¿Cesaron los dones del Espíritu Santo?
El contexto
En un diálogo con los Testigos de Jehová apareció este pasaje como prueba de que los dones del Espíritu Santo ya no actúan hoy:
«La caridad no acabará nunca; en cambio, desaparecerán las profecías, cesarán las lenguas y desaparecerá la ciencia. En realidad, nuestra ciencia es parcial, y parcial nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial.» — 1 Corintios 13,8-10
Su argumento era que “lo perfecto” es Cristo, que ya vino a la tierra; por tanto, lo parcial (profecías, lenguas, ciencia) ya habría desaparecido.
Pero Pablo escribe esta carta unos veinte años después de la resurrección y habla de “lo perfecto” en futuro: “cuando venga”. Si fuera la primera venida de Cristo, estaría esperando algo que ya ocurrió. Además, los dones se manifiestan con fuerza precisamente después de esa venida, desde Pentecostés. Como veremos, lo perfecto es ver al Señor cara a cara.
El tema del capítulo es la caridad, no el fin de los dones
«Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.» — 1 Corintios 13,1
1 Corintios 13 es el himno a la caridad. Su punto es comparar: los dones son valiosos pero parciales y pasajeros, mientras que la caridad permanece para siempre. Pablo no les pone fecha de caducidad a los carismas; los pone en su lugar frente al amor. Es como el andamio y la casa: Pablo nos dice que no confundamos el andamio con la casa, no que el andamio ya se desmontó.1
Si los dones hubieran cesado, Pablo se contradiría
«Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu… A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común… a otro, poder de hacer milagros; a otro, don de profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, facultad de hablar diversas lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, que las distribuye a cada uno en particular según su voluntad.» — 1 Corintios 12,4-11
«Buscad la caridad, pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía.» — 1 Corintios 14,1
El capítulo 13 está en medio de dos capítulos dedicados a los dones. En el 12, Pablo enseña que el Espíritu los reparte “para provecho común”; en el 14, justo después del himno, anima a buscarlos, sobre todo la profecía. Sería absurdo anunciar que los dones desaparecerán y, un versículo después, mandar buscarlos. La enseñanza de los tres capítulos es otra: busquen los dones, pero ejérzanlos con caridad.2
“Lo perfecto” es ver a Dios cara a cara, no un libro
«Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.» — 1 Corintios 13,12
Este versículo es la clave que muchos omiten al citar 13,8-10. Pablo mismo explica, dos versículos después, qué es “lo perfecto”: ver a Dios cara a cara. Eso no describe la venida histórica de Cristo, ni la terminación de la Biblia, ni la madurez de la Iglesia. Describe la visión de Dios, que se da al final de los tiempos o cuando el creyente muere y entra en la gloria.3
Los dones esperan la manifestación de Cristo
«De tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.» — 1 Corintios 1,7
En la misma carta, Pablo ya había dicho que los dones acompañarían a la Iglesia mientras espera “la manifestación” de Cristo, es decir, su segunda venida. “Lo perfecto” de 13,10 coincide con esa manifestación, que es futura, y no con la encarnación, que ya había ocurrido.
La Revelación está completa, pero los dones no han cesado
«Queridos, … me he visto obligado a escribiros a fin de exhortaros a combatir por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre.» — Judas 3
Hay quienes afirman que los dones cesaron cuando se cerró la Biblia. La Iglesia enseña, en efecto, que la Revelación pública terminó con los apóstoles: no esperamos ninguna revelación nueva que añada algo a la fe.4 Pero los dones nunca tuvieron esa función. La profecía en la Iglesia no crea doctrina nueva: edifica, exhorta y consuela (1 Cor 14,3). Por eso santo Tomás de Aquino enseña que en ninguna época han faltado personas con espíritu de profecía, no para proponer una doctrina nueva, sino para orientar la vida de los creyentes.5 Que la Revelación esté completa no significa que el Espíritu haya dejado de actuar.
“La perfección” de Hebreos 6 es madurez, no el fin de los dones
«Por lo cual, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios.» — Hebreos 6,1
Que dos textos usen la misma palabra en español no significa que hablen de lo mismo. El contexto (Heb 5,12-14) es una reprensión a creyentes que siguen tomando “leche” como niños, cuando ya deberían comer alimento sólido. Aquí “la perfección” es la madurez en la fe, y no tiene nada que ver con las lenguas o la profecía. Unir ambos textos por una palabra en común es como pensar que “banco” para sentarse y “banco” para guardar dinero son lo mismo.
Pentecostés abre toda una era
«Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán.» — Hechos 2,17
Pedro no dice que la profecía de Joel durará “hasta que mueran los apóstoles”. Dice que es la marca de “los últimos días”, que en el Nuevo Testamento abarcan todo el tiempo entre la resurrección y la segunda venida de Cristo (cf. 1 Tim 4,1; 2 Tim 3,1; Heb 1,2). El derramamiento del Espíritu no es un fenómeno de arranque que luego se apaga: es el sello de toda la era de la Iglesia.6
La profecía sigue activa años después de Pentecostés
«Uno de ellos, llamado Ágabo, se levantó, y daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra.» — Hechos 11,28
«Y este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban… y descendiendo [Ágabo] a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo.» — Hechos 21,9-11
Ágabo profetiza años después de Pentecostés, y vuelve a hacerlo en Hechos 21, junto con las cuatro hijas de Felipe, en plena misión de Pablo. Si lo perfecto hubiera llegado con la venida de Cristo, estos textos no tendrían sentido: la profecía sigue viva dentro de la propia narración inspirada.
Los dones existen hasta que la Iglesia llegue a su plenitud
«Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas… a fin de perfeccionar a los santos… hasta que todos lleguemos… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.» — Efesios 4,11-13
Pablo vuelve a poner un “hasta que”: los dones sirven para edificar la Iglesia hasta que alcance la unidad de la fe y la plenitud de Cristo. Basta mirar la Iglesia hoy para ver que esa meta todavía no se ha alcanzado. Mientras sigamos en camino, no hay base bíblica para decir que los dones ya cumplieron su función.
No despreciéis las profecías
«No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.» — 1 Tesalonicenses 5,19-21
Pablo no dice “aprovechen las profecías mientras duren”. Advierte del riesgo de despreciarlas y manda examinarlas, no descartarlas de entrada. Esa instrucción solo tiene sentido si esperaba que la profecía fuera parte normal de la vida de la Iglesia. El Concilio Vaticano II cita precisamente este texto al enseñar que los carismas deben recibirse con gratitud, y que su discernimiento corresponde a los pastores.7
El testimonio de la Iglesia primitiva
«La manifestación del Espíritu se da a cada uno para provecho común.» — 1 Corintios 12,7
Si los dones hubieran cesado con la muerte de los apóstoles, los cristianos de los siglos siguientes no hablarían de ellos. Pero hablan. San Justino, hacia el año 155, dice a un judío que los dones proféticos permanecen entre los cristianos hasta su tiempo.8 San Ireneo, hacia el 180, afirma haber oído a muchos hermanos en la Iglesia que profetizaban y hablaban en diversas lenguas por el Espíritu.9 Y san Agustín, en el siglo V, recoge numerosos milagros ocurridos en su propia época.10 La Iglesia nunca enseñó que el Espíritu se hubiera retirado.
Conclusión
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El argumento falla por las fechas: Pablo escribe años después de la venida de Cristo y sigue hablando de “lo perfecto” en futuro.
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El tema del capítulo es la caridad: Pablo compara lo pasajero (los dones) con lo eterno (el amor).
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Los capítulos 12 y 14 lo confirman: los dones son obra del Espíritu y hay que buscarlos.
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Pablo mismo define “lo perfecto” (13,12): ver a Dios cara a cara, al final de los tiempos.
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La Revelación está cerrada, pero los dones no: la profecía edifica, no añade doctrina.
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Hebreos 6,1 habla de madurez, no del fin de los dones.
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Hechos 2, 11 y 21 muestran la profecía activa mucho después de Pentecostés.
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Efesios 4 y 1 Tesalonicenses 5 ligan los dones a una meta aún no alcanzada y mandan no despreciarlos.
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Los Padres de la Iglesia testifican que los dones seguían presentes en sus días.
Quienes sostienen que los dones cesaron leen 1 Corintios 13 como si Pablo hubiera fijado el apagón en algún momento de la historia. Pero el texto dice otra cosa: la vela se apaga cuando sale el sol pleno, es decir, cuando veamos a Dios cara a cara.
Defender que los dones no han cesado no significa aceptar como auténtico todo lo que hoy se presenta como profecía o don de lenguas. Pablo manda examinarlo todo (1 Tes 5,21), en 1 Corintios 14 establece reglas para usarlos con orden, y la Iglesia enseña que los dones extraordinarios no deben buscarse temerariamente.11
Notas bibliográficas
1 Sobre la caridad como la mayor de las virtudes: Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 1822-1829 (el n. 1826 cita 1 Cor 13,1-4).
2 Sobre los carismas y su ordenación a la caridad y a la edificación de la Iglesia: CEC, n. 799-800 y 2003.
3 Sobre la visión de Dios “cara a cara”: CEC, n. 163-164 y 1023.
4 Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum (1965), n. 4. CEC, n. 66-67, que distingue la Revelación pública de las llamadas “revelaciones privadas”.
5 Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica II-II, q. 174, a. 6, ad 3.
6 Sobre Pentecostés y el tiempo de la Iglesia: CEC, n. 731-732.
7 Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium (1964), n. 12. CEC, n. 801. Véase también Congregación para la Doctrina de la Fe, carta Iuvenescit Ecclesia sobre la relación entre dones jerárquicos y carismáticos (2016).
8 San Justino, Diálogo con Trifón, 82.
9 San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1. Véase también II, 32, 4.
10 San Agustín, La Ciudad de Dios, XXII, 8.
11 Lumen gentium, n. 12.