BAC vol. 29
Capítulos XXXVIII-XXXIX
ANOTACIONES AL LIBRO DE JOB
Capítulo XXXVIII
Cuando Elihú dejó de hablar, el Señor le respondió a Job en medio del torbellino y del nublado1. Esta respuesta fue al estilo de la que dio a Moisés2, o de la que el Señor mismo dio a los tres discípulos en la transfiguración en el monte3. Sin embargo, al no hablar simplemente de una nube, sino del torbellino y del nublado, pienso que aquí se significa que Job no fue interrogado, es decir, tentado a través de la carne sana, sino a través de la carne afligida y trastornada. ¿Quién es este que me oculta el consejo, guardando sus palabras en el corazón, y piensa que se me ocultan?4 En consecuencia, no hay nadie que diga que, sin culpa alguna por su parte, sufre algún tipo de rigor, porque todos pecamos, si no de obra, sí de palabra, y si no de palabra, sí de juicios temerarios en lo íntimo del corazón o con el discurso del pensamiento. Y al no ocultársele nada a Dios, que nadie diga cuando se le castiga que no es acreedor de la corrección que recibe, como si no hubiera una nueva meta a que llegar por ella. Hay que tener en cuenta que en el inicio de este libro el diablo alabó a Job por el testimonio que de Dios daba, y al final lo hacen sus tres amigos. Por otra parte, Dios sabía cuánto le faltaba para la perfección y adonde llevaban los azotes paternales a hombres incluso recomendables según esta vida y ya agradables a Dios. Todo el pensamiento aquí tratado no quiso desvincularlo del Apóstol, que dice: Te basta con mi gracia, porque el valor se refuerza en la debilidad5. Cíñete como un varón tus lomos6: denota las asperezas y amarguras de los siervos de Dios en este mundo para que aparten y repriman todos sus afectos de la corriente de deleites terrenales. Voy a preguntarte, pero dame una contestación. ¿Dónde estabas cuando echaba los cimientos de la tierra?7 De aquí toma pie para poner de relieve la sublimidad de nuestro Señor Jesucristo, porque en él radica la salud de todos los afectados por el veneno seductor de la serpiente, para que nadie piense que tiene su salvación en sí mismo. Porque él es Dios, no al estilo del dicho: Sois dioses e hijos del Altísimo8, sino un Dios que no considera rapiña ser igual al Padre9. Y también es hijo del hombre, pero no como los hijos de los hombres10, en los que no existe la salvación, sino con preferencia a todos sus compañeros11. Y no se limita a ser justo como Job, como Pablo, como la Iglesia, sino que es justificador como hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad12. Job comienza a decir con sentido profético lo que va a decir para señalar la diferencia de la humanidad divina, donde el príncipe de este mundo no halló nada13, porque en su pasión devolvía lo que no había robado14 y realizaba la justificación de los santos por la remisión de los pecados. La unificación de estos santos constituye su cuerpo, que es la Iglesia, de la que Job, en cuanto justificado, constituye una parte en el sentido literal, a la vez que es figura de la Iglesia universal ¿Dónde estabas cuando ponía los cimientos de la tierra?15 ¿Lo dice porque aún no existía o porque no fue él quien puso los cimientos de la tierra como los puso el Hijo único? ¿Y se trata de esta tierra, o de la Iglesia misma? Porque fue ésta la que acogió a la piedra angular16 de la que hablará luego. Indícamelo, si posees la ciencia17: pues todas las acciones que el Señor hizo temporalmente por nosotros entran dentro de la esfera de la ciencia. ¿Quién determinó, si lo sabes, sus dimensiones?18 Atendiendo al reparto de los dones espirituales, a cada uno de nosotros ha sido dada la gracia en la medida del don de Cristo. Por eso dice: Al subir a las alturas llevó cautiva la cautividad, repartió dones a los hombres19. Porque si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído?20 Como es natural, el crecimiento del cuerpo lo hace en proporción de cada una de sus partes, y todo para su propia construcción en la caridad21. ¿Quién es el que tendió sobre ella el cordel?22 Para convertirla en heredad suya y diferenciarla de aquellas a quienes se reprocha: no os conozco23. Pues el Señor conoce a los suyos24. ¿En qué punto se apoyan sus órbitas? Los libros divinos, asentados sobre el Señor, son los que la ciñen, para que no se desmembre, pues todo el que intente interpretarlos sin contar con El, es inevitable que ande a la deriva y yerre. ¿Quién asentó sobre ella la piedra angular?25 La rechazada por los constructores26. Cuando al mismo tiempo fueron creados los astros: bautizados a la vez tantos miles de pecadores con la palabra de la vida, que eran como estrellas que brillaban en medio de las tinieblas. Todos mis mensajeros me aclamaron a voz en grito27: los evangelistas. Puse compuertas al mar: a los pueblos que se estaban poniendo amargos por su amor a las cosas de la tierra. ¿Y por qué compuertas? ¿No sería tal vez no sólo para tener un modo de ejercitar a los justos con persecuciones, sino también para dejarles a los justos un portillo por donde escapar? Cuando salía del seno de su madre dando gritos, deseando escapar28: cuando cundía el coraje en la comunidad ciudadana de Babilonia, la fornicaria de amores mundanos, y que quería extender las persecuciones para borrar de la tierra a aquellos de quienes se dijo: No te pido que los lleves de este mundo, sino que los libres del mal29. Le di una nube por mantilla: no son los buenos en exclusiva, sino también los malos y muchos amadores de este siglo los que rinden armas ante el sacramento del cuerpo de Cristo. La autoridad de este cuerpo de Cristo les retrae de perseguir a los santos. Y lo envolví en la niebla30: la ignorancia por la que esperan de allí la felicidad terrena y temen al mismo tiempo las desdichas terrenales. Por eso precisamente teman a aquellos que, de no ser así, serían objeto de su persecución. Pues no sólo se dijo: Comerán los pobres y se saciarán, y alabarán al Señor los que le buscan31, sino también: Comieron y se postraron todos los ricos de la tierra32. Y le fijé unos límites, poniéndoles puertas y cerrojos33: límites, para reprimir la crueldad; no para descartarla totalmente, sino paca señalar hasta dónde puede ejercerse. Cerrojos, para evitar el acceso de los injustos. Puertas, para que puedan salir los justos. Y le dije: Hasta aquí llegarás y no pasarás: al igual que el diablo recibió una medida para atormentar a Job, así también a este mar le fijó una escala en su persecución a la Iglesia. Y en ti mismo se romperán tus olas34: con el vaivén devastador de la discordia y de las guerras. ¿Acaso he establecido la luz mañanera contigo? Es decir, ¿acaso me he servido de tu consejo para determinar el momento de la resurrección? ¿O conoció el lucero el orden que le correspondía?35 Se sobrentiende con tu concurso. Llama lucero al Señor, atendiendo al nacimiento matutino de la resurrección. A nadie sino a él se pueden aplicar las palabras: Y nazca el lucero en vuestros corazones36. Él era consciente de su puesto como primicia de los durmientes37, primogénito de entre los muertos, cabeza de la Iglesia, habiendo de seguirle también su cuerpo en la resurrección futura de los santos. ¿Toma las alas de la tierra?38 Está escrito: Si tomara las alas en línea recta39: son las virtudes espirituales de los fieles que los mantienen apartados de los halagos del siglo. ¿Eche a los pecadores de ella?40 Por este motivo resucitó el primero en el tiempo, consciente del puesto que ocupa: para insinuar la fe en la resurrección y, predicado por doquier mediante las mismas alas de la Iglesia, por obra del ministerio de los mensajeros voladores, para tomar esas alas con justicia y juzgar a las doce tribus de Israel cuando venga a expulsar a los malvados de la Iglesia, cuya coexistencia se tolera actualmente, antes del juicio. Y tú, cogiendo lodo, ¿modelaste el cuerpo animado?41 Puede aludir a Adán o al hecho de que ahora, en la sexta edad del mundo, al igual que entonces el día sexto, el hombre ha sido creado a imagen de su Creador tomándolo de los pecadores como si fueran lodo42. Cierto que la Iglesia no lo ha hecho, sino al revés: ha sido la Iglesia la que ha sido creada a base de este lodo por medio de la Palabra encarnada en el tiempo preciso, Palabra por la cual fueron hechas todas las cosas43. ¿Y le colocaste afamado sobre la tierra?44 Es mucho más afamado sobre la faz de la tierra este hombre aparecido en la sexta edad del mundo que aquél del día sexto, creado antes de que apareciera el resto de los hombres que le divulgaron. A no ser que se refiera a que ahora alcanzó ese nivel de conocimiento. ¿Y privaste a los malvados de la luz?45 Como aquel que vino para que vean los que no ven, y para que los que ven se queden ciegos46. ¿O rompiste el brazo de los soberbios?47 Su poder, como aquel que escogió lo débil del mundo para confundir a los fuertes48. ¿Has llegado basta las fuentes del mar?49 Como aquel a quien en su venida se le abrieron de par en par, mediante la confesión, los secretos de los corazones malvados que alcanzaron la justificación por la fe en él. Pues ¿qué mejor acepción de fuentes del mar que el lugar secreto de donde deriva todo el cúmulo amargo de maldades que remueve el tremendo oleaje de las acciones malas que los hombres contemplan en hechos bien concretos, pero cuya fuente no pueden ver? ¿Paseas por las huellas del abismo?50 Este abismo es una clara referencia a la vida del siglo, cualquiera que esté arraigada en la profundidad de los males, donde, como está escrito, tan pronto como llegue el pecador llegará el desprecio51. Porque aun los más desesperados, sometidos a la gracia mediante el perdón de los pecados, salieron sanos y salvos y acogieron a Cristo. Y esto no para caer en el abismo que les angustiaba, sino para acogerse al espacio que ocupa Cristo, de modo que Cristo camine, morando en ellos, por donde caminaba pisoteándolos a ellos: en las huellas del abismo que permanecen en el recuerdo de sus pecados. De modo que, mientras hacen recuento del peligro en que se vieron, amen más a aquel a quien acogieron y que tan grandes pecados les perdonó52. ¿Se te han abierto por miedo las puertas de la muerte? A todos los mortales se les abren las puertas de la muerte, pero no por miedo, como le aconteció de manera exclusiva a aquel que murió para destruir la muerte. Ciertamente se abren para resucitar. ¿O temblaron a tu vista los porteros del infierno?53 Como temblaron únicamente ante aquel en quien el príncipe de este mundo no halló nada digno de muerte y a quien despidieron tan pronto y acogieron de tan mala gana. Se entiende por porteros del infierno a algunas potestades de rango inferior, comisarios de la muerte. ¿O conociste la extensión que se halla bajo el cielo? Como la conoció el que difundió la Iglesia por ella. Cuéntame la grandeza de cada cosa54: ¿Y quién va a conocerla, sino aquel a quien él la enseñe? ¿O en qué parajes habita la luz?55 Él es quien enseña, porque la manifestación de sus palabras ilumina y hace que entiendan los niños56. ¿Y cuál es el sitio de las tinieblas?57 También enseña este punto aquel que dice: Volveos todos a él y seréis iluminados58. Nos enseña con esto que todos los que se alejan por no querer ser niños acaban por entenebrecerse. Porque el comienzo de la soberbia humana es la apostasía de Dios59. Por tanto, los que no dieron gloria a Dios ni le rindieron gracias se entontecieron en sus pensamientos, su necio corazón quedó a oscuras60 y se convirtieron en lugar de tinieblas. Quizá también sea lugar de tinieblas el que acoge a quienes perseveran en los pecados, de modo que éstos son tinieblas; así como es lugar de tinieblas aquel a quien ningún hombre conoce de verdad. Por lo que respecta a la tierra habitada por la luz, podemos considerarla como aquella tierra de los vivos, es decir, aquella felicidad que acogerá a los que perseveran en la fe, esperanza y caridad, y que en otro tiempo fueron tinieblas, pero ahora son luz en el Señor61. ¿Me conducirás a sus confines?62 A ellos llegan los que son luz. ¿Hay algún punto donde no esté la sabiduría de Dios, que se extiende poderosa del uno al otro extremo y lo gobierna todo con suavidad?63 Y esta sabiduría no admite parangón de hombre alguno. Porque, aunque conozcas sus senderos, ¿acaso sabes que naciste entonces y que es grande el número de tus años?64 Pues aunque conozcas las sendas de los malvados, tanto de los que son tinieblas como de los que son lugar de tinieblas, puesto que todos, incluso los que ya se han convertido a Dios, frecuentaron esos mismos senderos antes de recibir la gracia de Dios que justifica al impío, ¿sabes acaso que también a ti te asistían razones para nacer mortalmente en este mundo, puesto que estos mismos senderos los abrieron los primeros padres de toda la humanidad, quienes, impíos por su prevaricación, acarrearon la muerte con sus obras y palabras, de modo que todos murieran en Adán?65 Porque no hay que contabilizar tan por lo bajo el número de años desde el momento en que alguien ha hecho su aparición en la vida, sino desde el momento en que se efectuó el primer nacimiento mortal. Al nacer Abrahán, por ejemplo, nacieron con él todos los hebreos. Según eso, el número de años de cada hombre es grande si nos fijamos en su origen mortal, que tuvo principio en las sendas de los impíos. ¿Quién recuerda haber estado en los riñones de su padre? ¿O cómo pudo enterarse de ello cuando realmente estaba, si ni siquiera se acuerda uno de la época en que ya había nacido y era independiente? De esta época de la vida nadie duda de que uno existía, vivía y sentía. Todos estos extremos los conoce la Sabiduría, aquella Sabiduría que conforma todos los seres, no sólo los supracelestes, sino también los mortales. Y puesto que Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios66, es también conocedor de estas realidades, aunque nació mortalmente, no por condición mortal, porque era libre entre los muertos, sino por compasión hacia los mortales, por librarlos de la muerte. ¿O llegaste a los depósitos de la nieve?67 Es decir, ¿has llegado a aquel conocimiento, como él conocía las causas puntuales, secretas y escondidas de los escándalos inminentes? Los llama depósitos, es decir, lugares de prueba y ejercicio de las personas espirituales, como cuando decía: ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel por quien viniere el escándalo!68 Empujados hacia arriba por el orgullo, se congelan como nieve y caen. Al aumentar la maldad de éstos, se enfría la caridad de muchos69, pero los que esperan en el Señor actúan con valentía70 y con espíritu ferviente71, si perseveran hasta el final, y se salvarán72. ¿Has visto los almacenes del granizo?73 Se aplica el nombre de granizo a los malvados no sólo cuando presentan características de entumecimiento, apatía y carencia de fervor espiritual, sino también cuando su obstinada dureza les arrastra a la contundencia en la persecución y en la acometida. ¿Que están guardados para ti en previsión de épocas de abierta hostilidad y para el día de la guerra y de la batalla?74 ¿Quién no ve en este pasaje a quién personifica proféticamente Job? Esta cantidad de reservas no se almacena para un solo hombre en tiempos hostiles, ni para días de guerra y de batalla. El único destinatario es el pueblo de Dios. La época de los enemigos dura hasta que pase la iniquidad. Cuanto más abundante es ésta, tanto más hay que luchar y guerrear y con mayor acritud contra el diablo para que no se enfríe la caridad de los perseverantes75. ¿Dónde tiene su origen la escarcha? ¿Y quién lo sabe, a no ser que ésta sea como el comienzo de las ansias del parto? La escarcha no es ni más ni menos que granizo muy desmenuzado. ¿Y se dispersa el austro bajo el cielo?76 Aunque se haga notar por sus molestias a nuestra carne mortal, no recuerdo que en ningún lugar de los libros sagrados el austro simbolice algo malo; justamente lo contrario que sucede con el viento del norte, que nunca simboliza algo bueno. El primero, por soplar de la parte en que alborea la luz; el segundo, porque procede del punto donde la luz es más lejana. El austro, pues, se dispersa bajo el cielo, para que bajo todas aquellas maldades se comprenda en alguna medida la ayuda de Dios cuando todavía no estamos en el cielo, sino bajo el cielo. ¿Quién preparó río a la lluvia torrencial y senda a los rugidos de la tempestad?77 Observa cómo están brevemente resumidas aquí aquellas tres realidades que el Señor propuso, hablando de las tentaciones, como dignas de desprecio para quienes construyen sobre roca, pero que son efectivamente peligrosas para quienes construyen sobre arena78. Ha hecho mención de la lluvia, del río y de los rugidos de la tormenta, o sea, de los vientos. Es tentado con la lluvia quien, interpretándola torcidamente, toma excusas para pecar de la sublimidad de la divina Escritura. Es como si alguien, fundándose en el pasaje al que poco se le perdona, poco ama79, dijera para sus adentros: Hagamos el mal para que venga el bien80, y se arrellanara en el pecado para que haya abundancia de gracia81. Y así hay cientos de ejemplos de perversión humana por una mala interpretación de la palabra de Dios. En estos ejemplos de perversión humana el hombre se promete impunidad, cuando en realidad lo que se subraya en las divinas Letras es la misericordia. Se da la tentación mediante el río cuando los tentadores son hombres que han entendido y propagado la doctrina de los primeros. Se llama río a la reunión de aguas que dimanan de la lluvia. Recibe el nombre de torrente cuando dice: ¿Quién preparó río a la lluvia torrencial?82 Río que llene y por donde discurra. Como son los vasos de ira hechos para la perdición83 que toman la palabra de la Escritura como acabo de decir. A través de ellos tiene un curso más desembarazado aquella perniciosa interpretación que no aceptan los campos fértiles, y que empuja, derriba y arrastra cuanto halle inestable con tanto mayor empuje cuanto mayores visos tiene de proceder de la autoridad de Dios. Por último, le tientan los vientos a aquel a quien azotan las vanas sugerencias de los orgullosos, es decir, de los que profieren palabras vanas por propia autoridad. Quien por juicio de Dios se prepara para la perdición no obedeciendo sus palabras, cosa que equivale a edificar sobre arena, no resiste esta clase de vientos, y al hundirse da paso a los rugidos de la tormenta. La expresión lluvia torrencial la considero como de difícil interpretación. Para hacer llover donde no hay hombre: se sobrentiende ¿quién la dispuso? Opino que hombre aquí significa la Ley dada a los judíos. Por consiguiente, entendemos la lluvia del Evangelio que cae sobre los gentiles. Sobre el desierto en que no hay hombres84: entre los mismos gentiles donde no gozaba de estima el conocedor de Dios. Para empapar parajes inhóspitos y deshabitados y para hacer brotar la hierba verde: Muchos son los hijos de la abandonada, más que los de la que tiene marido85. En estos cuatro versos debe sobrentenderse la misma pregunta: ¿quién dispuso? ¿Quién es el padre de la lluvia? Como el esposo que envió a sus hijos a regar la tierra proclamando el reino de los cielos. ¿Y quién engendró los terrones de rocío?86 Los que acogieron con buen talante aquella predicación. Habla de terrones de rocío como se habla de vasos de vino, por haber sido fabricados para este menester. ¿De qué seno sale el hielo?87 ¿Hay que considerar este hielo como símbolo de algo positivo por su temple y su resistencia a licuarse, de modo que se haya dicho: de qué seno sale el hielo, igual que se dijo: y quién es el padre de la lluvia?88 ¿O se toma el seno por un lugar íntimo y escondido, de modo que la respuesta de su seno sale el hielo89 equivalga a la expresión Dios les entregó a su réprobo sentir?90 ¿O acaso el hielo sale del seno de aquel que, al aconsejar la impiedad de la que está lleno a rebosar, hace que se enfríe y endurezca, una vez que ha perdido el calor de la caridad? ¿Quién conoce a éste como aquel que apostrofa a los porfiados y recalcitrantes al Evangelio: Vosotros tenéis por padre al diablo?91 Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró? La que desciende como un río de agua92. Lo que acabamos de decir del hielo lo entiendo aplicable también a la escarcha. La adición en el cielo no es superflua si se entiende aplicada a los gobernantes, imitadores de los buenos mensajeros de la verdad que se transfiguran en ministros de la justicia93. Vinculado a esta idea va el texto: Que desciende como río de agua. ¿Quién ha hecho derretirse el rostro del malvado?94 Es decir, ¿quién le llena de confusión? ¿Quién sino aquel que glorificó a los mismos que justificó?95 ¿Has comprendido los lazos de las Pléyades o abriste la valla de Orión? ¿O abrirás a Mazuroth a su debido tiempo? ¿O conducirás al Véspero sobre su edificio?96 ¿Tendremos que echar mano de la astronomía y conocer las características de estas estrellas para poder interpretar el pasaje? Me extraña que caiga bien dentro de nuestro discurso. Por lo demás, el texto es bastante prolijo. A otra cosa, pues. Tras citar el nombre de algunos astros y teniendo en cuenta la figura de locución en que se toma el todo por la parte, ¿habrá que comprender en ellos a todas las estrellas? (Si es que Mazuroth es una estrella, pues su correspondencia no la encontramos en griego, y parece bien claro que se trata de una palabra hebrea.) Del mismo modo se toma el todo por la parte en el texto: Yo te he engendrado antes del lucero97. Porque el lucero no fue el primero dentro de la creación, de modo que parezca que «antes del lucero» equivalga a «antes de toda criatura», sino que en el lucero están representadas todas las estrellas, el todo por la parte. Y por todas las estrellas se entienden todos los tiempos (porque de las estrellas está escrito que sirven de señales a las estaciones)98, para aludir al Señor, nacido antes de todos los tiempos, no en el tiempo y, por tanto, coeterno con el Padre. La cita de las Pléyades, de Orión, de Mazuroth y del Véspero se hace a guisa de compendio de todas las estrellas. Si la cita exclusiva del lucero entra en la locución de que hemos hablado, ¿con cuánto mayor motivo la cita del resto de los nombres de las estrellas? ¿Por qué, pues, en un texto se dice entendiste los lazos; en otro, abriste; en otro, abriendo a su tiempo, y en otro, conducirás sobre su edificio?99 Son propiedades de las estrellas citadas por su orden. ¿O se podría decir también con exactitud: «abriste el seto de las Pléyades» y «entendiste los lazos de Orión»? También pueden trocarse los otros dos elementos. Pongamos como pauta el pasaje del salmo: El que mora en los cielos se reirá de ellos; el Señor se burlará de ellos100. Su sentido no cambiaría absolutamente nada si dijera: El que mora en los cielos se burlará de ellos y el Señor se reirá de ellos. El Señor es el mismo. Análogamente, tanto el nombre de las Pléyades como el de Orión significan lo mismo si en ambos se consideran comprendidas todas las demás estrellas. Así pues, en el vocablo estrellas quedan comprendidos dentro del seno de la Iglesia todos los que tienen ciudadanía en el cielo101. Y por lazos se entienden los nexos que tienen entre sí ellos y Dios, nexos que evitan que aquéllos caigan. Pero la caridad nunca cae102. ¿Y quién iba a conocer ese extremo si no se lo diera a entender el que dice: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros103, y al que ama, lo amará mi Padre?104 La valla que respetan es la divina Escritura. ¿Y quién abre la Escritura sino aquel a quien se pasa para que le quite el velo?105 Ha llegado el tiempo del destape de éstos, es decir, de su exteriorización y manifestación, cuando llegue el Señor e ilumine los escondrijos de las tinieblas y manifieste los proyectos de los corazones, y entonces cada uno obtendrá la alabanza de Dios106. Sólo él hará esto a su tiempo: porque cuando se manifieste el, que es nuestra vida, entonces también nosotros nos manifestaremos gloriosos con él107. Y los conducirá sobre el edificio: quien hará que posean lo que aquí dejaron edificado. Porque aquel cuya vivienda se mantiene firme recibirá su premio108. ¿Conoces los cambios del cielo?109 ¿Se refiere a los cambios a peor, como los de quienes teniendo conocimiento de Dios no le dieron culto como a Dios? No quisieron ser asiento de Dios, y cuando se entontecieron en sus argumentos110 sufrieron una transformación. ¿O se refiere a los cambios a mejor? Porque todos resucitaremos, pero no todos seremos transformados. Los sujetos de transformación los concreta cuando dice: También nosotros seremos transformados111. Cuando se realice la transformación de los justos se transformará el cielo, ya que el cielo es el trono de Dios112, la Palabra de Dios es la Sabiduría y la Palabra era Dios113 y el alma del justo es trono de la sabiduría114. ¿O se refiere a ambos cambios? Porque no ha dicho el cambio, sino los cambios. ¿O todas las cosas que ocurren bajo el cielo?115 Del mismo modo que los cambios del cielo afectan a las criaturas que se hallan bajo el cielo, así los cambios de los justos, tanto a mejor como a peor, afectan a los carnales en una u otra dirección. Llamarás a la nube con tu voz116: sea con tu voz interior, sea con aquella voz con que se dijo: Sígueme117, o con aquella otra que decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?118 ¿Y con temblor te obedecerán las aguas torrenciales?119: los pueblos poderosos cuando oigan: Con temor y temblor trabajad por vuestra salvación, pues Dios es el que obra en vosotros el querer y el obrar según su beneplácito120. ¿Enviarás a los ríos con fuerza e irán?121 Dice que correrán de su seno ríos de agua viva122. Y dice con fuerza, es decir, con la confianza que no abrigó temor alguno ante los perseguidores, porque los que ejercen fuerza arrebatan el reino de los cielos123. O te dirán: ¿Qué hay?124, es decir, ¿van a preguntarte cuáles son tus órdenes como preguntó Saulo: qué quieres que haga?125 ¿O la esperanza de recompensa como cuando dijeron lo hemos dejado todo y te hemos seguido, qué obtendremos a cambio?126 ¿Quién les dio a las mujeres la sabiduría del tejido y la ciencia del colorido?127 En Salomón vemos que era la propia mujer la que tejía los trajes del marido. Aplicación a las actuaciones de las iglesias con que Dios se honra. La misma acción del tejer, es decir, del unir íntimamente a los hermanos débiles con el entramado lanoso de los hermanos firmes y constantes en el espíritu, en una especie de trama textil, es la obra más importante y peculiar de las iglesias. Y la ciencia del colorido también tiene su meta: al igual que en un bordado la gradación de colores o matices está en función de la unidad decorativa, así la diversidad de dones entre los hermanos ha de gozar de una coherencia a prueba de discrepancias y envidias. Y esto hasta el punto de que los hermanos se toleren mutuamente en el amor y traten de guardar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz128. ¿Quién puede contar las nubes con sabiduría?129 El Señor conoce a todos los suyos130. ¿Quién de entre los hombres sabe esto? ¿Quién derramó en tierra los órganos del cielo?131 Estos órganos son los mensajeros celestiales, que son instrumentos usuales de la voz de Dios. No sucumbieron como aquel ángel, tristemente célebre, sino que se inclinaron hasta la tierra plegándose a la obediencia, especialmente cuando el Señor mismo vivía en el mundo. Es el evangelista el que lo dice: Y los ángeles le atendían132. La ceniza se ha desparramado como tierra y sirvió de aglutinante entre las piedras, dándose como alimento133. La humildad del arrepentimiento se ha difundido amplia y abundantemente para que el Señor, que resiste a los soberbios y da gracia a los humildes134, se una a ellos con la caridad como aglutinante, hombre con hombres, para ser mediador entre Dios y los hombres135, dándoseles como alimento mediante el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre y escogiendo como piedras a los necios del mundo para confundir a los sabios136. Es alimento de los ángeles en cuanto Palabra de Dios junto a Dios137. Y a fin de ser alimento para las piedras, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros138. Según esto, servirá de aglutinante a los hombres, siempre que preceda la penitencia. Es como si desparramara la ceniza abriéndole paso. Como anillo al dedo vienen las palabras: haced frutos dignos de penitencia, y no os limitéis a decir: tenemos a Abrahán por padre. Poderoso es Dios para hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán139. Anunciaba que iba a servir de aglutinante entre esas piedras haciéndose su alimento. Esto no se hará realidad si no va delante la humildad del arrepentimiento, porque al orgulloso le conoce Dios desde lejos140. ¿Eres tú quien proporciona presas al león y sacia el apetito de los dragones?141 Del diablo queda dicho: Y pisotearás al león y al dragón142, en atención a sus asechanzas y cólera. Todos sus ángeles son comparados con los leones y dragones. Se dedica a proporcionarles presas y a saciar sus estómagos aquel que entrega en su poder a los convictos de impiedad. Desean que su impiedad quede oculta, pero tan pronto como salen a la luz son presas fáciles de caer en poder del diablo y de sus ángeles con quienes contemporizaron. Son apocados en sus madrigueras143: en las tinieblas de sus emboscadas. ¿Quién se mantendría en píe si no fueran apocados? Temen la autoridad de aquel bajo quien exclamaron: ¿Por qué has venido antes de tiempo a destruirnos?144 Y así como en el incidente de los cerdos quedó bien claro que no habrían entrado en ellos sin permiso previo145, hay que deducir que nada tienen que hacer contra nadie si no se lo permiten. Ahora bien, ese permiso se les otorga en conformidad con la justicia con que todo lo gobierna, tanto por razones de prueba como de venganza, impuestas para la condenación o para la corrección. Se ponen al acecho en la espesura146: el deseo de hacer daño está siempre activo en ellos aunque se les niegue el permiso. Están espiando dentro de la selva virgen de las ocasiones carnales a que alguien caiga en las leyes de Dios, es decir, que quede convicto de su pecado, de modo que merezca los honores de ser su presa. ¿Quién prepara su alimento al cuervo? Sus polluelos gritan a Dios y andan errantes buscando comida147. El equivalente del salmo es: Ya los polluelos de los cuervos que le invocan148. Se trata de un paralelismo muy aproximado. No puede tener sentido peyorativo, porque le invocan. En este pasaje se hace referencia a los negros, es decir, a los pecadores que aún no han sido blanqueados por el perdón de los pecados. Son polluelos porque ya son humildes. Andan errantes porque aún no han conocido la verdad, pero la buscan piadosamente cuando claman al Señor. Este puede preparar comida al cuervo por su presciencia, ya que sabe de antemano que incluso quien aún no es humilde se ha de convertir. Con todo, los polluelos, es decir, los humildes, claman al Señor.
Capítulo XXXIX
¿Conociste el tiempo de parir piedras para los tragélafos?149 Tragos es un chivo, élafos un ciervo. El tragélafo es un animal híbrido que procede del cruce de macho cabrío y cierva. Es signo de la mente que sirve a la ley de Dios según el hombre interior. Pero desde la parcela en que aún es macho cabrío está viendo en sus miembros otra ley que es antagónica a la ley de su mente y que le mantiene cautivo en la ley del pecado150. Para utilidad de éstos ha parido piedras a tiempo aquel que ha echado los cimientos sólidos de los ejemplos de la Escritura. De este modo, al descansar en ellos, no perderán las esperanzas de su futuro aquellas personas cuya carne tiene apetencias contra el espíritu y el espíritu contra la carne151, cosa que les sucederá hasta que, con agilidad de ciervos y después de superar las insinuaciones de la serpiente, vivan según el espíritu y vayan en pos del espíritu, de modo que no reine el pecado (de ahí el símil del macho cabrío) en su cuerpo mortal para secundar sus deseos152. ¿Has protegido el parto de las ciervas?153 De las iglesias contabilizadas entre las espirituales que con sentimientos maternales intiman a la gente a que las imite. A éstas nada pueden hacerles las opiniones de la serpiente. Hallan su protección cuando se apoyan en Dios, no en sí mismas. ¿Contaste los meses de su preñez?154 Su parto sólo se realiza mediante el Evangelio que el Señor predicó con la autoridad de su magisterio, en ciertos meses desde su bautismo hasta la pasión y ascensión. ¿Aliviaste sus dolores?155 Pues no se decía sin dolor: Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros156. Estos dolores cesan acabado el parto, es decir, cuando quedan convencidos de la verdad aquellos por quienes así se gime, siendo ello obra de la palabra de Dios en el santuario de la conciencia. ¿Alimentaste los cervatillos sin que se espantaran?157 En la leche de los sacramentos a los faltos de timidez, pues no recibieron el espíritu de siervos para recaer en el temor158. ¿Enviarás sus crías?159 Hacia la libertad de un pasto espiritual más sustancioso. Sus crías romperán: los lazos de los apetitos seculares. Se multiplicarán en los trigales: con el alimento más nutritivo de la sabiduría que sigue a la lactancia. Saldrán y no volverán a ellas160. Marcharán huyendo de las enseñanzas de vía estrecha que durante su etapa inicial les transmitían unos hombres. Y no volverán a sus madres porque ya no necesitan su leche, como tampoco tienen necesidad de hombres que les enseñen. Por cierto que estos tres versos no llevan interrogación.
¿Quién da libertad al asno salvaje? Aunque parezca sorprendente, este asno salvaje es signo de esos pocos que sirven a Dios, libres de todo asunto mundano. ¿Y quién rompe sus ataduras?161 Los vínculos de los afectos carnales y populares. Puse por casa el desierto y por guarida le di un lugar salobre162. Por eso clama: Mi alma tiene sed de ti163. Se ríe de la extensión de la ciudad164: de la ciudad que la Escritura llama Babilonia, que camina por la ancha senda que lleva a la perdición165. No oye la queja del cobrador de impuestos166: porque no debe nada a nadie. Se puso a contemplar los montes de sus pastos: la grandeza de las revelaciones. Y va tras toda hierba verde167: en pos de todo lo eterno.
¿Consentirá el unicornio en servirte? El que se ufana de las dignidades de este mundo. Cristo sometió a esta clase de gente e hizo de ella ministros de la Iglesia. El monókeros es el unicornio, símbolo de la soberbia. ¿Y dormir a tu pesebre? Imitando la humildad de quien de niño también fue reclinado en un pesebre168. Se descansa en la garantía del perdón de los pecados y en el olvido de los remordimientos de la mala conciencia. ¿Podrás atarle el yugo con sus coyundas?169 Llevando un yugo suave sujeto con coyundas, es decir, apoyado en la autoridad de aquellos que mortificaron y domaron su carne. Por eso Juan se ceñía con un ceñidor de pelo de camello170, no con las ásperas maromas de los pecados. ¿O te trazará surcos en el campo?171 Abrirá los pechos del pueblo obediente para conquistar el reino de Dios. ¿Vas a contar con él porque su poder se ha transformado? No buscando la vanidad de los honores y de las alabanzas humanas incluso dentro del ministerio eclesial, tal como la buscaba en el siglo. ¿Le encomendarás tus obras?172 Como aquel cuya legación dice representar el Apóstol cuando exhorta en nombre de Cristo a que nos reconciliemos con Dios173. ¿Y confías en que te hará la siembra de tus mieses? No reclamará nada de aquello sobre lo que mandó. Llama siembra a la operación de sembrar. ¿Y la llevará a tu era?174 Para que esté entre aquellos a quienes el Señor manda que rueguen al dueño de la mies que envíe obreros a su mies175. Pero no para pretender una era en exclusiva para él mismo, a imitación del príncipe de las herejías y de los cismas y de todos aquellos que no buscan la gloria de Dios, sino la suya propia. En efecto, resulta más que difícil que este monókeros o unicornio tenga talante de sumisión, pero dentro del espíritu humano también esto es un don eficaz del único que hace maravillas176, destructor de proyectos y de toda altivez que se empingorota contra la ciencia de Dios, y cautivador de todo entendimiento reduciéndolo a su obediencia177.
El ala de los avestruces se mezcla con las alas de la garza y del halcón178: a los de ingenio torpe, personificados aquí por los avestruces, incapaces de volar, se les ha concedido, por la gracia de aquel que eligió lo necio del mundo179, equipararse a la rapidez de los creyentes mejor dotados, simbolizados en este pasaje por las otras aves objeto de la cita. Tal es la interpretación de este verso. Abandona sus huevos en la tierra180: comienza a hablar sobre el avestruz, es decir, sobre aquellos cuyo símbolo es. Claro que no se mezclarán sus alas lentas con las alas de aves cuyo vuelo es más rápido, si no abandonan previamente la esperanza en la tierra, esperanza que se simboliza en los huevos. Y se calientan sobre el polvo181: porque, aunque no tuviera sus miras puestas en las esperanzas seculares, esto les ocurre con frecuencia debido a la oficiosidad de los enamorados del mundo, comparados en este pasaje con el polvo. Olvidando que un pie puede esparcirlos y que puede aplastarlos un animal salvaje182: dado caso que las apetencias contrapuestas de cualquiera y los malvados de este mundo alteren y pisoteen esta, esperanza suya como si fueran huevos abandonados en tierra, no se preocupa de esta situación hasta el punto de no sentirla como algo de que se había olvidado. Es cruel con sus hijos, para que no sean suyos183: y aunque no exista ya la esperanza, cual huevos, sino la realidad misma, esto es, la felicidad temporal, como hijos ya nacidos, siente un gran desprecio hacia ella, no aceptándola como felicidad propia porque tiene puestos sus deseos en la felicidad auténtica y verdadera. Se fatigó en vano y sin preocupación alguna184: nos hallamos ante un estadio previo a la conversión; porque trabaja basado en esperanzas mundanas, pero sin fruto. Y, lo que es peor, trabaja sin zozobra alguna al presumir de cosas inseguras. Porque le negó Dios la sabiduría y no le dio parte en la inteligencia185: ¿hay cosa más tonta que fiarse de las vanidades y trabajar por la consecución de cosas perecederas sin temor a perderlas? Hay mucha gente de esta mentalidad. De manera especial piensan así quienes disfrutan de una larga felicidad mundana, especialmente si ésta goza de una sucesión ininterrumpida que se remonta a abuelos y bisabuelos. No les cabe en la cabeza una desgracia repentina. La comparación de estas personas con los avestruces nos parece acertada porque su aparición en la tierra reviste caracteres de grandeza, pero no disponen de las alas de la virtud ni gozan de trato con el cielo. No obstante, presta atención a lo que sigue: Cuando llegue la ocasión se remontará a las nubes y se reirá del caballo y del jinete186: después de llegar la plenitud del tiempo187 en que se mandó a los ricos de este mundo que no fueran altivos ni pusieran su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo188, comenzaron a levantar su corazón hacia el Señor y a reírse de los perseguidores orgullosos que el Señor arrojó al mar. Y entonces el ala del avestruz, mezclada con las alas de las aves más veloces, se encamina hacia el cielo, y tiene lugar todo cuanto se ha dicho de este animal.
¿Das tú al caballo la fuerza? Parece la descripción de un mártir, testigo intrépido y alegre de la fe salvadora, pero no por su propio poder, sino por el que le otorgó el Señor. ¿Has dotado a su garganta con el relincho?189 Revestíos de la armadura de Dios para poder resistir el día de la angustia190. ¿Y de la osadía de la gloria de su pecho?191 Esta es la osadía de la que alardea Isaías y la que le hace hablar192; la gloria del pecho es la conciencia que acrisola las obras del hombre193 para que cada cual tenga la gloria en sí mismo y no en otro194. Cuando sale al campo, retoza: al salir a la luz de la libertad, salta de gozo por la facilidad de las buenas obras realizadas dentro de la holgura de la caridad. Sale con bravura a la guerra195: contra las tentaciones de las contrariedades. Sale al encuentro de los dardos despreciándolos196: porque vive al arrimo de las armas, entre las que cuenta con el escudo de la fe, contra el que quedan embotados los dardos incendiarios del enemigo197. Y no retrocede ante la espada198: puede referirse a la muerte visible. También puede ser una alusión a los de sensibilidad refractaria ante la verdad o a los sutiles en su actitud sectaria. No se arredra ante ellos, porque también se le intima a amarles a éstos. Sobre él danzan de gozo el arco y la espada199: a través de la confesión personal se ratifica la amenaza de Dios que anuncia en lontananza los castigos invisibles. Campea, asimismo, el testimonio de la palabra que en cierto modo destruye de cerca todos los errores. Naturalmente que una cosa es amenazar con el futuro lejano del castigo de los pecados, que viene a ser algo así como tensar el arco, y otra desmantelar la realidad actual de las pasiones en un cuerpo a cuerpo con la espada de la palabra. Con el estremecimiento de la lanza y de la jabalina: ¿qué significa que sobre él danza de gozo el arco y la espada ante el estremecimiento de la lanza y de la jabalina? ¿No significa que, de no mediar el temor personal, o sea, el temor de la muerte futura que la justicia divina fulmina como arma arrojadiza, no le resulta posible despreciar la muerte presente con que le amenaza el perseguidor? ¿No significa que debe hacer una confesión intrépida y proclamar con confianza la verdad ante la que sus enemigos no puedan hacer frente? ¿No es para danzar de gozo sobre él, es decir, sembrar por su conducto, de manera libre y espontánea, la enseñanza de Dios que amenaza a los impíos con la muerte futura y destruye la maldad presente? Porque si no existiera el gozo de nuestra esperanza mezclado con el temor al castigo, sería una negligencia por nuestra parte tanto esa seguridad como la presunción orgullosa. Y entonces no se nos diría en el salmo: Alegraos ante él con temblor200. Y con coraje escarba la tierra201: airado en su interior con la finalidad de hacer tabla rasa de los apetitos terrenales y de los temores de la carne que desaniman a todos los hombres a tolerar los sufrimientos. Tal vez en este sentido haya que aplicar las palabras: Temblad y no pequéis202. Cada cual debe corregirse con una ira sumamente saludable diciendo: ¿Por qué estás triste, alma mía, y por qué te me turbas? Espera en el Señor porque voy a confesarle203. Y puesto que con la boca se confiesa para la salvación204, añade acto seguido: Salvación de mi rostro, Dios mío205. Y no se fía hasta que no suene la trompeta206. Se refiere a que, aunque de hecho haya desaparecido todo temblor terreno, no se está seguro antes de pasar por la tentación; por tanto, no hay que fiarse a no ser que la misma ocasión de la tentación lo haya dejado claro. Cuando suene la trompeta dirá ¡ea!207 Cuando llegue el momento de la tentación, su alma le causará satisfacción, si es que se gloría en las tribulaciones, porque la tribulación engendra la paciencia, la paciencia engendra virtud probada y la virtud probada engendra la esperanza208, y ya no se volverá contra su alma lanzándole airados apostrofes: ¿Por qué me llenas de turbación?, sino, al contrario, gloriándose en ella le dirá: Alaba, alma mía, al Señor209. Y huele de lejos la batalla210: no como fijando la vista en la gente que le persigue y que cae dentro de su campo visual, sino desde lejos, lejos de los ojos. Tiene bien en cuenta que nuestra lucha no tiene como objeto la carne y la sangre, sino los príncipes y las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso, los malos espíritus de los aires211; esto significa lejos. Habida cuenta del príncipe que ejerce el poder en este aire, el verbo oler le viene que ni pintiparado. Dos olores caen dentro del campo del olfato: los buenos y los malos. Según esto, huele la batalla212 quien comprende que el jefe poderoso de este aire actúa entre los hijos de la incredulidad213, cuyas iras y asechanzas propias de un perseguidor sufre, de modo que lucha con armas espirituales contra los espíritus de la maldad, no con armas corporales contra la carne y la sangre, es decir, contra los hombres malvados que contempla con los ojos corporales. El trueno y el clamor de los jefes: se sobrentiende huele. Pienso, por lo demás, que habla del trueno al hablar del aire, donde se hallan ocultos los espíritus de la maldad. En realidad, a estos espíritus no se les califica de dirigentes del mundo por el hecho de gobernar el cielo y la tierra, sino tal como lo expone el Apóstol. Y para que la interpretación no adquiera otro sentido, añade a continuación el motivo de por qué les llamó dirigentes del mundo: se trata del mundo de estas tinieblas214, es decir, de los impíos. Pero, una vez convertidos, se les dijo: En otro tiempo fuisteis tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor215. El ser luz o tinieblas radica en la voluntad de cada cual. Cuando uno es tiniebla se lo debe a sí mismo, es decir, a los pecados propios. Cuando uno es luz, no lo es por cuenta propia, sino por el Señor, que le ilumina para que, según dice Isaías, sus tinieblas sean como el mediodía216. También está escrito en los Salmos: Iluminarás mis tinieblas217. Esos mismos que el Apóstol llama directores de las tinieblas reciben en este verso el título de jefes, de caudillos. Son guías de las tinieblas, es decir, de los impíos. También son perseguidores de los piadosos, es decir, de los que sufren persecución a causa de la justicia, no a causa de sus propias impiedades e iniquidades. Dice que el mártir huele el clamoreo de estos caudillos no porque los oídos corporales capten este tipo de sonidos, sino porque, gracias a la fe, gritan a los oídos del corazón las muchas maquinaciones que el diablo y sus ángeles traman contra los siervos de Dios. Por eso dice el Apóstol: No ignoramos sus ardides218. Y ante este griterío de los jefes, los oídos de los infieles se mantienen sordos.
¿Echa pluma el azor en tu sabiduría?219 Como en la Sabiduría de Dios, que es Cristo, el hombre nuevo se va renovando poco a poco, preparándose para tener trato con las realidades del cielo220. ¿Manteniéndose quieto con sus alas extendidas hacia el mediodía?221 Desplegando sus virtudes, libre de todo impedimento del siglo, desplegando las virtudes de los dos amores, permaneciendo estable en la fe. Pero sin presumir en este punto de sus propias fuerzas, sino esperando en Dios, renovando sus anhelos y la tensión que le arrastra hacia él, que es quien le aviva el fuego de la caridad, para salvaguardar el vigor que le ayuda a llegar a él222, diciendo: ¿No se someterá mi alma a Dios? De él viene mi salvación. El solo es mi Dios y mi salvación, mi valedor, no vacilaré jamás223. ¿Se remonta por orden tuya el águila?224 Como lo hace por orden de aquel que dice: Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí225, pues iba a morir por nosotros e iba a ser elevado al cielo por la resurrección. Donde está el cadáver, allí se reúnen las águilas226. Ha saciado sus deseos en los bienes celestiales aquel cuya juventud se renovará como la del águila227. El vuelo elevado del águila puede aplicarse también a lo que dice el Apóstol: Si hacemos el loco es por Dios228; de modo que el verso que sigue, aplicado al buitre, tiene relación con el contexto subsiguiente: Si nos mostramos juiciosos, es por vosotros229. Sigue a continuación: ¿Acaso el buitre hará su mansión sobre su nido construido en las rocas?230 Parece una expresión que define no la contemplación en éxtasis de cosas sublimes, sino la dedicación a las realidades inferiores con ese equilibrio que se corresponde con las cosas humanas. Y esto de modo que los impíos, considerados como muertos, tras verse justificados mediante la palabra, es decir, como devorados por la boca, queden convertidos en cuerpo de la Iglesia. Porque el buitre se alimenta de carroña; y por eso mismo: sobre su nido, donde, a modo de crías, pone las obras necesarias para esta vida. Y por eso también en la roca, porque, después de decir el Apóstol que si nos mostramos juiciosos es por vosotros, añadió acto seguido: Porque el amor de Cristo nos empuja231, y la piedra era Cristo232. Hermosa expresión esta de hará su mansión, si la parangonamos con el pasaje: Por ambas partes me siento apretado, pues de un lado deseo morir para estar con Cristo, que es mucho mejor233. Este extremo está referido al remontarse del águila. Al buitre, que pone su morada en el nido, se refiere el permanecer en la carne es más necesario para vosotros234. Y puesto que la piedra es una interpretación de la Iglesia total, hay que hacerla extensiva también a Pedro, que por este motivo recibió del Señor el apelativo de piedra235. El picacho de la roca es la cabeza de la Iglesia. Para eso se añade el verso que sigue: En la cresta de las rocas y en la caverna236. La cresta de la roca se refiere al hecho de que es la cabeza, y la caverna, al hecho de que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios237. Y desde allí acecha la presa238. De esta presa se le habló a Pedro: Mata y come239, para incorporar a la Iglesia a los gentiles que iban a creer. Sus ojos intuyen de lejos, y sus polluelos se revuelcan en la sangre240: con la esperanza de la inmortalidad futura prolonga cumplidamente su aspiración a la vida eterna, aunque sus actuaciones se revuelquen en la debilidad carnal. Es decir, aunque se vea agitado por movimientos ante la incertidumbre que la ignorancia humana tiene respecto a las obras de misericordia realizadas, sobre las posibilidades de ser útil a alguien ante Dios, cuando de hecho atiende con amor sincero y en atención a la vida entera a quienes intuyen desde lejos y con mirada profunda la salvación eterna. Pero cuando un trabajador y dispensador de este tipo se encuentra con quienes ya están muertos a este mundo, dados los sentimientos con que renuncian al diablo, no tiene duda alguna en brindarles el ministerio oral traducido en palabras, y con ellas les lleva capacitadísimos al cuerpo de la Iglesia. Por eso continúa: Y donde hubiere carroña, allí estarán ellos en seguida241.
Respondió el Señor a Job y dijo242. Del hecho de que ahora repita el Señor su discurso, no obstante que tenía él la palabra, se entiende que Job calló estupefacto, al oír tales cosas, y no se atrevió a hablar más. En los dos versos siguientes hay una invitación del Señor a que Job le conteste. ¿Puede callar el que discute con el Todopoderoso? Es decir, ¿por qué te callas, si estás discutiendo con el Todopoderoso? El que pretende replicar a Dios, ¿puede responder así?243 Convirtiendo la frase totalmente en estilo interrogativo, viene a ser así: ¿Replica a Dios el que responde así en su discusión con Dios? El discutir con el Todopoderoso tiene en este pasaje un matiz de búsqueda, no de réplica. No por ser Todopoderoso vamos a dejar de discutir con El. Porque para polemizar con Dios no se exige como requisito previo nada que venga de El en el curso de una disputa razonada, como si dimanara de la verdad misma. Existe otra interpretación. Puede ser ésta: ¿descansa el que discute con el Señor? Es decir, puesto que no descansa el que discute con el Todopoderoso, no hay que discutir con El para descansar. El que discute suele llevar la contraria, y el que lleva la contraria a Dios no puede descansar, es decir, no halla descanso, a no ser que se conforme sin la mínima contradicción con la voluntad de Dios. Así pues, al replicar a Dios responderá así, esto es: cuando en la discusión responde a Dios, replica a Dios y por eso no halla descanso. De ahí la expresión: ¡Oh hombre!, ¿quién eres tú para replicar a Dios?244 Pero nos preguntamos: ¿es que Job llegó a hacer esto? Pues Dios no le considera como su competidor o contrincante, cosa que hicieron sus amigos que nada entendían. Tal es el testimonio que aparece al principio y al final del libro. ¿No se habrá expresado así por personificar Job al cuerpo del Señor que es la Iglesia, donde existe un sector muy importante de gente débil, no de casos desesperados, pero sí de los que peligran aun en lo referente a su provecho personal, cuyos pies estoy por decir que apenas si se mueven y cuyos pasos avanzan menos aún por envidiar a los pecadores y al ver la paz de que éstos disfrutan?245 Son los mismos que dicen: ¿Lo sabe acaso Dios? ¿Lo conoce el Altísimo? Ahí lo tenéis: los mismos pecadores y los ricos del mundo obtuvieron riquezas. ¿He conservado en vano mi corazón limpio, he lavado mis manos entre los inocentes, no he hecho sino recibir azotes y verme castigado cada mañana?246 A mi entender, en los versos siguientes es Job el que lleva la voz cantante.
Y respondiendo Job, dijo: ¿Por qué, después de oír todo esto, me va a juzgar el Señor tras haber encajado sus advertencias y reproches, cuando de hecho yo no soy nada?247 Es decir: ¿por qué me voy a aparejar un juicio, si es el Señor el que me aconseja y me arguye en caso de que le contradiga? ¿Y por qué voy a hacerlo después de oírlo todo, es decir, tras comprender el cúmulo de justicia y de misericordia que emplea conmigo, cuando de hecho por mí mismo no soy nada? ¿Qué respuesta voy a dar? Es decir, ¿qué puedo replicar a la verdad? Pondré la mano en mi boca248, es decir, controlaré mi locuacidad. He hablado una vez; no responderé más249. De no entender este pasaje en sentido figurado, ¿cómo dice Job que sólo ha hablado una vez cuando lo ha hecho tantas veces? ¿Y por qué dice que no va a responder más, cuando vemos que lo hace poco después? Pero el hecho de hablar hay que entenderlo aquí como un extrañamiento del alma hacia estas realidades externas que abocan en el abandono de Dios y en la oposición a Él. Por eso este extrañamiento a mayor escala recibe en la Sagrada Escritura el apelativo de grito cuando dice Dios que ha llegado hasta El el clamor de los habitantes de Sodoma250. A esta locuacidad y griterío se contrapone aquel venturosísimo silencio del que se habla: Y callará sin miedo ante toda maldad. Por eso dice que ha hablado una sola vez en conversación ininterrumpida a lo largo de toda la vida del hombre viejo, siendo como es un soplo que pasa y no vuelve251. Pero ahora, poniendo punto en boca con intención de no seguir adelante, promete no hablar ni una palabra más para no apartarse de Dios. Amén.