BAC vol. 31
Libro 25
RÉPLICA A FAUSTO, EL MANIQUEO
Libro XXV
¿Es Dios limitado o ilimitado?
Dios, limitado por el mal
- Fausto: —¿Tiene Dios un límite o es ilimitado?
—Si no engaña vuestra oración que habla del Dios de Abrahán, del Dios de Isaac y del Dios de Jacob1, Dios tiene un límite, a no ser que sea uno el Dios sobre quien preguntas y otro aquel a quien oráis. Por lo demás, el límite que impone la circuncisión que separa a Abrahán, a Isaac y a Jacob del grupo de los demás pueblos2, pone asimismo límites al poder de Dios sobre ellos. Ahora bien, no carece de límites aquel cuyo poder está limitado. Además, tampoco hacéis mención en esa oración de los antiguos que existieron antes de Abrahán. Me refiero a Enoc, a Noé, a Sem3 y a otros semejantes. Aunque vivían en el prepucio, no negáis que fueran justos; mas como carecían de la circuncisión, no queréis que sea Dios de ellos, sino únicamente de Abrahán y su descendencia. Por tanto, si hay un Dios único e ilimitado, ¿qué significado tiene esa cautela, propia de vuestra invocación, tan esmerada y solícita? No contentos con nombrar a Dios, añadís también de quién es Dios, esto es, de Abrahán, de Isaac y de Jacob, como si vuestra oración anduviera errante en medio de alguna turba de dioses o fuera a naufragar, a no ser que navegue bajo bandera de Abrahán. No es absurdo que, con motivos válidos, pidan estas cosas los judíos, en cuanto circuncisos, pues ellos indican que oran de esa manera al Dios de la circuncisión pensando en los dioses del prepucio. Pero entiendo poco por qué hacéis eso mismo vosotros que no lleváis en absoluto la señal que tuvo Abrahán, cuyo Dios invocáis vosotros.
En verdad —cosa que puede entenderse— parece que los judíos y el Dios de ellos, se impusieron entre sí unas señales, por razones de mutuo conocimiento, para no apartarse recíprocamente. El los señaló con la marca obscena de la circuncisión, para que, por ella, se supiera que eran suyos en cualesquiera tierras o pueblos se hallasen. Ellos, a su vez, señalaron a su Dios con el sobrenombre de sus antepasados, para que, donde quiera se encuentre, aunque sea en una gran asamblea de dioses, nada más oír que se menciona al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, conozca al instante que le invocan a él. Es cosa que suele suceder cuando muchas personas tienen el mismo nombre: ninguno de ellos responde si no se le añade el sobrenombre.
De igual manera los pastores marcan con fuego sus reses para que ninguno usurpe como suya la ajena. Y como también vosotros os comportáis a su manera cuando habláis del Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, no sólo mostráis que Dios tiene un límite; indicáis, además, que incluso vosotros le resultáis ajenos por carecer de su señal y marca, la mutilación del miembro viril, por la que él conoce a los suyos.
La consecuencia: si éste a quien adoráis es Dios, de lo dicho salta a la vista que tiene límites. Si, por el contrario, pretendéis que Dios sea ilimitado, es necesario que renunciéis a ése y que, cambiando de invocación, os arrepintáis de vuestro error pasado.
Lo expuesto nos lleva a esta conclusión: os hemos vencido fijándonos en vuestro Dios. Por lo demás, si el sumo y verdadero Dios es ilimitado o no, nos lo puede mostrar con brevedad la oposición del bien y el mal. En efecto, si no existe el mal, Dios es ciertamente ilimitado; pero tiene un límite si existe el mal. Como consta que existe el mal, Dios no es ilimitado, pues los males comienzan a existir allí donde acaban los bienes.
Los maniqueos no están capacitados para hablar sobre el tema
- Agustín: ¡Lejos de cualquiera que os conozca el preguntaros a vosotros eso, o el discutir con personas semejantes sobre dicha cuestión! Antes tenéis que purificaros de las quimeras de vuestros pensamientos carnales y corporales mediante la fe piadosa y la razón verdadera, por pequeña que sea, para que podáis pensar de alguna manera, aunque sea parcialmente, en las realidades espirituales. Mientras no seáis capaces de ello —vuestra herejía no sabe sino expandir el cuerpo, el alma y Dios mismo por espacios locales, limitados o ilimitados, no obstante que sólo el cuerpo ocupa espacio o es ocupado en tales espacios— os comportaríais más sabiamente si no os mezclaseis en esta cuestión. Respecto a ella, ni podéis enseñar verdad alguna —como, por lo demás, en cualquier otro punto—, ni tenéis capacidad para aprender, capacidad que quizá tengáis en otras cosas, si no fuerais soberbios y camorristas.
Cuando se empieza a preguntar cómo es limitado Dios si no lo abarca ningún lugar, o cómo es ilimitado si el Hijo lo conoce en su totalidad; cómo es limitado el inmenso; cómo es ilimitado el acabado; cómo es limitado, el que no tiene medida, y cómo es ilimitado el que es la medida de todas las cosas, todo pensamiento carnal se esfuma; y si quiere llegar a ser lo que aún no es, comienza avergonzándose de lo que es. La cuestión que os planteáis acerca de si Dios tiene límites o no, la resolvéis mejor callando hasta que dejéis de errar tan lejos del fin de la ley que es Cristo.
Sobre las razones por las que el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, a pesar de ser el Dios verdadero de toda la creación, quiso presentarse a su pueblo bajo este nombre, ya dije lo suficiente. En los libros anteriores de esta misma obra he respondido frecuentemente también a las acusaciones falsas, procedentes de la ignorancia, con respecto a la circuncisión. En ningún modo se reirían de esta señal, puesta por Dios en la parte adecuada del cuerpo y por la que se simbolizó el despojo de la carne, si reflexionasen con mente de cristiano, no de hereje, cómo se dijo: Todo es puro para los puros. Mas como también es verdadero lo que sigue: Mas para los impuros e infieles nada hay puro; antes bien están manchadas su mente y su conciencia4, recordamos con delicadeza a quienes se mofan de nosotros y nos insultan mordazmente: si, a su parecer, la circuncisión es algo deshonroso, ellos no tienen nada de qué reírse, pero sí por qué llorar, puesto que su Dios se ha mezclado, encadenado y manchado a aquella porción de piel que se corta y a aquella sangre que cae.