Pestañas abiertas

1 abierta

    ¿Murió la Iglesia con el último apóstol?

    Introducción

    Algunos grupos sostienen que la Iglesia fundada por Cristo terminó, en la práctica, con la muerte de los apóstoles. Según esta idea, después de ellos la Iglesia se corrompió o desapareció, la sucesión apostólica sería una invención posterior, y cada creyente podría empezar de nuevo con su Biblia, sin vincularse a una Iglesia histórica.

    Algunas comunidades evangélicas lo afirman de un modo general, pero para otros grupos es el centro de su identidad. Los mormones hablan de una “gran apostasía” después de los apóstoles y de una “restauración” de la Iglesia en 1830. Los Testigos de Jehová sitúan su propia restauración en la década de 1870.

    Esta postura sirve para justificar comunidades nacidas muchos siglos después, pero choca con las promesas de Cristo y con lo que los apóstoles hicieron antes de morir. Veamos qué enseña la Escritura: si la Iglesia tenía fecha de caducidad o si fue pensada para permanecer hasta el fin del mundo.

    I. “No prevalecerán contra ella”

    «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.» — Mateo 16,18

    Este es el punto de partida. Cristo no dice “edificaré mi Iglesia y durará hasta que muera el último apóstol”. Dice que las puertas del Hades, el poder de la muerte, no prevalecerán contra ella. Si la Iglesia hubiera desaparecido con la muerte de Juan, el último apóstol, hacia el año 100, eso significaría que la muerte sí prevaleció. Decir que la Iglesia “murió” es, sin quererlo, decir que Cristo no cumplió su promesa.1

    II. “Hasta el fin del mundo”

    «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes… enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» — Mateo 28,19-20

    Esta promesa cierra el Evangelio de Mateo y acompaña al mandato de bautizar y enseñar. La expresión “el fin del mundo” (synteleia tou aiónos, “la consumación del tiempo”) es la misma que Mateo usa para el fin de la historia (Mt 13,39-40; 24,3). Cristo no promete acompañar a los apóstoles solo mientras vivan: promete acompañar la misión de bautizar y enseñar hasta el final de los tiempos. Si la Iglesia desapareció con los apóstoles, esta promesa quedó sin cumplirse durante casi dos mil años.

    «Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre.» — Juan 14,16

    El Espíritu Santo no fue prometido por una generación, sino “para siempre”.2

    III. “Hasta que venga”

    «Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.» — 1 Corintios 11,26

    Pablo dice que la Eucaristía se celebrará “hasta que venga” el Señor. Ese mandato supone que habrá una Iglesia que la celebre durante todo ese tiempo, de generación en generación, hasta la segunda venida de Cristo. Una Iglesia que muere en el siglo I no puede anunciar la muerte del Señor “hasta que venga”.3

    IV. Un reino que no tendrá fin

    «En tiempo de estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido, ni cederá su soberanía a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos reinos, y él subsistirá por siempre.» — Daniel 2,44

    Siglos antes de Cristo, Daniel anunció un reino distinto de todos los de la historia: no sería destruido ni reemplazado por otro, sino que permanecería para siempre.

    «El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» — Lucas 1,32-33

    El ángel Gabriel retoma esa promesa al anunciar el nacimiento de Jesús: “su reino no tendrá fin”. La Iglesia es el germen y el comienzo de ese Reino en la tierra.4 Un reino que “no tendrá fin” no puede desaparecer a finales del siglo I.

    V. El edificio sigue creciendo

    «Edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor.» — Efesios 2,20-21

    Esta imagen desmonta el argumento por sí sola. El cimiento no es todo el edificio: es la base sobre la que se sigue construyendo. Nadie dice que una casa terminó el día que se puso el cimiento. Pablo describe un edificio que “se eleva” sobre el fundamento de los apóstoles. Su muerte no detuvo la construcción: el cimiento quedó puesto, completo y único, y sobre él sigue creciendo el edificio.

    «A él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.» — Efesios 3,21

    Pablo no imagina una Iglesia que se apaga con su generación, sino una Iglesia en la que Dios es glorificado “por todas las generaciones”.

    «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza… que es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol.» — Mateo 13,31-32

    Jesús compara el Reino con una semilla que crece hasta hacerse árbol, no con una planta que brota y se seca.

    VI. “Columna y fundamento de la verdad”

    «Para que, si tardo, sepas cómo hay que portarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.» — 1 Timoteo 3,15

    Pablo escribe a Timoteo instrucciones concretas sobre cómo organizar la vida de la Iglesia: los obispos, los diáconos, la oración y la disciplina. No tendría sentido dar estas instrucciones si esperaba que la Iglesia desapareciera poco después. Al contrario, le atribuye una tarea permanente: sostener la verdad.5

    VII. Los apóstoles organizaron la continuidad

    «Y cuanto me has oído en presencia de muchos testigos confíalo a hombres fieles, que sean capaces, a su vez, de instruir a otros.» — 2 Timoteo 2,2

    Este texto es decisivo. Pablo no le dice a Timoteo “guarda esto hasta que mueras y ahí termina todo”. Describe una cadena de cuatro generaciones en un solo versículo: Pablo, Timoteo, los “hombres fieles” y los “otros” a quienes estos enseñarán. Es la sucesión planificada por el mismo apóstol, dentro de la Escritura.

    «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo. Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán al rebaño.» — Hechos 20,28-29

    En su despedida de los presbíteros de Éfeso, Pablo sabe que va a morir, y precisamente por eso deja pastores, a quienes llama “vigilantes” (epískopoi, de donde viene “obispos”), con la misión de cuidar a la Iglesia “después de su partida”. Si la Iglesia fuera a desaparecer con los apóstoles, esta instrucción no tendría sentido.

    «El motivo de haberte dejado en Creta fue que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.» — Tito 1,5

    Nombrar presbíteros “en cada ciudad” de una isla entera no es la conducta de quien piensa que su obra terminará con él, sino de quien construye algo para que dure.6

    VIII. La generación que siguió a los apóstoles

    La Escritura muestra que los apóstoles quisieron que la Iglesia continuara. La historia muestra que efectivamente continuó, sin interrupción:

    • San Clemente de Roma escribe hacia el año 96, cuando probablemente el apóstol Juan aún vivía. Explica que los apóstoles nombraron obispos y diáconos en las comunidades que fundaban, y que, sabiendo que habría disputas, dispusieron que, cuando estos murieran, otros hombres probados les sucedieran en su ministerio.

    • San Ignacio de Antioquía, hacia el año 107, pocos años después de la muerte de Juan, escribe a varias Iglesias y en todas habla de su obispo, sus presbíteros y sus diáconos. Es la primera vez que aparece escrita la expresión “Iglesia católica”.

    • Hegesipo, a mediados del siglo II, viajó a Roma y elaboró una lista de sus obispos para comprobar que habían transmitido la misma fe.

    • San Ireneo de Lyon, hacia el año 180, enumera uno por uno los doce obispos de Roma desde Pedro hasta Eleuterio, su contemporáneo, y dice que por esa sucesión la tradición de los apóstoles ha llegado hasta su tiempo.7

    No hubo un vacío entre los apóstoles y la Iglesia de los siglos siguientes. Hubo una cadena continua de personas, comunidades y mártires que dieron la vida por la misma fe.

    IX. Si la Iglesia hubiera desaparecido…

    Si la Iglesia hubiera muerto con los apóstoles, habría que responder a varias preguntas:

    • ¿Quién conservó la Biblia? Durante siglos, fueron las comunidades cristianas las que copiaron los Evangelios y las cartas, las leyeron en su liturgia y discernieron qué libros eran inspirados (véase el tema “Historia de la Biblia”). Quien dice que la Iglesia murió usa la Biblia que esa misma Iglesia le transmitió.

    • ¿Dónde estuvo Cristo durante esos siglos? Si la Iglesia desapareció y fue “restaurada” en el siglo XIX, durante más de diecisiete siglos no habría existido la Iglesia que Cristo prometió acompañar “todos los días”.

    • ¿Y Constantino? A menudo se dice que el emperador Constantino, en el siglo IV, corrompió a la Iglesia. Pero la Iglesia ya existía, organizada y extendida por todo el Imperio, y había sobrevivido a casi tres siglos de persecuciones antes de él. Constantino no la creó: dejó de perseguirla.8

    Conclusión

    • Cristo prometió que las puertas del Hades no prevalecerían contra su Iglesia (Mt 16,18) y que estaría con ella hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

    • La Eucaristía se celebrará “hasta que venga” el Señor (1 Cor 11,26), y su Reino “no tendrá fin” (Lc 1,33; Dn 2,44).

    • Los apóstoles son el cimiento sobre el que el edificio sigue creciendo (Ef 2,20-21), y la Iglesia glorifica a Dios “por todas las generaciones” (Ef 3,21).

    • Pablo organizó la continuidad: una cadena de transmisión (2 Tim 2,2), pastores para después de su partida (Hch 20,28-29) y presbíteros en cada ciudad (Tit 1,5).

    • La historia confirma que no hubo vacío: Clemente, Ignacio, Hegesipo e Ireneo muestran una sucesión continua desde los apóstoles.

    No es lo mismo poner el cimiento de una casa que construir toda la casa. Los apóstoles pusieron el fundamento, único e irrepetible, y sobre él la Iglesia sigue en pie, generación tras generación, tal como ellos mismos lo dispusieron antes de morir.

    Afirmar que la Iglesia nunca desapareció no significa que haya estado libre de crisis, pecados o divisiones. La propia Escritura anuncia lobos, apostasías y persecuciones (Hch 20,29; 2 Tim 4,3-4). Lo que Cristo garantiza no es que la Iglesia sea perfecta en cada momento de su historia, sino que, a pesar de sus crisis, nunca será vencida ni dejará de existir.9


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 552-553 y 869. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium (1964), n. 8.

    2 CEC, n. 729 y 860-862.

    3 CEC, n. 1344 y 1403.

    4 CEC, n. 541 y 763-769. Lumen gentium, n. 5.

    5 CEC, n. 171 y 2032.

    6 CEC, n. 861-862. Lumen gentium, n. 20.

    7 San Clemente de Roma, Carta a los Corintios, 42 y 44. San Ignacio de Antioquía, Carta a los esmirniotas, 8. Hegesipo, citado por Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, IV, 22, 3. San Ireneo de Lyon, Contra las herejías, III, 3, 1-3.

    8 Sobre el canon de las Escrituras: CEC, n. 120. Véanse también los temas “Historia de la Biblia” y “¿Cuál es la Iglesia de Cristo?”.

    9 Lumen gentium, n. 8 y 39. CEC, n. 823 y 827.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

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    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.