Pestañas abiertas

1 abierta

    La Resurrección de Cristo

    Introducción

    La Resurrección de Cristo es el centro de la fe cristiana. Sin ella, la cruz sería solo el final trágico de un hombre bueno. Con ella, es la victoria de Dios sobre el pecado y la muerte. Por eso los primeros cristianos no predicaban, ante todo, una enseñanza moral, sino un acontecimiento: “Jesús ha resucitado”.1

    Esta verdad ha sido negada desde el principio, y lo sigue siendo hoy de distintas maneras:

    • En tiempos de Jesús y de los apóstoles, las autoridades difundieron que los discípulos habían robado el cuerpo. Los saduceos negaban toda resurrección, y en Atenas se burlaron de Pablo cuando habló de ella.

    • Algunos escépticos modernos dicen que Jesús no murió, sino que se desmayó; que los discípulos tuvieron alucinaciones; o que la Resurrección es un mito que surgió con el tiempo.

    • El islam enseña que Jesús no fue crucificado, sino que solo “lo pareció” (Corán 4,157).

    • Los Testigos de Jehová enseñan que Jesús resucitó como un espíritu invisible, no con su cuerpo, y que Dios hizo desaparecer su cuerpo.2

    • Algunas corrientes teológicas liberales reducen la Resurrección a un símbolo de que “la causa de Jesús sigue viva”.

    Veamos lo que enseñan la Escritura y la historia.

    I. “Si Cristo no resucitó…”

    «Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe… Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados.» — 1 Corintios 15,14.17

    Pablo no presenta la Resurrección como un detalle secundario o como una manera simbólica de hablar. Dice que, si no ocurrió, toda la fe cristiana es vacía. La Iglesia no se apoya en una idea, sino en un hecho. Y por eso, si alguien pudiera demostrar que no ocurrió, el cristianismo caería entero.

    II. Jesús la anunció

    «Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.» — Marcos 8,31

    Jesús anunció su muerte y su resurrección varias veces (Mc 9,31; 10,34). Los discípulos no lo entendieron, pero sus enemigos sí lo recordaron, y por eso pusieron guardias en el sepulcro.

    «Jesús les respondió: “Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.”… Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo.» — Juan 2,19.21

    Jesús no dijo “levantaré otro santuario”, sino “lo levantaré”: el mismo cuerpo que iban a destruir sería el que Él resucitaría.

    III. El sepulcro vacío

    «Y les dice: “No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron.”» — Marcos 16,6

    «Entró en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte.» — Juan 20,6-7

    El sepulcro estaba vacío, y nadie pudo mostrar nunca el cuerpo de Jesús. Además, el detalle que da Juan es significativo: las vendas estaban en el suelo y el sudario, doblado aparte. Quien roba un cuerpo no se toma el tiempo de quitarle las vendas y de doblar el sudario.3

    IV. “Sus discípulos lo robaron”

    «“Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: ‘A los tres días resucitaré.’ Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: ‘Resucitó de entre los muertos’”… Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.» — Mateo 27,63-64.66

    «Algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: “Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos.’”… Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.» — Mateo 28,11-13.15

    Es la primera explicación que se dio para negar la Resurrección, y tiene varios problemas:

    • Admite que el sepulcro estaba vacío. Las autoridades no dijeron “el cuerpo sigue ahí”, sino “lo robaron”. Hasta los enemigos de Jesús reconocían que la tumba estaba vacía. Todavía a mediados del siglo II, san Justino cuenta que esa versión seguía circulando.4

    • Se contradice a sí misma. Si los soldados estaban dormidos, ¿cómo sabían quién se llevó el cuerpo?

    • Hizo falta dinero para sostenerla. No se paga a nadie para contar la verdad.

    • No explica a los discípulos. Si ellos hubieran robado el cuerpo, sabrían que la Resurrección era mentira. Y nadie da la vida por una mentira que él mismo inventó. Pedro, Santiago y casi todos los apóstoles murieron mártires anunciando que Jesús había resucitado.

    V. Se apareció a muchos

    «Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles. Y en último término se me apareció también a mí.» — 1 Corintios 15,3-8

    Este texto es uno de los testimonios más antiguos de la fe cristiana. Pablo escribe hacia el año 55, pero transmite una fórmula que él mismo “recibió”, probablemente pocos años después de la muerte de Jesús. No es una leyenda que se formó con los siglos, sino el testimonio de la primera generación.

    Pablo menciona a testigos con nombre, Pedro y Santiago, y dice que la mayoría de los más de quinientos “todavía viven”: es como decir “si no me creen, pregúntenles a ellos”. Además, los Evangelios cuentan que las primeras testigos fueron mujeres (Mc 16,1-8; Jn 20,11-18). En aquella cultura, el testimonio de una mujer no tenía valor ante un tribunal. Si alguien hubiera inventado la historia, no habría elegido a mujeres como primeras testigos.5

    VI. Resucitó con su cuerpo

    «Pero él les dijo: “¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.”… Le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.» — Lucas 24,38-39.42-43

    Este texto responde directamente a los Testigos de Jehová. Los discípulos pensaban que veían un espíritu, y Jesús los corrige: “un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo”. Les muestra las heridas, les pide que lo toquen y come delante de ellos.

    «Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.”» — Juan 20,27

    El cuerpo resucitado de Jesús conserva las heridas de la cruz: es el mismo cuerpo que murió, aunque ahora glorioso, ya no sometido a la muerte, al espacio ni al tiempo. Por eso puede entrar con las puertas cerradas (Jn 20,19) y, a la vez, ser tocado y comer.

    Los Testigos citan 1 Pedro 3,18: “muerto en la carne, vivificado en el espíritu”. Pero Pedro no contrapone un cuerpo y un espíritu sin cuerpo, sino dos modos de vida: la vida mortal y la vida nueva dada por el Espíritu. Pablo lo llama un “cuerpo espiritual” (1 Cor 15,44): sigue siendo un cuerpo, pero transformado por el Espíritu. Ya a comienzos del siglo II, san Ignacio de Antioquía escribía contra quienes negaban esto: sé y creo que, después de su resurrección, Jesús estaba en la carne, y cita las mismas palabras: “Palpadme y ved”.6

    VII. De cobardes a testigos

    Antes de la Resurrección, los discípulos estaban escondidos “por miedo a los judíos”, con las puertas cerradas (Jn 20,19). Pedro había negado tres veces conocer a Jesús. Pocas semanas después, esos mismos hombres estaban en las plazas de Jerusalén:

    «Estaban hablando al pueblo, cuando se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en la persona de Jesús la resurrección de los muertos.» — Hechos 4,1-2

    «Pedro y Juan les contestaron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros más que a Dios. No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.”» — Hechos 4,19-20

    ¿Qué transformó a estos hombres asustados en testigos dispuestos a ir a la cárcel y a morir? No una idea ni una esperanza, sino algo que “vieron y oyeron”. Y no eran crédulos: cuando las mujeres les anunciaron la Resurrección, a los apóstoles “les parecieron como desatinos” (Lc 24,11).7

    Además, la Resurrección convirtió a quienes no creían. Santiago, pariente de Jesús, no creía en Él durante su vida pública (Jn 7,5), y después de verlo resucitado (1 Cor 15,7) fue uno de los jefes de la Iglesia de Jerusalén y murió mártir. Saulo perseguía a los cristianos, y se convirtió en apóstol después de encontrarse con Cristo resucitado (Hch 9).

    VIII. Los que la negaron entonces

    Negar la Resurrección no es algo nuevo. El Nuevo Testamento ya lo registra:

    «Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mientras que los fariseos profesan todo eso.» — Hechos 23,8

    «Al oír la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: “Sobre esto ya te oiremos otra vez.”» — Hechos 17,32

    «Entre estos, Himeneo y Fileto, que se han desviado de la verdad al decir que la resurrección ya ha sucedido.» — 2 Timoteo 2,17-18

    Los saduceos la negaban por principio. Los filósofos de Atenas se burlaban de ella. En Corinto, algunos decían que no hay resurrección de los muertos (1 Cor 15,12). E Himeneo y Fileto la reducían a algo espiritual, que “ya había sucedido”. La Iglesia ha encontrado incomprensión y burla ante esta verdad desde el principio, y aun así la ha anunciado siempre.8

    IX. Las explicaciones modernas

    “Jesús no murió, solo se desmayó.”

    «Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.» — Juan 19,33-34

    Los soldados romanos eran expertos en ejecutar, y comprobaron que Jesús había muerto. Uno le atravesó el costado con una lanza, y Pilato pidió confirmación al centurión antes de entregar el cuerpo (Mc 15,44-45). Y aunque alguien hubiera sobrevivido a la flagelación y a la cruz, un hombre medio muerto no habría convencido a nadie de que había vencido a la muerte.

    “Fueron alucinaciones.” Las alucinaciones son experiencias individuales, no colectivas: no se aparecen a más de quinientas personas a la vez. Y una alucinación no come pescado, no se deja tocar y no deja un sepulcro vacío.

    “Se equivocaron de tumba.” El sepulcro pertenecía a José de Arimatea, un hombre conocido, y las mujeres vieron dónde ponían el cuerpo (Mc 15,46-47). Si se hubieran equivocado de tumba, a las autoridades les habría bastado con mostrar la verdadera.

    “Es un mito que surgió con el tiempo.” Los mitos necesitan generaciones para formarse. El testimonio de 1 Corintios 15 se remonta a pocos años después de los hechos, cuando vivían muchos testigos que podían desmentirlo.

    X. Lo que significa para nosotros

    «¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron… Del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.» — 1 Corintios 15,20.22

    La Resurrección de Cristo no es solo un hecho del pasado: es el comienzo de la nuestra. Cristo es las “primicias”, el primer fruto de la cosecha, que anuncia todo lo que vendrá. Su victoria sobre la muerte es la garantía de que también nosotros resucitaremos.9

    «Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.» — Romanos 6,4

    Y desde ya, por el bautismo, participamos de esa vida nueva. Por eso los cristianos se reúnen cada domingo, el día de la Resurrección (véase “¿Sábado o domingo?”), y por eso cada Eucaristía es un encuentro con Cristo vivo (véase “El verdadero culto”).

    Conclusión

    • Sin la Resurrección, la fe cristiana sería vana (1 Cor 15,14).

    • Jesús la anunció, y sus enemigos lo recordaron y pusieron guardias (Mc 8,31; Mt 27,63).

    • El sepulcro estaba vacío, y hasta los enemigos de Jesús lo reconocieron al inventar el robo del cuerpo (Mt 28,11-15).

    • Cristo se apareció a muchos testigos, entre ellos más de quinientos a la vez, según un testimonio de los primeros años (1 Cor 15,3-8).

    • Resucitó con su cuerpo, que se podía tocar y que conservaba las heridas, no como un espíritu (Lc 24,39; Jn 20,27).

    • Transformó a discípulos asustados en testigos dispuestos a morir, y convirtió a escépticos como Santiago y a perseguidores como Pablo.

    • Las explicaciones que la niegan, antiguas y modernas, no explican lo que ocurrió.

    No es lo mismo morir por algo que uno cree verdadero que morir por algo que uno sabe que inventó. Muchos han dado la vida por ideas equivocadas, pero nadie muere por una mentira que él mismo fabricó. Los apóstoles no murieron por una teoría, sino por lo que “vieron y oyeron”.

    La Resurrección no es solo un argumento: es una persona viva que se puede encontrar. Por eso, más que ganar una discusión, esta verdad invita a encontrarse con Cristo resucitado, como Tomás, que pasó de la duda a la confesión más hermosa del Evangelio: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn 20,28).


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 638-639.

    2 Publicaciones de los Testigos de Jehová, por ejemplo Perspicacia para comprender las Escrituras, voz “Resurrección”. Sobre la postura musulmana: Corán, sura 4, 157.

    3 CEC, n. 640.

    4 San Justino, Diálogo con Trifón, 108. Véase también Tertuliano, Sobre los espectáculos, 30.

    5 CEC, n. 641-642.

    6 San Ignacio de Antioquía, Carta a los esmirniotas, 3, 1-2. CEC, n. 645-646 y 999.

    7 CEC, n. 643-644.

    8 CEC, n. 996.

    9 CEC, n. 654-655 y 1002-1004.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

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    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.