Pestañas abiertas

1 abierta

    Ira Santa de Dios

    Introducción

    En un diálogo con los Testigos de Jehová surgió la afirmación de que Dios no se enoja, que en Él solo hay misericordia. Según esta idea, el amor de Dios no dejaría lugar para la corrección, el castigo ni la condenación.

    La Escritura presenta un cuadro más completo: Dios es misericordioso, pero también es santo y justo, y su amor no es indiferente ante el mal. Veamos qué dice la Biblia sobre la ira de Dios y cómo se relaciona con su misericordia.

    Así se describe Dios a sí mismo

    «Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por mil generaciones y perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes…» — Éxodo 34,6-7

    Cuando Dios se revela a Moisés en el Sinaí, se describe con sus propias palabras, y en la misma frase une misericordia y justicia. Es “rico en amor” y “perdona”, pero “no deja impune” el pecado. Quien se queda solo con la primera mitad del versículo no está describiendo al Dios de la Biblia, sino a uno a su medida.1

    El mismo Dios en el Antiguo y en el Nuevo Testamento

    «Yahvé tardo a la cólera, pero grande en poder, y a nadie deja impune Yahvé.» — Nahúm 1,3

    Dios es paciente, “tardo a la cólera”, pero no ignora la culpa. No es que el Dios del Antiguo Testamento sea “el enojado” y el del Nuevo “el amoroso”: es el mismo Dios, con el mismo carácter. Su paciencia no es ausencia de ira, sino ira contenida por misericordia, que espera nuestro arrepentimiento (2 Pe 3,9).2

    Dios no se complace en castigar

    «Por mi vida, oráculo del Señor Yahvé, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva.» — Ezequiel 33,11

    La ira de Dios no es como la de un tirano que disfruta castigando. Lo que Dios desea es que el pecador se convierta y viva. Por eso la ira y la misericordia no compiten: ambas buscan lo mismo, apartarnos del mal que nos destruye. Dios no predestina a nadie a la condenación; quien se pierde es porque rechaza hasta el final su amor.3

    Dios se enoja porque es santo

    «En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia.» — Romanos 1,18

    La ira divina no es un arrebato emocional como la nuestra, sino la reacción de un Dios santo frente al mal. Un juez que ve maltratar a un niño y no siente ninguna indignación no es “muy tolerante”: es un mal juez. Dios se enoja precisamente porque le importan la justicia y el bien de las personas. Los Padres de la Iglesia lo explicaron así: en Dios la ira no es una pasión que lo perturba, sino su justicia que se opone al pecado.4

    También Jesús se enojó

    «Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: “Extiende la mano.”» — Marcos 3,5

    Quien piensa que Jesús “solo trajo amor” debe leer este versículo. Jesús mira con ira a quienes preferían que un enfermo siguiera sufriendo antes que verlo sanado en sábado. Y fíjate en el detalle: su ira va unida a la tristeza por la dureza de su corazón. Lo mismo vemos cuando expulsa a los mercaderes del templo (Jn 2,15-17). La ira santa no odia a la persona: se duele por el mal que la está destruyendo.5

    La corrección es prueba de amor

    «Pues el Señor corrige a quien ama, y azota a todos los hijos que reconoce.» — Hebreos 12,6

    Un padre que ama a su hijo no lo deja hacer lo que quiera; precisamente porque lo ama, lo corrige. Si Dios “solo amara” en el sentido sentimental que algunos plantean, sería un padre negligente. El amor bíblico incluye disciplina, y la disciplina supone que hay algo que corregir: el pecado.

    La ira de Dios sigue vigente

    «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.» — Juan 3,36

    Fíjate en el tiempo verbal: no dice que la ira “vendrá algún día”, sino que “permanece” sobre quien rechaza al Hijo. Y lo dice el Evangelio de Juan, el que más habla del amor de Dios, en el mismo capítulo de “tanto amó Dios al mundo” (Jn 3,16). Amor e ira conviven sin contradicción. Quien rechaza la gracia, en el fondo, se juzga a sí mismo.6

    La cruz: Dios nos salva de la ira

    «A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.» — 2 Corintios 5,21

    «Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la ira!» — Romanos 5,8-9

    Si no hubiera pecado ni ira de la que ser salvados, la cruz no tendría sentido. Jesús, que no tenía pecado, cargó con las consecuencias del nuestro y ofreció su vida al Padre en un acto de amor y obediencia que repara nuestra desobediencia.7 La cruz es al mismo tiempo la prueba más grande de que el pecado es grave y la prueba más grande de que Dios nos ama. Decir que “Dios no se enoja” es, sin darse cuenta, vaciar la cruz de sentido.

    No hay condenación en Cristo, pero sí fuera de Él

    «Por consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús.» — Romanos 8,1

    Este versículo se cita a menudo para decir que “no hay condena”. Es cierto, pero tiene una condición: “para los que están en Cristo Jesús”. La promesa no es universal y automática, sino para quienes están unidos a Cristo por la fe y la gracia. Aplicarla a todos, crean o no, es sacarla de su contexto.8

    Conclusión

    • Dios mismo se revela como misericordioso y justo a la vez (Éx 34,6-7; Nah 1,3).

    • No se complace en castigar: su deseo es que el pecador se convierta y viva (Ez 33,11).

    • Su ira no es un arrebato, sino la reacción de su santidad contra el mal (Rom 1,18), y también Jesús la manifestó (Mc 3,5).

    • La corrección es prueba de amor, no de rechazo (Heb 12,6).

    • La ira de Dios no es cosa del Antiguo Testamento: sigue vigente para quien rechaza al Hijo (Jn 3,36).

    • La cruz solo tiene sentido si había algo de qué ser salvados (2 Cor 5,21; Rom 5,9).

    • “No hay condenación” es una promesa para los que están en Cristo (Rom 8,1).

    No es lo mismo un padre permisivo que un padre amoroso. El permisivo deja que su hijo se destruya para no incomodarlo; el amoroso corrige, advierte y, si hace falta, se enoja, porque le importa su destino. Dios no es un abuelo bonachón que hace la vista gorda: es un Padre santo cuyo amor incluye advertencias reales.

    Su justicia y su misericordia no se contradicen: son dos caras del mismo amor.9 Y mientras dura nuestra vida, la puerta de la misericordia sigue abierta para quien se arrepiente.


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 210-211.

    2 Sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento: san Juan Pablo II, encíclica Dives in misericordia (1980), n. 4.

    3 CEC, n. 1037, que cita 2 Pe 3,9. Sobre el infierno como autoexclusión libre y definitiva: CEC, n. 1033.

    4 Lactancio escribió un tratado entero para refutar la idea de que Dios no se enoja: La ira de Dios (c. 313). Cf. también san Agustín, La Ciudad de Dios, XV, 25; santo Tomás de Aquino, Suma Teológica I, q. 3, a. 2, ad 2.

    5 Sobre la ira legítima que busca corregir el mal, distinta de la ira pecaminosa: CEC, n. 2302.

    6 CEC, n. 679. Sobre el juicio final: CEC, n. 1038-1041.

    7 Jesús “no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado”: CEC, n. 603. Sobre la muerte de Cristo como sacrificio que expía y repara: CEC, n. 613-617.

    8 Sobre la justificación por la gracia mediante la fe y el bautismo: CEC, n. 1987-1992.

    9 Benedicto XVI, encíclica Spe salvi (2007), n. 44 y 47, sobre la unión de justicia y gracia en el juicio de Dios. Francisco, bula Misericordiae vultus (2015), n. 20-21, sobre la relación entre justicia y misericordia.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.