Pestañas abiertas

1 abierta

    Los falsos profetas

    Introducción

    Jesús advirtió muchas veces a sus discípulos que vendrían falsos profetas, y el Nuevo Testamento vuelve sobre este tema una y otra vez. No es una advertencia del pasado: hoy abundan quienes se presentan como “profetas” o “apóstoles”, anuncian revelaciones nuevas, fijan fechas para el fin del mundo, prometen prosperidad a cambio de ofrendas o fundan su propia iglesia en torno a su persona.

    Pero la Escritura no nos pide desconfiar de todo. Dios sigue dando a su Iglesia el don de profecía (véase “¿Cesaron los dones del Espíritu Santo?”), y san Pablo pide “no despreciar las profecías”, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno (1 Tes 5,20-21). Por eso este tema no busca alimentar la sospecha, sino ofrecer los criterios que la propia Escritura da para distinguir lo verdadero de lo falso.1

    I. Jesús lo advirtió

    «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.» — Mateo 7,15-16

    «Entonces, si alguno os dice: “Mirad, el Cristo está aquí o allí”, no lo creáis. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes signos y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. ¡Mirad que os lo he predicho!» — Mateo 24,23-25

    Jesús no dice que los falsos profetas se presentarán como lobos, sino “con disfraces de ovejas”. Su apariencia será buena: hablarán de Dios, citarán la Biblia, harán prodigios. Y advierte que su engaño será tan fuerte que podría engañar “a los mismos elegidos”. Por eso dice: “Os lo he predicho”. El cristiano avisado no se sorprende.

    II. Ayer en Israel, hoy en la Iglesia

    «Porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo han hablado de parte de Dios. Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje, y por su culpa el camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; pero ya hace tiempo que su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida.» — 2 Pedro 1,21–2,3

    Pedro pone en contraste dos clases de profecía. La verdadera no nace “por voluntad humana”, sino del Espíritu Santo. La falsa nace del interés propio: introduce doctrinas que dividen, lleva a una vida desordenada y “trafica” con la fe por codicia. Y añade un detalle importante: por culpa de los falsos maestros, “el camino de la verdad será difamado”. Muchos rechazan a Cristo por el mal ejemplo de quienes usan su nombre.

    «No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan. Os están embaucando. Os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de Yahvé… No envié yo a los profetas, y ellos corrieron. No les hablé, y ellos profetizaron.» — Jeremías 23,16.21

    Ya en tiempos de Jeremías había profetas que hablaban de sus propias fantasías y se presentaban como enviados de Dios sin que Dios los hubiera enviado.

    III. Primer criterio: lo que enseñan sobre Cristo

    «Queridos, no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo. Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios.» — 1 Juan 4,1-3

    El primer criterio es la doctrina, sobre todo lo que se enseña acerca de Cristo. Quien niega que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, o lo reduce a una criatura, o añade a su revelación un nuevo mesías, no viene de Dios, por muy espiritual que parezca (véanse “Jesús es Dios” y “La doctrina importa”).

    «Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!» — Gálatas 1,8

    Pablo es tajante: ni siquiera un ángel podría cambiar el Evangelio recibido. Ninguna “nueva revelación” puede contradecir la fe de los apóstoles.

    «Si surge en medio de ti un profeta o un vidente en sueños, que te anuncia una señal o un prodigio, y se cumple la señal o el prodigio que te había anunciado, y te dice: “Vamos en pos de otros dioses, que tú no conoces, y sirvámosles”, no escucharás las palabras de ese profeta… porque Yahvé vuestro Dios os pone a prueba.» — Deuteronomio 13,2-4

    Este texto es muy importante: aunque un profeta haga una señal y se cumpla, si lleva a apartarse del verdadero Dios, es falso. La doctrina pesa más que los prodigios.

    IV. Segundo criterio: ¿se cumple lo que anuncian?

    «Si te preguntas en tu corazón: “¿Cómo sabremos que esta palabra no la ha dicho Yahvé?”, si ese profeta habla en nombre de Yahvé y lo que dice queda sin efecto y no se cumple, es una palabra que no ha dicho Yahvé.» — Deuteronomio 18,21-22

    Quien anuncia en nombre de Dios algo que no se cumple, no habló de parte de Dios. La historia reciente tiene muchos ejemplos de quienes fijaron fechas para la segunda venida de Cristo o para el fin del mundo. William Miller anunció la venida de Cristo para 1844, y de ese “Gran Chasco” nacieron los adventistas. Los Testigos de Jehová, por su parte, alimentaron grandes expectativas sobre 1914, 1925 y 1975. Jesús ya había dicho: “De aquel día y hora, nadie sabe nada” (Mt 24,36; véase “El Anticristo y los últimos tiempos”).

    V. Tercer criterio: los frutos

    «Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos.» — Mateo 7,16-17

    El árbol se conoce por sus frutos. ¿La enseñanza de este “profeta” produce conversión, humildad, caridad, unidad y fidelidad? ¿O produce orgullo, miedo, dependencia del líder, divisiones y una vida desordenada? Pedro advierte que muchos seguirán el “libertinaje” de los falsos maestros (2 Pe 2,2).

    La Didaché, un escrito cristiano del siglo I, ya daba este criterio para reconocer a los profetas que pasaban por las comunidades: no todo el que habla en el Espíritu es profeta, sino el que vive como vivió el Señor.2

    VI. Cuarto criterio: el dinero

    «Sus jefes juzgan por soborno, sus sacerdotes enseñan por salario, sus profetas vaticinan por dinero.» — Miqueas 3,11

    «Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas.» — 2 Pedro 2,3

    Uno de los signos más claros del falso profeta es el uso de la fe para enriquecerse. Pablo habla de quienes enseñan “por torpe ganancia” (Tit 1,11). La Didaché lo decía sin rodeos: si un profeta pide dinero para sí mismo, es un falso profeta.2 Hoy esto se ve en quienes prometen milagros, sanaciones o prosperidad a cambio de ofrendas, o venden objetos “ungidos” para obtener bendiciones (véase “El diezmo”).

    VII. Quinto criterio: dicen lo que la gente quiere oír

    «Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio.» — 2 Timoteo 4,3-5

    El falso profeta no suele imponerse a la fuerza: muchas veces lo buscan quienes quieren escuchar lo que les agrada. Los profetas de la época de Jeremías decían a quienes despreciaban a Dios: “Paz tendréis” (Jer 23,17). El verdadero profeta, en cambio, anuncia también lo que incomoda, llama a la conversión y a la cruz. Pablo no le pide a Timoteo que busque novedades, sino que permanezca fiel aunque tenga que sufrir.

    VIII. Sexto criterio: se envían a sí mismos

    «Conozco tu conducta: tus fatigas y tu paciencia. Sé que no puedes soportar a los malvados y que pusiste a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo, hasta que descubriste su engaño.» — Apocalipsis 2,2

    Cristo alaba a la Iglesia de Éfeso por haber puesto a prueba a quienes “se llaman apóstoles sin serlo”. No basta con autoproclamarse apóstol o profeta.

    «Porque esos tales son unos falsos apóstoles, unos trabajadores engañosos que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y nada tiene de extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz.» — 2 Corintios 11,13-14

    En la Iglesia, la misión no se toma: se recibe. Incluso san Pablo, que fue llamado directamente por Cristo, buscó la comunión con Pedro y los apóstoles (véase “San Pablo: ¿un llamado sin Iglesia?”).

    IX. Los signos no bastan

    «La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de perder por no haber aceptado el amor de la verdad.» — 2 Tesalonicenses 2,9-10

    «Y vi que de la boca del Dragón, de la boca de la Bestia y de la boca del falso profeta salían tres espíritus inmundos como ranas. Son espíritus de demonios, que realizan señales y van donde los reyes de todo el mundo para convocarlos a la guerra del gran Día del Dios Todopoderoso.» — Apocalipsis 16,13-14

    La imagen del Apocalipsis es elocuente: de la boca del falso profeta salen “espíritus inmundos como ranas”, espíritus de demonios. Su palabra no viene de Dios, sino del enemigo. Y esos espíritus “realizan señales”. Los prodigios, por sí solos, no prueban que algo venga de Dios.

    «Pero la Bestia fue capturada, y con ella el falso profeta, el que había realizado al servicio de la Bestia los signos con que seducía a los que habían aceptado la marca de la Bestia y a los que adoraban su imagen. Los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego que arde con azufre.» — Apocalipsis 19,20

    El final del falso profeta está escrito. Por mucho que seduzca con signos, su engaño tiene fin.

    X. Apartar de la fe y dividir

    «Después de atravesar toda la isla, llegaron a Pafos, donde encontraron a un mago, un falso profeta judío, llamado Barjesús, que vivía con el procónsul Sergio Paulo, un hombre prudente. Este, deseoso de escuchar la palabra de Dios, mandó llamar a Bernabé y a Saulo. Pero se les oponía el mago Elimas, eso quiere decir su nombre, que intentaba apartar al procónsul de la fe.» — Hechos 13,6-8

    El episodio termina con la victoria de la verdad: Pablo, “lleno de Espíritu Santo”, desenmascara a Elimas, que queda ciego por un tiempo, y “el procónsul creyó, impresionado por la doctrina del Señor” (Hch 13,9-12). El falso profeta busca apartar de la fe a quien quiere escuchar la Palabra de Dios. Y la respuesta de Pablo no es solo un argumento, sino el poder del Espíritu y la claridad de la doctrina.

    «Y también de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí.» — Hechos 20,30

    «Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido… Esos tales no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio vientre, y por medio de suaves palabras y lisonjas seducen los corazones de los sencillos.» — Romanos 16,17-18

    Otro signo del falso profeta: arrastra a los discípulos “detrás de sí”, no detrás de Cristo. Crea grupos centrados en su persona, separa a las personas de la comunidad y de su familia, y siembra división.

    XI. “Doctrinas diabólicas”

    «El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas, por la hipocresía de embaucadores que tienen marcada a fuego su propia conciencia; estos prohíben el matrimonio y el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los creyentes.» — 1 Timoteo 4,1-3

    Pablo advierte que detrás de algunas enseñanzas hay “espíritus engañadores”. Y da un ejemplo de su tiempo: grupos que consideraban malo el matrimonio y ciertos alimentos, porque despreciaban el cuerpo y la creación.

    Algunos usan este texto contra la Iglesia católica, por el celibato de los sacerdotes y la abstinencia de carne en algunos días. Pero la Iglesia no prohíbe el matrimonio: lo considera un sacramento. El celibato es una vocación que se elige libremente, como la vivieron Pablo y Jesús mismo (véase “El celibato sacerdotal”). Y la abstinencia no se hace porque la carne sea mala, sino como una renuncia voluntaria a algo bueno, por amor a Dios. Precisamente porque la Iglesia afirma que “todo lo que Dios ha creado es bueno” (1 Tim 4,4), la renuncia tiene valor.3

    XII. ¿También entre los católicos?

    Sí. Estos criterios valen para todos, también dentro de la Iglesia. Hay supuestos videntes, mensajes, apariciones o predicadores que la Iglesia no ha reconocido, o que incluso ha declarado falsos. Por eso la Iglesia examina con mucha prudencia los fenómenos que se presentan como sobrenaturales, y en 2024 publicó nuevas normas para discernirlos. Además, enseña que ninguna revelación privada puede corregir o completar la Revelación de Cristo, sino solo ayudar a vivirla mejor.4 Un católico que corre detrás de cada mensaje nuevo, sin atender al juicio de la Iglesia, se expone al mismo engaño.

    XIII. Cómo protegerse

    «Para que no seamos ya niños, llevados a la deriva y zarandeados por cualquier viento de doctrina, a merced de la malicia humana y de la astucia que conduce engañosamente al error.» — Efesios 4,14

    1. Conocer bien la fe. Quien no conoce la doctrina queda a merced de “cualquier viento”. Leer la Escritura y el Catecismo es la mejor defensa.

    2. Examinar con la Palabra de Dios, como los cristianos de Berea, que examinaban “cada día las Escrituras para ver si las cosas eran así” (Hch 17,11).

    3. Aplicar los criterios: ¿qué dice sobre Cristo? ¿Se cumple lo que anuncia? ¿Qué frutos produce? ¿Pide dinero? ¿Dice solo lo que agrada? ¿Quién lo envió?

    4. Permanecer en la comunión de la Iglesia, “columna y fundamento de la verdad” (1 Tim 3,15), y no buscar maestros a la medida de los propios gustos.

    5. No despreciar los dones verdaderos. “No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1 Tes 5,20-21).

    Conclusión

    • Jesús advirtió que vendrían falsos profetas con apariencia de ovejas, capaces de engañar con signos (Mt 7,15; 24,24).

    • El primer criterio es la doctrina: quien niega a Cristo o cambia el Evangelio no viene de Dios, aunque haga prodigios (1 Jn 4,2-3; Gál 1,8; Dt 13,2-4).

    • Lo que se anuncia en nombre de Dios y no se cumple no viene de Dios (Dt 18,22).

    • El árbol se conoce por sus frutos (Mt 7,16-17).

    • El falso profeta trafica con la fe por codicia (2 Pe 2,3; Miq 3,11).

    • Dice lo que la gente quiere oír (2 Tim 4,3-4).

    • Se envía a sí mismo, y Satanás se disfraza de ángel de luz (Ap 2,2; 2 Cor 11,13-14).

    • Los signos no bastan: de la boca del falso profeta salen espíritus de demonios que hacen señales (Ap 16,13-14).

    • Busca apartar de la fe y arrastrar a los discípulos detrás de sí (Hch 13,8; 20,30).

    • Su fin está escrito (Ap 19,20).

    No es lo mismo un profeta que habla de Dios que un profeta que habla de parte de Dios. El primero puede usar todas las palabras correctas y citar la Biblia; el segundo, además, enseña la verdad de Cristo, vive como Él y lleva a los demás hacia Él, no hacia sí mismo.

    Y una advertencia pastoral. Hay que distinguir entre el falso profeta y quienes lo siguen. Muchas personas que siguen a falsos maestros son sencillas y sinceras, y buscan a Dios de verdad. A ellas no se las combate: se las acompaña con paciencia y caridad. E incluso por los falsos profetas hay que orar, porque también ellos están llamados a la conversión.


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 67, 801 y 2089.

    2 Didaché, 11, 8-12. Véase también Hermas, El Pastor, Mandamiento 11, que también da criterios para distinguir al verdadero profeta del falso.

    3 CEC, n. 1618-1620 y 2043.

    4 CEC, n. 67. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (17 de mayo de 2024).

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

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    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.