Pestañas abiertas

1 abierta

    Los 144.000 y la gran muchedumbre

    Introducción

    Una de las enseñanzas más características de los Testigos de Jehová es la división de los salvados en dos grupos:

    • Los 144.000 “ungidos”, un número literal de personas escogidas desde Pentecostés, que irán al cielo para gobernar con Cristo como reyes y sacerdotes.

    • La “gran muchedumbre” o las “otras ovejas”, que son la inmensa mayoría de los Testigos. No irán al cielo, sino que vivirán para siempre en una tierra convertida en paraíso.

    Esta enseñanza tiene una consecuencia muy concreta. En su Conmemoración anual de la muerte de Cristo, el pan y el vino pasan de mano en mano, pero solo comen y beben quienes se consideran parte de los 144.000. Según su propio informe de 2024, de más de 21 millones de asistentes, solo 23.212 participaron del pan y del vino.1

    La idea de dos grupos con destinos distintos se fijó en 1935, cuando el presidente de la organización, Joseph F. Rutherford, enseñó que la gran muchedumbre de Apocalipsis 7 era una clase terrenal, distinta de los 144.000.2 Veamos si eso es lo que enseña el texto bíblico.

    I. Leer el capítulo completo

    «Y oí el número de los marcados con el sello: ciento cuarenta y cuatro mil sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel.» — Apocalipsis 7,4

    «Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con fuerte voz: “La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.”» — Apocalipsis 7,9-10

    Hay un detalle que suele pasar inadvertido. Juan oye un número: 144.000 de las tribus de Israel. Y después mira y ve una muchedumbre incontable de todas las naciones. El Apocalipsis usa este mismo recurso en otro lugar:

    «“Mira, ha triunfado el León de la tribu de Judá”… Y vi… un Cordero, como degollado.» — Apocalipsis 5,5-6

    Juan oye hablar de un León y ve un Cordero. No son dos personajes distintos, sino el mismo Cristo visto bajo dos imágenes: lo que se oye se entiende a la luz de lo que se ve. Muchos estudiosos de la Biblia leen Apocalipsis 7 de la misma manera: los 144.000 y la gran muchedumbre son el mismo pueblo de Dios, visto primero como el Israel completo y después en su realidad universal, con hombres y mujeres de todas las naciones.3

    Por eso la Iglesia proclama precisamente este texto en la solemnidad de Todos los Santos: los 144.000 y la muchedumbre incontable son la imagen de todos los redimidos.

    II. Si el número es literal, ¿por qué el resto no?

    Los Testigos leen el número 144.000 de forma literal. Pero el mismo pasaje dice mucho más:

    • Son “de todas las tribus de los hijos de Israel”, y el texto da una lista exacta: 12.000 de cada una de las doce tribus (Ap 7,5-8). Si el número es literal, las tribus también deberían serlo, y entonces los 144.000 tendrían que ser judíos. Pero los Testigos enseñan que son cristianos de cualquier nación.

    • La lista de las tribus es extraña: falta la tribu de Dan, aparece José en lugar de Efraín, y se incluye a Leví, que normalmente no se contaba entre las tribus con herencia. Es una lista construida con un sentido simbólico.

    «Seguí mirando y había un Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil… Estos son los que no se mancharon con mujeres, pues son vírgenes.» — Apocalipsis 14,1.4

    Si todo se lee literalmente, los 144.000 tendrían que ser además varones que nunca se casaron. Sin embargo, los Testigos incluyen entre ellos a mujeres y a personas casadas. No se puede tomar literalmente el número y simbólicamente todo lo demás.

    III. Los números del Apocalipsis

    El Apocalipsis es un libro lleno de símbolos, y sus números tienen sentido teológico más que aritmético: el 7 es la plenitud, y el 12 es el pueblo de Dios, como las doce tribus y los doce apóstoles. El 144.000 resulta de multiplicar 12 por 12 y por 1.000, la cifra de lo inmenso: es la imagen del pueblo de Dios completo, de la Antigua y de la Nueva Alianza, sin que falte nadie (véase el tema “El Anticristo y los últimos tiempos”, sobre los “mil años”).4

    IV. ¿Dónde está la gran muchedumbre?

    Los Testigos enseñan que la gran muchedumbre vivirá en la tierra. Pero el texto dice que está “de pie delante del trono y el Cordero” (Ap 7,9), y en el Apocalipsis el trono de Dios está en el cielo (Ap 4,1-2).

    «Por esto están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su Santuario.» — Apocalipsis 7,15

    La palabra griega que se traduce como “santuario” (naós) es la misma que el Apocalipsis usa para el santuario de Dios en el cielo: “se abrió el Santuario de Dios en el cielo” (Ap 11,19; cf. 14,17; 15,5).

    «Después oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: “¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios.”» — Apocalipsis 19,1

    El mismo libro sitúa expresamente “en el cielo” a una muchedumbre inmensa que alaba a Dios. El Catecismo presenta a los 144.000 y a la muchedumbre inmensa juntos, como participantes de la misma liturgia del cielo.5

    V. Un solo rebaño

    «También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.» — Juan 10,16

    Los Testigos identifican a las “otras ovejas” con la clase terrenal. Pero en el contexto, Jesús habla a los judíos, y “este redil” es Israel. Las “otras ovejas” son los paganos que creerían en Él. Y el versículo termina con una frase decisiva: “habrá un solo rebaño, un solo pastor”. Jesús no anuncia dos rebaños con destinos distintos, sino uno solo.

    «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino.» — Lucas 12,32

    El “pequeño rebaño” eran los discípulos que seguían a Jesús, pocos y amenazados, a quienes anima a no tener miedo. No es el nombre técnico de una clase de 144.000 personas.

    VI. Todos estamos llamados a nacer de nuevo

    «Respondió Jesús: “En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.”» — Juan 3,5

    Los Testigos enseñan que solo los 144.000 “nacen de nuevo”. Pero Jesús es tajante: quien no nazca de nuevo “no puede entrar en el Reino de Dios”. No deja espacio para una mayoría de salvados que no hayan nacido de nuevo.6

    «En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios… El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo.» — Romanos 8,14.16-17

    Pablo dice “todos los que son guiados por el Espíritu”. No habla de una élite, sino de todos los creyentes: todos son hijos de Dios y coherederos de Cristo. Y en Cristo “ya no hay judío ni griego… ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3,28).

    VII. “Bebed de ella todos”

    «Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: “Bebed de ella todos.”» — Mateo 26,27

    «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.» — Juan 6,53

    Este es quizá el argumento más claro para el diálogo. Jesús dijo “bebed de ella todos”, y advirtió que quien no come su carne ni bebe su sangre “no tiene vida”. Sin embargo, la doctrina de los Testigos hace que casi todos sus miembros, millones de personas, pasen el pan y el vino sin tomarlos, año tras año. Cuando la doctrina obliga a no hacer lo que Jesús mandó hacer a todos, hay que revisar la doctrina, no el mandato de Jesús.7

    VIII. Un pueblo de sacerdotes

    «Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido.» — 1 Pedro 2,9

    Los Testigos enseñan que solo los 144.000 serán reyes y sacerdotes. Pero Pedro escribe a todos los cristianos de varias regiones (1 Pe 1,1), no a un grupo especial, y los llama a todos “sacerdocio real”.8

    «Porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes.» — Apocalipsis 5,9-10

    El Reino de sacerdotes está formado por hombres “de toda raza, lengua, pueblo y nación”: la misma descripción de la gran muchedumbre (Ap 7,9). No son dos grupos, sino el mismo pueblo.

    IX. La esperanza cristiana: cielo nuevo y tierra nueva

    «Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él, Dios-con-ellos, será su Dios.”» — Apocalipsis 21,1.3

    Hay algo de verdad en la esperanza de los Testigos en una tierra renovada. La fe católica también espera la resurrección de los cuerpos y “un cielo nuevo y una tierra nueva”, en los que Dios habitará con su pueblo.9 Pero la Escritura no presenta dos clases de salvados, unos arriba y otros abajo. Presenta un solo pueblo, reunido con Dios en una creación renovada, donde el cielo y la tierra ya no estarán separados.

    «Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo.» — Filipenses 3,20

    Pablo dice “nosotros”, hablando a toda la comunidad de Filipos: todos los cristianos son “ciudadanos del cielo”, y todos esperan estar “siempre con el Señor” (1 Tes 4,17).

    Más que discutir, conviene hacer preguntas que inviten a releer el texto:

    1. Si el número 144.000 es literal, ¿por qué no lo son también las doce tribus de Israel y la virginidad de Apocalipsis 14,4?

    2. Si la gran muchedumbre está “delante del trono” y sirve a Dios “en su santuario”, ¿dónde está ese trono, según Apocalipsis 4?

    3. Si Jesús dijo “habrá un solo rebaño”, ¿por qué dividir a sus ovejas en dos grupos con destinos distintos?

    4. Si Jesús dijo “bebed de ella todos”, ¿por qué la mayoría de los Testigos no toma el pan y el vino?

    Conclusión

    • Juan oye el número de los 144.000 y ve la muchedumbre incontable, como oye al León y ve al Cordero: es el mismo pueblo de Dios visto bajo dos imágenes (Ap 7,4.9).

    • No se puede tomar literalmente el número y simbólicamente las tribus y la virginidad (Ap 7,5-8; 14,4).

    • En el Apocalipsis, los números son símbolos: el 144.000 es el pueblo de Dios completo.

    • La gran muchedumbre está delante del trono de Dios, en su santuario, y el mismo libro la sitúa “en el cielo” (Ap 7,15; 19,1).

    • Jesús anunció “un solo rebaño, un solo pastor” (Jn 10,16).

    • Todos los creyentes deben nacer de nuevo, son hijos de Dios y forman un sacerdocio real (Jn 3,5; Rom 8,14-17; 1 Pe 2,9).

    • Jesús mandó a todos comer su cuerpo y beber su sangre (Mt 26,27; Jn 6,53).

    No es lo mismo un padre que reparte su herencia entre todos sus hijos que uno que la reserva para unos pocos y deja a los demás como siervos. Dios no tiene hijos de primera y de segunda: todos los que creen en Cristo son hijos y herederos, llamados a vivir para siempre con Él.


    Notas bibliográficas

    1 Testigos de Jehová, Informe mundial del año de servicio 2024. Sobre su doctrina, véanse los artículos de jw.org sobre los 144.000 y la gran muchedumbre.

    2 La doctrina se fijó en el discurso de Joseph F. Rutherford en la asamblea de Washington, en 1935.

    3 Biblia de Jerusalén, notas a Ap 7.

    4 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 1042-1050. Véase también el tema “El Anticristo y los últimos tiempos”.

    5 CEC, n. 1138. Misal Romano, solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre), primera lectura: Ap 7,2-4.9-14.

    6 Sobre el bautismo como nuevo nacimiento: CEC, n. 1213-1215 y 1265.

    7 Sobre la comunión eucarística: CEC, n. 1384 y 1388. Véase también el tema “El verdadero culto”.

    8 Sobre el sacerdocio común de los fieles: CEC, n. 1546-1547.

    9 CEC, n. 1042-1047.


    Sources:

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.