“Yo Soy”
Introducción
En la zarza ardiente, Dios reveló a Moisés su nombre: “Yo Soy”. Es el nombre más sagrado de la Biblia, y expresa que Dios existe por sí mismo, sin principio ni fin.
En los Evangelios, sobre todo en el de Juan, Jesús se aplica ese mismo nombre en varias ocasiones. Y quienes lo escuchaban entendieron perfectamente lo que estaba diciendo: por eso tomaron piedras para apedrearlo y, al final, lo condenaron por blasfemia. Este tema recorre esos pasajes, uno de los caminos más claros para reconocer que Jesús es Dios (véase “Jesús es Dios”).
I. Dios revela su nombre
«Contestó Moisés a Dios: “Si voy a los israelitas y les digo: ‘El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros’; cuando me pregunten: ‘¿Cuál es su nombre?’, ¿qué les responderé?” Dijo Dios a Moisés: “Yo soy el que soy.” Y añadió: “Así dirás a los israelitas: ‘Yo soy’ me ha enviado a vosotros.”… Este es mi nombre para siempre.» — Éxodo 3,13-14.15
Dios se presenta como “Yo Soy”: el que existe por sí mismo, sin depender de nada ni de nadie, el que no tiene principio ni fin. De esta revelación procede el nombre de Dios en hebreo, YHWH (véase “El nombre de Dios: YHWH, Yahvé y el error de ‘Jehová’“).1
La traducción griega del Antiguo Testamento, la que usaban los judíos en tiempos de Jesús, tradujo esta expresión con las palabras egó eimí, “Yo soy”. Son las mismas palabras que Jesús pronunciará sobre sí mismo.
II. “Para que creáis que Yo Soy”
«Vosotros sois mis testigos, oráculo de Yahvé, y mi siervo a quien he elegido, para que me conozcáis y creáis en mí, y entendáis que yo soy: Antes de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá. Yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador.» — Isaías 43,10-11
«Ved ahora que yo, solo yo soy, y que no hay otro dios junto a mí. Yo doy la muerte y la vida.» — Deuteronomio 32,39
En los profetas, Dios dice “Yo soy” de forma absoluta, sin ningún complemento, para afirmar que Él es el único Dios, el que existe antes y después de todo. En la versión griega, también aquí aparece egó eimí. Y Dios pide algo concreto: que su pueblo “crea que Yo Soy”.
III. “Si no creéis que Yo Soy”
«Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados… Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy.» — Juan 8,24.28
Jesús no dice “si no creéis que yo soy el Mesías” o “que yo soy un profeta”. Usa el “Yo Soy” de forma absoluta, sin complemento, igual que Dios en Isaías. Y pone en esa fe la salvación misma: creer que Él es “Yo Soy” es cuestión de vida o muerte eterna. Ningún profeta habló jamás así de sí mismo.
«Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy.» — Juan 13,19
En la Última Cena, Jesús repite casi palabra por palabra lo que Dios dice en Isaías 43,10: “para que creáis… que yo soy”. El Catecismo enseña que, con estas palabras, Jesús revela que Él mismo lleva el nombre divino.2
IV. “Antes de que Abraham existiera, Yo Soy”
«“Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró.” Entonces los judíos le dijeron: “¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?” Jesús les respondió: “En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.” Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.» — Juan 8,56-59
Gramaticalmente, lo normal habría sido decir “antes de que Abraham existiera, yo era”. Jesús dice “Yo Soy”. En griego, el texto contrapone dos verbos: Abraham “llegó a existir” (genésthai), tuvo un comienzo; Jesús “es” (eimí), sin comienzo, en un presente eterno. Es la misma diferencia que el Salmo 90 hace entre la creación y Dios: “Antes que los montes fuesen engendrados… desde siempre hasta siempre tú eres Dios” (Sal 90,2). San Agustín lo explicaba así: “llegar a existir” es propio de las criaturas; “ser”, sin más, es propio de Dios.3
Sus oyentes lo entendieron de inmediato: tomaron piedras para apedrearlo, que era el castigo que la Ley mandaba para la blasfemia (Lv 24,16).
V. “Yo Soy, no temáis”
«A eso de la cuarta vigilia de la noche viene hacia ellos caminando sobre el mar y quería pasarles de largo… Pero él, al instante, les habló, diciéndoles: “¡Ánimo!, que soy yo, no temáis.”» — Marcos 6,48.50
Aquí el “Yo Soy” aparece en un contexto que lo hace todavía más significativo. Jesús camina sobre el mar, algo que la Escritura atribuye solo a Dios, el que “camina sobre las espaldas del mar” (Job 9,8). Marcos añade un detalle curioso: Jesús “quería pasarles de largo”. Es la expresión que el Antiguo Testamento usa cuando Dios se manifiesta: Dios “pasó” ante Moisés y ante Elías (Éx 33,22; 1 Re 19,11). Y en ese momento, Jesús dice “egó eimí”, que en español se traduce como “soy yo”, pero que resuena con el nombre de Dios: “Yo Soy, no temáis”.
VI. Los soldados cayeron en tierra
«Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: “¿A quién buscáis?” Le contestaron: “A Jesús el Nazareno.” Díceles: “Yo soy.”… Cuando les dijo: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron en tierra.» — Juan 18,4-6
En Getsemaní, una cuadrilla armada viene a arrestar a Jesús. Basta que Él pronuncie “Yo Soy” para que los soldados retrocedan y caigan al suelo. Juan narra el detalle a propósito: el hombre que se entrega no es una víctima indefensa, sino el mismo Dios que se manifestó a Moisés, y que se deja arrestar porque Él quiere.
VII. Ante el Sumo Sacerdote
«El Sumo Sacerdote le preguntó: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” Y dijo Jesús: “Sí, yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo.” El Sumo Sacerdote se rasga las túnicas y dice: “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia.”» — Marcos 14,61-64
En el momento más solemne de su juicio, Jesús responde “Yo soy” y añade que se sentará a la derecha de Dios (Sal 110,1) y vendrá entre las nubes del cielo, como el Hijo del hombre de Daniel, a quien todos los pueblos sirven y cuyo reino es eterno (Dn 7,13-14). El Sumo Sacerdote entiende perfectamente: se rasga las vestiduras y lo acusa de blasfemia. A Jesús no lo condenaron por enseñar el amor al prójimo, sino por afirmar que era Dios.
VIII. Lo entendieron muy bien
Las veces que quisieron matar a Jesús muestran lo que entendían sus contemporáneos cuando hablaba de sí mismo:
«Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.» — Juan 5,18
«“Yo y el Padre somos uno.” Los judíos trajeron otra vez piedras para apedrearle. Jesús les dijo: “Muchas obras buenas que vienen del Padre os he mostrado. ¿Por cuál de esas obras queréis apedrearme?” Le respondieron los judíos: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios.”» — Juan 10,30-33
Los oyentes de Jesús eran judíos que creían firmemente en un solo Dios. No lo acusan de decir que era un profeta, ni de llamarse “hijo de Dios” en un sentido amplio, como lo eran todos los israelitas. Lo acusan de algo concreto: “siendo hombre, te haces a ti mismo Dios”. Y Jesús no los corrige diciendo que lo han entendido mal.4
La objeción de los “dioses” (Jn 10,34-36). Algunos, como los Testigos de Jehová, dicen que Jesús se defiende citando el Salmo 82,6, “Yo he dicho: dioses sois”, y concluyen que se llamaba “dios” solo en un sentido amplio, como los jueces de Israel. Pero hay que leer el argumento completo. Jesús razona así: si la Escritura llama “dioses” a simples hombres que recibieron la Palabra de Dios, ¿cómo pueden acusar de blasfemia a aquel a quien “el Padre ha santificado y enviado al mundo”? Es un argumento de lo menor a lo mayor, no una rebaja. Y Jesús termina diciendo: “el Padre está en mí y yo en el Padre” (Jn 10,38). La reacción lo confirma: “Querían de nuevo prenderle” (Jn 10,39). Si se hubiera rebajado a la categoría de un simple juez, sus oyentes se habrían calmado.
IX. Los siete “Yo soy” del Evangelio de Juan
Además del “Yo Soy” absoluto, Jesús se presenta en el Evangelio de Juan con siete imágenes, y cada una retoma algo que el Antiguo Testamento dice de Dios:
Jesús dice | Lo que el Antiguo Testamento dice de Dios |
|---|---|
"Yo soy el pan de vida" (Jn 6,35) | Dios alimentó a su pueblo con el maná del cielo (Éx 16,4) |
"Yo soy la luz del mundo" (Jn 8,12) | "Yahvé es mi luz y mi salvación" (Sal 27,1) |
"Yo soy la puerta" (Jn 10,9) | "Esta es la puerta de Yahvé, por ella entran los justos" (Sal 118,20) |
"Yo soy el buen pastor" (Jn 10,11) | "Yahvé es mi pastor" (Sal 23,1); "Yo mismo apacentaré mis ovejas" (Ez 34,15) |
"Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11,25) | "Yo doy la muerte y la vida" (Dt 32,39) |
"Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6) | "Enséñame, Yahvé, tu camino" (Sal 86,11) |
"Yo soy la vid verdadera" (Jn 15,1) | Israel es la viña que Dios plantó (Is 5,1-7) |
X. ¿No es una expresión común?
Algunos objetan que “yo soy” es una expresión corriente. Por ejemplo, el ciego de nacimiento, cuando le preguntan si es él, responde “soy yo”, con las mismas palabras griegas (Jn 9,9). Es cierto que la expresión puede usarse de forma ordinaria. Pero hay una diferencia evidente: nadie tomó piedras para apedrear al ciego. Lo que distingue el “Yo Soy” de Jesús es su uso absoluto, sin complemento, en contraste con Abraham, con un poder que hace caer a los soldados, y unido a la fe de la que depende la salvación. Por eso sus oyentes reaccionaron como reaccionaron.
La Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová traduce Juan 8,58 como “antes que Abrahán llegara a existir, yo he sido”. Pero el griego dice “Yo soy” en presente (egó eimí), y la mayoría de las traducciones, católicas y protestantes, lo traducen así.
Conclusión
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Dios reveló su nombre a Moisés: “Yo Soy” (Éx 3,14).
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En los profetas, Dios dice “Yo soy” para afirmar que es el único Dios, y pide que su pueblo “crea que Yo Soy” (Is 43,10; Dt 32,39).
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Jesús pide lo mismo: “Si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados” (Jn 8,24; 13,19).
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Abraham “llegó a existir”; Jesús “es”: “Antes de que Abraham existiera, Yo Soy” (Jn 8,58).
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Caminando sobre el mar, como solo Dios lo hace, dice: “Yo Soy, no temáis” (Mc 6,50).
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Ante su “Yo Soy”, los soldados cayeron en tierra (Jn 18,6).
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Lo condenaron por blasfemia cuando dijo “Yo soy” ante el Sumo Sacerdote (Mc 14,62-64).
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Sus oyentes entendieron que se hacía igual a Dios, y quisieron apedrearlo por eso (Jn 5,18; 10,33).
No es lo mismo decir “yo fui” que decir “Yo soy”. Todos nosotros podemos decir: “antes no existía, y ahora existo”. Solo Dios puede decir: “Yo soy, siempre”. Jesús no dijo que existió antes que Abraham, como quien llegó primero a una fila: dijo que Él es, desde siempre, fuera de toda fila.
Y este nombre no es solo una prueba para discutir, sino una promesa para vivir. El mismo Jesús que se acercó a sus discípulos en medio de la tormenta, caminando sobre el mar, sigue diciendo a quien tiene miedo: “¡Ánimo!, Yo Soy, no temáis”.
Notas bibliográficas
1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 205-213.
2 CEC, n. 211.
3 San Agustín, Tratados sobre el Evangelio de san Juan, 43, 17. CEC, n. 590.
4 CEC, n. 589-591 y 594.