Pestañas abiertas

1 abierta

    Juan 1,1: ¿“Dios” o “un dios”?

    Introducción

    El comienzo del Evangelio de Juan es uno de los textos más claros sobre la divinidad de Cristo: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios”. Por eso es también uno de los más discutidos.

    La Traducción del Nuevo Mundo, la Biblia de los Testigos de Jehová, lo traduce de otra manera: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios”. Según su doctrina, Jesús no es el Dios todopoderoso, sino la primera criatura de Jehová, un ser poderoso y divino, pero creado (véase “Cristo, primogénito de toda la creación”).

    Este tema muestra por qué esa traducción no se sostiene, ni por la Biblia, ni por la gramática, ni por la historia. Y empieza por el argumento más sencillo: si solo hay un Dios verdadero, la Palabra no puede ser “un dios”.

    I. El texto

    «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.» — Juan 1,1-3

    El versículo dice tres cosas sobre la Palabra:

    • “Existía en el principio”: es eterna. Cuando todo comenzó, la Palabra ya existía.

    • “Estaba con Dios”: es distinta del Padre. Están uno junto al otro, en relación.

    • “Era Dios”: tiene la misma naturaleza que Dios.

    Y el versículo 3 añade que todo lo que existe fue hecho por la Palabra. Si “sin ella no se hizo nada”, ella misma no está entre las cosas hechas. No es una criatura, sino el Creador.1

    II. Un solo Dios verdadero

    «Vosotros sois mis testigos, oráculo de Yahvé, y mi siervo a quien he elegido, para que me conozcáis y creáis en mí, y entendáis que yo soy: Antes de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá.» — Isaías 43,10

    «Yo soy Yahvé, no hay ningún otro; fuera de mí ningún dios existe.» — Isaías 45,5

    La Biblia es estrictamente monoteísta: hay un solo Dios verdadero. Y los Testigos de Jehová también lo afirman. Pero entonces, si la Palabra es “un dios” distinto de Jehová, ¿cuántos dioses hay? Al menos dos: Jehová y la Palabra.

    Isaías 43,10 es especialmente claro. Los Testigos enseñan que Jehová creó a la Palabra como “un dios”. Isaías dice lo contrario: “Antes de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá”. Dios nunca formó a otro dios. Precisamente el texto donde Dios dice “vosotros sois mis testigos” niega lo que enseña la traducción de los Testigos de Jehová.2

    III. Dios verdadero o dios falso

    «Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros.» — 1 Corintios 8,5-6

    La Biblia usa a veces la palabra “dios” para referirse a otros seres, pero siempre para decir que no son verdaderos dioses:

    • Los ídolos de los paganos son “los que en realidad no son dioses” (Gál 4,8).

    • El diablo es llamado “el dios de este mundo” (2 Cor 4,4), porque muchos lo siguen como si fuera su dios.

    • Los jueces de Israel son llamados “dioses” en el Salmo 82, pero el mismo salmo añade: “como el hombre moriréis” (Sal 82,6-7).

    Es decir, en la Biblia solo hay dos posibilidades: el único Dios verdadero, o los “dioses” que no lo son. No existe una tercera categoría de “dioses menores” verdaderos. Si la Palabra es “un dios” y no el Dios verdadero, quedaría en la misma categoría que los ídolos, el diablo y los jueces que mueren. Pero Juan dice que la Palabra creó todas las cosas (Jn 1,3), algo que ningún ídolo, ni el diablo, ni ningún juez pudo hacer jamás.

    Por eso Pablo, en el mismo texto, distingue entre los “muchos dioses” falsos y “un solo Dios, el Padre” y “un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas”. Jesús no está entre los muchos dioses: está dentro de la confesión del único Dios (véase “Los títulos de Dios que se dan a Jesús”).3

    IV. La gramática: el artículo

    Los Testigos de Jehová basan su traducción en un detalle del griego. En Juan 1,1, la frase “la Palabra estaba con Dios” usa la palabra “Dios” con artículo (ton theón, literalmente “el Dios”), mientras que la frase “la Palabra era Dios” la usa sin artículo (theós). Como el griego no tiene artículo indefinido (“un”), concluyen que “Dios” sin artículo debe traducirse “un dios”.

    Pero el griego no funciona así. Cuando un nombre sin artículo va delante del verbo, como en “theós en ho lógos” (literalmente, “Dios era la Palabra”), normalmente no indica “uno entre muchos”, sino una cualidad o una naturaleza.4 Es como cuando decimos en español “Juan es hombre”: no decimos que sea “un hombre” cualquiera, ni que sea “el hombre” por excelencia, sino que tiene la naturaleza humana.

    ¿Por qué Juan no puso el artículo? Porque si hubiera escrito “la Palabra era el Dios”, habría dicho que la Palabra es la misma persona que el Padre, con quien “estaba”. Eso es lo que enseñan los pentecostales unicitarios (véase “La fórmula del bautismo”). Juan elige con precisión la forma exacta para decir dos cosas a la vez: la Palabra es distinta del Padre (“estaba con Dios”) y tiene su misma naturaleza (“era Dios”).

    V. La prueba del mismo capítulo

    Hay una forma muy sencilla de comprobar que “Dios” sin artículo no significa “un dios”. En el mismo capítulo 1 de Juan, la palabra “Dios” aparece varias veces sin artículo, referida al Padre, y la propia Traducción del Nuevo Mundo la traduce “Dios”:

    Versículo

    En griego, sin artículo

    Cómo lo traduce la Traducción del Nuevo Mundo

    Jn 1,6

    "un hombre enviado por Dios"

    "Dios"

    Jn 1,12

    "poder de hacerse hijos de Dios"

    "Dios"

    Jn 1,13

    "nacieron de Dios"

    "Dios"

    Jn 1,18

    "A Dios nadie lo ha visto jamás"

    "Dios"

    Jn 1,1

    "la Palabra era Dios"

    "un dios"

    Si “Dios” sin artículo debe traducirse “un dios”, habría que traducir también “un hombre enviado por un dios” o “nacieron de un dios”. La Traducción del Nuevo Mundo no lo hace. Solo cambia la regla cuando se trata de Jesús.

    VI. “El Hijo único, Dios”

    «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.» — Juan 1,18

    El prólogo de Juan termina como empieza. En los manuscritos más antiguos que se conservan de este Evangelio, dos papiros de los siglos II y III y los grandes códices del siglo IV, este versículo dice literalmente: “el Unigénito, Dios, que está en el seno del Padre”.5 Juan abre el prólogo diciendo que la Palabra “era Dios” (1,1) y lo cierra llamando al Hijo único “Dios” (1,18).

    VII. Del principio al final: “¡Señor mío y Dios mío!”

    «Tomás le contestó: “Señor mío y Dios mío.”» — Juan 20,28

    El Evangelio de Juan termina con la confesión de Tomás, que llama a Jesús “Dios mío”. Y aquí el texto griego sí usa el artículo: ho theós mou, “el Dios mío”. Jesús no lo corrige: acepta su confesión.

    Así, Juan enmarca todo su Evangelio entre dos afirmaciones: al principio, “la Palabra era Dios” (Jn 1,1); al final, “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,28). Todo el Evangelio está escrito para llevar al lector a esa misma confesión (Jn 20,31).6

    VIII. “Un dios creado”: lo que ya respondió Nicea

    La idea de que la Palabra es “un dios” creado no es nueva. En el siglo IV, Arrio enseñaba lo mismo: que el Hijo era un ser divino y superior a todas las criaturas, pero creado por el Padre. Decía que “hubo un tiempo en que no existía”.

    El Concilio de Nicea respondió en el año 325 con las palabras que todavía rezamos en el Credo: Jesucristo es “Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho”. Cada palabra responde a la idea de “un dios” creado: no es un dios menor, sino “Dios verdadero”; no fue creado, sino “engendrado”; y no es una criatura, sino aquel “por quien todo fue hecho”.7

    IX. Las traducciones

    Prácticamente todas las traducciones de la Biblia, católicas, protestantes y ortodoxas, en cualquier idioma, traducen “la Palabra era Dios”. La Traducción del Nuevo Mundo es una de las muy pocas excepciones.

    Un dato curioso: durante algunos años, las publicaciones de los Testigos de Jehová citaron en apoyo de su traducción la versión de Johannes Greber, un antiguo sacerdote que decía haber traducido la Biblia con la ayuda de espíritus. Cuando esto se hizo conocido, dejaron de citarla.8

    Más que discutir sobre el griego, conviene hacer preguntas sencillas:

    1. “¿Cuántos dioses verdaderos hay?” Responderán: uno solo, Jehová.

    2. “Entonces, si la Palabra es ‘un dios’, ¿es un dios verdadero o un dios falso?” Si es verdadero, hay dos dioses. Si es falso, Juan estaría presentando a un dios falso como el creador de todo.

    3. “¿Qué dice Isaías 43,10? ¿Fue formado algún dios después de Jehová?”

    4. “¿Por qué la Traducción del Nuevo Mundo traduce ‘Dios’ en Juan 1,6.12.13 y 18, y ‘un dios’ solo en el versículo 1?”

    5. “Según Juan 20,28, ¿cómo llama Tomás a Jesús? ¿Lo corrigió Jesús?”

    Conclusión

    • Juan dice que la Palabra existía en el principio, estaba con Dios, era Dios y creó todas las cosas (Jn 1,1-3).

    • Hay un solo Dios verdadero, y Dios nunca formó a otro dios (Is 43,10; 45,5).

    • En la Biblia, los “dioses” fuera del único Dios son falsos: los ídolos, el diablo, los jueces que mueren (Gál 4,8; 2 Cor 4,4; Sal 82,7). La Palabra, que creó todo, no puede ser uno de ellos.

    • En griego, “Dios” sin artículo delante del verbo expresa naturaleza: la Palabra tiene la naturaleza de Dios, sin ser la misma persona que el Padre.

    • En el mismo capítulo, la Traducción del Nuevo Mundo traduce “Dios” cuatro veces en que la palabra tampoco lleva artículo (Jn 1,6.12.13.18).

    • Juan abre su Evangelio con “la Palabra era Dios” y lo cierra con “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 1,1; 20,28).

    • El Concilio de Nicea ya respondió a la idea de “un dios” creado: “Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado”.

    No es lo mismo decir “es oro” que decir “es dorado”. Algo dorado brilla como el oro, pero no lo es. Los Testigos de Jehová presentan a Jesús como “un dios”: algo que brilla como Dios, pero no lo es. San Juan dice algo muy distinto: “la Palabra era Dios”, oro verdadero, de la misma naturaleza que el Padre.

    Y, como en los demás temas sobre los Testigos de Jehová, conviene recordar que muchos de ellos aman sinceramente a Dios y estudian la Biblia con dedicación. La mejor forma de dialogar no es ganar una discusión sobre el griego, sino invitarlos a leer juntos el Evangelio de Juan, de principio a fin, y dejar que el propio texto los lleve a la confesión de Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”.


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 241, 291 y 465.

    2 CEC, n. 200-202 y 212.

    3 CEC, n. 2112-2114.

    4 E. C. Colwell, “A Definite Rule for the Use of the Article in the Greek New Testament”, Journal of Biblical Literature 52 (1933); P. B. Harner, “Qualitative Anarthrous Predicate Nouns: Mark 15:39 and John 1:1”, Journal of Biblical Literature 92 (1973).

    5 Papiros Bodmer II y XIV-XV (designados como P66 y P75, siglos II-III), y códices Sinaítico y Vaticano (siglo IV).

    6 CEC, n. 448.

    7 Concilio de Nicea I (325), Símbolo de fe: H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 125-126. San Atanasio, Discursos contra los arrianos. San Agustín, Tratados sobre el Evangelio de san Juan, 1.

    8 La Atalaya, 1 de abril de 1983.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.