¿Puede un hombre redimir a otro hombre?
Introducción
La divinidad plena de Cristo es una verdad enseñada por la Escritura y definida por la Iglesia en el Concilio de Nicea (325), frente a quienes afirmaban que el Hijo era una criatura.1 Hoy la niegan los grupos unitarios y arrianos modernos, sobre todo los Testigos de Jehová, que sostienen que Jesús es un ser creado, “un dios”, pero no “el Dios”.
Este tema aborda la cuestión desde un ángulo distinto: la redención. Si ningún ser humano puede pagar el rescate por la vida de otro, entonces el Redentor no puede ser solo un hombre. Veamos cómo la Escritura construye este argumento paso a paso.
Ningún hombre puede redimirse ni redimir a otro
No puede un hombre redimirse ni pagar a Dios por su rescate (es muy caro el precio de su vida, y nunca tendrá suficiente). — Salmo 49,8-9
Este texto es la piedra angular del argumento. El salmista afirma que ningún ser humano, por rico o poderoso que sea, puede pagar el rescate de su propia vida, y mucho menos el de otro. El problema no es de cantidad, sino de naturaleza: ningún bien creado alcanza. Es como intentar pagar una deuda en una moneda que no circula en ese banco: no importa cuánto juntes, no sirve.2
Todos están descalificados por el pecado
Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios. Éstos son justificados por Él gratuitamente, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús. — Romanos 3,23-24
Para pagar la deuda de otro, primero hay que no tener deuda propia. Pero Pablo afirma que “todos pecaron”. Pedirle a un pecador que redima a otro es como pedirle a alguien en bancarrota que pague la deuda de su vecino. Se necesita a alguien que esté fuera de esa condición.3
Ni el hombre más poderoso puede salvar
No pongáis la confianza en los nobles, en un ser humano, incapaz de salvar; exhala su aliento, retorna a su barro, ese mismo día se acaban sus planes. — Salmo 146,3-4
El hombre no solo está manchado por el pecado: también es finito y mortal. Un salvador que puede morir en cualquier momento, cuyos planes “se acaban”, no puede ofrecer una salvación eterna. Ningún líder, por noble que sea, tiene la permanencia necesaria para ser fundamento de la salvación.
El valor de una vida no tiene equivalente
Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué puede dar el hombre a cambio de su vida? — Mateo 16,26
Jesús mismo formula la pregunta del Salmo 49, y la respuesta implícita es “nada, ni siquiera el mundo entero”. Si el universo entero no alcanza para rescatar una sola vida, el rescate tiene que ser de un orden distinto: de valor infinito. Y esto revela también cuánto vale el hombre a los ojos de Dios, que no dudó en pagar ese precio.4
El rescate viene de Dios, no del hombre
Que se apiade de él diciendo: “Líbrale de bajar a la fosa, que he encontrado rescate por él.” — Job 33,24
En el contexto, el hombre no encuentra el rescate por sí mismo: alguien lo encuentra por él, por iniciativa divina. Ya el Antiguo Testamento insinúa que la salvación no puede producirla el condenado con sus propios medios. Tiene que venir de fuera, como un don.5
Solo Dios es Salvador
Yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador. — Isaías 43,11
Dios mismo lo declara: no hay otro salvador fuera de Él. Por eso el nombre “Jesús” significa precisamente “Dios salva”.6 Si Jesús es nuestro Salvador y fuera de Dios no hay salvador, la conclusión se impone sola.
El Mediador tiene que ser Dios y hombre
Hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos. — 1 Timoteo 2,5-6
Un mediador une a dos partes, y para representar a ambas debe pertenecer a las dos. Cristo es verdadero hombre para poder ocupar nuestro lugar y pagar en nuestro nombre, porque, como decían los Padres, “lo que no fue asumido no fue redimido”.7 Pero si fuera solo hombre, su vida, como dice el Salmo 49, “nunca sería suficiente”. Solo porque es Dios su ofrenda tiene un valor infinito, y por eso puede ser “rescate por todos”.8
Nuestro gran Dios y Salvador se entregó por nosotros
Aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo; el cual se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda iniquidad. — Tito 2,13-14
Este texto une las dos piezas del argumento en una sola frase. El mismo que “se entregó para rescatarnos” es llamado “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”. En griego, ambos títulos van unidos por un solo artículo: no se habla de dos personas, sino de una.9 El Redentor es Dios.
“Salvador, Cristo y Señor” desde su nacimiento
Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor. — Lucas 2,11
El ángel no anuncia solo “un salvador”: añade “Señor”. Esta palabra, en griego Kyrios, es la que la traducción griega del Antiguo Testamento usaba para el nombre de Dios, YHWH. Desde Belén, el niño recibe el título reservado a Dios mismo.10
Si Cristo no es Dios, la fe es vana
Si predicamos que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo andan diciendo algunos de vosotros que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó; y si no resucitó Cristo, nuestra predicación es vana, y vana también vuestra fe. — 1 Corintios 15,12-14
Pablo muestra que negar una verdad central derrumba toda la fe. La misma lógica vale aquí: si Cristo no es Dios, su muerte sería la de un hombre más, incapaz de rescatar a nadie según el Salmo 49. Negar su divinidad no es un detalle doctrinal: es quitarle el fundamento a la salvación.11
Conclusión
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Ningún hombre puede redimirse ni redimir a otro (Sal 49,8-9; Sal 146,3-4; Mt 16,26).
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Todos están descalificados por el pecado: nadie paga la deuda ajena teniendo la propia (Rom 3,23-24).
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El rescate viene de Dios, y solo Dios es Salvador (Job 33,24; Is 43,11).
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El Mediador tiene que ser Dios y hombre a la vez (1 Tim 2,5-6), y la Escritura llama a Jesús “nuestro gran Dios y Salvador” (Tit 2,13-14).
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Desde su nacimiento es “Señor”, título reservado a Dios (Lc 2,11).
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Si Cristo no es Dios, la fe es vana (1 Cor 15,14, por analogía).
No es lo mismo un fiador que también está en deuda que un fiador que no debe nada y además tiene con qué pagar la deuda de todos. Si Jesús fuera “solo un hombre”, estaría en la misma bancarrota que el resto de la humanidad y, según el Salmo 49, “nunca tendría suficiente”. Solo si es Dios hecho hombre, su ofrenda alcanza para pagar lo que nadie, ni el más santo, ni el más rico, ni el más poderoso, podría pagar jamás. Si no fuera así, la humanidad seguiría esperando a un Salvador que nunca llegó.
Notas bibliográficas
1 Concilio de Nicea I (325), Símbolo de fe. H. Denzinger – P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia (Enchiridion symbolorum), Barcelona: Herder, 2017, n. 125-126. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), n. 465.
2 El Catecismo formula este mismo argumento: ningún hombre, ni siquiera el más santo, podía cargar con los pecados de todos y ofrecerse por todos; es la Persona divina del Hijo la que hace posible su sacrificio redentor. CEC, n. 616. Cf. también CEC, n. 457.
3 Sobre el pecado original y su transmisión a todo el género humano: CEC, n. 402-406. La Virgen María fue preservada de esta mancha, pero “en atención a los méritos de Jesucristo”, es decir, redimida por Él de un modo singular, lo cual confirma el argumento: Pío IX, bula Ineffabilis Deus (1854), Denzinger-Hünermann, n. 2803; CEC, n. 491-492.
4 San Juan Pablo II, encíclica Redemptor hominis (1979), n. 10, donde comenta la expresión del Pregón Pascual sobre el “gran Redentor” que el hombre mereció tener.
5 Sobre la iniciativa gratuita de Dios en la salvación: CEC, n. 1996 y 2010.
6 CEC, n. 430-432.
7 San Gregorio Nacianceno, Carta 101 a Cledonio. Cf. CEC, n. 470.
8 Sobre Cristo, único Mediador, verdadero Dios y verdadero hombre: CEC, n. 480 y 618. Concilio de Calcedonia (451), Denzinger-Hünermann, n. 301-302. El argumento clásico de por qué el Redentor debía ser Dios y hombre a la vez fue desarrollado por san Anselmo de Canterbury, Cur Deus homo (¿Por qué Dios se hizo hombre?), II, 6-7. Véase también san Atanasio, Sobre la encarnación del Verbo, 9.
9 La lectura de Tito 2,13 como referida a una sola Persona, Jesucristo, es la de la mayoría de los Padres y de las traducciones católicas (Biblia de Jerusalén, Nácar-Colunga, Biblia de la Conferencia Episcopal Española).
10 Sobre el título “Señor” (Kyrios) aplicado a Jesús: CEC, n. 446-451.
11 Sobre la resurrección como fundamento de la fe: CEC, n. 651-655.