BAC vol. 31
Libro 07
RÉPLICA A FAUSTO, EL MANIQUEO
Libro VII
La doble filiación de Jesús
Por qué rechazan las genealogías
- Fausto: —¿Por qué no crees en la genealogía de Jesús?
—Son muchas las razones; pero la más perentoria es ésta: él nunca confiesa por su propia boca tener padre o linaje en la tierra. Al contrario, afirma que no es de este mundo, que procede del Padre, que descendió del cielo, que no tiene madre ni hermanos, a no ser quien haga la voluntad de su padre que está en el cielo. A estos datos añádase este otro: los mismos que le asignan esas genealogías, no parece que le hayan conocido antes de su nacimiento, y ni siquiera al momento de nacer, para así creerles que escribieron lo que con sus propios ojos vieron que tuvo lugar con referencia a él; antes bien se le unieron en su juventud y madurez, es decir, en torno a sus treinta años, si es que se puede asignar una edad a las realidades divinas sin que ello constituya una blasfemia.
En todo testimonio válido se suele preguntar siempre si hubo algún testigo de oído o de vista. Estos, sin embargo, no reconocen haber oído de él el orden genealógico, ni siquiera el hecho de su nacimiento, ni haberlo visto con sus ojos, puesto que lo conocieron mucho tiempo después, esto es, con posterioridad al bautismo. Por lo tanto, a mí y a toda persona que juzgue rectamente me parece que creer esto es tan necio como llamar a declarar a un juicio a un testigo ciego y sordo.
En cuanto hijo del hombre, Jesús no carece de genealogía
- Agustín: En la misma razón que considera perentoria para no aceptar la genealogía de Jesucristo se manifiesta derrotado ante los lectores de lo que dije con anterioridad acerca del hijo de hombre, que tan frecuentemente atestigua Cristo ser él1, y del hijo de Dios. Es decir, cómo él mismo es hijo de hombre2, cómo no tiene linaje humano en cuanto a la divinidad, mientras que según la carne procede del linaje de David, según lo atestigua la enseñanza del Apóstol3. Por lo tanto, conviene que se crea y se comprenda, con referencia a él, que salió del Padre, que vino del cielo4 y que, sin embargo, habitó entre los hombres como Palabra encarnada5.
Si consideran que él no tuvo madre o linaje terreno porque dijo: ¿Quién es mi madre o quiénes son mis hermanos?6, no les queda sino afirmar que tampoco tuvieron padre sus discípulos, a quienes puso ese ejemplo tomado de su propia persona, para que despreciasen por el reino de los cielos toda dependencia del linaje terreno. El mismo les dijo: No llaméis a nadie padre en la tierra, pues uno sólo es vuestro Padre, Dios7. Lo que él les enseñó respecto a sus padres, lo hizo él antes respecto a su madre y hermanos, igual que en muchos otros casos en que se dignó ponerse como ejemplo para que le imitemos e ir delante para que le sigamos.
Por lo cual, adviértase cómo yacerá en tierra y quedará acorralado en los demás argumentos ése que queda tan derrotado en el argumento que él considera perentorio. Sostiene que no hay que creer a los apóstoles que anunciaron no sólo su nacimiento divino, sino también el humano, porque se adhirieron a él después, llegado ya a la juventud, y no le vieron nacer ni afirmaron haberlo oído de su boca. ¿Por qué, entonces, creen a Juan que dice: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. Ella estaba al principio junto a Dios; todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada8, etc., cosas que resultan de su agrado aunque no las entienden? Digan dónde vio eso Juan o dónde afirmó que él lo oyera de boca del mismo Señor. Cualquier fuente que presenten de donde pudo saber eso Juan, de ella creemos que pudieron saber todos los que proclamaron el nacimiento de Cristo eso que anunciaron.
Pregunto además: ¿en qué se apoyan para creer que dijo el Señor: Quién es mi madre o quiénes mis hermanos? Si en el relato del evangelista, ¿por qué no le creen también cuando afirma que su madre y sus hermanos le estaban buscando?9 Si, por el contrario, mintió aquí, pues se niegan a creerle, ¿cómo le creen cuando asegura que Cristo dijo lo que no quieren entender? Si Mateo no pudo conocer que Cristo había nacido, porque se había asociado a él cuando estaba ya en su juventud, ¿cómo pudo Manés, nacido tantos años después, saber que Cristo no nació? Dirán: “Lo sabía el Espíritu Santo que moraba en él”. En verdad, si él hubiese sido el Espíritu Santo, hubiese dicho verdad. Mas, ¿por qué, en lo referente a Cristo, no creemos a sus discípulos, que incluso se le adhirieron corporalmente? Por medio del Espíritu Santo, que él les otorgó, no sólo pudieron saber si algo se le ocultaba de las realidades humanas; también coligieron el linaje humano y toda la genealogía de Cristo con las solas capacidades humanas gracias al recuerdo tan reciente y vivo. Y, sin embargo, se llama a los apóstoles testigos ciegos y sordos. ¡Ojalá fueses no sólo ciego y sordo, para que no aprendieras esas futilidades y sacrilegios, sino también mudo, para que no las proclamaras!