Pestañas abiertas

1 abierta

    Infierno

    Introducción

    Algunos grupos niegan la existencia del infierno como castigo eterno. Los Testigos de Jehová y los adventistas enseñan que los malvados simplemente dejan de existir, y a esto se le llama “aniquilacionismo”. Otros sostienen que al final todos se salvarán. Y muchos, sin pertenecer a ningún grupo, piensan que un Dios bueno no puede permitir una condenación eterna.

    La Iglesia enseña que el infierno existe, y lo define como el estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados, al que llega quien muere en pecado mortal sin arrepentirse y rechazando libremente hasta el final el amor misericordioso de Dios.1 Para entender lo que la Biblia enseña, hay que empezar por aclarar las palabras.

    I. Palabras que hay que distinguir

    La Biblia usa varias palabras que en español a veces se traducen todas como “infierno”, pero que no significan lo mismo:

    Palabra

    Qué significa

    Seol (hebreo, Antiguo Testamento)

    La morada de los muertos en general

    Hades (griego, Nuevo Testamento)

    El equivalente griego del Seol: el estado de los muertos antes del juicio final, donde ya hay distinción de destinos (Lc 16)

    Gehenna (del hebreo Ge-Hinnom, "valle de Hinnom")

    El castigo definitivo después del juicio

    Lago de fuego

    La imagen del Apocalipsis para ese mismo castigo definitivo

    Esta distinción es clave, porque quienes niegan el infierno suelen mezclar las palabras y decir: “el Seol es solo la tumba, luego no hay infierno”. Pero Jesús habla de la Gehenna, y la describe con rasgos que van mucho más allá de “dejar de existir”.

    «Han edificado los altos de Tofet, que está en el valle de Ben Hinnom, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego.» — Jeremías 7,31

    El valle de Hinnom, junto a Jerusalén, era el lugar donde algunos reyes de Israel habían ofrecido niños en sacrificio al ídolo Moloc (2 Re 23,10). Por eso se convirtió en una imagen del juicio de Dios contra el mal. La idea popular de que era un basurero que ardía día y noche aparece recién en la Edad Media, y no tiene base en los textos antiguos.2

    II. “Todo tu cuerpo”

    «Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.» — Mateo 5,29-30

    La orden de sacarse el ojo es una exageración para mostrar lo grave del pecado: nadie la entiende como un mandato literal. Pero el destino del que habla es real. Jesús compara dos pérdidas: perder un miembro o que “todo tu cuerpo” vaya a la Gehenna. Si la Gehenna fuera simplemente dejar de existir, la comparación perdería su fuerza.

    III. “Alma y cuerpo”

    «Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.» — Mateo 10,28

    Jesús distingue entre quienes pueden matar el cuerpo y Dios. Lo primero que enseña este texto es que hay algo que sobrevive a la muerte: el alma, que los hombres “no pueden matar”.

    Los aniquilacionistas usan este versículo, porque el verbo griego que se traduce como “llevar a la perdición” (apóllymi) también puede significar “destruir”. Pero ese verbo no significa necesariamente “dejar de existir”. Es el mismo que usa Jesús para la oveja “perdida” y para el hijo pródigo: “este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15,24). El hijo “perdido” no había dejado de existir: estaba lejos de su padre. Perderse, en el lenguaje de Jesús, es quedar lejos de Dios.

    IV. Una condena

    «¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?» — Mateo 23,33

    Jesús usa aquí la palabra griega krísis, “juicio” o “sentencia”. Es lenguaje de tribunal: hay un juicio y una sentencia, y esa sentencia es la Gehenna. No se trata de un simple apagarse, sino del veredicto de un juicio moral.

    V. El fuego que no se apaga

    «Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga… Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.» — Marcos 9,43.47-48

    Marcos usa dos imágenes de permanencia: un fuego que no se apaga y un gusano que no muere. Si la Gehenna fuera aniquilación, el fuego se apagaría cuando ya no quedara nada que quemar, y el gusano moriría cuando no tuviera nada que consumir. El texto dice lo contrario: describe algo que continúa, no algo que termina.

    «Y en saliendo, verán los cadáveres de aquellos que se rebelaron contra mí; su gusano no morirá, su fuego no se apagará.» — Isaías 66,24

    Jesús está citando este último versículo del libro de Isaías, que ya describía así el destino final de quienes se rebelan contra Dios.3

    VI. “El llanto y el rechinar de dientes”

    «Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.» — Mateo 8,11-12

    «El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.» — Mateo 13,41-42

    La misma expresión aparece en varias parábolas: la del banquete de bodas (Mt 22,13), la del siervo infiel (Mt 24,51) y la de los talentos (Mt 25,30). “El llanto y el rechinar de dientes” describe una experiencia consciente de dolor, de angustia y de frustración. Nadie llora ni rechina los dientes si ya no existe. Y la parábola del siervo infiel advierte que este destino no amenaza solo a “los de fuera”, sino también a quienes se dicen creyentes y no viven como tales: su suerte será la de “los hipócritas”.

    VII. Castigo eterno, vida eterna

    «Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles”… E irán estos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.» — Mateo 25,41.46

    Este es el argumento más fuerte contra el aniquilacionismo. En el mismo versículo, Jesús usa la misma palabra griega, aiónios, “eterno”, para el castigo de los malvados y para la vida de los justos. Si “eterno” significa “sin fin” cuando se refiere a la vida de los justos, no puede significar “pasajero” cuando se refiere al castigo de los malvados, en la misma frase y en boca del mismo Jesús.4

    VIII. “Por los siglos de los siglos”

    «Y el Diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.» — Apocalipsis 20,10

    “Por los siglos de los siglos” es la misma fórmula que el Apocalipsis usa para el reinado eterno de Dios y de los santos (Ap 22,5). Alguien podría objetar que este versículo habla del diablo y no de los seres humanos. Pero el Apocalipsis también habla de personas:

    «Y la humareda de su tormento se eleva por los siglos de los siglos; no hay reposo, ni de día ni de noche, para los que adoran a la Bestia y a su imagen.» — Apocalipsis 14,11

    «Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.» — Apocalipsis 20,15

    Lo que en los Evangelios se llama Gehenna, en el Apocalipsis se describe como el lago de fuego, con la misma nota de permanencia.

    IX. El rico y Lázaro

    «Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”… “Entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.”» — Lucas 16,22-24.26

    Es una parábola, pero Jesús la construye con lo que enseñaba sobre el más allá. Muestra que después de la muerte, en el Hades, hay conciencia, memoria, sufrimiento y capacidad de hablar: el rico reconoce a Abraham, recuerda a sus hermanos y siente sed. No es un estado de inconsciencia ni de inexistencia. Y hay un “gran abismo” que separa dos destinos, uno de consuelo y otro de tormento, que anuncia la separación definitiva después del juicio.5 Sobre la purificación de quienes mueren en gracia de Dios, véase el tema “El purgatorio”.

    X. “Descendió a los infiernos”

    «Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados… muerto en la carne, vivificado en el espíritu. En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados.» — 1 Pedro 3,18-19

    «Por eso hasta a los muertos se ha anunciado la Buena Nueva, para que, condenados en carne según los hombres, vivan en espíritu según Dios.» — 1 Pedro 4,6

    Cuando el Credo dice que Cristo “descendió a los infiernos”, se refiere al Hades, el lugar de los muertos (cf. Ef 4,9; Hch 2,27). Allí, Cristo anunció su victoria y liberó a los justos que habían muerto antes de Él y lo esperaban, como Abraham, Moisés o los profetas.

    Estos textos no enseñan que Cristo haya vaciado el infierno de los condenados. El Catecismo es claro: Jesús no descendió para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que lo habían precedido.6 Y no quedó en el Hades: “No abandonarás mi alma en el Hades” (Hch 2,27). Resucitó.

    XI. ¿Qué es, en el fondo, el infierno?

    Las imágenes del fuego, las tinieblas y el gusano expresan algo más profundo. La pena principal del infierno no es el fuego, sino la separación eterna de Dios, el único en quien el ser humano puede encontrar la vida y la felicidad para las que fue creado.7 San Juan Pablo II explicaba que el infierno, más que un lugar, es la situación de quien se aparta libre y definitivamente de Dios, fuente de toda vida y alegría.

    Por eso el infierno no es una venganza de Dios, sino la consecuencia de una libertad que lo rechaza hasta el final. Dios no predestina a nadie a la condenación.8 Como decía C. S. Lewis, las puertas del infierno están cerradas por dentro.

    Conclusión

    • La Biblia distingue entre el Hades, el estado de los muertos, y la Gehenna o lago de fuego, el castigo definitivo.

    • Jesús habla de la Gehenna como un destino real, de alma y cuerpo (Mt 10,28).

    • El fuego que no se apaga y el gusano que no muere describen permanencia, no extinción (Mc 9,48).

    • El “llanto y rechinar de dientes” describe una experiencia consciente (Mt 13,42).

    • La misma palabra “eterno” describe la vida de los justos y el castigo de los malvados (Mt 25,46).

    • El Apocalipsis habla de un tormento “por los siglos de los siglos” también para seres humanos (Ap 14,11).

    • Cristo descendió al lugar de los muertos para liberar a los justos, no para vaciar el infierno de los condenados.

    • La pena principal del infierno es la separación definitiva de Dios.

    No es lo mismo una vela que se consume sola hasta desaparecer que un fuego que no se apaga. La Biblia no describe el destino de quien rechaza a Dios como un simple apagarse, sino como una pérdida que permanece.

    Pero este tema no debe convertirse en un arma para intimidar ni en el centro de la predicación. Jesús, que es quien más habla de la Gehenna en todo el Nuevo Testamento, la menciona siempre como un llamado a la conversión, nunca como un fin en sí misma. Dios “quiere que todos los hombres se salven” (1 Tim 2,4) y “no se complace en la muerte del malvado, sino en que se convierta y viva” (Ez 33,11). Hablar del infierno sin hablar antes de la misericordia y de la cruz de Cristo genera miedo sin esperanza, que no es el espíritu del Evangelio. Por eso la Iglesia, aunque enseña que el infierno existe, nunca ha declarado que una persona concreta esté condenada, y no deja de orar para que todos se salven.9


    Notas bibliográficas

    1 Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 1033.

    2 La idea de la Gehenna como un basurero en llamas aparece por primera vez en el comentario del rabino David Kimhi a los Salmos, hacia el año 1200.

    3 CEC, n. 1034.

    4 CEC, n. 1035. Benedicto XII, constitución Benedictus Deus (1336): H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 1002. IV Concilio de Letrán (1215): Denzinger-Hünermann, n. 801.

    5 CEC, n. 1021-1022.

    6 CEC, n. 631-637, especialmente el n. 633. Antigua homilía sobre el Sábado Santo, en la Liturgia de las Horas.

    7 CEC, n. 1035.

    8 CEC, n. 1036-1037. San Juan Pablo II, catequesis en la audiencia general del 28 de julio de 1999. C. S. Lewis, El problema del dolor (1940), cap. 8.

    9 CEC, n. 1037 y 1058. Benedicto XVI, encíclica Spe salvi (2007), n. 45-47.

    Nota

    Cita bíblica

    Catecismo

    Tema

    Tema

    Traducción del Nuevo Mundo

    Fuente: Traducción del Nuevo Mundo, edición de estudio (jw.org). Se citan solo los fragmentos que se analizan; […] indica un corte.