Pestañas abiertas

1 abierta

    «La Biblia no se hizo para pelear»

    Introducción

    Es una frase que se escucha a menudo, a veces en boca de hermanos separados y a veces de los mismos católicos: “La Biblia no se hizo para pelear”, “las religiones no son para discutir”, “hay que respetar lo que cada uno cree y no meterse”. Con esa frase se intenta cerrar cualquier conversación sobre la verdad de la fe.

    La frase tiene una parte de verdad: la Escritura condena las peleas, los insultos y las discusiones inútiles. Pero también enseña que hay que conocer, anunciar y defender la fe, y refutar el error. La clave está en distinguir entre pelear contra las personas y luchar por la verdad.

    I. Lo que la frase tiene de verdad

    «Evita las discusiones necias y estúpidas; tú sabes bien que engendran altercados. Y a un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable con todos, pronto a enseñar, sufrido, y que corrija con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad.» — 2 Timoteo 2,23-25

    Pablo pide a Timoteo evitar las discusiones “necias y estúpidas” y no “altercar”. Las peleas, los gritos, los insultos y el deseo de humillar al otro no vienen de Dios: las “contiendas” están entre las obras de la carne (Gál 5,20). Y el objetivo no es ganar una discusión, sino que el otro llegue a la verdad: “por si Dios les otorga la conversión”.

    Pero fijémonos el mismo texto pide: “pronto a enseñar” y “que corrija con mansedumbre a los adversarios”. Pablo no dice que no haya que corregir, sino cómo hacerlo.

    II. La Biblia manda defender la fe

    «Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza. Pero hacedlo con dulzura y respeto.» — 1 Pedro 3,15-16

    La palabra griega que se traduce como “respuesta” es apología, que significa “defensa”. De ahí viene la palabra “apologética”: la defensa razonada de la fe. Pedro no se la pide solo a los apóstoles, sino a todos los cristianos: “siempre dispuestos”. Y pide hacerlo “con dulzura y respeto”.

    «Partícipes como sois todos de mi gracia, tanto en mis cadenas como en la defensa y consolidación del Evangelio… sabiendo que yo estoy puesto para defender el Evangelio.» — Filipenses 1,7.16

    Pablo dice que su misión es “defender el Evangelio”, y usa la misma palabra: apología.

    «Queridos, tenía yo mucho empeño en escribiros acerca de nuestra común salvación y me he visto en la necesidad de hacerlo para exhortaros a combatir por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre.» — Judas 3

    Judas pide “combatir por la fe”. No contra las personas, sino por la fe recibida de los apóstoles, para que no se pierda ni se deforme.1

    III. Jesús respondió con la Escritura

    «Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.” Jesús le dijo: “También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.”» — Mateo 4,5-7

    El diablo tentó a Jesús citando la Escritura, y la citó torcida. Jesús no respondió “la Biblia no se hizo para discutir”, sino “también está escrito”. Corrigió el mal uso de la Palabra con la misma Palabra, bien entendida.

    Jesús también discutió con los fariseos, los escribas y los saduceos. A los saduceos les dijo: “Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios” (Mt 22,29). Y les explicó la Escritura (véase “«Esa palabra no está en la Biblia»”).

    IV. Pablo discutía “según su costumbre”

    «Pablo, según su costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos basándose en las Escrituras, explicándolas y probando que el Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos.» — Hechos 17,2-3

    Para Pablo, discutir con las Escrituras era una “costumbre”. En Atenas “discutía en la sinagoga… y diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban” (Hch 17,17). En Éfeso, durante tres meses, “discutía acerca del Reino de Dios e intentaba convencerles”, y después lo hizo cada día durante dos años en la escuela de Tirano (Hch 19,8-10). Pablo no evitaba el diálogo sobre la verdad: lo buscaba.

    V. Apolos refutaba en público

    «Un judío, llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre elocuente, que dominaba las Escrituras, llegó a Éfeso… Al oírle Priscila y Áquila, le tomaron consigo y le expusieron más exactamente el Camino… fue de gran provecho, con el auxilio de la gracia, a los que habían creído; pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que el Cristo era Jesús.» — Hechos 18,24.26-28

    Este pasaje enseña dos cosas. La primera: Apolos “refutaba vigorosamente en público”, y eso fue “de gran provecho” para los creyentes. La segunda, tan importante como la anterior: antes, Apolos se dejó corregir por Priscila y Áquila, que le explicaron “más exactamente el Camino”. Quien defiende la fe debe estar dispuesto también a aprender y a ser corregido.

    VI. “Refutar a los que contradicen”

    «Que esté adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que contradicen. Digo esto porque hay muchos rebeldes, vanos habladores y embaucadores, sobre todo entre los partidarios de la circuncisión, a quienes es menester tapar la boca, porque son hombres que trastornan familias enteras, enseñando por torpe ganancia lo que no deben… Por tanto, repréndeles severamente, a fin de que conserven sana la fe y no den oídos a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.» — Tito 1,9-11.13-14

    Pablo pide a los responsables de la Iglesia ser capaces de “refutar a los que contradicen”, porque hay quienes “trastornan familias enteras”. Es una realidad que se vive en muchas familias colombianas, divididas por la religión.

    Pero el texto también muestra el objetivo de la corrección: “a fin de que conserven sana la fe”. Se corrige para sanar, no para humillar.

    VII. “Insiste a tiempo y a destiempo”

    «Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana… Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio.» — 2 Timoteo 4,2-3.5

    Pablo pide anunciar la Palabra “a tiempo y a destiempo”, es decir, cuando nos quieren escuchar y cuando no. Pide también “reprender” y “exhortar”. Pero añade dos condiciones: “con toda paciencia” y “con doctrina”. Paciencia, porque nadie cambia de un día para otro. Y doctrina, porque no se trata de defender opiniones propias, sino la enseñanza de la Iglesia.

    VIII. ¿Y el ecumenismo?

    Algunos católicos piensan que el ecumenismo consiste en no hablar nunca de las diferencias, o en ir a los cultos de otras comunidades como si todo fuera igual. Pero eso no es lo que enseña la Iglesia.

    El Concilio Vaticano II enseña que en el diálogo con los hermanos separados hay que exponer la doctrina católica con toda claridad, y que nada es tan ajeno al ecumenismo como un falso irenismo, es decir, una paz aparente que esconde la verdad. Pero pide también evitar las palabras, los juicios y los actos que no correspondan con justicia y verdad a la situación de los hermanos separados.2 Verdad y caridad van juntas.

    El ecumenismo tampoco significa dejar la Misa del domingo para ir a un culto. El Directorio de la Iglesia sobre el ecumenismo precisa cómo se puede orar con hermanos de otras comunidades, pero eso nunca sustituye la participación en la Eucaristía.

    Y defender la fe tampoco es hacer proselitismo agresivo. El papa Benedicto XVI dijo en Aparecida, y el papa Francisco lo repitió, que la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción: por el testimonio de una vida que muestra la belleza de Cristo.3

    IX. Cómo defender la fe sin pelear

    Se resume la apologética en cuatro pasos:

    1. Conocer la doctrina. Dios puso en la Iglesia “maestros” (1 Cor 12,28), y hay que dejarse formar por la Escritura, el Catecismo y la enseñanza de la Iglesia. Nadie puede defender lo que no conoce.

    2. Vivirla. El argumento más fuerte es una vida coherente. Un católico que defiende la fe con la Biblia pero no la vive no convence a nadie.

    3. Anunciarla. Con alegría, a tiempo y a destiempo, empezando por la propia familia.

    4. Defenderla. Con razones, con la Escritura y con la doctrina de la Iglesia, y siempre “con dulzura y respeto”.

    San Agustín dio una regla que resume el espíritu de la apologética: amar a las personas y combatir los errores.4 Y san Francisco de Sales, que en el siglo XVI devolvió a la fe católica a miles de calvinistas de la región de Chablais, decía que se atraen más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre.5

    «Antes bien, siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta Aquel que es la Cabeza, Cristo.» — Efesios 4,15

    Conclusión

    • La Biblia condena las peleas, los insultos y las discusiones necias (2 Tim 2,23; Gál 5,20).

    • Pero manda a todo cristiano dar razón de su esperanza, es decir, hacer apologética (1 Pe 3,15).

    • Pablo se presentaba como “puesto para defender el Evangelio”, y Judas pide “combatir por la fe” (Flp 1,16; Jds 3).

    • Jesús respondió al diablo con “también está escrito” (Mt 4,7).

    • Pablo discutía con las Escrituras “según su costumbre”, y Apolos refutaba en público (Hch 17,2; 18,28).

    • Los pastores deben “refutar a los que contradicen”, para que conserven sana la fe (Tit 1,9.13).

    • Hay que anunciar la Palabra “a tiempo y a destiempo”, con paciencia y con doctrina (2 Tim 4,2).

    • El verdadero ecumenismo une la claridad de la doctrina con la caridad hacia los hermanos.

    No es lo mismo pelear contra una persona que luchar por la verdad. Un médico que no le dice a su paciente que está enfermo, para no “pelear” con él, no lo está respetando: lo está abandonando. Pero un médico que lo insulta por estar enfermo tampoco lo cura. El buen médico dice la verdad con claridad, y la dice con cariño, porque quiere sanar.

    Defender la fe no es buscar enemigos, sino amar lo suficiente a los hermanos como para decirles la verdad. La meta nunca es ganar una discusión, sino ganar al hermano para Cristo. Y muchas veces, el que mejor defiende la fe no es el que más grita, sino el que mejor escucha, mejor conoce la Escritura y mejor vive lo que cree.


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 904-905 y 2472. Concilio Vaticano II, Decreto Apostolicam actuositatem (1965), n. 6, sobre el deber de los laicos de anunciar y defender la fe.

    2 Concilio Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio (1964), n. 4 y 11. Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo (1993). San Juan Pablo II, encíclica Ut unum sint (1995), n. 18.

    3 Benedicto XVI, homilía en la inauguración de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, Aparecida (13 de mayo de 2007). Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013), n. 14.

    4 San Agustín, Contra las cartas de Petiliano, I, 29, 31.

    5 Sobre san Francisco de Sales, patrono de los escritores y periodistas católicos: Pío XI, encíclica Rerum omnium perturbationem (1923).

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

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    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.