecando en esas cosas, sucederá que cuando haya pecado y delinquido y devolverá lo que ha robado o la injuria que causó o lo que se le encomendó o se le entregó en depósito, o el objeto perdido que encontró o todas las cosas por las que juró injustamente; lo restituirá íntegramente y añadirá un quinto más, devolviéndolo a quien lo tenía en el día en que fuera convencido. Y por su delito ofrecerá al Señor un carnero del rebaño, sin defecto, por un precio, por lo que delinquió, y el sacerdote hará la expiación por él ante el Señor y se le perdonará cualquiera de todas las cosas que hizo y el delito que cometió35. En conclusión, casi siempre que la Escritura menciona los pecados, dice también que esos pecados son delitos. Por tanto, es evidente por muchos pasajes de la Escritura que, por un lado, esos dos términos se emplean indistintamente, y por otro, que existe entre ellos alguna diferencia, cuando el texto sagrado dice: Como es el sacrificio por el pecado, así es también el sacrificio por el delito.
21 (Lv 7,23-25). No comeréis grasa de vaca ni de oveja ni de cabra. La grasa de animales muertos o destrocados por las fieras podrá servir para cualquier cosa, pero no podrá comerse como alimento. Todo el que coma grasa de los animales que suelen ofrecerse como víctimas para el Señor, ese individuo será exterminado de su pueblo. Acerca de la grasa, la Escritura había dicho antes: Toda la grasa es para el Señor36. Y nosotros nos habíamos preguntado si se referiría sólo a la grasa de todo animal puro —pues acerca de la grasa de los animales impuros no hay problema alguno— y qué había que hacer con la grasa, que la Escritura prohíbe comer. Ahora dice qué hay que hacer con la grasa de un animal muerto y de un animal destrozado por las fieras, y dice que puede servir para cualquier cosa. Para cualquier cosa, evidentemente, para la cual sea necesaria la grasa. Por tanto, queda la cuestión de saber qué se hace con la grasa de los demás animales que son puros y que pueden comerse. Al decir que toda persona que coma la grasa de los animales que se ofrecen al Señor será exterminada de su pueblo, parece que sólo se dice que está prohibida comer la grasa de los animales puros ofrecidos en sacrificio, a pesar de que hayamos oído decir que los judíos no comen ninguna grasa. Pero aquí no indagamos lo que opinaron los judíos, sino lo que prescribe la Escritura. Por último, no saben qué hacer Correctamente con la grasa, de la que se privan, ni cómo se han de deshacer de ella, puesto que se dice: Toda la grasa es para el Señor, si quieren que se entienda aquí no sólo la grasa de los animales sacrificados, sino también la de los animales que no se ofrecen en sacrificio, aunque sean impuros.
22 (Lv 7,29-31). ¿Qué significa el hecho de que, al hablar de los sacrificios de salvación, el texto advierta de nuevo y diga que el que ofrece el don del sacrificio de su salvación debe dar a los sacerdotes el pecho y la pierna de la víctima, pero de tal modo que la grasa del pecho se ofrezca al Señor con la parte que recubre el hígado, y, en cambio, al hablar antes de los sacrificios de salvación, la Escritura ordenó que se ofreciera al Señor la parte que recubre el hígado junto con la grasa del vientre y de los riñones y de los lomos37, y omitió lo relativo a la grasa del pecho? ¿Menciona tal vez aquí lo que omitió allí? Pero ¿por qué habla aquí y allí de la parte que recubre el hígado? ¿Hay quizá alguna diferencia entre lo que se dijo antes sobre el sacrificio de salvación y lo que se añade aquí de su salvación, como si una cosa fuera salvación y otra su salvación?
23 (Lv 8,2). Cuando la Escritura hablaba antes de los sacrificios por los pecados dijo que había que ofrecer un novillo por el pecado del sacerdote que hubiera hecho pecar al pueblo. Después también, cuando la Escritura describe cómo se realizaron con Aarón y sus hijos las cosas que ordenó el Señor, dice que se ofreció un novillo por el pecado38. Pero antes mandó que se ungieran con la sangre del novillo los cuernos del altar del incienso, que se asperjara además con esa misma sangre en dirección al velo santo, y que el resto de la sangre se derramara junto a la base del altar de los holocaustos39. Pero después, cuando Aarón es consagrado, no se dice nada de la aspersión de la sangre en dirección al velo. De los cuernos del altar sí se habla, pero no se añade del incienso. Se dice que la sangre se derrame junto a la base del altar40. El texto no dice: junto a su base, como si fuera necesario pensar que se trataba de aquel altar, cuyos cuernos habían sido ungidos con la sangre. Por tanto, aunque el texto se exprese de forma ambigua, sin embargo, es uno libre de pensar que se hizo como se había ordenado antes acerca del novillo por el pecado. Y así no nos vemos obligados a pensar que fueron ungidos los cuernos de aquel altar junto a cuya base se derramó la sangre, sino que fueron ungidos los cuernos del altar del incienso, y la sangre se derramó junto a la base del altar de los sacrificios.
Anteriormente, la Escritura ordenó que, si el sacerdote pecaba, el propio sacerdote ungido y consagrado, que sin duda hay que entender que se refiere al sumo sacerdote, ofreciera estos sacrificios, porque la Escritura hablaba entonces de un modo general. Ahora, cuando es consagrado Aarón, Moisés ofrece y él mismo recibe el pecho de la imposición, el cual, como dijo antes la Escritura, había que entregarlo al sacerdote41. Pienso que se le llama pecho de la imposición, porque se ponía la grasa de él, como recordó antes la Escritura, al hablar del sacrificio de salvación42. Pues bien, como parece que el sumo sacerdocio comenzó con Aarón, ¿qué pensamos que fue Moisés? Si no fue sacerdote, ¿cómo pudo realizar todas aquellas cosas? Si lo fue, ¿cómo afirmamos que el sumo sacerdocio comenzó con su hermano? Aunque hasta el salmo aquel, en el que se dice que Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes43, quite la duda de que Moisés fuera sacerdote, sin embargo, Aarón y sus sucesores, los sumos sacerdotes, reciben la orden de aceptar aquella vestidura sacerdotal que encierra un gran misterio44. En el Éxodo, antes de que se mandara nada acerca de la consagración y, en cierto modo, ordenación de los sacerdotes, cuando al subir al monte se le manda a Moisés que no suban los sacerdotes45, que no pueden ser otros que los hijos de Aarón, no porque ya lo fueran, sino porque habían de serlo, la Escritura ya los llamó así entonces por anticipación. Hay muchos ejemplos de tales expresiones, como, por ejemplo, cuando al hijo de Nave se le llama Josué46, cuando la Escritura dice que se le impuso este nombre mucho después47. En conclusión, los dos, Moisés y Aarón, eran entonces sumos sacerdotes. ¿O quizá lo era Moisés, y Aarón le estaba sometido? ¿O quizá lo era Aarón por la vestidura pontifical y Moisés por su ministerio más excelso? ¿Pues no se le dice a Moisés desde el principio: El será para ti en relación a las cosas que se refieren al pueblo, y tú serás para él en relación a las cosas que se refieren a Dios?48
Puede preguntarse también, ¿quién, después de morir Moisés, ungía al sumo sacerdote, dado que nadie podía sucederle hasta que no hubiera muerto? O porque ya estaba ungido entre los sacerdotes de segundo rango —puesto que el aceite con que se ungía al sumo sacerdote y a los sacerdotes de segundo rango era el mismo—, ¿tomaba únicamente aquel pontífice la vestidura que pusiera de manifiesto su suprema categoría? Si la realidad es ésta, ¿tomaba él mismo la vestidura o se la daba otro, como, después de su muerte, Moisés se la dio también al hijo de su hermano? Si la vestidura se la ponía otro, ¿podía ser sumo sacerdote el vestido por uno que era sacerdote de segundo rango, pensando sobre todo que se trataba de una vestidura que era necesario que se la pusiera otra persona? ¿O se ponía antes esta vestidura, como se la ponía también después? Efectivamente. Pues una vez vestido no es que no se la pusiera; o una vez puesta, no se la volviera a poner. Podía suceder quizá que los sacerdotes de segundo rango vistieran al primero, por obediencia, no para destacar. Pero ¿a través de qué se demostraba cuál de los hijos debía suceder al sumo sacerdote? La Escritura, en efecto, no dice que deba ser el primogénito o el mayor. Cabría pensar que solería saberse por alguna señal divina manifestada a través de algún profeta o de cualquier otro modo con que suele actuar Dios. Aunque parece ser que el asunto era motivo de una discusión, de tal modo que después hubo muchos sumos sacerdotes precisamente porque, discutiendo entre sí los más conspicuos para dirimir la cuestión, este honor se daba a muchos.
24 (Lv 8,35). ¿Qué significa lo que dice Moisés a Aarón y a sus hijos cuando son consagrados para ejercer el sacerdocio: Estaréis sentados siete días, día y noche, a la entrada del tabernáculo del testimonio para no morir? ¿Es creíble que se les haya mandado estar sentados en un lugar en esa situación corporal durante siete días, de día y de noche, de tal modo que no se movieran en absoluto de allí? De este texto no se sigue que nos veamos obligados a admitir que se nos haya indicado algo en sentido alegórico, que no debería hacerse, pero que debería entenderse. La realidad es que se trata más bien de reconocer un modo de expresarse de las Escrituras, según el cual «sentarse» equivale a «habitar» o «permanecer». Así, por ejemplo, por el hecho de que la Escritura diga que Semei estuvo sentado en Jerusalén durante tres años49, no es necesario pensar que durante todo ese tiempo estuvo sentado en una silla sin levantarse. Así se llama también asiento al sitio en donde tienen su residencia los asentados. A esto se le llama también lugar de habitación.
25 (Lv 9,1). Y sucedió que el día octavo llamó Moisés a Aarón y a sus hijos y al senado de Israel. Lo que algunos de nuestros traductores llaman senado (senatum), el griego lo llama gerousían. El traductor latino siguió literalmente esa palabra, porque senatus (senado) parece venir de senium (vejez). En latín no se diría Correctamente: llamó a la vejez de Israel en lugar de: llamó a los viejos o los ancianos. Aunque sería la misma expresión si se dijera: llamó a la juventud de Israel en lugar de: llamó a los jóvenes. Pero esta expresión se usa en la lengua latina y aquella otra no. Porque se diría con propiedad esto si se dijera: llamó a la vejez de Israel. Por eso algunos, pensando que a veces también se traduce por senado, tradujeron: el orden de los ancianos. En definitiva, quizá se diría mejor: llamó a los ancianos de Israel.
26 (Lv 9,3.4). Moisés dice a Aarón: Habla al senado de Israel, diciendo: «Tomad un cabrito de las cabras para el sacrificio por el pecado y un carnero y un novillo y un Codero de un año, sin defecto, para el holocausto; y un novillo de las vacas y un carnero para el sacrificio de salvación ante el Señor y flor de harina amasada con aceite; porque hoy os aparecerá el Señor». La Escritura menciona aquí cuatro especies de sacrificios de animales: el holocausto, el sacrificio por el pecado, el sacrificio de salvación y el sacrificio de consumación. Pero el sacrificio de consumación pertenece a la santificación del sacerdote. Por consiguiente, se mandan aquí ofrecer las otras tres clases de sacrificios y se les dice esto a los ancianos de Israel, de modo que Corresponda a todo el pueblo. En este texto, el sacrificio por el pecado tiene tres animales: el cabrito, el carnero y el novillo. El Codero pertenece al holocausto. El novillo y el carnero pertenecen al sacrificio de salvación. Por tanto, no hay que distinguir, afirmando que en el sacrificio por el pecado sólo hay que entender que se ofrecía un cabrito, mientras que los otros tres animales se ofrecían en el holocausto, esto es, el carnero, el novillo y el Codero. Sino que se trata más bien de que los tres primeros se ofrecían en el sacrificio por el pecado. Y por eso, las palabras de la Escritura: Tomad un cabrito de las cabras para el sacrificio por el pecado y un carnero y un novillo, se refieren al sacrificio por el pecado, y queda el Codero para el holocausto.
La razón de que hayamos hecho esta observación es que también puede hacerse la siguiente distinción: Tomad un cabrito de las cabras para el sacrificio por el pecado. Y el resto del pasaje se referiría al holocausto. Las palabras que se añaden luego: sin defecto, pueden referirse a todos. Ahora bien, como hay duda sobre cuál es la mejor manera de separar las palabras, viene a cuento la solución que hemos dado de que los tres primeros animales se refieren al sacrificio por el pecado, puesto que antes se mandó ofrecer un cabrito por el pecado del jefe50. Por el pecado de cada una de las personas cuando pecan ante el Señor haciendo algo de lo que no se debe hacer mandó ofrecer un carnero51. Y por el pecado de toda la asamblea, un novillo52. Por tanto, era conveniente que, al decir al senado lo que debía ofrecer todo el pueblo, fuera lógico que se mandara ofrecer un cabrito por los jefes y un carnero por el pecado propio de cada persona, y un novillo por el pecado de toda la asamblea. Porque una cosa es que en el pueblo tenga cada uno su pecado y que todos puedan tener los suyos propios, y otra cosa distinta cuando el pecado es común, que se hace con una sola intención y se comete algo con una sola voluntad, congregada la comunidad.
Pero el hecho de que la Escritura mande ofrecer un novillo y un carnero como sacrificios de salvación, es que manda lo principal, por motivo de todo el pueblo. Pero al hablar antes de los sacrificios de salvación, mandó que se ofrecieran indistintamente o un macho o una hembra, con tal de que fueran o vacas y ovejas o cabras53. Si se indagara por qué mandó que se ofrecieran dos animales, un novillo y un carnero, es difícil saberlo. A no ser que se diga que mandó ofrecer un novillo, como sacrificio de salvación por todo el pueblo, y un carnero por cada uno, como si se tratara de todos y cada uno, porque parece que también antes mandó ofrecer como dos especies de sacrificios de salvación: uno, que fuera como de todos y que llamó sacrificio de salvación54, y otro cuando dijo: Si alguien ofreciera el sacrificio de su salvación55. En este texto encontrábamos también diferencia, porque en aquel lugar en donde habló del sacrificio de salvación no se mencionó la grasa del pecho, que había que ofrecer al Señor y decía que había que darle al sacerdote el pecho y la pierna derecha56. Pero en aquel pasaje mandó que se hiciera lo que después se llama sacrificio de su salvación, sacrificio que quizá sea privado, de cada uno de los fieles, y no público, de todos. Porque hasta Moisés ofreció sacrificios de salvación, y no se dijo allí (sacrificios) de su salvación. Yo pienso que ofreció el sacrificio por todo el pueblo, porque donde están todos, está también allí cada uno; pero donde está cada uno, no necesariamente están allí todos. Pues cada cosa puede existir sin la totalidad; pero todas no pueden existir más que a partir de cada uno en particular; ya que cada uno unido a los demás o tomado como una suma hacen la totalidad.
Hay que advertir, naturalmente, que, cuando los sacrificios se ofrecen por el pueblo, se manda ofrecer no sólo sacrificios por el pecado, sino también holocaustos y sacrificios de salvación. En cambio, por el sacerdote se ofrecen sacrificios por el pecado y holocaustos y sacrificios de consumación, pero no sacrificios de salvación. El sacrificio de consumación se ofrecía cuando eran consagrados los sacerdotes para ejercer el sacerdocio, y éstos son los sacrificios que ofreció Moisés por Aarón y por sus hijos57. Pero luego, el propio Aarón, una vez consagrado y desempeñando ya las funciones sacerdotales, recibió la orden de ofrecer por sí mismo un novillo como sacrificio por el pecado y un carnero como holocausto58. No recibió la orden de ofrecer por sí mismo el sacrificio de consumación, porque éste fue ofrecido entonces precisamente para que se consumara con la consagración y pudiera desempeñar las funciones sacerdotales, y, puesto que ya las desempeñaba, no era preciso que se consumara de nuevo.
27 (Lv 9,7). Y Moisés dijo a Aarón: «Acércate al altar y ofrece el sacrificio por tu pecado y tu holocausto y haz la expiación por ti y por tu casa». Llama la atención que primero diga que debe ofrecer el sacrificio por el pecado y después el holocausto, cuando poco antes manda que los sacrificios por los pecados se pongan encima de los holocaustos59, excepto cuando se trata de aves60. ¿O es que aquí se menciona después lo que se hacía antes, es decir, el holocausto? Pues aquí no se dice como cuando se habló de las aves: haz primero esto y luego aquello, sino que se dice: haz esto y aquello. La instrucción expuesta más arriba indica lo que hay que hacer antes. En ella se dice que el sacrificio por los pecados debe ponerse encima del holocausto. El hecho de que la Escritura diga, además que Aarón hizo lo que se le mandó, plantea un serio problema, pues primero se le recuerda que debe hacer el sacrificio por el pecado y después el holocausto. Pero no sería seguro que él hubiera hecho primero o la Escritura hubiera narrado primero lo que se hizo después, como suele suceder en muchos lugares, a no ser que se leyera en el texto lo que he dicho antes, cuando el autor trataba del sacrificio por el pecado. Pues el texto dice así: Y el sacerdote lo pondrá sobre el altar sobre el holocausto del Señor. Y el sacerdote hará la expiación por él, por el pecado que cometió y se le perdonará61. ¿Cómo podría ponerse esto sobre el holocausto, si el holocausto no se ponía encima antes? Pero acerca del sacrificio de salvación se ordenó además que se pusiera encima del holocausto62. Y como esto no se dice en todos los lugares, ni para todos los sacrificios de salvación, ni para todos los sacrificios por el pecado, puede decirse tal vez que eso no estaba preceptuado regularmente, sino que se dijo allí sólo para que se hiciera en el sacrificio de salvación, cuando se ofrece un novillo —pues allí se ordenó así— y en el sacrificio por el pecado, cuando se ofrece una hembra de las ovejas. En cambio, no es necesario que se coloquen sobre los holocaustos los demás sacrificios, ya sean de salvación, ya por el pecado.
Se plantea también la cuestión de que, al hacer Aarón la ofrenda del pueblo63, mencionada más arriba, no se dice que se inmolaron todas las cosas que se mandaron, sino sólo el cabrito por el pecado y el holocausto. Y allí no se habló expresamente del Codero. Y se omitieron las otras dos cosas que dijimos que pertenecían más bien al sacrificio por el pecado que al holocausto, es decir, el carnero y el novillo. A no ser que el autor haya querido referirse al todo por la parte, de modo que, mencionando únicamente el cabrito, consideráramos que habían tenido lugar las demás cosas.
Cuando la Escritura describe cómo hizo Aarón los sacrificios de salvación del pueblo, dice lo siguiente acerca del novillo y el carnero: Inmoló también el novillo y el carnero del sacrificio de salvación del pueblo. Y los hijos de Aarón le trajeron la sangre y la derramó toda alrededor del altar. Y le trajeron también la grasa del novillo y del carnero, el lomo y la grasa que cubre el vientre, y los dos riñones y la grasa que hay sobre ellos, y lo que queda junto al hígado. Y puso estas grasas sobre los pechos de las víctimas y puso encima las grasas junto al altar. Y Aarón quitó el pecho y la pierna derecha, como cosa quitada ante el Señor, según había mandado el Señor a Moisés64. Al hablar de los dos animales, el novillo y el carnero, la Escritura habla unas veces en singular y otras veces en plural. Así, cuando habla de los dos riñones, hay que entender que se trata de los dos animales y, por tanto, son cuatro los riñones. Y así de lo demás. Pero ¿qué significan las palabras: Y puso las grasas sobre los pechos de las víctimas, siendo así que no mandó colocar los pechos sobre el altar —porque había que dárselos al sacerdote con las piernas derechas? ¿O hay que entender el texto así: Y puso las grasas que hay sobre los pechos? Porque éstas las puso para colocarlas sobre el altar una vez quitadas de los pechos. En efecto, así lo había mandado antes. Luego sigue: Y puso las grasas sobre el altar, y Aarón quitó el pecho y la pierna derecha como cosa quitada ante el Señor. Ahora habla en singular y menciona, ciertamente, el pecho de los dos animales, cosa que antes había llamado en plural pechos.
28 (Lv 9,22). Y continúa: Y Aarón, levantando las manos hacia el pueblo, los bendijo y bajó, después de haber ofrecido el sacrificio por el pecado, y los holocaustos y el sacrificio de salvación. ¿Qué significa esto? ¿Dónde hizo esto sino sobre el altar, estando de pie junto al altar y sirviendo al altar? Por consiguiente, bajó de donde estaba. Parece claro que la solución de aquella cuestión que nos habíamos planteado en el Éxodo sobre el modo como habría podido servir al altar, que tenía tres codos de alto, puede beneficiarse de este testimonio. Allí se nos prohibía admitir que se tratara de gradas, porque Dios lo había vedado, para que no quedaran al descubierto sobre el altar las partes pudendas del oficiante, cosa que sucedería si la grada fuera una parte del altar, es decir, si estuviera unido en forma compacta. Por último, se prohibió esto allí en donde se trataba de un altar fabricado con varias piezas. Pues el altar sería una cosa con la grada, y la grada sería una parte del altar, y por eso se prohibió. En cambio aquí, en donde la altura del altar había sido tan grande que si el sacerdote no hubiera estado de pie sobre alguna cosa, no podría oficiar adecuadamente, hay que entender que fuera lo que fuera aquello que se ponía y quitaba durante el tiempo de los oficios, no era una parte del altar y, por tanto, no iba en contra del precepto que prohibía que el altar tuviera gradas. La Escritura omitió hablar de esto, fuera lo que fuera, y por eso ha surgido el problema. Pero ahora, al decir que el sacerdote, cuando ofrecía los sacrificios, bajaba, después de haber colocado sobre el altar las cosas inmoladas, se pone de manifiesto, evidentemente, que el sacerdote tenía que estar en algún lugar para que pudiera bajar de allí. Y puesto que había estado allí, por eso podía servir y oficiar en un altar de tres codos de alto.
29 (Lv 9,24). Y lo contempló todo el pueblo y se volvió demente. Otros traductores han dicho: se espantó (expavit), tratando de reproducir lo que dice el griego exéste, de donde viene éktasis palabra que en la Biblia latina aparece muchas veces con el sentido de «pérdida del juicio» (mentís excessus).
30 (Lv 9,24). Y salió fuego de parte del Señor y devoró lo que había sobre el altar, los holocaustos y las grasas. Podemos preguntar qué significa a Domino (de parte del Señor). Quizá se trate de que eso se hizo por indicación o por voluntad del Señor, o porque salió fuego de aquel lugar en donde estaba el arca de la alianza. Es claro que el Señor no está en un lugar como si no estuviera en otro.
31 (Lv 10,1.2). Después de morir los hijos de Aarón, devorados por un fuego salido de parte del Señor, por haberse atrevido a poner en sus incensarios fuego profano, colocando encima incienso para ofrecerlo al Señor —cosa que estaba prohibida, porque todas las cosas que había que encender en el tabernáculo había que encenderlas del fuego que había venido por voluntad divina al altar y que luego se guardaba—, después de muertos, pues, Moisés dijo: Esto es lo que el Señor ha declarado diciendo: «Entre los que se acercan a mí mostraré mi santidad, y ante toda la asamblea manifestaré mi gloria»65. Los que se acercan al Señor son los que desempeñaban en el tabernáculo las funciones sacerdotales. Mostrar la santidad en ellos quiere decir también aplicarles el castigo, como sucedió. Pero lo que no sabemos es si dijo esto para que de aquí sacáramos la conclusión de que si a ellos no los perdona, cuánto menos ha de perdonar a otros —y en este sentido dice la Escritura: Si el justo apenas se salvará, ¿en qué pararán el pecador y el impío?66—, o si lo dijo más bien según el sentido de aquel otro texto: A quien más se da, más se le exige, y de aquel otro: El siervo que no conoció la voluntad de su señor y hace cosas dignas de azote, recibirá pocos azotes; en cambio, el siervo que conoció la voluntad de su señor y hace cosas dignas de azotes, recibirá muchos azotes67, y de aquel otro: Pues al pequeño se le concederá misericordia; en cambio, los poderosos sufrirán grandes tormentos68. Pero en los textos de la Escritura anteriores a éste no se encuentra dónde dijo el Señor lo que Moisés dice que le dijo el Señor. Sucede aquí lo mismo que en el Éxodo, cuando Moisés dice al Señor: Tú has dicho: «Yo te conozco más que a todos»69, cosa que sabemos con certeza que le dijo el Señor, pero más tarde. Ahora bien, como Moisés nunca diría una mentira sobre este asunto, se comprende que también le había dicho esto antes, aunque no esté escrito. Lo mismo hay que decir en el caso presente. Por este ejemplo se demuestra que no está escrito todo lo que Dios les dijo a aquellos por medio de los cuales su santa Escritura se nos ha transmitido.
32 (Lv 10,6). ¿Qué significa lo que Moisés dice a Aarón y a sus demás hermanos, al prohibirles que lloren la muerte de aquellos otros dos hermanos: No quitaréis de vuestra cabeza la cídara, en donde aparece claramente que las cídaras eran objetos para cubrir la cabeza? La explicación es que los que lloraban, harían lo que era contrario a la costumbre del adorno. Como según nuestras costumbres se suele llevar la cabeza descubierta y se cubre por motivo de duelo, así también los que lloraban, debían descubrir la cabeza, pues aquellas gentes se adornaban cubriendo la cabeza. Y Moisés les prohíbe llorar a aquellos con cuyo castigo fue honrado el Señor, es decir, fue recomendado su temor. Y no se lo prohibió porque no fueran dignos de llanto —pues permite que otros los lloren—, sino porque ellos entonces no debían hacer duelo, puesto que estaban celebrando los días de su consagración, ya que aún no habían pasado los siete días en los que les mandó no abandonar el tabernáculo. Y como habían sido consagrados por aquel aceite, podría parecer que se dijo esto porque no deberían llorar nunca a nadie. Pues el texto dice: Pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, llorarán por el fuego con que fueron abrasados por el Señor. Y no saldréis de la entrada del tabernáculo del testimonio, no sea que muráis; pues está sobre vosotros el óleo de la unción de parte del Señor70.
33 (Lv 10,8-9). Y el Señor habló a Aarón, diciendo: «No beberéis vino ni otra bebida fermentada, ni tú ni tus hijos, cuando entréis en el tabernáculo del testimonio o cuando os acerquéis al altar, no sea que muráis». Según esto, ¿cuándo podían beber, ya que tenían que entrar todos los días en el tabernáculo y acercarse al altar a causa de los continuos servicios? Y si alguno dice que no solían ofrecerse sacrificios todos los días, ¿qué puede decir de la entrada en el tabernáculo, que tenía lugar todos los días para poner el candelabro y los panes de la proposición sobre la mesa? Y si se responde que lo que ahora se dice, se refiere al tabernáculo del testimonio, en donde estaba el arca de la alianza, hay que responder que también allí tenía que entrar el sumo sacerdote a causa de la perpetuación del incienso. Pues no entraba una vez al año, sino que entraba una vez al año con la sangre de la purificación, y todos los días por motivo del incienso. ¿O hay que entender que el Señor les mandó que no bebieran vino nunca? ¿Por qué entonces no se lo ordenó más bien de un modo breve, diciendo: No beberéis vino, sino que añadió: Cuando entréis en el tabernáculo o cuando os acerquéis al altar? ¿Se trata quizá de que no había razón para callar la causa del no beber, sobre todo sabiendo Dios de antemano que habría de haber posteriormente tantos, incluso sumos sacerdotes, a la vez, es decir, no por sucesión, quienes oficiarían por su turno en el tabernáculo, y en los sacrificios, y en el incienso y en todo aquel ministerio, cuando ciertamente no bebían los que estaban oficiando, pero sí bebían los demás? ¿O qué otra cosa significa este texto? Porque, después de prohibir a los sacerdotes beber vino y bebidas fermentadas, el texto añade: Este es un decreto eterno para vuestros descendientes71. Pero es dudoso si estas palabras hay que unirlas a la frase anterior, al asunto del no beber vino, o a la siguiente, que dice: Para distinguir entre lo santo y lo profano y entre lo puro y lo impuro y enseñar a los hijos de Israel todos los preceptos que el Señor les ha dado por medio de Moisés72. Este sería el decreto eterno para sus descendientes, Correspondiente al oficio de los sacerdotes. Con respecto a la palabra eterno ya hemos dicho muchas veces cómo debe entenderse. Pero también es ambiguo el sentido de la frase: Distinguir entre lo santo y lo profano y entre lo puro y lo impuro. La duda es si el autor ha querido decir que los sacerdotes se deben distinguir entre las cosas santas y puras o profanas e impuras, o entre los santos y puros o los manchados e impuros, es decir, si se trata de las cosas sagradas, que se harían bien o mal o de los hombres que había que aprobar o reprobar, o más bien hay que referir el texto a las dos cosas, es decir, a los hombres y a las cosas sagradas.
34 (Lv 10,14). El pecho separado y la pierna reservada los comeréis en lugar sagrado. A pesar de que cada cosa se da a cada uno de los sacerdotes, no obstante, es evidente que ambas cosas podrían denominarse separadas, porque ambas se separaban para el sacerdote y ambas podrían denominarse también reservadas o quitadas —palabra que en griego Corresponde a ????????—, porque ambas se apartan y se quitan a aquellos por quienes se hace el sacrificio para darlas al sacerdote. Ya antes hemos oído hablar del pecho de la imposición y de la pierna que había que quitar, porque de la pierna no se ponía nada sobre el altar; en cambio, la grasa del pecho sí se ponía sobre él73.
35 (Lv 10,14). ¿Qué significan las palabras: Los sacrificios de las salvaciones, cuando en otro lugar los llama: Los sacrificios de salvación, e incluso en singular: El sacrificio de salvación, refiriéndose siempre a la misma cosa? ¿Se trata quizá de que en este lugar en donde el autor habla de los sacrificios de las salvaciones, debió decir más bien de las sanidades? Porque en el salmo que dice: Óyenos, Dios de nuestras sanidades74, el griego tiene esta misma palabra soteríon en este lugar. Ahora bien, este genitivo de plural en la lengua griega es dudoso si se deriva de salute (salvación) o de salutari (acción de salvar), porque sotería significa salvación y sanidad, y su genitivo de plural es ton soteríon. Salutare, en cambio (acción de salvar), se dice en griego sotéríon y su genitivo de plural es el mismo. Por tanto, si puede entenderse también Correctamente como sacrificio de salvación lo que es sacrificio de la acción de salvar, porque la salvación se da por la acción de salvar y la acción de salvar es aquello por lo que se recibe la salvación, no es preciso que pensemos que aquí, en donde se habla de los sacrificios de las salvaciones, se trata de los sacrificios de muchas salvaciones, sino tal vez de los sacrificios de muchas sanidades, que se reciben de una única acción de salvar. La fe cristiana sabe que se trata de la salvación de Dios, de la que se dice: Tomaré el cáliz de la salvación75, y de la cual Simeón dice en el Evangelio: Porque mis ojos han visto tu salvación76. En definitiva, los sacrificios de salvación pueden llamarse perfectamente o denominarse también sacrificios saludables.
36 (Lv 10,15). Y será para ti y para tus hijos y para tus hijas tu porción legitima para siempre. La añadidura: para tus hijas, no es inútil, porque algunas cosas relacionadas con el alimento de los sacerdotes, la Escritura las prohíbe a las mujeres, que no pueden tomarlas, y, en cambio, sí pueden los varones.
Cuando Moisés preguntó acerca del cabrito sacrificado por los pecados del pueblo y no lo encontró, porque ya había sido quemado, se airó porque el Señor había mandado que aquellas cosas que debían ser ofrecidas por el pueblo como sacrificio por el pecado tenían que comerlas los sacerdotes, quitándoles las grasas y los riñones. Moisés se encolerizó, no contra su hermano, sino contra sus hijos77. Y creo que lo hizo porque Correspondía a su ministerio amonestarlos. Aarón le respondía diciendo: Si hoy ofrecieron sus sacrificios por el pecado y sus holocaustos ante el Señor y me sucedieron tales cosas, y yo comeré hoy la víctima por el pecado, ¿agradará esto al Señor? Moisés lo oyó y le agradó78. Parece ser que Aarón dice que, en el mismo día que los hijos de Israel habían ofrecido por primera vez el sacrificio por su pecado, este sacrificio no debía haber sido comido por los israelitas, sino quemado en su totalidad, sin convertir esto en una regla para los demás sacrificios, porque posteriormente los sacerdotes comían los sacrificios por los pecados. Pero, dado que esto fue ofrecido por primera vez en el primer día, hay que pensar que el sacerdote Aarón dijo esto por inspiración divina, para que después los sacerdotes observaran lo que había mandado el Señor a Moisés; y lo que Aarón dijo, como inspirado por Dios, Moisés lo aprobara.
¿Qué pasó, pues, con los demás sacrificios de aquel día, es decir, con el carnero y con el novillo, los cuales, como dijimos, también debían considerarse como ofrecidos por el pecado? ¿O es que no hay problema alguno acerca del novillo, ya que había que hacer el sacrificio de manera que se introdujera dentro parte de su sangre, como estaba ordenado, para tocar con ella los cuernos del altar del incienso, y era natural que se quemara todo el animal?79 ¿Y qué había que hacer con el carnero? Como Moisés preguntó primero por el cabrito, ¿hay que aplicar también al carnero lo que se le respondió sobre el cabrito, acerca del cual tenía que preguntar, como se le había mandado, si la respuesta del sacerdote no le hubiera satisfecho? Acerca del novillo, ¿qué iba a preguntar, dado que había podido hacerse el sacrificio según la ley, que había mandado Dios acerca del novillo sacrificado por el pecado de toda la asamblea, lo mismo que se había mandado acerca del novillo sacrificado por el pecado del sacerdote, es decir, que había que quemarlo íntegramente fuera del campamento?80 Pues estas son las palabras que dijo Moisés, encolerizado contra los hijos de su hermano, por no haber encontrado el cabrito ofrecido por el pecado, que él había buscado; no lo había encontrado, porque había sido quemado íntegramente. Les dice así: ¿Por qué no habéis comido en lugar sagrado la víctima del sacrificio por el pecado? Puesto que son cosas sacratísimas, esto os dio a comer a vosotros para que quitarais el pecado de la asamblea e hicierais la expiación por ella ante el Señor. Pues su sangre no había sido introducida al interior del santuario, comeréis la víctima en lugar sagrado, como me lo ordenó el Señor81. Cuando dice: Pues su sangre no había sido introducida al interior del santuario en su presencia, distingue, sin duda, lo que se hace así por el pecado del sacerdote o por el pecado de toda la asamblea, no del cabrito, que no debió quemarse del todo, puesto que no se había mandado introducir su sangre para tocar los cuernos del altar del incienso, sino para ser consumido por los sacerdotes. Aarón le dice a Moisés por qué se hizo esto así, esto es, por qué se quemó también totalmente el cabrito, y Moisés quedó satisfecho.
Ciertamente, la Escritura mandó a los ancianos del pueblo que se ofrecieran por el pueblo seis animales. De esos seis animales mencionó primero cuatro, el cabrito, el carnero, el novillo y el Codero de un año. —El cabrito, naturalmente, como sacrificio por el pecado; y el Codero, de un año, evidentemente, también, como holocausto—. En cuanto a los dos animales de en medio, es decir, el carnero y el novillo, hemos visto que se mencionan de un modo un tanto ambiguo, porque no sabemos si pertenecían al sacrificio por el pecado y habría que añadirlos al cabrito, o más bien al Codero, para ofrecerlos como holocausto —sobre esta cuestión ya he expuesto en su lugar lo que opino—. Pero luego, para completar la lista de los seis animales, la Escritura menciona al novillo y al carnero, como sacrificio de salvación; y a continuación, cuando se inmolan y se mencionan del mismo modo, no se mencionan los mismos animales, el carnero y el novillo, que antes se habían colocado entre el cabrito y el Codero, sino que sólo se mencionan aquel novillo y aquel carnero que se habían mandado ofrecer como sacrificio de salvación. De este modo ya no tenemos que pensar que se trataba de seis animales, sino sólo de cuatro. Podemos pensar quizá que aquellos dos que primero se habían colocado entre el cabrito y el Codero, se mencionaron de nuevo y no hay otro novillo ni otro carnero como sacrificio de salvación, de modo que al decir que el cabrito era como sacrificio por el pecado y al no decir para qué eran el carnero y el novillo, esto es, para qué sacrificio servían, y al decir que el Codero de un año era como holocausto, después habría querido decir qué es lo que había que hacer con el novillo y con el carnero, los cuales ni se habían mandado ofrecer como sacrificio por el pecado, como el cabrito, ni como holocausto, como el Codero, sino como sacrificio de salvación. Si el texto lo entendemos de esta manera, queda la cuestión de saber por qué se ofreció un cabrito por el pecado de la asamblea, cuando, hablando desde el principio de los sacrificios que había que ofrecer por los pecados, el Señor mandó que se ofreciera un novillo por el pecado de la asamblea. Y por el pecado del sacerdote mandó que se ofreciera, no un cabrito, sino un novillo —acerca de este novillo mandó también que su sangre se introdujera dentro, lo mismo que la sangre de la víctima por el pecado del sacerdote, para tocar con ella los cuernos del altar del incienso82.
Podemos preguntar qué razón podía haber para que por el pecado de Aarón, no sólo Moisés ofreciera un novillo83, sino el propio Aarón ofreciera otro novillo84, como había que ofrecerlos por el pecado del sacerdote, según el precepto de Dios. Y en cambio, por el pecado del pueblo no se ofrecía un novillo, como estaba mandado, sino más bien un cabrito. Al plantearnos este problema, nos pareció, como dijimos antes, que no sólo estaba mandado ofrecer un cabrito por el pecado del pueblo, sino también un carnero y un novillo. De este modo, estos tres sacrificios hay que entender que son sacrificios por el pecado, puesto que los jefes forman parte del pueblo, y por ellos había que ofrecer un cabrito. Y además, cada persona podía tener sus propios pecados, y por ellos se ofrecía un carnero. Y por fin, todos tenían algún pecado, y por ellos se ofrecían un novillo. Por el pecado de toda la asamblea había que ofrecer un novillo, como estaba mandado desde el principio. Por eso, una vez que se han inmolado, sólo se menciona el cabrito, pero entendiendo tácitamente también los demás, como cuando se toma la parte por el todo, porque todos esos sacrificios eran por los pecados.
37 (Lv 11,33-34). Al tratar de los cadáveres de los animales impuros, la Escritura dice: Todas las cosas que estén dentro de una vasija de barro en la que haya caído alguno de esos cadáveres serán impuras, y la vasija será rota. Y toda cosa comestible sobre la que caiga agua será impura para vosotros. No se trata de que cualquier agua que caiga sobre la comida la haga impura; sino la que cae de aquella vasija que se hace impura a causa de los cadáveres impuros, si por casualidad dicha vasija contiene agua.
38 (Lv 11,47). Enseña a los hijos de Israel la diferencia entre los animales que pueden comerse y los animales que no pueden comerse. La palabra griega dsoogonounta algunos traductores latinos prefirieron traducirla por vivificantia (que vivifican), término que el uso de nuestra lengua acepta de algún modo, antes que inventar una palabra insólita, como podría ser vivigignentia (que engendran seres vivos). Pues bien dsoogonounta no son los seres que vivifican, que hacen vivir, sino los que engendran seres vivos; no huevos, sino pollos.
39 (Lv 12,4). ¿Qué significa lo que dice la Escritura sobre la mujer que ha dado a luz: No tocará ninguna cosa santa y no entrará en el santuario? ¿A qué santuario se refiere, cuando sabemos que en el tabernáculo únicamente solían entrar los sacerdotes, y hasta el velo interior segundo, más allá del propio velo, en donde estaba el arca de la alianza, sólo podía entrar el sumo sacerdote? ¿Se trata de que pudo llamarse santuario a lo que había delante del tabernáculo, en donde estaba el altar de los sacrificios? Efectivamente, muchas veces se llama lugar santo al propio atrio; por ejemplo, cuando se dice: En el lugar santo lo comerán85. Quizá hasta allí solían entrar las mujeres, cuando ofrecían sus dones, que se colocaban sobre el altar.
40 (Lv 12,2-8). ¿Qué significa el texto siguiente: Si la mujer da a luz un varón, será impura durante siete días; será impura según los días de su separación. Al octavo día circuncidará la carne del prepucio del niño; pero permanecerá inactiva treinta y tres días en su sangre pura. No tocará ninguna cosa santa ni entrará en el santuario. ¿Qué diferencia hay entre aquellos siete días en que es impura, según se dice, y los treinta y tres días que permanecerá inactiva en su sangre pura? Porque si ya no es impura durante los treinta y tres días, ¿por qué no puede tocar lo santo? ¿Existe aún esta diferencia, que está con sangre, pero con sangre pura? ¿Estaría la diferencia en que, cuando es impura, hace impuro hasta cualquier lugar en que está, y cuando ya está con la sangre pura, solamente no le es lícito tocar lo santo y entrar en el santuario? Pues esto es lo que dice: Según los días de separación de su purificación. Porque la Escritura dice en otro lugar que la impureza de la mujer que tiene la menstruación dura siete días, y durante este tiempo todo aquello sobre lo que se siente quedará impuro86. El texto habla de separación, porque la mujer se separaba un poco para no manchar todo, mientras pasaban aquellos días. La ley duplicaba estos días de impureza y los convertía en catorce, si la mujer daba a luz a una hembra. Los demás días que permanecía con su sangre pura la ley había mandado también que se duplicaran, pues eran sesenta y seis. Por consiguiente, los días en caso de nacimiento de un varón eran cuarenta, y en caso de nacimiento de una hembra, ochenta. No obstante lo dicho, algunos códices griegos no tienen con su sangre pura, sino con su sangre impura.
El texto continúa: Al cumplirse los días de su purificación, sea por un hijo o por una hija, presentará al sacerdote un Codero de un año, sin defecto, como holocausto, y un pichón de paloma o una tórtola como sacrificio por el pecado a la entrada del tabernáculo del testimonio. El sacerdote lo ofrecerá ante el Señor y hará la expiación por ella y la purificará del flujo de su sangre. Esta es la ley para quien da a luz un varón o una hembra. Pero si no encuentra lo suficiente para ofrecer un Codero, tomará dos tórtolas o dos pichones de paloma, uno como holocausto y otro como sacrificio por el pecado. El sacerdote hará la expiación por ella y quedará purificada87. Por tanto, la lectura Correcta del texto anterior no es: Ofrecerá un Codero de un año, sin defecto, como holocausto o un pichón de paloma o una tórtola como sacrificio por el pecado, como leen algunos códices, sino, según hemos puesto: Y un pichón de paloma o una tórtola como sacrificio por el pecado, pues luego añade: Si no encuentra lo suficiente para ofrecer un Codero, y tomará dos tórtolas. Aquí parece que sobra y (tomará), porque quitando esa conjunción, sigue perfectamente el sentido: Tomará dos tórtolas o dos pichones de paloma, un ave como holocausto y la otra como sacrificio por el pecado.
Pero ¿por qué pecado? ¿Es pecado dar a luz? ¿O es que se muestra aquí aquella descendencia de Adán, de la que dice el Apóstol: De uno solo para la condenación, y en otro lugar: Por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado, la muerte, y por eso pasó a todos los hombres?88 También en el texto siguiente aparece suficientemente claro por qué se ha dicho: Pues yo he sido concebido en iniquidades y en pecados me crió mi madre en el vientre89. ¿Por qué entonces la Escritura dice que se debe purificar por medio de ese sacrificio, no lo que nació, sino la que da a luz? ¿Hay que relacionar tal vez la purificación, a causa del flujo de sangre, con aquella de quien provenía aquel origen? ¿Es que no podía hacerse sin la purificación del propio feto, que nació de la misma sangre? Porque ¿a qué se refiere lo que dice antes: Por un hijo o por una hija ofrecerá un Codero de un año, sin defecto, como holocausto y un pichón de paloma o una tórtola como sacrificio por el pecado, si por medio de este sacrificio no se hacía nada en favor de los que nacían?
Y si alguno intenta hacer una distinción, diciendo que no hay que unir la frase así: Por un hijo o por una hija ofrecerá un Codero de un año, sin defecto, como holocausto, y un pichón de paloma como sacrificio por el pecado, sino así: Y al cumplirse los días de su purificación por un hijo o por una hija. Es decir, que los días de purificación se habían cumplido por él o por ella, por el hijo o por la hija. Y luego seguiría el texto con el otro sentido: Ofrecerá un Codero de un año, sin defecto, como holocausto, y un pichón de paloma como sacrificio por el pecado, es decir, por su pecado, al cumplirse los días de su purificación por su hijo ó por su hija. Quien crea que hay que hacer esta separación, será refutado por el Evangelio, pues cuando nació el Señor de la Virgen e hicieron una cosa parecida, más por la costumbre de la ley que por necesidad de expiar y purificar algún pecado en él, el texto dice: Cuando sus padres introdujeron al niño Jesús para hacer según prescribía la ley sobre él90. El texto no dice «sobre su madre», sino «sobre él», aunque se realizaron las cosas presentes en este lugar acerca de las dos tórtolas o los dos pichones de paloma. Pues también el Señor se dignó ser bautizado como los demás con el bautismo de Juan, que era un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados91, a pesar de que él no tenía ninguno. Por eso, algunos de nuestros traductores traducen también con toda razón el texto del Levítico de la siguiente manera, no diciendo: sobre (super) el hijo o sobre la hija, sino por (pro) el hijo o por la hija. Pues han pensado que éste era el valor de esta preposición en el pasaje que nos ocupa y en donde el griego dice: ef uio e epì zugatrí. Hay que advertir, naturalmente, con qué pobreza quiso nacer el Señor que por él no se ofreció un Codero o un pichón de paloma o una tórtola, sino un par de tórtolas o dos pichones de paloma, como se lee en el Evangelio92. Esto es lo que mandó entonces ofrecer el Levítico diciendo: Si no tuviera la mano del oferente lo necesario para ofrecer un Codero93.
41 (Lv 13,2). Si a un hombre se le hiciera en la piel de su cuerpo una cicatriz de una señal, blanca, y hubiera en la piel de su color un toque de lepra. El texto dice después, a modo de exposición, lo que había dicho antes para que se entendiera. Había dicho así: Si a uno se le hiciera en la piel de su cuerpo una cicatriz blanca. Para que no pensemos que se refiere a una cicatriz, como suele ser la señal de una herida curada, nos indica que se refiere al color cuando añade: Y hubiera en la piel de su color un toque de lepra. Prescindiendo ahora de lo que el autor entienda por cicatriz, se trata de un vicio del color. Con respecto a lo que se denomina toque de lepra, hay que decir que no se trata de que el color se sienta por el tacto, sino que se llama toque de lepra como si la persona o su cuerpo estuviera tocado por la lepra, estuviera manchado o viciado. Es como suele decirse: «La fiebre le atacó o no le atacó». Por último, se llama toque a la propia mancha y siempre se la designa así. Por eso, algunos de nuestros traductores no han traducido «toque», sino «mancha». Naturalmente, utilizando esta palabra, el texto parece tener un sentido más claro. Pero el texto griego pudo no tener afén, es decir, toque, sino ?, es decir, mancha. Por eso, amomon significa inmaculado. Aunque la Escritura no suele llamar amomon solamente a lo que se refiere al color, sino a lo que está limpio de todo victo. Por tanto, la Escritura no quiere que se entienda por momon la mancha del color, sino la mancha de todo vicio. Podría llamar spílon a lo que se refiere solamente al color. El Apóstol usó esta palabra, cuando dice de la Iglesia: No tiene mancha ni arruga94. Pero el autor del Levítico no utilizó ni momon ni spílon, sino afén, toque, palabra que hasta en la lengua griega se emplea poco para los colores y, no obstante, los Setenta no tuvieron dificultad en emplearla. ¿Por qué habrían de tenerla los traductores latinos? En cuanto a la frase: Cicatriz de una señal, o se llama así porque significa algo, o más bien porque distingue a la persona de las demás por una señal, pues la hace llamativa.
42 (Lv 13,3). ¿Qué significan las palabras: El sacerdote lo verá y lo manchará? ¿No es a él a quien debe venir el enfermo para que lo cure? Manchará equivale a «declarará que está manchado», si el sacerdote ve en él las cosas que la Escritura dice acerca de la mancha de la lepra.
43 (Lv 13,4-7). Pero si en la piel de su color hubiera un blanco brillante y su lugar visible no estuviera más hundido que la piel. En las palabras blanco brillante hay que sobreentender «toque» (tactus), es decir, que se trata de aquella mancha del color, no del pelo. Después dice: Pero si otra vez se ha cambiado la significación en la piel. Ahora se llama significación a lo que antes el texto latino llamó signum (señal)95. El texto griego, tanto antes como ahora, usa la misma palabra semasían.
44 (Lv 13,5-6). El sacerdote lo separará durante siete días por segunda vez, y el sacerdote lo examinará el séptimo día por segunda vez, y si el toque es oscuro y el toque no se ha extendido en la piel, el sacerdote lo purificará, pues es una señal. Esto quiere decir que «el sacerdote lo declarará puro», pues no se trata de lepra, sino de una señal.
45 (Lv 13,7-8). Pero si se cambiara otra vez la significación en la piel, después de haberlo examinado el sacerdote para purificarlo, y apareciera otra vez al sacerdote y el sacerdote lo examinara y comprobara que se cambió la significación en la piel, y el sacerdote lo manchará: es lepra. También aquí «lo manchará» equivale a «lo declarará manchado». «Y» (en la última frase) es una añadidura propia del lenguaje de la Escritura. Parece que el texto aconseja que, cuando se haya visto el color blanco solo y brillante, distinto del color sano, el sacerdote lo examine de nuevo para declarar que es lepra, es decir, que manche al hombre declarándole leproso, pero sólo si se comprueba que también el pelo se ha vuelto blanco y el lugar de la piel en donde está el color blanco se halle más hundido. Y continúa: Pero si en la piel de su color hubiera el blanco brillante —es decir, si el toque aquel fuera blanco brillante: llama así a la mancha— y su lugar visible no estuviera más hundido que la piel y el pelo no se hubiera vuelto blanco, sino que es oscuro —es decir, el pelo, que no es blanco— y el sacerdote separará durante siete días al afectado. Y el sacerdote comprobará el día séptimo el toque —la mancha aquella—, y si el toque permanece ante él, pero el toque no se ha extendido por la piel — o sea, no tiene color distinto ni es distinto de la piel. Luego ha sanado lo que estaba enfermo.
Pero el texto manda examinar aún la salud durante otros siete días, y por eso dice a continuación—: Y el sacerdote lo separará durante siete días por segunda vez —otros siete días—y el sacerdote lo examinará el día séptimo por segunda vez y si el toque es oscuro —puesto que no es blanco y brillante y por eso del mismo color que el color sano— no se ha extendido el toque por la piel —como se dijo esto mismo un poco más arriba, es decir, que no es diferente del resto de la piel— y el sacerdote lo purificará96, o sea, declarará que está libre de la sospecha de lepra; no porque haya tenido lepra, que ya no tiene, sino porque no ha existido, ya que en aquel color brillante y blanco del toque, de la mancha aquella que había aparecido, al esperarse que el lugar se hubiera hundido más y el pelo de aquel sitio se hubiera vuelto blanco, no sucedió así, sino que el toque, que antes había sido brillante y blanco, se volvió más bien oscuro, semejante al resto del color de la piel, no brillante. Por tanto, no era lepra. Lo que aparecía es una señal, no es lepra. No obstante, aunque por esto esté libre de la sospecha de lepra, «lavará sus vestidos», porque en aquella señal hubo también algo que motivara el que se lavaran los vestidos. Y quedará limpio97.
46 (Lv 13,7.8). Después continúa: Pero si se extendiera de nuevo la significación en la piel después de haberle examinado el sacerdote para purificarlo —es decir, si después de examinarle el sacerdote al séptimo día y verlo sano, para declararle puro, se extendió aquella significación en la piel, la mancha aquella en la piel— y fuera examinado por segunda vez por el sacerdote —después de otros siete días—, y le examinara el sacerdote y comprobara que se había extendido la significación en la piel —o sea, que no continuó con aquel estado de salud en que le había visto después de los siete días primeros— y el sacerdote le manchará: es lepra. En este caso, como lo que se había visto sano después de los siete primeros días no permaneció en su estado, sino que se cambió hacia el mal primero, se declara ya que es lepra. Ya no se espera en este caso, o a que el lugar esté más hundido o a que el pelo se haya vuelto blanco. Puesto que la lepra no es llamativa ni viciosa, sino que sólo lo es su cambio, el hecho de pasar del color enfermo al sano y volver del color sano al color enfermo es tan llamativo que en este caso no habría que esperar lo que en el primer caso se había ordenado esperar acerca del lugar de la piel que estuviera más hundido y de la blancura del pelo. Pues por el solo hecho del cambio ya no habría duda de que sería lepra.
47 (Lv 13,9-10). Después sigue: Si en un hombre hubiera un toque de lepra, vendrá al sacerdote, y el sacerdote lo examinará, y si hubiera una cicatriz blanca en la piel, y ésta cambió el pelo haciéndolo blanco y a partir de lo sano de la carne viva hubiera cambiado en la cicatriz. Si quitamos la «y» (de la última frase) del texto anterior, puesta ahí según el modo de expresarse de las Escrituras, tenemos el sentido siguiente: El sacerdote lo examinará, y si hubiera una cicatriz blanca en la piel y ésta cambió el pelo haciéndolo blanco a partir de lo sano de la carne viva en la cicatriz. El orden es: Cambió el pelo blanco en la cicatriz a partir de lo sano de la carne viva, es decir, como la carne viva y sana tiene el pelo oscuro y negro, así esta cicatriz lo tiene blanco. Y continúa: Una lepra arraigada hay en la piel de su color; y el sacerdote lo manchará —lo declarará manchado—, no lo separará, puesto que es impuro98. El texto parece querer decir que cuando se encuentre pelo cambiado en blanco con el mismo color que el pelo blanco por enfermedad de la piel, ya no es necesario separar el paciente para examinarle, ni hay que esperar a que el lugar de la piel esté más hundido. Por el solo hecho de que la piel es blanca, de distinto color que la restante y que tiene el pelo blanco, de distinto color que los demás que hay en la carne viva y sana, se declara que hay una lepra arraigada. Es lepra arraigada, porque ya no hay que examinarla durante aquellos catorce días. Y continúa: Pero si fuera restituido el color sano y se volviera blanco. Se dice esto porque se había dicho que todo el color blanco extendido por toda la piel ya era puro por esta misma razón, dado que no habría habido allí cambio. Y continúa: Pero en cualquier momento en que se viera color vivo en él, será manchado99. Aquí está claro que el cambio se reprueba. Y por eso, en relación a lo que se acaba de decir: Pero si fuera restituido el color sano y se volviera blanco, y vendrá al sacerdote, y el sacerdote lo examinará y si el toque se hubiera vuelto blanco, y purificará el sacerdote al afectado: es puro100, no debemos creer que el color sano fue restituido para que resultara color sano; pues ya lo era el color por el que se hacía impuro a causa del cambio. Así, dice que su color sano fue restituido de manera que fuera lo que había sido, es decir, color blanco, una vez perdido el color sano. En este caso será puro otra vez, al haber sido todo blanco, porque no habrá allí ningún cambio. Pero entender «restituido» como «perdido» es algo inusitado. Parece que debería más bien haber dicho: Pero si hubiera sido restituido el color blanco. Ahora, en cambio, dice: si hubiera sido restituido el color sano y se hubiera vuelto blanco, como si quisiera decir: si el color sano hubiera sido restituido haciéndose blanco.
48 (Lv 13,30). Al hablar de la lepra de la cabeza, ¿por qué se llama también golpe, cuando depende solamente del color de la piel o de los cabellos y si su aspecto aparece más hundido que el resto de la piel se hace sin dolor y sin molestia alguna? ¿Ha querido llamar golpe en vez de llaga a esto que es impuro, como si el hombre fuera golpeado por esta impureza?
49 (Lv 13,47-48). Al hablar de la lepra de los vestidos y de otras cosas pertenecientes a los usos humanos, ¿qué significan estas palabras de la Escritura: O en un vestido de lana o en un vestido de estopa o en el estambre o en la lana o en las cosas de lino o en las cosas de lana, cuando ya había dicho antes: en un vestido de lana o en un vestido de estopa? Porque una cosa de estopa es también de lino. ¿O quiso el autor hablar allí de vestidos y aquí de cualquier otra cosa de lana o de lino? Los cobertores de los jumentos no son vestidos, aunque sean de lana; ni las redes son vestidos, aunque sean de lino. Por consiguiente, primero habló de una manera concreta acerca de los vestidos, y luego de una manera general acerca de todas las cosas de lana y de lino.
50 (Lv 13,48). Preguntamos por qué dice la Escritura: En toda piel de trabajo. Otras autores traducen: En toda piel confeccionada. Pero el texto griego no dice: ergasméno dérmati, sino: ergasimo, palabra que también aparece en el Libro de los Reyes, en donde Jonatán dice a David: Estate en el campo en un día de trabajo101, en un día en que se hace un trabajo. Y por eso también aquí debemos pensar que la piel de trabajo es aquella en la que se hace un trabajo, acomodada a algún trabajo. Pues hay pieles que sólo sirven para adorno, no para el trabajo.
51 (Lv 13,49). ¿Qué significa: en cualquier objeto de trabajo de piel, sino lo que está hecho de piel, todo objeto de piel? El autor llama aquí objeto a lo que los griegos llaman skeuos. Y éste es un término general para indicar cualquier utensilio. Cosa distinta es lo que se llama aggeion, porque en latín también esta palabra se traduce por objeto. Pero aggeion Corresponde más bien a un objeto que contiene algo líquido.
52 (Lv 15,11). ¿Qué significan estas palabras: Y a quienquiera que toque el que padece flujo de semen, sin haberse lavado las manos en agua, lavará sus vestidos y lavará su cuerpo en agua y quedará impuro hasta la tarde? Porque la frase: sin haberse lavado las manos en agua, está colocada de forma ambigua, como si quisiera decir que le hubiera tocado después. El sentido es éste: A quienquiera que toque, sin lavar las manos, el individuo a quien haya tocado lavará sus vestidos, etc.
53 (Lv 16,16). ¿Qué significan las siguientes palabras, cuando el Señor ordena cómo debe entrar el sumo sacerdote en el santo, que está detrás del velo: Y hará la expiación por los santos de las impurezas de los hijos de Israel y de sus injusticias [y] de todos sus pecados? ¿Cómo hará la expiación por los santos, si la hace de las impurezas de los hijos de Israel y de las injusticias de todos sus pecados? Como no dice en favor de (pro) las impurezas de los hijos de Israel, sino De (ab) las impurezas, ¿habrá que entender que hará la expiación por los santos de las impurezas de los hijos de Israel? Es decir, por los que son santos, libres de las impurezas de los hijos de Israel, que no consienten en sus impurezas; no porque hubiera que hacer la expiación sólo por ellos, sino porque había que hacerlo también por ellos, pero que nadie creyera que eran tan santos, que no había nada en ellos por lo cual se debiera hacer la expiación, aunque fueran ajenos a las impurezas de los hijos de Israel y de sus injusticias. La frase: De todos sus pecados, significa las injusticias que provenían de todos sus pecados.
El sentido de la frase: Hará la expiación por los santos de las impurezas de los hijos de Israel, puede ser también éste: se trata de que se haga la expiación por ellos, para que se vean protegidos de las impurezas de los hijos de Israel. Pero hará la expiación no puede tomarse en otro sentido más que en el que significa el verbo hará propicio. Por eso se llama también propiciatorio a lo que otros traducen por ofrenda expiatoria, cosa que en griego se denomina ilastérion. Y lo que el autor latino traduce en este pasaje: hará la expiación (exorabit) por los santos, Corresponde al griego exilásetai, que sólo se aplica a los pecados. Por eso se dice en el salmo: Que es propicio en todas tus iniquidades102. Según esto, el sentido más exacto del pasaje es pensar que el sacerdote también hace propicio a Dios en favor de aquellos que son santos, libres de las impurezas de los hijos de Israel, y que, aunque sean tan santos que no consientan en las impurezas de los hijos de Israel y en las injusticias, sin embargo, tienen algo por lo que les es necesario tener a Dios propicio.
Pero en un texto griego encontramos: Y hará la expiación al santo, no por los santos, y la palabra «santo» está, ciertamente, en género neutro (sanctum), que corresponde al griego tò agion. En efecto, podría entenderse: Hará la expiación al Dios santo, y no habría problema alguno. Pero sería difícil decir cómo podría entenderse: para la expiación a esto santo, a no ser que se entienda aquello santo, sea lo que sea, que es Dios, porque es también Espíritu Santo, que ciertamente es Dios. En griego se dice, en género neutro, tò pneuma tò agion. Y quizá —si aquel códice que parecía más Correcto es más verdadero— la frase exilásetai tò agion equivaldría a tò pneuma tò agion, que en latín no puede decirse en género neutro. A pesar de todo, en otros tres códices, uno griego y dos latinos, sólo hemos encontrado lo que dijimos antes, es decir: Hará la expiación por los santos, y esta frase puede también interpretarse en el sentido de que no se refiera a los hombres santos, sino a las cosas santas, como el tabernáculo y cualquier otra cosa que estuviera consagrada al Señor en esas cosas santas. El sentido de la frase: Hará la expiación por los santos para librarlos de las impurezas de los hijos de Israel, seria: Hará propicio a Dios para con las cosas consagradas al Señor librándolas de las impurezas de los hijos de Israel, porque el tabernáculo estaba en medio de ellos. Pues el texto sigue así: después de decir: Hará la expiación por los santos de las impurezas de los hijos de Israel y de las injusticias de todos sus pecados, añade inmediatamente: Lo mismo hará con el tabernáculo del testimonio, que ha sido hecho entre ellos, en medio de sus impurezas103. Así, aquella propiación por las cosas santas parece necesaria para el tabernáculo y para todas las cosas que en él se llaman santas. Porque un poco más adelante se dice, acerca del altar, que el sacerdote debería purificarlo con la aspersión de la sangre y santificarlo librándolo de las impurezas de los hijos de Israel.
54 (Lv 16,20). Y plenificará expiando al santo. ¿Plenificará al santo? ¿O expiará al santo, de acuerdo con lo que dijimos antes? Pues también aquí se dice en griego tò agion en género neutro. Así pues, ¿haciendo la expiación al Señor, plenificará al santo, es decir, santificará perfectamente lo que ha santificado? ¿O plenificará expiando al santo, es decir, aquello santo que es tò pneuma tò agion (el Espíritu Santo)?
55 (Lv 16,8.10.19-20). Acerca de los dos machos cabríos, uno que había que inmolar y otro que había que enviar al desierto, llamado por los griegos apopompaion, suele haber discusión, y unos dicen que el que debía ser inmolado hay que interpretarlo en el buen sentido, y el que había que enviar al desierto hay que interpretarlo en el malo. Pero esta interpretación no puede sostenerse, precisamente porque cuando vuelve el hombre que llevó con su mano al macho cabrío al desierto, se le manda lavar los vestidos y su cuerpo con agua y entrar así en el campamento104 —como si esto fuera también un indicio para interpretar en mal sentido el asunto del macho cabrío, de cuyo contagio había que limpiar al hombre; pero también se dice que debe lavarse quien tome las carnes del otro macho cabrío y del novillo y las queme fuera del campamento105—, porque se ordena que se haga esto mismo con el macho cabrío y con el novillo, y que una vez inmolados se haga la aspersión con su sangre106 y se ofrezcan ambos como sacrificio por los pecados. Y por eso, la distinción entre estos dos machos cabríos hay que considerarla cuidadosamente desde el significado alegórico. De igual modo, cuando se establece el día décimo del séptimo mes como sábado de los sábados107 para que aquel sacerdote único que sucede a su padre hiciera la purificación mencionada antes, la Escritura dice, al hablar de ese sacerdote: Hará la expiación al santo del santo. Y no sé si la frase hay que interpretarla de otro modo que éste: «Hará la expiación en el santo del santo», pensando que se trate de un modo de expresarse. La hará, pues, en aquel lugar santo en el que sólo entraba el sumo sacerdote, lugar que estaba más allá del velo, en donde se hallaba el arca de la alianza y el altar del incienso. Naturalmente, no hará la expiación de aquel lugar como si se tratara de Dios, sino que hará allí la expiación a Dios, por eso se dice: Hará la expiación al santo del santo. En griego, también esta frase está puesta en género neutro: tò agion tou agíou. ¿O se trata quizá del Espíritu Santo del Dios santo, es decir: tò agion pneuma tou agíou zeou? ¿O «hará la expiación» no estará más bien por «haciendo la expiación purificará»? Porque las palabras están unidas así: Y hará la expiación al santo del santo y al tabernáculo del testimonio y hará la expiación al altar y hará la expiación por los sacerdotes y por toda la asamblea108. ¿Y cómo hará la expiación al tabernáculo y al altar mas que, como hemos dicho, interpretando la palabra así: «haciendo la expiación purificará»?
56 (Lv 17,3.4). Hay un texto que dice: Quien mate un novillo o una oveja o una cabra dentro del campamento y quien los mate fuera del campamento y no los lleve a la entrada del tabernáculo del testimonio. En esto que se acaba de decir hay un pecado y se amenaza con un castigo a quien lo haga. Y no se refiere a los animales que se matan para comida o para cosas parecidas, sino para ofrecerlos en sacrificio. Se prohíben, pues, los sacrificios privados, para que nadie se atreva a ser en cierto modo sacerdote para sí mismo, sino que lleve las víctimas adonde sean ofrecidas a Dios por medio del sacerdote. De este modo evitarán hacer sacrificios a las vanidades, pues también esto se ha intentado evitar con aquella costumbre. Así pues, como no era lícito ofrecer sacrificios más que en el tabernáculo al que luego sucedió el templo —por eso, el rey de Israel, Jeroboam se atrevió incluso a hacer dos becerros para que el pueblo les ofreciera sacrificios, a fin de que, movidos por la necesidad de esta ley, no fueran seducidos por el templo los que pertenecían a su reino, mientras iban a Jerusalén para ofrecer sus sacrificios en el templo de Dios, y en esta acción fue condenado por el Señor109—, podemos preguntar con toda razón cómo Elías habría podido ofrecer sacrificios lícitamente fuera del templo de Dios, cuando no sólo impetró fuego del cielo, sino que venció a los profetas de los demonios110. Cosa que a mí me parece que no se defiende con ninguna razón más que con aquella con que se defiende también la acción de Abraham con la que pretendió sacrificar a su hijo por orden de Dios111. Porque cuando el que hace la ley manda hacer algo que ha prohibido en la propia ley, el mandato mismo se considera ley, pues es propio del autor de la ley. Además del sacrificio, no podrían faltar otros milagros por medio de los cuales serían superados y vencidos los profetas de los bosques sagrados. Pero el espíritu de Dios, que había estado en Elías con respecto a todo lo que hizo en este asunto, no puede ir contra la ley, puesto que él es el dador de la ley.
57 (Lv 17,10-12). ¿Qué significa lo que dice la Escritura al prohibir comer la sangre: El alma de toda carne es su sangre? Todo el pasaje lo explica así: Si un hombre cualquiera de los hijos de Israel o cualquiera de los prosélitos que viven entre vosotros come cualquier clase de sangre, y pondré mi rostro sobre el alma que come sangre y la exterminaré de su pueblo. Pues el alma de toda carne es su sangre. Y yo os la di para hacer expiación por vuestras almas; pues su sangre servirá de expiación por el alma. Por eso he dicho a los hijos de Israel: «Nadie de vosotros comerá sangre; ni el prosélito que vive entre vosotros comerá sangre». Si decimos que la sangre es el alma de un animal, ¿hay que admitir también que la sangre es el alma del hombre? De ningún modo. Entonces, ¿por qué no dice el texto: El alma de toda carne de un animal es su sangre, sino que dice: El alma de toda carne es su sangre? Es evidente que al decir «de toda carne» se incluye también la carne del hombre. Pero, dado que hay algo vital en la sangre, pues por medio de ella se vive, sobre todo en la carne actual, y la sangre se difunde por el cuerpo entero a través de todas las venas, ¿se llama tal vez alma a la propia vida del cuerpo, no a la vida que sale del cuerpo, sino a la que termina con la muerte? Con esta expresión decimos que esta vida es temporal, no eterna; mortal, no inmortal, siendo inmortal la naturaleza del alma, que es sacada por los ángeles del seno de Abraham112, y a la cual se dice: Hoy estarás conmigo en el paraíso113, y que ardía en los tormentos del infierno114. Según este significado por el que llamamos alma también a esta vida temporal, dijo el Apóstol lo siguiente: Pues no considero mi alma valiosa para mí115. Aquí quiere demostrar que estaba dispuesto hasta a morir por el Evangelio. Porque, según el significado por el que se llama alma a lo que sale del cuerpo, el Apóstol la hacía tanto más valiosa cuanto mayor mérito le conquistaba. Hay otras expresiones parecidas a éstas. Así, esta vida temporal se contiene sobre todo en el cuerpo por la sangre. Pero ¿qué significan estas palabras: Os la he dado junto al altar de Dios, para que haga la expiación por vuestra alma?116 Es como si el alma hiciera la expiación por el alma. ¿Hace tal vez la expiación la sangre por la sangre, como si tuviéramos que estar preocupados por nuestra sangre cuando queremos hacer la expiación por nuestra alma? Esto es un absurdo.
Pero es mucho más absurdo que la sangre de un animal haga la expiación por el alma del hombre, que no puede morir, cuando la Escritura dice expresamente en la epístola a los Hebreos que aquella sangre de las víctimas no sirvió de nada para hacer la expiación a Dios por los pecados de los hombres, sino que había significado algo que sí aprovecharía. El texto dice así: Pues es imposible que la sangre de los machos cabríos y de los toros quite los pecados117. Ahora bien, dado que por nuestra alma hace la expiación aquel mediador que era prefigurado por todos aquellos sacrificios que se ofrecían por los pecados, es claro que se llama alma a lo que significa el alma.
El signo suele designarse con el nombre de la cosa significada. Así, la Escritura dice: Las siete espigas son siete años. No dice: significan siete años. Y las siete vacas son siete años118, y otros muchos ejemplos parecidos. De acuerdo con esto, se dice: Y la piedra era Cristo119. No se dice: La piedra significaba a Cristo, sino que se dice como si fuera esto que evidentemente no era por esencia, sino por el significado. Así también la sangre, puesto que significa el alma, por una cierta materia vital, se llama alma misteriosamente. Por si alguno piensa que el alma de un animal es la sangre, no hay por qué discutir acerca de este asunto. Sólo hay que evitar con todo cuidado pensar que el alma del hombre, que da vida a la carne humana y es racional, sea considerada la sangre. Este error hay que refutarlo por todos los medios. Por otra parte, hay que buscar expresiones en las que lo contenido signifique al continente. Así, por ejemplo, como el alma se contiene en el cuerpo por la sangre —porque si la sangre se derrama, sale del cuerpo—, el alma está significada mejor por la sangre, y la sangre recibe de ella su nombre. Así, se llama iglesia al lugar en donde se reúne la iglesia, pues son iglesia los hombres, de quienes se dice: y presentándola como iglesia gloriosa120. Pero con este mismo nombre se designa la casa de oración. Y esto lo atestigua el mismo Apóstol, cuando dice: ¿No tenéis acaso casas donde comer y beber? ¿Es que despreciáis la iglesia de Dios?121 El uso cotidiano de hablar ha conseguido que no se diga: Ir a la iglesia o huir a la iglesia más que de aquel que haya ido o haya huido a aquel lugar y a sus paredes en las que se encierra la congregación de la iglesia. También está escrito: Derrama sangre quien quita el jornal al jornalero122. Aquí se llama sangre al jornal, porque el jornal sustenta la vida, que recibe el nombre de sangre.
Pero si el Señor dice: Si no comiereis mi carne y no bebiereis mi sangre, no tendréis vida en vosotros123, ¿qué significa que al pueblo se le prohíba con tanta insistencia tomar la sangre de los sacrificios ofrecidos por los pecados, si con aquellos sacrificios se significaba este único sacrificio que alcanza la verdadera remisión de los pecados? Pues bien, no sólo no se prohíbe a nadie tomar la sangre de este sacrificio como alimento, sino que incluso se exhorta a todos los que quieran tener vida a que la beban. Hay que investigar, por consiguiente, qué significa que en la ley se le prohíba al hombre comer la sangre y se le mande derramarla para Dios. Porque, acerca de la naturaleza del alma, porque está significada por la sangre ya hemos dicho ahora lo que hemos creído conveniente.
58 (Lv 18,7.8). No descubrirás la desnudez de tu padre ni la desnudez de tu madre; pues es la desnudez de ellos. Se prohíbe tener relaciones sexuales con la propia madre. En eso consiste la desnudez, del padre y de la madre. Porque después prohíbe también esto mismo con relación a la madrastra: No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre; pues es la misma desnudez de tu padre. Antes se expuso cómo en la desnudez de la madre estaba la desnudez de ambos, del padre y de la madre. Pero en la desnudez de la madrastra sólo está la desnudez del padre.
59 (Lv 18,9). No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o nacida fuera de casa: es la desnudez de ellas. La nacida en casa se entiende hija del padre. La nacida fuera de casa se entiende hija de la madre, si acaso la madre la había tenido de un marido anterior y había venido con ella a casa cuando se casó con su padre. La Escritura aconseja no descubrir la desnudez de su hermana. Aquí parece no haber prohibido, y casi haber pasado por alto, el concúbito con la hermana nacida de ambos padres. Porque el texto no dice: No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre y de tu madre, sino: de tu padre o de tu madre. Pero ¿quién no ve que también eso está prohibido con mucha más razón? Porque si no es lícito descubrir la desnudez de una hermana, hija de cualquiera de los dos padres ¡cuánto menos la hija de ambos! ¿Por qué prohíbe también el concúbito con las propias sobrinas, diciendo acerca del hijo o acerca de la hija: No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre124. Si lo dicho se hubiera detenido aquí, entenderíamos que también hubiera estado prohibido el concúbito con la hija de la madrastra, dada a luz por ella de un marido anterior y no sería la hermana del individuo a quien se le prohíbe, ya fuera hija del padre, ya fuera hija de la madre. Pero al añadir: Hija de tu padre, que es tu hermana. No descubrirás su desnudez125, se demuestra que esta prohibición se hizo por motivo de la hermana, pues había sido hija del padre y de la madrastra, de la cual ya se había hablado anteriormente. ¿O el autor ha querido prohibirlo de nuevo más claramente, porque antes estaba muy oscuro? La Escritura hace esto muchas veces.
60 (Lv 18,14). No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre y no te acercarás a su mujer. Se expone aquí lo que significa: No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre, es decir, de tu tío, añadiendo: No te acercarás a su mujer. Naturalmente, en la mujer del tío el autor quiso que se interpretara la desnudez del tío, como en la mujer del padre quiso que se entendiera la desnudez del padre.
61 (Lv 18,16). No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano: es la desnudez de tu hermano. Nos preguntamos si esto está prohibido, viviendo el hermano o cuando ya ha muerto, y el problema no es pequeño. Porque si dijéramos que la Escritura ha hablado de la mujer del hermano vivo, recurriendo a un precepto general, que prohíbe al hombre acercarse a la mujer del prójimo, evidentemente también se comprendería esto126. ¿Por qué distingue entonces de una manera tan cuidadosa con prohibiciones particulares a estas personas, que llama domésticas, de las demás? Porque lo que prohíbe acerca de la mujer del padre, es decir, de la madrastra, se refiere a mientras vive el padre y no a cuando ya ha muerto. Pues si vive el padre, ¿quién no ve que está mucho más prohibido, si a la mujer ajena de cualquier hombre se le prohíbe mancharse con el adulterio? Por consiguiente, parece que se refiere a aquellas personas que, no teniendo maridos, podrían unirse en matrimonio si no estuviera prohibido por la ley, como se dice que era la costumbre entre los persas. Pero entonces, si entendiéramos que, muerto el hermano, estaba prohibido casarse con la mujer del hermano, se nos presenta el precepto aquel que impone la Escritura cuando se trata de dejar descendencia a un hermano muerto sin hijos127. Y por eso, comparada esta prohibición con aquel mandato, para que no haya contradicción entre ellos, hay que pensar que existe una excepción, esto es, que no es lícito a nadie casarse con la mujer de un hermano difunto, si el muerto dejó descendencia. O también que estaría prohibido aquello, de modo que no fuera lícito casarse con la mujer del hermano incluso la que se hubiera separado por medio del repudio del hermano vivo. Porque entonces, como dice el Señor, Moisés, a causa de la dureza de los judíos, les habría permitido dar el libelo del repudio128. Y por motivo de este despido pudo pensarse que cualquiera podría casarse lícitamente con la mujer de su hermano, cuando no temiera el adulterio, puesto que se habría separado de ella por el repudio.
62 (Lv 18,17). No descubrirás la desnudez de una mujer ni de su hija. O sea, que nadie piense que le es lícito casarse con la hija de su mujer. Pues no es lícito descubrir a la vez la desnudez de la mujer y de su hija, es decir, tener relaciones sexuales con ambas, con la madre y con la hija.
63 (Lv 18,17.18). No tomarás a la hija de su hijo ni a la hija de su hija. El texto prohíbe también casarse con la nieta de la mujer, hija de un hijo o de una hija. No tomarás a una mujer junto con su hermana para producirle celos. Aquí no se prohíbe casarse con más de una mujer, cosa que les estaba permitida a los antiguos para aumentar la descendencia. Pero sí se prohíbe casarse con dos hermanas. Esto parece que lo hizo Jacob129, o porque aún no estaba prohibido por la ley o porque fue engañado, dándole otra mujer en sustitución de la que él quería, y la que consiguió después, le agradaba más. Pero era injusto despachar a la primera, para no ponerla en peligro de cometer adulterio. La frase final: para producirle celos, ¿se ha puesto para que no haya celos entre las hermanas, ya que el celo que existiera entre las que no fueran hermanas había que despreciarlo? ¿O se ha puesto más bien para que no se haga por esto, es decir, para que el matrimonio con dos hermanas no se haga con la intención de provocar celo entre ellas?
64 (Lv 18,19). No te acercarás a una mujer en la separación de su impureza para descubrir su desnudez. Es decir, no te acercarás a una mujer durante la menstruación. La mujer, en efecto, era separada, según la ley, por motivo de su impureza. ¿Qué significa que también aquí se haya querido añadir esto con los mismos preceptos con los que lo prohibió130 ya bastante, más arriba? Como ya antes se dijo esto mismo, para que no se creyera que había que tomarlo en sentido figurado, ¿lo ha puesto también aquí, en donde se prohíben estas cosas, que, una vez abolida ya la observación de las antiguas sombras, hay que observarlas también sin duda alguna en el tiempo del Nuevo Testamento? La Escritura parece haber indicado también esto mismo por medio del profeta Ezequiel, quien menciona igualmente el pecado de acercarse a una mujer durante la menstruación entre los pecados que son claramente de iniquidad, no símbolos de algo. Y entre los méritos de la justicia el profeta pone no acercarse a tal mujer131. En este asunto no se condena la naturaleza, sino que se muestra el peligro que puede haber para la concepción de la prole.
65 (Lv 18,20). A. la mujer de tu prójimo no le darás el coito de tu semen, para contaminarte con ella. Aquí se vuelve a prohibir otra vez el adulterio que se comete con la mujer del prójimo, cosa que también la prohíbe el Decálogo132. Por aquí se demuestra que aquellas cosas están prohibidas de tal manera, que, muertos incluso sus maridos, los hombres no deben casarse con las mujeres cuya desnudez el Señor prohíbe descubrir.
66 (Lv 18,21). Y no darás de tu descendencia para servir al príncipe. Aquí no veo qué otra cosa pueda entenderse sino la adoración del príncipe, en lugar de Dios. Pues el texto griego no dice duleíein, sino latreíein, palabra que los traductores latinos no suelen traducir más que por serviré (servir). Pero el significado de una y otra palabra es muy distinto. Porque la Escritura no prohíbe servir a los hombres como sirven los esclavos, cosa que no es latreíein, sino duleíein. Pero, según el significado de latreíein, no se manda servir a los hombres, sino al único y verdadero Dios, como está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás133. Pero no sólo con la palabra latreíein ? se indica suficientemente a quién se llama príncipe, es decir, a quien se da culto como a Dios, sino que aparece también con lo que viene a continuación: Y no profanarás el nombre santo. O es el nombre de Dios, cuyo pueblo puede servir de ese modo al príncipe, o el nombre santo del propio pueblo de Israel. Y por eso se dice: Sois santos, puesto que también yo soy santo134. Muy oportunamente se añade también aquí: Yo, el Señor. De esta manera advierte que a él sólo se le debe la latreía, la servidumbre con la que se sirve a Dios.
67 (Lv 18,25). La Escritura dice: Y la tierra se llenó de horror ante los que la habitan. Los llenó de horror por las malas acciones de los hombres que se mencionaron antes. Pero no hay que pensar que la Escritura dice esto porque la tierra tenga sentidos para experimentar esto y horrorizarse. Con el nombre de tierra se designa a los hombres que viven en la tierra. Por tanto, cuando los hombres hacen estas cosas malas, manchan la tierra, porque se manchan los hombres que imitan estas cosas. Y la tierra se horroriza, porque se horrorizan los hombres que ni hacen ni imitan esto.
68 (Lv 19,11). No hurtaréis ni mentiréis ni calumniará nadie a su prójimo. El precepto del hurto apareció en el Decálogo135. En cuanto a lo que sigue: Ni mentiréis ni calumniará nadie a su prójimo, sería raro que no se encerrase en aquel precepto que aparece allí: No dirás falso testimonio contra tu prójimo136, porque no puede existir una calumnia sin una mentira, cosa que se contiene en la afirmación general sobre el falso testimonio. Pero hay un grave problema acerca de si estas cosas pueden admitirse en algún caso. Con respecto a la mentira, como a casi todos les parece que puede decirse una mentira para salvar a uno cuando no se perjudica a nadie, ¿es posible afirmar también lo mismo acerca del hurto? ¿Acaso puede cometerse un hurto cuando no se perjudica a nadie? Al contrario, puede hacerse incluso cuando se mira por aquel a quien se le hace el hurto, como es el caso en que uno robara la espada de un hombre que quiere matarse. En realidad, la calumnia no sé si podría hacérsele a uno para su provecho. Cuando José calumniaba a sus hermanos acerca del vaso y les imputaba137 además la falsa acusación de que eran espías, quizá lo hacía para conseguir un gozo mayor, con el que disfrutarían ellos después. Aunque si intentáramos determinar estas cosas con definiciones apropiadas, quizá no haya hurto más que cuando se causa daño al prójimo, quitando ocultamente lo ajeno. Y no existe calumnia más que cuando se causa daño al prójimo, acusándole de una culpa falsa. Pero mentira no podemos decir que exista sólo cuando se causa daño al prójimo. Cuando uno dice una cosa falsa a sabiendas, sin duda es una mentira, tanto si se le causa daño con ella a uno como si no se le causa daño a nadie. Por tanto, el grave problema acerca de la mentira, es decir, si podría ser lícita alguna vez la mentira, se resolvería probablemente con facilidad si contempláramos únicamente los mandamientos, y no los ejemplos. Porque ¿qué hay más tajante que este mandamiento: No mentiréis? Está enunciado igual que: No te harás ídolos —cosa que nunca puede ser lícita— e igualmente lo que dice la Escritura: No cometerás adulterio —¿quién se atrevería a decir que el adulterio podría ser lícito alguna vez?—. Y lo mismo que: No robarás —según aquella definición del hurto nunca puede ser lícito el hurto—. Y: No matarás138, porque cuando un hombre es matado lícitamente, lo mata la ley, no tú. ¿Puede decirse que cuando un hombre miente lícitamente, miente la ley? Los ejemplos hacen dificilísima la cuestión: Mintieron las comadronas egipcias y Dios las recompensó con bienes139. Mintió Rahab en favor de los espías del país y por eso fue liberada140. ¿Es desde lo que se dice en la ley: No mentiréis, desde donde hay que entender el tema, y no es lícito decir una mentira en la circunstancia en la que la dijo Rahab? Es más verosímil pensar que la mentira se prohibió porque era ilícita que no que se hizo ilícita porque estaba prohibida. Por eso quizá, como hemos dicho sobre las comadronas, no se les premió porque dijeron una mentira, sino que se les premió por el hecho de liberar a los niños Hebreos, de tal modo que esta misericordia habría hecho que aquel pecado fuera venial, pero no podríamos dejar de pensar que fue pecado. Acerca de Rahab hay que pensar también que se le premió la liberación de los espías, de tal manera que se le perdonó la mentira por haberles concedido la libertad. Pues bien, donde se otorga el perdón es que ha habido un pecado. Hay que evitar, de todas formas, pensar que también puede concederse el perdón a los demás pecados si se cometen para liberar a los hombres. Porque de este error se seguirían muchos males intolerables y absolutamente detestables.
69 (Lv 19,13). No harás daño al prójimo. Si los hombres supieran con facilidad qué es hacer daño y no hacerlo, quizá bastaría este precepto general para conservar la inocencia. Porque todo lo que se prohíbe hacer al prójimo puede reducirse a estas palabras de la Escritura: No harás daño al prójimo. Lo que sigue a continuación: No lo despojarás, si no se refiere al hecho de no hacer daño al prójimo, despojándolo, puede llevar a veces a que uno haga daño a otro no despojándolo, porque a un loco, por ejemplo, hay que quitarle la espada, y si uno no lo hiciera cuando fuese preciso, le causaría más daño.
70 (Lv 19,17.18). ¿Qué significa el hecho de que, habiéndose dicho antes: No odiarás a tu hermano en tu ánimo; pero Corrige en serio a tu prójimo y no cargarás con un pecado por causa suya, se añada a continuación: y no se venga tu mano? ¿Significa quizá «y no es castigada»? Porque, cuando impones un castigo al prójimo que comete un pecado, los haces con buena intención, para no cargar con su pecado por negligencia. A esto se refiere lo que se ha dicho antes: No odiarás a tu hermano en tu ánimo. Porque al que se le Corrige, podría parecerle que le odias, cuando en realidad no es esa tu intención. La frase: No se venga tu mano, ¿significa quizá que no tienes que vengar tu mano ni debes dejarte arrastrar por el deseo de venganza? Porque ¿qué es querer vengarse, sino alegrarse y complacerse del mal ajeno? Y por eso se ha dicho: No te encolerices con los hijos de tu pueblo. La ira se define Correctamente diciendo que es el deseo de venganza. Algunos códices tienen: Y no se vengará tu mano. Esto significa: no quieras vengarte reprendiendo, sino busca más bien el bien de aquel a quien reprendes.
71 (Lv 19,28). No haréis incisiones en vuestro cuerpo por el alma. Por el alma significa «por el cadáver de un muerto». En efecto, se sufre por la persona que murió. A este dolor pertenece el duelo. Y durante el duelo algunas gentes tienen la costumbre de hacerse incisiones en el cuerpo. Dios lo prohíbe.
72 (Lv 20,5). De modo que los de su pueblo forniquen tras los príncipes. El sentido no es: «los príncipes de su pueblo», sino: los de su pueblo forniquen. Se entiende aquí por príncipes a los que eran venerados como dioses, tal como dice el Apóstol: Según el Príncipe del poder del aire141. Y en el Evangelio dice el Señor: Ahora el Príncipe de este mundo ha sido arrojado fuera142. Y: He aquí que vendrá el Príncipe de este mundo y no encontrará nada en mí143.
73 (Lv 20,10). Cualquier hombre que cometa adulterio con la mujer de otro o quien cometa adulterio con la mujer de su prójimo, morirán sin remedio. El texto dice en plural: morirán sin remedio, refiriéndose al adúltero y a la adúltera. Y ha querido señalar aquí alguna diferencia entre un hombre cualquiera y al prójimo, aunque la Escritura ponga muchas veces prójimoporcualquier hombre. Pero ¿qué quiere decir esta expresión, que habla primero de un hombre cualquiera y repite luego lo mismo acerca del prójimo, siendo natural que, si hay que abstenerse de la mujer de un hombre cualquiera, haya que abstenerse mucho más de la mujer del prójimo? Si se hubiera hablado primero del prójimo, tendría que añadirse luego algo acerca de cualquier hombre, para que no se creyera que podría cometerse adulterio con la mujer de uno que no fuera prójimo. Ahora bien, si no es lícito el mal menor, ¡cómo va a ser lícito el mal mayor! Porque si no es lícito cometer adulterio con la mujer de un hombre cualquiera, ¡cuánto menos lo será cometerlo con la mujer del prójimo! ¿Trata tal vez esta repetición como de explicar lo que se dijo primero, para que se comprenda el mal tan grande que es cometer adulterio con la mujer de un hombre cualquiera, porque, si uno lo hiciera, cometería adulterio con la mujer del prójimo? En realidad, todo hombre es prójimo de otro hombre.
74 (Lv 20,16). Y si una mujer se acerca a una bestia para unirse con ella, mataréis a la mujer y a la bestia. Morirán sin remedio: son culpables. Podemos preguntar cómo puede ser culpable un animal, siendo un ser irracional y no sujeto a la ley en modo alguno. ¿Se trata quizá de que, como en la figura retórica se trasladan las palabras —cosa que en griego se llama metáfora—, pasando de un ser animado a otro inanimado —y así se dice, por ejemplo, viento ímprobo y mar airado—, así también aquí se ha trasladado de un ser racional a uno irracional? En efecto, podemos pensar que se ha mandado matar a las bestias precisamente porque, contaminadas con un pecado tan grande, renuevan el recuerdo de un hecho indigno.
75 (Lv 20,17). Quienquiera que tome por esposa a su hermana, hija de su padre o hija de su madre, viendo así la desnudez de ella y viendo ella la desnudez de él, es una ignominia. Serán exterminados en presencia de su descendencia. Ha descubierto la desnudez de su hermana. Cargarán con su pecado. ¿Qué significa aquí viendo sino conociéndola mediante la relación sexual? Es lo mismo que se dice en la ley: Conoció a su mujer144, para indicar que realizó el acto sexual con ella. Cuando se dice: Cargarán con su pecado, como se está hablando del castigo que se les aplicará, se llama aquí pecado al castigo por el pecado.
76 (Lv 20,20). Quien se acueste con su pariente, descubre la desnudez de su pariente: morirán sin hijos. Podemos preguntar hasta qué grado hay que entender este parentesco, puesto que cuando es distante, ciertamente es lícito tomar esposa y siempre lo ha sido. Pero hay que entender que no es lícito tomarla dentro de los grados que la ley prohibió y de acuerdo con los cuales se dijo: Quien se acueste con su pariente. Probablemente ha dejado sin mencionar algunos, como la hermana, hija de ambos padres, o la mujer del hermano de la madre, es decir, del tío materno. Porque primeramente se prohibió casarse con la mujer del tío paterno, aunque esto no se llame parentesco, sino afinidad. ¿Qué significa: Morirán sin hijos, dado que de tales uniones han nacido hijos antes y nacen también ahora? ¿Hay que pensar que está establecido por la ley de Dios que los nacidos de estas uniones no se consideren hijos y, por tanto, que no suceden vivos a sus padres en ningún derecho?
Y no haréis abominables vuestras almas ni con las bestias, ni con las aves ni con lo que se arrastra por la tierra, cosas que yo os he separado como impuras145. Parece que aquí se indica que estas cosas no son impuras por naturaleza, sino por alguna señal misteriosa, pues se dice: Cosas que yo os he separado como impuras, como queriendo decir que no serían impuras para ellos si Dios no se las hubiera separado.
77 (Lv 20,27). El hombre o la mujer que tuviera un ventrílocuo o un hechicero, morirán sin remedio. Los lapidaréis. Son culpables. ¿A quién se refiere? ¿Al hombre y a la mujer, o al hombre y al ventrílocuo, o a la mujer y al ventrílocuo o hechicero? Lo más probable parece esto: no sólo quien tiene, sino también aquel a quien tiene.
78 (Lv 21,7). No se casarán con una mujer prostituta ni profanada, ni tampoco con una mujer repudiada por su marido, porque es santo para el Señor su Dios. Antes se había dicho: No se casarán. Ahora se dice: Porque es santo, no porque son santos. Utilizando su modo habitual de expresarse, la Escritura se refiere a muchos que son sacerdotes al mismo tiempo, y hablando a cada uno de ellos en particular les dice: Porque es santo. Porque al sumo sacerdote, que entraba en el santo de los santos, lo menciona después. Luego concluye, diciendo en plural: he tendrás por santo: él ofrece los dones del Señor vuestro Dios. Es santo, porque santo soy yo, el Señor, que los santifico146. Por lo que respecta a los dones aludidos con estas palabras: El ofrece los dones del Señor vuestro Dios, hay que advertir que no sólo los ofrecía el sumo sacerdote, sino también los sacerdotes de segundo rango. La prohibición expresada así: No se casarán con una prostituta ni con una profanada, ni con una repudiada por su marido, se refiere también a los sacerdotes de segundo rango. Porque del sumo sacerdote habla después y dice de él que sólo podrá casarse con una virgen.
79 (Lv 21,10). El sacerdote superior a sus hermanos, el que es grande entre sus hermanos, es el único sumo sacerdote. Sobre cuya cabeza fue derramado el óleo ungido. La Escritura llama christum (ungido) al óleo.
80 (Lv 21,10). Que recibió la investidura para vestir, las vestiduras. Se trata sin duda de las vestiduras que se describen con todo detalle al hablar de la vestidura sacerdotal147.
81 (Lv 21,10.11). No quitará de su cabera la mitra y no rasgará sus vestidos y no se acercará a ninguna alma muerta. Se entiende que le está prohibido hacer lo que antes se dijo acerca del duelo, es decir, descubrir la cabeza, quitándose la mitra y rasgar las vestiduras. Rasgar las vestiduras era una costumbre de los antiguos cuando hacían duelo, como, por ejemplo, en el caso de Job, cuando sus hijos le anunciaron que les había sobrevenido la ruina148. Descubrir la cabeza, quitándose la mitra, pudo ser un gesto de duelo precisamente porque era quitarse un adorno. En relación a la frase: Y no se acercará a ninguna alma muerta, es difícil entender cómo se llama alma muerta al cuerpo muerto. Pero hay que decir que ésta es una expresión frecuente en las Escrituras que para nosotros resulta rarísima. En efecto, el cuerpo privado del alma recibe también el nombre de quien lo gobernaba, porque se le ha de devolver en la resurrección. Como, por ejemplo, el edificio que se llama iglesia, sigue llamándose iglesia, aunque la iglesia, que son los hombres, haya salido de allí. Pero como el cuerpo no recibe el nombre de alma en un hombre vivo, nos sorprende que se le llame alma cuando carece de alma. Ahora bien, si entendiéramos que se trata del alma muerta, separada del cuerpo, de modo que pareciera que se había llamado muerte a la propia separación, es decir, que el alma muerta había sido arrancada del cuerpo sin perder su naturaleza —pues ni siquiera cuando se dice que estamos muertos al pecado149, se afirma que la naturaleza ha perecido, sino que ya no pecamos, de modo que se entienda así que el alma está muerta, muerta para el cuerpo, porque ha dejado de usarlo, dado que vive en su naturaleza—, ¿cómo puede uno acercarse a un alma muerta, cosa que se le prohibió a este sacerdote, puesto que quien se acerca, se acerca a un cuerpo muerto, no a un alma que se ha separado del cuerpo? ¿O se designa con el nombre de alma a la propia vida temporal, la cual ciertamente está muerta en un cuerpo muerto, puesto que emigró aquella alma que no puede morir? No se trata de que el alma haya sido la propia vida, sino que por la presencia del alma, que le daba la subsistencia, haya recibido su nombre. Es algo parecido a la distinción que hicimos al hablar de la sangre, acerca de la cual se dijo: El alma de toda carne es la sangre150. Porque la sangre está muerta en un cuerpo muerto, y no se retira con el alma que se retira. La Escritura prohibió, pues, al sumo sacerdote acercarse incluso al cadáver de su propio padre o de su madre. Cosa que no prohibió al sacerdote de segundo grado, pues sigue diciendo: Ni por su padre ni por su madre se hará impuro151. El orden de las palabras es el siguiente: Por su padre no se hará impuro ni por su madre.
82 (Lv 21,12). Y no saldrá de los santos. Se refiere sin duda al tiempo en que se celebraban los funerales por los suyos, como también se le prohibía152 salir de los santos durante los siete días en que era consagrado, pero no por siempre. Si a los sumos sacerdotes no se les prohibía, ciertamente, entonces casarse ni tener hijos, se presenta un grave problema. Porque como la ley dice que un hombre queda impuro hasta la tarde incluso por el coito conyugal, aunque lave su cuerpo con agua153, y al sumo sacerdote se le manda que entre dos veces al día todos los días al otro lado del velo154, en donde estaba el altar del incienso, para que el incienso continúe ardiendo siempre, y se dice que a ninguna persona impura le era lícito acercarse al santo, ¿cómo podía cumplir esto diariamente el sumo sacerdote, si engendraba hijos? Porque si uno preguntara quién le supliría en el caso de que cayera enfermo, puede responderse diciendo que por el favor de Dios no caía enfermo. ¿Puede responderse también lo mismo acerca de la procreación de los hijos? De aquí se sigue, o que guardaría la continencia, o que durante algunos días se interrumpía el incienso, o, si no podía interrumpirse, eso que solamente el sumo sacerdote podía realizar, entonces que no se haría impuro por el coito conyugal en razón de su especial estado de santidad. O si se refiere también a él lo que se dice a continuación acerca de todos los hijos de Aarón, que ninguno de ellos se acercase al santo si le sobreviene alguna impureza155, queda como solución pensar que algunos días no se ponía el incienso .
83 (Lv 21,11). En relación al hecho de que al sumo sacerdote se le prohíba acercarse al cadáver de su padre, puede preguntarse cómo podía ser ya sumo sacerdote si todavía no había muerto su padre, cuando la Escritura ordena que los sumos sacerdotes sucedan a sus padres. Por motivo de que continuara siempre encendido el incienso, que tenía que poner diariamente el sumo sacerdote, era necesario que inmediatamente se sustituyera al sacerdote, aunque no estuviera aún enterrado el sumo sacerdote anterior. Aunque la cuestión aquella de la enfermedad del sumo sacerdote permanece aún, si pensamos que pudiera estar enfermo algunos días antes de morir. A menos que también esto se resuelva diciendo que los sumos sacerdotes solían morir repentinamente, sin preceder una enfermedad, como dice la Escritura acerca de Aarón156.
84 (Lv 21,15). Hay que señalar que la Escritura dice muchas veces: Soy yo, el Señor, quien le santificó, hablando del sumo sacerdote, y que esto mismo se le dice a Moisés: Y le santificarás. ¿Cómo santifica Moisés y el Señor? Moisés no lo hace en vez del Señor, sino por su ministerio, a través de ritos visibles. El Señor lo hace por su Espíritu Santo, a través de su gracia invisible, en quien reside todo el fruto de los propios ritos visibles. Porque ¿qué aprovechan los ritos visibles sin esta santificación de la gracia invisible? Podemos preguntar con toda razón si también esta santificación invisible, sin ritos visibles, por los cuales el hombre es santificado visiblemente, no sirve igualmente para nada, cosa que naturalmente es un absurdo. Porque alguien más aceptablemente diría que ésta sin ellos no existiría, antes que decir que no aprovecharía si existiera, cuando en la santificación reside toda la utilidad de los ritos. Pero hay que ver también cómo puede decirse correctamente que sin los ritos la santidad no podría existir. Porque, en efecto, de nada le sirvió el bautismo visible a Simón Mago a quien le faltó la santificación invisible157. Pero aquellos a quienes aprovechó esta santificación invisible, porque la tenían, habían recibido también los ritos visibles, pues habían sido bautizados igual que él. Con relación a Moisés, que santificaba visiblemente a los sacerdotes, no se dice dónde fue santificado él mismo por los mismos sacrificios o por el óleo. Pero ¿quién se atrevería a negar que fue santificado invisiblemente, él que destacaba por una gracia tan grande? Lo mismo puede decirse también de Juan el Bautista, pues apareció antes como bautizador que como bautizado158. Por lo cual no podemos negar en absoluto que también él fue santificado. Pero en ningún lugar encontramos que se haya hecho esto con él de manera visible antes de que llegara él mismo al ministerio de bautizar. Esto mismo se puede decir de aquel ladrón a quien el Señor le dijo cuando estaba crucificado con él: Hoy estarás conmigo en el paraíso159. Porque este hombre no pudo recibir el don de una felicidad tan grande sin la santificación invisible. Por tanto, hay que concluir que algunos tuvieron y les aprovechó la santificación invisible sin los ritos visibles, que fueron cambiando por el transcurso del tiempo, de tal modo que antes fueron unos y ahora son otros. Pero la santificación visible que se verificaría por los ritos visibles, podría existir sin esta santificación invisible, pero no podría ser provechosa. Sin embargo, no por esto hay que despreciar el rito visible. Porque el que lo desprecie no podrá ser santificado invisiblemente. De aquí se deduce que Cornelio y los que estaban con él, a pesar de que ya aparecían santificados invisiblemente por la venida del Espíritu Santo, sin embargo, fueron bautizados160. Y esta santificación visible no se juzgó superflua, a pesar de que ya había precedido la santificación invisible.
85 (Lv 22,1-3). Y habló el Señor a Moisés diciendo: «Di a Aarón y a sus hijos que cuiden de los santos de los hijos de Israel; no profanarán mi santo nombre con las muchas cosas que ellos me consagran; yo, el Señor». Y les dirás: «Cualquier hombre, quienquiera que sea de toda vuestra descendencia, en vuestras generaciones, que se acerque a las cosas santas que consagran al Señor los hijos de Israel y haya en él impureza, aquella alma será exterminada de mi presencia, yo, el Señor vuestro Dios». Desaparece, pues, toda duda de que ningún sacerdote, ni de los sumos sacerdotes ni de los de segundo rango, podía acercarse a las cosas santas teniendo alguna impureza. Se exigía al sacerdote la continencia, no fuera que por la procreación de los hijos no se continuara poniendo el incienso en algunos días. El incienso solían ponerlo dos veces al día, por la mañana y por la tarde161. Y lo hacían únicamente los sumos sacerdotes. Y se les exigía la continencia, porque después del coito conyugal, aunque el sacerdote se lavara el cuerpo, quedaba impuro hasta la tarde162, y era él quien tenía que poner el incienso. La frase: «Las cosas que consagran los hijos de Israel», significa que los fieles las ofrecían a los sacerdotes para que ellos se las ofrecieran al Señor. Y hay que señalar el género de consagración, pues se hace por un voto y por la devoción del oferente. Pero es necesario prestar atención a si también se dice en las Escrituras que los hombres se consagran a sí mismos de este mismo modo, cuando por algún motivo se consagran a sí mismos haciendo un voto, tal como se consagran de esta manera las cosas que los hombres ofrecen.
86 (Lv 22,4). Y quien toque cualquier impureza de alma. Quiere decir cualquier cadáver, porque el tocar un cadáver produce una impureza según establece la ley.
87 (Lv 24,15-16). Cualquier hombre que maldiga a su Dios, cargará con su pecado. Quien pronuncie el nombre del Señor, morirá sin remedio. Parece como que una cosa es maldecir a su Dios y otra pronunciar el nombre del Señor. Y parece que aquello es un pecado, y esto, un crimen tan grande que merece hasta la pena de muerte. Aunque en este texto las palabras: el nombre del Señor, hay que entenderlas en el sentido de que se haga eso con una maldición, es decir, que se diga el nombre de Dios maldiciéndolo, ¿qué diferencia hay entre aquel pecado y este crimen de tanta gravedad? ¿Se ha querido demostrar, quizá, repitiendo lo mismo, que aquel pecado no era pequeño, sino una maldad tan grande que debía ser castigado con la pena de muerte? La cosa resulta muy oscura, porque el texto introduce una distinción. No dice: «Pues el que pronuncie» (nominans enim), sino que dice: «El que pronuncie, en cambio» (nominans autem). Por eso, si entendemos esto Correctamente, hay que prestar atención también al género de expresión.
88 (Lv 24,17). Quien hiera a [toda] alma de hombre y éste muere, ése morirá sin remedio. No se dice: «Quien hiera a un hombre y éste muere», sino que se dice: al alma del hombre, cuando, en realidad, es más bien el cuerpo del hombre el que es herido por el que produce la herida, como dice el Señor: No temáis a los que matan el cuerpo163. Como suele hacer la Escritura, llama alma a la vida del cuerpo que le viene por medio del alma, y con esto ha querido poner de manifiesto al homicida, que hiere el alma del hombre, que priva al hombre de su vida, hiriéndole mortalmente. ¿Por qué se añade: Y éste muere, si ya se señala el homicidio por el hecho mismo de que uno haya herido el alma del hombre, es decir, el hombre haya sido privado de la vida por el asesino? ¿Se ha querido decir, tal vez, cómo hay que entender lo que dice el texto: «el alma del hombre herida», y por eso se dice: Y éste muere, como si se dijera: ha muerto? Porque esto es lo que significa que el alma del hombre ha sido herida.
89 (Lv 25,2-4). Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os voy a dar y haya descansado la tierra que yo voy a daros los sábados del Señor, seis años sembrarás tu campo y seis años podarás tu viña y recogerás su fruto; pero el séptimo año será sábado: la tierra tendrá su descanso, sábado para el Señor. ¿Cómo hay que entender la frase: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os voy a dar y haya descansado la tierra, «seis años sembrarás tu campo», etc.? Parece como que se hubiera mandado hacer eso cuando la tierra hubiera descansado, siendo así que la tierra descansa precisamente porque se hace esto. Pues el texto se refiere al descanso de la tierra en el séptimo año, en el que el Señor mandó que nadie trabajara en ella por medio de la agricultura. Pero, evidentemente, el largo hipérbaton hace oscuro el sentido del texto. Parece ser que el orden de palabras sería el siguiente. Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os voy a dar y haya descansado la tierra que yo voy a daros, es sábado del Señor: has cosas que brotan por sí mismas de tu campo no las segarás, y la uva de tu santificación no la vendimiarás. Será el año de descanso para la tierra. Y el sábado de la tierra será comida para ti y para tu siervo y para tu sierva y para tu jornalero y para tu huésped que reside junto a ti. También para tus ganados y para tus animales que hay en tu tierra servirá de comida todo lo que nazca de ello164. Para explicar cómo descansa la tierra, interpuso las siguientes palabras: Seis años sembrarás tu campo y seis años podarás tu viña y recogerás su fruto; pero el año séptimo será sábado: la tierra tendrá su descanso, el sábado del Señor. No sembrarás tu campo y no podarás tu viña. Al decir: No podarás, debemos entender que ese año está prohibida toda la agricultura. Porque si no se puede podar, tampoco se podrá arar ni sostener con estacas ni emplear ninguna otra cosa que sirva para la agricultura. Ahora bien, como suele tomarse la parte por el todo, así también por la poda se indica toda clase de cultivo. Y al mencionar el campo y la viña, como se prohibió sembrar aquel campo y podar esta viña, hay que entender que se trata de toda clase de campos. Porque está claro que no se puede trabajar en un olivar o en otro campo cualquiera, que no se ha mencionado. En cuanto a la frase: Y el sábado de la tierra será comida para ti y para tu siervo y para tu sierva, etc., está claro que con ella no se ha prohibido al dueño del campo alimentarse de lo que la tierra produzca espontáneamente aquel año sin que se la haya cultivado. Pero sí está prohibido recoger los frutos. Se permite, pues, tomar algo de allí para comer, como de paso, cogiendo sólo lo que se puede consumir inmediatamente comiéndolo, no lo que se recolecta para usarlo en otros momentos.
90 (Lv 25,23). Y la tierra no será vendida para profanación. Otros códices dicen: para confirmación. Pienso que el error se produjo en unos y otros, primero en griego por la semejanza de sonido de la palabra; porque bebélosis significa «profanación» y bebaíosis, «confirmación». El sentido de profanación está claro: Y la tierra no será vendida para profanación, es decir, que nadie se atreva a vender la tierra que recibió de Dios, a los profanos, que la usen para la impiedad y el culto de los dioses extranjeros y falsos. En cambio, es muy oscuro el sentido de: Y la tierra no será vendida para confirmación. Pienso que no hay que entenderlo más que en el sentido de que la venta no debe hacerse firme, de modo que el vendedor no la reciba en el tiempo establecido para ser devuelta, como está mandado. Pero lo que sigue, puede estar de acuerdo con ambos sentidos, ya se lea: Y la tierra no será vendida para profanación, ya se lea: para confirmación, pues el texto añade: Porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes165.
91 (Lv 25,24). Y por toda la tierra de vuestra posesión daréis la recompensa (mercedem) a la tierra. Otros códices tienen: Daréis el rescate (redemptionem) a la tierra. El sentido es éste: No será vendida la tierra para profanación, es decir, no se venderá a aquellos que la usen como injuria al Criador, o para confirmación, esto es, para que el comprador la posea perpetuamente y no la devuelva al vendedor en el tiempo establecido según el precepto de Dios. Y la razón es: Porque la tierra es mía, por tanto, debéis usar de ella según mi precepto. Y para demostrar que la tierra es suya y no de ellos y decir qué son ellos en la tierra, el texto añade a continuación: Puesto que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes. Es decir, aunque para vosotros sean forasteros los que se unen a vuestro pueblo de entre los extranjeros, y aunque sean huéspedes, o sea habitan en tierra propia, no obstante, todos vosotros sois también ante mí como forasteros y huéspedes. Dios dice esto, no sólo a los israelitas, porque les dio la tierra de las demás gentes que él expulsó, sino a cualquier hombre, porque ante Dios, que permanece eternamente y que llena el cielo y la tierra con su propia presencia, como está escrito, todo hombre es un forastero al nacer y huésped al vivir, porque es impulsado a emigrar con la muerte.
92 (Lv 25,24). Luego añade lo siguiente: Y por toda la tierra de vuestra posesión daréis la recompensa a la tierra, como inquilinos, o el rescate. Si no me equivoco, aquí se refiere a lo que devolvían de la tierra en cierto modo cuando interrumpían su cultivo cada siete y cada cincuenta años166, cosa que la Escritura denomina año de remisión. Así el descanso de la tierra, como recompensa por la habitación, o el rescate fuera de aquel de quien es la tierra, esto es, de Dios su creador.
93 (Lv 26,11). Y pondré mi tabernáculo en medio de vosotros y mi alma no os abandonará. Dios dice que su voluntad es su alma. Porque Dios no es un ser animado que tiene cuerpo y alma. Ni su sustancia es como la de la criatura, que se llama alma, que él hizo, como el propio Señor atestigua por medio de Isaías, diciendo: Y yo he hecho todo soplo167. Lo que el texto dice a continuación pone en evidencia que se trata del alma del hombre. Pues como cuando Dios habla de sus ojos y de sus labios o cita otras palabras relativas a los miembros corporales, nosotros, naturalmente, no pensamos que Dios está definido por una forma corporal, sino que todos aquellos términos referentes a los miembros corporales sólo los consideramos como efectos de las actuaciones y potencias de Dios; de la misma manera, cuando Dios habla de su alma, debemos entender que se trata de su voluntad. Efectivamente, aquella naturaleza perfecta y simple, que se llama Dios, no consta de cuerpo y espíritu, ni es mutable por el propio espíritu como lo es el alma. Pero Dios también es espíritu, y es siempre el mismo, él en quien no hay cambio alguno168. De aquí sacaron su argumentación los apolinaristas para decir que el hombre, Cristo Jesús169, mediador entre Dios y los hombres, no tuvo alma, sino que fue únicamente Verbo y carne, al decir aquellas palabras: Mi alma está triste hasta la muerte170. Pero de su actuación, que se nos manifiesta por la verdad del Evangelio, aparecen las actuaciones del alma humana tan claras que es una demencia ponerlo en duda.
94 (Lv 26,33,34). ¿Qué significa el hecho de que, al amenazar Dios con las penas debidas a la desobediencia, diga, entre otras cosas: Y os consumirá la espada desenvainada. Y luego añade: Y vuestra tierra quedará desierta, y vuestras ciudades quedarán desiertas. Entonces sentirá bien la tierra sus sábados durante todos los días de su desolación y vosotros estaréis en el país de vuestros enemigos. ¿Cómo los devorará la espada, si estarán en el país de sus enemigos? ¿Los devorará quizá en el propio país, porque con el estrago de las muertes no sucederán allí los hechos? ¿O dice: Os consumirá, queriendo decir: «os matará», de modo que pertenezcan a esta ruina los que caerán a espada, pero no todos, porque poco después añade: A los que queden de vosotros, les infundiré pánico en su corazón?171 ¿O la expresión: Os consumirá es una hipérbole, como es una hipérbole decir que su número será como la arena del mar?172 De acuerdo con este mismo modo de expresarse se dice también lo que viene a continuación: Y el ruido de una hoja caída los perseguirá. Esto quiere decir que su temor será tan grande, que hasta las cosas más pequeñas se lo infundirán.